31898(05-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31898  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  241  

Bogotá D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  nueve (2009).   

V    I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  MILLER ALBERTO RUIZ  PEÑA.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segundo grado, así:   

“Tienen génesis  el  7  de  mayo  de 2006, hacia las 6:20 de la mañana, cuando se reportó a las  autoridades  de  policía  en  la  Carrera  17C  No.  64-22  sur  (Bogotá),  se  presentaba  un  caso  de  violencia familiar, haciendo presencia en el lugar los  uniformados  que  ascienden  al  segundo  piso de la residencia donde ocurrían,  hallando  al  señor Miller Alberto Ruiz Peña, quien entrega voluntariamente un  revólver  marca llama No. IM3224N, presentando un salvoconducto vencido para el  mismo;  una  vez fuera de su residencia y antes de ser trasladado a la estación  de   policía,  fue  practicada  una  requisa  hallándole  en  la  pretina  del  pantalón,  parte  trasera  una pistola marca MAB 9×19 mm, No. PA15604508, sobre  la  que  no  presentó documentación alguna, dándose de esta manera su captura  cuando   carecía   del   respectivo  salvoconducto,  sin  ofrecer  explicación  satisfactoria sobre su procedencia.”   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.   Por  razón  de  los  hechos  narrados,  en audiencia  preliminar   que   se  realizó  el  7  de  abril  de  2006  ante el Juez 34 Penal  Municipal           de          Bogotá  con  Funciones  de  Control  de  Garantías,   se   legalizó  la  captura     de     MILLER    ALBERTO    RUIZ  PEÑA,  como  también  el  procedimiento    de    incautación   de   arma   de  fuego   y  se  le  formuló    imputación  por   el   comportamiento  punible  de  tráfico,    fabricación    o   porte   de   arma   de   fuego   o  municiones     (artículo    356    del    Código  Penal)  a  instancias  de  la  Fiscalía 291  Seccional de esta ciudad, despacho que se abstuvo de solicitar  la  imposición de medida de aseguramiento  en  contra  del  indiciado.    

2. El escrito  de  acusación fue radicado por el  Fiscal  135  Seccional   de  Bogotá  el  26  de mayo de 2006; en él se le  imputó  a  MILLER  ALBERTO  RUIZ  PEÑA  el  comportamiento  punible  del  cual fue objeto de imputación, en  concurso homogéneo.   

La  actuación  fue  asignada al Juzgado 7º  Penal  del  Circuito  con  Función  de Conocimiento de Bogotá el 8 de junio de  2006;  ante  dicho  despacho,  el  Fiscal  adicionó el escrito de acusación, a  través   de   memorial   presentado   el  19  de  septiembre  del  mismo  año,  “comoquiera  que  el  imputado  no  suscribió  el  preacuerdo,     pese     a     que     así     lo    solicitó”.   

El    Juzgado   reseñado   llevó  a  cabo audiencia de formulación  de  acusación  el  20  de  septiembre  de  2006.   En  dicha diligencia, la  fiscalía formuló acusación por la conducta punible  detallada en el escrito de  acusación,  esto  es,  el  porte  ilegal  del  revólver  marca  Llama y la pistola marca MAV, pero  aclaró  que  retiraba  la  imputación a título de concurso  homogéneo.   

El  12    de   marzo   de   2007     tuvo     lugar    la    audiencia  preparatoria;  en  ella,  la  fiscalía  anunció las  siguientes          estipulaciones:  la  plena  identidad  del  acusado,  certificación  del  INDUMIL, antecedentes y fijación  fotográfica            del           arma1.   

La           audiencia  del  juicio  oral  se  desarrollo a través de sendas sesiones que tuvieron lugar el  3 y 26 de marzo de 2007.   

Es  relevante  anotar  que  durante  dicha  diligencia,  antes  de la práctica probatoria, la Juez a cargo del juicio oral,  luego  de  objetar  la  manera  antitécnica  en  que  la  fiscalía propuso las  estipulaciones, precisó:   

“Es   una  estipulación  compendiada,  varios aspectos compendiados  indebidamente en  un  solo  escrito  de  estipulación  y  que  amerita  entonces  las  siguientes  claridades:   Se  estipula  [i]  la  plena  identidad  de RUIZ PEÑA MILLER  ALBERTO;  [ii]  se  estipula la existencia y contenido del oficio de INDUMIL, en  el  que se indica que no existe permiso para porte de arma de pistola, calibre 9  milimetros,  para  RUIZ  PEÑA;  [iii]  se  estipula  la  cadena de custodia, su  contenido,  en torno al revólver que también fuera hallado a RUIZ PEÑA, y que  no  es objeto de la acusación formal, por lo menos en relación con el proceso;  podría  pensarse que entonces no tiene sentido su aducción, pero hace parte de  la  situación fáctica y el engranaje general en que es hallada una y otra arma  al  señor  RUIZ;  [iv]  se  estipula  la  fijación  fotográfica de las armas,  juntas,   además   de   [v]   la   no  existencia  de  antecedentes  para  RUIZ  PEÑA.” (minuto 18)   

En  la  última  sesión de la audiencia de  juicio  oral,  la Juez anunció el sentido   condenatorio   del   fallo,   luego   de  lo  cual  concedió  la palabra a los intervinientes para que se pronunciaran  conforme  lo  dispuesto  en  el artículo 447 de la Ley 906 de 2004.   

El  Juzgado  de  Conocimiento,  en audiencia  llevada   a   cabo   el   14   de   julio   de   2008   profirió   sentencia,   por   medio   de   la   cual  condenó   a  MILLER   ALBERTO  RUIZ  PEÑA  a  la  pena  principal  de  16  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por término igual al de la pena  privativa   de   la   libertad,  como  coautor  del  comportamiento  punible  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones, al tiempo que le  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena.    

3.  La decisión  fue  apelada por el defensor  del    procesado    y  confirmada   en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, a  través   de   del   12  de  febrero  de  2009.    

Inconforme  con la decisión del Tribunal,  el   defensor  del  procesado  MILLER  ALBERTO  RUIZ  PEÑA       interpuso      el      recurso  extraordinario  de casación y  presentó oportunamente la correspondiente demanda.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor   del  procesado    MILLER    ALBERTO   RUIZ   PEÑA  formula      dos  cargos  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, así:  uno  principal  de  falso juicio de  legalidad         y         otro,     subsidiario     del    anterior,   por   falso   juicio   de   identidad.   Los  argumentos  que  sustentan cada uno, se resumen  así:   

Primer cargo: violación indirecta de la ley  sustancial  por  vía  del  error de derecho, en la modalidad de falso juicio de  legalidad.   

El  casacionista,  al amparo de la causal de  casación  que  describe  el  numeral 3 del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  acusa  la  sentencia por desconocer las reglas de producción de la prueba sobre  la cual ha sido fundada la sentencia.   

En  sustento  del  reproche, el casacionista  señala  que  la  prueba  de  la  existencia  del  arma  de  fuego  –y,  en  consecuencia, la materialidad  del  comportamiento  punible  imputado- fue demostrada a través de su fijación  fotográfica  y no mediante la introducción del arma, como elemento material de  prueba.   

Agrega  que  la  prueba de la existencia del  arma   fue   obtenida   con   desconocimiento   al   derecho  fundamental  a  la  inviolabilidad  del  domicilio,  pues  la señora EVELYN ROMERO CARRILLO, vecina  que  requirió la presencia de la policía por razón del altercado familiar que  se  presentaba  en el domicilio del procesado, solamente autorizó la entrada de  la  Policía  hasta su propio lugar de habitación, ubicado en el primer piso de  la  edificación,  mas  no al segundo piso donde residía el procesado, tal como  aquella lo expresó en su testimonio rendido en juicio.   

En  apoyo  del  anterior  aserto,  el censor  apunta  que  del  testimonio  de  EVELYN  ROMERO  CARRILLO y de la Intendente de  Policía  MÓNICA  PINZÓN,  quien atendió el caso, se desprende que la primera  reside  en  el  primer piso de la edificación, que requirió la presencia de la  autoridad  policial  para  tender  un caso de violencia intrafamiliar que tenía  lugar  en  el  segundo piso de la misma y, por último, que dio su anuencia para  que  los  servidores  públicos ingresaran al primer piso de la edificación, es  decir,  al  ámbito  de  su  propio  domicilio,  mas  no al segundo.     

El   recurrente   admite  la  apreciación  probatoria  del  sentenciador,  según  la  cual   EVELYN  ROMERO  CARRILLO  consintió  el  ingreso  de los policiales al primer piso del inmueble.  No  obstante,  asegura  que  la  aprehensión  del  arma  estuvo  viciada porque los  policiales     ingresaron     al     domicilio    del    procesado,    sin    su  consentimiento.   

Al  mismo  tiempo,  critica  la apreciación  probatoria  del  Tribunal,  según  la cual, conforme el artículo 208 de la Ley  906  de  2004, el ingreso de los policías no fue arbitrario porque el altercado  era  evidente,  su  presencia  fue  requerida  por  una  persona residente en el  predio,  quien  autorizó su entrada, y porque los servidores públicos actuaron  en cumplimiento de funciones legales y constitucionales.   

Complementa  su razonamiento advirtiendo que  los   policías,   para   legitimar   su   ingreso,    debieron   confirmar  “la  existencia  de  amenazas  o  vulneración  de  derechos    fundamentales    o   bienes   jurídicamente   tutelados”,  lo  cual  no  se  evidenciaba  del requerimiento formulado por  EVELYN  ROMERO  CARRILLO.   Además,  descalifica  la  explicación  de  la  Intendente  de  Policía  MÓNICA  PINZÓN,  quien  aseguró  que el aprehendido  portaba  un  arma,  pues  la  violación de domicilio ya había tenido lugar con  anterioridad al hallazgo del artefacto bélico.    

Al  mismo tiempo, el impugnante sostiene que  las  reglas  de  la  experiencia  enseñan  “que una  persona  a  la  cual  se le vulnera su domicilio de manera arbitraria, actúa de  manera  exaltada  y  hasta  agresiva, pues está tratando de proteger un derecho  que        le        es        constitucionalmente        reconocido”.   

Como  conclusión  del  cargo,  el libelista  sostiene  que  como  la  prueba  de  la  existencia  del  arma  fue obtenida con  violación  de   garantías fundamentales, entonces  debe ser excluida  de  la actuación; así las cosas, queda sin piso la materialidad de la conducta  punible de porte ilegal de arma de fuego.   

Segundo cargo: violación indirecta de la ley  sustancial  por  vía  del  error  de  hecho, en la modalidad de falso juicio de  identidad.   

Con apoyo en el numeral 3º del artículo 181  del  Código  Penal  de  la  Ley  906  de  2004,  el  recurrente denuncia que el  sentenciador   desconoció  las  reglas  de  apreciación  de  la  prueba.    

Sostiene,  en  apoyo  de  su  tesis,  que el  fallador  dio  por  demostrada  la existencia de la pistola 9 mm., marca MAB, al  apreciar  que  aquella  había  sido  el  mismo  artefacto que se le incautó al  procesado  y  que  fue  presentada  en  el  juicio,  a  través  de su fijación  fotográfica  -la  cual  fue  objeto  de  estipulación  probatoria  antes de la  audiencia-,  motivo  por  el  cual no se requería de su presentación material,  como tampoco del testimonio del policial que la incautó.   

Con este antecedente, el casacionista centra  su  reproche  en la apreciación de la estipulación del álbum fotográfico que  se  refiere  a la pistola marca MAB, por cuanto, de manera indebida, a partir de  ella  se dio por demostrada la materialidad el arma de fuego. Apunta que si bien  es  cierto  existe  una estipulación probatoria al respecto, también lo es que  ésta  fue  modificada en la audiencia de juicio, en el sentido de que solamente  abarcaba  la fijación fotográfica de las dos armas incautadas, una de ellas la  pistola  marca  MAB, mas no su cadena de custodia, en la medida que solamente se  estipuló  sobre  la  cadena de custodia del revólver marca Llama, mas no de la  pistola marca MAB.   

Por lo anterior, el recurrente censura que el  yerro  de  Tribunal  estuvo  en  haber  tergiversado la estipulación que versó  sobre  la  fijación  fotográfica  de  la  pistola,  pues  incluyó  hechos  no  contemplados  en  ella,  particularmente  su  cadena  de  custodia, es decir, el  procedimiento  que  garantiza  la  prueba  de  su correspondencia o mismisidad.   

El  impugnante  reprocha  el  argumento  del  Tribunal,  según el cual no era necesaria la introducción material del arma de  fuego  al juicio, pues su existencia fue admitida a través de la estipulación;  dicha  afirmación  –dice  el    casacionista-    fue   errada   porque   la   estipulación   –una  vez  modificada  en  el  juicio-  solamente  comprendió  la  fijación  fotográfica  de  las  armas,  mas  no su  correspondencia  con  la  incautada  al procesado. De manera que el sentenciador  tergiversó    el    contenido   de   la   estipulación   porque   –al  contrario  de  lo  que informa su  texto  –  la  hizo  incluir la cadena de custodia de la pistola marca MAB.    

Enseguida,  sostiene  que existen hechos -en  particular,   la   identidad   del   funcionario   que   realizó  la  fijación  fotográfica,   la   experticia  balística  y  la  ostensible  parcialidad  del  testimonio  de  la Intendente MÓNICA PINZÓN-,  que conducen a predicar la  duda  probatoria  sobre  si  la  pistola  así  fijada  fue  o no  la misma  incautada al procesado.   

En conclusión, señala que la estipulación  probatoria  que  versó  sobre  la fijación fotográfica de la pistola no puede  dar   por   demostrada   la   existencia   de  ese  instrumento  en  el  juicio,  “toda  vez que no se podía garantizar el principio  de  mismisidad”.   Por  lo  tanto,  como  no se  podía  admitir la existencia del arma, tampoco podía condenarse por el punible  de porte ilegal de arma de fuego.   

Con  apoyo  en  los  anteriores  cargos,  el  recurrente  solicita  a  la  Corte  que case el fallo y, en su lugar absuelva al  procesado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo  el  sistema  procesal,  la  casación  se concibe como un medio de  control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  con  ocasión de los procesos a través de los cuales se investigan y  juzgan  comportamientos punibles, cuando las decisiones proferidas o el trámite  surtido afectan derechos o garantías procesales.    

Por  lo  mismo,  ha  de concluirse que este  recurso  extraordinario  es  consecuencia natural de la función que ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según lo determina el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  la   citada    Ley    906,    para   que   la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el interés que le  asiste   para   recurrir   a   esta  sede  extraordinaria,  así  como  la   afectación   de   derechos   o   garantías  fundamentales;  para   ello,   deberá    formular    y    desarrollar   los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.”   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”2.   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  motivo por el cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia  no  resulta  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación,  se reitera, compete al libelista.     

2.  Teniendo  en  cuenta  los  anteriores  lineamientos,  la  Corte  advierte  que  los cargos  formulados      no      reúnen      los     presupuesto     de     trascendencia,   autonomía  y  debida fundamentación, pues no acreditan  un  yerro con incidencia en la parte dispositiva del fallo impugnado, razón por  la  cual,  desde ya, anuncia su inadmisión.   

3.  En efecto,  a  través  del  primer cargo,  orientado  como violación indirecta de la ley sustancial, por vía del error de  derecho,   en   la   modalidad   de  falso  juicio  de  legalidad,  el recurrente sostiene que la aprehensión  del  objeto  material  –la  pistola  9  calibre  milimetros,  marca MAB- violó garantías constitucionales,  toda  vez  que  los  policiales  que la realizaron no tenían autorización para  ingresar a la morada del procesado.   

La vía de ataque seleccionada, le permita a  la  Corporación  reiterar  que  el  falso  juicio  de  legalidad,  tiene  lugar  cuando  el  juzgador  otorga  validez  a  uno  o  a  algunos  medios  de  convicción que han sido aducidos al  proceso  sin  las formalidades exigidas, o bien cuando omite su apreciación por  estimar  erróneamente  que  el  medio  de  prueba  no  reúne los requisitos de  validez.    

Cuando el ataque en casación se dirige por  esta  vía,  al  demandante  le  corresponde  identificar la prueba sobre la que  recayó  el  falso juicio de legalidad, así como demostrar la trascendencia del  yerro,  enseñando  a  la  Corte  de  qué manera al excluir la apreciación del  medio  inválido,  o bien incluyendo la de aquel que obra legalmente, al lado de  los  demás  medios  de convicción que soportan la decisión impugnada, se hace  necesario modificar su sentido.   

Vistos los anteriores derroteros de cara al  desarrollo  del cargo, al contenido de la sentencia y a la realidad procesal, se  observa  que  el  reproche versa sobre un asunto que ya fue resuelto durante las  instancias,  se  desvía  de  la  vía  de  ataque seleccionada -pues incurre en  cuestionamiento   la   apreciación   probatoria-  y,  en  últimas,  carece  de  razón.   

3.1    Lo  primero,  por  cuanto  tal  como se observa en el acta  correspondiente     a     la    audiencia    preliminar    de    “legalización  de captura, de elementos incautados, formulación de  la  imputación”  celebrada  el  7 de abril de 2006,  ante  el  Juzgado  34  Penal  Municipal  de  Bogotá con Funciones de Control de  Garantías  de  la  URI  de  Ciudad  Bolívar,  tanto  la  captura del procesado  MILLER  ALBERTO  RUIZ  PEÑA,  como   también   la  incautación  de  la  pistola   que  portaba,  fueron  declarados legales.   

Téngase   en   cuenta  que  –al  contrario  de  lo  que sugiere el  casacionista  con  el planteamiento formulado- la incautación de la pistola que  ilegalmente     portaba    RUIZ    PEÑA  no  puede escindirse de su captura, en la medida en que la primera  se  produjo  de  manera  casi  simultánea con la segunda, y fue su consecuencia  natural, lógica y directa.   

Es  así  que,  respecto  de  la captura de  MILLER ALBERTO RUIZ PEÑA, el  Juez   con   Función   de   Control  de  Garantías  expresó:  “El  Juzgado  imparte  legalidad  al  procedimiento  de  captura del  indiciado  al  considerar que no se violaron derecho fundamentales ni garantías  constitucionales,  y  el  procedimiento  se  ajustó  a  la  normatividad  penal  vigente…  el  indiciado  fue capturado en situación de flagrancia”  (minuto  17-24 de la respectiva audiencia).  Enseguida, de  manera  consecuente,  precisó  (minuto  44):  “El  Juzgado  declara  la  legalidad  de la incautación de una pistola 9 milimetros,  marca   Smith   Wesson,   No.   PA15604508,   con  fines  de  comiso…  comoquiera  que el arma incautada en este caso, que constituye  el  objeto  material  del  hecho  delictivo  que  se ha imputado por parte de la  fiscalía,  fue incautado en un procedimiento al cual  se  le  ha  impartido  igualmente legalidad, como fue la captura del indiciado y  aquí  imputado  ahora,  corre  la  misma  suerte  esa incautación ”  (la  Sala subraya), decisión que no podía ser diferente, pues  si  los  agentes  estaban  legitimados para privar de la libertad a MILLER  ALBERTO RUIZ PEÑA en su domicilio,  naturalmente  también  lo  estaban  para aprehender los elementos ilícitos que  portaba en ese mismo lugar.    

De manera que la legalidad de la captura del  procesado  y la consiguiente incautación de la pistola que portaba respetó las  garantías  fundamentales,  tal  como  lo  declaró  la actuación desde su más  remoto  comienzo.  Así  pues,  el  asunto  quedó dirimido en la etapa procesal  correspondiente.   

3.2    En  segundo  término,  el censor plantea que los miembros  de  la  Policía  Nacional  han debido verificar “la  existencia  de  amenazas  o  vulneración  de  derechos  fundamentales  o bienes  jurídicamente  tutelados”  y  sostiene  que  dichas  amenazas  no  se  evidenciaban  del  requerimiento  formulado  por EVELYN ROMERO  CARRILLO.   Además,  descalifica  la  explicación  de  la  Intendente  de  Policía  MÓNICA  PINZÓN y censura que el fallador debió aplicar una regla de  experiencia  según  la  cual  “que una persona a la  cual  se le vulnera su domicilio de manera arbitraria, actúa de manera exaltada  y  hasta  agresiva,  pues  está  tratando  de  proteger  un  derecho  que le es  constitucionalmente reconocido”.   

Con este tipo de razonamiento el recurrente  se  desvía  de la senda de ataque escogida, ya que abandona la demostración de  la  ilegalidad  en  la  aducción de la prueba para incurrir, en su lugar, en un  cuestionamiento  a  la apreciación probatoria del juzgador, quien concluyó que  en  verdad  la amenaza era inminente (pág. 6, decisión de 2º grado), al punto  que  calificó los hechos que dieron lugar a la presencia de los policiales como  un   caso   de   violencia  intrafamiliar,  conducta que resulta ser de relevancia penal.  Tal aserto se  corrobora  con  la  afirmación planteada, desde el inicio de la actuación, por  el  Juez  de  Control  de Garantías quien precisó que el procesado había sido  capturado en situación de flagrancia.     

A   dicha   apreciación   probatoria  el  impugnante  le  opone  la suya propia, según la cual las razones por las que la  vecina   EVELYN   ROMERO   CARRILLO  –a  la  vez  hermana  de  la  mujer  presuntamente  agredida  por  el  profesado-   requirió   la   presencia   policial   no  permitían  inferir  un  comportamiento  de  tal naturaleza, al tiempo que lamenta que el sentenciador no  hubiese aplicado la regla de experiencia que pregona.   

Así desarrollado el cargo, se advierte con  claridad    la    violación    al    principio   de  autonomía  de  los  motivos  de  casación,  pues  el  libelista  abandona  los presupuestos del falso juicio de legalidad y se adentra  en    los    terrenos    de    un   –por   demás,   mal   desarrollado-  falso  raciocinio.   

3.3    Por  último, la Corporación encuentra que, aún cuando el  motivo  que  aduce  el  impugnante  pudiera  ser  objeto de estudio en esta sede  extraordinaria,  lo  cierto  es  que en realidad el argumento según el cual fue  ilegal  la  incautación  de  una  pistola al procesado por cuanto los policías  estaban  autorizados  para ingresar al primer piso de la casa, mas no al segundo  -donde  tenían lugar los hechos constitutivos de violencia intrafamiliar- no es  más  que  una habilidosa y nada convincente interpretación probatoria distinta  a    la    del   juzgador,   pues   –aparte   de   que,  como  se  advirtió,  los  hechos  de  violencia  intrafamiliar  que  se  presentaron  en  el  segundo piso del inmueble en verdad  ameritaban  la intervención policial, por su naturaleza eminentemente delictiva  y  la  amenaza  contra  la  integridad  de  menores de edad- lo cierto es que si  EVELYN  ROMERO  CARRILLO se desplazó en horas de la madrugada a un CAI cercano,  con  el  fin  de  requerir  la presencia inmediata de la policía al escuchar el  escándalo  que  provenía  de  la  residencia  de  su  propia  hermana, resulta  inconsecuente   sostener  que  autorizó la presencia de la fuerza pública  en  su  propia  residencia  y  no  en  el lugar donde se presentaban los hechos,  constitutivos de agresión intrafamiliar.    

Más  aún: según lo apreció la sentencia  –y  así mismo lo admite  el  libelista-,  la  propia deponente –aunque  a  regañadientes- admitió haber impartido la autorización  que     aquél     echa     de     menos,     afirmación    que    –insiste  la Corte- el censor pretende  desconocer    anteponiendo    su    propia   interpretación   probatoria.    

Por todo lo anterior, como ya lo advirtiera  la  Sala,  el  argumento  que desarrolla el primer cargo adolece de indebida    fundamentación,   viola   el  principio  de  autonomía  de  las  causales  y resulta intrascendente frente al  contendido  del fallo impugnado y la realidad procesal, motivos suficientes para  ser  inadmitido  a esta sede  extraordinaria.   

4.   A  través  de  un  segundo       cargo      –postulado   como   subsidiario   del  anterior-  el  casacionista sostiene que el fallador tergiversó el contenido de  las  estipulaciones  que  versaron sobre la fijación fotográfica de la pistola  marca  MAB,  pues  el  funcionario  judicial  de  conocimiento  entendió que el  acuerdo   incluía  también  lo  relativo  a  su  cadena  de  custodia,  cuando  –según  asegura-  dicho  aspecto fue expresamente excluido en la audiencia del juicio.   

Es  así que el censor insiste en que en la  audiencia  del  juicio  se  modificaron  las  estipulaciones  anunciadas  en  la  audiencia  preparatoria,  en  el  sentido  de  que éstas no incluían la cadena  custodia  de  la  pistola,  marca MAB.  Ante todo, la Corporación constata  que  en verdad, tal como lo señala el impugnante, la Juez de Conocimiento, tras  censurar  la  manera antitética en que la fiscalía propuso las estipulaciones,  precisó   –como  en  el  acápite  de antecedentes procesales quedó detallado- aquellos hechos objeto de  estipulación,  dentro  de los cuales no se incluyó la cadena de custodia de la  pistola calibre 9 milimetros, marca MAB.   

La  Corte  observa  que, no obstante que al  recurrente  le  asiste razón en cuanto a la modificación de las estipulaciones  en  la  etapa  del juicio, no por ello el falso juicio de identidad que denuncia  encuentra materialidad.   

Lo anterior por cuanto lo que el impugnante  reprocha  es que no hay certeza en cuanto a la cadena de custodia de la pistola,  cuya  existencia  fue  fijada a través de álbum fotográfico, es decir, que no  se  garantizó  el  principio  de  mismisidad  de  la  prueba,  y  que el sentenciador dio por acreditado ese  elemento  como  consecuencia  de  la tergiversación de una estipulación.    

Así  planteado  el reproche, resulta claro  que  el  casacionista  dirige  su  argumento  a  un terreno que se aparta de los  fundamentos  de  la vía de censura seleccionada, para caer los del falso  raciocinio, pues las irregularidades  en  la  cadena de custodia es asunto que tiene incidencia en el poder suasorio o  credibilidad  de la prueba, tal como la Corte lo ha precisado, en los siguientes  términos:   

“La cadena de  custodia,  reglamentada en los artículo 254 y siguientes de la Ley 906 de 2004,  también  tiene  como  finalidad  demostrar  la  autenticidad  de  los elementos  materiales probatorios y evidencia física.   

La  manera  de  introducir las evidencias,  objetos  y  documentos  al  juicio oral se cumple, básicamente, a través de un  testigo  de  acreditación, quien se encargará de afirmar en audiencia pública  que  una  evidencia,  elemento,  objeto  o  documento  es lo que la parte que lo  aporta dice que es.   

La  cadena de custodia, la acreditación y  la  autenticación  de  una  evidencia,  objeto,  elemento  material probatorio,  documento,   etc.,  no  condicionan  –como  si  se  tratase de un requisito de legalidad- la admisión de  la  prueba que con base en ellos se practicará en el juicio oral; ni interfiere  necesariamente   con   su   admisibilidad   decreto  o  práctica  como  pruebas  autónomas.  Tampoco  se  trata  de  un problema de pertinencia. De ahí que, en  principio,  no  resulta  apropiado discutir, ni siquiera en sede casacional, que  un  medio  de  prueba es ilegal y reclamar la regla de exclusión, sobre la base  de cuestionar su cadena de custodia, acreditación o autenticidad.   

Por  el  contrario, si llegare a admitirse  una  prueba respecto de la cual, posteriormente, en el debate oral se demuestran  defectos  en  la cadena de custodia, indebida acreditación o se pone en tela de  juicio  su  autenticidad,  la verificación de estos aspectos no torna la prueba  en    ilegal    ni    la    solución   consiste   en   retirarla   del   acopio  probatorio.   

En  cambio, los comprobados defectos de la  cadena  de  custodia,  acreditación  o  autenticidad de la evidencia o elemento  probatorio,  podrían  conspirar  contra la eficacia, credibilidad o asignación  de  su  mérito  probatorio,  aspectos  éstos  a los que tendrá que enfilar la  crítica la parte contra la cual se aduce.   

La última es la solución adoptada por el  Código  de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), al sentar en el artículo 273  los  criterios  de  valoración:  “La  valoración de los elementos materiales  probatorios  y  evidencia  física  se  hará  teniendo  en cuenta su legalidad,  autenticidad,  sometimiento  a  cadena de custodia y grado actual de aceptación  científica,  técnica  o  artística  de  los  principios  en  que  se funda el  informe.”3   

Véase, por otra parte, que el juzgador dio  por  demostrado que la pistola fijada de manera fotográfica -y así introducida  al juicio- era la misma que se le incautó al procesado.    

Así  lo  estimó el sentenciador de primer  grado:   

“Igualmente,  soportando   el   factor   objetivo   se   cuenta  con  el  álbum  fotográfico  (estipulación  probatoria  No.  4, introducida como prueba No. 2) que da cuenta  en  seis  imágenes  del  arma  de  que  se trata, así una de primer plano a lo  existente  en  el  contenedor,  es decir a la pistola y que realiza LUIS ENRIQUE  CÁCERES  ACUÑA,  no  en vano también debe destacarse  cómo en el álbum  fotográfico  se dejan fijadas, no solo el arma revólver que primero es hallada  en  poder  y  empuñadura  de  RUIZ  PEÑA, sino también de la segunda arma, es  decir  la  pistola  que  fuera  encontrada  en el procedimiento luego de que han  descendido   del   segundo   piso   RUIZ  PEÑA  y  los  policiales.”   

Por  su  parte,  el Tribunal apreció dicha  correspondencia a partir del siguiente argumento:   

“…   es  evidente  que  el  arma que fue objeto de estudio por el perito balístico Jorge  Santos  Dimate  Guauta, introducido debidamente en el juicio como prueba, fue el  mismo  artefacto que se incautó a RUIZ PEÑA en el registro personal practicado  previamente  a  su  conducción al comando policial, cuya existencia material se  comprobó  igualmente  en  el  juicio al introducirse el álbum fotográfico que  fuera  objeto  de  estipulación  probatoria  anterior,  por  lo que no resultó  necesaria   la  ratificación  del  suscribiente,  de  donde  se  sigue  que  el  desconocimientote   esta   evidencia  física  que  realizó  el  recurrente  es  impertinente  como  argumento  génesis de una indebida acreditación probatoria  de este elemento material de prueba”.   

Por  su  parte,  el  censor  se opone a las  apreciaciones   probatorias  anteriores  alegando  que  el  fallador  no  podía  establecer  -sin  más-  dicha  correspondencia, porque la cadena de custodia no  fue  objeto  de  estipulación,  en  apoyo de lo cual sostiene que existen dudas  sobre  la  identidad  del  artefacto  bélico,  las  cuales  apoya  en supuestas  inconsistencias  en  la  identidad  del  funcionario  que  suscribe la cadena de  custodia,   así   como  en  el  peritaje  de  balística  y  en  el  testimonio  –en    su    sentir,  parcializado- de la Intendente MÓNICA PINZÓN.   

Así planteado el disenso, surge nítido que  aquello  que  el  recurrente  censura  es  que  el  juzgador  hubiese  dado  por  demostrada          la          correspondencia          o          mismisidad  de  la pistola 9 milímetros,  marca  MAB,  a  partir  del  informe  balístico  del perito Dilaté Guauta y de  apreciar   “que   ningún   reproche  mereció  la  idoneidad  del  perito  balístico, ora el contenido de la experticia, en cuanto  se   demostró   el   cumplimiento   de   los  protocolos  técnicos”,  de  manera  que existe “la certeza  respecto  a  que  la  pistola  MAB  […] fue la misma que se confiscó a MILLER  ALBERTO RUIZ PEÑA”.   

Todo  lo  anterior  conduce  –una  vez  más-  a  afirmar  que  la  censura  que  formula  el  casacionista,  sobre  la  base  de un falso juicio de  identidad,  versa  en  realidad  sobre  el  poder  suasorio concedido al informe  balístico,  lo  cual  abandona la senda de la vía de impugnación seleccionada  para,  en su lugar, entrar a disentir de la apreciación probatoria del fallador  a   través   de   un   también   mal  formulado  y  desarrollado  falso  raciocinio,  que     no  pasa  de  oponer la apreciación personal del libelista -fundada  en  supuestas  inconsistencias  probatorias-  a  la  del  sentenciador, pero sin  acreditar  en  la apreciación judicial una violación evidente y trascendente a  las reglas de la sana crítica.   

En           conclusión,    por    la   indebida  fundamentación del razonamiento  que    desarrolla    el   segundo   cargo,    no    será    admitido a esta sede extraordinaria.   

5.    Resta    señalar   que    la   Corporación   no    observa    que    con   ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se hubieren  violado   los   derechos   o   las   garantías   del   procesado   MILLER  LEÓN  GÓMEZ  MEDINA, como para  que  tal  circunstancia  imponga superar los defectos del libelo para decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3°  del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

Acotación final.  

6.   Habida  cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado       MILLER       ALBERTO       RUIZ  PEÑA    procede  el  mecanismo  de  insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que  como dicha legislación no regula el trámite a seguir  para  que  se  aplique  el  referido instituto procesal, la Sala ha definido las  reglas    que    habrán    de   seguirse   para   su   aplicación,4    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación  presentada por el defensor de MILLER           ALBERTO           RUIZ          PEÑA.  En consecuencia, el recurso se  declara DESIERTO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                   Secretaria     

1  La  Fiscalía  precisó  las  estipulaciones,  así:  “vamos  a  dar por aceptado la demostración de los  siguientes  hechos:  …  el  testimonio  de NESTOR OCTAVIO CORTÉS, quien es el  lofoscopista,  y  frente  a  la  plena  identificación  del hoy acusado, señor  MILLER  ALBERTO  RUIZ  PEÑA;  el  testimonio de GEDISON FERNEY CHAVARRO GÓMEZ,  funcionario  de  la  SIJIN,  quien  allegó  el certificado de INDUMIL, en donde  consta  que  las  dos  armas  de  fuego  no  se  encuentran autorizadas para ser  portadas  por  el  señor  RUIZ  PEÑA;  el testimonio de FABIO LOZANO CARRILLO,  quien  verificó el arraigo, ausencia de antecedentes y custodio de las armas de  fuego   incautadas…;   el   testimonio   de   LUIS  ENRIQUE  CÁCERES  ACUÑA,  investigador  de  criminalística,  quien  hizo la fijación fotográfica de las  armas  incautadas  y  el  registro fotográfico del hoy acusado… estos son los  elementos  materiales  probatorios  que la fiscalía, de acuerdo con la defensa,  dará   por   probados  los  hechos  que  en  ellas  se  contienen  ”.   Lo  anterior  fue  ratificado  por  la  defensa (minuto  9’30’’       a       11’            10’’    del    registro    de    la  audiencia).   

2  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   de  21  de  febrero  de  2007,  radicación  No.  25920.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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