32632(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32632  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°   260   

Bogotá.     D.    C.,     dieciocho (18) de agosto de dos mil diez (2010)   

V I S T O S  

La Corte decide respecto del cumplimiento de  las  exigencias  de logicidad y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de BORIS ENRIQUE OBANDO  VÁSQUEZ,  condenado  por  el  delito  de acto sexual  violento, conforme a los lineamientos de la casación discrecional.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“El 15 de mayo  de  2006,  PAOLA  HERNÁNDEZ  MONTES formuló denuncia ante la Policía Judicial  (SIJIN)  de  Sincelejo,  dando  cuenta  que el día 14 de mayo de 2006 el señor  BORIS    ENRIQUE    OBANDO    VÁSQUEZ     salió     con     su     hija1          –quien  para  esa  época  contaba con  poco   más   de   15  años  de  edad–  en  un carro de servicio público que él conduce, llevándola al  motel    DAYTONA    de    esta   ciudad,  donde  la  menor  se  resistió a quedarse y empezó a gritar y a  decirle  que  la respetara que él era su padre, saliendo del lugar con la ayuda  de   los   empleados   que   le   abrieron   la  puerta  del  garaje.   

“Posteriormente  entró  al  Motel  EL  CRUCERO y, estando allí, también se le resistió por lo  que  salieron  del  lugar y fueron a pasear por las calles del barrio Venecia de  esta     ciudad,     donde    el    señor    BORIS  VÁSQUEZ   le  daba  clases  de  conducción;  luego  visitaron  el  municipio  de Corozal (Sucre) y a las tres de la mañana la menor  le  dijo  a  su  padre  que  se  vinieran  para la ciudad de Sincelejo y, cuando  llegaron,  él  no la llevó a su casa, sino que la condujo al motel LA RIVIERA,  donde  la  menor  comenzó  a  recriminarle  y a discutir con él que no quería  entrar  a  la  pieza, a la vez que él le decía que le tenía que pagar la suma  de  cien  mil  pesos que ella le había pedido; así mismo sacó una bolsita, la  cual  contenía  una  sustancia  blanca con la que se drogó, luego la obligó a  entrar  a  la  pieza.  Una  vez  adentro, la menor se arrojó al suelo gritando,  razón  por  la  cual  la  amenazó  con un bisturí de color naranja que había  sacado  de  la  guantera  del  carro,  y  la tiró a la cama, donde se le lanzó  encima,  bajándole el jean y el interior y empezó a tocarla por todo el cuerpo  y   a   besarla…”.2   

2.   El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Sincelejo,  mediante  sentencia fechada el 16 de octubre de 2008 y  con  base  en  la  duda  razonable,  absolvió a Boris  Enrique  Obando  Vásquez  del  delito de acto sexual  violento  imputado  en la resolución de acusación, la cual quedó ejecutoriada  el    25    de   septiembre   de   2006.     3   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  Procurador  Judicial  II Penal 168 de Sincelejo, el Tribunal Superior de dicha ciudad, el 12  de  mayo  de  2009,  lo revocó y, en su lugar, condenó al acusado Boris  Enrique  Obando Vásquez a la pena  principal  de  42  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad,  como  autor  del  delito  de acto sexual violento,  tipificado  en  el  artículo  206  del  Código  Penal (Ley 599 de 2000), norma  vigente    para   la   época   de   los   hechos.4   

4.   Contra  esta  determinación  el  defensor   del   acusado   interpuso   “recurso  de  casación”.5  Concedida  la impugnación y  presentada   la   demanda,   el   proceso  fue  remitido  a  esta  Corporación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Obando  Vásquez, luego de anunciar que  presenta       “DEMANDA      DE      CASACIÓN  EXCEPCIONAL”, de sintetizar los hechos y relacionar  la  actuación  procesal,  al  amparo del cuerpo segundo de la causal primera de  casación,    en    un    único   cargo,  acusa  al Tribunal de haber incurrido en violación indirecta de  la  ley  sustancial,  por  error de hecho por falso juicio de identidad sobre el  testimonio  de Eduar Eliu Támara Pérez, yerro que, en su criterio, impidió la  demostración  de la “total y absoluta inocencia del  condenado y la ausencia de dolo”.   

Después de hacer unos comentarios respecto  de  los  elementos  que edifican el tipo penal de acto sexual violento, previsto  en  el  artículo  206 del Código Penal, sostiene que no obstante el testimonio  que  rindió  Eduar  Eliu Támara Pérez era muy importante, en la medida en que  demostraba   que   la  “supuesta  víctima  no  fue  agredida  sexualmente”, el Tribunal “minimizó   su  trascendencia”  al  no  analizarlo   con   “mayor  profundidad”.   

Dice que “aquí  se  configura la valoración equivocada de los hechos, por el protuberante falso  juicio  de  identidad  en  que  incurre el ad quem respecto a una prueba que, en  sentir  de  este  humilde  defensor,  es  central  para deducir la inocencia del  señor   Boris  Enrique  Obando  Vásquez”.   

Añade  que  el  adecuado  estudio  de este  testimonio,  en  conjunto  con las demás pruebas allegadas al plenario, permite  concluir     que     “nunca    hubo    agresión  sexual”  en  contra  de  la  supuesta  víctima  o,  “subsidiariamente,  que  en  el señor Boris  Obando  Vásquez nunca existió el  elemento esencial del dolo”.   

Estima que si el Tribunal hubiese apreciado  en   su   real   dimensión   la   multicitada   prueba   testimonial,   habría  “encontrado  que  no  se  daba  el  requisito de la  agresión  sexual  exigida  por  el  tipo  penal” o  “al  menos habría descartado la presencia del dolo  en la conducta de mi defendido”.   

Cita  los  artículos  6°,  9°  y  10 del  Código Penal como normas sustantivas dejadas de aplicar.   

Por  último,  indica  que  “no  está  de  más  que  la  Honorable  Corte  analice el hecho de  haberse  presentado  desistimiento  de la querella y de continuar con el proceso  por  parte  de  la denunciante, coadyuvado por la supuesta víctima el día 3 de  diciembre  de  2007,  lo  cual  le  pareció irrelevante al Tribunal Superior de  Sincelejo,  máxime que ese mismo escrito se lo hizo llegar al representante del  Ministerio   Público,   lo   cual   para  este  humilde  defensor  es  de  gran  importancia”.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y, en su lugar, dictar sentencia absolutoria a favor de su  defendido.6   

ALEGATO     DEL     NO   RECURRENTE   

El  Procurador  Judicial  II  Penal  168 de  Sincelejo  afirma  que  la  demanda  presentada  no  cumple  con  las exigencias  técnicas  que  la  ley  y  la  jurisprudencia  han  precisado frente al recurso  extraordinario,  siendo  claro, en su criterio, que el escrito se asemeja más a  un  alegato  de  instancia  que  a  un  libelo  de casación, razón por la cual  solicita            su            rechazo.7   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Es evidente que en este caso sólo  procede  la  casación  discrecional,  toda vez que el quantum punitivo que  la   ley  establece  para  el  delito  de  acto  sexual  violento  no  contempla  pena  máxima  que  exceda  los  ocho  (8)  años  de  prisión,  habida  cuenta que dicha conducta punible,  por  la  cual fue condenado el procesado Boris Enrique  Obando  Vásquez,  prevé  como sanción principal la  prisión  de tres (3) a seis (6) años, según así lo consagra el artículo 206  del  Código  Penal  (Ley  599 de 2000), vigente para la época de los hechos y,  por lo mismo, aplicable a este asunto.   

De  igual  manera, es claro que el defensor  del  procesado tiene legitimidad e interés para recurrir a través de esta vía  extraordinaria  excepcional,  conforme lo autoriza el inciso final del artículo  205 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

2.  De otra parte, cuando la casación  se  intenta  por  vía  excepcional,  requiere  no  sólo  que  se  trate de una  sentencia  de  segundo  grado  y  que  la  conducta  punible  sea sancionada con  privación  de la libertad inferior a la pena exigida para la casación común u  ordinaria,  sino  que  también es preciso  que  el  actor  cumpla,  así sea de manera breve y clara, con la  carga   de   fundamentar   los   motivos  por  los cuales considera se ha violado una garantía fundamental  o   porque   se   hace  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo  a  esos  eventos se  restringe la admisibilidad de esta modalidad de casación.   

En cuanto a la fundamentación, la Corte ha  indicado  que cuando se trata de la necesidad del desarrollo jurisprudencial, el  casacionista  está   obligado  a  evidenciar  si  lo  que  se  pide  es la  unificación   de   posiciones  encontradas  sobre  el  particular,  o  la   actualización  de  la doctrina hasta el momento imperante, o el pronunciamiento  sobre  un  tema aún no desarrollado, o la precisión sobre el alcance de la ley  cuando   ésta   presenta   vacíos    o    el    necesario   análisis      con      ocasión     del     tránsito   legislativo   de  leyes,  debiéndose  señalar, además, de qué manera la  decisión  que  va  a  adoptar  la  Corte presta el doble servicio de solucionar  adecuadamente  el caso y, a la par, servir de guía como criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

A  su  vez, en lo que hace referencia a los  derechos  fundamentales, el  impugnante  está  obligado  a desarrollar una argumentación lógica dirigida a  evidenciar  el  desacierto, siendo necesario que demuestre el desconocimiento de  una  garantía  por  quebrantamiento  de la estructura básica del proceso o por  violación  de  un  derecho  fundamental,  al tiempo que debe indicar las normas  constitucionales  que  protegen  el derecho invocado y su concreta infracción a  través de la sentencia.   

De  allí  que  el  impugnante  debe  tener  siempre  presente  que  está  en  la  obligación  de  sujetar  el razonamiento  contenido  en  el  correspondiente  escrito  a  los  presupuestos  generales que  orientan  la  presentación de cualquier demanda de casación, los cuales tienen  por  objeto  acompasar  el fundamento del libelo con el real alcance y fines del  recurso,  requisito  de  más  estricto  cumplimiento  cuando  de  la  casación  excepcional se trata.   

Cumplido lo anterior, dado que la casación  es  de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  se  debe  construir  la  demanda  respetando  las  reglas  de  la  lógica  y  de  la argumentación propias de la  formulación,  desarrollo y demostración del cargo, según la causal invocada y  el modo de violación de la ley sustancial seleccionado.   

3.   Así, entonces, teniendo presente  los  citados  requisitos  de  la  demanda,  observa  la  Corte  que el libelista  no  expuso  las razones por  las  cuales  acudió  a este medio excepcional, pues si bien es cierto que en el  encabezamiento del líbelo  afirmó  que  apoyaba  el  recurso extraordinario en lo preceptuado en el inciso  final  del  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto es, la  “casación          excepcional”,  también  lo  es que no seleccionó  ninguno  de los motivos allí contemplados, es decir,  el   desarrollo   de  la  jurisprudencia  o  la protección de la garantía de un  derecho fundamental.   

Por  el  contrario,  en   lugar    de    puntualizar    los   motivos   por   los   cuales  la Corte debe admitir el libelo, dedicó su disertación  a  mostrar  su  inconformidad  respecto  al  grado  de   apreciación    que    el    Tribunal   Superior    de   Sincelejo   le   otorgó  a  los  medios  de   convicción,   en  especial el testimonio de Eduar Eliu Támara Pérez, que  le  permitieron  concluir en la existencia de la conducta punible de acto sexual  violento  y  en la responsabilidad del procesado Boris  Enrique  Obando Vásquez, pruebas de las cuales, en su  criterio,  no  emergen  los  necesarios  elementos  de  juicio  para  fundar  la  sentencia condenatoria objeto del recurso de casación.   

Por    consiguiente,   la   omisión    del    libelista   en   precisar   la   hipótesis   relativa   a  la  invocada  casación  discrecional  sería  motivo  suficiente  para  disponer  la inadmisión de la demanda, pues la Corte no puede  complementarla  sin  incurrir  en  la prohibición que le impone el principio de  limitación.   

Ahora  bien, aún cuando la Sala pasara por  alto   la   omisión   reseñada,   tampoco  la  censura  formulada  cumple  los  presupuestos de claridad, precisión y sustentación suficiente.   

En  efecto,  el  libelista,  al  amparo del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación, formula un único  cargo contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal Superior de Sincelejo, toda vez que, en su criterio, incurrió  en  violación indirecta de la ley sustancial, por error de hecho generado en un  falso  juicio  de  identidad,  ya  que,  en su criterio, el juzgador no apreció  correctamente el testimonio rendido por Eduar Eliu Támara Pérez.   

Agrega  que  de  no  haberse cometido dicho  yerro,  el Tribunal habría concluido en la “total y  absoluta   inocencia   del   condenado   y   la   ausencia  de  dolo” en su comportamiento.   

Planteado así el mencionado error, observa  la  Sala  que no obstante que el actor acertó en la formulación de la censura,  ya  que  afirma  que  el  sentenciador  violó,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial  por  error de hecho por falso juicio de identidad en la apreciación  de  la  citada  declaración,  de  todos  modos  la  misma  quedó  imprecisa  e  incompleta,  pues  si bien es cierto que señala cuál medio de convicción fue,  en  su  opinión,  supuestamente  tergiversado,  también  lo  es que no dedicó  argumentación  alguna tendiente a concretar la demostración y trascendencia de  tal presunto yerro.   

Ha    señalado    insistentemente   la  jurisprudencia  de la Corte que la postulación del falso juicio de identidad en  el  recurso  extraordinario se “concreta respecto de  determinado  medio  de  prueba legal y regularmente aportado, cuando el juzgador  hace  atribuciones  fácticas  trascendentes  que no corresponden a su contenido  (falso   juicio   de   identidad   por  adición),  o  porque  recorta  aspectos  sustanciales  de  su  texto  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento o  supresión),  o por que muda o cambia el sentido de su expresión literal (falso  juicio  de  identidad  por distorsión o tergiversación), eventos en los que se  pone    a    decir    al   medio   de   prueba   lo   que   éste   no   expresa  materialmente.   

“Cuando se alega  esta  especie  de  vicio, se exige al demandante identificar inequívocamente la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección que se denuncia, asistiéndole  primero  el deber de revelar lo que fidedignamente dimana de ella de acuerdo con  su  estricto  contenido  material,  y  luego  la obligación de precisar en qué  aspecto  radicó  la  desfiguración  de su literalidad, bien por supresión, ya  por  adición,  ora  por tergiversación, ejercicio que se lleva a cabo mediante  una  elemental confrontación de las precisiones hechas en el fallo acerca de su  tenor,     con     lo     que     en    realidad    enseña    ésta”.8   

Como  bien  puede  apreciarse, el censor no  acató  los  anteriores  derroteros en la demostración del acusado falso juicio  de  identidad  supuestamente  recaído en la valoración del testimonio de Eduar  Eliu   Támara   Pérez,   pues  la  Sala  no  observa  en  qué  consistió  la  tergiversación   o   distorsión  objetiva  de  ese  elemento  de  convicción,  quejándose     únicamente     de     que     el    Tribunal    “minimizó  su  trascendencia”, o que el  mismo  “ameritaba una mayor profundidad”,  o  que  el “ad quem desdibujó el  hecho que éste demostraba”.    

En  otras palabras, en lugar de indicar, de  manera  clara  y  precisa,  cuáles  fueron  las  distorsiones  objetivas en que  incurrió  el juzgador sobre dicho medio de prueba, se duele de las conclusiones  que  de  éste  obtuvo  el  Tribunal  para  deducir la responsabilidad penal del  procesado  frente  al  acto  sexual violento por cual fue condenado, sin olvidar  que  tampoco  demostró   la  trascendencia del vicio, puesto que en manera  alguna  evidenció  cómo  de  haber  sido  correctamente  apreciado,  el  fallo  necesariamente  habría  sido favorable a los intereses del acusado Obando  Vásquez,  para  lo  cual debió  increpar    los   demás   elementos   de   juicio   sustento   del   fallo   de  condena.   

En  síntesis,  la labor demostrativa de la  censura  la  centró  en  imponer  su  personal  valoración de los elementos de  juicio,  concluyendo  que  su defendido no es responsable de la conducta punible  imputada,   desconociendo   que  la  simple  disparidad  de   criterios  no  constituye  error  demandable   en     casación,     toda     vez     que     el   juzgador,   dentro  del  método  de  persuasión   racional,    goza    de   libertad    para    apreciar   los      elementos      de     juicio     válidamente   allegados    a   la    actuación,    sólo   limitado   por   las   reglas   que   estructuran   la   sana  crítica,  cuya  vulneración  se  debe dirigir a través del error de hecho por  falso  raciocinio,  sin  que,  en  este  caso, el actor haya demostrado error de  apreciación alguno.   

En  fin,  olvida  el libelista que el fallo  llega  a  esta sede precedido de la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente apreciadas y el  derecho  acertadamente  aplicado,  motivo por el cual, constituye una carga para  el  demandante  entrar  a evidenciar el error in iudicando  o in procedendo  invocado,   según   el   caso,  y  demostrar  su  trascendencia  frente  a  las  conclusiones adoptadas en la sentencia.   

Por  último,  en  cuanto  a  la  aislada y  deshilvanada  sugerencia  del  libelista,  según  la  cual,  el “proceso  no  podía continuarse” debido  al   “desistimiento   de  la  querella”  presentada  por  la  denunciante, se hace necesario precisarle  que  tal  asunto  fue  oportuna  y correctamente resuelto por el Juzgado Primero  Penal   del   Circuito,   según  providencia  fechada  el  6  de  diciembre  de  2007.9   

Al  respecto,  el  citado  estrado judicial  indicó:   

“Teniendo  en  cuenta  el  escrito  de desistimiento que presentara la señora PAOLA HERNÁNDEZ  MONTES, en relación con el  proceso   seguido   contra   BORIS   ENRIQUE  OBANDO  VÁSQUEZ,  en  donde  manifiesta  que  desiste  de la  acción  civil  y  penal  dentro  del  referido  proceso, actuando en calidad de  denunciante,  el  juzgado  estima  que  sólo  se  acepta  el  desistimiento con  respecto  a  la  acción  civil,  ya  que  el  delito por el cual se persigue al  procesado  es el de ACTO SEXUAL VIOLENTO, que no admite desistimiento, ya que no  es      querellable      y      se      persigue      de      oficio”.   

Como  de  manera  atinada  lo  indicó  el  juzgador  de  instancia, el delito de acto sexual violento no es de aquellos que  la  ley denomina querellable y, por lo mismo, es perseguible de manera oficiosa,  máxime  cuando  está  involucrada como víctima una menor de edad, razones por  las  cuales  resulta  improcedente  el  desistimiento que sobre la acción penal  pueda presentar el denunciante.    

En esas condiciones, al no reunir la demanda  los   presupuestos   de   logicidad,   claridad   y   precisión,  la  Corte  la  inadmitirá.   

Cabe  señalar  finalmente  que  el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el   defensor   de  BORIS  ENRIQUE  OBANDO  VÁSQUEZ.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                       SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO                                           AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                       YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  Sala  omite  el  nombre  de  la  menor víctima por la prevención natural de no  divulgar  datos  que  la  identifiquen  o  puedan conducir a su identificación,  según  lo  dispuesto  en  el artículo 47 de la Ley 1098 de 2006 (Código de la  Infancia  y  Adolescencia,  que  entró  a  regir  a  partir  del  8  de mayo de  2007).   

2  Folios 4 y 5 del cuaderno del Tribunal.   

3 Ver  folios 169 a 186 y 338 a 348 del cuaderno original.   

4  Folios 4 a 32 del cuaderno del Tribunal.   

5 Ver  folio 39 del cuaderno del Tribunal.   

6  Folios 42 a 49 del cuaderno del Tribunal.   

7 Ver  folios 51 a 56 de la actuación del Tribunal.   

8 Ver,  entre otras, casación 23667 del 11 de abril de 2007.    

9 Ver  folio 312 del cuaderno original.     

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