31499(17-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 180.   

Bogotá,  D. C., diecisiete (17) de junio de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda presentada por el apoderado de la parte civil contra la sentencia  del  10  de  noviembre de 2008 mediante la cual el Tribunal Superior de Ibagué,  al  revocar  al  fallo  condenatorio  proferido  el  4 de octubre de 2006 por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de la misma sede, absolvió a NOEL   GÓMEZ   RUBIANO   y  GLADYS  GÓMEZ  RUBIANO respecto del delito  de estafa.   

HECHOS  

          Se  relacionan  con  la  denuncia formulada, a través de apoderado,  por    el    señor    Fabián   Alexánder   García  Nova,  en  la  cual señaló que el 20 de mayo de 1998  celebró  un  contrato  de  promesa  de  compraventa, por cuyo medio la sociedad  comercial   denominada  ARQTEMPO  LTDA.,  representada     por    GLADYS    GÓMEZ  RUBIANO, se comprometió a venderle una oficina que se  construiría  en  la  calle  14  entre carreras tercera y cuarta de la ciudad de  Ibagué,  por  la  suma  de  $33.000.000,  respecto de los cuales le canceló en  total  $32.688.505,  inmueble  que  sería entregado el 20 de octubre del citado  año,  sin  cumplir  la  sociedad  lo pactado ni hacerle devolución del dinero,  pese a los constantes requerimientos efectuados al respecto.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Recibida  la  denuncia,  el  29  de  julio  de  2002 la Fiscalía 13  Seccional  de  Ibagué  dictó  resolución inhibitoria, que fue revocada por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  la  mencionada  ciudad al  resolver,  en decisión del 18 de diciembre siguiente, la apelación interpuesta  por el apoderado del denunciante.   

          Por  lo  anterior, el 17 de enero de 2003, la Fiscalía a   quo   ordenó   la   iniciación   de  investigación   previa,  al  término  de  la  cual  decretó  la  apertura  de  instrucción   penal,   según   resolución   del  6  de  marzo  del  precitado  año.   

          En  el  curso  de  la  instrucción  se  escuchó  en  indagatoria a  NOEL   GÓMEZ   RUBIANO   y  GLADYS GÓMEZ RUBIANO y el 10  de  enero  de 2004 la Fiscal 13 Seccional dispuso precluirles la investigación.  Esta  determinación fue nuevamente apelada por el apoderado del denunciante, ya  en  su  condición de parte civil, siendo una vez más revocada por la Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior.   

          El  21  de  julio  siguiente, el funcionario instructor clausuró la  investigación  y  el 24 de agosto postrero calificó el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  en  contra  de NOEL GÓMEZ  RUBIANO   y  GLADYS  GÓMEZ  RUBIANO, por el delito de estafa.   

Ejecutoriado el pliego acusatorio, el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Ibagué  tramitó  la  etapa  del juzgamiento,  poniendo  término  a  la  instancia  mediante  la sentencia del 4 de octubre de  2006,  contra  la  cual  interpuso el recurso de apelación la defensa, por cuya  vía  el  Tribunal  Superior  de  la misma ciudad la revocó para absolver a los  acusados.   

Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia,  el  apoderado  de  la  parte  civil  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación, sustentándolo de manera oportuna.   

LA  DEMANDA   

          El  actor formula un único cargo y lo apoya en la causal primera de  casación,  cuerpo  primero,  de  la  Ley  600  de  2000, a cuyo amparo acusa al  Tribunal   de   incurrir   en  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  “error   de   derecho”,  derivado de falso juicio de convicción.   

          Sustenta  el  reproche señalando que el ad  quem,  al  revocar  el  fallo de primera instancia, no  cumplió   las   reglas   que  regulan  los  medios  de  prueba,  así  como  su  imparcialidad  y  apreciación.  Al  respecto  adujo  que el Tribunal desestimó  probatoriamente  el contrato de promesa de venta, sin advertir que ese documento  fue  producto  de las maniobras engañosas de los acusados para obtener provecho  ilícito,  al desplegar artificios tales como exhibir licencia de construcción,  planos  y  maquetas  y ocultar la hipoteca que pesaba sobre el inmueble, el cual  posteriormente fue embargado.   

          Considera  que  el  Tribunal  interpretó erróneamente las pruebas,  incurriendo  en error de derecho por falso juicio de convicción, al no apreciar  que  tales  maniobras  engañosas,  sumadas  a  las afirmaciones atinentes a las  bondades  del  proyecto,  su ubicación, la solvencia económica que mostraron y  las  facilidades  de  pago  ofrecidas  al  prometiente comprador, constituyen el  delito  de estafa, pues hicieron inducir en error a éste para cancelar el valor  del  inmueble,  engaño  que, por lo demás, continuó cuando ante su no entrega  le  ofrecieron  un  parqueadero  como  parte  de  la  indemnización mientras se  construía     la     oficina,    promesa    que    tampoco    cumplieron    los  procesados.   

          Según  el  censor, el ad quem ignoró  como  prueba  que la licencia de construcción, obtenida el  24  de octubre de 1997, tenía vigencia de 2 años y nunca se renovó y también  que,  conforme  lo  manifestaron  los acusados en sus injuradas, la sociedad fue  disuelta  al  poco  tiempo  de  los hechos, cuyo objetivo era evitarse cualquier  demanda ejecutiva contra sus bienes.   

          El  libelista rechaza la tesis del Tribunal acerca de tratarse de un  incumplimiento  de  contrato.  Si  así fuera, se pregunta, por qué no hubo una  sola  intención  real de indemnizar o devolver el dinero o entregar la oficia u  otro  inmueble.  La verdad, añade, es que los procesados nunca más volvieron a  llamar  al denunciante y la construcción quedó paralizada, no siendo cierto el  argumento  de  las  dificultades  económicas,  pues desde antes de suscribir el  contrato  eran  deudores  morosos  y  fue  por  esa  razón  que  los  bancos no  estuvieron dispuestos a prestarles dinero.   

          Tampoco  el  actor  comparte  la  afirmación del juzgador según la  cual  no  se  verificó  concreta actividad por parte de la acusada GLADYS  GÓMEZ  RUBIANO  para  embaucar al  comprador.  En  su  criterio,  si la aludida era la representante legal y en esa  condición  suscribió  el  contrato, no resulta apropiado considerarla ajena al  hecho denunciado, mucho menos cuando el otro autor es hermano suyo.   

          Luego  de  mostrarse  también  en desacuerdo con la afirmación del  sentenciador  acerca  de  no  advertirse  la existencia de dolo al momento de la  transacción  y de insistir en que el Tribunal no apreció el ocultamiento de la  hipoteca,  reiteró  que  en  este  caso  se  tipificó debidamente el delito de  estafa,  conducta  realizada  por  los  acusados  en forma dolosa, cuya realidad  procesal  desconoció  el  juzgador  de  segunda  instancia como consecuencia de  incurrir  en error de derecho frente al artículo 356 del Código Penal de 1980,  concluyó el actor.   

          En  tal  virtud,  solicitó  casar  la  sentencia impugnada y, en su  lugar, confirmar el fallo condenatorio de primera instancia.   

SUJETO   PROCESAL  NO  RECURRENTE   

          Dentro   del   término  de  traslado  dispuesto  para  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  se  pronunció  el  defensor  de los acusados para  solicitar,  de  manera  principal,  inadmitir  la  demanda  y, subsidiariamente,  confirmar la sentencia de segunda instancia.   

          Argumentó,  en  primer  lugar,  que  en  este  caso  no  procede la  casación  ordinaria,  pues  si  bien para la época de ocurrencia de los hechos  dicha  impugnación  resultaba  viable, actualmente no lo es porque el artículo  205  del Código de Procedimiento Penal de 2000 la admite solamente para delitos  cuya  pena  máxima  sea  superior  a  8 años, lo cual no ocurre con la estafa.   

          De  otra  parte,  tras  poner  de presente la cita desacertada en la  demanda   de   normas   del  Código  Procesal  del  Trabajo,  señaló  que  el  casacionista  no  sustentó  la  impugnación acorde con las reglas establecidas  por  la  jurisprudencia, pues habiendo acudido a la violación directa de la ley  sustancial,  omitió  explicar  si  el  error devino de falta de aplicación, de  aplicación indebida o de interpretación errónea.   

          Tampoco,  como  le  correspondía,  realizó  un  estudio  puramente  jurídico,  pues  adujo la presencia de presuntos errores de apreciación de las  pruebas,  cuyo  ataque  debe  efectuarse  por  vía  de la violación indirecta.  Además,  añadió,  planteó  la  existencia  de  un error de derecho por falso  juicio  de convicción, cuando es claro que esa clase de yerro es de excepcional  configuración en materia penal.   

          En  su  criterio, el libelista en realidad postula un error de hecho  por  falso  raciocinio,  pero  se  abstiene  de demostrarlo, pues plantea que el  Tribunal  no actuó en forma imparcial, sin señalar ni acreditar cuáles fueron  los  principios  de  la  sana  crítica desatendidos en la labor de apreciación  probatoria.   

          Finalmente,  consideró  que  la  sentencia  absolutoria  se  ajusta  objetivamente  a  los hechos del proceso y a las normas jurídicas aplicables al  caso.  Al efecto, reafirmando los argumentos expuestos por el Tribunal, señaló  que   ni  el  delito  imputado  se  estructuró  ni  los  hermanos  GÓMEZ  RUBIANO  actuaron dolosamente, pues  si  el  contrato  no se cumplió fue porque la obra, cuya construcción alcanzó  el  70%,  se  paralizó  ante  el  incumplimiento  de la Cooperativa Credisocial  “y  la falta de financiación bancaria consecutiva a  la crisis económica de ese entonces”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          De  acuerdo  con  lo  establecido en el inciso tercero del artículo  6º  de la Ley 600 de 2000, la ley procesal tiene efecto general e inmediato, lo  cual  significa  que  se  aplica  a todas las actuaciones que estén en curso al  momento  de  su  vigencia  y a aquellas iniciadas con posterioridad, salvo si la  propia  ley  dispone  lo contrario o si regula materia de carácter sustancial y  la  pretérita  resulta  más favorable al procesado, pues en ese caso se aplica  esta última.   

          En  el  caso materia de análisis, la actuación se inició luego de  entrar  a  regir la Ley 600 de 2000, luego son las normas allí contempladas las  llamadas  a regular procesalmente el presente asunto. En ese orden, su artículo  205   establece  que  la  casación  ordinaria  o  común  procede  respecto  de  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los Tribunales, en procesos  seguidos   por   delitos   cuya   pena   máxima   fuese  superior  a  ocho  (8)  años.   

          El  delito  de estafa está previsto en el artículo 246 del Código  Penal  de  2000 con pena de prisión de 2 a 8 años, lo cual implica afirmar que  el  máximo  de  la  sanción  no  excede  del límite mínimo a partir del cual  resulta procedente la casación ordinaria o común.   

          Si  bien  la  legislación  vigente  para  la  época  en la cual se  suscribió  el  contrato de promesa de compraventa base del presente juzgamiento  contenía   unas   exigencias   menos  drásticas  para  promover  la  casación  ordinaria1,  lo  cierto  es  que  en  el presente caso no puede acudirse a esa  normativa,  pues  el  recurso  ha  sido interpuesto por el apoderado de la parte  civil  y  bien  claro está que el principio de favorabilidad opera en beneficio  exclusivamente del procesado.   

         En  esas  condiciones,  resulta imperioso  concluir  que  el  sujeto  procesal  recurrente solamente estaba autorizado para  invocar  la  casación  discrecional  a la cual se refiere el inciso tercero del  artículo  205  arriba  citado,  para  cuyo  efecto le  correspondía  expresar con precisión el propósito de  la  impugnación,  es  decir,  si  se  trata  de  buscar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   o   de  preservar  las  garantías  fundamentales,  cuya  carga  argumental   le   es   necesario   cumplir,   conforme  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia        de       esta       Sala2.   

          El   demandante  no  advirtió  la  improcedencia  de  la  casación  ordinaria  o  común  e interpuso el recurso sin acudir, como era de rigor, a la  excepcional   o   discrecional.   Consecuencialmente,  omitió  explicar  si  lo  promovía  para  buscar  el desarrollo de la jurisprudencia o para preservar las  garantías fundamentales.    

          Fuera  del comentado desacierto, el libelista pasó por alto que aun  cuando  se proponga el recurso por vía de la casación excepcional, es su deber  cumplir  los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley para la admisión de la  demanda,  conforme  lo  tiene  establecido el inciso final del artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  requisitos  entre  los  cuales  se  encuentra  el  de  confeccionar  la  demanda  con  enunciación  de  la causal y  mediante  la  formulación  del  respectivo  cargo,  indicando  en forma clara y  precisa    sus    fundamentos,   así   como   las   normas   que   se   estimen  infringidas.   

          Tales  presupuestos  están  contemplados  en  el  numeral  3º  del  artículo  212  de la codificación procesal precitada, bajo cuya égida la Sala  ha  desarrollado  una  amplia  jurisprudencia relacionada con los parámetros de  fundamentación  que  al  actor  le  compete satisfacer frente a cada una de las  causales  de  casación  previstas  en la ley, pautas que no se cumplieron en la  demanda objeto de examen.   

          Lo  anterior  porque  en  el  único  cargo  que  formuló contra la  sentencia  del Tribunal confunde la violación directa de la ley con el error de  derecho,  olvidando  que  este último constituye una modalidad de la violación  indirecta  que  a  su  vez  se  manifiesta  en los denominados falsos juicios de  legalidad  y de convicción. Esa confusión del actor lo llevó a desarrollar el  reproche  mediante  el  cuestionamiento  de la apreciación probatoria efectuada  por  el  ad quem, sin advertir  que  cuando  se  acude  a  la  violación  directa le está vedado al impugnante  desconocer  los  hechos  declarados probados en el fallo, así como controvertir  la valoración impartida por el juzgador a los medios de prueba.   

          Pero  tampoco  el casacionista acertó en sustentar adecuadamente el  error  de  derecho  que  enuncia,  pues  a pesar de denunciar la presencia de un  falso  juicio  de  convicción,  cuya  estructuración ocurre cuando el fallador  desconoce  el  valor  tarifado que la ley asigna a los medios probatorios, error  –dicho  sea  de  paso- de  limitada  configuración  en  materia  penal-, no identifica el medio probatorio  sobre  el cual habría recaído el yerro ni mucho menos indica la ley contentiva  de la tasación probatoria.   

          Contrariamente,  deslizó  el  discurso hacia los terrenos del error  de  hecho,  al  controvertir  la  apreciación  efectuada  por el fallador a las  pruebas,  planteando una visión diversa sobre el alcance persuasivo de éstas e  incluso   atribuyendo   al   ad   quem   ignorar  la  valoración  de  algunos  medios.  Es  decir,  resultó  insinuando  la  presencia, respectivamente, de un falso raciocinio y de un falso  juicio   de   existencia   por   omisión,  pero  sin  desarrollar  los  ataques  debidamente,  pues  tratándose  del  primero  de  esos  errores  de  hecho,  le  correspondía  señalar  los  principios de la sana crítica desconocidos por el  sentenciador  y,  frente a los dos, explicar la trascendencia de los yerros para  demostrar  que  si  no  se  hubiera incurrido en ello el sentido de la decisión  sería  diametralmente  opuesto, carga de fundamentación que definitivamente no  cumplió.   

          En  suma,  los  múltiples y variados defectos que exhibe la demanda  instaurada  por el apoderado de la parte civil conducen a la Sala a inadmitirla,  como en efecto se procederá.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por el apoderado de  la   parte   civil,   conforme   a   las   razones  expresadas  en  la  presente  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1  El  artículo  218  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991, modificado por el  artículo  35  de  la Ley 81 de 1993, admitía la casacón ordinaria respecto de  delitos  con  pena  privativa  de  la  libertad  igual  o  superior  a  seis (6)  años.   

2 Cfr.  Auto del 18 de abril de 2007, radicación 26916, entre otros.     

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