32032(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  32032   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  287  

Bogotá  D.C., catorce (14) de septiembre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de   casación  interpuesto  por  el  Procurador  105  Judicial   Penal   contra  la  sentencia  de  segunda  instancia    proferida    por    el    Tribunal    Superior    de   Manizales,      el      26  de     febrero    de  2009,  mediante  la  cual  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado Tercero  Penal del Circuito con funciones  de  conocimiento  de  la misma ciudad, el             28    de  febrero   de    2008,  y      lo    condenó    a    la    pena    principal    de    4  años   y   4  meses  de  prisión  y  a la sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  plazo de 5  años,  como  autor  de  la  conducta  punible de homicidio preterintencional.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“Sucedieron  el  29  de  julio de 2007 en  horas  de  la  madrugada  en  el sector de la calle 52 con carrera 10, Barrio El  Porvenir  de  esta  ciudad (Manizales), sitio en el cual se encontraba en estado  de  embriaguez  y  esperando  un  taxi el señor Diego Alexander Henao, quien al  tener  un  cruce  de  palabras con un grupo de personas que se encontraban allí  cerca,   una   de  ellas  lo  abordó  procediendo  a  golpearlo  y  tirarlo  al  suelo,  donde continuó con  la  golpiza,  motivo  por  el  cual  la víctima fue auxiliada y trasladada a un  centro  asistencial  donde  falleció,  mientras  que  el agresor fue plenamente  identificado como Fabio Hermidez Trujillo Duque”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1. Por los anteriores hechos y ante petición  de  Fiscal,  el   7  de  septiembre  de  2007, ante el Juzgado Octavo Penal  Municipal  con  función  de control de garantías de Manizales se llevó a cabo  audiencia  de  imputación,  acto  en  el  cual  se  atribuyó el delito de  homicidio  preterintencional a Fabio Hermidez Trujillo Duque, quien se allanó a  los cargos.   

2.  Presentado  el  escrito  de acusación y  verificada  la legalidad del allanamiento a los cargos, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Manizales, el 28 de febrero de  2008,  condenó  a  Fabio Hermidez Trujillo Duque a la pena principal  de 4  años  y  4  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  y  derechos y funciones públicas por el lapso de 5 años, como autor  del delito de homicidio preterintencional.    

3.  Apelado  el  fallo  por  el  agente  del  Ministerio  Público,  el  Tribunal  Superior  de Manizales, el 26 de febrero de  2009, lo confirmó en su integridad.   

Contra   la   anterior   decisión,   el  Procurador    105    Judicial    Penal interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El representante del Procurador General de la  Nación,  al  amparo de las causales segunda y tercera de casación presenta dos  cargos  contra  el  fallo  del  Tribunal,  cuyos  argumentos se sintetizan de la  siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un juicio viciado de nulidad por violación del debido proceso y del derecho  de defensa.   

Como  normas infringidas cita los artículos  29 de la Constitución Política y   

8°   del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Después de referirse al artículo 348 de la  Ley  906  de 2004 y de citar una jurisprudencia de la Corte, dice que el derecho  de  defensa se activa a  partir de que se formula la imputación, según el  artículo 290 del Código de Procedimiento Penal.   

De  ahí  que  manifieste  que  la  defensa  técnica  debe  analizar  desde  el punto de vista jurídico todos los elementos  materiales  probatorios que sustentan la imputación y, por lo mismo, recomendar  “a  su  prohijado una norma de conducta a futuro, o  se  acepta  la  imputación  libre  espontánea  y voluntariamente, pues de esos  elementos  emerge  inexorablemente  su  responsabilidad  o le recomienda guardar  silencio  y  no  allanarse  a los cargos y acompañarlo hasta tanto la Fiscalía  General  de  la Nación logre desvirtuar su presunción de inocencia, pues de lo  contrario,   cuando  el  derecho  de  defensa  consagrado  en  el  artículo  29  constitucional  no  se  materializa  debidamente,  ello  genera  nulidad  de  la  actuación   a   la   luz   de   lo   señalado   en   el   artículo   457  del  C.P.P”.   

Argumenta que en este proceso no se diseñó  una  estrategia  de  defensa, toda vez que si se hubiera analizado los elementos  materiales  probatorios,  “con  toda  seguridad  la  recomendación a su cliente hubiese sido otra muy distinta”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada y, consecuentemente, declarar la nulidad de todo lo actuado  a  partir del momento “en que se corrió traslado al  imputado de la imputación” (sic).   

Segundo cargo  

Basado  en  la  causal tercera de casación,  acusa  que  el  Tribunal  desconoció  las  reglas de apreciación y valoración  probatoria.   

Como   normas   vulneradas  cita  los  artículos   381  (medio)  y  7°,  372  y  373  (fin),  todas  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Reconoce  que  si  bien el juez se encuentra  atado  al  preacuerdo,  a la negociación o a la manifestación de allanamiento,  también  lo  es  que  debe garantizar que al procesado no se le vaya a vulnerar  sus  derechos y garantías fundamentales. De ahí que estime que en la sentencia  el  juez  debe  apreciar  y  valorar  los  medios  de conocimiento, la evidencia  física  y  la  información  legalmente  obtenida,  para seguidamente fundar el  juicio de responsabilidad.   

Acota   que  en  el  presente  asunto  los  juzgadores  no  valoraron  las  pruebas, en la medida en que, en su criterio, el  resultado  muerte  no  se encuentra probado, de manera científica, a través de  un  dictamen  médico  legal,  “pero cuando de dicho  medio  de  prueba, valorado en conjunto con los demás elementos de convicción,  se  encuentra  que la relación de causalidad entre la acción desplegada por el  agente  y el hecho operado en el mundo fenomenológico, la muerte, no es posible  construirse,  la  conclusión  a la que se debe arribar es distinta a la asumida  por los falladores de instancia”.   

Luego  de  referenciar una providencia de la  Sala  y  de  reconocer  que  en  nuestro  sistema  rige  la libre apreciación y  valoración  de  la prueba, manifiesta que el juez tiene que dar las razones del  mérito en que funda su decisión.   

Agrega  que  en el proceso se vulneraron los  derechos   del   procesado,  toda  vez  que  la  prueba  en  que  se  fundó  la  responsabilidad    fue   la   de   carácter   testimonial   y   “la           supuesta          confesión”,          desconociéndose la técnica.   

Y,  por  último, argumenta que el fallo que  emitirá  la  Corte  unificará  la jurisprudencia en torno a la actividad de la  defensa, según la sistemática reglada en la Ley 906 de 2004.   

Así las cosas, solicita a la Corte casar la  sentencia    impugnada    y,   por   lo   mismo,   dictar   una   de   carácter  subsidiaria.          

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. Como lo ha indicado la Corte en reiterados  pronunciamientos,  la  aceptación de cargos, como una modalidad de terminación  anticipada  del proceso, obedece a una política criminal cifrada en el objetivo  de  lograr  eficacia y eficiencia en la administración de justicia, con miras a  que  el  imputado  o  acusado,  según  el  caso,  resulte  beneficiado  con una  sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de  imponérsele  si el fallo se  profiere  como  culminación  del  juicio  oral, de una parte y, de otra, que el  Estado    ahorre    esfuerzos    y    recursos    en    su    investigación   y  juzgamiento.   

En  tales  condiciones, dentro del marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos  de  un  acto  unilateral  del imputado o acusado o, de un comportamiento  pactado  o acordado con el fiscal, no hay lugar a controvertir con posterioridad  la  misma respecto de la existencia de la conducta punible, así como tampoco la  responsabilidad del procesado.   

Es  decir,  cuando  el  juez  de  control de  garantías  o el de conocimiento acepta el allanamiento o aprueba el acuerdo, en  la  medida  en  que  colige  que  el  mismo fue un acto oral, voluntario, libre,  espontáneo,  informado y asistido, surge en el procesado la improcedencia   de  retractarse de lo que ha admitido. En consecuencia, resulta incompatible con  el  principio de lealtad toda impugnación que busque deshacer los efectos de la  aceptación de la responsabilidad.   

Sólo  el  sentenciado  tiene  interés para  controvertir  a través de los recursos (apelación o casación) la vulneración  de  sus  garantías  fundamentales,  el  quantum de la pena y los  aspectos  referidos  a  su determinación. En este último evento tampoco se puede mostrar  inconformidad   a  quien  preacuerda  con  la  fiscalía  los  términos  de  su  responsabilidad  y  de la sanción, siempre y cuando el juez los haya respetado.   

En   el   evento   que   ocupa   la   atención   de  la  Sala y como quiera que  el  recurrente  es el agente del Ministerio Público, según el artículo 109 de  la  Ley  906  de  2004,  en  desarrollo  del  artículo  277 de la Constitución  Política,   tiene  interés  para  recurrir la sentencia de segundo grado,  máxime  cuando,  además  de  impugnar  la  de  primera  instancia, presenta la  demanda  tendiente  a  proteger  los derechos y las garantías fundamentales del  hoy sentenciado.       

3.  No  obstante, los dos cargos que postula  contra  la sentencia de segunda instancia no reúnen los presupuestos de lógica  y debida fundamentación  para su admisibilidad.   

En  lo que tiene que ver con el cargo  primero que el actor postula por la  vía  de la causal segunda de casación por violación del debido proceso,   se  advierte  que  lo dejó a mitad de camino, toda vez que la argumentación la  centró  en  afirmar  que no hubo defensa técnica por cuanto el profesional del  derecho  que  asistió  a  Trujillo  Duque  no debió asesorar al sentenciado de  allanarse  a  los  cargos,  situación que lo lleva a inferir que en el presente  asunto no hubo una estrategia ni táctica defensiva.   

Frente  a  esa situación, vale reiterar que  cuando  se postula la violación del derecho de defensa no basta con denunciarlo  sino  que  le  compete  al  libelista demostrar su existencia y trascendencia en  torno  a  las  plurales  decisiones  adoptadas  en el  fallo. En la demanda  objeto  de  estudio  se  avizora que la inconformidad del libelista radica en la  manifestación  de  allanarse a los cargos que hizo el procesado, puesto que, en  su  criterio,  en la audiencia de formulación de la imputación el delegado del  Fiscal   General   de  la  Nación  no  había  desvirtuado  la  presunción  de  inocencia.   

De manera que ante esa simple discrepancia de  criterios  respecto  de la forma como se debió plantear la defensa técnica sin  que  se  advierta  en  qué consistió el error de actividad, la censura deberá  inadmitirse.   

De  otro  lado,  la  Sala  observa  que  el  demandante  desconoce  la  sistemática   que rige la Ley 906 de 2004, pues  pasa  por  alto  que  el  eje central de la actividad probatoria se cumple en el  juicio  oral  y  público,  en tanto el sistema está diseñado bajo el supuesto  que  el  proceso de producción e incorporación de los medios de convicción se  cumple  en  ese acto, toda vez que es allí donde se va discutir los extremos de  la  relación  jurídica  procesal,  esto  es,  la  existencia  del  hecho  y la  responsabilidad  del acusado y, por lo mismo, con el fallo de mérito se pondrá  en entre dicho la presunción de inocencia.   

Así, resulta un equívoco pretender que en  la  audiencia  de  imputación  la Fiscalía General de la Nación desvirtué la  presunción  de inocencia del indiciado, máxime cuando dicho acto se desarrolla  en  virtud de los elementos materiales probatorios y evidencia física recaudada  en ese momento procesal.   

En tales condiciones,  como quiera que  de  los argumentos expuestos por el libelista no se deduce en qué consistió el  vicio  de  actividad  y, menos, cómo afectó las garantías judiciales del  hoy sentenciado, se impone la inadmisión del reproche.   

En    lo   relativo   al   segundo  cargo tampoco fue afortunado en su  elaboración,  puesto  que el casacionista evidencia una disparidad de criterios  en  torno  al  mérito  dado  a  la  prueba  científica,  enfrentamiento que no  constituye yerro para ser atacado en sede de casación.   

Recuérdese  que  la sentencia llega a esta  sede  amparada  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad, esto es, los  hechos   y   las   pruebas   fueron   correctamente  apreciadas,  y  el  derecho  estrictamente  aplicado.  De  ahí  que  al  libelista le compete derrumbar esas  presunciones   a   través  de  las  causales  de  casación  y  demostrando  la  trascendencia del vicio.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  surge  incuestionable  que  el  libelista  apoyado  en  una  infracción  indirecta  de  la ley derivada de error de hecho por falso juicio de existencia,  como  si  la  casación fuera una tercera instancia, pretende que la Corte entre  nuevamente  a  examinar  la  prueba  y concluya que el homicidio no se encuentra  cabalmente  demostrado,  situación  que evidencia el desconocimiento que dentro  de  nuestro  sistema  probatorio  rige el postulado de la libre apreciación, es  decir,  el  juzgador  puede llegar al conocimiento requerido basado en cualquier  elemento de juicio que no vulnere las garantías fundamentales.   

Y, precisamente ello fue lo que ocurrió en  el  presente  asunto,  habida  cuenta  que  el Tribunal            valoró  las  evidencias  físicas  y  los  elementos materiales probatorios, infiriendo la existencia del  hecho y la responsabilidad del acusado.   

Textualmente anotó:   

“De acuerdo con  lo  anterior,  las  entrevistas  y  dictámenes  periciales  censurados  por  el  Ministerio  Público,  precisamente  se erigen en elementos materiales de prueba  que  apuntan  a  evidenciar la responsabilidad penal en cabeza del procesado y a  tipificar  la  conducta  punible  endilgada, vale decir, contrario a lo afirmado  por  el  recurrente,  esos  rudimentos  probatorios tienen eficacia demostrativa  sólida  que  reflejan  no  sólo la tipicidad del comportamiento ilícito, sino  también su autoría en cabeza del acusado.   

“En   efecto,   la   foliatura  alberga  suficientes  elementos  materiales de prueba y evidencias físicas que apuntaban  a  señalar que el hoy occiso fue víctima de una agresión violenta proveniente  del  acusado  Fabio Hermidez Trujillo Duque, quien una vez lo abordó lo golpeó  y  lo tiró contra el piso, sitio en el cual lo siguió aporreando hasta dejarlo  inconsciente,  siendo  auxiliado  y  trasladado  a  un  centro asistencial donde  falleció,  así  lo dieron a conocer en sus entrevistas Leidy Johana isaza (fi.  24);  Marleni isaza (fi. 27) y Elkin Aldrey Ortiz (fi. 30) de cuyas versiones se  extracta  sin  dificultad  alguna  que el comportamiento violento lo ejecutó el  hoy  acusado  y  que  su  conducta  encuadraba  típicamente en el tipo penal de  homicidio preterintencional.   

“De  otro lado, el hecho que la necropsia  no  hubiera determinado con claridad la causa del fallecimiento, ello no obstaba  para  que  se  formulara  la  acusación,  pues ni la acusación ni la sentencia  debían  fundamentarse  únicamente  en  la  mera  necropsia,  pues  a la par la  Fiscalía  tenía  otros  elementos materiales de prueba sólidos para apoyar la  acusación,  resaltándose  que si bien la autopsia no determinó la causa de la  muerte  tampoco  excluyó  que  hubiera  sido  por  los golpes propinados por el  acusado a la victima.   

“A  pesar de la insistencia del censor en  que  la  autopsia  no  determinó  que  la  muerte  de  la víctima hubiere sido  consecuencia  de los golpes que le propinó el acusado, lo cierto es que en este  punto   pretende   abrir  un  debate  probatorio  no  permitido  en  asuntos  de  terminación  abreviada,  porque  precisamente  una  de  las  consecuencias  del  allanamiento  a  cargos  es  que  el  imputado renuncia a tener un juicio oral y  contradictorio,  a  controvertir las pruebas presentadas en su contra, regla que  también  se extiende para los demás sujetos procesales, incluido el Ministerio  Público  quien  no  puede  ser una rueda suelta frente a la observancia de esos  supuestos”.   

De  manera  que  la inconformidad del actor  radica  en  el  grado  de  apreciación  probatoria  dado  por  el juzgador a la  evidencia  física  y  los elementos materiales probatorios en los que se apoyó  el  fiscal  para  realizar la correspondiente imputación y que fue aceptada por  el  sentenciado, disparidad de criterios que no pone de manifiesto la existencia  de  un  error  de  actividad  que  lleve  a  la  Sala  a actuar como tribunal de  casación.   

Todo lo contrario, los argumentos expuestos  por  el  libelista permiten concluir que carecería de interés para postular el  segundo  reproche, toda vez que pretende desconocer la aceptación de cargos que  hizo  el  procesado  de manera oral, libre, voluntaria y debidamente asistido en  el acto de la formulación de la imputación.   

Así, la demanda se inadmitirá.  

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la medida en que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  el agente del Ministerio  Público  procede  el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  Procurador    105    Judicial    Penal    II    de  Manizales,  por  las razones expuestas en la anterior  motivación.   

De            conformidad    con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de   2004,   es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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