33931(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33931  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                    Aprobado Acta N° 260.   

Bogotá, D. C., agosto dieciocho (18) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS:  

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado Wilson  Javier  Beltrán  Beltrán,  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  por medio de la cual revocó la absolutoria  dictada  por  el  Juzgado  22  Penal  del Circuito de esa misma ciudad y, en su lugar, lo  condenó  como  autor  responsable  de la conducta punible de homicidio culposo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.-  Los  primeros  fueron  tratados  en  la  providencia impugnada de la siguiente manera:   

Aproximadamente  a  las 6 y 20 de la mañana  del  17 de abril de 2005, en la carrera 7ª frente al inmueble número 132-94 de  esta  ciudad,  la  buseta  de  servicio  público de placa SEJ 538 afiliada a la  empresa  SIDAUTO  S.A.,  conducida  por  Wilson  Javier  Beltrán Beltrán   atropelló  a Argemiro Munévar Gutiérrez que estaba sobre la calzada oriental,  le  causó  hematoma  galeal  frontoparietal,  fractura conminuta, compromiso de  huesos  frontal  de predominio basal, techos de órbita y parietal bilateral con  exposición  de  masa  encefálica,  lo  que  produjo  shock  neurogénico, y la  muerte.   

2.  Por  los  anteriores episodios, el 22 de  enero  de 2008 la Fiscalía 16 Seccional de Bogotá presentó ante el Juzgado 52  Penal  del  Circuito de conocimiento de esta ciudad escrito de acusación contra  Wilson   Javier   Beltrán   Beltrán   como   autor  del  delito  de  homicidio  culposo,  imputación que el sindicado no aceptó.   

3. Cumplidas las audiencia preparatoria y de  juicio   oral,   el   29  de  julio  siguiente  el  a  quo  absolvió  al  procesado de los cargos imputados.   

4.  Esa  providencia  fue  recurrida  por el  apoderado  de las víctimas y el 15 de diciembre de 2009 el Tribunal Superior de  esta  ciudad  la  revocó,  y, en su lugar, condenó al acusado por el homicidio  culposo  a  las penas de treinta y cuatro (34) meses de prisión, multa de 26,66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, cuatro (4) años de privación  del  derecho  a  conducir  automotores,  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,  le concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena e  incorporó  al  fallo  la  decisión  que  puso  fin al incidente de reparación  integral  y  declaró  civilmente  responsable  al  acusado,  la  Sociedad   Importadora  y  Distribuidora  Automotora  S.A., y a Marcelino Barón Toscano al  pago  de daños y perjuicios, sentencia contra la cual el defensor del procesado  sustento el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera del artículo  181  de  la  ley  906  de 2004, el demandante formuló un cargo único contra la  sentencia  condenatoria  la  cual  acusó  de incurrir en violación directa por  interpretación errónea del artículo 448 ibídem.   

El desacierto consistió en que el Tribunal a  pesar  de  la  petición  de  absolución  elevada  por  la  fiscalía,  la cual  implicaba  retirar  los  cargos,  procedió  a  revocar  la sentencia de primera  instancia  bajo  la  consideración  que  esa clase de petición no vinculaba al  juez  de  segundo  grado  ante  la impugnación formulada por el apoderado de la  víctima.   

Por  lo anterior, solicitó casar el fallo y  proferir el que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. La Sala ha venido abordando el tema del  recurso   extraordinario  de  casación  en  el  marco  del  sistema  acusatorio  colombiano  y lo ha definido como un mecanismo de control constitucional y legal  que  procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda instancia por los  Tribunales    Superiores    en    los    procesos   adelantados   por   delitos,  independientemente  de la pena con la cual los sancione el legislador, cuando se  afectan  derechos  o  garantías  fundamentales  (artículo 181 de la ley 906 de  2004),  cuya materialización se debe cumplir a través de una demanda que no es  de  libre elaboración porque debe ceñirse a rigurosos parámetros lógicos y a  causales  taxativas,  no  obstante la gran flexibilidad permitida, acorde con la  estructura    del    Estado   Constitucional   de   Derecho   acogido   por   el  constituyente1.   

2.  En  relación  con  los requisitos de la  demanda  que  sustente  la impugnación extraordinaria, ha señalado que si bien  el  nuevo  estatuto  procesal  no  enumera rigurosamente los requisitos que debe  cumplir  un libelo de casación como lo hacía el anterior artículo 212, de los  artículos 183 y 184 se pueden deducir los siguientes:   

1.  Que  se  señalen  de  manera  precisa y  concisa las causales invocadas.   

2.  Que  se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos  o  se  ofrezca  una  sustentación mínima.  Y,   

3. Que se demuestre que el fallo es necesario  para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

Esto porque de conformidad con lo establecido  en  el  inciso  2°  del artículo últimamente citado, no será seleccionada la  demanda que se encuentre en cualquiera de los siguientes supuestos:   

(i).  Si  el  demandante  carece de interés  jurídico.   

(ii).   Si   prescinde   de   señalar  la  causal.   

(iii).  Si  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación, y   

(iv).  Cuando  de  su  contexto  se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

3.  Las  siguientes  son  las  falencias que  ofrece  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado Wilson Javier  Beltrán Beltrán:   

3.1.  En  el  único cargo formulado omitió  señalar  cuáles  eran  las  finalidades  del  recurso  (art. 180 cpp de 2004).   

3.2.  En  la  violación  directa  de la ley  sustancial,  el  error  del  juez  es  de  juicio o in  iudicando  al  momento de aplicar o interpretar la ley  llamada  a  regular  el  caso  a  resolver,  y  puede acontecer por uno de estos  sentidos:   

–   falta   de  aplicación  -error  de  existencia-, cuando se ignora  que  la  norma  existe,  se considera que no está vigente o se estima que está  vigente, pero no es aplicable.   

–   aplicación  indebida   -error  de  selección-,  cuando  la  norma  escogida y aplicada no corresponde al caso concreto. E,   

–  interpretación  errónea   -error   de   sentido-,  cuando  la  norma  seleccionada  es  la  correcta,  pero el juez no le da el alcance que tiene o lo  restringe.   

Frente a esta causal la jurisprudencia viene  enseñando   que  el  demandante  debe  aceptar  los  hechos  y  la  valoración  probatoria  tal  y  como  fueron  plasmados  por  los  jueces de instancia en la  sentencia,  debiendo  proponer una discusión eminentemente jurídica en la cual  demuestre  el  error o errores del intelecto al momento de aplicar o interpretar  la  ley  y  la  consecuente  trascendencia  del  yerro  en el sentido del fallo.   

3.3.  Cuando   se demanda una sentencia  por  violación directa de la ley sustancial -que es lo que plantea el libelista  en  el  único reparo formulado- en cualquiera de sus tres modalidades (falta de  aplicación,  aplicación  indebida o interpretación errónea), el casacionista  debe  demostrar, sin desconocer los hechos plasmados en el fallo y sin discrepar  de  la forma como el juzgador los declaró probados, que entre las partes motiva  y resolutiva de la providencia no existe armonía.   

3.4.  Al  impugnante  le resultaba imperioso  acreditar,   mediante   la   confrontación   objetiva  de  esos  dos  elementos  constitutivos  de  la  sentencia  que  entre ambos, en lugar de un nexo lógico,  existía  falta  de correspondencia. Sin embargo, el demandante no establece que  el  Tribunal  en  la  motivación  del  fallo  hubiera  reconocido  sin  lugar a  equívocos  que ante la petición de absolución formulada por la fiscalía ante  el  juez  de conocimiento ello vinculaba igualmente a la Corporación de segundo  grado  ante  la  impugnación  interpuesta por el apoderado de la víctima y, no  obstante, en la parte resolutiva lo condenó.   

3.5.  El  tema  relativo  a  dilucidar si la  solicitud  de  absolución  formulada  por  el  ente  acusador  en  sus alegatos  finales,  atendida  por el juez de primera instancia que emitió el fallo en ese  sentido,  era  también vinculante para la Corporación de segundo grado ante la  apelación  invocada  por  la  víctima, fue ampliamente tratado por el Tribunal  que al respecto dijo:   

No es posible olvidar que los derechos de las  víctimas  son  de  rango  constitucional  (art.  250  num.  6  y  7),  que  las  autoridades  tienen  el  deber de propender por el goce efectivo de los derechos  de  todos  los  residentes en Colombia y la protección de los bienes jurídicos  (art.  2°);  que  el principio de dignidad humana promueve los derechos a saber  qué  ocurrió  y  a  que se haga justicia (art. 1°); y que el Estado Social de  Derecho  procura  la  participación  o  la intervención de las víctimas en el  proceso  penal que no puede reducirse exclusivamente a pretensiones de carácter  pecuniario.   

Es así como la víctima tiene derecho a que  se  haga  justicia  en  el  caso  concreto,  es  decir,  derecho  a  que no haya  impunidad,   lo   cual  implica  una  serie  de  garantías  para  ellas  y  los  correlativos   deberes   de   las   autoridades,  como  investigar  y  sancionar  adecuadamente  a  los  autores  y  partícipes  de  los  delitos, derecho de las  víctimas    a   un   recurso   judicial   efectivo   y   respeto   del   debido  proceso.   

Al  respecto  la  Corte  Constitucional  ha  precisado:   

La jurisprudencia constitucional ha señalado  que  el  derecho  de  acceso  a  la  justicia, tiene como uno de sus componentes  naturales  el  derecho  a  que  se  haga  justicia.  Este  derecho  involucra un  verdadero  derecho  constitucional  al proceso penal2   

,  y  el  derecho a participar en el proceso  penal3,  por  cuanto  el derecho al proceso en el estado democrático debe  ser  eminentemente  participativo.  Esta participación se expresa en “que los  familiares   de  la  persona  fallecida  y  sus  representantes  legales  serán  informados  de  las  audiencias que se celebren, a las que tendrán acceso, así  como  a  toda  información  pertinente a la investigación y tendrán derecho a  presentar          otras          pruebas”4.   

Se  aprecia  que  la Corte Constitucional ha  interpretado  el  articulado de la Ley 906 de 2004 de cierta forma que garantice  los  derechos de las víctimas, en especial el derecho a la justicia, y por ello  ha  ampliado su intervención, por ejemplo puede solicitar pruebas, facultad que  no  figura  en  el  texto  original pero a la que tiene derecho en virtud de una  hermenéutica acorde con la Carta.   

La  víctima,  como  parte  o interviniente,  cuenta  con  los recursos dentro del proceso penal que le permiten manifestar su  inconformidad  con las decisiones que la afecten, pero de nada serviría ejercer  este  derecho  si no tuviera eco, cuando le asiste razón, en segunda instancia.  De  ahí  que  corresponda  a las autoridades jurisdiccionales garantizar que no  haya  impunidad  y  se  haga  justicia,  para  lo cual no lo ata la petición de  absolución  de  la  Fiscalía  en  la  alegación  conclusiva,  pues  no  es su  pretensión,  atendida  por  el  juzgador,  materia  de examen sino el fallo del  a quo.   

De  dicha  manera  la  H.  Corte  Suprema de  Justicia lo consideró:   

En efecto, y allí radica el contexto lógico  jurídico  de lo dispuesto en el artículo 448 de la Ley 906 de 2004, si se toma  en  cuenta  que  la  decisión  del  a  quo,  tiene  como  objeto fundamental la  pretensión  del fiscal, plasmada en la formulación de acusación, a efectos de  decidir  si  efectivamente  este  funcionario  cumplió o no con su propuesta de  demostrar  la  existencia  del delito y la responsabilidad del procesado, emerge  natural  que  la  solicitud  de  que  se  absuelva  al acusado, planteada por su  acusado,  conduzca  a  ello,  por  simple  sustracción  de  materia, o carencia  jurídica de objeto.   

Cosa distinta, como se anotó, ocurre con el  fallo  de segundo grado, dado que este no tiene como objeto la pretensión de la  Fiscalía,  pues, esa postulación fue resuelta por el a quo, sino esa decisión  del  funcionario  de  primera  instancia,  que  se  ausculta  en  su legalidad y  acierto.   

La  congruencia en segunda instancia, huelga  anotarlo,  gira ya, no en torno de la pretensión del fiscal, sino de la justeza  de  lo  decidido  y la legalidad del trámite, razón por la cual los argumentos  de  las  partes  se  dirigen  exclusivamente  a controvertir los fundamentos del  fallo  -fácticos, jurídicos o probatorios-, y la naturaleza de la sentencia de  segundo  grado  ausculta  precisamente  estos  factores,  para ver de confirmar,  revocar  o  modificar,  no la pretensión del fiscal, sino la decisión atacada.   

En otras palabras, cuando se emite decisión  de  primer  grado, ya la pretensión del fiscal ha sido consultada y decidida, y  no  sigue  siendo  del resorte suyo la facultad de que esa pretensión decaiga o  produzca  efectos  diversos  a  los originalmente trazados en la formulación de  acusación.   

Después  del  fallo  de  primer  grado,  la  posición   de   la   Fiscalía   es  similar  a  la  de  las  demás  partes  e  intervinientes,  vale  decir,  puede  recurrir  a  los  mecanismos  ordinarios y  extraordinarios  de  impugnación  y está facultado para argumentar en pro o en  contra  de  lo  que otros impugnen, pero ello solo tiene efectos de postulación  de  cara  a  obtener  el  convencimiento  del juez colegiado (sentencia de 29 de  julio de 2008, Radicado 28961).   

    

Bajo  el contexto anterior, el ad  quem con apoyo en jurisprudencia de la  Corte  Constitucional  y  de  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  concluyó  de  manera  razonada  que  la  petición  absolutoria de la  Fiscalía  tuvo  consecuencias  vinculantes  para el a  quo,  pero que carecía de los mismos efectos frente a  la  decisión  del  Tribunal  que  así  procedió  a  resolver  la impugnación  presentada  por  el  apoderado  de  la  víctima, juicio que en manera alguna el  casacionista  atinó  a  descalificar  y  que  tampoco  persuada a la Sala   modificar el criterio doctrinario expuesto sobre el punto.   

El cargo se inadmitirá.  

4. En consideración a que la Sala no puede  superar  las  deficiencias  ni corregir las imprecisiones de la demanda luego se  ve  avocada a inadmitirla, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 184,  inciso  2°,  de  la  ley  906  de  2004; y porque no encuentra transgresión de  derechos  o  garantías  fundamentales  que justifique salvar tales obstáculos,  según  autorización del inciso 3° de la misma preceptiva, en concordancia con  el artículo 180 ibídem.   

5.  La  declaratoria  de  inadmisibilidad  anunciada   tan   sólo   admite   el  “recurso  de  insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la Sala o por el  Ministerio  Público”,  según  lo  dispuesto  en el  inciso segundo del artículo 184 ejusdem.   

En  el  citado ordenamiento procesal no fue  incluida  la  manera concreta de utilizar dicho instituto, razón por la cual la  Sala,  previa  definición  de  su naturaleza, se vio precisada a establecer las  reglas que habrán de seguirse, en los siguientes términos:   

         5.1.     La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  medio  de la cual la Corte decida no seleccionar la demanda de  casación,  con  el  fin  de provocar que reconsidere lo decido. También podrá  ser  propuesto oficiosamente por alguno de los Delegados del Ministerio Público  para    la    Casación    Penal    –siempre  que el recurso de casación no haya sido interpuesto por un  Procurador  Judicial–, el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         5.2.  La  solicitud se puede presentar ante el Ministerio Público a  través  de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de inadmitir la  demanda   o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en  la  discusión.   

         5.3.  Es  potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino  en  los  debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         

5.4.  El  auto  a  través  del  cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE :  

         

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Wilson  Javier Beltrán Beltrán.  Y,   

2.           ADVERTIR   que   de  conformidad  con  lo  dispuesto   en   el  artículo  184  de  la  ley  906  de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                            SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

       

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                              AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                        YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                          

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, autos  del  24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323; del 14  de  febrero  de  2006,  Radicado   24.611; y del  23 de marzo de 2006,  Radicado 25.197, entre otros.    

2  Corte        Constitucional,       sentencia C-421 de 1993.   

3  Corte        Constitucional,       sentencia C-.275 de 1994.   

4  Cfr.  Principios  relativos a la eficaz prevención e  investigación  de  las  ejecuciones  extrajudiciales,  arbitrarias  o sumarias,  aprobado  por  el Consejo Económico y Social de las Nacionales Unidas, mediante  resolución  1989/65  del  19  de  mayo  de  1989,  y ratificado por la Asamblea  General,  mediante resolución 44/162 del 15 de diciembre de 1989. Citados en la  sentencia    C-283   de  1995.     

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