31407(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 31407  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 152.  

Bogotá  D.C., mayo doce (12) de dos mil diez  (2010)   

VISTOS  

Procede  esta  Colegiatura  a  analizar  el  cumplimiento  de las exigencias de crítica lógica y adecuada sustentación del  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  de  la procesada LORENA   LIZBETH   HERNÁNDEZ   SÁNCHEZ,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bucaramanga  el  7  de  noviembre  de  2008,  confirmatoria de la dictada por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito Especializado de la misma ciudad el 16 de  junio  del  referido  año, por cuyo medio condenó a la referida ciudadana como  autora   penalmente   responsable   del  concurso  de  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes y concierto para delinquir agravado.   

HECHOS  

A través de varias diligencias tendientes a  individualizar   a   los   integrantes   de   la   banda   ilegal   “Los       Capaburros”,  consiguió  establecerse  que en el  municipio  de  San Gil, aproximadamente desde el mes de abril de 2006 y hasta el  31  de  enero  de  2007,  cerca  de  veinte  personas,  entre ellas LORENA  LIZBETH  HERNÁNDEZ  SÁNCHEZ, se  concertaron  para  comercializar  estupefacientes desde sus residencias, a donde  concurrían  los  consumidores;  en  otras  ocasiones  prestaban  el servicio de  entrega   de   bazuco   a  domicilio  a  través  de motociclistas que conformaban el grupo de trabajadores  del  establecimiento  conocido  como  “Domicilio    Sangileño”.   

          A  instancia de la Fiscalía Seccional de la referida municipalidad,  el  Juez  Tercero  Promiscuo  Municipal  con  función  de control de garantías  impartió  las  correspondientes  órdenes  de  captura,  las cuales se hicieron  efectivas el 31 de enero de 2007.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada en la citada data, el  Juez  Segundo  Promiscuo  Municipal con función de control de garantías de San  Gil  declaró  la  legalidad  de  las  aprehensiones. En la misma oportunidad se  formuló  a  los  capturados imputación por el concurso de delitos de concierto  para  delinquir (numeral 2º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000) y tráfico  de    estupefacientes    (numeral    2º    del   artículo   376   ejusdem)   a   la  cual  no  se  allanó  LORENA  HÉRNÁNDEZ,  y  a  petición  del  ente  acusador  les  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  de carácter intramural, decisión confirmada en segunda  instancia   al   ser   impugnada   por   el   defensor   de   algunos   de   los  incriminados.   

          El  1º  de  marzo  siguiente  se  presentó escrito de acusación y  ulteriormente  en  la  audiencia de formulación de acusación varios procesados  se  allanaron a los cargos, salvo, entre otros, LORENA  LISBETH  HERNÁNDEZ,  motivo por el cual se dispuso la  correspondiente  ruptura  de  la  unidad procesal y se continuó con la fase del  juicio.  El  16  de  junio  de  2008  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga profirió sentencia por medio de la cual condenó  a  la  mencionada  ciudadana,  así  como  a  Euclides  Bayona    Rivera,    Leydy   Yurany   Moreno   Amado   y   Nini   Johana   Díaz  Chacón  a  la pena principal de ciento treinta y ocho  (138)  meses  de  prisión  y  multa  de  cuatro mil quinientos (4.500) salarios  mínimos  legales mensuales, como coautores penalmente responsables del concurso  de    delitos   de   concierto   para   delinquir   agravado   y   tráfico   de  estupefacientes.   

          En  la misma providencia condenó a Martha  Ramírez  Florez a ciento ocho (108) meses de prisión  y  multa  de  cuatro mil (4.000) salarios mínimos legales mensuales como autora  del delito de concierto para delinquir agravado.   

          También  condenó  a Jorge Eliecer Bayona  Rivera,  Fredy  Bayona  Rivera,  Abelardo  Bayona Rivera y María Eugenia Araque  Calderón  a  la  pena principal de ciento cincuenta y  seis  (156)  meses  de  prisión  y  multa de seis mil (6.000) salarios mínimos  legales,  como  coautores  del  concurso  de delitos de concierto para delinquir  agravado y tráfico de estupefacientes.   

Impuso  a los sentenciados la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la libertad, y les negó tanto la  condena  de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de  la intramural.   

Mediante fallo del 7 de noviembre de 2008 el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga confirmó la sentencia de condena al conocer  del  recurso  de apelación propuesto por la defensa, providencia contra la cual  el   defensor   de   LORENA   HERNÁNDEZ  interpuso  en  oportunidad  recurso  extraordinario de casación y  allegó el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

El impugnante formula dos reproches contra el  fallo   del  Tribunal,  los  cuales  postula  y  desarrolla  en  los  siguientes  términos:   

          1.        Primer   cargo:   Nulidad  por  violación  del  derecho  al  debido  procesado y a la defensa   

          Con  fundamento  en la causal segunda de casación establecida en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, el defensor afirma que se produjo una  “AFECTACIÓN  SUSTANCIAL  DE  LA EXTRUCTURA (sic) DE LA  LIBERTAD  Y  DEFENSA  DE  LA  CONDENADA”,     toda     vez     que    fue    capturada    en    “cacería   de  brujas,  POR  SIMPLES  RUMORES  POPULARES”, junto  con   veinte   personas   más,   circunstancia  que  creó  confusión  en  las  instalaciones  de la Fiscalía, sin que su asistida pudiera ejercer su derecho a  la  defensa  técnica en debida forma a través de un abogado de confianza, pues  fue  atendida  por “uno de  esos  abogados  cazadores  espontáneos  que  están  a  la  expectativa  de los  capturados  que  lleguen a la Fiscalía”,  quien  además  asistió  simultáneamente  a  los  otros  veinte  capturados.   

          Destaca      que      “desde  ese  primer  instante  de  la  captura,  por  la agitación,  revueltillo   y   anarquía   que   se  presentó  en  la  Fiscalía”,  el Juez de Control de Garantías no  cumplió  su  misión,  pese a que la procesada es una joven ingenua e ignorante  en  cuestiones  jurídicas,  caso  en el cual debió proveérsele de un Defensor  Público,    omisión    que    conduce    a    la    invalidación   de   dicha  diligencia.   

          También  deplora  que  en la ya mencionada audiencia no se precisó  la  imputación  con  claridad,  conforme  a  lo  establecido  en  el  Manual de  Procedimiento  de  la  Fiscalía,  circunstancia  que  impidió a su asistida la  posibilidad de evaluar la posibilidad de aceptarla o negarla.   

Luego    de    transcribir  in  extenso ejemplos establecidos en el  citado  Manual  para  formular  imputaciones,  el  casacionista  advierte que se  violó  el  derecho  al  debido  proceso y a la defensa técnica de LORENA   LISBETH,  en  cuanto  no  fueron  especificadas  las  circunstancias  de  lugar,  tiempo  y  modo  necesarias para  imputarle  la comisión de los delitos, amén de que careció de un defensor que  así  lo  exigiera,  se opusiera a tales irregularidades y la asistiese respecto  “de la atroz e increíble  imputación,  de  que  la  joven  Lorena  Lisbeth  Hernández  Sánchez, hija de  familia  y  dependiente  de  sus padres, se hubiese concertado en una banda para  cometer  delitos  atroces,  repugnantes  de lesa humanidad, como el genocidio en  donde  matan  discriminadamente  ancianos,  mujeres  y  niños  y para lo que se  requiere  una  personalidad  muy  especial  de  criminal  nato  lombrosiano, sin  ninguna  personalidad  ética  y  moral”.   

          Segundo  cargo:  Nulidad  constitucional  y  legal  de  la medida de  aseguramiento   

          Deplora  el  censor  que  el  abogado que asistió a su procurada no  contradijo  de  manera  alguna  los  cargos  imputados,  de  manera que ésta se  encuentra  ilegalmente  detenida  en  razón  de  vías  de  hecho, “lo  que  podría  hasta  caberle  una  tutela  transitoria  que  evitara  el  perjuicio  irremediable  que  se  le esta  (sic)   causando  con  su  detención  arbitraria,  para  que  un  juez constitucional ordenara su libertad  inmediata”.   

          Tercer  cargo:  Errores  de  técnica  procesal  en  el  escrito  de  acusación   

          Advera  el  demandante  que  se  condenó a su prohijada a pagar una  multa  de 4.500 salarios mínimos legales mensuales en aplicación del artículo  19  de  la  Ley 1121 de 2006, sin tener en cuenta que el artículo 8º de la Ley  599  de  2000,  precepto  mencionado en el escrito de acusación, dispone que la  sanción pecuniaria máxima es de 20.000 de tales salarios.   

          Acto   seguido  transcribe  apartes  del  escrito  de  acusación  y  cuestiona  que  sea  general  y  caótico;  luego,  apoyado  en  el Manual de la  Fiscalía  afirma que no se incluyó una relación clara y sucinta de los hechos  jurídicamente  relevantes,  pues  únicamente  se dijo que entre las 9:04 y las  9:22  de la noche del 22 de octubre de 2006 vendió a un policía encubierto dos  papeletas    de   bazuco,  encontrándose    en    la    residencia    de    los    hermanos   Bayona  ubicada  en  la carrera 11 No. 18  –    47    de    San  Gil.   

          También     dice     que     pudo    tratarse    de    “un    falso    positivo”, todo lo cual permite concluir que se  violó  a  LORENA LIZBETH su  derecho a la defensa técnica.   

Cuarto  cargo:  Errores  en  la  audiencia  preparatoria y de inicio del juicio oral   

Afirma  el  casacionista que en la audiencia  oral  un  abogado  representó  a  nueve  acusados,  entre  ellos a LORENA  HERNÁNDEZ,  sin  percatarse  que  entre   todos   habían  conflictos  de  intereses,  de  manera  que  debió  el  funcionario   judicial   separar   la   defensa  de  los  acusados  que  tenían  incompatibilidad  en  sus  estrategias,  de conformidad con lo establecido en el  artículo 122 de la Ley 906 de 2004.   

          Finalmente  indica  que  cuando  arribó  al  diligenciamiento en la  culminación  de  la  fase  del  juicio,  ya se habían cometido una cantidad de  incorrecciones  que  no  era  posible subsanar, circunstancia que impone adoptar  los   correctivos   necesarios   desde   la   audiencia   de   formulación   de  imputación.   

Quinto  cargo:  Graves errores de hecho y de  derecho en el fallo   

          Argumenta  el  recurrente  que  se  aplicó  la  Ley  1121  de 2006,  publicada  en  el  Diario Oficial el 30 de diciembre de dicha anualidad, la cual  entró  en  vigencia  dos meses después de conformidad con lo establecido en el  artículo  52  del Código de Régimen Político y Municipal, esto es, el 1º de  marzo  de  2007,  mientras  que  el hecho imputado tuvo lugar a finales de 2006,  circunstancia que impone disponer la nulidad de la actuación.   

Luego  de transcribir jurisprudencia de esta  Sala  sobre el derecho a la defensa técnica, el censor solicita a la Sala casar  la  sentencia  atacada  y declarar la nulidad de todo el trámite a partir de la  audiencia de formulación de imputación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si  bien en la legislación que introdujo el  sistema  penal  acusatorio  no  se  diferencia entre recurso de casación por la  vía  común  y  por  la  discrecional  en cuanto se marginó la exigencia de la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es del  resorte   del  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del recurso y demostrar la  necesidad  del  fallo de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación adjetiva.   

          Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos  de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  indebida  transformación de este  recurso  extraordinario  en  una  instancia  adicional  a  las ordinarias. Tales  requisitos  se  orientan a conseguir el desarrollo de los libelos dentro de unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en la postulación y demostración de los  cargos  propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto es, precisos y claros,  pues  no  corresponde a la Sala en su función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  procede  la Sala a realizar conjuntamente el anunciado estudio sobre los reparos  formulados   por   el   defensor,   toda  vez  que  se  sustentan  en  la  misma  fundamentación  fáctica y se orientan a deprecar la invalidación del trámite  desde la audiencia de formulación de imputación.   

          En  tal cometido se tiene que como el actor invoca la violación del  debido   proceso,   oportuno   se  ofrece  señalar  que  de  tiempo  atrás  ha  puntualizado  la  Sala  que en tratándose de dicha causal es imprescindible que  el  demandante  señale  con claridad la especie de incorrección sustantiva que  determina  la  invalidación,  los fundamentos fácticos y las normas que estima  conculcadas,  con  la indicación de los motivos de su quebranto. También es su  responsabilidad  especificar  el  límite  de la actuación a partir del cual se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  nulidad,  demostrar  que  procesalmente  no  existe  manera diversa de restaurar el derecho afectado y, lo  más   importante,   acreditar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede  sustentarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en situaciones ausentes de quebranto, reglas que el impugnante  no acoge en sus planteamientos.   

          En  efecto,  sin dificultad constata la Sala que en la sustentación  de  los  reparos  el  casacionista  insiste  una  y  otra  vez  en  una supuesta  desatención  del  profesional  del  derecho  que  inicialmente representó a su  asistida,  pero  no  consigue  precisar  en  qué  consistió  la  afrenta a los  derechos  de  aquella,  quedándose en el simple enunciado de una situación que  en  su  particular  visión  no fue adecuada, pero con total marginación de los  medios de prueba obrantes en el diligenciamiento.   

Puede  también  observarse  que  la  queja  sustentada  en la cantidad de personas a las cuales se les formuló imputación,  representadas  por  un defensor, resulta en sí misma infundada para procurar la  invalidación  de  lo  actuado,  si se recuerda que en tales casos el demandante  tiene  la  obligación de acreditar los perjuicios derivados de tal proceder, lo  cual,  desde  luego,  no  puede  corresponder  a  un alegato ampuloso, general e  impreciso,  sino  al  señalamiento  sencillo,  detallado y pormenorizado de sus  funestas  consecuencias, labor que el recurrente no emprendió en el libelo cuya  admisión se examina.   

          Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a  la  supuesta  ambigüedad  en la  formulación  de la imputación, es evidente que el censor se queda en la simple  expresión  de  su  particular  percepción  del  asunto,  pero  no se detiene a  señalar   con  exactitud  si  se  trató  de  una  falta  de  motivación,  una  motivación anfibológica, incompleta o sofística.   

          Además,  en  procura  de  pretender acreditar desorden en tal acto,  alude  a  los delitos de lesa humanidad, cuando lo cierto es que la referencia a  los  artículos  340 y 276 de la Ley 599 de 2000 se refiere de manera diáfana a  las    conductas    de    tráfico   de   estupefacientes   y   concierto   para  delinquir.   

Tampoco  el  recurrente  precisa  en  qué  consistió  la generalidad en la imputación fáctica, cuando es él mismo quien  refiere  los  detalles  (lugar,  fecha,  hora,  nombre  del  comprador, clase de  estupefaciente,  valor  de la venta, etc.) con los cuales se acreditaron algunos  de  los  momentos en los cuales la acusada fue filmada vendiendo estupefacientes  o así fue señalada por el agente encubierto.   

          Con   relación   a   la  “nulidad   constitucional”  que  el  defensor  propone, baste señalar que no resulta del todo  afortunada  su  nominación,  pues  si bien todas las invalidaciones tienen como  fuente  la  Constitución  Política,  a  partir  de  la vigencia del Código de  Procedimiento  Penal  de  1987  perdió  sentido  la  antigua  clasificación de  nulidades                “supralegales”,  por  su  taxativa  determinación  normativa  (artículo  305 del  Decreto  050  de  1987,  artículos  304  y  308-6  del  Decreto  2700  de 1991,  artículos  306  y  310-6  de  la  Ley  600  de 2000), con mayor razón si en la  actualidad   rige   el   principio   de   taxatividad   de   las   causales   de  nulidad.   

          Adicional  a  lo  anterior  se observa que en evidente confusión, y  sin  sustento  alguno,  el censor considera que su asistida se encuentra privada  ilegalmente  de  la  libertad,  amén  de  que  acto  seguido  advierte sobre la  procedencia  de  una  solicitud  de  amparo  para sus derechos constitucionales,  olvidando   sin   más,   la  postulación  invalidatoria  que  efectuó,  y  en  consecuencia, dejando sin desarrollo el reproche formulado.   

          En  punto  del quantum de la pena pecuniaria, el demandante comienza  por  señalar  que se va a referir a errores en la técnica procesal del escrito  de  acusación, pero intempestivamente alude sin un hilo conductor a la cuantía  de  la multa, y solo de manera tímida se refiere al tránsito legislativo entre  la  Ley  599  de 2000 y la Ley 1121 de 2006, sin adentrarse a explicar a la Sala  las  razones  de  sus asertos y tanto menos exponer en concreto la incorrección  que denuncia.   

          Como  en  su libelo el defensor también afirma que la actividad del  agente      encubierto      pudo      corresponder     a     un     “falso       positivo”, encuentra la Colegiatura que una tal  afirmación  no pasa de ser un comentario insulso, ajeno por completo al rigor y  seriedad  de  esta  impugnación extraordinaria, especialmente en cuanto ninguna  actividad adelanta para su acreditación.    

En cuanto atañe a las quejas que formula por  la  múltiple representación profesional que de varios procesados emprendió un  abogado  en  la audiencia preparatoria y de inicio del juicio oral, una vez más  consigue  constatarse  que  no  cumple  su obligación de señalar con exactitud  cuál  fue  en  concreto  el  perjuicio que de ello se derivó para su asistida,  omisión  sin la cual el reclamo resulta infundado y carente de demostración si  pretende  conseguir  la invalidación de lo actuado, especialmente si no explica  por  qué  mediaba  la supuesta incompatibilidad en las estrategias defensivas o  los conflictos de intereses entre los incriminados.   

          Acerca  de  la  indebida  aplicación  de  la  Ley  1121 de 2006, el  casacionista  no  dice  por qué razón se impone acudir al mecanismo extremo de  la  nulidad  del  trámite,  más  aún,  si  la referida legislación entró en  vigencia  de  conformidad con su artículo 28 el día en el cual fue promulgada,  esto  es,  el  30  de  diciembre  de 2006, fecha de su publicación en el Diario  Oficial  No.  46.497,  y  no  dos  meses  después, como erradamente lo señala;  además,  no  atina  a  señalar la trascendencia de una tal incorrección en el  ámbito  real de protección de los derechos de LORENA  LISBETH HERNÁNDEZ SÁNCHEZ.   

Los   mencionados  equívocos  lógicos  y  demostrativos  en  el  discurso  del  impugnante  imposibilitan  a  la Sala para  acometer   el  estudio  de  las  censuras,  pues  si  el  libelo  casacional  no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  de  la  defensa  y  sin  atenerse a las reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan, obliga a la Sala a inadmitir la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  pues  en  virtud del principio de limitación propio del trámite casacional, la  Corte no se encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          El mecanismo de insistencia   

          Contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  presentada por el  defensor  procede  el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004. Como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido    las   reglas   para   tal   propósito1, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es un mecanismo especial cuyo ejercicio corresponde  al  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  por  medio  de  la  cual la Sala decida inadmitir la demanda de  casación,  con  el  fin  de provocar la reconsideración de lo decido. También  podrá  ser ejercitado oficiosamente dentro del mismo término por alguno de los  Delegados   del   Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –  cuando  el  recurso  de casación no  hubiera    sido    interpuesto   por   un   Procurador   Judicial   –,  el Magistrado disidente, el ausente  de los debates o quien no haya suscrito la providencia inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la Casación Penal o  ante  uno  de  los  Magistrados  de  la  Sala  en  las  condiciones expuestas en  precedencia.   

          iii)                      Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  de  quien  no  intervino  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  el  cual se formula la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la  Sala  o  no  presentarlo  para  su  revisión.  En  éste último evento  informará   de   ello   al   peticionario   en   un   plazo   de   quince  (15)  días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso de casación, salvo  cuando la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

          Intervención oficiosa de la Sala   

La Sala tiene suficientemente sentado que de  conformidad  con  los  fines  de  este  recurso  extraordinario  reglados  en el  artículo  180  de  la  Ley  906 de 2004, es su obligación intervenir de oficio  según      la      preceptiva      del      artículo      184     ejusdem,  caso  en el cual no hay lugar a  realizar  audiencia  de sustentación, en cuanto dicha diligencia precisa de una  demanda          casacional         admitida2.   

Advertido  lo  anterior,  de  acuerdo con su  facultad  oficiosa dispone la Sala que una vez en firme la decisión inadmisoria  del  libelo  y  resuelta  la  insistencia  si  a  ella  acude  el recurrente, el  diligenciamiento  debe  retornar  al  despacho de la Magistrada Ponente a fin de  proferir  el correspondiente fallo de casación en lo atinente a verificar si en  la  imposición  de  la pena se vulneró el principio de legalidad, puntualmente  en  cuanto se refiere al tránsito de las leyes 733 de 2002 y 1121 de 2006, pues  si  bien  se  trata  del concierto para delinquir que corresponde a un delito de  ejecución  permanente,  se aplicó la última de las legislaciones mencionadas,  la  cual  resulta  más  gravosa  para  la  acusada3,  así  como  para  los demás  condenados.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.        INADMITIR  el libelo casacional presentado  por  el  defensor  de  la  procesada  LORENA  LIZBETH  HERNÁNDEZ   SÁNCHEZ,   de   conformidad   con   las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

         2.           Una  vez  en  firme  la  determinación  precedente  y  resuelta  la  insistencia  si  a  ella  acude  el  demandante, la  actuación  debe regresar al despacho de la Magistrada Ponente con el propósito  que   se  profiera  el  respectivo  fallo  casacional  en  punto  de  verificar  si  en  la imposición de la  pena  se  incurrió  en  quebranto  del  principio  de  legalidad,  según lo ya  expuesto.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

   Impedido  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.   

2  En  este  sentido autos del 25 de julio de 2007. Rad. 27383 y del 24 de noviembre de  2008. Rad. 30319, entre otros.   

3 Cfr.  Sentencia del 7 de octubre de 2009. Rad. 32732.     

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