33453(07-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33453  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No. 098  

Bogotá, D.C.,  siete de abril de dos mil  diez.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación discrecional que presenta e invoca el defensor del  procesado   JAIME   CHAPARRO   RAMÍREZ  y  a su vez apoderado del tercero civilmente responsable   GONZALO   VERA   CONTRERAS,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Bucaramanga, mediante la cual condenó a aquél a veinticuatro (24)  meses  de  prisión y junto con los terceros civilmente responsables, a pagar en  forma   solidaria   los   perjuicios   causados   por  el  delito  de  homicidio  culposo.   

1.- Antecedentes.-  

1.1.- La cuestión fáctica fue declarada por  el Juzgador de la manera siguiente:   

“El  nueve (9) de  junio  de  2003,  aproximadamente a las seis de la mañana, en el kilómetro uno  de  la  vía  que  de  Bucaramanga  conduce  a  Pamplona, ocurre un accidente de  tránsito  donde  el  vehículo  tractocamión  de placas XLJ 879, conducido por  Jaime   Chaparro  Ramírez,  colisiona  con  la  bicicleta conducida por el señor Vidal Caballero Villabona,  quien     pierde     la    vida    en    el    fatídico    episodio”.   

1.2.-  Abierta la Investigación por parte de  la   Fiscalía   9ª   de   la   Unidad  de  Reacción  Inmediata  con  sede  en  Bucaramanga1,     vinculó     mediante    indagatoria    a    JAIME    CHAPARRO  RAMÍREZ2.   

1.3.-  Presentada la demanda de constitución  de  parte  civil3,  se  dispuso  su  admisión  y  la  consiguiente  vinculación  al  proceso,  en  condición  de  terceros  civilmente responsables, de GONZALO VERA  CONTRERAS  y  de la Empresa Cooperativa de Transportadores de Tanques y Camiones  para     Colombia     Limitada,     “COVOLCO         Ltda.”4.   

1.4.-  Posteriormente,  una  vez dispuesta la  clausura       del       ciclo      instructivo5,  el  3  de  agosto de 2005 se  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con resolución de acusación en  contra  del  procesado,  como presunto autor responsable del delito de homicidio  culposo   definido   por   el   artículo   109  del  Código  Penal6, mediante    determinación    que    cobró    ejecutoria   en   esa  instancia  al  no  haberse interpuesto recursos contra  ella7.   

1.5.-  La  etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Bucaramanga8,  en donde se llevó a cabo la  vista  pública9,   y  el  19  de  diciembre de 2006 se puso fin a la instancia  condenando  al  procesado  JAIME  CHAPARRO  RAMÍREZ  a las penas principales de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión y multa en cuantía equivalente a veinte  (20)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  a las   accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad y la  suspensión  por seis meses en el ejercicio de la conducción de automotores, al  tiempo  que  le concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena  por  el  término  de  dos  (2)  años,  a  consecuencia  de hallarlo penalmente  responsable  del delito de homicidio culposo a él imputado en la resolución de  acusación.   

Lo  condenó  también  al  pago de  los  perjuicios  morales  en  la  suma  equivalente a cuarenta (40) salarios mínimos  legales  mensuales,  la  que  debería  ser  cancelada  dentro  de los dos años  siguientes  a  la  ejecutoría  de  la sentencia, y se abstuvo de condenarlo por  concepto   de  perjuicios  materiales  “al    no    encontrarse    demostrada   su   causación10.   

1.6.-   Esta  decisión  fue  recurrida  en  apelación  por  el  apoderado de la parte civil, quien mostró su inconformidad  con     el    fallo    por    la    “omisión  de  condena  al pago de daños materiales en la modalidad  de   lucro  cesante  causado  y  futuro;  la  condena  baja  de  daños  morales  subjetivos;  la  omisión  de  condena  solidaria  de  los  terceros  civilmente  responsables  y  el  excesivo  término  otorgado  para el pago de la condena de  daños  y  perjuicios”11.  La  defensa, por su parte,  pese   a   haber   manifestado   su   deseo   de   interponer   el   recurso  de  apelación12,    posteriormente    desistió   de   su   pretensión13.   

El Tribunal Superior del Distrito judicial de  Bucaramanga,  al  conocer en segunda instancia de la apelación interpuesta, por  medio  del  fallo  proferido el 28 de agosto de 200914,   resolvió  confirmar  la  decisión  de  condena, pero modificó la providencia recurrida en el sentido de  condenar     al     procesado     JAIME     CHAPARRO    RAMÍREZ    “y   solidariamente  a  los  terceros  civilmente   responsables   Gonzalo   Vera   Contreras   y   la  Cooperativa  de  Transportadores  de Tanques y Camiones  para Colombia Limitada ‘COVOLCO       Ltda.’  a  pagar la suma de veinte millones  ochocientos  mil  pesos  a favor de Flor Elva Páez y Esperanza Caballero Páez,  como   lucro   cesante   consolidado   derivado  de  la  conducta  de  homicidio  culposo”.   

Condenó    a   éstos   y   “al  llamado  en garantía  al  pago  de doscientos cincuenta (250) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes” por  concepto    de   perjuicios   morales”  y, “además,  deberán  cancelar  la  suma  de  siete millones doscientos cincuenta y tres mil  quinientos  diecinueve  ($7.253.519) pesos, como agencias en derecho” (se destaca).   

Dispuso  asimismo,  que  el  sentenciado  y  solidariamente  los terceros civilmente responsables, deberán pagar los valores  correspondientes  por perjuicios materiales y morales, así como las agencias en  derecho  “una  vez cobre  ejecutoria   la   presente   sentencia”.   

1.7.- Mediante providencia de 28 de septiembre  de   2009,   el   Tribunal   dispuso  “corregir  la  sentencia  proferida por esta Sala el veintiocho (28)  de  agosto  de  dos  mil  nueve  (2009),  excluyendo  de la condena impuesta por  perjuicios  morales  y  agencias  en derecho al llamado en garantía, COLSEGUROS  S.A.”.15   

Esta  decisión  la  adoptó  el  ad  quem,  atendiendo  el  hecho  que  en  la parte motiva de la referida sentencia, había  dispuesto  que “en cambio,  la  condena  al  pago  de  los  daños  y  perjuicios  no se hace extensiva a la  aseguradora  COLSEGUROS  S.A.,  pues  si  bien  mediante  resolución  del 28 de  octubre  de  2003 la Fiscalía dispuso vincular a dicha empresa en su condición  de   llamada   en   garantía,  nunca  se  notificó  esa  determinación  a  su  representante   legal”16.   

     

1.8.-   Contra  la  sentencia de segunda  instancia,   la   defensa  del  procesado  JAIME  CHAPARRO  RAMÍREZ17     y  representante   judicial   del   señor   GONZALO   VERA   CONTRERAS18,  vinculado  como   tercero  civilmente  responsable,  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  fue  concedido  por el ad quem19     y     presentó    la  correspondiente                demanda20, sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

2.- LA DEMANDA  

Después  de  resumir  los  hechos materia de  investigación  y juzgamiento y la actuación procesal llevada a cabo, así como  de  identificar  los sujetos procesales y la sentencia objeto del recurso,   el  demandante  señala  que  en  este  caso  resulta  procedente  la  casación  discrecional  prevista  por el inciso tercero del artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  y  con  apoyo en la causal primera de casación dos cargos formula contra  el  fallo  del  Tribunal,  en  los que lo acusa de haber incurrido en violación  indirecta  (cargo primero) y directa (cargo segundo) de disposiciones de derecho  sustancial.   

PRIMER  CARGO.   “Error   de   hecho  por  violación       indirecta       de      la      ley      sustancial”.   

Manifiesta  que  en  el  fallo  censurado  se  ignoró  “la  existencia  razonable  y  manifiesta  de  la duda partiendo de las pruebas, y pese a ello se  condena”.   

Considera  que las pruebas a las que se alude  por  el Tribunal en la sentencia de segunda instancia, al ser sometidas al tamiz  de  la  sana  crítica,  las reglas de la lógica y las máximas de experiencia,  denotaban  la existencia de la duda.  Menciona al efecto los testimonios de  Belcy     Gamboa,     César     Pérez    y    Yaneth    Basto,    “quienes  en  síntesis  precisan  que  vieron  subiendo  el  carro  tanque  por  la  vía  que de Bucaramanga conduce a  Cúcuta  y  en igual sentido que el carrotanque pasando la cicla atropelló a su  conductor   causándole   la   muerte”,  cuyas   manifestaciones  fueron  aceptadas  y  sirvieron  de  sustento al fallo.   

Refiere  seguidamente  el  dictamen  pericial  practicado  por  el  Instituto  Nacional de Medicina Legal, en el cual se indica  que  el camión se desplazaba aproximadamente entre 20 y 30 kilómetros por hora  por  el mismo carril, de la misma vía y sentido, produciéndose la interacción  en  determinado lugar del carril, sin que se pudiera ubicar el área probable, y  posteriormente  indicó  que  dicho  laboratorio aproximó una posible secuencia  del  insuceso  con  base  en  las  evidencias  objetivas  previamente conocidas,  correspondiéndole  a  la  autoridad  judicial  determinar si son hipotéticas o  no.   

A  continuación  señala  que  la  sentencia  ameritada  desconoce  la  existencia  razonable  y  manifiesta de la duda que se  evidencia  de  las  pruebas, toda vez que se plantea una relación probatoria de  contradicciones  en  la  que  concurren  pruebas a favor y en contra, de cargo y  descargo, de afirmaciones y negaciones.   

Refiere  seguidamente  que según la versión  del  conductor  Jaime  Chaparro  y  de  su  hijo Omar, se dirigían en el tracto  camión  por  la  vía  hacia  Cúcuta,  y  cuando  iban en una curva, apareció  intempestivamente  un  ciclista en contravía a quien se trató de esquivar pero  que  finalmente  golpeó  con  la  llanta  trasera  del  camión, atribuyendo el  accidente a la imprudencia del ciclista.   

El  recurrente  pregunta entonces si  el  ciclista  se  desplazaba  en  contravía o si por el contrario el tracto camión  invadió  el  carril  de  la  bicicleta y al pretender adelantarla acabó con la  vida de su conductor.   

Seguidamente  acude  a  lo  declarado  por la  testigo  BELSY  GAMBOA,  quien  refirió  haber visto a un ciclista que iba bien  orillado  y  fue  arrollado  con  las  llantas  de  la mitad del tracto camión,  precisó  las  características  del ciclista, la ropa que vestía y el color de  la  bicicleta,  pero  no pudo identificar siquiera el color del carrotanque. Sin  embargo,   dos  años  después,  en  torno  al  mismo  punto,  dijo que el  ciclista  iba  subiendo  y el carro tanque lo arrolló con el guardabarros de la  parte derecha trasera.   

Después  de  hacer alusión al testimonio de  Janeth  Basto  Orduz, quien refiere haber observado cuando la víctima subía en  su  bicicleta,  mira  hacia atrás y ve la tractomula, se orilla y se mete en la  cuneta  donde  fue  arrollado, el recurrente  considera cuestionable que el  ciclista  pudiera  transitar  sobre  la  cuneta  y  estima  que  tampoco resulta  verosímil  que  la  testigo  hubiera  podido  apreciar las circunstancia de las  chispas que se generaron con el rozamiento.   

Califica también de contradictorios estos dos  testimonios,   pues  mientras  Janeth  dijo  no  haber  visto  ningún taxi  delante del tractocamión, Belsy manifestó todo lo contrario.   

De otra parte, en torno a la prueba pericial,  sostiene  que  sólo  permite fortalecer la duda, pues dicho medio afirma que es  factible  que  el ciclista se desplazara en cualquiera de los dos sentidos y que  no  pudo  aplicar  fórmulas  matemáticas   al  punto de considerar que el  hecho  de no haberse podido dibujar el croquis a escala limita la determinación  de una probable área donde se pudo dar el contacto.   

Precisa que de conformidad con el artículo 29  de  la Carta Política, cuando en un proceso penal no hay certeza respecto de la  responsabilidad  del procesado, necesariamente se abre paso a la incertidumbre y  ésta  obliga  la  aplicación del principio in dubio pro reo determinante de la  absolución  del  procesado,  en  cuanto  el Estado no logró desvirtuar la  presunción  de  inocencia. Por dicha razón solicita casar la sentencia atacada  y   proferir  el  fallo  de reemplazo en que se absuelva al acusado, de los  cargos                     que                     le                     fueron  formulados.             

   

SEGUNDO CARGO.   Violación directa de la ley por interpretación errónea.   

Señala  que  el  fallo  objeto  del  recurso  extraordinario  fue  corregido  por  el  Tribunal  el  28 de septiembre de 2009,  “bajo una interpretación  equivocada  del  artículo  412  del  Código de Procedimiento Penal”, que establece que la sentencia no es  reformable  ni  revocable por el mismo juez o sala que la hubiere dictado, salvo  el  caso  de  error  aritmético,  en  el  nombre  del  procesado, o de omisión  sustancial en la parte resolutiva.   

En   este   caso,   el  Tribunal  corrigió  unilateralmente  el  fallo  inicialmente  proferido  el  28  de  agosto de 2009,  excluyendo   del   deber   indemnizatorio  a  la  Compañía  de  Seguros  y  en  consecuencia  agravando  la  carga  indemnizatoria  de  los  demás sujetos  procesales.   

Con   este   proceder,  dice,  “se  atentó  contra  la  seguridad  y  firmeza   de   los   fallos,   pues  el  magistrado  ponente  en  su  libérrima  discrecionalidad  hizo  una  hermenéutica  errónea  de  la norma anteriormente  transcrita  desconociendo el sentido gramatical de la misma que dispone como una  carga       procesal       para       los       intervinientes      ‘solicitada   la  corrección  de  la  sentencia’. Esto es, que  ante  la  intangibilidad  y  presunción de seguridad y firmeza se requería que  independientemente  del  yerro  el  impulso  procesal  de  alguno de los sujetos  procesales  para  enmendar  el  yerro.  Que  no  le es dable al fallador a mutuo  propio     (sic)    efectuar    ‘correcciones’              ”.   

En  lo  que  atañe  a  lo  que  el libelista  denomina  “demostración  de      la      intervención      necesaria     de     la     Corte”,  respecto de la primera censura  que  formula  en  la  demanda,   “considera   de   vital   importancia   para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  que  la  Corte  fije criterios en torno al posible análisis del  material  probatorio  cuando  en  debate del instituto in dubio pro reo el fallo  recurrido  ignora  la  existencia razonable y manifiesta de la duda partiendo de  las  pruebas  y se busca su reconocimiento postulando el debate dialéctico como  ‘Error  de  hecho  por  violación       indirecta       de      la      ley      sustancial’”.   

En   cuanto  concierne  al  segundo  cargo,  manifiesta  que  es  necesario  que la Corte fije alcances del artículo 412 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  torno  al  contenido  y  fin, en aras de  establecer la legitimación del juez para corregir la sentencia.   

Con  fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia recurrida y absolver a su asistido de los cargos que  le fueron formulados.   

SE CONSIDERA:  

1.-  La  Corte ha sido insistente en sostener  que  la  casación  discrecional  exige para su admisibilidad el cumplimiento de  varias  condiciones:  (i)  que  el  caso  no tenga casación común; (ii) que la  intervención  de  la  Corte sea necesaria para la protección de las garantías  fundamentales  o el desarrollo de la jurisprudencia, y (iii) que se presente una  demanda  que  cumpla las condiciones mínimas requeridas por la ley y la lógica  casacional para su estudio, en sus aspectos formal y sustancial.   

1.1.- El primer presupuesto implica demostrar  que  los  requerimientos  de procedencia de la casación común, previstos en el  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  por  razón  de la naturaleza de la  sentencia  impugnada, su origen, o la pena prevista para el delito por el que se  procede,  no  concurren  integralmente,  y que la vía de ataque es por tanto la  casación discrecional.   

De este modo, conforme a dicha normativa, la  casación  discrecional  procede  contra  las  sentencias  de segunda instancia,  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que  se  hubieren adelantado por delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo no exceda los 8  años,  y,  también,  contra  sentencias  de segunda instancia dictadas por los  Juzgados   Penales   del   Circuito,  independientemente  del  quantum  punitivo  establecido   en   la   ley   para   el  delito  por  el  que  se  profirió  el  fallo.   

1.2.-  El segundo, comporta acreditar que la  sentencia  impugnada desconoció un derecho fundamental específico que requiere  la  intervención  de  la  Corte para su protección, o que se está frente a un  tema  que  no  ha  tenido  desarrollo  jurisprudencial,  o  que  teniéndolo  es  necesario   replantear,   o   que   alrededor   suyo   se   presentan   posturas  interpretativas disonantes que es  indispensable unificar.   

1.2.1.-  Si el motivo de inconformidad radica  en   aducir  la  violación  de  un  derecho  fundamental,  el  demandante  debe  desarrollar  una  argumentación lógica dirigida a patentizar el desacierto. En  tal   medida,  le  compete  demostrar  que  el  juicio  se  llevó  a  cabo  con  desconocimiento  de  una  garantía  por  el  quebrantamiento  de  la estructura  básica  del  proceso o la actividad del juzgador, según sea el caso, e indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su concreto  conculcamiento con la sentencia ameritada.      

En  ese  sentido, insistentemente la Corte ha  precisado  que  cuando se aduce violación del debido proceso, se debe comprobar  la  existencia  de  la  irregularidad  sustancial  que  afecte la estructura del  sistema  que  lo  inspira.  Por ejemplo, falta de apertura de investigación, no  vinculación  del  procesado,  no  definición de la situación jurídica cuando  ella   sea   obligatoria,   o   ausencia   de  la  decisión  de  cierre  de  la  investigación;  desconocimiento  de la etapa de investigación y/o juzgamiento;  dentro  del juicio: de la fase probatoria y/o de debate oral; de formulación de  cargos    o    sentencia,    o   la   posibilidad   de   recurrir   en   segunda  instancia.   

En cuanto hace a la violación del derecho de  defensa,  es  de  cargo  de  quien la alegue determinar la actuación que estima  lesiva  de esta garantía fundamental, indicar las normas que fueron violadas, y  dejar  establecido cómo el vicio repercute negativamente en la validez del rito  llevado  a  cabo  y  por  qué  el  reo  fue  privado  de  oportunidades  que le  permitieran sacar avante posturas favorables a su situación.   

1.2.2.-  Si lo que se pretende con la demanda  es  que la Corte emita un pronunciamiento con criterio de autoridad en relación  con  determinado punto jurídico sobre el cual no exista suficiente ilustración  y  que  por  oscuro  deba  ser  clarificado  por  vía  jurisprudencial, resulta  indispensable   que   ello  se  diga  expresamente  en  el  escrito  respectivo,  indicándose   igualmente,   si   lo   que   se   pide  es  la  unificación  de  posiciones   encontradas  sobre  el  particular  con  señalamiento  de las  providencias  de  la  Corte, y no de otra autoridad o autoridades, en las que se  observa  posturas divergentes sobre una misma temática, la actualización de la  doctrina  hasta  el  momento  imperante  por  razón  de  las  nuevas realidades  jurídicas,  políticas,  económicas o sociales que compete precisar al censor,  o  el pronunciamiento sobre un tema aún no desarrollado. Además, debe señalar  de  qué  manera  la decisión demandada de la Corte presta el doble servicio de  solucionar  adecuadamente el caso y servir de guía como criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

1.3.-  La  tercera  exigencia,   por su  parte,   impone  cumplir  los  requerimientos  mínimos  de  forma  y  contenido  señalados  para  la casación común por el artículo 212 del estatuto procesal  penal,  a saber: (1) identificación de los sujetos procesales y de la sentencia  impugnada,  (2)  resumen  de  los  hechos  y  de  la  actuación procesal, y (3)  señalamiento  de  la  causal  invocada  y exposición de sus fundamentos, en la  forma  requerida  por  los  principios que rigen la casación y la lógica de la  causal planteada.   

En  todo  caso,  la  jurisprudencia  de  modo  reiterado  ha indicado que es competencia exclusiva de la Corte, en ejercicio de  su  discrecionalidad,  ponderar  la  fundamentación  expuesta  por la parte que  acude  a  dicho  instrumento,  y  decidir  si admite o rechaza el trámite de la  casación excepcional.   

2.-  Si  se  toma en consideración que en el  presente  evento la sentencia de segunda instancia fue proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bucaramanga por delito que tiene fijada pena  privativa  de  la  libertad  en su máximo inferior a ocho años (art. 109 de la  Ley  599  de 2000 que fija pena de 2 a 6 años de prisión), es claro que contra  ella  no  procede  la  casación  común,   sino  la  discrecional  que  el  demandante  invoca,  de manera que al haber ejercitado este derecho dentro de la  oportunidad  prevista  por  el ordenamiento, se colige que tales aspectos pueden  entenderse cumplidos.   

3.-  No  sucede  lo mismo, sin embargo, en lo  referente  a la obligación de fundamentar la solicitud frente a los motivos que  se  invoca  en orden a demandar la admisión de la casación discrecional por la  Corte,   ni  con  el  deber  de  enunciar,  desarrollar  y  demostrar,  clara  y  precisamente  los  cargos que al amparo de la causal que aduce pretende postular  contra el fallo de segunda instancia.   

El casacionista apenas sugiere la necesidad de  que  la Corte  admita el libelo para desarrollar la jurisprudencia en torno  al  principio  in  dubio  pro reo y garantizar el derecho fundamental del debido  proceso,  porque según dice los funcionarios judiciales se equivocaron al   no  dar  aplicación  al principio del indubio pro reo por haber incurrido en el  error  de hecho por falso raciocinio en la apreciación de la prueba, cuando, en  opinión  del  libelista,  estas sólo ofrecen dudas sobre las circunstancias en  que  el  hecho  tuvo realización y la responsabilidad del procesado, pese a que  han  debido  ser reconocidas para proferir sentencia absolutoria, y sin embargo,  según    dice,   no   se   hizo   debido   a   errores   en   la   apreciación  probatoria.   

Aquí ya se empieza a vislumbrar el yerro del  censor,   toda  vez  que  deja de indicar si lo que sucede es que no existe  ningún  pronunciamiento  jurisprudencial en relación con el anotado principio,  o  si  existiendo,  éste resulta ambiguo, contradictorio o desueto frente a las  nuevas   realidades   jurídicas,   nada   de   lo   cual   puede   suponer   la  Corte.   

De  otra  parte, al presentar su discrepancia  con   la  apreciación  que  los  juzgadores hicieron del dictamen pericial  rendido  por  el Instituto Nacional de Medicina Legal, la versión del procesado  y   las deponencias de los testigos que declararon en el curso del proceso,  patentiza   la   improcedencia   de   la  vía  extraordinaria  cuya  concesión  reclama.   

A  este  respecto es de reiterarse la postura  jurisprudencial  de  la  Sala,  en  el  sentido que por la senda de la casación  discrecional  no resulta posible denunciar errores de apreciación probatoria, a  menos  que  éstos  constituyan  defectos protuberantes que incidan en la debida  motivación de la sentencia.   

Al  efecto  la  Corte  se  ha  orientado  por  sostener    que    “en  principio,  las posibilidades reconocidas en la jurisprudencia para acceder a la  casación  discrecional  no  se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la  demanda,  es  decir,  a  discutir  la  valoración  judicial de los elementos de  convicción,  porque  en  esa  labor los jueces cuentan con la relativa libertad  que  se  desprende  de  la  sana  crítica,  a  no  ser  que se proponga que sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en cuanto obedecerían tales  deducciones   a   la   arbitrariedad  –ajena  a  un estado democrático y constitucional- y no a la razón  y   a   la   justicia”21,  pero es claro que  en  el  primer  cargo  el  casacionista  no  plantea  la nulidad de la sentencia por  defectos  de  motivación,  sino  lo  que  a su juicio constituyen errores en la  apreciación  probatoria,  para culminar en la particular exposición de que las  pruebas  no  evidencian  certeza  sobre  la  manera  como  los  hechos  tuvieron  realización  ni sobre la responsabilidad penal del procesado por lo cual debió  ser absuelto.   

Si se analiza detalladamente el sentido de la  pretensión,   se  observa  que  la discrepancia radica en cuanto a la duda  que  dice  se  presenta sobre  la dirección que llevaba la víctima,   el  lugar  donde  se  produjo  el  impacto  y  la parte del vehículo con que lo  atropelló,  ya que según el dictamen de Medicina Legal por la falta de croquis  no  se  puede  afirmar  el  lugar exacto en que se presentó la colisión, y los  testigos  no se ponen de acuerdo en torno a la dirección del ciclista, el lugar  exacto  del  impacto,  la parte del automotor con que se produjo y algunos otros  aspectos  como  el  color  de la ropa, de los vehículos o la presencia de otros  automotores  en  el lugar del hecho, pero no la demostración concreta de que al  apreciar  tales  medios, el juzgador se hubiese apartado de los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la ciencia, las reglas de experiencia, al punto que ni  siquiera  se  toma  el  trabajo de mencionar qué expresamente dicen cada una de  las  pruebas  que  menciona,  el  juzgador  qué  concluyó  de  ellas,  en qué  consistió  la  equivocación, ni cómo habría de verse corregida ésta en sede  extraordinaria.   

Es  de tal entidad la precariedad del ataque,  que  omite  indicar cuál habría de ser la apreciación correcta de los medios,  y  de  qué  manera,  su  ponderación  individual  y en conjunto con las demás  válidamente  recaudadas  y  sobre  las cuales eventualmente no concurre ningún  tipo  de  error,  daría  lugar  a  proferir un fallo sustancialmente distinto y  opuesto al que es objeto de censura.   

Quedando  entonces patentizado que no resulta  procedente  el  ejercicio  de la discrecionalidad con apoyo en la pretensión de  discutir  el  mérito  persuasivo  conferido  a  los  medios  por el fallador de  segunda  instancia,  sin  dificultad  alguna  cabe  concluir  que el  cargo  formulado  en  la  demanda  no  tiene  ninguna  posibilidad de ser admitido a su  estudio  de  fondo  por  la  Sala,  máxime  si  lo que pretende es que la Corte  confiera  particular  mérito persuasivo a los medios allegados a la actuación,  por  fuera  del declarado por el juzgador, sin que en dicha actividad se observe  manifiesto  distanciamiento  de  las  postulados  de la lógica, las leyes de la  ciencia o las reglas de experiencia.   

Y  en  cuanto  concierne al segundo reparo, a  más  de  no  indicarse,  menos demostrarse, cuál fue el vicio de garantía que  habría  cometido  por  el  juzgador  y  que  tornaría  procedente la casación  discrecional,  con  lo  cual  de  entrada  se  incumple el deber de acreditar el  presupuesto  de  admisibilidad  para  el  ejercicio  de la discrecionalidad, sin  dificultad  se  advierte que el reparo que al amparo de la violación directa el  recurrente  propone,  resulta  asimismo  inadmisible, toda vez que, como bien lo  indica,  sobre  el  tema  de  la irreformabilidad de la sentencia ya la Corte ha  dejado  sentado  su criterio, el cual no solamente fue certeramente aplicado por  el sentenciador, sino que no se observa necesario modificar ahora.   

Sobre    dicho    particular    la    Corte22   tiene  precisado lo siguiente:   

“El artículo 412  de  la  Ley  600  de 2000 señala que la sentencia es irreformable e irrevocable  por  el  mismo  juez o sala de decisión que la dictó, con excepción del error  aritmético,  en  el nombre del procesado o de omisión  sustancial en la parte resolutiva.   

“Asimismo  el  artículo  310  del  Código  de Procedimiento Civil prevé que toda providencia  judicial  es  susceptible  de corrección en cualquier tiempo por el juez que la  profirió,  cuando  en  ella  se  incurra  en  error  puramente aritmético o en  equivocaciones  contenidas  en  su parte resolutiva o que influyan en ella   debidas a omisiones, cambios de palabras o alteraciones de éstas.   

“Las  hipótesis  legales  conciernen  a  la  posibilidad  de  la  aclaración o la adición de la  sentencia  por  “omisiones  sustanciales  en  la  parte  resolutiva”  –inciso 2º  del  artículo 412- o bien por equivocaciones en su parte resolutiva u omisiones  que  tengan  incidencia  en  ella según la segunda disposición citada, lo cual  significa     que     el    juez    –singular  o  plural-  lo que puede es enmendar un error de carácter  objetivo  o  subsanar  un descuido u olvido de esta misma naturaleza (se destaca).   

“Cualquiera otra  pretensión  por  esa  vía  contraviene  los  mandatos  legales, porque una vez  adoptada  la sentencia y decididas las impugnaciones interpuestas contra ella el  mismo  juez  queda  impedido  para  hacer  nuevos  pronunciamientos  que  lleven  inmersos  juicios  de  valor  o  para  resolver  peticiones  que  no  le  fueron  propuestas  o  tratar  temas que tampoco fueron objeto de controversia a través  de     los     recursos    ordinarios”.   

Como  en  este caso la parte sustancial de la  sentencia  no  resultó  modificada  con  el  auto  aclaratorio  dictado  por el  Tribunal,  en  cuanto no cambió sus fundamentaciones, ni se introdujo razones o  argumentos  distintos  de  los  expresados  en la parte considerativa del fallo,  sino  que  éste permanece incólume en su fundamentación fáctica y jurídica,  la  corrección  resultaba  jurídicamente procedente conforme así procedió el  ad  quem,  como  en  tal  sentido también ha sido precisado por la Sala Civil y  Agraria  de  esta  Corporación en sentencia de 22 de mayo de 2000, con ponencia  del  Magistrado  Silvio Fernando Trejos Bueno, y la Sección Tercera del Consejo  de  Estado   en  auto  del  9  de  mayo de 1996, con ponencia del Consejero  Daniel  Suárez  Hernández,  según  cita  que  de  ellos  se hace por la Corte  Constitucional    en    la    Sentencia   T   104523  de 2003, en la cual además  se indicó:   

“Ahora bien. En la  sentencia         T-540        de        200324,   la   Corte,  al  decidir  respecto  de  la  acción  de tutela interpuesta contra las mismas sentencias de  primera   y  segunda  instancia,  estableció  que  la  contradicción  entre  la  parte  motiva y la parte resolutiva de la providencia  puede  ser  corregida haciendo uso del mecanismo establecido en el artículo 310  del     Código     de    Procedimiento    Civil.25  En  este  sentido,  dado  que la corrección bajo estudio se limitó a armonizar las  partes  motiva  y  resolutiva de la sentencia, se concluye, que (i) no adicionó  ningún  asunto  novedoso  al  conflicto  jurídico  resuelto en la sentencia de  segunda  instancia, y (ii) no fueron modificadas las razones principales por las  cuales  fue  adoptada  la  providencia  corregida. Más bien, la corrección era  necesaria   para   que   la   decisión   se   mostrara   consistente   con  sus  fundamentos.  En  este  orden  de  ideas, el auto bajo  análisis  no reformó los fundamentos de la sentencia corregida, y por ende, no  incurrió    en    vía    de    hecho”.   

Se advierte así, que de no haber procedido el  Tribunal  en  la  forma  en  que  lo  hizo,  habría  conducido nada menos que a  condenar  a  una persona jurídica que no había sido formalmente vinculada a la  actuación,  pese  a  que  respecto  de ella no se tomó ninguna decisión en la  primera  instancia  y  sin  que  dicha  determinación  hubiese  sido materia de  discusión  por  ninguna de las partes, razón por la cual resulta manifiesta la  inocuidad del reparo formulado por el demandante.   

En  este sentido no se ve claro cuál habría  de  ser la decisión de la Sala frente al cargo contenido en la demanda, pues de  darle  la  razón  al  libelista  quien  sostiene  que el Tribunal desbordó sus  facultades  al  corregir  la  sentencia, habría que concluir que se mantiene el  manifiesto   desacierto  que  oportunamente  pretendió  ser  corregido  por  el  funcionario  competente,  gracias  al  exagerado  culto  a  la  forma  sobre  la  prelación  que  merece  el  derecho  sustancial,  lo  cual repugna a la idea de  justicia  en  un  Estado  Social  y  Democrático de Derecho como que en nuestro  medio se halla en proceso de construcción.   

4.- Lo observado en ultimas en la demanda, es  la  inconformidad  del recurrente con la declaración de los hechos y el mérito  persuasivo  conferido  por el fallador ad quem a los medios de prueba recaudados  en  el  proceso,  y  el  uso  de los instrumentos legales para corregir un yerro  oportunamente  advertido,  pero  sin  llegar  a demostrar la necesidad de que la  Corte  proceda  a  desarrollar la jurisprudencia sobre un determinado tópico, o  garantizar  derechos  fundamentales  del  acusado, presuntamente trasgredidos en  las  instancias,  como para que se diera cabida a la casación discrecional para  un       caso       en       el      que      no      concurre      la      vía  común.            

Como quiera entonces que el casacionista omite  fundamentar  clara  y  precisamente  los  motivos  que  los  llevan a invocar el  ejercicio  de  la discrecionalidad por la Corte; los cargos que formula resultan  inidóneos  para  conmover  la juridicidad del fallo que se pretende combatir y;  además,  de  la  revisión de lo actuado no se observa violación de garantías  fundamentales  que  tornen  viable  el  ejercicio de la oficiosidad por la Sala,  resulta  inexorable tener que inadmitir la demanda y disponer la devolución del  diligenciamiento al  Tribunal de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E:   

INADMITIR la demanda  de  casación  discrecional presentada por el defensor del procesado  JAIME  CHAPARRO  RAMÍREZ  y  a  su  vez  apoderado  del  tercero  civilmente responsable GONZALO  VERA  CONTRERAS,  por lo anotado en la motivación  de   este   proveído.   En  consecuencia  SE  DECLARA  DESIERTO el recurso.   

Contra  esta  providencia   no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase al Tribunal   de origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                             JAVIER    DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Fl. 5  cno. 1   

2 Fls.  29 y ss. cno. 1   

3 Fls.  1 y ss. cno. Parte Civil.   

4 Fls.  13 y ss cno. Parte Civil.   

5 Fl.  200 cno. 1   

6 Fls.  218 y ss. cno. 1   

7 Fl.  223 cno. 1   

8 Fls.  226 cno. 1   

9 Fls.  261 y ss. cno. 1   

10 Fls.  2 y ss. cno. 2   

11  Fls. 19 y ss. cno. 2   

12  Fls. 17 y ss. cno 2.   

13 Fl.  37 cno. 2   

14  Fls. 5 y ss. cno. Trib.   

15 Fl.  27 cno. Trib.   

16  Pág. 14 sentencia de segunda instancia.   

17 Fl.  36 cno. Trib.   

18 Fl.  38 cno. Trib.   

19  Fls. 41 cno. Trib.   

20  Fls. 53 y ss. cno. Trib.   

21  Cfr. Auto cas. de 9 de febrero de 2005. Rad. 23055   

22  Cfr. Auto de Casación. junio 22 de 2005. Rad. 23453   

23“La Corte Suprema de Justicia también  ha  establecido  que  la  corrección  de  providencias judiciales en virtud del  artículo  310 Código de Procedimiento Civil cabe en los casos en los cuales el  juez  encuentra  la  necesidad, a petición de una de las partes o de oficio, de  enmendar  errores  relacionados  con  las  expresiones  utilizadas  en  la parte  resolutiva,  que  no  guarden  concordancia con la parte motiva de la sentencia.  Por  ejemplo,  la  Sala de Casación Civil y Agraria, en sentencia de 22 de mayo  de  2000, MP Silvio Fernando Trejos Bueno, corrigió el sentido de la condena en  costas  de  la  parte  demandante a la demandada. La Corte afirmó lo siguiente:  “(…)   Las  condenas  en  costas  de  las  instancias son de cargo del demandado y que si en  lugar     de     éste     se     emplearon     los    términos    “parte      demandante”,   obedeció   a   un   lapsus  por  alteración  de  palabras que puede ser corregido en cualquier tiempo, de oficio  o  a  petición  de  parte, según dispone el artículo 310 C. P. C.”    En  el  mismo  sentido,  el  Consejo  de  Estado,  al  corregir  la  parte resolutiva de una sentencia que no  estaba  relacionada  con  la  parte  considerativa,  manifestó que “si   bien  se  procede  a  hacer  la  corrección  aritmética  solicitada,  de  ninguna  manera  se modifica la parte  sustancial   de  la  sentencia,  no  se  cambian  sus  fundamentaciones,  no  se  introducen  razones o argumentaciones distintas de las ya ampliamente expresadas  en  el  fallo.  Este  permanece  incólume  en  su  fundamentación  fáctica  y  jurídica,  y  sólo  por  razón  de  la corrección aritmética el valor de la  condena  se  modifica.  En  realidad  se  procede a corregir la inclusión   equivocada  de unos valores que manifiestamente la Sala había desechado para no  comprenderlos  dentro  del  monto  condenatorio determinado en la sentencia. Tal  inclusión  obviamente  modificó  el  resultado  aritmético  proyectado por el  juzgador.  Se sumaron por error unos factores que no correspondía sumar porque,  se  repite,  los  mismos  habían  sido expresamente desestimados. Incluir en la  liquidación  tales sumados cuya validez o eficacia económica indemnizatoria se  había  excluido,  originó un resultado aritmético errado en cuanto que iba en  contrario  del  criterio  muy  claro,  preciso  y explícito del fallador,   consignado  en forma indubitable en el párrafo de la página 109 referido, cuyo  contenido   conceptual,  no  fue  contrariado  en  la  sentencia”.  (Sección  tercera,  auto  de 9 de mayo de 1996, CP: Daniel Suárez  Hernández)”.   

24 MP  Jaime Araujo Rentería.   

25 En  dicha  ocasión,  la  Corte  dispuso:  “Como   es  evidente,  las  equivocidades  en  que  incurrieron  los  juzgadores  en  el  proceso  ejecutivo  singular que se siguió en contra de los  intereses  del  actor,  no  tienen  la  virtualidad de engendrar vía de hecho y  menos  aún  cuando  para  enderezar  sus yerros se utilizaron los medios que el  ordenamiento  jurídico   ha  establecido,  como  lo  es  la posibilidad de  corregir  errores  puramente  aritméticos,  que  establece el artículo 310 del  Código de Procedimiento Civil.”     

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