33587(14-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33587  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.     JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado    acta    No.    421          

Bogotá,  D. C., catorce de diciembre de dos  mil diez   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal   de   la   demanda   de   revisión   presentada  por  el  defensor  del  sentenciado  GERMÁN   ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO,  contra   el   fallo   proferido   el   29  de  junio de  2007   por   una  Sala  de  Decisión   Penal   del  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Cúcuta, mediante el cual se condenó al accionante a  40  años de prisión como  consecuencia    de    hallarlo    penalmente    responsable   del   concurso   de   delitos  de  concierto  para  delinquir,  homicidio  agravado y tentativa de homicidio.   

HECHOS  

La  cuestión  fáctica  fue  declarada  por  el  juzgador  de la manera  siguiente:   

“Tuvieron  ocurrencia a eso de las 9:45 de  la  noche del 17 de junio de 1999, en el municipio de Tibú, Norte de Santander,  cuando  un numeroso grupo de individuos pertenecientes a las Autodefensas Unidas  de  Colombia  (AUC), incursionó en el casco urbano de la población de Tibú en  el  departamento  de  Norte  de  Santander  y detuvo a los ciudadanos en la zona  céntrica  de  la  población,  luego  separaron  los  hombres de las mujeres, a  aquéllos  les hicieron quitar la camisa y tender en el piso, mientras una mujer  que  ocultaba su rostro con una capucha fue señalando indistintamente a algunos  de  los  aterrorizados  ciudadanos,  para  que  sus  compañeros  les dispararan  produciéndoles  la  muerte  en  aquel  lugar,  obrando de esa manera con Hender  Leonardo  Avendaño  Pineda,  Henry  Soto  Suárez, Nelson Rodríguez Mogollón,  Francisco  Franqui  Pérez,  Atilano  Rodríguez  Romero,  Juan  de Dios Mendoza  Galván   y  Luis  Alfredo  Guerrero  García,  consumado  aquel  acto  criminal  procedieron  a  embarcar  en  uno de los vehículos en que se desplazaban, cinco  varones  más  y  empezaron  la retirada con dirección a la zona de La Gabarra,  causándole  la muerte a cuatro de ellos en inmediaciones de las veredas Socuavo  Norte  y  Carboneras, concretamente a Luis Alberto Lara Pérez, Marcelino Arenas  Caicedo,  Álvaro  Ortega  Gualdrón  y Luís Enrique Díaz Díaz, igualmente en  desarrollo  de  esta  última  fase de la actividad criminal, miembros del grupo  armado  al  margen  de la ley dispararon contra la humanidad de Andrés Bermonth  Martínez,  con el propósito de causarle la muerte, sin embargo, milagrosamente  esta  persona  sólo resultó lesionada en la oreja derecha, logrando sobrevivir  al atentado terrorista   

“Algunas personas declararon que el móvil  del  múltiple  crimen, es que los muertos eran auxiliadores y militantes de los  grupos subversivos.   

“Entre  la  múltiples imputaciones que se  efectuaron  con  ocasión  de  este  proceso,  se realizó la de GERMÁN ALBERTO  ESTUPIÑÁN   APARICIO,   que   es   la  que  nos  corresponde  juzgar  en  este  caso”.   

         La demanda.   

Con  apoyo en la causal tercera, el defensor  del   sentenciado  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN APARICIO solicita la revisión de  la sentencia proferida por el Tribunal.   

Con la pretensión de sustentar su petición,  comienza     por    sostener    que    “con  el  proceso  de  desmovilización  de  las  autodefensas de  Colombia  se  ha  conocido  la verdad respecto de muchas muertes ocurridas en el  territorio  nacional  y  en la zona norte, más exactamente  en la zona del  Catatumbo,  donde  se  encuentra ubicada Tibú-Norte de Santander”.   

Agrega que para la fecha de ocurrencia de los  hechos,  el  comandante  de  las  autodefensas  de  la  zona  norte  era el  extraditado     Salvatore     Mancuso,  quien  a través de sus hombres de confianza y la tropa ejecutaba  sus   acciones.   Señala,   además,   que  en  las  diligencias  de  versión  rendidas  ante la Fiscalía, Mancuso manifestó haber  sido  apoyado  por los comandantes de entonces del Grupo Mecanizado Maza y   del  Batallón  Héroes  de  Saraguro, al igual que la  masacre  fue  el  resultado de una operación comandada por alias Camilo, hechos  por  los cuales fueron condenados los mencionados el Mayor Llorente y el Coronel  Matamoros.   

Indica  que  el  Mayor Mauricio Llorente, en declaraciones dadas ante la  justicia  colombiana,  ha  reconocido  la  alianza  del  paramilitarismo con las  fuerzas  militares,  y haber planeado la incursión con un sobrino de Mancuso, a  quien  le  dijo  que  lo  único  que  necesitaba  era  realizar un simulacro de  hostigamiento  al  batallón, para justificar que los militares no podían salir  a  atender  otras situaciones, y además montaron una operación al lado opuesto  de  la  retirada de las autodefensas, como en efecto así se hizo, pues mientras  un  grupo  de autodefensas disparaba hacia el sector de la pista de gimnasia, el  otro  grupo  incursionaba  en Tibú, a donde aproximadamente 65 hombres llegaron  en  tres  camiones,  sacaron  a  las  personas  de  los  establecimientos  y una  informante    que    iba    encapuchada    señalaba    a   quienes   irían   a  morir.         

      

Indica que Isaías  Montes  Hernández, conocido con el alias de Junior o  Mauricio,  confesó  ante  la Fiscalía haber participado en la masacre ocurrida  en  Tibú  bajo  las  órdenes  de  Alias  Camilo,  y  reconoció  haber  sido quien impartió las órdenes para la ejecución de tales  hechos,  señaló  a las personas que directamente intervinieron en su  comisión. Anota que dicha confesión  permitió adelantar audiencia de formulación de imputación.   

El   libelista   precisa   que  “la  parte  actora  a  través  de  mi conducto a (sic) logrado  comunicación  con  el señor Isaías Montes Hernández, quien ha manifestado la  intención  de  declarar  ante  su  honorable  despacho,  con  el fin de relatar  detalles  de  la  ejecución  de  la  masacre  objeto del recurso”  y   agrega  que  “el señor  ISAÍAS  MONTES  HERNÁNDEZ  puede  demostrar  que  el  señor  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN    APARICIO,   ni   ha  hecho  parte,  ni  hacía  parte  de las autodefensas para el 17 de  julio  de  1999,  ni  participó  en  los  hechos  objeto  de  análisis en este  recurso”,  con cuya declaración, dice, se probará  la inocencia de su representado.   

A  continuación,  el  demandante  trae  a  colación  apartes de un artículo de prensa publicado el 21 de octubre de 2008,  en  el  cual se comenta la versión rendida por el ex paramilitar Isaías Montes  Hernández,  después  de  lo  cual considera útil y  conducente  recibir  esta declaración para aclarar los hechos objeto  de  la  acción,  demostrar  la  inocencia  de su representado y  adoptar una decisión acorde con la verdad de lo sucedido.   

Señala,  de  otra  parte  que  José  Misael  Valero  Santana,  quien  para  la época de los hechos se desempeñaba como soldado profesional y servía  como   enlace  entre  el  Coronel  Matamoros,  el  Mayor  Llorente,  y  el  jefe  paramilitar  alias  David, también participó en calidad de autor de los hechos  ocurridos  en  Tibú,  el  17  de  julio  de  1999  y  se  halla  privado  de la  libertad.   

Precisa que “el  día  15  de julio de 1999, el señor José  Misael  Valero  Santana,  viajó  por la aerolínea Avianca,  junto  con  alias  David, Luis Arsenio Durán Montaguth y María Eugenia Pereira  Gutiérrez,  desde Cúcuta a  Rionegro y de Rionegro a Montería, Córdoba,  con  el  fin  de  arreglar  los últimos preparativos con el señor Mancuso para  incursionar  en  la  zona  del  Catatumbo  y  en  el municipio de Tibú Norte de  Santander”.  Según el  libelista,  dicho  sujeto  “afirma que Luis Arsenio  Durán     Montagut     alias     ‘tajo     de     yuca’   y   María  Eugenia  Pereira  Gutiérrez   fueron  quienes  señalaron  a  las  personas  que  se  ejecutaron el día 17 de julio de 1999 en  Tibú”,     con    lo   cual   “desvirtúa   la   afirmación   del   señor  Andrés  Bermonth  Martínez,  único  declarante  en contra del señor Germán Alberto Estupiñán  Aparicio,   donde   indica  que  fue  él     quien     señaló     a     las    víctimas”.   

Considera    que   Bermonth   Martínez  “dio  una  falsa  declaración  en  contra  de  mi  defendido  el  señor  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO,  en  venganza de  anteriores   declaraciones    hechas   por   mi  defendido  en  contra  del  señor  Bermonth  y varias personas del municipio de  Tibú-Norte  de Santander en ejercicio del     deber    constitucional    de  denunciar   y  en  calidad de informante del Ejército Nacional de Colombia  y     el programa de protección y asistencia  de  la Fiscalía general de la Nación, al cual estuvo vinculado mi poderdante y  donde  declaró en varios procesos en contra de integrantes de la USO, ELN, FARC  y   EPL,   como   consta   en  el  proceso  de  la  referencia…”.      

      

Señala que José Misael Valero Santana dice  saber   cuáles   fueron   las   personas   que   intervinieron  en  los  hechos  mencionados,        y        “puede  demostrar  que  el  señor  Germán  Alberto Estupiñán  Aparicio,  ni  ha hecho parte, ni hacía parte de las autodefensas para el 17 de  julio     de    1999,    ni    participó    en    los    hechos    objeto    de  análisis…”, por ende, su inocencia.   

Concluye      que      “mediante  estos  testimonios  se probará que el señor GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO,  con  ocasión  de los hechos ocurridos el 17 de  julio  de  1999  en  Tibú-Norte  de  Santander, nunca organizó conciertos para  delinquir,  no quitó la vida a ningún ser humano, nunca atentó contra la vida  de  ningún  ciudadano  colombiano,  ni  participó  en  los  hechos  objeto  de  análisis en este recurso”.   

Solicita,  en  consecuencia,  recibir  los  testimonios  de  Isaías  Montes  Hernández y José Misael Valero Santana, para  que  “depongan  lo  que  les  conste  respecto  de  los  hechos objeto de este  recurso”,   y  oficiar  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  para  que  remita  copia  de  las diligencias de versión y las  declaraciones  del postulado Isaías Montes Hernández  y copia completa de  la  audiencia  de  formulación  de  imputación   adelantada  en contra de  éste.   

Adjunta el poder en cuyo ejercicio actúa y  fotocopia   de   los   fallos   de   primera   y  segunda  instancias.      

                        SE  CONSIDERA:   

Por  incumplir  los requisitos establecidos  por  el artículo 222 del Código de Procedimiento Penal, la Corte no tiene más  alternativa    que    inadmitir   la   demanda     de     revisión     presentada     a    nombre    del  sentenciado   GERMÁN  ALBERTO ESTUPIÑÁN APARICIO.   

La  jurisprudencia tiene establecido que el  ejercicio  de  la  acción con fundamento en la causal tercera del artículo 220  del  estatuto  procesal penal, exige acreditar el cumplimiento de los siguientes  presupuestos:  a)  surgimiento  de  hechos  nuevos  o de pruebas no conocidas al  tiempo  de  los  debates  en  las  instancias ordinarias del trámite; b) que el  acontecer  fáctico esté ligado a la conducta punible materia de investigación  y  juzgamiento;  y  c)  que  las  pruebas aducidas sean aptas para establecer en  grado  de  certeza  la inocencia del procesado o su inimputabilidad, o de tornar  cuando  menos  discutible la verdad declarada en el fallo, haciendo que no pueda  probatoriamente mantenerse.   

Como presupuesto de admisibilidad del libelo  demandatorio  de  la  revisión, cuando de la causal tercera se trata, establece  la   ley   la   obligación   para  el  accionante  de  relacionar  “las         pruebas         que         se         aportan  para  demostrar  los  hechos  básicos  de la petición”, esto es, allegarlas con  la  demanda  y  acreditar  al  tiempo  que tienen la virtualidad de modificar el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos mencionados en  precedencia:  la  novedad  y  trascendencia,  pues de no cumplirse esta carga se  impone como consecuencia la inadmisión del libelo.   

Esto no lo satisface en la demanda. Si bien  anuncia  que  con  posterioridad al fallo aparecieron unas pruebas que apuntan a  demostrar  la  inocencia  del sentenciado ESTUPIÑÁN  APARICIO,   como   así   lo   afirma  respecto  de  las    diligencias    de   versión   y      las      declaraciones      supuestamente      rendidas    por    ISAÍAS    MONTES  HERNÁNDEZ  en el marco de las previsiones de la Ley  975   de   2005,   por  parte  alguna  precisa  con   el   rigor  exigido  para  el  extraordinario  instrumento   a   que   acude,   qué  en    concreto    se   establece   de  dichos  medios,  por  qué son novedosos, y de qué  manera  su  apreciación  tiene  entidad  suficiente  para modificar el fallo en  sentido   sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  que  se  persigue  derruir.   

Así,  desconoce el carácter rogado que la  revisión  ostenta,  y  traslada  a  la  Corte  el  deber  para el demandante en  revisión  de  acreditar  la pertinencia y conducencia de la prueba que aduce en  orden  a  demostrar  la  inocencia  o  la inimputabilidad del procesado, lo cual  resulta inadmisible.         

De  otra  parte, el demandante pretende que  durante  el  período  probatorio  se  recauden  los aludidos medios  que supuestamente obran en el trámite seguido ante la Fiscalía  General  de  la  Nación,  Unidad Nacional para la Justicia y la Paz,  y que se reciban los testimonios de  ISAÍAS   MONTES   HERNÁNDEZ   y  JOSÉ  MIGUEL  VALERO  SANTANA,  incumpliendo  de  este  modo   la obligación prevista por la  ley  procesal  penal  de  aportar  las  pruebas con que se demuestran los hechos  básicos de la pretensión.   

No se percata que precisamente a propósito  de   facilitar  la  satisfacción  de  este  requisito,  el  ordenamiento  civil  establece  los  mecanismos  a  los  que puede acudirse para lograr el recaudo de  aquellas   pruebas   anticipadas   que  se  consideren  indispensables  para  la  iniciación  de  un  proceso  judicial,  sin  que  en ejercicio de la acción de  revisión   resulte   procedente   solicitar   que   su   recaudo   se  produzca  posteriormente,  puesto  que  con  dicha postura no logra saberse de antemano lo  que   el  medio  podría  aportar  para  los  fines  del motivo de revisión aducido.   

En  estas condiciones, resulta evidente que  la  Corte  se  encuentra  imposibilitada    para  conocer  el  contenido  de  las  pruebas  que  el  demandante  indica,  su  real  incidencia  en  orden  a establecer la posibilidad de levantar los efectos de la  cosa  juzgada  judicial y, de contera, remediar la injusticia material en que se  afirma  incurrió  el  sentenciador,  ameritando por  ende,  la inadmisión del libelo por incumplir los presupuestos de admisibilidad  establecidos    en    el   ordenamiento   procesal.   

Lo anterior sin perjuicio de reconocer que,  en  algunos  casos  -en   los que deba resolverse la tensión que se genera  entre  el carácter rogado de la acción de revisión y la posibilidad de suplir  alguna  de  esas  cargas cuando el interesado justifica el incumplimiento de sus  deberes-,  la  Corte  considere  que  deba  darse paso a las normas rectoras que  consagran  mandatos superiores, tales como el principio de igualdad, de acceso a  la  administración  de  justicia  y  el  de la finalidad del procedimiento, los  cuales   establece  el  ordenamiento  jurídico  como  proyección  del  derecho  fundamental  al  debido  proceso  y,  en  consecuencia,  disponga  la  práctica  anticipada de la prueba no aportada por el actor.   

En  el  caso que se examina, no se presenta  una  situación  que  obligue el complemento oficioso de los requisitos formales  que  se  extrañan,  dado  que  el  actor no refirió razones que justifiquen el  incumplimiento  del  deber  procesal que le corresponde de aportar los elementos  que  fundamentan  la  demanda.  Tampoco  propuso  a  la  Corte la posibilidad de  solventarlos.   

De   todos   modos,  cabe  advertir  que  en  el presente evento, la postulación no refleja la  novedad  de  las  pruebas o de los hechos a los que se refiere la causal tercera  de  revisión,  destinados  a acreditar la inocencia del demandante en el delito  que ameritó su condena.   

Conforme  se  precisó  en  el resumen de la  demanda,  el  actor  dedica  su  empeño a elaborar una nueva valoración de las  pruebas  allegadas  a  la  actuación,  para  oponerla  a la que adelantaron los  jueces  en  las  instancias  del proceso, pero sin acreditar la razón o razones  por  las cuales los medios de convicción que propone se recauden, eventualmente  por  ostentar  un  mayor  valor  frente  a la prueba en que fundó el fallo cuya  remoción  pretende, tendrían la posibilidad de derruir los supuestos fácticos  de  la  declaración  de  condena,   por  acreditar la inocencia del señor  ESTUPIÑÁN  APARICIO  en  los hechos por los cuales resultó sentenciado en las  instancias.   

Pero  aun  si  lo  expuesto  no  resultare  suficientemente   ilustrativo   del   particular  criterio  que  al  parecer  el  demandante  posee  del instrumento extraordinario a que acude, cabe advertir que  al  indicar  que  “el  señor Andrés Bermonth  Martínez,  dio  una  falsa  declaración  en  contra  de  mi defendido el señor  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO”, evidencia  que  la  pretensión  es  denunciar  que  la sentencia proferida en contra de su  representado  se  fundamentó  en  prueba falsa, para lo cual ha debido acudir a  los  lineamientos establecidos para la causal  quinta  de revisión o    demostrar    objetivamente   su  configuración,  nada de  lo    cual   siquiera  ensaya.       

En tal hipótesis, correspondía  al  actor  demostrar,  mediante fallo  debidamente  ejecutoriado,  que  la prueba en que se  soportó  la  decisión  cuya  remoción  persigue,  fue declarada judicialmente  falsa,  porque,  se  insiste,  no  se trata de perseguir una revaloración de la  prueba  recaudada en el proceso, sino de demostrar que la misma no es auténtica  porque  así  se  determinó judicialmente en una sentencia que hizo tránsito a  cosa juzgada.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Corte,  el  demandante  omite  cumplir  este  imprescindible  requisito, pues no  allega  una  decisión  judicial  que hubiere declarado la falta de veracidad de  las pruebas en las que se soporta la sentencia objeto de revisión.   

Sin       demostrar,  en  los  términos en que la ley lo  exige, la falsedad de la  prueba  en  que  se apoya la sentencia, el demandante  se  dedica  a suponer que  el  testigo  de cargo faltó a la verdad tan sólo porque eventualmente en otras  actuaciones  se  contaría  con versiones contrarias,  expuestas  por  algunos  de  los  partícipes en los  hechos   por   los   que  su  asistido  fue   condenado,   pero   sin   llegar   a   acreditar,    con    el    rigor   demandable   en   revisión,  que  de  los  referidos  medios  se establece la inocencia de su  representado.    

Como  quiera  entonces, que el libelo no se  aviene   a   las   exigencias  mínimas   normativamente   previstas,   no   cabe  más  alternativa  que  inadmitirlo.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el defensor del sentenciado    GERMÁN    ALBERTO   ESTUPIÑÁN  APARICIO.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

FRANCISCO          ACUÑA  VIZCAYA                                    GUILLERMO ANGULO GONZÁLEZ   

Conjuez-Excusa   justificada                                                              Conjuez   

RICARDO          CALVETE  RANGEL                                      WILLIAM MONROY VICTORIA   

Conjuez-Excusa   justificada                                                       Conjuez   

JUAN       CARLOS       PRÍAS  BERNAL                                   HUGO QUINTERO BERNATE   

                Conjuez                                                                     Conjuez   

YESID         REYES  ALVARADO                                          LUIS GONZALO VELÁSQUEZ POSADA   

              Conjuez                                                                      Conjuez-Excusa justificada   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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