34373(01-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34373  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 277  

Bogotá,  D. C., primero (1) de septiembre de  dos mil diez (2010)   

V    I    S   T   O  S   

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  las  exigencias  de logicidad y debida argumentación de la demanda de casación  presentada    por   el   defensor   de   OLGA   TOVAR  COLLAZOS,  condenada  por  el delito de falsa denuncia  contra  persona  determinada,  conforme  a  los  lineamientos  de  la  casación  discrecional.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Según denuncia  presentada  en  Pitalito  (Huila)  el 25 de febrero del año 2002 por la señora  Olga Tovar Collazos, Faiber  Rivera  Calderón,  luego  de anunciarse como integrante de las FARC, le exigió  el   pago   de   $585.000°°,  para  lo  cual  le  hizo  firmar  una  letra  de  cambio.   

“El   proceso  originado  tras la referida denuncia, terminó el 22 de agosto de 2003 cuando la  Fiscalía  tercera  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Neiva, revocó la  resolución  de  acusación  proferida  contra  Rivera Calderón y, en su lugar,  precluyó a su favor la investigación”.   

2.    El  Juzgado Segundo Penal del  Circuito   de   Pitalito,   mediante  sentencia  fechada  el  8  de  octubre  de  2009,1   condenó   a   Olga   Tovar   Collazos  a  las  penas  principales  de  48 meses de prisión y  multa  de  2  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena privativa de la libertad y al pago de los perjuicios,  como  autora  del  delito  de  falsa  denuncia  contra  persona  determinada,  según  el  artículo  436  del  Código  Penal  (Ley  599 de 2000), imputado en la resolución de acusación, la  cual   cobró   ejecutoria   el   9   de  febrero  de  2006.2  Así mismo, le concedió  la prisión domiciliaria.   

3.    Apelado  el  fallo  por  el  defensor  de  la  acusada,  la  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Neiva,  el  21  de  enero  de 2010, lo confirmó de manera integral.3   

4.  Contra esta determinación el citado  profesional   del  derecho  interpuso  “recurso  de  casación”.4  Concedida  la  impugnación y  presentada  dentro del término legal la correspondiente demanda, el proceso fue  remitido a esta Corporación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  de  la  procesada   Olga   Tovar   Collazos,  después  de  identificar  a  los  sujetos  procesales,  de  precisar  la sentencia de segunda  instancia  y  de  sintetizar  los hechos y la actuación procesal, apoyado en el  “numeral   1°   del   art.  207  del  Código  de  Procedimiento   Penal”,   formula  un  único  cargo contra el fallo del Tribunal,  indicando  que incurrió en “violación de una norma  de  derecho  sustancial por error de derecho en la apreciación de la prueba del  proceso original”.   

Como sustento de dicha proposición jurídica,  afirma   que   en   el   transcurso   del   proceso  el  juzgador  incurrió  en  “una  violación  al  principio  de  investigación  integral”,  yerro  que  condujo a la trasgresión de  los  artículos  20,  228  230  de la Constitución Política y 7°, 13 y 20 del  Código de Procedimiento Penal.   

Luego  de  hacer  unas acotaciones jurídicas  sobre  el  principio  de investigación integral, termina concluyendo, de manera  confusa,  que en el presente caso no se efectuó “un  análisis  integral  de  la  prueba existente” y, por  ende,   “se   dejó   de  practicar  la  referente  contradicción  a la prueba documental y testimonial”  (sic),    elementos   de   juicio   que,   en   su   criterio,   “demuestran  que  mi  representada  no  obró  con  dolo”.   

A continuación, bajo el título que denominó  “Fundamentos   del  cargo  que  invoco”,  precisa  que interpone “el recurso  de  casación excepcional, con el fin que la Honorable Corte Suprema de Justicia  se  pronuncie  en  el  caso  que  ocupa  nuestro  estudio,  con el fin que se le  garanticen   los   derechos   fundamentales   de   mi   representada” (sic).   

Enseguida  dice  que  le  parece  clara  la  “falta  de una profundización de la prueba, cuando  es  evidente  que  existían  y  existen  argumentos  suficientes,  sólidos que  demuestran    cómo    la    señora    Olga   Tovar  Collazos  cuando  denunció a Faiver Rivera Calderón  lo  hizo no por evitar pagar una deuda que ya había cancelado en su gran parte,  sino  porque  tenía el convencimiento de que estaba siendo víctima de un trato  inadecuado,  de  un  constreñimiento  ilegítimo  por parte de su interlocutor,  sencillamente     que     no    hubo    dolo    en    su    accionar”.   

Por lo mismo, estima que dicha deficiencia en  la  evaluación  probatoria  transgredió el “debido  proceso y el derecho de defensa”.   

Del   mismo   modo,   considera   que   el  “período  probatorio no se cumplió integralmente,  donde  por  falta  de  un  debido  proceso,  de  una investigación integral, se  analizó  la  prueba  en  lo  desfavorable  a  la sentenciada, sin permitirle la  práctica  o  la  posibilidad de práctica de unas pruebas fundamentales para su  defensa,  para  no  sentenciar  con una conclusiones”  contentivas    de    “pálpitos,   conjeturas   o  imaginaciones”.   

Termina  diciendo  que  por  “falta   de   ese   análisis   integral  de  la  prueba”  el  ad quem  “especula  sobre  la  supuesta  actitud falaz de la  sentenciada”.   

Por   lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  “casar”   el   fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   Es  evidente que en este caso sólo  procede  la  casación  discrecional,  toda vez que el quantum punitivo que  la  ley establece para el delito de falsa denuncia contra persona determinada no  contempla     pena    máxima    que    exceda    los   ocho   (8)   años   de  prisión,  habida  cuenta  que dicha conducta punible,  por  la  cual  fue  condenada  la  procesada Olga Tovar  Collazos,  prevé  como sanción principal la prisión  de  cuatro  (4)  a  ocho (8) años, según así lo consagra el artículo 436 del  Código   Penal   (Ley   599   de   2000),   vigente   para  la  época  de  los  hechos.   

De  igual manera, es claro que el defensor de  la  sentenciada  tiene  legitimidad  e  interés para recurrir a través de esta  vía  extraordinaria  excepcional,  conforme  lo  autoriza  el  inciso final del  artículo 205 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

2.  Precisado lo anterior, procede la Sala a  constatar   los   demás   presupuestos   para   acceder   a  esta  impugnación  extraordinaria excepcional.   

En primer término, recuérdese que cuando la  casación  se  intenta  por  vía excepcional, se requiere verificar si el actor  cumplió  con  la  carga de fundamentar los motivos por los cuales considera que  se  hace necesario el desarrollo de la jurisprudencia o porque se ha violado una  garantía  fundamental, pues sólo a estos eventos se restringe la admisibilidad  de esta modalidad casacional.   

En lo relativo a la fundamentación, la Corte  ha  indicado que cuando se trata de la necesidad del desarrollo jurisprudencial,  el  casacionista  está   obligado  a  evidenciar  si  lo que se pide es la  unificación   de   posiciones  encontradas  sobre  el  particular,  o  la   actualización  de  la doctrina hasta el momento imperante, o el pronunciamiento  sobre  un  tema aún no desarrollado, o la precisión sobre el alcance de la ley  cuando   ésta   presenta   vacíos    o    el    necesario   análisis      con      ocasión     del     tránsito   legislativo   de  leyes,  debiéndose  señalar, además, de qué manera la  decisión  que  va  a  adoptar  la  Corte presta el doble servicio de solucionar  adecuadamente  el caso y, a la par, de servir de guía como criterio auxiliar de  la actividad judicial.   

Por su parte, en cuanto tiene que ver con los  derechos   fundamentales,  como se plantea en este caso,  el  impugnante  está obligado a desarrollar una argumentación lógica dirigida  a  evidenciar  el  desacierto, siendo necesario que demuestre el desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la estructura básica del proceso o por  violación  de  un  derecho  fundamental,  al tiempo que debe indicar las normas  constitucionales  que  protegen  el derecho invocado y su concreta infracción a  través de la sentencia.   

De allí que el impugnante debe tener siempre  presente  que está en la obligación de sujetar el razonamiento contenido en el  correspondiente   escrito   a   los   presupuestos  generales  que  orientan  la  presentación  de  cualquier  demanda de casación, los cuales tienen por objeto  acompasar  el  fundamento  del  libelo  con  el real alcance y fines del recurso  extraordinario,  requisito  de más estricto cumplimiento cuando de la casación  excepcional se trata.   

Cumplido  lo anterior, dado que la casación  es  de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  se  debe  construir  la  demanda  respetando  las  reglas  de  la  lógica  y  de  la argumentación propias de la  formulación,  desarrollo y demostración del cargo, según la causal invocada y  el modo de violación de la ley sustancial seleccionado.   

3.  En el supuesto que ocupa la atención  de  la  Corte, se observa que si bien es cierto el actor indicó la garantía de  los  derechos  fundamentales  como  motivo que lo llevó a acudir a la casación  discrecional,  también lo es que la presentación del libelo quedó en el   simple  enunciado,  pues  no  expresó, en forma clara, precisa, lógica y   argumentativa  de  qué  manera se desconoció el debido proceso y el derecho de  defensa y cuál fue  su repercusión en el fallo impugnado.   

Tales delineamientos no fueron atendidos por  el  libelista,  ya  que  en  lugar  de  centrar  su argumentación con el fin de  ilustrar  a  la  Corte  cómo  en  verdad  en  este  asunto   se     afectó     de     manera     grave     la   estructura   del  proceso o el derecho de defensa y su trascendencia frente  a  las  conclusiones  adoptadas  en  la  sentencia,  como  si  se tratara de una  alegación  de  instancia,  se limitó a afirmar que el  juzgador violó el  principio  de  “investigación integral”,      o      que     no     realizó     una     “profundización  de  la prueba” o que la  sentencia  se  fundó  en  “pálpitos, conjeturas o  imaginaciones”.   

En fin, no cabe duda que la invocación de la  casación   discrecional,   en   esas   condiciones,  carece  del  más  mínimo  desarrollo,  motivo  por  el  cual,  como  se  indicó,  la  Sala, en virtud del  principio de  limitación, no puede entrar a complementar.   

Y entendiendo que el planteamiento del censor  se  apoya  en  la presunta violación del “principio  de  investigación integral”, de todos modos el mismo  quedó  huérfano de la debida argumentación y demostración, además de que su  fundamento  jurídico  no es la seleccionada causal primera de casación sino la  tercera, es decir, la nulidad.   

En  efecto,  se hace necesario recordarle al  libelista  que  la  omisión  probatoria  como  eje de pretendidas nulidades, no  sólo  exige  comprobar la inexistencia del concreto medio de prueba al interior  del  proceso  sino  que,  además,  en  procura  de  la  consolidación  de  las  garantías  procesales,  se  impone  hacer  evidente  cómo, ante la ausencia de  éste,  el  sentenciador  profirió  un  fallo  distante de la verdad, afectando  gravemente  al  sujeto procesal, es decir, corresponde al censor demostrar cómo  sin  lugar  a  dudas, de haberse contado con el medio probatorio echado de menos  otro hubiese sido el sentido de la sentencia impugnada.   

En   otros   términos,   “la  prueba  cuya  práctica se extraña debe trascender en la   decisión    atacada,    pues    no    de    otra   manera   se   elimina   el  planteamiento  de  conjeturas o tesis  especulativas,  toda vez que la sentencia condenatoria -por mandato legal- sólo  ha  de corresponder a la certeza a que hubiere llegado el juzgador para predicar  la  responsabilidad penal del acusado, lo que sin  lugar a dudas depende, a  su  vez,  de  la capacidad demostrativa de los medios de convicción allegados a  las  diligencias,  los  que,  de  ser suficientes para el logro de los fines del  proceso,  hacen inadmisible cualquier hipótesis contraria que se sustente en la  omisión   probatoria”.5   

Así,  entonces, no obstante que el actor se  duele  de que hubo omisión probatoria, finalmente no indicó cuáles fueron las  pruebas  omitidas y cuáles las que “no se permitió  a  la  procesada  practicar”, como tampoco nada dijo  respecto  de la conducencia, pertinencia y utilidad de esos elementos de juicio,  los  cuales  no  correlacionó  con  los demás que fueron oportuna y legalmente  allegados  al  diligenciamiento  y, menos aún, sobre su trascendencia que, como  se ha dicho, no emana de la prueba en sí misma considerada.   

De otra parte, si bien es cierto que fundó el  ataque  a la sentencia por  los senderos de la causal primera de casación,  también  lo  es  que  no   señaló  la  vía de la trasgresión de la ley  sustancial, es decir, si fue de manera directa o indirecta.   

Y  en  el  entendido  de  que  la  censura la  postuló  bajo los lineamientos de la violación indirecta de la ley sustancial,  por   cuanto   fue   insistente  en  afirmar  que  no  hubo  un  “análisis   integral   de  la  prueba”,  también  lo  es  no  señaló  la  clase  de  error,  esto es, si de hecho o de  derecho,  ni  el  falso  juicio  que  lo determinó, es decir, de existencia, de  identidad  o  de  raciocinio,  en  cuanto  al  primero,  o  de  legalidad  o  de  convicción, en lo atinente  al segundo.   

Contrario   sensu,   se   advierte  que  la  inconformidad  del  censor  radica en el grado de estimación que los juzgadores  le  otorgaron a los elementos de juicio y de los cuales dedujo la existencia del  delito    de    falsa   denuncia   contra   persona  determinada  y  la  responsabilidad  de  la  procesada  Olga  Tovar Collazos. Y no se  puede  llegar  a  otra  conclusión cuando en la demanda el casacionista, afirma  que  “se analizó la prueba en lo desfavorable a la  sentenciada” o que el fallo impugnado sólo contiene  “pálpitos,  conjeturas o imaginaciones”.   

En  esas  condiciones, olvida el actor que la  simple  discrepancia  de  criterios no constituye yerro demandable en casación,  puesto  que  teniendo  en  cuenta  el sistema de apreciación probatoria que nos  rige,  el  juzgador  goza de libertad para justipreciar los elementos de juicio,  sólo  limitado  por  los  postulados  de la sana crítica, cuya trasgresión se  debe postular a través del error de hecho por falso raciocinio.   

A  más  de  lo  anterior,  pasa  por  alto  igualmente  el  censor  que  el  fallo  llega  a esta sede precedido de la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  es  decir,   que  los hechos y las  pruebas   fueron  correctamente  apreciadas  y  el   derecho  acertadamente  aplicado,  motivo  por  el  cual  constituye  una carga  para el demandante  entrar  a  evidenciar  el  error  in  iudicando  o in  procedendo invocado,  según  el  caso,  y  demostrar su trascendencia frente  a las conclusiones  adoptadas en la sentencia, camino que no emprendió.   

Por consiguiente, al no reunir la demanda los  presupuestos   de   procedibilidad,   claridad   y   precisión,   la  Corte  la  inadmitirá.   

Cabe  agregar  finalmente  que  el  estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa   por   cuanto   no  se  percibe  ninguna   causal   de   nulidad      ni      vulneración      de     derechos   fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  OLGA   TOVAR   COLLAZOS.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

       COMISIÓN    DE  SERVICIO                                                                                                  COMISIÓN          DE  SERVICIO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

              COMISIÓN DE SERVICIO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Folios 247 a 265 del cuaderno original de primera instancia.   

2  Folios 157 y 145 a 150 del cuaderno original de primera instancia.   

3  Folios 4 a 11 del cuaderno del Tribunal.   

4 Folio  24 del cuaderno del Tribunal.   

5 Ver,  entre otras, casación 20530 del 22 de junio de 2005.     

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