33039(16-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  33039   

CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado Acta No. 428  

          Bogotá   D.C.,   diciembre   dieciséis    de   dos  mil  diez   

VISTOS  

La Corte decide el recurso de apelación que  interpusieron  tanto  la  Fiscal  Once  de la Unidad Nacional de Justicia y Paz,  como  la   representante  judicial  de  las  víctimas de la “masacre del  Salao”,  contra  la  decisión  adoptada  por  un  Magistrado con funciones de  Control  de  Garantías  de  la  Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla,  por  medio  de  la  cual impuso medida de aseguramiento al señor  ÚBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ  (alias “Juancho Dique”) perteneciente al  bloque  “Héroes  de  los  Montes  de  María” de las Autodefensas Unidas de  Colombia,    quien   se   encuentra   recluido   en   la   Cárcel   Modelo   de  Barranquilla,      con     ocasión     de     los     delitos    imputados  parcialmente.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

El señor BANQUEZ MARTÍNEZ ingresó  a  las  Autodefensas Unidas de Colombia el 6 de noviembre de 1998, al Bloque Montes  de  María,  Frente  Golfo  de  Morrosquillo,  de donde se desmovilizó el 14 de  julio  de  2005  en   María  la  Baja  con  594  personas  más,  luego de  haber   desplegado  su accionar armado en los municipios de Colosó, Carmen  de  Bolívar,  Toluviejo,  Arjona, Mahates, María la Baja, San Onofre y Ovejas,  bajo    el    mando    de     Rodrigo   Antonio   Mercado   Pelufo,   alias  “Cadena”.    

Luego   de  adelantarse  los  trámites  y  exigencias  legales,  al desmovilizado en cita se le escuchó en versión libre,  y  con  posterioridad  a  ello  se  realizó  la  audiencia  de  formulación de  imputación  parcial  los días 13, 15 y 16 de octubre de 2009; y de imposición  de medida de aseguramiento el 3 de noviembre siguiente.   

    

La  formulación  de imputación que se hizo  contra  BANQUEZ  MARTÍNEZ en el proceso referenciado, contiene hechos cometidos  en  operaciones armadas del bloque “Montes de María” de las AUC, entre el 3  de  noviembre de 1998 y 24 de abril de 2004;  los cuales fueron tipificados  por  la Fiscalía como graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario,  en  el entendido de que se cometieron en desarrollo del conflicto armado interno  que  vive  nuestro país; imputación que comprendió los siguientes hechos, con  la calificación jurídica provisional indicada por la Fiscalía:   

Hechos  imputados             

Calificación jurídica  realizada por la Fiscalía  

1.  Masacre  de  Colosó,  acaecida  el 6 de  noviembre  de  1998,  en  la que se dio muerte a seis  personas y desplazamiento forzado a seis  más.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con toma de rehenes y desplazamiento forzado de población civil.  

2. Masacre de San  Isidro  o  Caracolí en Carmen de Bolívar, perpetrada  el  11  de marzo de 1999 en  el  corregimiento Caracolí o San Isidro de Carmen de Bolívar, en la que fueron  asesinadas 10 personas.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con  tortura  en persona protegida, toma de rehenes, destrucción y apropiación  de bienes protegidos y desplazamiento forzado de población civil.  

3.  Homicidios de  Manuel  Antonio  Fernández,  Luis  Eduardo Flórez y  Édgar  Martelo,  cometidos  el 6 de noviembre de 1999  en jurisdicción de  Toluviejo.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con tortura en persona protegida y toma de rehenes.  

4.  Masacre  El  Salao,  acaecida  el  18 de  febrero   de  2000  en  el  municipio  de  Carmen  de  Bolívar,  en  la  que  se dio muerte a 62 personas, se produjo la desaparición  forzada  de  cuatro,  se  atentó  contra la integridad y libertad sexual de dos  ciudadanos;   además   de   destrozar   y  saquear  la  población,   como  consecuencia  de  lo cual se generó el desplazamiento de 635 humildes labriegos  del poblado.             

   

Homicidio  en  persona  protegida  (62)  en  concurso  con  tortura  en persona protegida, desaparición forzada (4), toma de  rehenes,  destrucción  y  apropiación  de  bienes  protegidos,  desplazamiento  forzado  de  población  civil,   acceso  carnal  y acto sexual violento en  persona protegida.  

5. Masacre de Palo  Alto  realizada  en  San Onofre  el 30  de  abril  de  2000, en la que fueron  asesinadas 5 personas.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con  tortura  en persona protegida, toma de rehenes, destrucción y apropiación  de bienes protegidos y desplazamiento forzado de población civil.  

6.  Masacre Curva  del  Diablo,  en el municipio de Colosó, cometida el  25 de agosto de 2000, en la  que fueron asesinadas  5 personas.   

            

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con  tortura  en persona protegida, toma de rehenes, destrucción y apropiación  de  bienes  protegidos,  desplazamiento  forzado  de  población  civil y acceso  carnal violento en persona protegida.  

7.   Masacre  Chinulito,  (cacerío  El Prejo-Arenita) municipio de  Colosó,   cometida   el   13   de   septiembre   de  2000,    en    la    que   fueron   asesinadas   10  personas.             

   

Homicidio  en  persona  protegida  (10)  en  concurso  con  toma de rehenes, destrucción y apropiación de bienes protegidos  y desplazamiento forzado de población civil.  

8.   Masacre  Macayepo   en   Carmen  de  Bolívar,  realizada  el  14  de  octubre de 2000, en  la  que  murieron  7 personas, 19 fueron desplazadas y se cometió despojo de 17  bienes.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con   desplazamiento  forzado  de  personas  y   despojo  en  el  campo  de  batalla.  

9.  Masacre  de  Chengue,   municipio   de   Ovejas,   perpetrada  el  17  de  enero de 2001 en la  que fueron asesinadas 25 personas y desplazadas 129.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con  tortura  en persona protegida, toma de rehenes, destrucción y apropiación  de   bienes  protegidos,  acceso  carnal  y  acto  carnal  violento  en  persona  protegida.  

10.  Homicidio de  Elvis   de   Jesús   Petro   Piero,   realizado  el  21  de  marzo  de  2001 en  María La Baja.             

   

Homicidio en persona protegida  

11.Masacre  de  Retiro   Nuevo,   municipio  María  La  Baja,   perpetrada   el   19  de  abril  de  2001, en la que se cometieron 4 homicidios             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  con   tortura   en   persona  protegida,  toma  de  rehenes,  y  destrucción  y  apropiación de bienes protegidos.  

12.  Secuestro y  homicidio   del   alcalde   de   Chalán   Sucre,   Aury   Sara   Marrugo  y  su  escolta,  acaecida  el  30 de noviembre de 2001 en el  corregimiento   Pasacaballos  de  Cartagena  y  hallados  luego  sus  cadáveres  en  Pava Mahates Bolívar.             

   

Homicidio  en  persona  protegida,  toma de  rehenes,  tortura  en  persona protegida y destrucción y apropiación de bienes  protegidos.  

13.  Homicidio de  Carmelo  Ospina  Catrillo, cometido el 18 de marzo de  2003 en Arjona Calle La Palma.             

   

Homicidio en persona protegida  

14.  Homicidio de  Rafael  Antonio  Vergara  Bonfante perpetrado el 24 de  abril de 2004 en María la Baja Calle del Puerto.             

   

Homicidio en persona protegida  

Ya en desarrollo de la audiencia en la que se  solicitó  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  por tales delitos, el  Magistrado  con Funciones de Control de Garantías de la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Barranquilla, invocando el principio de legalidad, al analizar las  conductas   imputadas   decidió   imponer   a   BANQUEZ   MARTÍNEZ  medida  de  aseguramiento  por  los  delitos  correspondientes,  teniendo  en cuenta que las  infracciones   al  derecho  internacional  humanitario  están  tipificadas  por  nuestra  legislación interna sólo a partir de la entrada en vigencia de la Ley  599  de  2000,  y  en  tal perspectiva a los punibles realizados en vigencia del  Decreto  Ley  100  de  1980 se le impusieron la medida en consideración a dicha  legislación, vale decir,  como crímenes comunes.   

El  argumento  del a quo está sustentado en  que  si bien nuestro país ha suscrito compromisos internacionales, consistentes  en  tipificar  como  punibles  las  graves infracciones al derecho internacional  humanitario,  sólo los vino a cumplir con la inclusión en el Código Penal del  Título  II Capítulo Único del Código Penal que nos rige desde el 25 de julio  de  2001;  y  que por ello, en estricto acatamiento al principio de legalidad de  la  pena  y  de la conducta, los hechos cometidos en vigencia de la ley anterior  deben ser imputados como delitos comunes.   

Sólo en el hecho del numeral 14, los demás,  como  fueron  cometidos  antes  de  la  vigencia  de la Ley 599, se aplicará la  medida   del   delito   correspondiente  en  la  ley  previa,  agravada  por  la  circunstancia  8ª   del  numeral  del  artículo  104, homicidio con fines  terroristas   

En  últimas  quedó  así  la  medida  de  aseguramiento:   

Hechos  imputados             

Calificación jurídica  por  la  cual  el  Magistrado  con  Funciones de Control de Garantías impone la  medida de aseguramiento  

1.  Masacre  de  Colosó,  acaecida  el 6 de  noviembre  de  1998,  en  la que se dio muerte a seis  personas y desplazamiento forzado a seis  más.             

   

Homicidio  agravado  en concurso homogéneo  conforme  lo  dispuesto  en  el  artículo 104. 8 del Decreto Ley 100 de 1980 en  concurso  con  desplazamiento  forzado  (en  cuya situación aún permanecen las  familias desplazadas).  

2. Masacre de San  Isidro  o  Caracolí en Carmen de Bolívar, perpetrada  el  11  de marzo de 1999 en  el  corregimiento Caracolí o San Isidro de Carmen de Bolívar, en la que fueron  asesinadas 10 personas.             

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

3.  Homicidios de  Manuel  Antonio  Fernández,  Luis  Eduardo Flórez y  Édgar  Martelo,  cometidos  el  6  de  noviembre de 1999 de en jurisdicción de  Toluviejo.             

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

4.  Masacre  El  Salao,  acaecida  el  18 de  febrero   de  2000  en  el  municipio  de  Carmen  de  Bolívar,  en  la  que  se dio muerte a 62 personas, se produjo la desaparición  forzada  de  cuatro,  se  atentó  contra la integridad y libertad sexual de dos  ciudadanos;   además   de   destrozar   y  saquear  la  población,   como  consecuencia  de  lo cual se generó el desplazamiento de 635 humildes labriegos  del poblado.             

   

Homicidio agravado en concurso homogéneo, a  su  vez  en  concurso  material  con  tortura,  desplazamientos  forzados,   desapariciones forzadas y dos delitos de acceso carnal violento.  

5. Masacre de Palo  Alto  realizada  en  San Onofre  el 30  de  abril  de  2000, en la que fueron  asesinadas 5 personas.             

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

6.  Masacre Curva  del  Diablo,  en el municipio de Colosó, cometida el  25 de agosto de 2000, en la  que fueron asesinadas  5 personas.   

            

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

7.   Masacre  Chinulito,  (cacerío El Parejo-Arenita) municipio de  Colosó,   cometida   el   13   de   septiembre   de  2000,    en    la    que   fueron   asesinadas   10  personas.             

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

8.   Masacre  Macayepo   en   Carmen  de  Bolívar,  realizada  el  14  de  octubre de 2000, en  la  que  murieron  7 personas, 19 fueron desplazadas y se cometió despojo de 17  bienes.             

   

Homicidio agravado en concurso homogéneo, a  su    vez    en    concurso    material    con    desplazamientos   forzados   y  despojos.  

9.  Masacre  de  Chengue,   municipio   de   Ovejas,   perpetrada  el  17  de  enero de 2001 en la  que fueron asesinadas 25 personas y desplazadas 129.             

   

Homicidio agravado en concurso homogéneo y  en concurso material con  desplazamiento forzado.  

10.  Homicidio de  Elvis   de   Jesús   Petro   Piero,   realizado  el  21  de  marzo  de  2001 en  María La Baja.             

   

Homicidio    agravado    en    concurso  homogéneo.  

11.Masacre  de  Retiro   Nuevo,   municipio  María  La  Baja,   perpetrada   el   19  de  abril  de  2001, en la que se cometieron 4 homicidios             

   

Homicidio  agravado en concurso homogéneo.  

12.  Secuestro y  homicidio   del   alcalde   de   Chalán   Sucre,   Aury   Sara   Marrugo  y  su  escolta,  acaecida el 30 de  noviembre  de 2001 en el corregimiento Pasacaballos de  Cartagena    y   hallados   luego   sus   cadáveres   en    Pava   Mahates  Bolívar.             

   

Secuestro  en persona protegida y homicidio  en persona protegida.  

13.  Homicidio de  Carmelo  Ospina  Catrillo,  cometido  el 18  de  marzo  de 2003 en Arjona Calle La  Palma.             

   

Homicidio en persona protegida  

14.  Homicidio de  Rafael  Antonio  Vergara  Bonfante perpetrado el 24 de  abril de 2004 en María la Baja Calle del Puerto.             

   

Homicidio en persona protegida  

En  consecuencia, el magistrado concedió en  el  efecto  suspensivo el recurso de apelación que interpusieron la Fiscal Once  de  la  Unidad  Nacional  de  Justicia  y  Paz;  y la representante de las   víctimas del Salado de la Comisión Colombiana de Juristas.   

Es  de  anotar que en la primera imputación  parcial  que  se  hizo  contra  BANQUEZ  MARTÍNEZ  ya  se incluyó el delito de  concierto  para  delinquir y se contextualizó su accionar armado al interior de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia;  la  cual  hace  parte  de otro proceso  judicial.   

LA PROVIDENCIA APELADA  

El  Magistrado  de  Control de Garantías de  Barranquilla   impuso   detención   preventiva  contra  ÚBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ  por  los  hechos  imputados  por  la Fiscalía, pero desatendiendo la  denominación  jurídica  indicada  por  ella, argumentando que las infracciones  graves  contra  el Derecho Internacional Humanitario sólo podrán ser objeto de  sanción  como  tales, en la medida en que se hayan perpetrado con posterioridad  al  25  de julio de 2001, fecha en la cual entró a regir la Ley 599 de 2000 que  las  tipificó;  de  suerte  que las conductas punibles cometidas antes de dicha  legislación,  sólo  podrán  ser  reprochadas  de  acuerdo con las previsiones  normativas  previstas  en  el Decreto Ley 100 de 1980.  Esto con excepción  de  la  desaparición  forzada  y el desplazamiento forzado, conductas  que  pre-existen   a   la   nueva   legislación,   dado   su  carácter  de  delitos  permanentes.   

Así,   el  recurso  de  apelación  está  orientado  a  que  se  revoque  la  decisión   de  no  imponer  medida  de  aseguramiento  por  los  delitos  de  homicidio en persona protegida, tortura en  persona   protegida,   despojo  en  el  campo  de  batalla  (art.  151)   y  destrucción  y  apropiación  de bienes protegidos (art. 154), y en su lugar se  imponga  detención  preventiva  también por todos los punibles relacionados en  la imputación parcial que se le hizo en este proceso.   

LA AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN ORAL  

La Fiscalía adujo,  como  fundamento de su inconformidad con la decisión apelada, que el Magistrado  con  Funciones  de Control de Garantías no podía modificar la imputación, con  fundamento  en  dos  decisiones de esta Corporación, que a su modo de ver, así  lo interpretan.    

Señaló  que  tal  situación  desborda los  alcances   competenciales   del   a  quo,  y que dicha situación conllevaría a que existieran dos momentos  procesales  para  el  control  material  de  la  imputación,  siendo  estos  la  audiencia  de  formulación de imputación, y la de formulación de cargos, cada  una con objetivos  delimitados y diferenciables.   

Concluyó  deprecando  la  revocatoria de la  providencia  impugnada  por  considerar que se profirió con extralimitación de  las posibilidades del funcionario judicial que la adoptó.   

La   representante  de las víctimas de la masacre del Salao  discurrió  en  la  sustentación  refiriendo  inicialmente  que la legislación  aplicable  a los punibles cometidos con anterioridad a la vigencia de la Ley 599  de  2000,  corresponde a la categoría internacional de delitos de guerra,   y  que por tanto el artículo 3º  común de los Convenios de Ginebra y las  normas  del  ius cogens, son  de  obligatorio  cumplimiento,  por  lo  que  las  normas  del Código Penal que  sancionan  los  crímenes  de  guerra,   son  aplicables así no estuvieran  vigentes  para  la  época,  precisamente  por  el  carácter obligatorio de las  normas del  derecho penal internacional.   

Agregó  que  las  conductas punibles que se  perpetraron  en  la  masacre  del  Salao  fueron  cometidas  en  desarrollo  del  conflicto  armado  no  internacional, y por tanto sus autores deben responder de  acuerdo  con  las normas del Derecho Internacional Humanitario, crímenes que no  sólo  fueron  de  guerra  sino  también  de  lesa  humanidad, esforzándose la  apelante   por   adecuar    la   masacre   del  Salao  con  tal  categoría  delictiva.   

Posteriormente hizo una revisión al contexto  normativo  del derecho internacional humanitario para concluir  llamando la  atención  sobre  que  la  ausencia  de  legislación interna que tipificara los  crímenes  de  guerra,  no es obstáculo para su investigación y sanción, y en  consecuencia  solicitando  la  revocatoria de la providencia apelada, reiterando  que  la  normatividad internacional relativa a los crímenes de guerra y de lesa  humanidad  es de obligatorio cumplimiento, con independencia de su tipificación  en el ámbito nacional.   

El representante de las víctimas adscrito a  la   Defensoría   del  Pueblo  en  desarrollo  de  su  apelación  adhesiva  solicitó  la revocatoria de la providencia impugnada, por  cuanto   el  Magistrado  con  Funciones  de Control de Garantías no tenía  posibilidades    funcionales    para    modificar    el    contenido    de    la  imputación.   

Señaló igualmente que los delitos contra el  DIH  están  vigentes  en  Colombia aún antes de la vigencia de nuestro Código  Penal  de  1980,  dados  los compromisos asumidos por nuestro país en distintos  convenios  internacionales; reiterando finalmente la petición de que se revoque  la decisión objeto de la apelación.   

La  representante  del  Ministerio  Público  fundamentó  su  inconformidad  en que si bien el  Magistrado   con  Funciones  de  Control  de  Garantías  podría  modificar  el  contenido  jurídico  de  la  imputación,  no  era oportuno hacerlo antes de la  audiencia de formulación de cargos.   

En  relación  con  la  aplicabilidad de las  normas  que  sancionan  los crímenes de guerra frente a las conductas imputadas  al   desmovilizado  ÚBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ,   precisó  que  la  decisión  debía  mantenerse en función del respeto al principio de legalidad,  dado  que  de  no  hacerlo,  se  estarían  desconociendo garantías propias del  derecho penal liberal, tan caras para nuestra tradición jurídica.   

A    su    turno,    el    desmovilizado    ÚBER    ENRIQUE    BANQUEZ   MARTÍNEZ  indicó  que  fue  el primero en ofrecer detalles sobre la masacre  del  Salao,  como   la participación, tanto de paramilitares como  de  la  fuerza  pública  en  esa  “operación”;   destacó  además que ha  confesado   catorce   masacres   (faltándole   unas   quince   para  culminar),  precisamente   para   resaltar   el   cumplimiento   de   su   compromiso   como  postulado.   

Por  su  parte  el  defensor,   al coincidir con los argumentos de la  representante  del Ministerio Público, solicitó mantener la decisión apelada,  invocando  el  valor  del principio de legalidad, del cual destacó que también  está  reconocido  en  distintos  tratados internacionales y en la Constitución  Política colombiana.    

CONSIDERACIONES  

La  Corte es competente para conocer de esta  apelación   en   virtud   de   lo   dispuesto   en  el  artículo  26 de la Ley 975 de 2005.   

Son dos los  problemas jurídicos que se  plantean  con  la  apelación  que  ahora  se resuelve: el primero se refiere al  alcance  del  poder  del  juez  o  el  magistrado  con  funciones  de control de  garantías  en  punto  de la imposición de la medida de aseguramiento, frente a  la  tipificación  realizada  por el fiscal en la formulación de imputación; y  el  segundo,  está  relacionado  con  la  vigencia  de  las leyes en el tiempo,  específicamente  si  existe la posibilidad de que las normas del Título II del  Libro  Segundo  del  Código Penal, llamado “Delitos  contra   personas   y   bienes   protegidos   por   el   Derecho   Internacional  Humanitario”,   cuya  vigencia inició el 25 de  julio  de 2001, se apliquen para sancionar conductas realizadas con anterioridad  a esa fecha.   

En  lo  que  hace  referencia  al  primero  de  los  problemas  jurídicos  identificado,  resulta  oportuno  recordar que esta Corporación ha indicado que  la  formulación  de  imputación  es  un  acto  de parte, en la que el juez con  funciones  de  control  de  garantías,  debe  asegurarse  de  que  el  acto  de  comunicación  se  realice  de manera eficaz, pero no está llamado a improbar o  aprobar  la  imputación,  ni  ese  resulta  ser el escenario procesal en que se  discuta  la  tipificación de los hechos jurídicamente relevantes contenidos en  la  imputación,  que  es  ante  todo  fáctica.   A propósito del proceso  rituado   en   la   Ley   975   de   2005,  la  Corte  ha  señalado1:   

“De acuerdo con estos pronunciamientos, en  los  que  la Corte viene fijando los alcances del proceso de Justicia y Paz, los  siguientes  aspectos  deben  quedar  claros  en  relación  con  la audiencia de  formulación de imputación:   

    

1. Que  la  esencia  de  la  imputación  se  agota  en  ser  acto  de  comunicación de la Fiscalía al desmovilizado.     

    

1. Que  lo  que  se comunica son unos hechos jurídicamente relevantes  atribuidos  al  desmovilizado, los cuales  surgen de la inferencia razonada  de que es autor o partícipe de tales conductas punibles.     

      

1. Que   el   alcance   semántico   de  la  expresión   “mera  comunicación”    no    implica    que    se   trate   de   una   información  abreviada.     

    

1. Que  no es la oportunidad para realizar debates jurídicos en torno  a   la   tipicidad,   ni   tampoco   para   que   el   desmovilizado  acepte  la  imputación.     

Así  las  cosas,  en  estricto sentido, la  legalidad  de  la  audiencia  no  es  que la imparta el magistrado de control de  garantías,  sino  que  debe  ser  la  característica integral del cumplimiento  cabal  de la responsabilidad de la Fiscalía y del compromiso del desmovilizado,  sin  los cuales, por más que el magistrado manifieste que imparte legalidad, la  formulación  de  la  imputación  estaría  viciada, más que de ilegalidad, de  falta  de  diligencia  y  compromiso,   o de falta de honestidad  y de  arrepentimiento   sincero,   según  el  origen  del  vicio,  con  consecuencias  trascendentales en las diversas situaciones.   

El  magistrado  de control de garantías es  testigo,  y  a  la vez garante de la legalidad, pero no funge como sacerdote que  imparte  la bendición en una actitud formulaica vacía de contenido como parece  entenderse.   

Como  se  ve,  ha explicado la Corte que el  magistrado  de  control  de  garantías  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación    ejerce   un   juicio   de   legalidad  formal,  relacionado  con  aspectos  preliminares, de  obligatoria verificación, como son:   

    

1. Confirmar   que   el   gobierno   certificó  la  postulación  del  desmovilizado.     

    

1. Constatar  en  la  audiencia que el imputado hizo parte de un grupo  armado organizado al margen de la ley.     

    

1. Verificar  la  actitud sincera del desmovilizado,  motivada en  contribuir decisivamente a la reconciliación nacional.     

    

1. Revisar  que  los  hechos  imputados en su integridad se cometieron  durante  y  con  ocasión  de la pertenencia al grupo armado ilegal, y dentro de  los  límites  fijados  por  la  Ley 975 de 2005 para otorgar el beneficio de la  pena alternativa.     

    

1. Asegurarse  de  que  los  hechos imputados fueron perpetrados antes  del      25      de      julio      de      20052.”     

De  manera que la tipificación hecha por la  Fiscalía   en   la  audiencia  de  formulación  de  imputación  es  meramente  provisional,  y  sobre  la misma, tanto el magistrado como el juez con funciones  de  control  de  garantías, debe pronunciarse en la audiencia en que se imponga  la           detención          preventiva3:   

“La  exclusión  de debate en torno de la  adecuación  típica  de  los hechos atribuidos al desmovilizado en la audiencia  de  formulación de imputación tiene todo el sentido lógico y práctico,   en   tanto   que  hasta  ahora  se  está  anunciando  la  orientación  de  una  investigación,  a  cuyo  término  se  indicará  con  claridad  su  resultado.   

Ello porque apenas se le está anunciando al  desmovilizado  que  se  le va a empezar a investigar, que se van a verificar las  informaciones  que  ha  entregado  en  la versión libre, de suerte que discutir  ahora  por  la  precisión  de la imputación jurídica, que como se ha dicho es  eminentemente  provisional,  resulta  muy prematuro en el horizonte procesal por  despejarse.”   

Por  su parte, el artículo 62 de la Ley 975  de  2005,  dispone la remisión a las disposiciones del Código de Procedimiento  Penal  (Ley 906 de 2004) en lo no previsto en ella, razón por la que de cara al  análisis  de la procedencia de la detención preventiva, se impone el contenido  de  su artículo 308, precepto según el cual la medida de aseguramiento procede  “cuando  de  los elementos materiales probatorios y  evidencia  física  recogidos  y  asegurados  o  de  la  información  obtenidos  legalmente,  se  puede  inferir razonablemente que el imputado puede ser autor o  partícipe   de   la   conducta   delictiva   que   se  investiga” .   

De suerte, que tal norma vincula al juez con  funciones  de  control  de  garantías  con  la  verificación  de  elementos de  convicción  que  lo conduzcan a acreditar la tipicidad de la conducta formulada  de   manera  fáctica  en  la  imputación,  y  por  supuesto,  de  la  correcta  tipificación;  sin  que  la  modificación  del nomen  iuris  que provisionalmente postula la Fiscalía en la  formulación  de  imputación  suponga  conculcación  del principio acusatorio,  dado  que  la  solicitud de medida de aseguramiento no es en estricto sentido un  acto  propio  del  debate probatorio oral que caracterice el proceso acusatorio,  sino  la discusión sobre la limitación de un derecho del justiciable (libertad  personal) propia de cualquier sistema procesal.   

Así que si bien el Magistrado con Funciones  de  Control  de  Garantías no interfiere en la determinación de la definición  jurídica  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes  en la formulación de la  imputación,  situación  diferente debe predicarse de la audiencia en la que se  decide   la   imposición  de  la  medida  de  aseguramiento,  de  observar  una  vulneración   grave   al  orden  normativo  aplicable,  y  en  las  condiciones  excepcionales  que  se  señalan  en  este  proveído;  por  lo que no es que se  modifique  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  en  ese  sentido, como se  insinuó por el fiscal apelante.   

Su   eventual   modificación   no   puede  interpretarse  como  una  vulneración  al principio de  congruencia,  como  lo  plantean los impugnantes, dado  que  éste  se  predica  de  los  hechos,  vale  decir  del  inventario fáctico  jurídicamente  relevante,  que habrá de ser coincidente con lo formulado en la  imputación  y  lo  contenido  en  el  escrito  de acusación, así como con los  cargos  por  los  cuales  se  imponga condena; lo que a su vez  deberá ser  congruente  con  la  solicitud  formulada  por  la  Fiscalía en sus alegatos de  clausura,  al  término  de  la  vista  pública;  de suerte, que lo que resulta  inmodificable  desde  la  formulación de imputación son ciertamente los hechos  contenidos  en  ella, es decir el aspecto fáctico de la imputación, no así su  tipificación  legal;  la  cual  puede  ir variando a la luz de los elementos de  convicción  aportados  lícitamente,  al punto que en su intervención final la  Fiscalía  tiene  la  opción de solicitar condena por aquella tipificación que  ha  logrado probar en el debate, así resulte un planteamiento novedoso en dicha  fase procesal.   

Esto  porque, tanto el artículo 288.2 de la  Ley  906  de  2004 que precisa el contenido de la imputación, como el 337.2 del  mismo  ordenamiento,  que  señala los requisitos de la acusación, se limitan a  exigir,  la “relación clara y sucinta de los hechos  jurídicamente      relevantes,     en     lenguaje     comprensible”4,  no  exigiéndole al fiscal una denominación expresa de los tipos  penales  infringidos  con  dichos  contenidos  factuales;  los  cuales   se  entienden  inamovibles (los hechos) en tanto son la esencia de la procedibilidad  de  la acción penal.  No así la definición legal que a los mismos se les  vaya  dando  a lo largo del proceso, necesaria entre otras cosas para definir la  competencia,  la  procedencia y modalidad  de la medida de aseguramiento en  caso   de   que   se   solicite,  pero  variable  a  la  luz  de  la  evolución  probatoria.    

Tanto  es  así  que el único momento en el  cual  el  legislador  exige  al  fiscal  la  tipificación expresa de los hechos  jurídicamente  relevantes  es  en su alegato de clausura, tal como se desprende  claramente  de  los  artículos  448  de  la  Ley  906  de  2004 para efectos de  congruencia,  como  del 443 ibídem, en el que se le ordena que debe realizar su  intervención  en  dicha  fase procesal “tipificando  de   manera   circunstanciada   la   conducta  por  la  cual  ha  presentado  la  acusación”.   

Y  esto  a  la  vez  supone  que  esta misma  reingeniería  a  la  que  ha  sido  sometido  el proceso penal, también incida  sustancialmente  en  la estructura de la sentencia, en cuanto que en ella han de  evaluarse,   los   hechos   jurídicamente   relevantes,  las  pruebas  que  los  acreditaron  o  los  infirmaron,  la discusión en torno de ellas, realizada por  los  sujetos  procesales  e intervinientes; y por supuesto todo ello confrontado  con  lo  solicitado por la Fiscalía, a fin de realizar la valoración final que  conducirá  a  la  conclusión  que  se indicará, tanto en el sentido del fallo  como en sentencia.   

Así  las  cosas, no se puede afirmar que se  infrinja  el  principio  de  congruencia si en el curso del proceso se varía la  denominación  jurídica  asignada  a los hechos jurídicamente relevantes, esos  sí  inmodificables;  lo cual refleja ciertamente el carácter dialéctico   del    proceso,    resultado    de   la   actividad   investigativa   del   ente  acusador.   

De acuerdo con la  arquitectura  prevista  por el Legislador para el diseño específico de nuestro  sistema  acusatorio,   se  dispuso  la  presencia  de un juez de control de  garantías  con  una  doble  dimensión, de una parte,  interviniendo  dentro  de la dinámica de     la  actuación   penal,  para  imprimirle  impulso,  verbigracia  de  la formulación  de   imputación;   y de otro lado, lo que representa la esencia de su  existir,  esto es, preservar  las          garantías          constitucionales       de       los  ciudadanos    que   pudieran   resultar  afectadas  en  virtud  de  los actos de  investigación    practicados   por   los     organismos    encargados    de    dicha    labor5.   

Ahora  bien,  puestos  en el escenario de la audiencia en la  que  el  juez  con  funciones  de  control  de garantías decide la solicitud de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  realizada  por la Fiscalía se deben  precisar varios aspectos de cara a la impugnación:   

1.   Es  el  juez  quien decide si impone o no la medida de  aseguramiento   y   por   tanto   es   él    quien  responde      por     su     determinación.      Por     tanto,  ha  de  ser celoso controlador de que  los   presupuestos   exigidos   legalmente   para  su  adopción se satisfagan a plenitud.   

2.     En    consecuencia,  ha  de  asegurarse  que  la  Fiscalía  le compruebe6: a)     la  identidad  inequívoca  de la persona a afectar con la medida, como  que la  misma     fue     la    destinataria    de    la    imputación;    b)  la realización de una conducta  descrita  legalmente como punible; y, c) que la medida  es  la  apropiada en relación con el delito  y que  su imposición se  hace, tanto necesaria como urgente.   

3.       Por       ende,   es  el  juez  el  llamado a  realizar  la  inferencia razonable, con fundamento en  los  elementos  de  convicción  que  le  ofrece  el  fiscal en dicha audiencia,  “de   que   el   imputado   puede   ser   autor  o  partícipe    de   la   conducta  delictiva  que  se  investiga7”.   

De    suerte   que   debería   existir  correspondencia  entre los  hechos  contenidos  en la imputación,  la adecuación típica escogida por  la  Fiscalía  para  tales  hechos,  y las         consideraciones  del juez  con  funciones  de  control  de  garantías  a  efectos  de la imposición de la  medida.   Sin  embargo,  pudiera  suceder,  como  ahora,  que el juez considere que la imputación  jurídica  que  califica la  formulación    fáctica    debe    ser    diferente;    o,   que  es  inaplicable  por  cualquier razón la norma incriminatoria en  que  se  funda la Fiscalía, entre otras posibilidades; situaciones para las que  el  juez  debería  tener  algún  margen  de movilidad; puesto que su decisión  puede  resultar  trascendental  para  la  preservación  de  la  prueba, para la  seguridad  de  la  sociedad  o  de  la  víctima,  y  en  todo caso es él   responsable por la decisión que en últimas adopte.   

El  punto  a dilucidar entonces es, cuáles  son  las  alternativas del  juez   con  funciones  de  control  de  garantías  frente  a  la  solicitud  de  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  en  el  evento  de  no compartir la  imputación jurídica formulada por la Fiscalía.   

En una primera aproximación a la respuesta  a  dicho  problema,  y  entendiendo que tal situación se vive al interior de un  sistema  con clara tendencia acusatoria (el contenido en la Ley 906 de 2004), en  el  que  el  fiscal actúa como requirente, se podría simplemente pensar que el  juez,  al  no  constatar  la  satisfacción  de  los presupuestos exigidos en el  artículo  308,  en  tanto  en  su  sentir  los hechos por los cuales procede la  investigación  se adecúan a una distinta descripción legal a la señalada por  la  Fiscalía,  no  le  quedaría opción diferente a  la  de  negar lo pretendido por ella.   

Sin   embargo,   tal   decisión   puede  calificarse  como  drástica  e indiferente;  lo  que  torna  necesario  -tal  como  lo  entendió  el  legislador   en   el   artículo   306   de  la  Ley  906  de  2004-      viabilizar      la     posibilidad     de   modificar   la   calificación   jurídica   de   los   hechos  jurídicamente      relevantes,     exclusivamente   a   efectos   de  la  imposición  de  la  medida  y  sólo a favor de los  intereses  del  procesado,  pues  de  otra  manera  se  estaría traicionando el  principio   general   del   favor   rei;  sin  que  tal  modificación afectara el de congruencia, ya que  éste   se   predica   entre  los  hechos  formulados  en  la  acusación  y  la  condena.   

Razonar de otra manera sería atar al juez  de  manera  pétrea  a  la calificación jurídica propuesta por la Fiscalía, y  quitarle  de  tajo  la  opción  del  ejercicio  de  su  función  de control de  garantías,  en  la  que  tiene  cierto  margen  dispositivo  en la audiencia de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  toda  vez  que  en  ella  se  admite  controversia,  tal  como  lo prevé el artículo 306, tanto en relación con los  elementos  de  conocimiento  con los que se sustenta la petición de medida como  su  urgencia;   careciendo  de  sentido  dicho  debate  si el juez no puede  salirse de los parámetros dictados por la Fiscalía.   

A diferencia del proceso regido por la Ley  906  de  2004, en el rituado por la Ley 975 de 2005, en el que la víctima es la  protagonista,   y   la   reivindicación  de  sus  derechos  la  esencia  de  la  justificación      de      un      concepto  de  justicia  transicional,  el  magistrado  competente,  claramente    podría  modificar  la  calificación  jurídica de los hechos jurídicamente relevantes,  aún  en  contra  de  los  intereses  del  desmovilizado;  se  insiste de manera  excepcional  en  este  tipo  de  proceso  en el que se privilegian ante todo los  derechos  de  quienes hasta ahora han sufrido la desesperación producida por la  humillación  y  el  desconocimiento  de  la  más  mínima  consideración a su  dignidad.   

En conclusión,  en    contraposición    a    lo    que   señala   el   representante   de   la  Fiscalía,  hace parte de las posibilidades del  Magistrado   con   Función   de   Control  de  Garantías,  imponer  medida  de  aseguramiento   por   la  descripción  legal  que  considere  tipificada,  aún  distanciándose  de  la  identificación  típica  realizada por la Fiscalía, eso sí, sin salirse de la  imputación      fáctica;     y     sin  que tal consideración afecte el principio de congruencia; el  cual,  se  insiste, se predica entre los hechos contenidos en la formulación de  cargos y la sentencia condenatoria.    

El   segundo  problema:   

1.  La  Sala  comienza  por  reivindicar  el  principio  de  legalidad  reconocido  en  nuestra  Constitución  Política como  bastión  de protección contra la arbitrariedad, cuyo reconocimiento se origina  en  los  reclamos  de  la  burguesía de la Europa del Siglo XVIII que veía con  enorme  preocupación  que  no  existiera  precisión  sobre  el contenido de lo  prohibido,  el  juez   llamado  a  juzgar  los  delitos, el procedimiento a  seguir,   así   como   el   monto   y   la   clase   de   pena  aplicable,  imponiéndose,   por  tanto  la arbitrariedad del soberano; siendo pioneros  de      su     materialización:     Montesquieu8  llamando  la  atención de lo  peligrosa  que  resultaba  la costumbre como fuente de derecho y la necesidad de  una  ley  en   cuyo  espíritu pudiera asentarse la expresión de las leyes  naturales;                   Hobbes9 urgiendo sobre la necesidad de  leyes  que  limitaran  el  egoísmo  de los hombres;  Beccaría10,   quien  influenciado  por  Jean  Mabillon  y  por  Montesquieu, reclamó por la ausencia  de   precisión  de  lo  que  estaba  prohibido  y  permitido,  entre otras  consignas   de   su  querella  humanista;  Rousseau11    que   abogó   por   la  producción   de   la   ley   como   expresión   del   contrato  social;  entre  otros.   

El principio de legalidad fue concebido como  manifestación  de  la  igualdad,  la  libertad  y  la  fraternidad. La libertad  reflejada  en su esencia, en la materialización de lo intangible de su alcance,  de  manera que el albedrío del hombre lo conduce a la posibilidad de hacer todo  lo  que se quiera en tanto no esté prohibido; también la igualdad en la medida  que  como  la  ley  contiene  un  mandato  universal  e  impersonal,  tiene como  destinatarios  a la totalidad de los integrantes del pueblo sin distingo alguno;  y  la  fraternidad proyectada en la aspiración de que el mandato legal conduzca  a  generar  la  mayor  cantidad  de  felicidad compartida por el más alto   número posible de personas.   

Así,  la legalidad limitó la arbitrariedad  del  soberano,  y  modificando  la relación del hombre y del poder con  la  ley,  propició  la  desaparición  de  los  súbditos  y  el  nacimiento de los  ciudadanos.   

Fue  tal  la presión ejercida por las ideas  libertarias   surgidas  en  la  ilustración,  que  el  proyecto  revolucionario  francés  irradió  su  luz  creando  un  nuevo  concepto  del  hombre  y de sus  derechos.   

Al amparo del principio de legalidad surgió  el  derecho  penal  del  Estado liberal, concebido como escenario de protección  del  reo  contra  la  enorme  capacidad  de discrecionalidad  del soberano,  proyectando   sus   alcances   a   distintas   dimensiones  de  la  convivencia,  iniciándose  una  tradición  de  respeto por los límites al poder del Estado,  que   con   el   paso   de   los  siglos  ha  sido  enriquecida  y  fortalecida,  convirtiéndose  en pilar fundamental de la filosofía de los derechos humanos y  de las constituciones contemporáneas.   

Siendo el principio de legalidad hijo de los  principios   de   libertad,   igualdad  y  fraternidad,  tiene  además  la  paternidad  responsable   del  llamado  Estado  de Derecho.  Cuando el  artículo  1º  de nuestra Constitución Política declara que Colombia  es  un  Estado Social y Democrático de Derecho, está invocando desde la dimensión  del  Estado  de Derecho, el respeto por el orden jurídico, la tri-división del  poder  público  y el  control de las autoridades públicas; todo dentro de  la consigna de  la exaltación de la dignidad humana.   

Como  se  puede  observar,  el  principio de  legalidad  es  patrimonio  de  la modernidad y conquista medular de los derechos  humanos,   y  a  la  vez,  generador de una tradición jurídica en todo el  sistema romano germánico, que por lo mismo debe ser preservado.   

2. Sin embargo,  el   principio  de  legalidad,  tal  como  fue  concebido    por    el   revolucionario   francés,  suponía  la  existencia  del   Estado   nacional   con   presencia  de  los  tres  poderes  públicos  en  colaboración  armónica  y  sinceramente  comprometidos  con  el desarrollo del  pueblo  al que representaban y protegían;   siendo   las  garantías  judiciales  ante  todo  talanquera    contra    el    poder  arbitrario  del soberano;  situación  que  a  mediados  del  siglo  XX  tendió a modificarse.    

Esto    porque    desde   la  segunda posguerra del siglo pasado,  la   comunidad  horrorizada  por  la  confrontación  bélica,   la   barbarie   y  la  intolerancia  que  sobrepasaba  las fronteras y las capacidades nacionales, comenzó a construir un  nuevo  derecho penal con dimensión internacional, limitado a cuatro categorías  de   delitos   que   ofendían   a   la   humanidad  entera:  el  crimen  de agresión, el genocidio, los  delitos   de  lesa  humanidad  y  las  infracciones  graves  contra  el  derecho  internacional humanitario.   

Estos      llamados     “delitos  internacionales”        generaron   una   reacción  de  la  comunidad  civilizada,      en    tanto    que   el   titular  de  los  derechos  afectados  con  estas  cuatro  categorías  delictivas  era  la  totalidad de la  humanidad,  se comenzó a escribir en el contexto internacional un nuevo derecho  con  unas  categorías  un tanto distintas a las patrias, precisamente debido al  grado  de  complejidad  originado en la inexistencia,  tanto  de  un  legislador estricto sensu, como de una  autoridad        judicial        de        alcance        planetario.   

La  comunidad universal y la conciencia de  la  humanidad  se  convirtieron  así  en  los  destinatarios  de la protección  ofrecida  por  tal  principio  de  legalidad  internacional,  de  suerte  que se  modificó,  tanto  la  dimensión  a proteger (de lo local a lo global), como la  fuente normativa del derecho a aplicar y su redactor.   

Se   replanteó,   en   función  de  la  protección   de   la   comunidad  orbital,  la  dogmática  del  derecho  penal  internacional, y se redefinió el principio de legalidad.   

Es  así  que  el     artículo     28     del     Estatuto  de la Corte Internacional de  Justicia12   

reconoce como  fuentes      de  derecho, con los tratados  internacionales,  a  la  costumbre   internacional,   los   principios   generales   del   derecho  y  la  jurisprudencia   y  la  doctrina;   superando  a  la  ley  como  su  fuente  exclusiva.   

Resulta oportuno reconocer que  a partir de la vigencia de  los Tratados de Derechos Humanos se  ha  universalizado  el  compromiso legislativo en pro  de  su reivindicación y se han precisado los niveles  de  protección  de  los habitantes del mundo, en dos  sistemas  interrelacionados  entre sí, con la obligación doméstica de ajustar  sus estándares a la sistemática internacional.   

Es  más,  tanto el Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos como el Pacto de San  José   y   el   Convenio   Europeo   de   Derechos   Humanos,     extienden    el    principio    de    legalidad   al   derecho  internacional.   

Así,   el   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos   advierte   en   su   artículo  15  numeral  1º  que  “Nadie  podrá   ser   condenado   por   actos  u  omisiones  que  en el momento de cometerse no fueran delictivos  según       el       derecho      nacional       o      internacional.”   

Pero va más allá en su numeral 2º en el  que  de  manera  tajante  advierte:  “Nada  de  lo  dispuesto   en  este  artículo se opondrá  al juicio ni a la condena  de  una  persona  por  actos u omisiones que, en el momento de cometerse, fueran  delictivos  según  los  principios  generales  del  derecho  reconocidos por la  comunidad internacional.”   

Por  su parte, el Pacto de San José en su  artículo  9º  al  consagrar  el principio de legalidad no lo limita al derecho  patrio  señalando  que: “Nadie puede ser condenado  por  acciones  u  omisiones  que en el momento de cometerse no fueran delictivos  según el derecho aplicable.”   

A su turno, el Convenio Europeo de Derechos  Humanos  al  reconocer  el principio de legalidad, establece en su artículo 7º  una  fórmula  similar  a  la  adoptada  por  el Pacto Internacional de Derechos  Civiles   y   Políticos,   al    advertir    en    su   numeral   1º  que:  “Nadie podrá ser  condenado  por  una  acción  u  omisión que, en el  momento  en  que  haya  sido  cometida,  no constituya una infracción según el  derecho    nacional    o    internacional.”   En  su  numeral  2º,  advierte de manera perentoria  que:  “El presente artículo no impedirá el juicio  y  el  castigo  de una persona culpable de una acción o de una omisión que, en  el  momento  de su comisión, constituía delito según los principios generales  del derecho reconocidos por las naciones civilizadas.”   

Esta  cláusula  colocada,  tanto  en  la  Convención  Europea  como  en  el  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y  Políticos,   claramente   alude   a   los   principios  generales  del  derecho  internacional  como  fuente  de  derecho  penal  internacional, aún frente a la  inexistencia de tratado o ley que así lo dispongan.   

   

Tal  flexibilización  a la legalidad, que  implica  una  restricción  a  las garantías del justiciable en pro de la lucha  contra  la  criminalidad  que  agravia  a  la  humanidad,  se explica en que con  frecuencia   se   trata   de   una   manifestación  delincuencial      auspiciada      –o  sistemáticamente  cometida- por  los   Estados   totalitarios,  que  por  supuesto  no  estarían  interesados      en      legislar      tipificando  sus propios actos.   

La  experiencia más temprana de  la flexibilización o redefinición  del  principio  de  legalidad  a escala internacional se vivió en los     procesos    de    Nuremberg13,        regidos    por    unos    principios,  eI   primero de los  cuales advierte:   

“Toda  persona  que  cometa  un acto que  constituya  delito de derecho internacional es responsable de él y está sujeta  a sanción.”   

Y   en   el  principio  II  se  estipula  que:   

“El  hecho  de que el derecho interno no  imponga  pena  alguna por un acto que constituya delito de derecho internacional  no   exime   de  responsabilidad  en  derecho  internacional  a  quien  lo  haya  cometido.”   

Por su parte, en  los   “Principios   de   cooperación  internacional  en  la  identificación,  detención,  extradición  y  castigo de los culpables de crímenes de guerra, o  de      crímenes     de     lesa     humanidad14”    se    leen    los  siguientes:   

1. Los crímenes de guerra y los crímenes  de  lesa  humanidad,  dondequiera  y cualquiera que sea la fecha en que se hayan  cometido,  serán  objeto  de  una investigación, y las personas contra las que  existen  pruebas  de  culpabilidad  en  la  comisión  de tales crímenes serán  buscadas,  detenidas,  enjuiciadas  y,  en  caso  de  ser  declaradas culpables,  castigadas.”   

2. Todo Estado tiene el derecho de juzgar a  sus   propios   nacionales   por   crímenes  de  guerra  o  crímenes  de  lesa  humanidad.”   

Así, es claro que sin importar el momento  de    comisión    del    delito   de   guerra   el  mismo  debe ser juzgado, pero a la vez que el Estado  en  que se cometió tiene derecho a investigarlo y en  dado caso a imponer las condenas de rigor.   

En el mismo instrumento, en su numeral 8º  se       dispone  que:   

“Los Estados no adoptarán disposiciones  legislativas  ni  tomarán  medidas  de  otra  índole que puedan menoscabar las  obligaciones  internacionales  que  hayan contraído  con  respecto  a la identificación, la detención, la extradición y el castigo  de    los   culpables   de   crímenes   de   guerra   o   crímenes   de   lesa  humanidad.”   

Así,   el  principio    de   legalidad   en   tratándose   exclusivamente   de   crímenes  internacionales   –de  agresión,    de    guerra,    de    lesa    humanidad   y   genocidio,  se  redefine  en  función de las  fuentes  del  derecho,  ampliándolas  en  los  términos  del  artículo 38 del  Reglamento  de la Corte Internacional de Justicia, a los tratados, la costumbre,  los   principios   generales  del  derecho,  la  jurisprudencia  y  la  doctrina  internacional.   

En ese contexto de ampliación del concepto  de  ley,   hay  que  recordar      que     nuestro     país     ha     suscrito    convenciones    internacionales   que  sancionan   delitos  internacionales,  entre  ellos  las    graves   infracciones   al   derecho internacional humanitario.   

Tales  Instrumentos fueron incorporados a la  legislación  interna  de  nuestro  país, ya que mediante la Ley 5ª de 1960 se  aprobaron  los  cuatro  Convenios  de  Ginebra de 1949; por la ley 11 de 1992 su  Protocolo  Adicional  I y en virtud de la ley 171 de 1994 el Protocolo Adicional  II.   

A  partir de la vigencia de los artículos  26  y  27  de  la  Convención  de Viena sobre el derecho de los tratados (de 23  de  mayo  de  1969) se considera que es un  principio  del  derecho  de gentes que en las relaciones entre  Estados  contratantes  las disposiciones de derecho interno no pueden prevalecer  sobre  las de un tratado y que así mismo una parte contratante no puede invocar  su  propia  Constitución  ni  su  legislación  interna  para sustraerse de las  obligaciones  que  le  imponen  en  derecho internacional el cumplimiento de los  tratados vigentes.   

Por    otra    parte,    variadas  han  sido  las experiencias en el contexto internacional  en   las   que   sin   la  mediación  legislativa  local  se  han  aplicado    penas    originadas    en   delitos   internacionales,  construyéndose      así     la     costumbre      y      jurisprudencia     internacional,            que    han   venido  aclarando  los  alcances    del    principio   de   legalidad   en   este   contexto;        iniciándose       con       los  Juicios de Nuremberg y Tokio, que abrieron el escenario de la  llamada justicia internacional, en protección de la humanidad.   

También        Camboya,      país      asiático  que    vivió    la    tiranía    del    régimen  marxista-leninista-maoista  de  los  Jamer Rojos, con la dictadura de Saloth Sar  (llamado  Pol Pot), entre el 17 de abril de 1975 y el 6 de enero de 1979, época  en  la  que  se  exterminó  por  lo menos a la tercera parte de la población,    período  en  que  aquel  país  se  llamó Kampuchea Democrática; crímenes para cuyo juzgamiento  se   instalaron   en   el  2006,  a  instancias  de  la  ONU,  Salas  Extraordinarias de Juicios, una  de  las  cuales produjo el pasado 26 de julio, la primera sentencia contra Kaing  J.C.  Eav,  alias  Duch;  en  la  que  se le juzgó y condenó como líder  del  régimen,  no obstante no existir legislación patria  que  determinara  que  las  atrocidades  cometidas  contra  la  población  eran  consideradas crímenes internacionales.   

En  Europa,  por  su  parte,  el  Tribunal  Europeo   de   Derechos   Humanos   de  Estrasburgo  en           varios           pronunciamientos15,  ha  dejado  claro que en  materia  de  principio de legalidad, la noción de derecho aplicable se extiende  no  sólo  a  las  normas  escritas de orden nacional sino también al  no  escrito,  haciendo expresa referencia a la jurisprudencia,  costumbre y doctrina internacional.   

En  ese orden, en tratándose de crímenes  internacionales   la   legalidad   supone   la   integración  de  los  tratados  internacionales  a  los  sistemas jurídicos domésticos con plenos efectos como  ley  previa  para  hacer  viable  su  sanción,  así  los  mismos no estuvieran  formalmente  tipificados en la legislación nacional al momento de su comisión,  tal  como  se  ha  concluído en procesos adelantados  por    las   Cortes   Supremas   de   Justicia   de  Uruguay16,              Argentina17,     Chile18    y  Perú19, entre otros.   

Otra fuente de limitación al principio de  legalidad   en  los  países  del  Cono  Sur,  viene  como  efecto  de  la sentencia proferida por la Corte Interamericana de Derechos  Humanos   el   14  de  marzo  de  2001  en  el  caso  Barrios  Altos  (ratificada  constantemente),  en la  que   declaró la incompatibilidad de  la  ley de amnistía y punto final  dictada  en el Perú, con  el    Pacto    de    San    José,    ley   expedida   para  garantizar  la  impunidad  de  crímenes  cometidos  por organismos o  agentes  del  Estado;  se abrió espacio para nuevos  juzgamientos de crímenes internacionales en la región.   

En  ese  contexto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia    de    Argentina,    en    el   conocido  como   “Caso              Simón20”,  profirió  sentencia  el  14 de junio de 2005  dejando sin  efecto  también  unas  leyes  de  punto  final  y de  obediencia  debida  dictadas  en  dicho  país  (las  23.492  y 23.521), que favorecían la impunidad de los delitos cometidos durante  los  periodos de las dictaduras militares    (no  obstante  que  por  medio  de  sentencia de 22 de junio de 1987, ya habían sido  declaradas  ajustadas  a  la  Constitución del país  austral        “Caso       Camps”);  sentencia  en la que la Corte convalidó la utilización de  una  ley  ex post facto de orden internacional para imponerles condena, como fue  la     Convención     Interamericana    sobre    Desaparición    Forzada    de  Personas.   

    

Así, se puede  afirmar   que   so  pretexto  de  la  omisión  legislativa  interna, no  es   dable   abstenerse   de  castigar  los  delitos  internacionales,  en  una  doctrina  construida  a  partir  de  casos en que era  notoria  la incidencia que tenían los perpetradores  en   los   legisladores,   quienes   ya    por    intimidación,  connivencia o simple indiferencia, se abstenían de incorporar a  la  legislación  nacional la tipificación de tales  conductas.   

Incluso,   desde   antes   de   existir   la  legislación   internacional   que  sancionaba  los  crímenes  de  guerra,  era  previsible  que los mismos fueran a ser tipificados como tales, según sentencia  del  Tribunal  Europeo  de Derechos Humanos de 17 de mayo de 2010, en el caso de  Vassili  Kononov,  un exmilitar soviético que fue condenado en el año 2004 por  un  tribunal  de  Letonia;   sentencia  que  fue avalada por el Tribunal de  Estrasburgo.   

Hay  que  ser  enfáticos  en señalar que  dicha  flexibilidad  al principio de legalidad es atendible exclusivamente a las  cuatro  categorías  de  los  llamados delitos internacionales, vale decir a los  crímenes  de  genocidio,  agresión,  de  lesa  humanidad  y  contra el derecho  internacional humanitario.   

La  Sala   recientemente  se  ocupó  del  asunto reconociendo calidad de fuente de derecho  penal  a  los  tratados internacionales suscritos por nuestro Estado    con   indiferencia   de   ley   interna   que   los  concrete  y  viabilice;  y por  tal    razón,    desde   su   entrada       en       vigencia se legitima la punibilidad de  las        conductas        descritas        en        tales        instrumentos        y  por  tanto  se entienden incorporadas al ordenamiento jurídico  nacional21.    

Así,  siendo  que  las  conductas contra el  llamado  Derecho  Internacional  Humanitario  contenidas en los cuatro convenios  ginebrinos  de  1949  y  sus dos protocolos adicionales, tienen rango de Tratado  Internacional  de  Derechos  Humanos,  son  incorporadas  automáticamente  a la  legislación  interna  desde  que  se surtieron en nuestro país todos los pasos  para  que  tal  calidad  pudiera ser predicada de los mencionados  acuerdos  internacionales.   

Desde dicho precedente, aunque referido al  delito  de genocidio, no importa que la ley que tipifica los crímenes contra el  D.I.H.  sólo  tenga  como límite temporal de su inicio el 25 de julio de 2001,  ya  que  desde  que  los Tratados internacionales fueron suscritos y ratificados  por  nuestro  país,  se  adquirió  la  obligación  de  su  positivización  y  sanción:   

“En  este  orden  de  ideas -conforme al  Bloque  de  Constitucionalidad establecido mediante los artículos 93 y 94 de la  Constitución  Política  de Colombia, que otorga una prevalencia superior a los  Tratados  y  Convenios  Internacionales  sobre Derechos Humanos, el ordenamiento  jurídico  interno  de  nuestro país debe adecuarse a los principios que, se ha  predicado,  son  de  carácter  internacional  y  que orientan las políticas en  materia  de  protección  de  derechos  humanos y sanción por sus violaciones a  través  de  las  instituciones  estatales  establecidas para tal fin-, no puede  desconocerse  que  hace  varias  décadas existen normas internacionales que han  definido  cuál  debe  ser  la forma de proceder por parte del Estado Colombiano  respecto   de   lo  que  se  ha  referido.  En  este  entendido,  no  puede  ser  aceptable  que  por,  la  negligencia  o  dificultad  legislativa  en  promulgar  leyes  internas  que  se  hubiesen adecuado a dichos  derroteros,  se  pretenda  desconocer  que a nivel internacional, previo a dicho  trámite,  ya  se  había  proscrito  la  comisión del genocidio y se le había  categorizado  como  un  crimen atroz desconocedor de la humanidad, así como que  su  investigación  puede  hacerse  en cualquier tiempo y, en razón de ello, no  aplican  reglas  ni  términos  de  prescripción  respecto  del ejercicio de la  acción penal, civil o administrativa.   

En síntesis, el Estado Colombiano tiene el  deber  de  cumplir  y hacer cumplir, mediante sus Instituciones, de investigar y  juzgar  las  graves  violaciones  a  Derechos  Humanos,  pues, es su obligación  adquirida  para  con  la  humanidad  mundial,  definida  mediante los Tratados y  Convenios  Internacionales  que  sobre  la  materia ha suscrito, en atención al  principio  pacta  sunt  servanda,  así  como en los Tratados que no ha suscrito  pero  que  son  vinculantes por referirse a Principios de Derecho Internacional,  por   su  pertenencia  a  la  Organización  de  las  Naciones  Unidas,  por  su  aceptación  de  jurisdicción  subsidiaria  respecto  de  Organismos Judiciales  Internacionales  y  que  en su jurisprudencia le ha recordado y reiterado dichos  deberes,  como  surge  del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,  fechada  el  11 de mayo de 2007, dentro del caso de la Masacre de la Rochela Vs.  Colombia…”   

En síntesis, el Magistrado con Funciones de  Control  de  Garantías  de  la  Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla  no  actuó  por fuera del ordenamiento jurídico al haber revisado  la   tipicidad   de  los  hechos  jurídicamente  relevantes  formulados  en  la  imputación  para efectos de imponer medida de aseguramiento, como lo consideró  el  Fiscal  apelante;  pero erró en las consideraciones por medio de las cuales  calificó  inaplicable  la  legislación  que  sanciona  los  delitos  contra el  Derecho  Internacional Humanitario  a las conductas desplegadas por BANQUEZ  MARTÍNEZ  antes  del 25 de julio de 2001, esto es, de la entrada en vigencia de  la Ley 599 de 2000.   

Por tal razón la providencia impugnada será  modificada  extendiendo la medida de aseguramiento de detención preventiva a la  totalidad  de  delitos,  al  considerarse  como  infracciones  graves al derecho  internacional  humanitario, tal y como lo solicita la representante de víctimas  de la Comisión Colombiana de Juristas.   

Huelga advertir que en lo no controvertido de  la  decisión  por  medio  de la cual se impuso medida de aseguramiento, la Sala  tiene  vedada  cualquier  consideración por razones de limitación del recurso.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

PRIMERO: REVOCAR la  parte  impugnada  del  auto   por  medio  del  cual  se  impuso  medida  de  aseguramiento  a  ÚBER  ENRIQUE BANQUEZ MARTÍNEZ de acuerdo con la imputación  parcial realizada en su contra en el proceso referenciado.   

SEGUNDO:  IMPONER a  ÚBER   ENRIQUE   BANQUEZ  MARTÍNEZ  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  por  los  siguientes  delitos  en función de los hechos  imputados:   

Hechos  imputados             

Calificación jurídica  realizada por la Fiscalía  

1.  Masacre  de  Colosó,  acaecida  el 6 de  noviembre  de  1998,  en  la que se dio muerte a seis  personas y desplazamiento forzado a seis  más.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  además  en  concurso material con toma de rehenes y desplazamiento  forzado de población civil.  

2. Masacre de San  Isidro  o  Caracolí en Carmen de Bolívar, perpetrada  el  11  de marzo de 1999 en  el  corregimiento Caracolí o San Isidro de Carmen de Bolívar, en la que fueron  asesinadas 10 personas.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  además en concurso material con tortura en persona protegida, toma  de  rehenes,  destrucción  y apropiación de bienes protegidos y desplazamiento  forzado de población civil.  

3.  Homicidios de  Manuel  Antonio  Fernández,  Luis  Eduardo Flórez y  Édgar  Martelo,  cometidos  el  6  de  noviembre de 1999 de en jurisdicción de  Toluviejo.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  a  la  vez  en concurso material con tortura en persona protegida y  toma de rehenes.  

4.  Masacre  El  Salao,  acaecida  el  18 de  febrero   de  2000  en  el  municipio  de  Carmen  de  Bolívar,  en  la  que  se dio muerte a 62 personas, se produjo la desaparición  forzada  de  cuatro,  se  atentó  contra la integridad y libertad sexual de dos  ciudadanos;   además   de   destrozar   y  saquear  la  población,   como  consecuencia  de  lo cual se generó el desplazamiento de 635 humildes labriegos  del poblado.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo  (62  personas  asesinadas),  a la vez  en concurso material con  tortura  en  persona  protegida,  desaparición  forzada  (4),  toma de rehenes,  destrucción  y  apropiación  de  bienes  protegidos, desplazamiento forzado de  población  civil,   acceso  carnal  y  acto  sexual  violento  en  persona  protegida.  

5. Masacre de Palo  Alto  realizada  en  San Onofre  el 30  de  abril  de  2000, en la que fueron  asesinadas 5 personas.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  a  la  vez  en  concurso material con tortura en persona protegida,  toma   de   rehenes,   destrucción   y  apropiación  de  bienes  protegidos  y  desplazamiento forzado de población civil.  

6.  Masacre Curva  del  Diablo,  en el municipio de Colosó, cometida el  25 de agosto de 2000, en la  que fueron asesinadas  5 personas.   

            

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  a  la  vez  en  concurso material con tortura en persona protegida,  toma   de   rehenes,   destrucción   y   apropiación   de  bienes  protegidos,  desplazamiento  forzado  de población civil y acceso carnal violento en persona  protegida.  

7.   Masacre  Chinulito,  (cacerío  El Prejo-Arenita) municipio de  Colosó,   cometida   el   13   de   septiembre   de  2000,    en    la    que   fueron   asesinadas   10  personas.             

   

Homicidio  en  persona  protegida  (10)  en  concurso  homogéneo,  a  la  vez  en  concurso  material  con  toma de rehenes,  destrucción  y  apropiación  de  bienes protegidos y desplazamiento forzado de  población civil.  

8.   Masacre  Macayepo   en   Carmen  de  Bolívar,  realizada  el  14  de  octubre de 2000, en  la  que  murieron  7 personas, 19 fueron desplazadas y se cometió despojo de 17  bienes.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  en concurso material con desplazamiento forzado de personas y   despojo en el campo de batalla.  

9.  Masacre  de  Chengue,   municipio   de   Ovejas,   perpetrada  el  17  de  enero de 2001 en la  que fueron asesinadas 25 personas y desplazadas 129.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  en  concurso  material  con  tortura  en persona protegida, toma de  rehenes,  destrucción y apropiación de bienes protegidos, acceso carnal y acto  carnal violento en persona protegida.  

10.  Homicidio de  Elvis   de   Jesús   Petro   Piero,   realizado  el  21  de  marzo  de  2001 en  María La Baja.             

   

Homicidio en persona protegida  

11.Masacre  de  Retiro   Nuevo,   municipio  María  La  Baja,   perpetrada   el   19  de  abril  de  2001, en la que se cometieron 4 homicidios             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  en  concurso  material  con  tortura  en persona protegida, toma de  rehenes, y destrucción y apropiación de bienes protegidos.  

12.  Secuestro y  homicidio   del   alcalde   de   Chalán   Sucre,   Aury   Sara   Marrugo  y  su  escolta,  acaecida  el  30 de noviembre de 2001 en el  corregimiento   Pasacaballos  de  Cartagena  y  hallados  luego  sus  cadáveres  en  Pava Mahates Bolívar.             

   

Homicidio  en persona protegida en concurso  homogéneo,  a  la  vez  en  concurso  material  con toma de rehenes, tortura en  persona     protegida     y    destrucción    y    apropiación    de    bienes  protegidos.  

13.  Homicidio de  Carmelo  Ospina  Catrillo, cometido el 18 de marzo de  2003 en Arjona Calle La Palma.             

   

Homicidio en persona protegida  

14.  Homicidio de  Rafael  Antonio  Vergara  Bonfante perpetrado el 24 de  abril de 2004 en María la Baja Calle del Puerto.             

   

Homicidio en persona protegida  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Permiso  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                              Excusa  justificada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO     J.    IBAÑEZ  GUZMÁN              

Excusa justificada  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS                                                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

               

                                                                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

   

                                                   TERESA RUIZ NÚÑEZ   

SECRETARIA  

    

1 Auto  de 1º de julio de 2009, radicado 31788.   

2  En  cumplimiento  de  lo  dispuesto  por el artículo 72 de la Ley 975 de 2005, y lo  señalado  por  esta  Corporación  en  auto de 24 de febrero de 2009 dentro del  radicado 30999.      

3 Auto  de 1 de julio de 2009, radicación 31788.   

4 Sin  que   comprenda   una  obligación   inmodificable  para  la  Fiscalía  la  denominación   expresa  del  los  tipos  penales  infringidos  con  dichos  contenidos fácticos.   

5  Lo  cual  fue  aclarado  por esta Corporación en providencia de 12 de junio de 2008  dentro del radicado 29904.   

6  En  cumplimiento   de   lo   previsto   en  el  artículo  306  de  la  Ley  906  de  2004.   

7 Tal  como   se   indica   en   el   artículo   308   del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

8  MONTESQUIEU.  El  Espíritu de las Leyes. Editorial Porrúa S.A., México, 1992;  páginas 19 y siguientes.   

9  HOBBES,  Thomas.   El Leviatán.  Editorial Alianza, 2009, páginas 14  y siguientes.   

10  BECCARIA,  Cesare.  De  los  Delitos  y  de  las  Penas. Editorial Temis, cuarta  edición, Bogotá 1998, páginas 23 y siguientes.   

11  ROUSSEAU,  Juan  Jacobo.  El Contrato Social. , Editorial Porrúa S.A., México,  1989 páginas 33 y siguientes.   

12  “1. La Corte, cuya función es decidir conforme al  derecho  internacional las controversias que le sean sometidas, deberá aplicar:   

a.  las convenciones internacionales, sean  generales  o  particulares,  que  establecen reglas expresamente reconocidas por  los Estados litigantes;   

b.  la costumbre internacional como prueba  de   una  práctica  generalmente  aceptada  como  derecho;  c.  los  principios  generales de derecho reconocidos por las naciones civilizadas;   

d.   las  decisiones  judiciales  y  las  doctrinas  de  los  publicistas  de mayor competencia de las distintas naciones,  como  medio  auxiliar  para  la  determinación  de  las  reglas de derecho, sin  perjuicio de lo dispuesto en el Artículo 59.   

2. La presente disposición no restringe la  facultad  de  la  Corte  para decidir un litigio ex aequo et bono, si las partes  así lo convinieren.”   

13  Aprobados  por  la  Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas en  1950.   

14  Aprobados  por  las  ONU,  en  Asamblea  General  por  medio de Resolución 3074  (XXVIII), el 3 de diciembre de 1973.   

15  Entre  otros,  Sentencia  de  22  de marzo de 2001, casos “Streletz, Kessler y  Krenz  contra Alemania” y K.H.W contra Alemania”, conocidos como “casos de  los disparos mortales en el muro de Berlín”.   

16  Caso  “Plan  Cóndor”  en  Uruguay,  sentencia  contra  José  Niño Gavazzo  Pereira  y otros; en el mismo sentido la sentencia contra Juan María Bordaberry  de 10 de febrero de 2010.   

17  Recurso  promovido  en  representación  del  Gobierno de Chile (Enrique Lautaro  Arancibia Clavel).   

18  Caso  Molco  de  Choshuenco  (Paulino  Flores Rivas y otros); también Sentencia  contra Alberto Fujimori, de 19 de abril de 2009.   

19  Recurso    de    habeas    corpus    promovido    por   Gabriel   Orlando   Vera  Navarrete.   

20  Toda  vez  que  “se  imputa a Julio Héctor Simón  –por    entonces  suboficial  de la Policía Federal Argentina- haber secuestrado, en la tarde del  27  de  noviembre  de 1978, a José Liborio Pobrete Rosa en la Plaza Miserere de  esta  ciudad  y,  en  horas  de la noche, a la esposa de éste, Gertrudis Martha  Hlaczik,   así   como   también   a   la   hija  de  ambos,  Claudia  Victoria  Pobrete”  quienes después de varios meses de estar  en  instalaciones  militares,  desaparecieron  sin  que  se  conociera nunca sus  paraderos.   

21  Auto de 13 de mayo de 2010, radicado 33118.     

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