31131(07-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 31131  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  105          

Bogotá,  D.C.,  siete  de  abril  de dos mil  diez.   

Decide  la  Corte  el  recurso de reposición  interpuesto  por  el  defensor  del  sentenciado HAROLD  LEÓN  BENTLEY,  contra  la providencia por cuyo medio  inadmitió  la  demanda  de  revisión  presentada  contra  el  fallo  de única  instancia  proferido  el 1º de noviembre de 2007 por la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  mediante  el  cual  se  condenó al   accionante  a  la  pena  de 144 meses de prisión, como consecuencia de hallarlo  penalmente  responsable  del concurso de delitos de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales y peculado por apropiación.   

HECHOS  

La  cuestión  fáctica  fue declarada por la  Corte de la manera siguiente:   

“A  través  de  escrito  anónimo  llegado  inicialmente  a la Procuraduría Judicial de Mitú y  luego  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  se  conoció  que en 2001 la  Gobernación  de  Vaupés  celebró  los  contratos  112  de  17  de  julio y su  adicional  01  de 9 de octubre, 150 de 17 de septiembre, 216 de 10 de diciembre,  229  de  17  de  diciembre,  253,  254  y  256  de 24 de diciembre, 262 de 28 de  diciembre,  283  y  289  de 31 de diciembre, destinados todos, con excepción de  los  dos  últimos,  a  desarrollar  obras  de  adecuación  y  mantenimiento en  distintas  escuelas  departamentales  y,  los  restantes,  a  la adquisición de  bienes.   A   través   de   estos  contratos  se  comprometieron  recursos  del  departamento  en  cuantía  de  quinientos  treinta  y ocho millones trescientos  cuarenta mil setecientos sesenta y ocho pesos ($538.340.768).   

“Se señaló que en  el  trámite  de  los  mencionados  contratos  se  omitieron  requisitos legales  esenciales  de  la  contratación  estatal;  particularmente,  la  contratación  directa  a la cual acudió la gobernación, no consultó procedimientos básicos  de  planeación  y  selección  objetiva  y, por tal causa, algunos contratos se  adjudicaron  a  personas  no idóneas para ejecutarlos o distintas de quienes se  hicieron  figurar  como  contratistas,  pues  sus  reales  beneficiarios  fueron  algunos  Diputados  de  la  Asamblea  Departamental  de  Vaupés y el Contralor,  inhabilitados para celebrar con el Estado este tipo de acuerdos.   

Se estableció, además, que los contratos 283  y  289,  al  igual  que el convenio interinstitucional 005 generaron sobrecostos  del  orden  de  ochenta  y  cuatro  millones  trescientos  setenta  y  cinco mil  ochocientos  nueve  pesos  ($84.375.809)”.   

          La demanda.   

Con  apoyo  en la causal tercera, el defensor  del  sentenciado  HAROLD  LEÓN  BENTLEY  solicitó la revisión de la sentencia  proferida   por   la   Corte   y  que  “se   modifique   en   cuanto   a   suprimir   la   declaración  de  responsabilidad  respecto  al  delito  de  peculado  por apropiación a favor de  tercero,  en  concurso  homogéneo,  a  la  vez  que se modifique a su favor las  consecuencias  punitivas  luego de esa nueva declaración de condena”.   

Señaló  que  de  acuerdo  con  la sentencia  dictada  por  la  Corte,  la  condena por el concurso de delitos de peculado por  apropiación     se     produjo     por     los     sobrecostos     “inferidos  del  convenio 005 del 27 de  diciembre  de  2001  por  suministro  de  víveres  y granos para las escuelas y  colegios  rurales del Departamento del Vaupés  con la Cooperativa Proteger  A.C.;  y  del  contrato  No. 289 del 31 de diciembre de 2001 para compra de seis  microscopios   para  los  colegios  José  Eustacio  Rivera  y  Agropecuaria  de  Acaricuara       con       el       señor      Jacinto      Fonseca”.   

Manifestó  que  en  relación  con  el  Convenio  No.  005 de 2001, para la  compra  de  los  víveres  necesarios  para  la  alimentación  en los colegios,  escuelas  e internados rurales del Departamento de Vaupés, por la suma de   $240.818.000,  la  Corte  estimó  que se presentó un sobrecosto del orden de $  38.317.326.   

Afirmó       que      “para  llegar  a  esta  conclusión, la  Corte   tomó   como   base   la   cotización  que  solicitó  la  Contraloría  Departamental   del   Vaupés   a  almacenes  ALKOSTO  de  Villavicencio  en  la  investigación  fiscal  que  adelantaba  por estos hechos de acuerdo con la cual  esos  víveres  tendrían  un  precio  para  esa  época,  de $127.771.954, y al  sumársele  a  esa  cifra  el valor del transporte aéreo entre Bogotá y Mitú,  que  se  tomó  igualmente  de  la  afirmación  inicial que hiciera ese Ente de  Control,  por  valor  de $38.000.00, más $21.075.550 por costos indirectos como  consecuencia  de  los  gastos correspondientes a la contratación estatal, y una  utilidad   de   $15.653.170,   el   total   sería  de  $202.500.674”.   

Indicó       que      “la  Corte  tomó como fundamento para  esta  contabilización  de precios la información inicial que tuvo en cuenta la  Contraloría  en  el  Pliego  de  Cargos.  En  ese  ejercicio  tomó como único  referente  en  torno al precio del transporte de los víveres el señalado en el  informe  rendido  por  la  Contraloría,  tasado  en  la  suma  de  $38.000.000;  reconociendo  también  que  el sobrecosto deducido finalmente debía corregirse  sobre  la  base  que  en  los  costos  indirectos  se debía incluir también la  utilidad  correspondiente,  para  finalmente  tasar  el sobrecosto en la suma de  $38.317.326,   dando   por   demostrado  entonces  el  delito  de  peculado  por  apropiación  frente  a  este  convenio”.     

    

Expresó  que  en el juicio no se conoció ni  tampoco  fue  objeto de valoración en el fallo, la nueva prueba documental y la  decisión  de  la  Contraloría  Departamental  en  que  se decidió archivar el  proceso  de  responsabilidad  fiscal,  “por   considerar  que  la  prueba  allegada  no  permitía  inferir  responsabilidad        alguna        a        los       contratistas”,   por   cuanto  la  imputación  se  formuló  con  fundamento en una cotización expedida por el almacén Alkosto de  la  ciudad  de  Villavicencio  y  no de un establecimiento de comercio de Mitú,  cuyo  original  no  reposa  en  el expediente, sino una fotocopia enviada por el  fax,  y  además, porque con fecha 2 de julio de 2007 la empresa Aerocarga Islas  certifica  que  el  valor del kilo de carga transportada entre aeropuertos en la  ruta  Bogotá-Mitú,  para los meses de diciembre de 2001 y enero de 2002 fue de  $1.200,  de  modo  que si se transportaron 53.077 kilos por concepto de mercado,  el  costo  del  transporte  sería de $63.692.520, que sería el valor cancelado  por la firma Proteger.   

Observó         “que   la  defensa  en  memorial  que  contenía  resumen  básico,  complementario,  a  la  intervención  oral  en la  audiencia  pública en el proceso objeto de revisión, llamó la atención sobre  la  presunta  cotización, resaltando más su valor simbólico que otra cosa, en  la  medida  en  que  no se ceñía a los precios referenciados por almacén para  todos   los   víveres,   ni  atendía  a  los  precios  de  mercado  en  Mitú,  requerimiento  que  exigía  la  ley  de  contratación, que es lo que realmente  interesaba  a  la investigación; amén de la forma como llegó al proceso (vía  fax)   pero  con  las  manipulaciones   y  anotaciones  al  margen  que  se  advertían.  Hoy,  se reitera, es el mismo ente fiscal en las decisiones citadas  el    que    reconoce   las   inconsistencias   de   ese   documento”.   

Estimó          “claro  que  con  posterioridad  a  la  sentencia  condenatoria  proferida  por la Corte, se recaudaron nuevos elementos  probatorios  que  a  su  vez  sirvieron de soporte para la decisión final de la  Contraloría   de   cesar   cualquier   acción   fiscal   a  los  contratistas,  descartándose  en  consecuencia  cualquier detrimento patrimonial de los bienes  del    Departamento   del   Vaupés   respecto   a   este   convenio”.   

Concluyó que la información recogida en los  inicios  de la investigación de la Contraloría, que sirvió de fundamento para  proferir  el  fallo  de  condena  en  el  proceso  penal  a  través  de  prueba  trasladada,  dejó de ser tal luego que la misma entidad recaudara otras pruebas  que  la  llevaron finalmente a revalorar de manera conjunta el acervo probatorio  y cesar cualquier acción fiscal sobre el asunto.   

Consideró      que      “si el fundamento del proceso penal se  estructuró  sobre  prueba  derivada  de  la  investigación  fiscal  y en ésta  sobrevino  prueba  en  el sentido de descartar el citado detrimento patrimonial,  resulta  indisolublemente  necesario  y  atendible  proyectar  sus efectos en el  proceso  penal  para descartar igualmente la existencia de un punible (peculado)  que  se  estructura  sobre la misma base, esto es, el detrimento patrimonial del  Estado”.   

Sostuvo  que  las decisiones proferidas en la  investigación  fiscal,  surten  efectos  en  el  proceso  penal,  tal  como  se  determina  en  el artículo 271 de la Carta Política y las disposiciones que la  desarrollan,  principalmente  la  Ley  610  de  20001.   

En  el  acápite  que  en la demanda el actor  denominó    “soporte  documental  de  la  solicitud  de  revisión  y  modificación  de  la sentencia  demandada,       respecto       del       convenio      en      cita”,  allegó  fotocopias de la  resolución  de  30  de  octubre  de  2007,  mediante  la  cual  una profesional  especializada   de   la   Contraloría  Departamental  del   Vaupés,   resolvió  decretar  el  cese de la acción fiscal a favor de los señores David  Amézquita  Driss, en su condición de Secretario de Educación Departamental, y  Jhon  Jairo  Escobar  Escobar, en su calidad de representante legal de Proyectos  Técnicos  Gerenciales,  decisión  que  a  su  vez  fue  confirmada  en segunda  instancia    por   el   Contralor   Departamental   del  Vaupés,  mediante  providencia   de   diciembre   12   de   2007,   al   resolver   el   grado   de  consulta.          

Asimismo,   adjuntó   fotocopia   de   la  certificación  de  fecha  2 de julio de 2007, expedida por la empresa Aerocarga  Islas   Ltda.,   y   relacionada  con  el  valor  del  kilogramo  de  mercancía  transportado  en  la  ruta  Bogotá-Mitú, para los meses de diciembre de 2001 y  enero     de     2002,     que,     según     el    demandante,    “sirvió  también como fundamento para  que   la   Contraloría   Departamental   cesara  cualquier  acción  fiscal  de  responsabilidad,  no  conocida  ni  valorada  por  la  H. Corte Suprema  al  momento        de        dictar        sentencia        condenatoria”.   

Con      respecto      “al  delito  de  peculado  deducido del  contrato  No.  289  del 31 de diciembre de 2001 para compra de seis microscopios  para  los  colegios  José  Eustacio  Rivera y Agropecuaria de Acaricuara con el  señor  Jacinto  Fonseca”,  por  razón del sobrecosto en cuantía de $3.522.900, precisó que el fundamento  que  tuvo  la  Corte  para  deducir  la  realización  del delito de peculado en  relación  con  el  citado  contrato,  la  Corte  lo  determinó  a partir de la  cotización  No. 0141-2001 emitida por el distribuidor Vilabquim Ltda., el 15 de  julio  de  2002.  “Se dice  por  la Corte, que por el contrario en el expediente no obra factura de compra a  partir  de  la  cual  se  pueda  inferir  el  costo  de los microscopios para el  proveedor  y,  por  tanto,  se  recurrió  a  la  citada cotización”.   

Después de reproducir algún aparte del fallo  proferido  por  la  Sala,  advirtió  que  en  el  proceso no se adujo -ni en la  sentencia  fue objeto de valoración-, la nueva prueba documental y la decisión  de  la  Contraloría  Departamental,  mediante  la  cual  decidió  archivar  el  trámite  de responsabilidad fiscal, a través de resolución proferida el 17 de  agosto  de  2007,  confirmada en segunda instancia por vía de la consulta el 13  de  noviembre  de  ese  mismo  año,  “por   considerar  que  la  prueba  allegada  no  permitía  inferir  responsabilidad   alguna   al   Gobernador   Harold   León  Bentley”.   

Señaló que en la investigación seguida por  la  Contraloría  Departamental  de  Vaupés por estos hechos, se solicitó otra  cotización,  allegando  al  expediente  la  remitida por el Laboratorio Artilab  Limitada,  en  la que cotizó cada uno de los microscopios, según su listado de  venta  al  público  para  el  año  2001,  a  razón  de $1.650.000 y $620.000,  respectivamente,   según  la  referencia,  precios  a  los  cuales  había  que  agregarles  el  16%  de  IVA, lo cual significa que tales elementos tendrían un  costo total de $6.704.800.   

Además,      dijo,      “el  señor  Jacinto Fonseca allegó a  la  Contraloría  Departamental la factura No. 0251 expedida por BIOFIS, fechada  el  11 de enero de 2002, en la cual consta que dichos microscopios los adquirió  Franklin  Fidel  Torres  en Bogotá, incluido el IVA, en $6.969.280 y que se los  vendió  a  Jacinto  Fonseca en la suma de $7.888.000, como consta en la factura  0160,  fechada  17 de enero de 2002, que también allegó a ese expediente junto  con  un  escrito  donde explica contablemente los gastos que fue necesario hacer  como  consecuencia  de  esa  contratación,  y  de conformidad con lo que había  expuesto  previamente  en su testimonio”.   

Consideró     entonces    “claro  que  con  posterioridad  a  la  sentencia  condenatoria  proferida  por la Corte, se recaudaron nuevos elementos  probatorios  que  a  su  vez  sirvieron de soporte para la decisión final de la  Contraloría  de  cesar  cualquier  acción  fiscal  contra  el Dr. HAROLD LEÓN  BENTLEY  y los contratistas, descartándose en consecuencia cualquier detrimento  patrimonial  de  los  bienes  del  Departamento  del  Vaupés  respecto  a  este  contrato”.   

Bajo    el    título   de   “soporte documental de la solicitud de  revisión  y  modificación  de la sentencia demandada, respecto del contrato en  cita”, adjuntó fotocopia  de  la  decisión  que el 17 de agosto de 2007 la Contraloría Departamental del  Vaupés  adoptó  en  el  proceso  de  responsabilidad  Fiscal adelantado contra  HAROLD  LEÓN BENTLEY y  JACINTO FONSECA, con relación al contrato No. 289  de  2001; la decisión de segunda instancia proferida, por vía de consulta, por  la  Contraloría  Departamental  del  Vaupés  el  13  de noviembre de 2007, que  confirma  la  del  17  de agosto mediante la cual se dispone el  cese de la  acción  fiscal  en  el  citado  proceso.  Señaló  que  esta  decisión no fue  conocida  ni  valorada  por  la  Corte  al  momento  de  proferir  la  sentencia  condenatoria.   

Allegó asimismo una cotización expedida por  el  Laboratorio  Artilab  Ltda.,  en  la  que  suministra los precios, según su  listado  de venta al público para el año 2001, de cada uno de los microscopios  objeto  del  contrato,  y  fotocopia de la factura No. 0251 expedida por Biofis,  fechada  el  11  de enero de 2002, en la cual consta que dichos microscopios los  adquirió  Franklin  Fidel  Torres  en  la  ciudad  de  Bogotá,  en  la suma de  $6.969.280  incluido  el  IVA  y  se los vendió a Jacinto Fonseca en la suma de  $7.888.000   como   consta   en  la  factura  0160  de  fecha  17  de  enero  de  2002.   

A  más  de lo anterior, adjuntó el poder en  cuyo  ejercicio  actúa, y fotocopia del fallo de única instancia proferido por  la Corte.   

La providencia impugnada.  

Por auto proferido el dieciocho de agosto de  dos  mil  nueve,  teniendo presente los requisitos establecidos por el artículo  222  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corte inadmitió la demanda  de    revisión    presentada    a    nombre    del   sentenciado   HAROLD  LEÓN  BENTLEY, tras considerar que  la  prueba  anunciada  para demostrar los fundamentos básicos de la acción, no  ofrece  en  estricto  rigor  técnico  aporte ex novo, como quiera que no revela  hechos  desconocidos  por  el  juzgador,  ni informa sobre variantes de un hecho  conocido,   con  capacidad  para  derruir  la declaración de verdad que la  sentencia  contiene.  Destacó,  por  tanto,  que  el demandante no logró hacer  evidente,  de manera clara y precisa, los fundamentos fácticos y jurídicos del  motivo de revisión que adujo.   

El recurso.  

En      escrito      oportunamente  presentado2,  el  defensor  del  sentenciado  manifiesta  interponer recurso de  reposición  contra la decisión mediante la cual la Corte inadmitió la demanda  de revisión.   

Con   la   pretensión   de  sustentar  su  inconformidad  con la providencia adoptada por la Corte, sostiene que además de  acompañar  como  soporte  documental de la solicitud de revisión, la decisión  de  la  Contraloría  departamental del Vaupés, allegó certificación del 2 de  julio  de  2007 expedida por la sociedad Aerocarga Islas Ltda., en relación con  el  valor  del  kilogramo  de  mercancía  transportada entre los aeropuertos de  Bogotá  y  Mitú,  correspondiente  a los meses de diciembre de 2001 y enero de  2002.   

Considera  que  dicha  certificación no fue  conocida   dentro  del  proceso  penal  -“más  aún  teniendo  en  cuenta  las  prevenciones  que   se  originaban  en  la  cotización  que para la época  obraba  dentro  del  proceso,  tales  como  que  no  se  ceñía  a  los precios  referenciados  por  el  almacén  para  todos  los  víveres,  ni atendía a los  precios  del mercado en la Capital de Vaupés, como las evidentes manipulaciones  que   se   presentaban  sobre  el  fax”-,  desdibuja  la  configuración  de  un  detrimento  patrimonial  y  desvirtúa por completo el que se hubiese actuado al  margen de la ley.   

Estima  que,  de  acuerdo al contenido de la  sentencia  en la que se le restó credibilidad a la certificación aportada como  prueba  del precio pagado por el traslado de los víveres,  este documento,  expedido  con  posterioridad  al  fallo por la empresa Aerocarga Islas Limitada,  “descarta  la existencia  de  un  sobre  precio,  lo  que forzosamente debe tener incidencia respecto a la  responsabilidad  penal” de  su  representado,  “toda  vez,  que  para  proferir sentencia en su contra, se consideraron valores que no  correspondían  a  los reales, lo que permite concluir que mal se puede sostener  un      detrimento      patrimonial     donde     no     lo     hubo”.   

Enfatiza  que  la  Corte,  para  proferir la  decisión  de  condena,  tuvo en cuenta un documento controvertido, “sin   que   se   hubiese  tenido  la  posibilidad  de conocer la certificación que obraba dentro del proceso de   responsabilidad  fiscal que daba claridad absoluta sobre los valores”,  siendo  esta  la razón por la cual  insiste  en sostener que existe una prueba nueva que no pudo ser considerada por  parte de la Corte.   

   

En  lo  que  tiene  que ver con el delito de  peculado  por apropiación deducido del contrato número 289 del 31 de diciembre  de  2001,  señala  que  el  sobrecosto  se establece a partir de la cotización  número  0141-2001  expedida por el distribuidor VILABQUIM LTDA., de fecha 15 de  julio de 2002.   

No  obstante,  dice,  con posterioridad a la  sentencia  condenatoria  se  aportaron dentro de la investigación fiscal que se  adelantaba  por  parte  de la Contraloría Departamental, pruebas con las cuales  se  descarta  el  que  se hubiese podido presentar detrimento patrimonial de los  bienes del Departamento.   

Señala  que  además  de  archivar  las  diligencias  a  favor  de su representado, dentro de la investigación fiscal se  acompañó  una  cotización  expedida por Artilab Ltda, en la que se precisa el  valor  de  cada  uno  de  los  microscopios,  así como fotocopia de una factura  expedida  por  Biofis  de  fecha  11 de enero de 2002, donde se hace constar que  fueron  adquiridos por parte del señor Franklin Fidel Torres quien a su vez los  dio  en  venta  al señor Jacinto Fonseca, persona que declara no solamente ante  el     órgano     de     control     Fiscal     sino     ante     la     propia  Corte.                   

Afirma que en el fallo de la Corte se indica  que  en  el  proceso  no  obra  factura  de  compra a partir de la cual se pueda  inferir  el  costo  de  los  microscopios  para  el  proveedor,  por lo que debe  recurrirse  a la cotización expedida por Vilabquim Ltda., aportada dentro de la  investigación   Fiscal.   Concluye,   entonces,   que  se  cuenta  “con  prueba  nueva  que  había  sido  echada  de  menos  por  la  propia  Sala,  que  acredita  el  valor  de  los dos  elementos”.   

Dice  que  su  pretensión  no es revivir un  debate,   ni   insistir   en   que  la  no  responsabilidad  fiscal  excluye  la  responsabilidad  penal,    sino que se considere por parte de la Corte  que  respecto  al  delito  de  peculado por apropiación existen pruebas que, si  bien  se  aportaron  dentro  de  la  investigación  fiscal,  no se alcanzaron a  conocer  dentro  del  proceso penal, y que desvirtúan un detrimento patrimonial  para el Departamento y, por ende, la comisión del delito.   

                

   

             SE CONSIDERA:   

La   jurisprudencia  de  esta  Corte  tiene  establecido  que   si los recursos ordinarios tienen como finalidad brindar  la  posibilidad  de  que  la  judicatura  pueda  enmendar  aquellos  errores que  objetivamente  aparezcan  en  las  providencias  judiciales,  mediante una nueva  oportunidad  para  su  examen, el de reposición constituye un medio para que el  juez  -en  este  caso la Corte- vuelva sobre la decisión proferida y, si es del  caso, la revoque, reforme, aclare o adicione.   

Para   estudiar   su  viabilidad,  ha  sido  dicho,    es  necesario,  a  más  de  la  oportuna  manifestación  de  su  ejercicio,  que  se motive el recurso, es decir, que por escrito se expongan las  razones  de  hecho  y de derecho por las cuales la providencia objeto de recurso  está  errada,  a  fin de que proceda su revocación o modificación3.   

En  el  evento sub judice, se observa que los  argumentos  que  expone  el  defensor  del sentenciado HAROLD LEÓN BENTLEY para  insistir  en  su pretensión, no conducen a adoptar una decisión distinta de la  asumida  por  esta  Corporación  cuando  se  inadmitió la demanda de revisión  presentada a favor de su asistido.   

Tómese en cuenta que en la oportunidad en que  se  calificó  la  idoneidad  del  libelo,  con apoyo en la jurisprudencia de la  Sala4,  la Corte precisó que el actor en revisión no solamente tiene el  deber  de  seleccionar cuidadosamente el motivo que pretenda invocar en apoyo de  su  pretensión  y  las  pruebas  en  que  se  funde, sino que, además, dado el  carácter  eminentemente  técnico  y  rogado  que el instrumento ostenta, es su  obligación  indicarle  a la Corte, mediante la presentación de una exposición  lógica  y  racional, de qué manera se demuestra la configuración de la causal  escogida,  y  cómo  los  fundamentos  fácticos  y jurídicos que presenta, dan  lugar a derruir el fallo cuya remoción persigue.   

La  Sala  agregó  que  si el ejercicio de la  acción  se apoya en el motivo tercero de los previstos por el artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto es, por aparecer hechos o pruebas sobre  las  cuales  el  fallador  no  tuvo  oportunidad de pronunciarse por no haberlas  conocido  y  que,  de  haberlo  hecho,  habrían  conducido definitivamente a la  absolución  o a declarar el estado de inimputabilidad del procesado en el hecho  por  el  que  en  su  contra  se  dictó condena, compete al demandante no sólo  relacionar  las pruebas en las que funda su pretensión, sino acompañarlas a la  demanda,  y  acreditar  al  tiempo  que  de haber sido  oportunamente  conocidas  en el curso de los debates ordinarios del proceso, por  su  contundencia  demostrativa  la  decisión  no  podría  ser  diversa  de  la  absolución  del  sentenciado  o  la  declaración de haber actuado en estado de  inimputabilidad.    

En  dicho  pronunciamiento  la  Sala reiteró  además,  la  postura jurisprudencial de la Corte, expuesta en el sentido de que  “el  ejercicio  de  la  acción  con  fundamento  en  la  causal  tercera del artículo 220 del estatuto  procesal  penal, exige acreditar el cumplimiento de los siguientes presupuestos:  a)  surgimiento  de  hechos  nuevos  o  de pruebas no conocidas al tiempo de los  debates  en las instancias ordinarias del trámite; b) que el acontecer fáctico  esté  ligado  a  la conducta punible materia de investigación y juzgamiento; y  c)  que  las  pruebas aducidas sean aptas para establecer en grado de certeza la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  o  de  tornar  cuando  menos  discutible   la   verdad   declarada   en   el  fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente        mantenerse”.   

Precisó  la  Corte,  asimismo,  que en dicha  hipótesis,  “no se trata  de  aducir  cualquier clase de medio de convicción, sino solamente aquellos que  apunten  a  establecer  la  inocencia  del procesado o su inimputabilidad,   pues  la  revisión,  en cuanto a esta causal se refiere, no tiene por finalidad  la  continuación  del  juicio  que  terminó  con la ejecutoria de la decisión  judicial   que   hizo   tránsito   a   cosa   juzgada,   o  revivir  el  debate  jurídico-probatorio  llevado  a  efecto  en  el  aludido  proceso,  sino  la de  permitir   un   cuestionamiento   serio   y  respaldado  probatoriamente,  a  la  declaración  de  justicia  con  que se culminó definitivamente la controversia  procesal”.   

En  relación  con  el  motivo  de revisión  específicamente  aducido  en  este caso, la Sala observó que la invocación de  un  fallo  de  exoneración  de responsabilidad fiscal resulta improcedente para  los  fines de la causal de revisión en que se apoya el libelista, y agregó que  los  medios  de  prueba  que  allega,  y  en los que se basó la definición del  juicio  fiscal, no conducen a establecer la inocencia del sentenciado, y tampoco  constituyen  elementos de convicción novedosos, en los términos fijados por la  jurisprudencia:   

En este sentido, en la decisión ameritada se  precisó   parte  de  la  Sala,  que  “la   certificación   expedida  por  la  sociedad  Aerocarga  Islas  Ltda.,  nada  informa  en relación con los costos de  ejecución  del  convenio  005  de   2001,  y  la  cotización  emitida por  Artilab  Limitada no indica  que  ella  hubiese  sido obtenida por el sentenciado con ocasión del proceso de  contratación   que   llevó   a   cabo,   pero   en   todo  caso,  resulta  claro  que  ninguno de los aludidos documentos desvirtúa,  sino  que  por  el contrario confirma, el hecho cierto de la vulneración de los  principios  que  rigen  la  contratación estatal, entre ellos los de selección  objetiva,  transparencia  y  economía, pues ninguno de los citados contratistas  estaba  en  condiciones  de  ejecutar por sí mismo los aludidos contratos, sino  que  debían  subcontratar  para  tales  efectos, incrementando por razón de la  intermediación  los  costos  reales  de  los bienes finalmente adquiridos, como  así  se  indicó  en  la  acusación  y  se  señaló en el fallo, ‘el  sobreprecio  detectado se vincula  además  a  la  irregular  escogencia  de  los  proveedores,  pues  los elegidos  actuaron   como   intermediarios   de   quienes  fueron  los  reales  ejecutores  ’     ”    (se  destaca).   

Como  quiera que ninguno de dichos argumentos  es  rebatido  en  la sustentación del recurso de reposición interpuesto por la  defensa,  la  decisión  objetada  resulta  inconmovible,  máxime  si lo que se  observa  es  tan solo una reiteración de la pretensión basada en la existencia  de  una  cotización  y  una  factura que sirvieron de soporte a la decisión de  exoneración   de   responsabilidad  fiscal,  inane  para  los  propósitos  que  persigue,  y  no  la objetiva demostración de que en el proceso de adquisición  de  los  bienes  contratados,  no solamente se cumplieron todos los principios y  valores  que  rigen la contratación estatal, sino que se respetaron los precios  representativos  del  mercado, se tuvo en cuenta que los contratistas estaban en  capacidad  de  suministrar los bienes contratados sin ser simples intermediarios  de  los  proveedores  incrementando  los  costos,  y  que en verdad, las pruebas  aducidas,  analizadas en conjunto y siguiendo las reglas de la sana crítica con  las  demás  en  que se soportó la declaración de condena,  objetivamente  demuestran,  que  a  través  de  la  contratación  no  se menoscabó el erario  departamental,  entre  otros  aspectos  considerados  en el fallo cuya remoción  persigue  y  que  sin  embargo  no  son  objeto  de  ponderación  por parte del  recurrente.   

Se  tiene,  entonces,  que  no  asistiéndole  ninguna  razón  al  libelista, como para que la Corte reconsidere el sentido de  la decisión asumida, se mantendrá la providencia impugnada.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E:  

NO   REPONER   la  providencia  objeto  de  impugnación, mediante la cual se inadmitió la demanda  de  revisión propuesta a nombre del sentenciado HAROLD  LEÓN BENTLEY.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

GUILLERMO          ANGULO  GONZÁLEZ                                      RICARDO CALVETE RANGEL   

                    Conjuez                                                                Conjuez-Excusa justificada   

DIEGO       EUGENIO      CORREDOR  BELTRÁN                      PATRICIA CASTRO DE CÁRDENAS   

                        Conjuez                                                             Conjuez-Excusa justificada   

ALFONSO            DAZA  GONZÁLEZ                                          ABEL DARÍO GONZÁLEZ SALAZAR   

Conjuez-Excusa   justificada                                                                    Conjuez   

MAURICIO           LUNA  BISBAL                                           CARLOS BERNARDO MEDINA TORRES    

              Conjuez                                                                                    Conjuez   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1“Por  la cual se establece el trámite  de   los   procesos   de   responsabilidad   fiscal   de   competencia   de  las  contralorías”.   

2 Fls.  77 y ss. cno. Corte   

3 Cfr.  auto de revisión de agosto 21 de 1997. Rad. 10926.   

4 Cfr.  auto de revisión, abril 17 de 2002. Rad. 17897.     

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