30598(19-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30598   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 041.  

Bogotá  D.C., febrero diecinueve (19) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  la  Fiscal  Ochenta  y Nueve Seccional de Medellín, contra la  sentencia  absolutoria  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior  de  la  misma  ciudad  el  16  de  junio de 2008, mediante la cual revocó en su  integridad  el fallo condenatorio dictado el 27 de agosto de 2007 por el Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de la capital  antioqueña    contra    ORLANDO    DAVID   GARCÍA  TORRES, como autor del delito de homicidio agravado en  Dairo     Senover     Cano     Posada.   

HECHOS  

Aproximadamente  a  las  5:45 p.m. del 13 de  enero  de  2007,  cuando  el  joven Dairo Senover Cano  Posada  se encontraba sentado en la acera del Edificio  Gusgavi,     ubicado     en     la    carrera    53    No.    59    –  25 de Medellín, se acercaron por la  espalda  dos  individuos,  uno de los cuales disparó en varias ocasiones contra  aquél,  causándole  la  muerte  en  forma  inmediata.  Dado  que en la esquina  próxima  detuvo su marcha una patrulla motorizada de la policía, integrada por  el     Subintendente     Hernán    Darío    Calle  Bedoya  y  el  Agente  Ever  Osvaldo   Ayala,   los  testigos  del  homicidio  les  señalaron  a  sus  autores, motivo por el cual emprendieron la persecución por  la  calle  60,  donde  otros  ciudadanos señalaron a un individuo, quien al ser  alcanzado   pretendió   despojarse   de   una   camisa   amarilla  y  les  dijo  “yo  no  fui,  a mi no me cogieron nada”,    fue    capturado   y   se   identifica   como   ORLANDO DAVID GARCÍA TORRES.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada  el  14 de enero de  2007,  el  Juzgado  Treinta  y  Cinco Penal Municipal con Función de Control de  Garantías  de Medellín declaró legal la captura en flagrancia de ORLANDO   DAVID   GARCÍA   TORRES.   La  Fiscalía  le  imputó  la  comisión  del  delito  de homicidio en Darío   Senover   Cano,   la   cual  no  aceptó.   

Dentro  de dicha diligencia, a instancia del  ente  acusador,  se  impuso al incriminado medida de aseguramiento de detención  preventiva sin derecho a libertad provisional.   

La Fiscalía presentó escrito de acusación  el  2  de  marzo  de  2007, por el referido delito contra la vida, además de la  circunstancia   genérica   de   mayor   punibilidad   por   haber   obrado   en  coparticipación criminal.   

En   la   audiencia   de  formulación  de  acusación,  la  Fiscalía  acusó  al  incriminado  como  autor  del  delito de  homicidio  agravado  (artículo  104 numeral 7º del Código Penal) concurriendo  la  circunstancia de agravación establecida en el artículo 58 numeral 10 de la  misma  normatividad,  cargos  que  no  aceptó GARCÍA  TORRES.   

          El  9  de mayo de 2007 se realizó la audiencia preparatoria y el 13  de  junio  de  la  misma  anualidad  se  dio comienzo al juicio oral. El Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Medellín  profirió  fallo  el  27  de  agosto  siguiente,  a través del cual condenó al  acusado  a la pena principal de cuarenta (40) años de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso, como autor penalmente responsable del delito de homicidio agravado  en       Dairo      Senover      Cano.   

En la misma decisión le fue negada tanto la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

         Al  desatar  el  recurso  de apelación interpuesto por el defensor  contra  el  fallo del a quo,  el   Tribunal   Superior   de   Medellín     lo    revocó    mediante    sentencia    del    16    de   junio   de   2008,   para   en   su  lugar  absolver  a  ORLANDO  DAVID  GARCÍA en  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,     decisión    contra    la    cual  la Fiscalía presentó impugnación  extraordinaria    y    allegó    el    libelo    oportunamente,    planteando  un  reproche  por violación  indirecta   de   la   ley   sustancial,  el  cual  fue admitido mediante auto del  23     de     octubre     de     2008.   

La audiencia de sustentación del recurso de  casación se llevó a cabo el 12 de noviembre siguiente.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la causal tercera establecida en el artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004, la recurrente afirma que a través del perito topógrafo  Glisbert  Galeano aportó un  plano  del  lugar  de los hechos con el objeto de señalar el sitió donde cayó  el  occiso,  el  lugar donde fue visto el homicida al huir y donde se produjo su  captura  cuando  intentaba quitarse la camisa, prueba que no fue rebatida, amén  de  que  se  encuentra respaldada en lo expuesto por los miembros de la Policía  Nacional  que  realizaron  la captura del acusado y en la exposición inicial de  John  Jairo  Giraldo Ibarra,  quien  se  encontraba  en  compañía  de  la  víctima  cuando  se  produjo  la  agresión,  todo  lo  cual  denota  que  la  captura  del  acusado  ocurrió  en  situación de flagrancia.   

          Precisa  que  el  Tribunal  incurre  en falso juicio de identidad al  considerar  que  los  policías  no fueron testigos, pues lo cierto es que tales  autoridades  persiguieron  a  quien  la  ciudadanía  señalaba  como  autor del  homicidio.   

Igualmente  deplora  que  el  ad  quem  no haya tenido en cuenta que en  el  dictamen  de  balística  la  camisa  que  portaba  el  incriminado  arrojó  resultado  positivo  para  residuos  de disparo de proyectil, y tampoco ponderó  que  como el aprehendido frotó insistentemente sus manos, ello se vio reflejado  en el resultado del dictamen de balística que le fue practicado.   

Acerca de la cadena de custodia de la camisa  del  agresor, la Fiscalía dice que el análisis del Tribunal es muy pobre, pues  el  embalaje  lo  realizó  el  Agente  Hernán Calle  Ayala  sin  anotar  la  identificación  de  a  quién  pertenecía  dicha  prenda, amén de que uno de los últimos tres números de su  cédula  quedó  mal  anotado,  motivo  por  el  cual  la  defensa  solicitó la  respectiva  aclaración,  y  entonces, el mencionado servidor público señaló,  de  una  parte,  que  no  anotó  la  identificación  del retenido, pero sí el  número  del  SPOA  correspondiente  y  que  el número de su cédula quedó mal  registrado,  en  cuanto  lo  escribió su compañero de patrulla. A partir de lo  anterior   resalta   la   impugnante,  que  lo  cierto  es  que  “esa  fue  la  camisa que le cogieron en la mano izquierda a ORLANDO  DAVID,  esa  se  envió  a  Bogotá  y esa fue la que dio positivo para disparo.  Incluso  el  patrullero reconoció su firma plasmada en el documento”.   

          También  dice  que  la  misma  camisa  fue  recibida por el Experto  balístico   del   Departamento   Administrativo   de   Seguridad   Oswaldo  Cubillos,  quien así lo expuso,  sin  que  la  defensa  presentara alguna objeción sobre el particular, amén de  que fue admitida por el juez.   

          Acto  seguido,  la Fiscal cita apartes de la sentencia proferida por  esta  Sala  el  1º  de  febrero de 2007 dentro del radicado 25920, acerca de la  cadena  de  custodia  y  la  regla  de  exclusión  y concluye que si el juez no  rechazó  la  prueba,  debe  asignársele  el  valor que le corresponda al haber  arrojado positivo para residuos de disparo de arma de fuego.   

Se duele la impugnante que la referida prueba  hubiera  sido excluida por el Tribunal como elemento material probatorio, pese a  que  al  ser  ponderada con lo expuesto por Jhon Jairo  Giraldo  Ibarra, se concluye que los restos de disparo  de  proyectil  hallados  en  dicha  camisa,  corresponden  a  la  agresión a la  víctima,  pues  según  lo  dijo el perito, se requiere una cercanía de veinte  centímetros  de  la  deflagración  para  que  queden  dichos  residuos  en las  prendas.   

También  asevera  que  erró el Tribunal al  considerar  que  los  policías  no  fueron testigos y que quienes efectivamente  vieron  la comisión del delito no concurrieron a rendir declaración durante el  debate oral.   

          Añade  que  los proyectiles encontrados en el cuerpo de la víctima  son  similares  a los que deben ser utilizados en el arma de fuego, marca Llama,  que reconoció tener el acusado.   

          De  la  misma  forma  indica  que  el  ad  quem incurrió en un falso raciocinio al violentar las  reglas  de  la  lógica  y  de  la ciencia, pues “la  presencia  de  ORLANDO  DAVID  TORRES en el lugar de los hechos y en la vista de  los  testigos  no  fue  casual, ni fue causal que su camisa estuviese impregnada  por  el  frente  con  residuos  de  disparo  y  sus  manos con plomo”.   

          Reprocha  que  en el fallo atacado se afirme que los restos de plomo  en  las  manos del procesado pueden obedecer a que se desempeñaba como escolta,  desconociendo  con  ello las estipulaciones acordadas entre Fiscalía y defensa,  entre  las  cuales se aceptó que aquél no era escolta y que era poseedor de un  revólver marca Llama, calibre 38.   

La  Fiscal señala respecto de la entrevista  practicada     por     Jorge     Hernán    Muriel  López     y     ampliada     por     Adriana  López  Chavarría a Jhon   Jairo   Giraldo   Ibarra,  testigo  presencial  de  los  acontecimientos, que deben tenerse en cuenta los artículos  437  y  438 literal b) de la Ley 906 de 2004, es decir, debió ser admitida pese  a  tratarse  de  una prueba de referencia, pues dicho ciudadano se encontraba en  “un  evento  similar” al  secuestro  o  desaparición  forzada, según fue precisado por esta Corporación  en  fallo del 6 de marzo de 2008, en cuanto tal como se acreditó, no concurrió  a  declarar  durante  el juicio oral por haber sido amenazado, al punto que tuvo  que irse junto con su familia del sector donde vivía.   

          Puntualiza   que   los  servidores  públicos  que  entrevistaron  a  Giraldo  Ibarra  expusieron  acerca  del  temor de éste, así como de la forma en que les relató ocurrieron  los  hechos  motivo  de  investigación,  señalando  al acusado como uno de los  autores del homicidio.   

          A  partir  de los argumentos precedentes la recurrente solicita a la  Sala  casar  el  fallo  del  Tribunal,  para  en  su lugar proferir sentencia de  condena   en   contra   de   ORLANDO  DAVID  GARCÍA  TORRES  como  autor  penalmente responsable del delito  objeto de acusación.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.             Intervención   de   la  Fiscalía  en  condición de demandante.   

          El  Fiscal  Delegado  ante  esta Corporación señaló que el asunto  tiene   tres   problemas   jurídicos   basilares   en   los   cuales  erró  el  Tribunal.   

El           primero,   respecto   de   la  prueba  de  referencia,  pues  si  bien  el  testigo  directo  de  los  hechos  Jhon    Jairo    Giraldo    Ibarra   fue  entrevistado  en dos ocasiones por miembros de la policía judicial, procediendo  a  relatar  en la primera la forma en que se produjo la agresión de la cual fue  víctima   su  amigo  Dairo  Cano  Posada,  mientras  que  en  la  segunda  se  limitó  a  ofrecer un relato  general,  pero  en  ambas  resalta  que  uno  de  los agresores fue capturado de  inmediato  por  la policía, lo cierto es que en esta última intervención dijo  que no volvería a la Fiscalía en cuanto tenía miedo.   

Posteriormente,   el   Notario  Noveno  de  Medellín  envió  a  la  Fiscalía  Ochenta  y Nueve Seccional de Medellín, la  declaración  extraproceso  que  rindió  Jhon  Jairo  Giraldo  Ibarra, con una narración similar a la de la  ampliación de entrevista.   

No  obstante,  las dos últimas exposiciones  resultan  sospechosas,  caso  en el cual debe aplicarse la doctrina que sobre la  retractación    de    los    testigos   tiene   sólidamente   establecida   la  Sala.   

Consta  en el diligenciamiento adelantado en  el  juicio  que  no se halló al referido testigo y al disponerse su conducción  se  estableció  que  en  su  domicilio no había ninguna persona. Igualmente se  acreditó  con  tres  constancias  del  Juez, que no asistió a declarar por las  amenazas  contra  él,  su progenitora de avanzada edad y su hermana menor, todo  lo  cual  determinó  que  la primera entrevista fuera admitida excepcionalmente  como prueba de referencia (artículos 437 y 438 literal b).   

A su turno, cuando el Juez dio traslado a la  defensa  respecto  de  la  eventual  impugnación  de  credibilidad  y  para  su  contradicción,  el  defensor  solicitó  escuchar  a  la servidora pública que  realizó  la  segunda  entrevista,  quien  informó  que  aquél día el testigo  estaba  muy  nervioso,  se  sentía  amenazado  junto  con  su  familia (Madre y  hermana) y no quería saber nada más de este asunto.   

En  sentencia  del  9  de  noviembre de 2006  dentro  del  radicado  25738,  la  Sala  expresó que aunque las entrevistas, la  declaración  jurada  y  el interrogatorio no son pruebas por sí mismas, cuando  son  recogidas y aseguradas por cualquier medio pueden servir en el juicio para:  a)  Refrescar  la  memorial  del testigo y b) Impugnar la credibilidad del mismo  ante  la  evidencia  de contradicciones contenidas en el testimonio, oportunidad  en  la  cual la Corte llamó la atención acerca del desprecio de algunos por la  prueba  de  referencia,  y  destacó  que  no  es atinado solicitar per  se  su exclusión aduciendo supuesta  ilegalidad.   

Ya  en  las  sentencias  24468 de marzo 30 y  26089  de  noviembre  2  de  2006,  la  Corte  había  indicado que la prueba de  referencia  era pertinente por excepción cuando por alguna razón acreditada en  términos razonables no se pudo recobrar la prueba directa.   

En  el  fallo de casación del 6 de marzo de  2008,   dentro   del   radicado   27477,   la   Sala  acerca  de  la  expresión  “eventos   similares”  indicó  que  debe  tratarse  de  situaciones  parecidas  a las previstas en las  excepciones   tasadas,  bien  por  su  naturaleza  o  porque  participa  de  las  particularidades  que  le son comunes, por ejemplo, que se trate de casos en los  que  el  declarante  no se halle disponible como testigo y que la disponibilidad  obedezca   a   situaciones  especiales  de  fuerza  mayor,  que  no  puedan  ser  racionalmente  superadas  como  podría  ser  la  desaparición  voluntaria  del  declarante  o  su  imposibilidad  de  localización. Sobre los eventos de fuerza  mayor,  anotó,  surge  del  carácter insuperable de los motivos que justifican  las   distintas   hipótesis  relacionadas  en  la  norma  y  de  su  naturaleza  eminentemente exceptiva.   

Por  tanto,  el  Fiscal   solicitó  tener  la entrevista de Jhon Jairo  Giraldo          Ibarra          como “evento  similar”, es decir, se la  admita  excepcionalmente  a  pesar de ser prueba de referencia, con mayor razón  si     se     encuentra    avalada    con   el   testimonio   del   policía  Hernán        Calle        Bedoya.   

El           segundo  problema,  dice  el  Delegado, se  refiere  a  las  supuestas  inconsistencias  encontradas  por  el Tribunal en la  cadena  de  custodia  de  la  camisa  que  se  dice tenía colocada ORLANDO   DAVID  GARCÍA  al  momento  de  cometer  el  delito  y  posteriormente, al ser perseguido por los miembros de la  fuerza pública, se despojó.   

En apoyo de su disertación trae a colación  lo  señalado  por  esta  Sala  en  fallo  de casación del 23 de abril de 2008,  dentro  del  radicado   29416,  en  la  cual  fue  desestimada una lista de  inconsistencias en punto de la cadena de custodia de un revólver.   

Precisa  que  la cadena de custodia pretende  avalar     el    cumplimiento    del    principio    de    la    “mismidad”  para garantizar la autenticidad de la evidencia que se  recolecta  y  que  por  tanto,  del  interrogatorio  de  la  defensa  al  agente  Hernán Calle Bedoya durante  el  juicio  se  infiere que la camisa que fue objeto de ese procedimiento fue la  del  acusado  y  no  otra,  sin importar si en el rótulo aparece la letra de un  policía  distinto o si hubo error en el número de la cédula, cuando lo cierto  es que se registro el mismo número del SPOA.   

Por   lo  tanto,  considera  que  no  hubo  irregularidad  alguna  esencial  en  el  curso  de la cadena de custodia en este  asunto.   

El   tercer  problema,  refiere,  gira  en torno de la captura del  acusado,  pues  el  Tribunal  considera  que  no  se trató de una situación de  flagrancia.  Aduce  que  en  fallo  del  1º  de  agosto  de  2007,  dentro  del  radicado  27707, esta Sala  precisó     que    tal    circunstancia    ocurre  cuando       la       persona       es sorprendida en el mismo momento de la  ejecución  del  delito o inmediatamente después pero sin haber sido perdida de  vista,  ora por un particular o por un agente de la autoridad que lo sorprende o  persigue,    siendo    la    captura    la    consecuencia    directa    de   la  flagrancia.   

La   decisión   anterior   se  funda  en  otra del 30 de noviembre de  2006    en    el    radicado   25136,   en  la cual se precisa que en el sistema acusatorio la flagrancia   tiene   lugar   en   tres   eventos,   entre  ellos,  cuando la persona es sorprendida o individualizada al  momento   de  cometer  el  delito  y  aprehendida  inmediatamente  después  por  persecución o voces de auxilio de quien presencia el hecho.   

Puntualiza      que     del  testimonio  del Subintendente Hernán  Darío  Calle  Bedoya  y  del Patrullero Oswaldo  Parra  Rincón en el juicio y de  sus  informes  se  infiere sin duda que la captura se  produjo   en   flagrancia,   circunstancia   desconocida   por  el  ad quem.   

A partir de lo expuesto, el Fiscal Delegado  solicita  a  la Sala casar el fallo de segundo grado, para en su lugar confirmar  la sentencia condenatoria de primera instancia.   

2.    Intervención   del  Procurador  Delegado para la Casación Penal   

          El  Delegado  comienza  por señalar que comparte los planteamientos  de la Fiscalía, en cuanto se ajustan a la normativa legal.   

          Puntualiza  que  el  Tribunal  desconoció la captura en flagrancia,  pues  quienes  vieron  la  comisión del homicidio y señalaron a los autores no  declararon  en  el  juicio, pero no tuvo en cuenta lo dicho tanto por el testigo  de  referencia  como por los policías que aprehendieron al procesado, elementos  que  no  dejan  duda  acerca  de  la  situación de flagrancia en la captura del  procesado.   

          Sobre  el quebranto de la cadena de custodia expresa que se trata de  simples  inconsistencias  aclaradas  dentro del juicio oral por la policía, las  cuales no afectan la legalidad de la prueba.   

          Igualmente    indica    que    el    ad  quem   descartó  las  pruebas  de  balística  y  de  absorción  atómica  por  no  tener poder incriminatorio contra el acusado, sin  percatarse    que    sus    consideraciones    riñen    con    los   resultados  técnicos.   

También  resalta  que nada dijo el Tribunal  acerca  del  indicio de presencia y oportunidad para cometer el homicidio, ni de  las  manifestaciones  del  acusado al momento de su captura, menos aún sobre la  prueba  técnica, según la cual, la camisa de GARCÍA  TORRES  tenía  residuos propios de los proyectiles al  ser detonados.   

Finalmente  el  Procurador  afirma  que  el  Tribunal  no tuvo en cuenta las declaraciones de los policías que intervinieron  en el procedimiento.   

Con  base  en  lo  anterior,  el  Ministerio  Público  solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  del  Tribunal  y confirmar la  sentencia       del       a      quo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Ab  initio  es  oportuno  destacar que el  Tribunal  sustentó  el  fallo  absolutorio  en la imposibilidad de arribar a la  certeza   sobre   la   responsabilidad   del  acusado  en  el  hecho  objeto  de  investigación, para lo cual adujo:   

“Tal  como  lo  anuncia  el  señor  defensor, no se tienen elementos de juicio suficientes para  afirmar  que  el  procesado fue el autor responsable del delito de homicidio que  se   le   endilga,  pues  sólo  se  cuenta  con  los  testimonios  de  los  policiales  que  no  fueron  testigos  presenciales de los  hechos,   la   captura  en  flagrancia  que  está  en  entre  dicho  (sic), porque  unas  son las personas que piden lo cojan mientras corre el agresor por la calle  60  con  la  carrera  53 y otras las que piden que lo cojan, pero ya en la calle  60,  desligándose  de la carrera 53, entre unas y otras personas no hubo nexo y  ni  siquiera  comparecieron  como  declarantes  en el juicio, sin olvidar que lo  capturaron  de  acuerdo  a  los  agentes, porque corría y se estaba quitando la  camiseta”.   

“Existe  otra  serie  de  errores:  por ejemplo la cadena de custodia que se hizo a la camiseta  que   luego   fue  analizada,  no  se  colocó  el  nombre  ni  cédula  al  que  pertenecía.  No se puede tan olímpicamente pasar un  error  de  estos  porque  para  eso  está el procedimiento, los protocolos y la  cadena  de custodia y se adujo simplemente en el juicio, que el procedimiento lo  hizo  otro  policía que se equivocó en el número de cédula, eso no puede ser  de  recibo,  porque  en un Estado de Derecho que respete las formas legales, eso  no    es    admisible”    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Luego  de  adentrarse en el contenido y exigencias de la presunción  de  inocencia,  el  ad  quem  señaló:   

“Si  se fuera a  tener   en  cuenta  al  único  testigo  (Jhon    Jairo    Giraldo    Ibarra,   se  aclara),  que  supuestamente  fue  localizado  por la  policía,  de  quien  se  dice  tenía  la  moto  de la víctima, que en primera  entrevista  señala  al capturado como el autor del homicidio, en la ampliación  se   retracta  de  lo  aseverado  y  cuando  se  trata  de  localizar  para  que  efectivamente   comparezca   al   juicio   oral,  ya  no  aparece,  ‘se  dice que por amenazas’  (…).  Para la Sala no queda claro  entonces,  ninguna  de  las  circunstancias  que  menciona la norma (artículo  438  de  la  Ley  906  de  2004, se precisa),   por   eso   no  debía  traer  dicha  entrevista  como  prueba  de referencia, cuando no estaba plenamente establecida  alguna  de  las excepciones para poder admitirla como tal. Por ello ese dicho de  referencia   es  inadmisible,  por  tanto  debió  haber  sido  excluido  de  su  valoración” (subrayas fuera de texto).   

          Adicionalmente,   el   Tribunal   cuestiona   que   el  a   quo  haya  aceptado  como  prueba  la  entrevista    realizada   a   Jhon   Jairo   Giraldo  Ibarra,  dado  que  no  compareció  a  declarar en el  debate oral y precisó:   

“En el juicio se  logró   allegar  otras  pruebas  que  ya  conocemos  y  analizamos  (experticio  realizado  a  la  citada  camiseta,  la  prueba  de barrido electromagnético de  absorción  atómica, declaraciones de los agentes, que tampoco fueron testigos)  pero  ninguna  de  ellas,  ni  aisladas  o  conjugadas  merecen o satisfacen las  exigencias  de  convicción  necesaria  para  que  la  Sala sustente un fallo de  condena” (subrayas fuera de texto).   

          Una  vez  expuestos  sucintamente  los  fundamentos del ad  quem  para proferir fallo absolutorio  en  favor  de ORLANDO DAVID GARCÍA TORRES,  encuentra  la  Sala  que  el  debate  en  esta sede casacional se  circunscribe  a  tres  aspectos:  El  primero,  el  valor  acreditativo  de  las  entrevistas  rendidas  por  el  testigo  presencial  de  los hechos Jhon   Jairo  Giraldo  Ibarra,  quien  no  compareció  al  juicio  oral,  en  cuanto  adujo  estar  amenazado junto con su  hermana y progenitora.   

El  segundo,  la  crítica  a  la  cadena de  custodia  de  la  camisa  que  tenía puesta el procesado y de la cual trató de  deshacerse  cuando era perseguido por los agentes de policía que lo capturaron,  la  cual  técnicamente  arrojó  resultado positivo para residuos de disparo de  arma de fuego en la parte frontal.   

          Y    tercero,    la    captura   en   flagrancia   de   ORLANDO   DAVID   GARCÍA,  amén  de  la  ponderación  conjunta  de las pruebas en punto de constatar si se arriba o no a  la certeza requerida para condenar.   

1.            Valor  acreditativo  de  las entrevistas  rendidas   por   el   testigo   Jhon  Jairo  Giraldo  Ibarra.   

          En  virtud del principio de inmediación (artículo 379) de tan cara  importancia    en    el    Sistema    Penal   Acusatorio,   el   “juez  deberá  tener  en  cuenta  como  pruebas únicamente las que  hayan   sido   practicadas   y  controvertidas  en  su  presencia.  La    admisibilidad    de    la    prueba    de    referencia    es  excepcional”  (subrayas  fuera de texto).   

Tienen el carácter de pruebas de referencia  las   declaraciones   recepcionadas  por  fuera  del  debate  oral,  cuando  son  utilizadas   para  acreditar  o  excluir  elementos  del  delito,  el  grado  de  intervención  en  el  mismo, las circunstancias de atenuación o agravación de  la  pena,  la  naturaleza  y  entidad  del daño causado y cualquier otro asunto  propio  del  juicio oral, siempre que no sea posible su recaudo en esta fase del  diligenciamiento.   

Desde luego, dado que la prueba de referencia  conspira  contra  el  principio  de  inmediación,  sólo  es admitida de manera  excepcional  en  los  casos  establecidos  en  el artículo 438 de la Ley 906 de  2004.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  aún  si  la prueba de referencia es  admitida  de  manera  excepcional, su valor y aporte en punto de la materialidad  del  delito  o  de  la  responsabilidad  del  acusado dependerá del soporte que  encuentre  en  otros  medios de prueba, pues por mandato legal, no basta por sí  misma  o  junto  con otros medios probatorios de la misma índole, para edificar  un  fallo de condena (artículo 381 de la Ley 906 de 2004), precepto mediante el  cual el legislador creó una tarifa legal negativa.   

En  cuanto  importa  a  esta  decisión  es  pertinente  señalar,  que  una de tales circunstancias de admisión excepcional  de  la  prueba  de referencia se establece en el literal b) del artículo 438 de  la  Ley  906  de  2004,  cuando  el  declarante  “es  víctima  de  un  delito  de  secuestro,  desaparición  forzada  o evento   similar”  (subrayas  fuera  de  texto).   

          Sobre el particular ha precisado la Sala:   

“La   norma  introdujo  una  excepción residual admisiva o cláusula residual incluyente, de  carácter  discrecional, en la hipótesis prevista en el literal b), al dejar en  manos  del  Juez  la posibilidad de admitir a práctica en el juicio, pruebas de  referencia    distintas    de   las   allí   reseñadas,   frente   a   eventos  similares”.   

“La expresión  eventos  similares,  indica  que  debe  tratarse  de situaciones parecidas a las  previstas   en  las  excepciones  tasadas,  bien  por  su  naturaleza  o  porque  participan  de las particularidades que le son comunes, como lo es, por ejemplo,  que  se  trate de casos en los que el declarante no se  halle  disponible como testigo, y que la indisponibilidad obedezca a situaciones  especiales   de  fuerza  mayor,  que  no  puedan  ser  racionalmente  superadas,  como  podría  ser  la  desaparición  voluntaria del  declarante      o      su     imposibilidad     de     localización”.   

“La  primera  condición  (que  se  trate  de  eventos  en  los  cuales el declarante no está  disponible),  emerge  de  la  teleología  del  precepto,  pues ya se vio que la  voluntad  de  sus  inspiradores  fue  la de permitir la admisión a práctica de  pruebas  de  referencia  sólo  en  casos excepcionales de no disponibilidad del  declarante,  y  de  no  autorizarla  en  los  demás  eventos  propuestos por el  proyecto  original  (eventos  de  disponibilidad  del  declarante  y  de pruebas  ungidas  por  particulares  circunstancias  de  confiabilidad),  con  la  única  salvedad  de  las  declaraciones contenidas en los registros de pasada memoria y  los      archivos      históricos,      que     quedó     incluida”.   

“La segunda (que  la  indisponibilidad  obedezca  a casos de fuerza mayor), surge del carácter  insuperable  de los motivos que justifican las distintas  hipótesis   relacionadas   en  la  norma,  y  de  su  naturaleza  eminentemente exceptiva, que impone que la admisión de la prueba de  referencia  por la vía discrecional se reduzca a verdaderos casos de necesidad,  y  que la excepción no termine convirtiéndose en regla, ni en un mecanismo que  pueda  ser  utilizado  para  evitar  la  confrontación  en  juicio  del testigo  directo”1.   

          Una  vez  efectuadas  las anteriores precisiones observa la Sala que  quien  presenció  directamente  los  hechos  materia  de investigación en este  asunto,    es    decir,    Jhon    Jairo    Giraldo  Ibarra,  fue  entrevistado  el  mismo  día, dos horas  después  de su ocurrencia, por el funcionario de policía judicial Jorge  Hernán  Muriel López, oportunidad  en  la  cual  dijo  que  la persona capturada, ORLANDO  DAVID  GARCÍA  TORRES,  fue  uno de los agresores que  causaron  la  muerte  a  su  amigo Dairo Senover Cano  Posada.   

          Diecisiete  (17)  días  más  tarde  al  ser  entrevistado  por  la  Asistente  de  la Fiscalía Adriana López,  el  mencionado  ciudadano  dijo que sólo escuchó los disparos y  vio  cuando  dos  hombres,  entre  ellos  el  que  luego fue capturado, salieron  corriendo  del  lugar  y  momentos  más tarde fueron perseguidos por agentes de  policía,  quienes  después  regresaron  con  ORLANDO  DAVID GARCÍA.   

          Un    relato    similar    al    precedente   rindió   Jhon   Jairo  Giraldo  ante  la  Notaría  Novena  de  Medellín,  pero  en  tal  oportunidad  agregó  que  para rendir su  entrevista  inicial fue presionado por la policía en procura de que señalara a  GARCÍA  como  autor  del  homicidio investigado.   

          En  la  audiencia  del  juicio  oral,  la  Fiscalía informó que en  varias  ocasiones  se había comunicado telefónicamente con el testigo a fin de  que  compareciera  a  dicha  diligencia,  pero  aquél  se  negó  rotundamente,  aduciendo  que  lo  habían  amenazado  a  él, su hermana y su madre, de que si  concurría  al  juicio lo matarían y todos corrían peligro, motivo por el cual  tenía  miedo.  Para acreditar lo expuesto la Fiscalía allegó tres constancias  sobre  el  particular  (fols  76,  77 y 78) referidas a contactos realizados los  días  28 de mayo, 4 de junio  y 6 de junio de 2007, sin resultado positivo  alguno.   

          A   instancia   de   la  Fiscalía  se  ordenó  la  conducción  de  Jhon    Jairo   Giraldo,  recibiéndose  respuesta  del  Comandante  de  la  Estación de Villatina, en el  sentido  de que pese a haberlo intentado en varias oportunidades, no fue posible  ubicar al testigo en su residencia.   

Igualmente se escuchó en declaración a los  investigadores  que  entrevistaron  al testigo. La asistente de la Fiscalía que  realizó   la   segunda   entrevista   afirmó   que  percibió  a  Jhon  Jairo Giraldo muy nervioso, quien le  dijo  que  temía  por  su  vida,  había  variado y atenuado su versión de los  hechos y no quería saber más de este asunto.   

Entonces,  la Fiscalía solicitó se tuviera  la  entrevista  de  aquél  como  prueba  de  referencia,  a lo cual accedió el  a quo.   

Del   anterior  recuento  puntual  de  las  circunstancias  que  rodearon tanto las entrevistas iniciales rendidas por quien  efectivamente  vio  el  desarrollo  de  los  hechos  investigados,  así como la  imposibilidad  de  conseguir  su  concurrencia  al  debate  oral  en  cuanto fue  amenazado  junto  con  su  familia, concluye la Sala que tal como lo señaló el  a  quo,  se está en una de  las  situaciones  a  las  que  se  refiere  el  legislador  en el literal b) del  artículo  438  de  la Ley 906 de 2004, como “evento  similar”.   

En  efecto,  se  trata  de una situación de  fuerza  moral a la que se vio sometido el testigo, de manera que al concurrir al  juicio  ponía  en  peligro fundado no sólo su vida e integridad, sino además,  la  de  su  hermana  y  su  progenitora,  todo  lo  cual  fue demostrado con las  constancias  de  la  Fiscalía,  la  imposibilidad  de lograr su conducción por  parte  de  la  policía, amén de lo que expresó a la asistente de la Fiscalía  al rendir su segunda entrevista.   

          Concluye  entonces  la  Sala,  que  asiste  razón a la Fiscalía al  deplorar   que   el   Tribunal   no  tuviera  las  entrevistas  de  Jhon   Jairo   Giraldo  como  prueba  de  referencia.   

          2.        La  cadena  de  custodia de la camisa que tenía puesta el procesado  al momento de su captura.   

          Impera  recordar  que  los  yerros  en  el  curso  y  respeto de los  protocolos  derivados  de  la  denominada  cadena  de  custodia  no  comportan la exclusión de la prueba, en  cuanto  no  se trata de un asunto de legalidad del medio de convicción, sino de  valoración  y  ponderación  judicial del mismo, en cuanto puede verse afectado  lo  genuino, fidedigno y auténtico del elemento probatorio, de modo que aún en  aquellos  casos  en  los  cuales se constate la ruptura efectiva de la cadena de  custodia,  no  por  ello  debe  automáticamente marginarse la prueba del acervo  probatorio,  sino  que  corresponde al juez verificar hasta qué punto y en qué  medida,  ello  compromete  la  acreditación  o  autenticidad  de la evidencia o  elemento    probatorio    en    punto    de    su   credibilidad   y   potencial  persuasivo.   

No en vano, el artículo 273 de la Ley 906 de  2004 establece como criterios de valoración:   

“La valoración  de  los  elementos  materiales probatorios y evidencia física se hará teniendo  en  cuenta su legalidad, autenticidad, sometimiento a cadena de custodia y grado  actual  de  aceptación  científica, técnica o artística de los principios en  que se funda el informe”.   

De  igual  forma,  es  claro  que tampoco la  ruptura  en  la  cadena  de  custodia  supone  necesariamente la inadmisión del  elemento  material  probatorio, asunto diverso es que el juez pueda inadmitir la  prueba,  no  por  considerarla ilegal, pues como quedó visto no lo es, sino por  carecer    de   fuerza   demostrativa   en   cuanto   atañe   al   thema  probandum del diligenciamiento, al  advertir    falencias    en    su    recolección,    su    producción   o   su  autenticidad.   

La  cadena  de custodia pretende asegurar la  evidencia   física,   a   fin   de   evitar  su  alteración,  modificación  o  falseamiento,   todo   lo   cual   queda  comprendido  dentro  del  principio  de mismidad, según el cual, el  medio  probatorio  exhibido  en los estrados judiciales debe ser el mismo y debe  contar  con  las mismas características, componentes y elementos esenciales del  recogido  en  la  escena  del  delito  o  en  otros  lugares  en el curso de las  pesquisas adelantadas por los investigadores.   

          No  sobra  señalar  que si la cadena de custodia fue establecida en  procura   de   asegurar  pruebas  fidedignas  y  genuinas  dentro  del  proceso,  garantizando  con  ello los derechos no sólo del sindicado sino también de los  demás   intervinientes,   es   evidente   que   dicha  teleología  no  permite  transformarla  en  herramienta  para  obstaculizar  el  trámite o peor aún, en  instrumento  para  conseguir la impunidad mediante la utilización irracional de  las  formalidades,  siempre  que,  se reitera, se preserve su razón de ser y se  cumplan  los cometidos garantistas que le dan sentido a su institucionalización  por vía legislativa en el estatuto procesal penal.   

          Una  vez efectuadas las anteriores precisiones, observa la Sala que,  en    efecto,   tal   como   lo   señaló   el   ad  quem   en   el   fallo   impugnado,   en  el  rótulo  correspondiente  al  embalaje  de  la  camisa  amarilla que vestía el procesado  cuando  era  perseguido  por  los  agentes  de  la  policía  alertados  por  la  ciudadanía  sobre  la  comisión  del  homicidio  y  de la cual aquél intentó  deshacerse,  no  aparece el nombre ni el número de la cédula de ciudadanía de  ORLANDO     DAVID    GARCÍA    TORRES.   

También  es  cierto  que  el embalaje de la  camisa   fue   realizado   por   el   Agente  Hernán  Calle,  quien a instancia de la defensa declaró en el  debate  oral que el rótulo fue diligenciado por otro miembro de la policía, el  cual  anotó  mal  el número de cédula de ciudadanía de aquél, pues en lugar  de escribir el 98.592.274, registró el 98.592.794.   

Pese  a lo expuesto, advierte la Sala que el  Tribunal  omite señalar que en el rótulo de la cadena de custodia se anotó el  número  del SPOA (Sistema Penal Oral Acusatorio) que permite individualizarlo y  excluir  su  posible  confusión  con  otras  evidencias,  además,  el  Experto  balístico  Oswaldo Cubillos  al rendir su dictamen dejó sentado:   

“Recibí el 15 de  enero  de  2007, una (1) bolsa plática transparente sellada con cinta y rótulo  del  Instituto  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses  de  Bogotá, en cuyo  interior  se  encontró  un (1) paquete embalado en bolsa plástica con cinta de  EVIDENCIA  del  Cuerpo Técnico de Investigación y donde se observa un sobre de  Manila  identificado  con  rótulo  Elemento Materia de Prueba donde se describe  como    número    de    hallazgo    1.    Sitio   del   hallazgo   ‘Una  camisa  de  color  amarillo  en  carrera  53  calle  59’.  Descripción     del     Elemento     Materia     de     Prueba:    ‘Una      camisa      de     color  amarillo’,  Nombres  y  apellidos  de  la  persona  a quien se le encontró el elemento “Orlando David  García    Torres’   y  cantidad  de  Elemento Material de Prueba: 1. En el interior del sobre de Manila  se  encontró  (1)  camisa  manga  corta  (…).  El paquete con la camisa viene  acompañado   de  su  respectivo  registro  de  cadena  de  custodia” (fol. 96 y 96 vto).   

En  las  conclusiones  de  dicho dictamen se  expresó:   

“SI    SE  ENCONTRARON  PARTICULAS  DE  RESIDUOS  DE  DISPARO  EN  LA  CAMISA  ENVIADA PARA  ESTUDIO”.   

          En  la  actuación  (fol.  99) aparece la fotografía de la referida  “evidencia embalada en bolsa plástica transparente  y   bolsa   de   manila   rotulada   y   con   cadena   de  custodia”.   

          Además  de lo expuesto se tiene que en el curso de la actuación ni  el  procesado ni su defensor plantearon de alguna manera que la camisa a la cual  le  fue  practicado  el  análisis  Microscópico  Electrónico  de  Barrido que  arrojó  resultado  positivo  para  residuos  de disparo de proyectil de arma de  fuego,  fuera  diferente  de  la  que  vestía ORLANDO  DAVID  GARCÍA TORRES cuando fue perseguido y capturado  por  los  agentes  de  policía  al  ser  noticiados por la ciudadanía de haber  cometido un homicidio.   

          Así  las cosas, si el ámbito de protección de la regla de recaudo  probatorio  derivada  de  la  cadena  de  custodia,  como  atrás  se  dijo,  se  circunscribe    a   garantizar   el   principio   de  mismidad,  no  hay  duda  que  la  camisa  que vestía  GARCÍA  TORRES y aquella a  la  cual  se le practicó el referido examen balístico es la misma, de modo que  si  en  el rótulo no fue anotado de quien se trataba o si el número de cédula  del  Agente  de  Policía que la embaló presenta dos dígitos errados, pero fue  registrado  el  SPOA, conviene la Sala en concluir que tales omisiones no tienen  la  entidad  suficiente  para  demeritar  el  valor probatorio derivado de dicha  prenda  de vestir, el cual, desde luego, deber ser ponderado en conjunto con los  demás    medios    de    convicción   obrantes,   como   más   adelanté   se  procederá.   

          De  lo expuesto se colige que razón asiste a la crítica emprendida  por  la  recurrente,  y el Fiscal Delegado ante esta Colegiatura y el Ministerio  Público  en  la audiencia de sustentación, en punto de la errada exclusión de  dicho    medio   probatorio   por   parte   del   ad  quem,   pretextando   yerros   en   la   cadena   de  custodia.   

          3.        La captura del acusado.   

          Se  encuentra demostrado con las declaraciones rendidas en el juicio  oral   por  el  Subintendente  Hernán  Darío  Calle  Bedoya  y  el  Agente  Ever  Osvaldo  Ayala  que  el  día  de  los  hechos  fueron  alertados  por algunos ciudadanos acerca de que dos individuos habían disparado  momentos  antes  contra otro y habían huido, motivo por el cual emprendieron la  persecución  de quienes iban corriendo y eran señalados como los autores de la  agresión,  logrando  alcanzar  sólo  a ORLANDO DAVID  GARCÍA,  quien  intentó quitarse una camisa amarilla  que  vestía,  la  cual  fue  embalada  y  remitida para los análisis técnicos  correspondientes.   

          En   punto  del  instituto  de  la  flagrancia  ha  tenido  la  Sala  oportunidad   de   señalar   a   la   luz   del  sistema  penal  acusatorio  lo  siguiente:   

“…la  definición  que  al  respecto  traía  el  Código  de  Procedimiento Penal anterior, y la actual del artículo  301  de  la  Ley  906  de  2004,  conllevan  a  que  la  flagrancia  se  vincule  necesariamente   a   la   captura   del   autor  del  hecho,  pues  ‘hoy en día la tesis según la cual  era  perfectamente  viable  que  se  presentara  el  fenómeno de la flagrancia,  entendida  como  evidencia  procesal,  sin  su correlativo de la captura como su  consecuencia,  ya  no  es  predicable’  (fallo  de casación de 18 de abril de 2002. Radicación 10194),  toda  vez  que de acuerdo con la última normatividad  en cita, se entiende que hay flagrancia cuando:   

“1. La persona  es sorprendida y aprehendida al momento de cometer el delito.   

“2.  La  persona  es  sorprendida  o  individualizada  al  momento   de  cometer  el  delito  y  aprehendida  inmediatamente  después  por  persecución  o  voces  de  auxilio  de  quien  presencie  el  hecho”.   

“3. La persona  es  sorprendida  y  capturada  con objetos instrumentos o huellas, de los cuales  aparezca  fundadamente que momentos antes ha cometido un delito o participado en  él”.   

“Como se ve,  en  todos  los  eventos el sorprendimiento de la persona está inescindiblemente  ligado  a la captura y en cada uno de ellos se establece una diferencia temporal  de  menor  a  mayor,  en  todo caso limitada por una determinada inmediatez a la  comisión  del  delito  y  a  la  posibilidad  de  predicar la identificación y  consecuente  autoría del aprehendido; circunstancia que a su vez, frente a cada  una  de  las  situaciones  planteadas  conlleva  a  unas determinadas exigencias  valorativas        que       compete       hacer       al       Juez”.   

“En el primer  caso,  el  sorprendimiento es concomitante a la captura, en tanto que se ejecuta  al  momento  de cometer el delito. Esta situación resulta evidencia de difícil  controversia  frente  a  la  identificación  e  individualización  del  autor,  independientemente   de   las   razones   que  puedan  o  permitan  explicar  su  comportamiento”.   

“En el segundo  caso,  a  la persona también se le sorprende cometiendo el delito, sólo que la  captura  no  ocurre en ese preciso momento, sino inmediatamente después, y como  consecuencia  de la persecución o voces de auxilio de quien presencia el hecho,  pues  sabe  quién  es el autor y cuál es su identificación o las señales que  lo individualizan”.   

“El  tercer  supuesto  hace  referencia  a  un  sorprendimiento  posterior a la comisión del  hecho.  Aquí  la  captura  no tiene una actualidad concomitante a su ejecución  puesto  que  no  se  requiere  que  alguien  haya visto a su autor cometiendo el  delito,  sino que son los objetos, instrumentos o huellas que tenga en su poder,  los    que    permiten   concluir   ‘fundadamente’,  esto  quiere  decir, con poco margen de error, que ‘momentos      antes’  lo  ha  cometido o participado en  él”2    (subrayas    fuera   de  texto).   

          Al    cotejar    la    citada    síntesis   fáctica   –  no  controvertida  por  los  sujetos  procesales  –  con  lo ya  expuesto  por  la  Sala,  puede colegirse en primer lugar, que los agentes de la  policía  no  fueron  testigos  presenciales  de  la comisión del homicidio, no  obstante,  es  evidente  que sí fueron testigos directos de la aprehensión del  acusado, como que   

fueron ellos quienes por voces de auxilio de  las  personas  que realmente presenciaron el hecho emprendieron la persecución,  dando lugar a la captura de uno de los agresores.   

          En  segundo término, que contrario a lo asumido por el ad  quem,  la situación de flagrancia no  se    encuentra    “en   entre   dicho  (sic)”,  pues  precisamente  se  trata  de la segunda hipótesis  planteada  en la jurisprudencia en cita, en cuanto unos ciudadanos sorprendieron  a  los  delincuentes  en el momento de comisión del homicidio, circunstancia no  extraña,  toda  vez  que  la  conducta se produjo en la calle y estando aún de  día  (5:45  p.m.);  aquellos a su vez informaron de inmediato a una patrulla de  la  policía  que  transitaba  por  el  sector, cuyos miembros, el Subintendente  Hernán  Darío Calle Bedoya  y   el   Agente   Ever   Osvaldo   Ayala  emprendieron  la  persecución,  logrando  capturar a ORLANDO DAVID GARCÍA.   

          De  conformidad  con  lo  anterior,  también  asiste razón al ente  acusador  en  su  condición de demandante al cuestionar que el Tribunal pusiera  en  entredicho  la  situación de flagrancia en cuyo marco se produjo la captura  del acusado.   

          Una  vez  constata  la Sala que en este asunto: (i) Si es procedente  tener    como   prueba   de   referencia   las   entrevistas   de   Jhon  Jairo  Giraldo a los investigadores  de  policía judicial; (ii) No se rompió la cadena de custodia de la camisa que  portaba     ORLANDO    DAVID    GARCÍA  al  momento  de  su  captura, la cual arrojó resultados positivos  para  residuos  de proyectil de arma de fuego; y (iii) La captura del mencionado  ciudadano  se  produjo  en  situación  de  flagrancia,  según  lo probaron los  testigos  directos  de  ello, es decir, los agentes de policía, acomete la Sala  el   estudio   en   conjunto   del   acervo  probatorio,  como  inicialmente  se  advirtió.   

          En   tal   propósito   se  tiene  que  en  la  entrevista  inicial,  Jhon  Jairo  Giraldo  Ibarra  fue contundente al expresar:   

“YO  ESTABA  REPARANDO  UN  CARRO  EN  EL  QUE TRABAJAMOS, ESTABA EN LA CARRERA 54 CON LA 59,  ESTABA  PARADO  HABLANDO  CON  EL  OCCISO QUE SE LLAMA DAYRON, EL ESTABA SENTADO  MIRANDO  HACIA  LA  CALLE,  CUANDO  ME  RETIRÉ  HACIA  EL  CARRO  PORQUE ESTABA  PARQUEADO  EN  LA  CALLE, YO VI LOS DOS MUCHACHOS QUE  LO  MATARON  PARADOS DETRÁS DE ÉL, YO ME AGACHÉ AL  LADO  DEL  CARRO  Y  AHÍ  ES DONDE ESCUCHO LOS TRES DISPAROS, INMEDIATAMENTE ME  LEVANTO,  VEO  LOS  DOS  MUCHACHOS  CORRIENDO, SALIENDO DE LA PARTE DONDE HABIAN  DEJADO  A  DAYRON  TIRADO DESPUÉS DE LOS DISPAROS, EN EL MOMENTO LLEGAN LOS DOS  AGENTES  EN  LA  MOTO  Y OTRO AMIGO Y YO QUE ESTABAMOS AHÍ LES DIJIMOS QUE AHÍ  IBAN  Y AL MOMENTO APARECIERON LOS AGENTES CON UNO DE  ELLOS  CAPTURADO (…) EL  MUCHACHO  QUE  TRAJERON  LOS  AGENTES  DETENIDO  ES  UNO  DE LOS DOS  QUE LE DISPARARON A DAYRON PORQUE YO LO VI CUANDO CORRIÓ CON EL  OTRO  DE  DONDE  QUEDÓ  DAYRON”  (subrayas fuera de  texto).   

          La  anterior prueba de referencia admisible es suficientemente clara  en   el   señalamiento   que  compromete  sin  vacilación  alguna  al  acusado  GARCÍA  TORRES, la cual fue  rendida   dentro   de   las   dos   horas   siguientes   a   la   comisión  del  delito.   

         Obviamente,  y tal como el mismo testigo  lo  dijo a la asistente de la Fiscalía que realizó la segunda entrevista, dado  que  luego  de  su  primera  exposición  fue  amenazado  para que no declarara,  decidió  en  su  segunda  intervención  decir  que  después  de  escuchar los  disparos  vio a dos individuos corriendo, uno de los cuales fue capturado por la  policía.  Ya  en  la  declaración  extraproceso rendida ante Notario, el mismo  deponente  afirma que con posterioridad a escuchar las detonaciones observó que  la gente corría, entre quienes estaba el muchacho capturado.   

          Considera  la  Sala que de acuerdo con las reglas de la experiencia,  es  claro  que  el  relato  espontáneo  realizado  en  momentos siguientes a la  comisión  del  delito resulta ser por regla general más fidedigno y confiable,  como  ocurre  en  este  caso  en  el  que  Jhon Jairo  Giraldo relata la forma en que se produjo el homicidio  de  su  amigo  a  manos  del  acusado,  con  mayor  razón  si ya para cuando es  entrevistado  por  segunda  vez  informa  a  la asistente de la Fiscalía que es  víctima  de  amenazas  contra  su  vida  y  la  de su familia y que por ello ha  variado  su versión inicial, desde luego, todo con el propósito de no inculpar  a uno de los autores del delito.   

La  anterior  prueba de referencia admisible  concatena  rigurosamente  con  las  declaraciones del Subintendente Hernán   Darío   Calle   y  el  Agente  Ever Osvaldo Ayala, testigos  directos  de  las voces de auxilio de la ciudadanía, además de la persecución  y  captura en flagrancia de GARCÍA TORRES.   

         Si  unido  a  lo anterior, se cuenta con que el dictamen técnico de  análisis  Microscópico  Electrónico  de  Barrido  realizado  a  la camisa que  vestía  el  acusado  para  el  momento  en que fue perseguido arrojó resultado  positivo  para  residuos  de  disparo de proyectil de arma de fuego, secuela que  sólo  se produce cuando media una cercanía de treinta centímetros o menos con  la  deflagración, logra reconstruirse el cuadro conjunto del acontecer fáctico  aquí  investigado, es decir, además de la materialidad del delito, se concluye  más  allá  de  toda duda razonable que ORLANDO DAVID  GARCÍA  TORRES  fue  la persona que en asocio de otro  individuo   no   identificado   disparó   por   la  espalda  contra  Dairo Senover Cano Posada causándole la  muerte,  siendo  sorprendido  por  la  ciudadanía, la cual lo señaló ante una  patrulla   de   la   policía  que  transitaba  por  el  lugar,  cuyos  miembros  emprendieron la persecución y consiguieron su captura.   

         En   suma,   considera   la   Sala   que   erró   el   ad  quem al proferir fallo absolutorio en  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,  sin  tener en cuenta que, como ya lo ha expuesto  esta   Colegiatura,   “la   convicción  sobre  la  responsabilidad   del   procesado   ‘más  allá  de toda duda’,  corresponde  a  un estadio del conocimiento propio de la certeza  racional3  y,  por  tanto,  relativa,  dado  que la certeza absoluta resulta  imposible  desde  la  perspectiva  de  la  gnoseología  en  el  ámbito  de las  humanidades   e  inclusive  en  la  relación  sujeto  que  aprehende  y  objeto  aprehendido,  de modo que sólo cuando no se arriba a  dicha  certeza  relativa de índole racional ante la presencia de dudas sobre la  materialidad  y existencia del delito investigado o sobre la responsabilidad del  acusado,  siempre  que,  en todo caso, dichas dudas tengan entidad y suficiencia  como   para  crear  incertidumbre  sobre  tales  aspectos  que  tienen  que  ser  debidamente  acreditados  con  medios  de  prueba reales y posibles en cada caso  concreto,  no  con  elementos  de convicción ideales o imposibles, ahí, en tal  momento,  es  posible  acudir  a  la aplicación del principio in dubio pro reo,  esto  es,  resolver la vacilación probatoria en punto de la demostración de la  verdad,    a    favor    del   acusado”4  (subrayas  fuera de texto).   

Así  las  cosas,  si de conformidad con el  recaudo  de  pruebas  se  imponía  proferir sentencia condenatoria en contra de  ORLANDO     DAVID    GARCÍA    TORRES,  es  claro  que  los señalados errores de apreciación probatoria  resultan  trascendentes  en el sentido del fallo, todo lo cual impone a la Sala,  como  lo  deprecó  la Fiscal impugnante, así como el Fiscal Delegado ante esta  Colegiatura  y  el  Ministerio  Público,  casar  la  sentencia  dictada  por el  Tribunal,  para  en su lugar, confirmar el proveído de condena de primer grado,  motivo  por el cual se librará de inmediato la correspondiente orden de captura  para hacer efectiva la pena impuesta.   

Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.             CASAR   la  sentencia  impugnada,  en el sentido de revocar el fallo absolutorio proferido a  favor  de  ORLANDO  DAVID  GARCÍA TORRES, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        CONFIRMAR,   en  consecuencia,  el  fallo  condenatorio de primera instancia.   

3.              LIBRAR  inmediatamente la correspondiente orden de captura.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 6 de marzo de 2008, Rad.27477.   

2  Providencia del 30 de noviembre de 2006. Rad. 25136.   

3  En  este sentido sentencia C-609 del 13 de noviembre de 1999.   

4 Fallo  de casación del 4 de febrero de 2009. Rad. 30043.     

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