33059(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33059  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado    Acta:   114      

Bogotá,  D.  C,  catorce   (14) de  abril de dos mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por la defensora de EDWIN ANDRÉS  ÁLVAREZ  ORJUELA,  contra  el  fallo  expedido por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá,  Sala       de       Justicia       y       Paz1,  el    cual   confirmó2  la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado   19   Penal   del   Circuito   de  la  misma  ciudad,            al           condenarlo   a   la   pena  principal  de  48  meses de prisión, por el  delito   de   acto  sexual  abusivo  con  incapaz  de  resistir,  agravado.   

H    E    C    H   O   S   

El  18  de  septiembre  de  2002,  la señora  Myriam  Stella Mantilla Soto,  madre       de       la      menor      A.C.L.M3.,   de   4   años  de  edad,  denunció   que   en   esta  ciudad,  “ayer  cuando  yo  bañe  a  la niña, iba a bañarle la colita y me  dijo  que le ardía, la mire y tenía como una laceración y me dijo que el tío  la    había   tocado”.   

Así  mismo, ante la Comisaría 18 de Familia  de  la localidad Rafael Uribe Uribe, la secretaria y una psicóloga, la pequeña  manifestó:  “Cuando  yo  estaba  acostadita  Edwin me toco (sic) en la vagina y yo le dije que no y ya no  lo  volvió a hacer, me metió el dedito y yo le dije que no aya (sic) a hacerlo  y  ya  dijo  que no más, solo paso una vez y yo le dije que no porque hizo eso,  él  se  acostó  y  mi  aguelita (sic) me dio algo a mi y algo a Edwin, nos dio  aguadepanela            (sic)”.   

Con  el  fin de precisar el día de los actos  ilícitos,  informó  la  mamá  de  la  infante  que ella llevó a “la  niña de visita donde el papá el  pasado    viernes    por   la   noche…  y la recogí el domingo a las 8:00 p.m., la niña me dijo que era  oscuro  y  pienso  que  pudo ser el sábado por la noche o el domingo, porque la  niña  me  dijo  que la abuelita estaba en la cocina y le llevó agua de panela,  el     papá     de     la    niña    estudia    por    la    noche”.   

Por  tales acontecimientos fue vinculado a la  actuación EDWIN ANDRÉS ÁLVAREZ ORJUELA.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.  El 1  de  agosto  de  2006,  el Fiscal  Seccional  225  de  Bogotá, dictó  resolución  de  acusación  contra   EDWIN  ANDRÉS  ÁLVAREZ  ORJUELA,    como    autor    responsable   del   delito   de   acto    sexual   abusivo   con   incapaz   de   resistir, agravado.   

2. El 22 de enero de  2007,  el  Juzgado Diecinueve Penal del Circuito de la  misma           ciudad,          condenó  a EDWIN  ANDRÉS  ÁLVAREZ  ORJUELA,  a  la  pena  principal de  48  meses  de  prisión, a la  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso  igual  al  de  la  privación  de  la  libertad  y al pago de perjuicios morales  equivalentes a veinte (20) smlmv.   

3. El 24 de junio de  2009,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  confirmó  la  sentencia   recurrida   por   la   defensora,   tal   y   como   quedó   atrás  anotado.   

4.   La   citada  profesional  del derecho, inconforme con el fallo condenatorio, lo impugnó y, a  su  turno, mediante la presentación del respectivo libelo, sustentó el recurso  de  casación a favor del hoy sentenciado EDWIN ANDRÉS  ÁLVAREZ  ORJUELA,  mismo  que  hoy  examina la Corte.   

D E M A N D A  

Bajo el imperio de la Ley 600 de 2000, atacó  la  decisión  de  segundo  nivel,  con  base  en  el  artículo 207, numeral 3,  “AL   HABERSE  DICTADO  SENTENCIA      EN      UN      JUICIO     VICIADO     DE     NULIDAD”.   

Como     el     escrito    –en  sus diversas acometidas- contrario  a  lo  advertido  por  la  jurisprudencia  desde  antaño,  es  un  memorial  de  instancia,  confeccionado  de  manera  libre,  genérica  y  vaga,  en  donde se  ignoraron  presupuestos  mínimos de dialéctica casacional, la Sala condensará  la  censura  en  sus  aspectos  más  sobresalientes, tal y como se puntualiza a  continuación:   

1)  Sostuvo que los  fallos   violaron  de  manera  flagrante  los  artículos  354  (definición  de  situación  jurídica)  y  357 (procedencia de la medida de aseguramiento) de la  Ley 600 de 2000.   

2) Citó un aparte de  la   sentencia   del   Tribunal,   en   donde   se  dijo  que  era  “obligación de resolver la situación  jurídica…  cuando  el  delito  por el cual se investigaba estaba sancionado con pena cuyo mínimo fuera  igual  o  superior  a cuatro años de prisión y todos aquellos (sic) señalados  de   manera   expresa   ,   entre   ellos   el   acto  abusivo  con  incapaz  de  resistir”.   

3) Como no se generó  ninguna  reforma  legislativa  sobre  el particular, concluyó, que “era  ineludible  e  imprescindible la  resolución  de  la situación jurídica a mi defendido. Por tanto la acusación  consiste  EN ERROR DE DERECHO AL NO HABÉRSELE DADO APLICACIÓN A LOS ARTÍCULOS  354  Y  357  DE  LA  LEY  600  DE  2000”.   

4)  Por  último,  afirmó    que    “la  incidencia  de  dicho  error  en  el  debido  proceso es palmaria, por cuanto mi  representado  no  tuvo conocimiento del sentido en el cual iba la investigación  hasta   Agosto   de   2006,   fecha  en  la  cual  se  profiere  Resolución  de  acusación,   cuando   había  sido  indagado  desde  comienzos  de  2004,  con  lo cual se afecta el debido proceso y el derecho a la  defensa.  No  es de recibo la acotación del fallo de  segunda  instancia,  en el sentido de habérsele beneficiado con dicha omisión,  por  cuanto ello sería presumir que la decisión sería cobijarle con medida de  aseguramiento;  cuando  perfectamente la decisión habría sido el de abstenerse  de  tal  medida, y en el evento primero, ello le habría sido favorecido para al  menos  obtener  de la justicia una mayor celeridad en sus posteriores decisiones  y  una  mejor  investigación  del caso”. (Subrayado fuera de texto).   

Solicitó,    por   tanto,   “se  revoque las sentencias de primera  y  segunda  instancia,  ordenando se prosiga con el proceso a partir de la etapa  del sumario”.   

C  O  N  S  I  D  E  R  A  C  I O N E S    

La Corte  advierte que los ataques formulados contra la sentencia de segundo  nivel,    no    reúnen    los    mínimos    presupuestos   de   coherencia   y  lógica-argumentativa  descritos  por la jurisprudencia para admitir la demanda,  pues  si  bien  propuso  como punto de partida para lograr la infirmación de la  condena  impuesta  a  su  mandante,  elevada  por  nulidad;  en  el desarrollo y  demostración  de  la censura, incurrió en graves falencias, las cuales atentan  contra  la  filosofía  que  inspira  el  recurso  extraordinario  de casación.   

Menos aún es un escrito de libre factura con  el  que  se  pretenda  derrumbar  las  conclusiones probatorias plasmadas en los  proveídos  atacados, al hallarse amparadas bajo la doble presunción de acierto  y   legalidad  con  las  que  vienen  unidas;  tampoco,  consiste  en  adicionar  inconmensurables  ideas  disgregadas y fragmentadas en el libelo en búsqueda de  un  fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético para asegurar la demostración del  ataque propuesto, tal como las expuso el actor.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio  de  los  reparos,  estableciendo aquellos puntos más preponderantes, a  fin  de  determinar  de  manera  precisa  los desatinos de mayor impacto, con el  objeto  de  brindarle  al demandante suficiente claridad en torno a los dislates  presentados en su alegato.   

Son   múltiples  y  complejos  los  yerros  detectados:   

1.  Es  intensa  la  confusión  de  la libelista al congregar en un mismo texto argumentativo varias  nulidades,  pues  combina  en  iguales  párrafos  violaciones  al   debido  proceso,  derecho  de defensa técnico, y errores de derechos propios de la vía  indirecta  de  violación  de la ley sustancial -aunque los primeros se nutren y  conectan  en  términos  formales, su demostración en casación es individual-;  con     ese     actuar     quebrantó     el     postulado    de    autonomía    que    rige   el   recurso  extraordinario,  según  el  cual, con la motivación de una censura no se puede  sustentar  otra.  Y,  de  paso,  esa  mixtura   genera ausencia de claridad  temática,  inconcebible  en  esta  sede,  al  no  poder desentrañar la Sala el  verdadero e indiscutible sentido de lo demandado.   

2.  Sin  que  se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales de las partes, se puntualizaran algunos aspectos  inherentes   al  caso  en  estudio,  en  donde,  por  ejemplo,  el  Tribunal  de  Bogotá,  Sala de Justicia y  Paz, sobre el punto cuestionado, afirmó:   

“… por virtud  del      principio      de      favorabilidad     se     podía     –y se puede- acudir a lo dispuesto por  el  artículo  313 de la Ley 906 de 2004, más exactamente a lo señalado por el  numeral   2°:  ‘En  los  delitos  investigados de oficio cuando el mínimo de la pena prevista por la ley  sea   o   exceda   de   cuatro   años’,  circunstancia que posibilita no resolver la situación jurídica  de   EDWIN   ANDRÉS   ÁLVAREZ  ORJUELA,   en   la   medida   que   el  delito  por  el  cual  cursaba  la  investigación,  tiene  señalada una pena que oscila entre tres (3) y cinco (5)  años  de  prisión.  Por  tanto, no hay motivo para declarar la nulidad ante la  falta  de  resolución  que  resolviera  la  situación jurídica del procesado.   

Aunado  a  lo  anterior,  el  principio  de  instrumentalidad  que  impone  la  validez  del  acto,  siempre  que  cumpla  su  finalidad  y  no  viole  el  derecho  de defensa, y el de convalidación, a cuyo  tenor  el  consentimiento expreso o tácito de la parte afectada imparte validez  a  la  actuación irregular, indican que si en su momento el instructor cometió  alguna  omisión,  no impidió que se cumpliera con los objetivos perseguidos en  desarrollo  de  la instrucción, ni se vulneraron los derechos fundamentales del  procesado,  tanto así que no se puso de manifiesto tal situación por parte del  implicado    ni    su    defensora   –la  misma  que  actualmente  reclama la nulidad-, circunstancia que  convalida  el  trámite,  pues, es obligación de quien resulta afectado por una  irregularidad…  alegarla  en  el  momento  de  su  configuración,  que  de no hacerlo y por el contrario,  participa   de   ella   guardando   silencio,   no   puede   con   posterioridad  atacarla4…  por  tanto,  palmario  es  que  la  defensa  pretende  beneficiarse  del error cometido por la Fiscalía a la luz de  lo  previsto por la ley 600 de 2000 y ahora, en abuso del recurso de apelación,  pretende  la nulidad por omisión de un rito que a la luz de la Ley 906 de 2004,  por  virtud del principio de favorabilidad ya no es procedente, con la finalidad  de  permitir que su pupilo que permanecía en libertad desde la instrucción del  sumario,  ahora  ya no pueda continuar disfrutando de dicho beneficio por cuanto  media  una sentencia condenatoria en la cual se negó la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, con lo cual, considera la Sala, se trata de un  asunto  de  deslealtad  del  sujeto procesal (parte defensiva), por cuanto nadie  puede     alegar     a     su    favor    su    propia    intención”.   

En  la censura, la constante de la demandante  es  su  juicio  conjetural,  pues con él, pretende se retrotraiga la actuación  hasta  la  etapa  del  sumario  y  se  le  resuelva la situación jurídica a su  prohijado,  con  clara  desatención  de  las motivaciones expuestas por el Juez  Colegiado,  las  que  sólo  tuvo  en  cuenta  para  oponerse de manera radical:  “No  es  de  recibo  la  acotación  del  fallo  de  segunda  instancia,  en  el  sentido  de  habérsele  beneficiado    con   dicha   omisión”;  sin  embargo,  la explicación de las dos líneas precedentes, es  confusa  e incoherente cuando  sostuvo  sobre  la  posibilidad  de  decretarle  la  medida  preventiva,  siendo  “perfectamente    la  decisión   habría   sido   el   de   abstenerse   de   tal  medida”  ,  y  en el evento primero, ello le  habría  sido  favorecido  para  al  menos  obtener  de  la  justicia  una mayor  celeridad   en  sus  posteriores  decisiones  y  una  mejor  investigación  del  caso”,   pues   es   indiferente  para  la abogada que su protegido jurídico esté o no en libertad,  al primar para ella otros factores.   

Por  tanto, se muestra el ataque, sin ninguna  temática  casacional  y con grandes baches argumentativos, los cuales hacen que  su  escrito  sea insustancial, pues la alegación de la violación de un derecho  por  la  simple  defensa del mismo, no contribuye ni constituye la demostración  de los vicios invocados.      

Tampoco  fue  importante  para  la  defensora  sopesar  lo  expresado  por  el  Juez  Colegiado  de  Justicia  y  Paz  sobre la  aplicación  por  favorabilidad  de  la  ley  906  de  2004, en lo atinente a la  ausencia   de  resolución  de  situación  jurídica  en  casos  donde  sí  se  requería;  con  esa omisión argumentativa, ratificó que se encuentra en pleno  acuerdo con lo allí plasmado.   

Además,  con  tal  actuación, la demandante  violentó       el       principio      de      no  contradicción,  toda  vez  que  la  motivación  debe  guardar   una   unidad   conceptual   de  tal  modo  que  en  una  misma  línea  hermenéutica,   no   es  lógico  afirmar  y a la vez negar  alguna  circunstancia, hecho o determinada teoría; habida consideración que la  conclusión  sería producto de un procedimiento intelectivo confuso -como en el  caso  en  estudio- pues aseveró que debía resolverse la situación jurídica a  su  mandante;  sin  embargo,  en  igual sentido explicativo supuso, que sí ello  hubiera  sido  así,  el  Fiscal  se  habría  abstenido  de imponerle medida de  aseguramiento,  cuando  lo  cierto  es que el punible por el que se le condenó,  reclamaba tal afectación de la libertad.   

Por  tanto,  para  desarrollar una censura de  nulidad,   se   hace   imperioso,   entonces,  discernir  ¿cómo?,  ¿cuándo?,  ¿dónde?,   ¿de   qué   manera?  y  ¿quién?,  consumó  en  instancias  una  vulneración    a    las  garantías  constitucionales fundamentales  puntualizadas en alguno de los sentidos expresados por la ley y la  jurisprudencia;  además,  le  corresponderá  motivar la influencia dañina del  yerro   alegado   en   la   decisión   impugnada   al  amparo  de  instrumentos  internacionales  o  normas nacionales potencialmente vilipendiadas; presupuestos  que  no  se  satisfacen  por  el  sólo  hecho  de  haber sido insinuados por el  jurista, como en el caso en estudio.   

Por ejemplo, tendría que haber constatado el  actor  en qué sentido se afectó el derecho de defensa técnico con la ausencia  de  defensor  en  el  caudal  probatorio,  cuál  es  su  grado de afectación y  lesividad  al  interior  de  las  decisiones  cuestionadas,  pues  la  exclusiva  manifestación,  como  si  se  tratase  de  un  alegato  confeccionado  de libre  factura,  como  atrás quedó anotado en el resumen de la demanda, no es patente  de éxito para lograr los cometidos encomendados.    

Menos  aún  puede  olvidar el demandante los  principios  de las nulidades, como el de taxatividad, protección, residualidad,  finalidad  de los actos, entre otros, con el objeto de constatar la infirmación  de   la   sentencia   última,   puesto   que  si  aplica  alguno,  como  el  de  convalidación,  la  embestida  se  torna insustancial y efímera, tal y como lo  aceptó  el propio libelista, no siendo de su agrado, como también lo informó,  lo  expuesto  por el Tribunal, con lo cual, lo único que exhibe su pretensión,  es   una   oposición   de   criterios,   desde   luego,   prohibida   en   sede  extraordinaria.   

El profesional del derecho debe identificar y  determinar,  conjuntamente,  la  clase  de  nulidad  (estructura  o  garantía),  descubriendo  las  normas sustanciales vulneradas, a fin de explicar por qué su  premisa   es  consecuente  con  el  acontecer  procesal.  Además  es  imperioso  argumentar  ¿cómo?,  ¿de  qué forma? y ¿cuáles? fueron las repercusiones o  el daño al interior del proceso.   

El     principio     de    prioridad,  en  igual  forma,  debe ser el  norte  del demandante, con el objeto de precisar cuál error tiene mayor entidad  o  extensión de lesión en el proceso; también tendrá como labor pormenorizar  las  normas  sustanciales  virtualmente vilipendiadas y, desde luego, mostrar un  desarrollo  inherente a la legislación base del ataque; indicar la repercusión  final  y  trascendente  de cada nulidad propuesta y señalar desde qué instante  procesal  solicita  su  declaratoria,  sustentando  las razones para ello.    

Desatendió  la  apoderada judicial, en igual  forma,     el     postulado     de     unidad    de  decisiones,  bajo  cuyo  amparo  se debe cuestionar no  solo  el  fallo  de segundo instancia sino también el de primera, por conformar  los  dos,  un  bloque  de  identidad  temática  indiviso, en donde el uno es el  complemento  esencial  e  idiomático  del  otro;  exceptuando,  como  es obvio,  proveídos  contrarios  en  el  mismo  asunto;  dado  el caso, únicamente será  combatida  la  sentencia  de segundo nivel. Siendo ello así, las censuras deben  tener  como  presupuesto  indiscutible,  atacar  las  sentencias  en  sus planos  inferior  y  superior,  pues  ambas  son  indisolubles  y  se  integran en forma  apodíctica,  hasta  entender  que  los  vacíos de una los compensa la otra: se  retroalimentan.   

En esas condiciones dejar a la suerte parte de  la  motivación  que  no  se  encuentra  en  la determinación del Tribunal, por  ejemplo,  cuando  el  Juez  la  propuso,  desmenuzó,  estudió,  puntualizó  o  reflexionó,  significa –ni  más  ni  menos-  abandonar  el  cometido  casacional  y  vulnerar  el axioma en  comento,  como  cuando  la  funcionaria  de  primer  grado  expuso: “No  evidenciándose causal alguna que  invalide   lo  actuado,  procede  el  despacho  a  emitir  el  fallo”, amén que las partes nada insinuaron  sobre  una posible falencia de estructura en sus alegaciones previas a dictar la  sentencia.    

Además, la abogada jamás se pronunció sobre  el  criterio  de  la  Sala,  en lo atinente al punto en cuestión, pues desde el  Decreto  2700 de 1991, pasando por la Ley 600 de 2000 y hasta la 906 de 2004, se  han  presentado  múltiples pronunciamientos sobre el tema: en unas ocasiones se  llegó  a  afirmar  que  no  era  necesaria  la  definición  de  la  situación  jurídica,    dado    su    carecer    provisional5;     luego     –en vigencia de la Ley 1142 de 2007- se  replanteó  la  tesis  de  la  mano de las normas instrumentales mencionadas, al  sostenerse  que  no  resolverla  constituía  una  afrenta  a las garantías del  debido   proceso   y   del   derecho   de   defensa6;  sin  embargo,  también  se  advirtió  que  no  toda  omisión  conlleva  ineludiblemente a su declaratoria,  siendo   también   imprescindible   demostrar  el  perjuicio  material  y  real  ocasionado  al procesado, cuestión esta última, que jamás señaló la jurista  en  su  demanda  y  menos  se  refirió  al  fallo  de  instancia,  cuando dijo:  “una vez ejecutoriado el  presente  pronunciamiento  líbrese  la  respectiva  orden  de  captura ante las  Autoridades    Correspondientes    (sic)”,  situación que no vario el Tribunal  de Justicia y Paz.   

Por ello, la Sala tiene el deber jurídico de  recordar  que en temas de casación ningún supuesto de hecho o de derecho puede  ser  abordado  desconociendo  la ley y los presupuestos jurisprudenciales que la  vienen  desarrollando,  pues  hacerlo  así  desquicia  el sentido, existencia y  finalidad  del  recurso  extraordinario; relegando, precisamente, los postulados  que   lo  rigen  como  el  de  claridad,  taxatividad,  coherencia,  precisión,  objetividad, entre otros, los  cuales,   fueron   desconocidos   en   forma  absoluta  por el censor.   

Un nuevo axioma fue ignorado por la libelista:  el    principio   de   trascendencia,   con     fundamento    en    él,     se  comprueba  la  importancia,  lesividad  y  gravedad  del  error  denunciado.  No es factible, por ende,   repetir  o  transcribir iguales formulaciones jurídicas tanto en la motivación  del  cargo  como en el apartado destinado al efecto: con el primero el vicio (de  juicio  o de actividad) se identifica, detecta y se acopla a lo que debió ser y  no  se  hizo;  bajo el segundo rasero, el yerro alegado se demuestra, señalando  en  forma  concreta  el  resultado  perjudicial  y  dañino  del mismo a la ley,  mediante la sentencia.   

Siendo  ello  así, el axioma en comento, fue  trabajado  con  incoherentes e iguales argumentos que los plasmados en su escasa  motivación,  lo  cual implica el inminente rechazo por carencia de los mínimos  presupuestos   exigidos   por  la  jurisprudencia,  para  esta  clase  de  actos  normativos.    

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a tono con la ley y la jurisprudencia, por medio del cual, paso a  paso  se  vaya  destruyendo  la  valoración  -o  su  ausencia- otorgada por los  falladores  a  las  pruebas,  si  se  selecciona la vía indirecta; o quizás la  directa,  cuando  el  actor  demuestre  mediante  una  temática contundente los  yerros  en  instancias  al haber desbordado la aplicación o interpretación del  derecho  en  relación  con  los  hechos  y  pruebas aceptados, entre múltiples  alternativas de ataque.   

Finalmente, otro de los postulados del recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo, con el cual, lo solicitado en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla  elementales  exigencias  de  lógica  y debida motivación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos presupuestos sin los cuales el recurso se torna inane  y   queda   convertido   en   un   simple   alegato  de  instancia  –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la Ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si misma tenga como fin enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  intervinientes o sujetos procesales, ni pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presenta  una  alegación  producto  de  su  propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo  afirmado  por  los  falladores, sin ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para sustentar la censura, con lo  cual  sus  pretensiones  se  alejan  de  la  filosofía que irradia el instituto  casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir  la  demanda  elevada  a favor de EDWIN  ANDRÉS   ÁLVAREZ  ORJUELA,  de  conformidad  con  lo  consagrado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación   presentada   a  nombre  de  EDWIN  ANDRÉS  ÁLVAREZ  ORJUELA,  en  virtud  de  lo  argumentado en  párrafos precedentes.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero: Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

                            

      

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN                                       

                                                                                          

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                    

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                    JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Las  sentencias  condenatorias  de  primera y segunda  instancia  fueron  proferidas  el 22 de enero  de  2007  y  24  de  junio  de  2009, respectivamente.   

2 En la  misma  decisión  también  negó  la nulidad solicitada y la sustitución de la  pena privativa de la libertad por prisión domiciliaria.   

3  La  Sala  atendiendo  lo  consagrado en el artículo 47, numeral 8 de la Ley 1098 de  2006,  Código  de  la  Infancia  y la Adolescencia, se abstiene de divulgar los  datos que identifican a la menor víctima.   

4  Citó,  para  apoyar  su  tesis,  una  sentencia  de esta Sala del 7 de julio de  1989.   

5 Corte  Suprema    de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   26.706   (23-05-07); mismo sentido,  sentencia     12.424  (24-04-01).   

6 Corte  Suprema de Justicia, auto 27.539 (4-3-09).     

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