30601(08-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30601   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:-  

MARIA DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 209.  

         

          Bogotá   D.C.,   ocho  (8)  de  julio  de  dos  mil  nueve  (2009).   

  VISTOS  

Por  sentencia  del  23 de marzo de 2006, el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad  condenó a GUILLERMO   FINO   SERRANO  a  las  penas  principales  de  70 meses de prisión, multa en cuantía de 80 salarios mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término fijado para la pena privativa de la libertad,  como  coautor responsable de los delitos de interés indebido en la celebración  de contratos y cohecho impropio.   

Con ocasión de la apelación interpuesta por  la   defensa,   el  Tribunal  Superior  de  Armenia1    revocó    la   sentencia  condenatoria  y, en su lugar, absolvió al procesado por razón de las conductas  punibles en mención, decisión adoptada el 31 de octubre de 2007.   

Contra   el  fallo  de  segunda  instancia  interpusieron  recurso  de  casación el Fiscal 2º Delegado ante el Tribunal de  Cundinamarca,  el  Procurador  317  Judicial  II en lo Penal, el apoderado de la  compañía   FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA  S.A.  y el apoderado del INSTITUTO  DE  SEGUROS  SOCIALES  (ISS), los dos últimos actuando  como       representantes       de       la       parte       civil.    

Admitidas las demandas y obtenido el concepto  de   rigor,   corresponde   a   la   Corte   emitir  el  fallo  que  en  derecho  corresponda.   

HECHOS  

Mediante  denuncia presentada el 27 de marzo  de  2004,  GUILLERMO  FINO  SERRANO   informó  que  desde  el  15  de  octubre del año anterior venía  siendo  objeto  de  exigencias  extorsivas consistentes en que de no cancelar la  suma  de 50.000 dólares sería denunciado por las presuntas irregularidades por  él  cometidas cuando se desempeñó como director de la DIAN y del ISS, para lo cual el extorsionista envió  varios  comunicados  en tal sentido a personajes de la vida pública y a algunos  medios  de comunicación. La denuncia la formuló sin precisar el responsable de  la  ilicitud.  Sin  embargo,  dijo  creer  identificar  como  tal a Jesús  Antonio Buriticá, pues uno de los  anónimos aparecía suscrito con ese nombre.   

          Con  fundamento  en  el  libelo  denunciatorio,  el GAULA capturó a  Jesús   Antonio   Buriticá  Restrepo  en  operativo  desplegado  cuando  éste  se  disponía a recibir el  dinero   exigido   a   cambio   de   entregar  los  documentos  soporte  de  las  irregularidades    cometidas   por   FINO   SERRANO.  En   desarrollo   de   la   respectiva   indagatoria,  Buriticá  Restrepo  reveló  haber  sido  contratado por aquél para convertirle a dólares pesos colombianos  en   cantidad  aproximada  a  los  $2.500.000.000,  producto  de  una  comisión  irregular  que le canceló el representante legal de la compañía multinacional  FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA  S.A.,  Rodrigo  Díaz  Sendoya,  por  agilizar  el  pago del anticipo correspondiente al contrato No.  110  del  20  de  marzo  de  2002, celebrado por dicha empresa y el ISS   cuando  lo  dirigía  FINO  SERRANO, gestión por la cual éste  le  pagó 30.000 dólares y le ofreció entregarle otra suma representada en esa  misma moneda, sin que el aludido cumpliera lo prometido.    

Dentro  de  la  actuación  procesal  que se  inició   en   contra  de  Jesús  Antonio  Buriticá  Restrepo, el fiscal instructor ordenó compulsar copia  de    la    foliatura    para    investigar    por   separado   a   GUILLERMO FINO SERRANO.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  decisión  del Fiscal General de la  Nación,    las   copias  correspondieron  a  la  Fiscalía  2ª  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de  Cundinamarca,  cuyo titular dictó resolución de apertura de instrucción el 16  de septiembre de 2004.   

2.  En  el  curso  de  la investigación, el  fiscal   vinculó   mediante   indagatoria   a   FINO  SERRANO,  mientras  hizo  lo  propio  con Rodrigo   Díaz   Sendoya,  pero  a  este  último mediante la figura de persona ausente.   

3. El 25 de septiembre de 2004, el instructor  resolvió    la    situación   jurídica   a   FINO  SERRANO  con imposición de medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  por los delitos de interés indebido en la celebración  de contratos y cohecho impropio.   

4. El 21 de diciembre siguiente clausuró la  investigación  en  forma  parcial,  determinación  que  cobijó únicamente al  procesado antes mencionado.    

5.  Mediante  providencia del 17 de enero de  2005,   el   Fiscal  de  la  instrucción  calificó  el  mérito  del  sumario,  profiriendo      resolución      de      acusación     contra     GUILLERMO  FINO  SERRANO,  por los mismos  punibles  considerados  en  la  medida  de  aseguramiento.  Dicha  decisión fue  confirmada  por  un  Fiscal  Delegado  ante la Corte Suprema de Justicia, según  providencia del 8 de marzo de 2005.   

6. El juzgamiento le correspondió al Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de Bogotá, funcionario que lo tramitó conforme a la  ritualidad  prevista  en  la  Ley  600 de 2000, poniendo término a la instancia  mediante  la  sentencia  condenatoria  del  23  de marzo de 2006 que, como ya se  dijo,  fue  revocada  por  el  Tribunal  Superior  de Armenia con ocasión de la  apelación interpuesta por la defensa.    

7. El condigno fallo absolutorio ameritó la  interposición  del  recurso de casación por parte del Fiscal 2º Delegado ante  el  Tribunal  de  Cundinamarca,  del Procurador 317 Judicial II en lo Penal, del  apoderado  de  la  compañía  FRESENIUS MEDICAL CARE  COLOMBIA   S.A.   y  del  apoderado  del  INSTITUTO  DE  SEGUROS  SOCIALES, los dos  últimos actuando como representantes de la parte civil.   

8.  Mediante  auto  del  29 de septiembre de  2008,  se  admitieron  las demandas presentadas por los recurrentes. Remitida la  actuación  al  Ministerio  Público,  el  Procurador  Segundo  Delegado para la  Casación    Penal    rindió    concepto   solicitando   casar   la   sentencia  impugnada2.   

LAS DEMANDAS  

          Los  cuatro  impugnantes  coinciden  en formular un único cargo por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, como consecuencia de incurrir el  Tribunal  en error de hecho por falso raciocinio. A continuación se resume cada  uno    de   los   libelos.                  

          1.    Demanda    instaurada    por   la  Fiscalía:   

          Empieza  analizando  la  prueba  testimonial  de cargo, para lo cual  reseña  sintéticamente  el  contenido  de  las  declaraciones  de Rodrigo   Díaz  Sendoya,  Carmen  Helena  Botero,  Claudia  de  la  Inmaculada    Concepción    Hernández   Mendoza   y  Jesús   Antonio   Buriticá   Restrepo,   a   cuyo   término  concluye  que  de  esos  testimonios  surge  demostrado,    sin   dubitación   alguna,   que   el   procesado   GUILLERMO   FINO   SERRANO  incurrió  en  corrupción  administrativa  al recibir comisiones por el pago de obligaciones a  cargo  del ISS por acreencias  vencidas    a    favor,    particularmente,    de    la   empresa   FRESENIUS  MEDICAL  CARE, representada por  Rodrigo  Díaz  Sendoya, de  quien  el  acusado  también  recibió  una comisión del 10% correspondiente al  contrato   110   de  2002  celebrado  entre  dicha  empresa  y  el  ISS.                

          Para  el  censor,  los  citados  testigos son claros, consistentes y  coherentes   en   indicar   que   de   la   cuenta   paralela   de  FRESENIUS  se  giraron 27 cheques a favor  de  diversas  personas,  “cuyo  cambio  se  hizo en  algunos   eventos   en  ventanilla  para  la  compra  de  dólares  o  en  otros  directamente  por las casas cambistas; para finalmente convertir esos dineros en  dólares  y  entregarlos  a  Fino  Serrano, bien de manera directa por el señor  Jesús  Antonio  Buriticá  Restrepo encargado de tal menester por parte de Fino  Serrano,   ora  porque  fueran  entregados  a  través  de  la  señora  Claudia  Hernández”.   

          Considera   que   esa   situación   fáctica  la  corrobora  prueba  documental   elaborada   por  la  señora  Hernández  para especificar los dineros cambiados a dólares y en  la  cual  aparecen varias caligrafías de autoría del procesado, entre ellas su  firma,  en señal de aceptación de las sumas dinerarias entregadas a él por la  mencionada testigo.   

          Precisado  lo  anterior,  el actor pasa a referirse a los errores de  apreciación en la prueba testimonial que atribuye al Tribunal.   

Así,  en  primer  lugar,  destaca  cómo el  juzgador  aduce  la  existencia de una serie de contradicciones en los dichos de  los  declarantes,  como lo relacionado con la presión ejercida por FINO     SERRANO     a    Díaz    Sendoya    que   le   impidió  denunciarlo,  considerando  además  la situación de la empresa,  presión  que  el  ad quem no advirtió  convincente,  dado  que este último manejaba la compañía a su manera. Para el  demandante,  tal contradicción es meramente aparente, pues si el citado testigo  aceptó  pagar  las  comisiones  fue para salvar financieramente la empresa y de  paso mantener la vinculación contractual con la entidad pública.   

En  ese  sentido,  la  Fiscalía  encuentra  vulnerada   la   regla   de   la  experiencia  según  la  cual  “cuando  existen  pactos  indelicados entre funcionarios públicos y  particulares  contratistas,  no necesariamente se requiere una presión indebida  por  parte  del  administrador; basta que haya existido un acuerdo de voluntades  para  proceder  a  dar  cumplimiento  a  los  pactos  clandestinos  que permitan  congraciarse con el servidor público”.   

          En  segundo  lugar, examina la contradicción que deriva el juzgador  de   la  manifestación  del  testigo  Díaz  Sendoya  conforme  a la cual en una conversación sostenida por  él   con   FINO   en  la  cafetería  el  Virrey  estuvieron  presentes  sus  escoltas,  quienes  entonces  pudieron  confirmar sus afirmaciones, hecho cuya ocurrencia rechaza el procesado  en  sus distintas versiones. En criterio del impugnante, dicha contradicción no  tiene  trascendencia y en su apreciación el fallador desconoce las reglas de la  lógica  y  de la experiencia, “pues ninguna persona  medianamente  sensata  que  pretenda  concertar  un  delito,  lo  va  a hacer en  presencia  de  testigos o de personas que pudieran referir el hecho o ponerlo al  descubierto  ante  las autoridades, a no ser que se trate de partícipes  o  de individuos que integren el mismo convenio delictivo”.   

          En   tercer  término,  cuestiona  al  Tribunal  por  desestimar  la  ocurrencia  del  pago  de  la  comisión  sobre la base de que el propio testigo  reconoce  la  existencia de la respectiva reserva presupuestal, siendo claro que  la   misma   tiene  una  destinación  específica.  Para  el  censor,  con  ese  razonamiento  se  quebrantó  la  regla  de  la  experiencia  conforme a la cual  “a  veces  la  contratación pública aparentemente  está  ajustada  a  la  legalidad,  pero  lleva  clandestinamente  el compromiso  delictivo     de     los    contratistas    como    de    los    administradores  públicos”.   

          En  cuarto  lugar,  censura  al  ad  quem  por  derivar  duda  a  partir  de  las contradictorias  versiones  de  los  testigos  en torno a los dineros entregados al procesado. En  criterio  del libelista, esa duda carece de fundamento, pues la misma se despeja  examinando  la  prueba  documental  y la declaración de la testigo Claudia  Hernández,  con cuyo sustento y  la  realización  de  una  elemental  suma  aritmética,  se infiere que la suma  recibida     por    FINO    SERRANO    ascendió   a   $1.950.967.000   o,   en  gracia  de  discusión,  a  $1.456.135.850  si  se  da  por  cierto  que  solamente recibió la cifra que se  logró cambiar a divisa americana.   

          Frente  al  anterior análisis, el actor considera relevante aplicar  aquí   la   regla   de  la  experiencia  acorde  con  la  cual  “los  delincuentes  tratan  en  lo posible de dejar el menor rastro,  vestigio  o  huella  posible,  a efectos de hacer imposible un seguimiento a los  dineros;  por  lo  general  se  manejan  en  efectivo,  los  colocan a nombre de  terceras personas, o simplemente lo gastan desmesuradamente…”.   

          Finalmente,  el casacionista se refiere al razonamiento del Tribunal  donde,  a  partir  de  las conversaciones virtuales sostenidas entre los esposos  Buriticá-Hernández,  infirió  que FINO podía ser  ajeno  a las actividades delictivas. Considera que esta conclusión del fallador  es  consecuencia  de  no  apreciar  todo  el contexto de las conversaciones vía  e-mail  sostenidas  por  la  mencionada  pareja,  así  como  de  desconocer  las  circunstancias  en  que se  desarrollaron los hechos relatados por los testigos.   

En  ese  sentido,  destaca  cómo  en dichas  conversaciones  se  habla  de que si FINO los  denunciaba,  ello  equivaldría  a  delatarse  a sí mismo. Esa  expresión,     para     el     censor,     indica    que    los    Buriticá-Hernández   sabían   que  el  aludido   “estaba  comprometido  penalmente  en  el  ilícito,  lo  cual  implicaba  que  no  iba a ser tan torpe de denunciarlos, en  cuanto podría resultar también afectado”.   

          A  manera  de  conclusión,  el  funcionario  demandante  insiste en  afirmar  que  los  testigos  de  cargo  dan cuenta en forma coherente, lógica y  consistente  acerca  de  la  existencia  del  pago  de comisiones a GUILLERMO  FINO  SERRANO  por parte de la  empresa   FRESENIUS   MEDICAL   CARE.   En  tal  virtud,  considera que el ad quem  incurrió  en  falso raciocinio cuando apreció dichas  pruebas  con  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  experiencia,  lo cual le  permitió   arribar   a   la   duda   que  edificó  para  dictar  la  sentencia  absolutoria.   

          Abordó,   por   último,   el   estudio  de  la  prueba  documental  incriminatoria  en  orden  a demostrar el error en que incurrió el ad  quem  en su apreciación. Se refiere,  concretamente,   al   documento  donde  se  relacionaron  las  sumas  de  dinero  convertidas  a  dólares  y  en  el cual aparecen algunas grafías atribuidas al  procesado.  Tras  recordar  que  su  original,  según lo dicho por Jesús   Antonio   Buriticá   Restrepo,  desapareció  extrañamente  el  día de su captura, precisa que respecto de ese  documento  se  practicaron  inicialmente  dos  dictámenes grafológicos que por  resultar  contradictorios  entre sí llevaron al director de la causa a declarar  próspera  la  objeción  presentada  por  la  defensa  y  a  ordenar  un  nuevo  experticio, realizado esta vez por el Instituto de Medicina Legal.   

          En  ese  nuevo  peritaje,  destaca  el censor, se determinó que las  muestras  caligráficas  y  las firmas indubitadas pertenecientes a FINO   SERRANO   se   identifican  morfo  estructuralmente,  y  si bien el experto advierte que las similitudes advertidas  en  caligrafías obrantes en fotocopias pueden darse de forma superficial mas no  interna,  el  actor  enfatiza  que  los  dictámenes periciales realizados sobre  tales  elementos  son  confiables,  siempre y cuando el estudio se haga de forma  morfo  estructural,  o  sea  observando  los manuscritos externamente, y así lo  indique el perito.   

          Para  la fiscalía, la valoración conjunta del dictamen de Medicina  Legal     y     el     testimonio     de    Claudia  Hernández  permite  señalar  claramente al procesado  como  el autor de las grafías obrantes en la prueba documental cuestionada y, a  su  vez,  superar  la  duda  planteada  por el ad quem  en   torno  a  la  ocurrencia  de  los  hechos.    

          Al  considerar  demostrado  de  esa  forma el falso raciocinio en el  cual  incurrió  el  juzgador  de  segunda  instancia  en la apreciación de las  pruebas  de  cargo,  solicita  consecuencialmente  casar  la sentencia impugnada  para, en su lugar, dictar la de reemplazo.   

          2.  Demanda  presentada por el Ministerio  Público:           

          Partió  reseñando unos hechos sobre los cuales, en su criterio, no  existe  discusión  en  cuanto  el  Tribunal  los dio por establecidos, a saber:   

          Tras  celebrarse  el  contrato  110  por  la suma de $40.000.000.000  entre  la  empresa  FRESENIUS MEDICAL CARE,  representada por Rodrigo Díaz Sendoya,  y   el   ISS,   representado   legalmente   por   su   presidente   GUILLERMO   FINO   SERRANO,  la  entidad  contratante   giró   a  la  contratista  un  anticipo  del  40%  equivalente  a  $16.000.000.000,  dinero  que transfirió a una cuenta corriente perteneciente a  la   compañía  FRESENIUS,  respecto   de   cuyos   fondos   su  representante  giró  en  breve  lapso  una  multiplicidad  de  cheques  por cuantías millonarias, buena parte de los cuales  fueron   entregados   a   Jesús  Antonio  Buriticá  Restrepo, quien se encargó de cobrarlos y el producto  lo cambió por dólares americanos.   

             

          Con  posterioridad,  continúa el Procurador Delegado con la reseña  fáctica,   GUILLERMO   FINO   SERRANO  denunció   a  Jesús  Antonio  Buriticá  por hacerle exigencias dinerarias como condición para  no  revelar irregularidades cometidas por él durante el desempeño de cargos en  la  DIAN  y  el ISS, por cuya  razón    Buriticá   fue  capturado  cuando  atendía  una  cita  para recibir el dinero exigido, ilicitud  ésta   que   el  prenombrado  admitió  durante  la  respectiva  investigación  penal.   

          Precisado  lo  anterior,  el  censor  abordó  el  análisis  de  la  sentencia  del Tribunal, empezando por la credibilidad absoluta que le otorgó a  los  descargos  rendidos  por FINO SERRANO,  decisión  ésta  que  criticó  severamente al pasar por alto el  juzgador  aspectos  tales como la tardanza en formular la denuncia, pues pasaron  más  de  5  meses  desde  cuando empezó a ser extorsionado, máxime cuando con  ayuda  del  investigador  privado  Mario Ramírez Leal  identificó   al   extorsionista  7  días  antes  de  instaurar  la denuncia, a pesar de lo cual el procesado seguía extrañamente en  conversaciones  con  éste a través de su investigador, sin efectuar la captura  del  mismo  en  una de esas reuniones, pues por la formación profesional de los  dos  (acusado  e  investigador  privado) sabían que se presentaba situación de  flagrancia.    

          El  representante  de  la  sociedad  aludió  también  a los varios  mensajes  enviados  por el victimario a los medios de comunicación y al Concejo  de  Bogotá  con el fin de que la víctima accediera a sus pretensiones, lo cual  era    conocido    por    FINO   SERRANO,  así  como al hecho de ordenar éste una investigación privada a  través  de  alguien  de su entera confianza (Ramírez  Leal, su asesor de inteligencia en la DIAN y su asesor  de  seguridad  para  esa  época),  en lugar de instaurar la denuncia y dejar la  investigación en manos de las autoridades.   

          Para  el  actor,  la  desatención  de esas circunstancias llevó al  ad   quem  a  apreciar  la  versión  del  procesado  con desconocimiento de la lógica, el sentido común y  las reglas de la experiencia.   

          De  otra  parte,  cuestionó el razonamiento con el cual el fallador  rechazó  la  inferencia  del interés de FINO SERRANO  en   recuperar   la   documentación   que   pudiera  comprometerlo  con  actividades  al  margen  de la ley, pues contrariamente a su  reacción  tardía  para  formular  la denuncia, el propio acusado dio cuenta de  actitudes  diversas  frente  a eventos presuntamente delictivos, en cuanto en el  curso  de  la  investigación  penal  precisó  que formuló 4.000 denuncias por  hechos  de  corrupción.  El  casacionista se pregunta por qué ante casos donde  apenas  podía  presumirse  la existencia de un delito, procedió de inmediato a  formular  la respectiva denuncia y no actuó de la misma manera en un caso donde  tenía   la  certeza  de  ser  víctima  de  un  ilícito  de  extorsión.    

          En  su  criterio,  tal  proceder  estaba sin duda orientado hacia la  obtención   de   los   documentos   que   Buriticá  tenía  en  su  poder,  conclusión  lógica  que  se  fortalece  si  se  observa que mucho antes de formularse la denuncia, el Concejo  de  Bogotá  recibió  el  primer  anónimo  relacionado  con  las  imputaciones  dirigidas     contra    FINO    SERRANO,  cuya  copia  remitió  esa  corporación  a  los pocos días a la  Procuraduría  General  de  la  Nación, “de todo lo  cual  lo  más  probable  es  que  se  haya enterado éste, pues en los mensajes  recibidos   Buriticá   lo   amenazaba   con  ello”.   

          Considera  el  Procurador  Judicial  que  el  Tribunal, para otorgar  credibilidad  al  procesado, no apreció integralmente el testimonio rendido por  Harald  Max  Elon  Paimann,  jefe  inmediato  de  Rodrigo Díaz Sendoya,  pues  dicho  declarante  refirió  las  verdaderas intenciones de  FINO  SERRANO  de  repartir  entre  dos  proveedores  la  contratación de los servicios, a pesar de que a la  convocatoria  acudieron  una  decena  más  de empresas. Ese testimonio, añade,  constituye  “la  prueba  del  hecho indicador de un  indicio  de  manifestaciones  anteriores al delito de cohecho impropio, y prueba  testimonial  del  interés  indebido  en  la celebración de contratos, toda vez  que…  desde  allí  se  hizo  evidente que se empezó a ejecutar esta conducta  punible”.   

          Reprocha  el  libelista la valoración que el sentenciador asignó a  la   afirmación   del  testigo  Juan  Carlos  Lozano  García,  conforme a la cual en enero de 2002 conoció  los  rumores de corrupción en la suscripción de algunos contratos, entre ellos  el  110.  Estimó  que las conclusiones del Tribunal al respecto cuando expresó  que  de  dicho  testimonio  no  se  puede extraer juicio de valor alguno para el  proceso  y  que  cualquier crítica o inferencia orientada a enlodar al entonces  presidente   del  ISS  debe  desecharse   “por   obvias  razones”,  carecen de raciocinio, pues no tienen en cuenta la naturaleza del  hecho  referido  por  el  declarante  ni  la circunstancia de tratarse éste del  representante      legal      de      la     competencia     de     FRESENIUS.   

          En  su  concepto,  el ad quem erró   también   en   la   apreciación   de  los  testimonios  de  Antonio   Díaz   García,  Aldemar  Bautista  Otero  y  Gilberto  Augusto  Reyes  Ortiz,       empleados      del      ISS para la época de los hechos, pues de  acuerdo  con sus declaraciones era prácticamente imposible no contratar con las  empresas   FRESENIUS   MEDICAL   CARE   y   RTS-BAXTER,  por  ser  las  únicas  con  la  capacidad  para  la  prestación  del  servicio  requerido,   afirmación   demostrativa  de  la  violación  deliberada  de  los  principios  de  economía, transparencia y selección objetiva, pues con ello se  hacía  innecesario  una  invitación con visos de licitación a participar para  la  provisión  de un servicio, con todo lo cual, añade el Ministerio Público,  las  invitaciones  apenas  fueron  suscritas  por FINO  SERRANO  cuatro  días antes de su vencimiento. Esas y  otras  irregularidades, en su opinión, son atribuibles al procesado, pues éste  conocía   el   curso   de   la   tramitación   del  contrato  110.   

          Es  del  criterio  que  el fallador se equivocó, igualmente, cuando  rechazó  los  juicios  de valor realizados respecto de las mentiras consignadas  por  el procesado cuando diligenció documentos para la compra de bienes con una  mujer,  de los cuales se extrae la existencia de una relación extramatrimonial,  sin  que  el  Tribunal corrobore si esos bienes aparecen en las declaraciones de  renta  de  FINO  SERRANO, ni  razone  acerca  de  las erogaciones que le significaron el sostenimiento de otro  hogar,  con  incidencia  negativa en su capacidad para hacer aportes a Inversora  de valores.   

          Consideró,  de  otro lado, que el ad quem  despachó       con       un      “brochazo”  el alcance probatorio de los  testimonios  rendidos  por  Ciro Alfonso Pabón Jerez,  Mauricio  Wilfredo  Porras  Gutiérrez,  Magally  Stella  La Rotta Duarte, Jorge  González  Reyes,  Lucio  Barón  Celis,  Marina Cárdenas de Hijuelos, Leonardo  Ulloa   y   Néstor  Ortiz  Pérez,  cuyos nombres fueron utilizados en la oficina  de  DOLLAR MONEY EXCHANGE de  Bucaramanga  para  crear  de manera falsa declaraciones de venta de divisas, con  las  cuales  se  introdujeron  a  esa  casa de cambio 22.380 euros, sin analizar  dichos  testimonios  en  conjunto  con  una  serie  de  circunstancias,  que  el  Ministerio Público enuncia pormenorizadamente.   

          En  su  sentir,  el  examen  integral  de  esas probanzas conducen a  afirmar   la   existencia  de  “una  pluralidad  de  indicios  graves  que vinculan los ingresos de divisas de procedencia ilegítima  a  INVERSORA  DE VALORES, desde muy poco tiempo después de creada, y que de eso  no  se  puede desligar a uno de sus socios (FINO SERRANO), por más que pretenda  éste  y  el  Tribunal  que  solo era el representante legal de la compañía de  familia  que  tenía  sí  hacía  (sic)  parte    de    la    empresa    creada   para   el   arbitraje   de  divisas”.   

          En  acápite  posterior  el  demandante  cuestionó la decisión del  juzgador   de   no  otorgar  credibilidad  a  los  testimonios  de  Jesús    Antonio   Buriticá   Restrepo   y   Claudia   Hernández  Mendoza.   En   relación  con  la  primera  de  esas  declaraciones,  destaca  cómo el ad quem adujo   contradicciones   inexistentes   o   le   dio  trascendencia  probatoria  a  hechos  irrelevantes, como cuando descontextualiza la afirmación  del  testigo  según  la  cual  FINO   le  entregó  dinero  nacional  para  convertirlo en dólares, sin  efectuar  una  valoración  integral de las pruebas y desconociendo reglas de la  experiencia  judicial  en  materia  de investigación y juzgamiento de conductas  constitutivas de actos de corrupción.   

Lo  anterior,  porque  el  Tribunal pretende  atribuir  al deponente aseveraciones inverosímiles tales como que el presidente  del  ISS  se  hizo  presente  en la multinacional contratista con el objetivo de  recibir  cheques  girados  a  otras personas para luego de ser cambiados por sus  beneficiarios,  dirigirse  a  una  casa de cambio y allí convertir el dinero en  dólares.  Más  inverosímil le parece que el procesado hubiera pactado recibir  el  dinero producto de la comisión mediante consignación a su cuenta corriente  o   a   la   de   su   esposa   o  hijas,  o  a  través  de  una  transferencia  electrónica.   

          Para    el   representante   de   la   sociedad,   el   ad   quem   erró   también   al  negar  credibilidad  al  testigo cuando se quejó de la incautación de unos documentos  originales,   entre  los  cuales  se  encontraba  el  manuscrito  elaborado  por  Claudia   Hernández  para  constatar  los  dineros  entregados a FINO.   Al   respecto  considera  que  si  ninguno  de  los  dictámenes  practicados  en  la  actuación habla de la inexistencia del original, es porque  éste    existió,    teniendo    en    cuenta    además    que    Buriticá  lo llevó el día de su captura  ante  la  confianza  generada  a  través  de las conversaciones y reuniones con  Ramírez Leal, frente a cuya  experiencia  y las calidades profesionales del procesado era de esperarse que no  aceptarían   unas   fotocopias   como   pruebas,  de  las  cuales  Claudia    Hernández   y   FINO  SERRANO  venían  hablando,  según  así se observa en los correos electrónicos.      

          A  propósito del dictamen grafológico realizado sobre la fotocopia  del  manuscrito,  el  actor considera que el juzgador desconoció el mandato del  artículo  255,  inciso  final,  al  no  valorarlo  pese a que se practicó para  probar  una  objeción,  dictamen  en  el  cual  se  determinó que las muestras  caligráficas  y  las  firmas  tomadas  a FINO SERRANO  se  identifican  morfo-estructuralmente, ni apreciarlo  en   conjunto   con   la   gran   cantidad   de   documentos   del  ISS  donde aparecen firmas abreviadas del  acusado,  muchas  de  ellas  con  diferentes  rasgos característicos, así como  algunas  completas  que también guardan diferencias entre unas y otras, lo cual  constituye  indicio  de  la  preparación  de  una coartada madurada en un lapso  prolongado,  como  lo  corrobora  una  conversación  vía  internet         entre        Hernández  y  Buriticá  en  donde se da  cuenta  que FINO había hecho  gala  de  sus  conocimientos sobre grafología al replicarle que “con   un   chulo   no   se   pueden   hacer  pruevas  (sic)  de  escritura”.    

          Refiere  el censor que el Tribunal para demeritar la credibilidad de  los  mencionados  testigos magnifica nimiedades o aspectos intrascendentes, como  cuando  considera relevante el nombre de la persona que pudo cambiar los cheques  enviados  por  Díaz Sendoya,  cuando  lo  fundamental  es que Buriticá confesó   haberlos   cambiado;   o   como  cuando  el  ad  quem presenta como gran inferencia que  este   último   utilizó  a  su  empleado  Guillermo  Espinosa  Cortés,  sin  aplicar la misma lógica para  llegar   a   la   conclusión  de  que  FINO  SERRANO  se   pudo   valer   de   su  empleada  de  confianza,  Claudia  Hernández,  de lo  cual  dan  cuenta  múltiples  pruebas que analizadas en conjunto indican, entre  otras  situaciones,  que  la  aludida se encargó de asuntos relacionados con el  contrato 110.   

          Precisa  que  el  sentenciador vulneró el artículo 238 del Código  de  Procedimiento  Penal  cuando  desestimó  el  mérito  de las conversaciones  efectuadas  a  través  de  internet  por  Buriticá y  Hernández,  con  el  argumento  de  que  pudieron ser  modificadas  en  su  contenido  y  fecha de creación, sin existir en el proceso  razones  válidas  para  dudar de su autenticidad, como lo terminó reconociendo  el  Tribunal  cuando,  de todas maneras, abordó su apreciación, en cuya labor,  empero,  ni  siquiera  anota  las  fechas  de  los  diálogos,  a  pesar  de ser  determinantes  para  valorar la credibilidad de los aludidos testigos, así como  de   FINO  y  SENDOYA,   como   se   observa   en   la  conversación  sostenida el 21 de septiembre de 2003 en donde se infiere que las  exigencias   al   procesado   tenían   visos   de   reclamación   o  cobro  de  deuda.           

          Para  el  actor, la dificultad del ad quem  en   la  valoración  de  los  mencionados  diálogos  obedeció  al  hecho  de  no  apreciar  lo  tardía de la denuncia formulada por  FINO,  la  investigación  privada  previa  y  posterior  a esa denuncia y que éste se vio forzado por las  circunstancias   a   presentar  dicha  queja,  de  modo  que  así  Claudia  Hernández  deba ser investigada  por  su  participación  en  el  proceso  de  adjudicación del contrato 110, el  Tribunal    no    tenía    razones    para    negarle    credibilidad    a   su  testimonio.   

          Se   ocupó,   finalmente,   de   la  declaración  de  Rodrigo  Díaz  Sendoya,  señalando  que  para  negarle  credibilidad el juzgador analizó de manera parcial los descargos  de  FINO  SERRANO, en cuanto  en  una primera intervención reclamó el testimonio de aquél para confirmar su  versión,  actitud  esa  coherente con el insistente llamado que le hizo una vez  supo   de   la   captura  de  Buriticá  con  el fin de hablar acerca de la defensa. Pero después cambió la  posición  defensiva, tratando de demostrar que no hubo el pago de la comisión,  lo  cual  da  por  hecho  el Tribunal con base en la afirmación de Díaz  Sendoya  de  no  haberse entregado  para  el  otorgamiento  del  contrato,  pues  eran  los  proveedores  con  mejor  capacidad,  sino para obtener la cancelación de su importe, hecho que encuentra  explicación,  contrario  a  lo  considerado por el ad  quem,   en   la  difícil  situación  económica  de  FRESENIUS y en la demora del  ISS en cancelar sus deudas,  como    aparece    suficientemente   demostrado   en   el   proceso.   

          Considera,  de  otra  parte,  contraria  al sentido común la razón  esgrimida   por   la  defensa  y  admitida  por  el  fallador,  según  la  cual  Buriticá con el concurso de  Claudia  Hernández  cambió  los  cheques  girados  por  Díaz Sendoya y  los convirtió a dólares para luego entregárselos a éste, pues  si  era  él  quien  manejaba  la cuenta y la entidad bancaria le facilitaba las  cosas,  no tenía necesidad de acudir a intermediarios, y menos hacer referencia  en  las  conversaciones  por  internet  y  en  las  declaraciones  rendidas  por  Buriticá   al   pago  de  comisión por el contrato 110.   

          Poniendo  de  presente  que  las  conductas imputadas a FINO   SERRANO  se  consideran  actos  de  corrupción  que  el  Estado debe perseguir y sancionar severamente, conforme se  comprometió  al  suscribir tratados internacionales sobre la materia, solicitó  casar  la  sentencia  impugnada  y  proferir,  en  su  lugar, la condenatoria de  reemplazo.   

          3.  Demanda instaurada por el apoderado de  la  parte  civil  constituida  a  nombre  de  FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA  S.A.   

          Reseñando  también  hechos respecto de los cuales, en su criterio,  no  existe  discusión  en este caso, consideró que en el proceso obran pruebas  incriminatorias  que señalan a GUILLERMO FINO SERRANO  como  autor  de  los  delitos  objeto  de imputación,  pruebas  constituidas  por  los testimonios de Rodrigo  Díaz   Sendoya,  Claudia  Hernández  y  Jesús  Antonio  Buriticá, así como por  un  documento  en  fotocopia  en  el  cual,  según lo refirió la aludida dama,  relacionó   ésta   los   montos   de   las  sumas  entregadas  a  FINO SERRANO.   

          Para  el  censor,  la  incriminación proveniente de dichas pruebas,  apreciadas  en  conjunto  con  la  totalidad  del  acervo  probatorio,  coincide  exactamente  con  el  chantaje  extorsivo  del  que el procesado dice haber sido  víctima    por   parte   de   Buriticá,  por lo cual son dignas de credibilidad, tal como acertadamente lo  analizó  el  a  quo,  para  quien  además  lo  son  las  conclusiones  de  los dictámenes en los cuales se  determinó  que  las  grafías  de los documentos en  donde se relacionaron  los   pagos   en  dólares  fueron  hechas  por  FINO  SERRANO.   

          Considera  que  la conclusión diversa a la cual arribó el Tribunal  es  fruto  de la valoración fragmentada de las pruebas, que le permitió hallar  pequeñas  contradicciones  puntuales  y  circunstanciales,  pero en modo alguno  referidas  a  aspectos  centrales  de  los hechos. Con tal modo de apreciación,  añade,   incurrió   en  falso  raciocinio.  A  este  respecto,  teniendo  como  antecedente  la  extorsión  realizada  por  Buriticá  a  FINO SERRANO,  empezó  por  afirmar  que  riñe  contra  la lógica suponer que  aquél  escogió  al azar y sin ninguna base cierta a su víctima, amenazándolo  con  hacer  públicos  unos  hechos  inexistentes y completamente inventados por  él.   

          Expresa  que  las  exigencias  tampoco  provinieron  de una banda de  extorsionistas   profesionales,   que   haya   realizado   previas   labores  de  inteligencia  para  determinar  su capacidad económica. Contrariamente, agrega,  el  chantaje  solamente  fue  posible porque Buriticá  aprovechó  el  conocimiento  específico  de secretos  cuya  divulgación  resultaría  potencialmente eficaz para doblegar la voluntad  de  FINO  SERRANO,  lo cual  explica  que  la  extorsión  no  consistiera  en  amenazas  contra  su  vida  o  integridad  personal  ni  contra la salud o la libertad de sus familiares, y que  la  cuantía de lo exigido no guardara relación con sus ingresos lícitos, sino  con  los  obtenidos  producto  de actividades ilícitas que sólo podía conocer  alguien que hubiera tenido participación en las mismas.   

          Por   eso,   en   su   sentir,   el   ad  quem  omitió  considerar reglas de experiencia común  tales  como: “nadie en condiciones normales elige al  azar  a  la víctima de una extorsión; la escogencia de una víctima del delito  de  extorsión  responde  siempre  a criterios definidos, conocidos y estudiados  que  den  cuenta  tanto  de  la  vulnerabilidad  del  sujeto  pasivo  como de la  capacidad  económica  que  tenga  para cumplir con las exigencias que se han de  formular”.   

          El  mencionado  yerro,  para  el  casacionista, llevó al Tribunal a  considerar  al  procesado ajeno a los hechos ilícitos objeto de juzgamiento, no  obstante  aceptar  que  existió  una tentativa de extorsión y que Buriticá   recibió   de   Díaz  Sendoya  varios  cheques girados a  favor  de terceras personas contra la cuenta del Banco de Bogotá en la cual fue  consignado   el   anticipo   del   contrato   celebrado  entre  el  ISS y FRESENIUS  MEDICAL  CARE.  En  su  criterio,  si  en la actividad  delictiva  no intervino el procesado, no consulta la lógica y el sentido común  que  aquellos  en  conjunto  con  Claudia  Hernández  decidieran  extorsionar a un honesto servidor público  a  quien  apenas conocían, “exigiéndole el pago de  una  suma  que  comparada  con  la  supuestamente obtenida en su defraudación a  FRESENIUS  MEDICAL  CARE  S.A.,  resultaba  ínfima,  amenazándolo  con revelar  hechos  completamente inventados, y exigiéndole una suma de dinero seleccionada  al azar”.   

          Estima  el  actor que las únicas conclusiones lógicas válidamente  inferibles  de las pruebas testimoniales, valoradas conjuntamente con los hechos  que el Tribunal dio por demostrados, apuntan a lo siguiente:   

          a)   La  amenaza  de  revelar  secretos  puntuales  de  FINO   SERRANO,   se   explica   en  que  Buriticá  conocía  de  la  real existencia de alguno relevante.   

          b)  El  hecho  de  exigir  concretamente la suma de 50.000 dólares,  implica      que      Buriticá      conocía    de    la    capacidad    económica    de   FINO  y  además  de sus posibilidades de  pagar  la  extorsión  en  esa  moneda, lo cual a su vez significa que aquél no  sólo  lo conocía personalmente sino que sabía de la existencia y origen de un  dinero no percibido en desarrollo de su carrera pública.   

          c)   “Si  Buriticá  intervino  en  las  transacciones  de  los  cheques  girados  a nombre de terceros por Díaz Sendoya  cambiándolos  por  dólares,  sin  tener  relación  alguna con GUILLERMO FINO,  entonces  este  último  no  le debería nada a Buriticá. Tanto la exigencia de  Jesús  Antonio  Buriticá,  como  la  cuantía  de  la  misma  sólo se explica  racionalmente  porque  alguna  relación previa de contenido económico existió  entre  Buriticá  y FINO SERRANO; pero esa relación debió ser ilícita, porque  sólo  así  se  explica que Buriticá hubiera querido cobrar a FINO SERRANO una  deuda por vías ilícitas”.     

          d)  “Porque si se tratase exclusivamente  de  una defraudación a la multinacional FRESENIUS MEDICAL CARE COLOMBIA S.A. en  la  que  Buriticá…hubiera  tenido diferencias con su cómplices en el reparto  del  botín,  ningún  sentido  lógico  tendría  dirigir  un intento extorsivo  contra un tercero ajeno por completo a la empresa criminal…”.   

          Para  el  libelista,  en  conclusión,  el hecho de que GUILLERMO  FINO  haya  sido  víctima del  intento  de  extorsión  sólo  se  explica  racionalmente  en  función  de  su  participación  en  los hechos relacionados con el cambio de los cheques y en la  deuda   que   no   pagó  a  Buriticá.  En  ese sentido, estima que la adecuada concatenación de los hechos  que  dio  por demostrados el Tribunal con la referida exigencia, indica en grado  de   certeza   que   el   secreto   cuya   revelación   anunció   Buriticá,  no podía consistir sino en la  efectiva  participación  de FINO SERRANO en la actividad delictiva objeto de imputación.    

          Tras  señalar  la  trascendencia  del  error  así fundamentado, el  demandante  solicitó casar la sentencia dictada para, en su reemplazo, proferir  una de carácter condenatorio.   

          4.  Demanda presentada por el apoderado de  la parte civil constituida por el Instituto de Seguros Sociales:   

          Precisa  que  el  error  del  Tribunal  recayó  en  la apreciación  individual  de  los  testimonios recaudados en el proceso, así como respecto de  su  apreciación  con  el  restante conjunto probatorio. Para sustentar el cargo  inició  resumiendo  el contenido de las declaraciones rendidas por Rodrigo   Díaz  Sendoya,  Jesús  Antonio  Buriticá  y     Claudia    Hernández.  Luego  se  refirió  sucintamente  a  las  pruebas  de descargos,  señalando  que  se  reducen  a  testimonios  rendidos  por  exfuncionarios  del  ISS,  quienes  declararon  sobre  la  forma  como  fue  gerenciada  esa  entidad, constituyendo ello hechos  ajenos    al   proceso.                     

          Posteriormente,  como  sus  antecesores  demandantes,  reseñó  los  hechos  que,  en  su  sentir,  en cuanto fueron admitidos por la defensa, están  plenamente  demostrados  en  el  informativo.  Precisado esto, advirtió que los  testimonios  primeramente  aludidos  constituyen  prueba  de  cargo  irrefutable  acerca   de   los   actos   de   corrupción   ocurridos   en   el  ISS,  en  cuanto  dichos  declarantes  en  forma   concatenada  narraron  los  hechos  desde  la  perspectiva  en  que  los  apreciaron   y   es  así  como  de  manera  coherente  y  clara  relataron  los  acontecimientos  a  partir  de  su génesis, pasando por la aceptación del pago  del  soborno  y llegando hasta el momento de la recepción del dinero, su cambio  a    otra    moneda    y    su   entrega   final   al   procesado   GUILLERMO  FINO  SERRANO, persona que fue  quien propuso desde un inicio la actividad delictual.   

          Estima  el  demandante que la capacidad demostrativa de las aludidas  pruebas  testimoniales no puede ser objeto de negación, como lo hizo la segunda  instancia,  en  cuanto los mismos declarantes admitieron su participación en el  quehacer  delincuencial,  de  manera que su versiones comportan la naturaleza de  una  confesión,  cuyo  contenido total resulta inescindible, razón por la cual  el  Tribunal  no  podía  acoger una parte de sus testimonios y desestimar otra.   

          En   ese   sentido,   precisa   que   el   error   del  ad  quem  estribó en cotejar la prueba de  cargo  con  las  declaraciones  de  quienes  no conocieron los pormenores de los  hechos  para,  finalmente,  dar credibilidad a la versión ofrecida FINO   SERRANO,  cuya  declaración  fue  rendida  sin  fórmula  de juramento. En su criterio, contrariamente, el estudio  conjunto  de  los  testimonios  de  Sendoya, Buriticá  y  Hernández  con  medios  de  convicción como la prueba documental e indiciaria,  constituida  esta  última  por el interrogante del por qué el contrato 110 sí  se  pagó  a  tiempo  y  en  otras  ocasiones  no,  llevaba  a  concluir  en  la  responsabilidad  del procesado y en la necesidad de emitir fallo condenatorio en  su contra.    

          Tras   insistir   que   las   declaraciones   de  descargo  resultan  irrelevantes  para corroborar la versión del procesado, máxime cuando se trata  de  personas cercanas a éste, de manera que sus testimonios son sospechosos, el  actor  pasa a referirse a las contradicciones que el sentenciador dijo encontrar  en  las  versiones  de Claudia Hernández y  Jesús  Antonio  Buriticá,  para  señalar  que se trata de incoherencias aparentes y en todo  caso  relacionadas  con  un  hecho  accesorio,  normal  en esos eventos, máxime  cuando   la   concordancia  absoluta  puede  entenderse  como  una  preparación  previa.   

          Considera,  finalmente, que la prueba testimonial de cargo conduce a  demostrar  hechos  indiciarios acreditativos de la participación del acusado en  los  hechos  punibles objeto de imputación. A tales hechos el censor se refiere  al   señalar  que:  (i)  “hubo  demostración  del  contrato    110    de    2002”,    (ii)  “hubo  el  desembolso en la oportunidad debida”, (ii)  “hubo  una  cuenta  extrañamente  abierta  por  el  contratista”  (iv) “se  realizaron  pagos  inexistentes  en esa cuenta” (v)              “participaron  en  su cambio de pesos a  dólares  por  quienes  en  ella participaron” (sic),  (vi)  “ese dinero fue entregado al señor GUILLERMO  FINO”,   (vii)  “éste  autorizó  la  entrega  mediante  un  listado creado para ese efecto mediante la  imposición  de  un  signo de aprobación que fue objeto de estudio grafológico  en    tal   sentido”   y   (viii)   “el  procesado  no se dio a la tarea de demostrar en debida forma el  origen obligacional de ese dinero”.   

          Con  el  anterior fundamento, el libelista solicita revocar el fallo  absolutorio proferido por el Tribunal de Armenia.   

ALEGATOS  DE  LOS  SUJETOS  PROCESALES  NO  RECURRENTES   

          Dentro  del  término,  legal  tanto el procesado, quien es abogado,  como  su  defensor  presentaron  alegatos  a  manera  de  sujetos  procesales no  recurrentes.  El  primero  allegó  un  escrito  por  cada  demanda, mientras su  representante  judicial incorporó solamente uno. A continuación se resumen sus  planteamientos:   

          1. El procesado:   

          En  los  cuatro  alegatos  solicita  inadmitir  los  libelos  por no  satisfacer  los  requisitos  formales  ni  los  presupuestos de lógica y debida  argumentación  exigidos  por la ley. En relación con la demanda presentada por  el   apoderado   del   ISS,  adicionalmente  sostiene  que  esa entidad carece de legitimación para recurrir  al  no  sufrir  agravio con la sentencia de segunda instancia, dado que la misma  es  de  carácter  absolutorio;  además,  porque  en  el  fallo condenatorio se  señaló   que  el  ISS  no  soportó  daño alguno con la conducta del sentenciado, decisión no apelada por  ese sujeto procesal.   

          El   acusado,   de  otro  lado,  solicitó  no  casar  la  sentencia  impugnada.   Los  fundamentos  que  expuso  para  el  efecto  se  resumen  así:   

          a)   En   cuanto  a  la  demanda  de  la  Fiscalía:  Considera  que el actor pretende atacar la  credibilidad  asignada  por  el  ad quem a  los  medios de prueba, lo cual resulta improcedente en esta sede.  Igualmente,  añade,  desconoce lo probado en el expediente, como cuando alude a  la      campaña     que     FINO     realizó  para  el Concejo Distrital de Bogotá, sin advertir que en  la  actuación  quedó  establecida  la ausencia de incremento patrimonial de su  parte.   

          En   su   criterio,  el  casacionista  invierte  las  reglas  de  la  experiencia,  pues cuando habla de la existencia de pactos clandestinos pasa por  alto  que  las  condiciones de prestación de servicio y pagos presentadas a las  multinacionales  RTS  BAXTER  y FRESENIUS MEDICAL CARE  COLOMBIA   eran  igualitarias  y,  en  efecto,  estos  últimos  se  efectuaron  dentro de los términos pactados por las partes, luego  no   puede   predicarse  que  existió  preferencia  para  la  segunda  de  esas  multinacionales.   

          Estima  que  el censor analiza parcializadamente la prueba cuando se  refiere  a  la  contradicción  relacionada  con la presencia de los escoltas de  Díaz Sendoya en la reunión  verificada      en     la     cafetería     “El  Virrey”,  pues  lo  cierto  es  que,  a  pesar de lo  afirmado  por  éste,  sus  escoltas declararon lo contrario. En su concepto, de  otra  parte,  la  proposición del casacionista, según la cual la contratación  pública   aparentemente   legal   lleva   a  un  compromiso  delictivo  de  los  contratistas,  contraría  las  reglas de la lógica formal porque conduciría a  la   conclusión   de   que  para  estar  libre  de  compromisos  delictivos  la  contratación debe ser contraria a la ley.   

          Para  el  procesado,  el  libelista  se equivoca cuando aduce que el  Tribunal  no  apreció  la  prueba  documental  demostrativa del monto dinerario  recibido  como consecuencia del cohecho. Al respecto, señala que el fallador en  13  páginas  se ocupó del tema, desechando la eficacia de esa prueba por obrar  en  fotocopia,  sin ser cierto que hubiese existido original alguno de la misma.  Sobre  este  particular,  estima que el censor al afirmar lo contrario desconoce  la  regla  de  la  experiencia  conforme  a la cual cualquier persona de mediana  capacidad  intelectual cuando tiene un documento importante deja para sí varias  fotocopias autenticadas para hacerlas valer cuando sea necesario.   

          En  relación  con las referidas fotocopias, señala que el actor no  apreció   adecuadamente   los   dictámenes  grafológicos  realizados  a  esos  documentos,  pues  pasó  por  alto  que, de acuerdo con las conclusiones de los  peritos,   las   grafías  allí  plasmadas  no  pudieron   ser  objeto  de  experticio   en   cuanto   a   su  aspecto  morfodinámico,  el  cual  resultaba  indispensable  para determinar, sin lugar a dudas, si una persona es o no autora  de unos manuscritos.   

          Rebatió,  finalmente,  el  argumento  según  el  cual  el fallo no  apreció   los   correos   electrónicos,   señalando   que   el   ad  quem  analizó el tema en 10 páginas,  concluyendo  en  su  idoneidad  probatoria  por  no resultar fiables atendida su  fácil   manipulación,   conforme   lo   dictaminó   experto   del  CTI,    

         

          b)  En relación con la demanda instaurada  por   el   Ministerio   Público:  En  su  sentir,  el  impugnante  ataca  también  la credibilidad otorgada a la prueba, sin acreditar  la  vulneración   de  los principios de la sana crítica. Además, añade,  en  sus  argumentos  esboza  hechos  inexistentes,  tergiversados o no debatidos  dentro del proceso.   

          Al  respecto,  afirma  no  ser  cierto  que  el  fallador no hiciera  análisis   alguno   acerca   de   la  extorsión  denunciada  por  FINO  SERRANO,  ni  se hubiera referido a  las  declaraciones  de  Hárold  Paidman y  Juan Carlos Lozano García.   Sí   lo   hizo,   sostiene,   concluyendo  en  la  legalidad  y  transparencia     de     los     contratos     suscritos     con    FRESENIUS   y   RTS   BAXTER.   

          Considera  que  la  alusión a los bienes comprados por FINO   con   la   señora   Lina  Yohana  Martínez  Camargo hecha por  el   Ministerio   Público,   así   como   la  imputación  que  deriva  de  la  participación   del   procesado   en   Inversora   de   valores,   no   guardan  correspondencia  alguna  con los hechos objeto de este proceso, amén de que ese  segundo  aspecto  aparece  desvirtuado  en el fallo, como igual acontece con los  cuestionamientos  del  censor  relacionados  con  los correos electrónicos y el  documento   en   fotocopia   incautado   a  Buriticá  Restrepo.   

          En  fin,  estima  que la demanda en examen no pasa de ser un alegato  instancia,  en  el  cual el libelista omite estudiar en forma integral el acervo  probatorio,  así  como  su apreciación por parte del Tribunal que le permitió  concluir  “que  Díaz  Sendoya era socio de Claudia  Hernández  y  ésta  esposa de Buriticá Restrepo, quienes se apropiaron de los  dineros  de  Fresenius,  tanto  así  que  una  camioneta  de  propiedad de esta  multinacional  fue  traspasada  a  un hijo de Buriticá y Hernández, para tener  como    destino    final    una    sociedad    cuya   gestora   era   Hernández  Mendoza”.   

          c)  En  torno a la demanda presentada por  la  parte  civil  constituida por la empresa FRESENIUS:  Tras  poner  de  presente  que  de  los  “hechos no  discutidos”  aludidos  por  el censor, solamente uno  resulta  cierto  y  es  el  atinente  a la celebración del contrato 110 de 2002  entre  el  ISS, representado  por   FINO  SERRANO  y  la  empresa  FRESENIUS  MEDICAL CARE COLOMBIA S.A.,   representada   por   Díaz  Sendoya,  cuestiona  el libelo por afirmarse allí que  el  fallo  no  efectuó  un  análisis  integral  del  caudal  probatorio.  Para  demostrar  lo  contrario,  aporta  un  cuadro donde relaciona 138 pruebas, entre  ellas  52  testimoniales,  41  documentales  y  6  periciales,  todas  objeto de  apreciación en la sentencia, según señala.   

         

          Al  abordar  el  examen  de los testimonios de cargo sostiene que el  censor   omitió   valorar   en   su   totalidad  el  rendido  por  Rodrigo  Díaz  Sendoya y confrontarlo con  el  restante  acervo probatorio, sin diseccionarlo para considerarlo coherente y  consistente   cuando   incrimina  a  FINO,   mientras  falso  e  inaceptable  cuando  afecta  a  FRESENIUS  o  al  propio  testigo. En ese  sentido,   reclama   su   examen  en  correspondencia  con  la  declaración  de  Jaime  Baena, presidente de  esa  compañía,  quien  desmintió  a  aquél  cuando  afirmó  que  esa  firma  autorizó el pago de sobornos.   

Sobre  ese  aspecto,  afirma,  el  Tribunal  efectuó  un amplio análisis que culminó con la asignación de credibilidad al  testimonio   de  Baena,  al  advertir    además    la    existencia   en   el   rendido   por   Díaz    Sendoya    de   múltiples   y  protuberantes  contradicciones  (25  en  total),  entre  ellas  su  aseveración  consistente  en  haber  girado de la cuenta del Banco de Bogotá cheques por dos  mil    millones    de   pesos   para   cumplir   el   pacto   con   FINO, lo cual aparece desvirtuado con los  extractos  bancarios  respectivos  en donde consta que no se giraron más de mil  quinientos millones de pesos.   

          En  relación con la deponencia de Claudia  Hernández,   censura   también   al  actor  por  no  apreciarla  en  conjunto  con las demás pruebas; incluso lo señala de faltar a  la  verdad  cuando  atribuye  a  la  testigo  la  manifestación  según la cual  Díaz  Sendoya  dejaba  los  cheques  para FINO en casa de  la  mencionada  declarante.  En  su  criterio,  la  versión  de ésta carece de  credibilidad   por   ser   sospechosa  e  incurrir  en  varias  contradicciones.   

Al  respecto,  destaca  como  tales  (i)  su  inicial   afirmación   de   que   FINO  sostenía      una     estrecha     amistad     con     Díaz, lo cual fue desvirtuado por éste,  (ii)  el hecho de negar toda relación con ese testigo, pese a demostrarse en el  paginario  que fueron socios, y (iii) manifestar que sólo advirtió el proceder  irregular  de  FINO luego de  su   salida,   lo   cual   se   contradice   con   el   dicho   de  Díaz.   

          En  cuanto al testimonio de Jesús Antonio  Buriticá, considera que carece de coherencia, como lo  concluyó   el   sentenciador   a   partir  de  la  aplicación  “de    las    reglas    de    la    experiencia   y   de   la   sana  crítica”.  En  su  criterio,  varias circunstancias  concurren  para  no  asignarle  credibilidad,  tales:  (i)  está  condenado por  estafa,  (ii)  ha  sido  llamado  a juicio por el delito de extorsión, (iii) es  prófugo  de  la  justicia, (iv) su aducido desconocimiento de que el girador de  los  cheques  era  Díaz  se  desvirtúa  con el traspaso a uno de sus hijos de una camioneta Ford Explorer de  propiedad  de  FRESENIUS, (v)  tres   de  las  personas  utilizadas  para  cambiar  las  divisas  coinciden  en  testificar  que el dinero era para Díaz, y   (vi)   las   acusaciones   que   formula   contra   FINO   no  son  fruto  de  una  decisión  espontánea,  responsable  y  sana,  sino  consecuencia  de su detención por su  vinculación con la extorsión.   

          Estima,  de otra parte, que el actor vulnera el principio de lealtad  procesal  cuando  tiene  como  prueba de cargo la manifestación de Claudia  Hernández  en el sentido de que  elaboró  un documento en el cual relacionó las sumas entregadas a FINO,  quien lo firmó y plasmó allí un  “chulo”  en  señal  de  conformidad.  En  su criterio, el ad quem valoró  la  prueba  documental  en  mención y la contrastó con el  restante  material  probatorio,  entre él, la pericia grafológica, arribando a  la    conclusión    de   su   carencia   de   valor   por   tratarse   de   una  fotocopia.   

          Insiste  en  que  es  el  censor  quien  no efectúa una valoración  integral  del  conjunto  probatorio,  lo cual lo lleva a cuestionar el fallo del  Tribunal,  reprochando  conclusiones  como  la  efectuada  en torno a la actitud  asumida  por  el  procesado  frente  a  las  exigencias que le hizo Buriticá  Restrepo. El sujeto procesal no  recurrente   recuerda   que  fueron  tres  los  dictámenes  apreciados  por  la  mencionada  Corporación, encontrando que todos ellos coincidieron en conceptuar  acerca  de la imposibilidad de establecer plenamente con documentos en fotocopia  el autor de las firmas espurias.   

          Se  refirió,  finalmente,  al  error  atribuido  por  el  censor al  ad   quem   en   cuanto,  contrariando  la  lógica, encontró razonable la excusa defensiva conforme a la  cual  Buriticá  escogió al  azar  y  sin  ninguna  base  cierta  a  FINO  SERRANO  como  víctima  de  un  chantaje. Sobre el particular,  reprodujo  el  amplio  análisis  probatorio  efectuado  por  el  Tribunal  para  desechar  la  imputación  y encontrar, contrariamente, la relación comercial y  delictiva  entre  Buriticá,  Hernández y    Díaz,  respecto    de   la   cual   era   ajeno   GUILLERMO  FINO,  pero  a  quien  pretendieron  incriminar  para  desviar  la  investigación,  aprovechando  que  los  dineros  provenían  de un  contrato    celebrado    con    el   ISS.   

          d)  Respecto de la demanda instaurada por  la  parte  civil  constituida por el ISS: Considera que  se  trata  también  de  un  alegato  de instancia, en el cual el actor ataca la  decisión  del  ad quem de no  otorgar  credibilidad  a  los  testimonios  de  Díaz  Sendoya,    Buriticá    Restrepo    y   Claudia  Hernández,  planteando un error  por  falso juicio de convicción y otro por falso juicio de raciocinio, en donde  anuncia  que  abordará  el  estudio  de  las  pruebas  aportadas  al  plenario,  dividiéndolas  en  pruebas  de  cargo  y de descargo, pero al final se limita a  tomar  los tres testimonios antes mencionados para expresar su inconformidad con  la   forma   en  que  fueron  apreciados  por  el  ad  quem.   

          2. La defensa:   

          Tras  recordar el alcance jurisprudencial dado al error de hecho por  falso  raciocinio  así  como  a  las máximas de la experiencia, el defensor de  FINO  SERRANO  sostiene que  los  cuatro  impugnantes  no hacen sino plantear su propio criterio acerca de la  valoración  probatoria  del Tribunal, proceder inadmisible en sede de casación  donde no se discuten pareceres sino errores.   

          Al  abordar  el  análisis  individual  de cada una de las demandas,  señala  que  la  instaurada  por  la  Fiscalía no cumple la exigencia aneja al  yerro  alegado,  esto es, la demostración de la violación de los principios de  la  sana  crítica,  pues  las reglas de la experiencia mencionadas en el libelo  constituyen  apenas  suposiciones,  presunciones  y  afirmaciones  generales sin  acreditación   alguna.                     

          Así,  en  cuanto  al  razonamiento  conforme  al cual en los pactos  indelicados  entre  funcionarios y particulares no necesariamente media presión  de  aquéllos,  la defensa considera que no se trata de regla de la experiencia,  pues  el  propio  actor  admite  la  existencia de pagos mediante presión y sin  ella,  de  manera  que  no  se  trata  de  un  comportamiento con pretensión de  generalidad.   

          En  relación  con  el  planteamiento según el cual ninguna persona  medianamente  sensata  realiza delitos en presencia de testigos, es del criterio  que  el  censor  crea  un  sofisma  con  ocasión de la reunión celebrada entre  FINO  SERRANO y Díaz    Sendoya    en   la   cafetería  “El  Virrey”,  pues  a  partir  de considerar que su objetivo era pactar un delito concluye que ese tipo  de  convenios  se  efectúan siempre sin testigos, lo cual al defensor le parece  absurdo.   Eso,   en   su   sentir,   es   tanto  como  afirmar  “que  si  a la reunión asistieron los escoltas fue porque lo que se  iba  a  pactar no era un delito, ya que los delitos siempre se pactan a solas; o  suponer  que  en medio de una reunión social no se pueda acordar un delito, sin  que     necesariamente    todos    lo    invitados    sean    partícipes    del  mismo”.   

          Frente  a  la  regla  de  la  experiencia con sustento en la cual el  demandante   cuestiona   la   consideración   del   Tribunal   referente  a  la  imposibilidad   de  que  Rodrigo  Díaz  pagara  comisión  si  él  mismo  admitió  que ya existía reserva  presupuestal  para  cancelarle  los saldos pendientes, la defensa replica que no  siempre  los  delincuentes  pretenden  dar  apariencia de legalidad a sus actos,  pues  en  ocasiones  realizan  la conducta con manifiesta ilegalidad. Sobre este  mismo  tema,  le  parece  paradójica  la  actitud  de la Fiscalía al pretender  demostrar  la culpabilidad del procesado supliendo la inexistencia de pruebas en  su  contra  con  el  argumento  de  que el contrato 110 se realizó por medio de  actos  con  “apariencia de legalidad”.   

          Por  último,  en  lo  concerniente  a  la  regla  de la experiencia  aducida   por   el   libelista   para  rebatir  el  argumento  del  ad  quem  referido  a la imposibilidad de  establecer      la      supuesta      suma      entregada     a     FINO, el defensor estima que de esa forma  la  Fiscalía  insiste  en  argumentar que la ausencia de prueba de un delito es  prueba  de  su existencia y por eso alude al tema de la campaña para el Concejo  Distrital  en  la  cual  participó  el procesado, sugiriendo el demandante, sin  existir  prueba  de  ello,  que  la  financió con bienes producto de un acto de  corrupción.   

          En  su  criterio,  de otra parte, el impugnante no expresó por qué  el  Tribunal  vulneró  los  principios  de  la  sana crítica cuando motivó su  decisión  con  las  conclusiones  de  los  dictámenes  periciales  en donde se  determinó   acerca  de  la  imposibilidad  de  establecer  científicamente  la  autoría  de  los  documentos  contentivos  de  las  grafías  dubitadas por ser  simples  fotocopias,  desestimando  consecuencialmente  aquella  parte de dichas  conclusiones  con fundamento en la cual la Fiscalía determinó que el procesado  recibió la suma de mil seiscientos millones de pesos.   

          Para  la  defensa,  a  su  turno,  en  la  demanda presentada por el  Ministerio  Público  el  censor  se  limita a atacar la sentencia con el simple  argumento  de  que  el Tribunal debió asignar credibilidad a unos testigos y no  otorgársela  a  otros,  planteando así una alegación propia de las instancias  sin  hacer  referencia  alguna a reglas de la experiencia, de la lógica o de la  ciencia   que   hubieran   podido   ser   transgredidas   por   el  ad quem.   

          Al  ocuparse  del  libelo  allegado por el representante de la parte  civil   constituida   por   FRESENIUS  MEDICAL  CARE  COLOMBIA,   el  defensor  empieza  por  referirse  al  razonamiento  del  censor  conforme  al  cual  nadie  en condiciones normales de  racionalidad  elige  al  azar a la víctima de una extorsión, para señalar que  no  se  trata,  contrario  a lo estimado por éste, de una regla de experiencia,  pues  si  bien los especialistas en el delito de extorsión generalmente escogen  minuciosamente  a  su  víctima,  son  muchos  los  casos de la vida real en que  ocurre lo contrario.   

          Adicionalmente,   considera   que   el  libelista  construye  en  su  argumentación  un sofisma consistente en pretender demostrar que cuando alguien  extorsiona  a  otro  con  la  amenaza  de revelar la comisión de un delito o la  realización  de  una  conducta  indecorosa,  es  porque  tales  comportamientos  efectivamente  ocurrieron. En su opinión, contrariamente, nada extraño resulta  que  se  hubiera  querido  extorsionar  al  procesado dada la alta posición que  ostentaba,  siendo  muy  significativo  que la amenaza la haya respondido con la  respectiva denuncia penal.   

          En  referencia  al  segundo  error  de  raciocinio  planteado por el  demandante  consistente  en la carencia de lógica y sentido común que comporta  la  atribuida  actuación  de los testigos Hernández,  Buriticá            y           Díaz   de   amenazar   a   FINO  SERRANO  con  revelar  unos  hechos  completamente  inventados  y  exigiéndole  una suma de dinero escogida al azar,  cuando  era  a  ellos  a quienes más les interesaba mantener oculta su conducta  delictiva,  la  defensa  sostiene  que se trata de una especulación edificada a  partir  de  un  supuesto  falso, pues de la extorsión solamente se ha acusado a  Buriticá.    

          Por  lo  demás,  estima  que el censor con tal razonamiento deja de  lado   la   verdadera   razón   por  la  cual  Díaz  decidió  decir  que  FINO  le exigía comisiones, esto es, para ocultar el dinero  que  le sustrajo a FRESENIUS,  conducta  acreditada  documentalmente,  mientras al procesado no se le encontró  ningún ingreso relacionado con esos dineros.   

          Para   la   defensa,   finalmente,   el  libelo  presentado  por  el  representante    de   la   parte   civil   constituida   por   el   ISS  es  un  alegato  confuso en donde se  mezclan  temas excluyentes, pues a pesar de plantear un error de hecho por falso  raciocinio,  en  desarrollo  del  cargo  estima  irregular  la  práctica de las  pruebas  pedidas  por  la  defensa,  en  cuanto  no  cumplían  los criterios de  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  concluyendo  en  que  las  únicas  que  debieron     apreciarse     fueron    las    declaraciones    de    Buriticá,    Díaz    y   Hernández,  a  las  cuales  no  se  les  asignó  el  valor  debido,  aun  cuando  sin  mencionar  cuál regla de la sana  crítica se vulneró.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

          Encontrando  que los reproches formulados en las cuatro demandas son  similares  abordó  su  estudio  de  manera  conjunta.  Para  ello,  a manera de  cuestión  previa,  destacó  que  las particularidades de los delitos objeto de  imputación,  en  cuanto  corresponden a aquellos conocidos como “criminalidad  de  cuello  blanco”  o “criminalidad organizada o  corrupción”,    los   torna   distintos   de   los  comportamientos  punibles “ordinarios”,  dada  la  inusitada  gravedad  y  trascendencia  que revisten los  primeros,   tanto   que   han   sido   objeto  de  tratamiento  en  instrumentos  internacionales aprobados por nuestro país.   

Esa  distinción, en su sentir, conduce a la  aplicación  en  el  caso  de  los  delitos  últimos  mencionados, de reglas de  experiencia  particulares  que  no  siempre  tienen  validez  cuando se trata de  actuaciones       relativas       a       delitos  ordinarios,      lo      cual      “encuentra  explicación  en  que  el fenómeno de la corrupción, y  más  exactamente  los  comportamientos  punibles  en  los  que se traduce dicho  fenómeno,  resultan  ser  conductas complejas, que no se agotan en un instante,  que  obedecen  a  una  muy  cuidadosa  preparación y que se esconden detrás de  actuaciones   administrativas   con   apariencia   de   legalidad”,  amén  de  que  sus  autores  “no son  individuos  ordinarios,  sino personas… con preparación académica superior o  muy superior”.   

          Para  el  Procurador  Delegado,  el  Tribunal  no  advirtió  que el  presente  caso  está  dotado de las características propias de la criminalidad  organizada  o  corrupción,  razón   por   la   cual  absolvió  a  FINO  SERRANO  con  fundamento  en  un  conjunto  de  reglas  de  la  experiencia  que  se  quedaron cortas o no resultaban válidas para apreciar los  hechos  y  que  condujeron a afirmar la ausencia de certeza, ayudado a partir de  la  construcción  de  unas  inconsistencias  intrascendentes,  restando  de esa  manera  credibilidad a la sólida incriminación proveniente de los directamente  involucrados  en  los sucesos, señores Jesús Antonio  Buriticá,    Claudia   Hernández   y   Rodrigo Díaz.    

         

          En  esas  condiciones, considera el representante de la sociedad que  el  ad quem, cuando entendió  explicable  la  tardanza  de  5 meses para formular la denuncia por estar sujeta  esa  conducta  a  la  manera  de reaccionar de las personas, desconoció que los  autores  de delitos de “cuello blanco”  no  son individuos cualquiera, sino personas que miden cada una de  sus  conductas  y  las  ponderan  de manera meticulosa, perfil que es propio del  procesado,  dados  sus  antecedentes  laborales, por cuya razón la explicación  lógica  de  su silencio por esos largos 5 meses sólo surge de su intención de  recuperar   los  documentos  en  poder  de  Buriticá  que   comprometían   su  responsabilidad  en  hechos  irregulares.   

          Tampoco,  en  su  concepto, tiene cabida en este caso la regla de la  experiencia  sugerida  por  el  Tribunal  conforme  a  la  cual  “no  existe  comportamiento  delictivo,  por  cuanto  la  actuación  oficial   que   la   rodea   está   sujeta   a  la  legalidad”.  Contrariamente,  estima  que  la apariencia de legalidad caracteriza  la  criminalidad  de  cuello blanco, en particular cuando proviene de servidores  públicos,  máxime  si  se  trata  de corrupción alrededor de la contratación  administrativa.  Por  eso,  le  parece  que el ad quem  desconoció  las reglas enunciadas al respecto por dos  de los demandantes.   

          El   Ministerio  Público  encuentra  también  fundada  la  censura  consistente  en  el  hecho de no advertir el Tribunal que las inconsistencias en  los  testimonios de Buriticá, Hernández y         Díaz        obedeció   a   que  declararon  en  varias  oportunidades  buscando  proteger  sus  propios  intereses, olvidando así el juzgador que los delitos de  corrupción  son  de doble vía, en tanto suponen la presencia de un contratante  y  un  contratista  que  acceden  a  la  ejecución  del  delito,  así  como un  “cohechador”   y   un  “cohechado”    que  concurren  en sus comportamientos.            

          Por  lo  anterior,  en  su criterio, “el  hecho  de  que  Díaz  Sendoya  no  hubiese  explicado  el  origen de su elevado  patrimonio…  y  aún  que  a sus cuentas personales hubieran ingresado dineros  del  anticipo, no excluyen la responsabilidad del representante del contratante,  comoquiera    que    fue    él    quien   formuló   inicialmente   la   ilegal  exigencia…”.  De  la  misma forma, “el   hecho   de  que  Díaz  Sendoya  hubiere  manejado  de  manera  fraudulenta  la  cuenta  en  la que el ISS le consignó el anticipo del contrato  110   permite  afirmar  sin  más  que  sus  incriminaciones  carecen  de  poder  suasorio”.   

          Sobre  el  punto  de  las  inconsistencias,  el  Procurador Delegado  coincide  también  con  los  impugnantes  en señalar que las mismas encuentran  explicación  en  la  percepción de los hechos por personas diferentes, quienes  además,  estaban  involucrados  en  su  comisión. Por eso mismo, estima que la  circunstancia  de  que  el pago de la comisión no haya sido corroborado por los  directivos  de  FRESENIUS no  descarta  las  incriminaciones formuladas por los testigos en mención en contra  de FINO SERRANO.   

          Para  el  representante  de  la  sociedad, las otras inconsistencias  aludidas  por el Tribunal o bien carecen de relevancia o son ajenas a los hechos  objeto  de  investigación.  Tras  referirse  puntualmente  a  varias  de ellas,  convino  en  aplicar  aquí la regla de la lógica según la cual del conjunto o  sumatoria  de  circunstancias  irrelevantes  no  se  puede  obtener más que una  conclusión   igualmente   irrelevante,  mas  no  un  raciocinio  consistente  y  relevante.   

          En  tales  condiciones,  considera  que la prueba sobre la cual debe  fundarse  la responsabilidad del procesado está constituida por los testimonios  de  Buriticá,  Hernández y  Díaz,  quienes  de  manera  concordante  y  complementaria  declararon  que  actuaron  para  satisfacer  las  exigencias   ilegales   de  FINO  SERRANO.   

En  su  criterio, tal incriminación aparece  corroborada    por   testigos   como   Pedro   José  Roca,  gerente  de  la firma constructora Silma, y por  empleados   de  la  casas  de  cambio,  quienes  detallaron  cómo  Buriticá   efectuó  la  conversión  de  pesos  a  dólares;  también,  añade,  con  las  deponencias  de  Juan  Carlos Lozano García, representante  legal  de  la  firma  BAXTER, quien descartó la exculpación del acusado, en el  sentido      de      que     los     pagos     realizados     a     FRESENIUS obedeció a un acuerdo de pago,  y  de  una  empleada  de  esa  última empresa, quien confirmó que Díaz  le refirió la exigencia porcentual  que le hizo FINO.   

          Destaca  el  Procurador Delegado también cómo, aun cuando no es lo  ideal  realizar  un  dictamen  grafológico  sobre  documentos  que  constan  en  fotocopias,  los  peritos  coincidieron  en  dictaminar que las grafías con las  cuales  el  procesado,  según  la  deponente  Claudia  Hernández,  manifestó  la  aceptación  del  dinero  recibido   de   Buriticá,  presentan  una  semejanza  externa  o  morfológica  importante  con  la  propia  escritura de FINO SERRANO.    

          Lo  anterior,  concluyó  el  Ministerio  Público,  “unido  al testimonio de Claudia Hernández y de Buriticá Restrepo,  y   analizado   conforme   a  la  regla  de  la  experiencia  que  enseña  que,  particularmente  en  los  delitos  asociados  con el fenómeno de la corrupción  administrativa,  los  agentes  se cuidan de no documentar aquello que indique su  participación  en  los  hechos,  así  como  a la circunstancia de que para esa  época  Fino  adelantaba  campaña  para ocupar un cargo de elección popular, y  que  en  realidad  Fino  Serrano  hacía  parte  de  una  sociedad  –Fino  Carantón-  que a su vez tenía  participación     en     otra     –Inversora  de  valores-  que se dedicaba al arbitraje de divisas…  todo  ello…  permite  inferir certeza sobre la responsabilidad de Fino Serrano  por los delitos que se le imputan en esta actuación”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Cuestiones previas:   

          Varias  precisiones  deben  efectuarse, antes de ocuparse la Sala de  decidir  las  impugnaciones  extraordinarias interpuestas en el presente caso, a  saber:   

          1.  La  Corte  en  fallos  del  19  de enero y 23 de febrero de 2005  decidió   las   acciones   de   tutela   promovidas  a  favor  de  GUILLERMO  FINO  SERRANO.  La  primera la  presentó    la    señora   Belén   Carantón   de  Fino,  en  representación  de  su  hija  María  Alejandra Fino Carantón, a su vez  hija  de  FINO  SERRANO, en  cuya  demanda  se cuestionó la providencia del Fiscal instructor de fecha 23 de  noviembre  de 2004, en la cual negó la detención domiciliaria solicitada en el  curso de la presente actuación.   

          La  segunda acción de tutela fue incoada a través de apoderado por  el  propio  GUILLERMO  FINO,  libelo  en  el  cual  se  censuró  la  decisión del mismo Fiscal instructor de  declarar  desierto  el  recurso  de apelación interpuesto contra la providencia  del 23 de noviembre de 2004.   

          Aun  cuando  en la adopción de las mencionadas sentencias de tutela  participaron,  entre  otros,  los Magistrados SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ, ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO,  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS  y YESID  RAMÍREZ   BASTIDAS3,  se  estima  que  respecto de   

ellos  no  concurre la causal de impedimento  prevista  en  el  numeral 4º del artículo 99 de la Ley 600 de 2000, ni ninguna  otra  de  las  previstas en esa disposición legal, pues en los referidos fallos  no  se  emitió  pronunciamiento  trascendente  relacionado con la temática que  corresponde  ahora  resolver  a  la  Sala, razón por la cual el criterio de los  prenombrados   Magistrados   de   ningún  modo  está  comprometido4.   

          En  efecto,  ambas  decisiones  se  sustentaron vertebralmente en la  improcedencia  de  las  acciones  de  tutela  por la existencia de mecanismos de  defensa  judicial  al  interior  del proceso penal para buscar la protección de  los  derechos que por vía constitucional se pretendía obtener, y si bien en la  sentencia  de  tutela  del  19  de  enero  de  2005  se  efectuó  una insular y  tangencial  afirmación  acerca  de  la presunta violación de la ley penal, tal  aseveración  se  enmarca  en  la  misma  línea  de  sustentación que llevó a  declarar  la  improcedencia  de  los  amparos tutelares invocados, en cuanto con  ello  se  dejó  claro  que el adelantamiento de una actuación penal no conduce  per  se  a la violación de  los  derechos fundamentales del procesado, por cuya razón es dentro de la misma  que deben dirimirse las controversias surgidas en su tramitación.   

          2.  En  desarrollo del presente proceso se emitieron por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  dos decisiones en sede de segunda instancia en las cuales  intervino  la  Magistrada que aquí funge como ponente. En la primera, proferida  el  26  de  julio  de  2005,  se  revocó  la  decisión del 2 de junio del año  anterior  en  donde  el  juzgado  de  primera  instancia  negó el testimonio de  Rodrigo  Díaz  Sendoya y se  ordenó su práctica.   

          En  la  segunda,  de  fecha  10 de noviembre de 2005, se definió lo  relacionado  con  la  admisibilidad de las demandas de parte civil constituidas,  de  una  parte,  por  FRESENIUS MEDICAL CARE COLOMBIA  y,  de  la  otra, por un actor popular; así mismo, se  aceptó  el  desistimiento  presentado  por la defensa respecto de un recurso de  apelación.  En  lo  relativo  a  la  admisibilidad de las demandas, el Tribunal  confirmó   las   decisiones   emitidas   por   el  a  quo.   

          Se  observa,  igualmente,  que  con  tales  pronunciamientos tampoco  concurre    impedimento    alguno    en    la   Magistrada   ponente5,  pues en las  decisiones  en  las  cuales  participó  no  se emitieron juicios anticipados de  naturaleza  sustancial  o  trascendente que comprometan su criterio para conocer  del presente asunto.    

          En  efecto,  en  la decisión del 26 de julio de 2005 no se efectuó  valoración  alguna  acerca  de  la  credibilidad del testimonio de Rodrigo   Díaz   Sendoya  sino  que  se  examinó  la  pertinencia  de  esa  prueba  y  el  ámbito de su derecho a la no  auto-incriminación,   dada   su   condición  también  de  procesado  en  otra  actuación  penal,  concluyéndose  en  la no vulneración de ese derecho con la  práctica  de  su declaración, pero cuyo análisis, se insiste, no comportó la  toma  de  partido frente a los resultados del juicio seguido contra GUILLERMO FINO SERRANO.   

          Similar  situación se presenta en lo relacionado con la providencia  del  10  de  noviembre de 2005. Allí la Sala de Decisión del Tribunal decidió  mantener  la  admisión  de la demanda de parte civil constituida por la empresa  FRESENIUS    MEDICAL    CARE   COLOMBIA,   en   tanto   avaló  la  inadmisión  pronunciada  frente  a  la  pretensión  de  un actor popular de intervenir en la presente actuación. Ambas  decisiones  giraron en torno a la discusión acerca de la probable causación de  algún  perjuicio para los demandantes con los hechos objeto de juzgamiento, sin  que  se  anticipara  criterio  alguno  sobre  la existencia efectiva del daño y  muchos   menos   sobre   la   demostración   de   quien   estuviere  llamado  a  resarcirlo.   

          Desde  luego,  menos aún puede afirmarse que con la aceptación del  desistimiento  se emitió juicio trascendente, pues tal decisión no implicó la  adopción de pronunciamiento alguno de fondo.   

          3.  En  los  alegatos  presentados  por  los  sujetos  procesales no  recurrentes   se   sostiene  que  las  demandas  de  casación  no  cumplen  los  presupuestos  formales  exigidos  por la ley. Al respecto, la Sala debe precisar  que  ese  tema  quedó  superado cuando la Corte dispuso su admisión, siendo de  entender  que  esa  decisión  se  emitió  en  desarrollo del precepto procesal  previsto  en  el artículo 206 del Código de Procedimiento Penal, que establece  como  fines  de  la  casación  “la efectividad del  derecho  material  y de las garantías debidas a las personas que intervienen en  la  actuación   penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia nacional y  además  la  reparación de los agravios inferidos a las partes con la sentencia  demandada”.   

          En  tales  condiciones, admitidas como han sido las demandas, lo que  corresponde  ahora  es  emitir  el fallo de fondo de rigor, sin consideración a  las  falencias  de  orden  técnico  en  que pudieron incurrir los actores en la  confección        de        los       libelos6   

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          Para  el  efecto,  ha  de señalarse que tampoco le asiste razón al  procesado  cuando  pone  en  tela  de  juicio  la legitimación del ISS    para   interponer   el   recurso  extraordinario  de  casación.  Sobre  el  particular,  aduce que esa entidad no  sufrió  agravio  con  la sentencia de segunda instancia, por cuanto la misma es  de  carácter  absolutorio;  además, añade, porque en el fallo condenatorio se  señaló   que  el  ISS  no  soportó  daño alguno con la conducta del sentenciado, decisión no apelada por  ese sujeto procesal.   

          El   primero   de   los  argumentos  del  acusado  resulta  de  suyo  deleznable,      pues      si      la      pretensión      del     ISS,  como  parte civil constituida en el  proceso,  se  orienta  a obtener el proferimiento de sentencia de condena contra  GUILLERMO   FINO  SERRANO,  apenas   natural   se   torna   su  legitimación  para  interponer  el  recurso  extraordinario  de casación por el agravio que a sus intereses le representa la  sentencia absolutoria dictada por el Tribunal.   

Ahora  bien,  la  Sala, con fundamento en la  normatividad  internacional  y  en  la  doctrina constitucional, tiene dicho que  bajo  el  concepto  de víctima se incluye a todas las personas perjudicadas con  el  delito,  “de  donde se desprende que no existen  limitaciones   respecto   de   la   calidad   de   las   personas   –naturales  o  jurídicas–  que dentro del proceso penal pueden  alegar  su  condición  de víctima”, por cuya razón  tanto  unas  como  otras están legitimadas para acudir a la judicatura en busca  de     verdad,     justicia     y     reparación7.   

          Teniendo   en   cuenta,   de   otra  parte,  que  a  la  luz  de  la  jurisprudencia  de la Corte Constitucional y de la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  no  resulta  válido  impedir la actuación de la  víctima  dentro  del proceso penal sobre la base de no haber sufrido perjuicios  de  carácter  patrimonial,  pues  su  legitimación  está dada también por la  búsqueda  de  la  verdad  y  justicia, surge clara de esta forma la carencia de  razón  del  procesado  cuando  pretende  marginar  del  proceso al ISS  por  el hecho de no haber obtenido a  su  favor  indemnización  económica  en el fallo de primera instancia, pues le  asisten  aún  los  derechos de saber lo realmente acontecido y, si es del caso,  de  propender  porque  se  sancione  a  los responsables de la acción delictiva  realizada en contra de dicha entidad.   

         

          Por  lo  demás, obsérvese cómo en la propia sentencia en mención  el  a quo estimó afectada la  imagen  del  ISS, solamente  que  consideró  resarcido  tal  agravio  con  la condena proferida en contra de  FINO SERRANO, presupuesto de  reparación  que desapareció con la absolución pronunciada por el ad   quem,  emergiendo  así,  en  tales  condiciones,  la  legitimación  de  dicha  entidad  estatal  para  procurar  el  derrumbamiento  de  la  decisión  de  segunda instancia, en aras de recobrar la  protección brindada a su imagen con la decisión de primer grado.   

          Cargo  único.  Violación  indirecta  de  la ley por error de hecho  derivado de falso raciocinio:   

          Las  cuatro demandas coinciden en acusar la sentencia de Tribunal de  violar  indirectamente  la ley sustancial como consecuencia de incurrir en error  de  hecho por falso raciocinio, por cuya razón la Sala examinará los reproches  en forma conjunta.   

         Para  lo anterior, se procederá de la siguiente forma: (i) se hará  una  previa  conceptualización  acerca del error de hecho por falso raciocinio;  (ii)  se  puntualizarán  las  razones  sustento  de las decisiones de primera y  segunda   instancia;   (iii)   se   realizarán  unas  breves  glosas  sobre  la  connotación  de los delitos constitutivos de corrupción administrativa, y (iv)  se abordará el fondo del asunto.   

         (i) Error de hecho por falso raciocinio:   

         Se  incurre  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  cuando el  juzgador,  al apreciar el conjunto probatorio, se aparta de los principios de la  sana  crítica,  integrados  por  las  reglas  de la experiencia, los postulados  lógicos  y  las  leyes  de  la  ciencia.  Ese apartamiento debe ser manifiesto,  protuberante  o  evidente,  pues, ciertamente, la simple disparidad de criterios  entre  la  apreciación efectuada por el fallador y la valoración prohijada por  el  demandante no constituye tema debatible a través del recurso extraordinario  de casación.   

         Sobre el particular, la Sala ha dicho:   

“Al  efecto,  se  hace preciso recordar,  ante  todo,  que  el  falso  raciocinio, una de las formas que asume el error de  hecho  como  medio  de  infracción  mediata  de  la  ley sustancial, tiene unas  características,  algunas  de las cuales resultan comunes a las otras formas de  error  de  hecho –el falso  juicio  de  identidad  y  el  falso  juicio  de  existencia-  y  otras  que  son  específicas dada su particular naturaleza.   

Rasgo  común  a todas las maneras como se  manifiestan  los  errores  de  hecho, es que aparezcan protuberantes, evidentes,  ostensibles.  En  concreto,  respecto  del falso raciocinio, consiste en que las  premisas  fijadas  por  los  juzgadores  a partir de su tarea apreciativa de los  elementos  de convicción sean abiertamente contrarias a toda lógica, a un sano  y  juicioso  razonamiento,  incapaces  de  resistir  el  menor análisis, por lo  absurdo o trastocado de las respectivas conclusiones.   

El  falso raciocinio, además, no comporta  alteración  de la materialidad de la prueba, en cuanto su contenido no se   distorsiona,  altera o secciona para ponerla a decir cosa diferente a su genuina  expresión,  ni  se  desconoce  para omitir un hecho esencial a las conclusiones  del  fallo,  ni  se idea para declarar uno sin existencia procesal, como tampoco  se   practica  o  aduce  con  desconocimiento  de  las  correspondientes  pautas  legales.   

De lo que deja rastro un desaguisado de la  comentada  índole, es de la aplicación inadecuada o de la falta de aplicación  al  momento  de sopesar el poder persuasivo de los elementos probatorios, de las  pautas  que  permiten  una  sana  crítica,  esto  es, de una valoración de los  mismos  guiada  por los dictados de la lógica, las máximas de la experiencia o  las reglas de la ciencia.   

Si estos parámetros acompañan el estudio  del  juzgador,  las  conclusiones  que  sienten  serán  reflejo  de  un estudio  crítico  ponderado,  sereno,  reflexivo, en suma, sano y, por tanto, aquéllas,  así  no  sean compartidas, son inmunes a cualquier ataque en sede casacional en  cuanto  el  revestimiento de acierto y legalidad no puede ser desalojado. Si los  deja  al  margen,  las  inferencias  delatarán,  al  contrario, un razonamiento  ilógico,  desatinado,  sofístico  o  disparatado, evidentemente contrario a la  realidad  conformada  en  el  proceso,  lo  que  conforma  un yerro que si tiene  trascendencia  en  la  parte dispositiva de la sentencia, la torna ilegítima y,  por    ende,    impone    su   derribamiento”   8   

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        (ii) Fundamento de las sentencias de instancia:   

         Como  está  visto,  el a quo dictó    sentencia   condenatoria   en   contra   de   GUILLERMO  FINO SERRANO por los delitos de  cohecho  impropio e interés indebido en la celebración de contratos. Sustentó  la decisión, básicamente, en los siguientes razonamientos:   

         a)  Los  declarantes  Claudia Hernández,  Jesús     Antonio    Buriticá    y    Rodrigo    Díaz   Sendoya   de   manera  concatenada  dan  cuenta que FINO SERRANO exigió  a  este  último  una  comisión  para acelerar el pago del  anticipo  correspondiente  al  contrato  110  de  2002 y es así como una vez el  ISS    lo    canceló,  Díaz  Sendoya giró a favor  de  diversas  personas  cheques  contra  la cuenta en la cual se consignó dicho  anticipo,    cuyo    dinero    fue    a    parar   a   manos   de   Buriticá, quien lo convirtió a dólares  para    luego   entregárselo   a   FINO    por    intermedio    de    su   entonces   esposa   Claudia   Hernández,  conforme  habían  acordado  previamente, por cuya gestión le prometió una comisión que sólo le  pagó parcialmente.   

         b)  La  prueba  testimonial de cargo es elocuente en mostrar toda la  actividad  delincuencial  del  procesado,  sin que impida otorgarle credibilidad  las  contradicciones  en  las  cuales incurrieron los declarantes, derivadas del  hecho  de  aparecer cuestionadas sus conductas, incoherencias que, en todo caso,  no afectan el sentido real del acontecer fáctico.   

         c)    Dichos   testigos   no  tenían  interés  en  imputar  a  FINO  SERRANO  una conducta  que  no  cometió,  máxime  cuando  las  acusaciones dirigidas contra éste los  comprometía seriamente a ellos.   

         d)  El  procesado  se  demoró  5 meses para denunciar la extorsión  proveniente    de   Buriticá   Restrepo,  no  obstante  que  su conocimiento en leyes le hacían prever que  por  tratarse  de  un hecho grave debía ponerlo de inmediato en conocimiento de  las  autoridades  y  no simplemente en averiguación de responsables sino contra  persona   determinada,  pues  tenía  la  seguridad  de  dónde  provenían  las  amenazas.   

         e)    El    valor    de   los   cheques   que   giró   Díaz  Sendoya contra la cuenta en la cual  el  ISS consignó el anticipo  correspondiente  al  contrato  110  coincide  con  la  comisión  del 4% exigida  realmente  por  FINO SERRANO,  conforme las declaraciones de los testigos de cargo.   

         f)    Las    conversaciones    vía   internet   o   “chateos”  sostenidas entre Claudia    Hernández   y   Jesús   Antonio   Buriticá   antes  de  instaurarse    la   denuncia   por   extorsión,   comprometen   seriamente   la  responsabilidad    de    FINO   SERRANO,  pues  en  desarrollo  de  esos  diálogos  se  habla del provecho  ilícito  obtenido  con  el contrato, así como de la extorsión e igualmente de  la   denuncia   que   podría   formular   éste,  eventualidad  descartada  por  Buriticá,  pues eso sería  tanto    como    “denunciarse   él”.   

         g)   No   hay  prueba  en  el  paginario  indicativa  acerca  de  la  alteración  de  los referidos diálogos, como que los interlocutores no cuentan  ni  siquiera  con  capacidad  técnica  para  el  efecto, razón por la cual son  dignos  de  credibilidad,  máxime cuando están avalados por el restante caudal  probatorio.           

         h)  El  dictamen  grafológico  practicado sobre el manuscrito en el  cual   la  deponente  Claudia  Hernández  afirma  registró los dólares entregados por ésta a FINO  SERRANO  determinó que las grafías  allí  consignadas como muestra de aprobación de lo registrado en ese documento  corresponden  morfo-estructuralmente a la caligrafía usada por el procesado, lo  cual  constituye  un  indicio  más  que,  sumado a las demás pruebas de cargo,  permite  predicar  con  certeza  su  responsabilidad  en los ilícitos objeto de  imputación.    

         A  su  turno,  el  Tribunal  cimentó  el  fallo  absolutorio en los  siguientes basilares argumentos:   

         a)   El   proceder   de   FINO   SERRANO  frente  a  la  exigencia  extorsiva  de  Buriticá  Restrepo,  en cuanto en vez de  denunciar   inmediatamente  el  hecho,  se  preocupó  primero  por  conocer  la  procedencia  de  la  ilicitud  y  el  responsable  de  la  misma,  es  propio de  “la      manera      de      reaccionar     las  personas”.   

         b)   Los   testigos  Claudia  Hernández,  Jesús     Antonio    Buriticá    y    Rodrigo  Díaz  incurrieron en múltiples  contradicciones  e inconstancias que impiden darles credibilidad. En cambio, las  personas  que  participaron de una u otra forma en la conversión a dólares del  dinero   girado   por   Díaz  Sendoya  coincidieron  en declarar no haber conocido que su propietario fuese  FINO SERRANO.   

         c)  El  funcionario  del D.A.S. Alexánder  Hernández   Ladino   y   el   investigador   privado  Luis     Mario    Ramírez    Leal    descartaron       la       existencia       del      “cambiazo”  de  los  documentos portados  por  Buriticá  Restrepo  al  momento  de su captura, según lo adujo éste. En este sentido, considera que si  Buriticá   tuviese   los  originales  FINO  no hubiese  llegado     hasta     la     instancia     del    procedimiento    oficial    de  aprehensión.   

         d)   Buriticá,  Hernández  y  Díaz  fueron  adecuando   sus   manifestaciones   en   consonancia   con   el  devenir  de  la  investigación, en procura de revestirlas de credibilidad.   

         e)  No  había razón para pagar comisión por el anticipo porque en  el  contrato  quedó establecido que éste se cancelaría tres días después de  constituidas  las  pólizas,  como  en efecto ocurrió, estipulación igualmente  pactada  en  el  caso  del  contrato  celebrado  con  RTS BAXTER, sin que ni esa  empresa    ni   FRESENIUS  presentaran queja alguna al respecto.   

         f)  Los funcionarios del ISS a quienes correspondió dar trámite al  contrato  110 testificaron que el mismo se cumplió dentro de los parámetros de  ley   y   con   sujeción  a  cada  una  de  sus  fases,  sin  que  FINO  SERRANO  tuviera  incidencia alguna  distinta a la de diseñar pautas generales (pág. 117).   

         g)   Si   bien   Carmen   Elena   Botero  Mejía declaró haber sido destinataria del comentario  proveniente    de    Díaz   Sendoya   conforme    al    cual    FINO   SERRANO  le  hizo  la  exigencia  dineraria  relacionada con la  adjudicación  del contrato 110, su dicho debe ser apreciado con prudencia, dado  el  vínculo  incondicional  que  tenía  con todas las acciones de Díaz Sendoya.   

         h)   Si  de  acuerdo  con  Díaz  Sendoya  la       contratación      con      FRESENIUS     y     BAXTER     era     imprescindible,    resulta  contradictoria   su  afirmación  consistente  en  estar  obligado  a  pagar  la  comisión  a FINO para evitar  que éste dejara de contratarlos.   

         i)   Si   Díaz   Sendoya   admite  que  existía  la  reserva  presupuestal,  la cual tiene una  destinación  específica, no se entiende por qué se veía precisado a pagar la  comisión.   

         j)    Los    directivos   de   FRESENIUS  en   sus   testimonios  desmintieron  a  Díaz  Sendoya  respecto de su afirmación  de   que   la   empresa   conocía   la  exigencia  económica  de  FINO  y,  es  más, autorizó el pago del  soborno (pág. 169).   

         k)  De  acuerdo con informe técnico, los diálogos por internet son  susceptibles  de  alteración,  luego las conversaciones por ese medio aportadas  al  plenario  no  son confiables. De todas  maneras, así se consideren los  “chats”  como  pruebas  válidas  e  idóneas,  su análisis integral no arroja incriminación alguna en  contra  de  FINO  SERRANO y,  por  el  contrario,  conduce a inferir la manera como se ideaba por Claudia    Hernández   y   Jesús  Antonio  Buriticá  la  forma  de  exigir  dinero  a  aquél.  Al  respecto,  destacó  cómo durante los diálogos  sostenidos  entre  la  referida  pareja  la  primera  reconoce  no ser cierto lo  expresado  por  ellos  con  respecto  al  procesado, sin que sea trascendente la  afirmación    de    que    si   FINO   los     denunciaba     equivalía     a    que    él    mismo    se  denunciara.   

         l)  El dictamen grafológico practicado por el Instituto de Medicina  Legal  como  consecuencia  de  la  objeción  que prosperó dirigida contra otro  peritazgo  de  la  misma naturaleza realizado por un experto de la Procuraduría  General  de la Nación, determinó la imposibilidad de establecer la autoría de  las   grafías   consignadas   en  los  documentos  aportados  por  Buriticá   Restrepo  al  momento  de  su  aprehensión,  por tratarse de fotocopias que por su naturaleza son susceptibles  de  montajes  y  además  respecto  de  las  mismas  no  es factible realizar un  análisis intrínseco acerca de la configuración del trazo.   

         (iii)       Breves       glosas      sobre      la      corrupción  administrativa:   

         Definida  en  el  Foro contra la Corrupción celebrado en Bogotá en  marzo  de 2002 como “todo abuso de un cargo público  para  obtener  ganancias  privadas,  sean  éstas  de índole privadas (amistad,  familiar),   beneficios  políticos,  pecuniarios  o  de  estatus”,  la corrupción administrativa se ha erigido en uno de los mayores  flagelos que corroen nuestra sociedad.   

         Los  estudiosos  del  tema  coinciden en señalar que la corrupción  aflora   más  fácilmente  en  los  países  en  desarrollo  que  en  el  mundo  desarrollado,  debido a las flaquezas institucionales y la frágil cultura tanto  social   como   política   imperante  en  aquellos9.   

          Las   consecuencias   de   la   corrupción   en  la  comunidad  son  desastrosas,  pues  la  misma  genera  un  impacto  negativo  en  lo económico,  político  y social. En el primero de esos sectores porque aumenta los costos      de      los      bienes      y      servicios;  incrementa  la  deuda de un país; conduce al relajamiento de las  normas  de modo que se adquieren bienes que no cumplen las normas establecidas o  la                             tecnología  inapropiada  o  innecesaria; y puede resultar en la aprobación de  proyectos        basados       en       el       valor               del               capital  involucrado en los mismos, más que en la mano de obra, pero puede  ser   menos   útil   desde   el  punto  de  vista  del  desarrollo.   

En  lo político el impacto puede medirse a  través   de   diversos   elementos.  La  corrupción  reproduce  y  agudiza  la  desigualdad     social     y     preserva     las     redes   de   complicidad   entre   las   élites  políticas  y  económicas.  En relación con la clase política consolida las  clientelas  de  ese  orden  y  mantiene funcionando los instrumentos ilegales de  control.  Respecto  del  aparato administrativo, perpetúa la ineficiencia de la  burocracia  y genera formas parasitarias de intermediación. Todo esto conduce  a     la     pérdida     de     credibilidad    en    el  Estado     y     a     la    erosión    de    la    legitimidad   necesaria   para   su   funcionamiento  adecuado.   

Finalmente,   en   el  sector  social  la  corrupción   acentúa   las   diferencias  sociales  al  limitar  el  papel  del  Estado  como  mediador  de  las  demandas  de  los  distintos  grupos  sociales  Las  clases populares o marginales se ven sometidas a un  proceso  de  exclusión  social  y político, pues la corrupción los aleja  del  sistema  formal  y  los obliga a acceder de manera informal a sus medios         de         subsistencia10   

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         En   nuestro   país  el  fenómeno  de  la  corrupción  ha  tomado  proporciones  gigantes  en tal grado que el legislador decidió en 1995 diseñar  un   estatuto   anticorrupción,   estableciendo,   entre   otras   medidas,  el  endurecimiento  de  las  penas  previstas para los delitos atentatorios del bien  jurídico  de  la  administración  pública.  En  la exposición de motivos que  sirvió  de base a su expedición y cuyo proyecto se convirtió en la Ley 190 de  dicho año, se expresó lo siguiente:   

         “Internamente,  el Estado enfrenta un cáncer. Es una enfermedad,  que  está  llevando  al país hacia la muerte. Es un tumor que está propiciado  un  divorcio,  cada vez mayor, entre los ciudadanos y sus autoridades. Encuestas  recientes  muestran  la  sensación  inmensa  que  tienen  la  mayoría  de  los  colombianos  acerca  del  grado  de  corrupción que impera en las instituciones  públicas.  Así  mismo,  es  un  hecho, que muy poco se ha hecho realmente para  sancionar a quienes se han dedicado a saquear el Estado.   

        …   

Pero  tal  vez  la  más  grave  forma  de  corrupción  es  cuando  se  organizan  “mafias”, es decir un grupo de empleados  públicos     involucrados     en    la    recolecta    y    distribución    de  comisiones…   

El  problema  de  la  corrupción  es  tan  complejo  que  para  enfrentarlo  debemos darle un tratamiento integral. Creemos  que  en este propósito el Estado debe contar con los fundamentos legales que le  ayuden  a  prevenir  y  a investigar las conductas corruptas. En este propósito  consideramos  indispensable  contar con la decisión del Gobierno Nacional y con  la participación de la ciudadanía.   

En  los  delitos contra la Administración  Pública  es  muy  difícil  establecer la responsabilidad. La corrupción es un  “matrimonio”  entre  un  corruptor y el corrupto. En tal sentido generalmente no  existen  testigos,  y  las dos partes quedan comprometidas ante la ley penal. En  el  caso  de  corrupción  a  través  de “mafias”, aunque existen más personas  involucradas,   lograr   su  concurso  para  denunciarlas  es  más  complejo  y  peligroso.  No  hay duda que la nueva institución de la Fiscalía General de la  Nación  ha  comenzado  a alterar el balance negativo que la justicia colombiana  había  tenido  respecto  al  esclarecimiento  de delitos, en parte porque rompe  frente  al  crimen  organizado, la soledad en que debía actuar los jueces, pero  además   porque   el  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  ha  introducido  modificaciones  que  le  permiten a la sociedad romper el “código del silencio”  que rodea el crimen organizado”.   

         Esa  severidad  en  el  tratamiento  punitivo  de  la corrupción se  conservó  en el Código Penal de 2000 expedido mediante la Ley 599 de ese año.  De  esa manera el país mantuvo la línea de su persecución, cumpliendo de paso  los   compromisos   que  adquirió  al  suscribir  instrumentos  internacionales  concebidos,  precisamente,  para  prevenir,  detectar,  sancionar y erradicar la  corrupción  en el ejercicio de las funciones públicas. La suscripción de esos  convenios  obedeció  a  la dimensión alcanzada por dicho fenómeno al punto de  trascender  allende las fronteras de los países para convertirse en un problema  mundial.   

         Como  lo  recuerda el Ministerio Público, tales instrumentos son la  Convención  Interamericana  contra  la Corrupción suscrita en Caracas el 29 de  marzo  de  1996  y  la  Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción  adoptada  el  31  de  octubre  de  2003,  aprobadas  en  el ordenamiento interno  mediante las Leyes 412 de 1997 y 970 de 2005, respectivamente.   

          En  los  mencionados instrumentos, ciertamente, se ponen de presente  las  consecuencias  nocivas  de  la corrupción para la comunidad en general. Es  así  como  la  Convención  Interamericana, en su preámbulo, señala que dicho  flagelo  socava  la legitimidad de las instituciones públicas, atenta contra la  sociedad,  el orden moral y la justicia, así como contra el desarrollo integral  de  los  pueblos,  al  distorsionar  la economía, viciar la gestión pública y  deteriorar la moral social.   

         Por  su parte, la Convención de las Naciones Unidas, también en su  preámbulo,  identifica  la gravedad de los problemas y las amenazas que plantea  la  corrupción para la estabilidad y seguridad de las sociedades al socavar las  instituciones  y  los  valores  de  la  democracia, la ética y la justicia y al  comprometer el desarrollo sostenible y el imperio de la ley.   

         Resulta,  pues,  indudable la gravedad de los delitos asociados a la  corrupción,  así  como su impacto negativo para la sociedad, en cuanto pone en  serio  riesgo  los fundamentos de la democracia y los valores que le son propios  como el orden moral y la justicia.    

         Por  lo  anterior,  comparte  la Sala la postulación del Procurador  Segundo  Delegado  en el sentido de que dicho fenómeno, como manifestación que  es  de  la  delincuencia  organizada y de los delitos de cuello blanco, requiere  ser  tratado  judicialmente  en forma diversa a como se procede generalmente con  los  demás  punibles, distinción que, por tanto, exige la aplicación frente a  esa  especial  clase  de  delincuencia de particulares reglas de la experiencia,  las  cuales  podrían  no  resultar válidas cuando se trata de apreciar pruebas  obrantes  en  actuaciones  relacionadas  con  conductas  punibles  de  ordinaria  comisión.    

         Ciertamente,   los   comportamientos   delictivos   asociados  a  la  corrupción  se  traducen  en  conductas  complejas, que obedecen a una muy bien  cuidadosa  preparación  con  miras  no solamente a garantizar su éxito sino su  impunidad,  para  cuyo  propósito  se  suele  obrar  al  amparo  de actuaciones  administrativas  con  apariencia  de  legalidad. Recuérdese a este respecto que  una  de  las  modalidades de la corrupción administrativa se presenta cuando se  procede   “de  acuerdo  con  las  reglas”,  en cuyo evento el funcionario recibe un beneficio de parte de un  particular  por  llevar  a  cabo  algo  que  debe  hacer,  según  lo dispone la  ley.   

         Adicionalmente,  los  autores  de esa clase de conductas delictivas,  como    lo    expresa   también   el   Procurador   Delegado,   “no   son   individuos  ordinarios,  sino  personas  con  un  perfil  especial,  en  la  medida  en que cuentan con preparación académica superior o  muy   superior,   y  –en  muchos  casos-  por  su  condición  de  servidores  públicos  están sujetos a  especiales   deberes   de   sujeción   del   orden   constitucional,   legal  y  reglamentario”.   

         (iv) El caso concreto:   

         Está   claro   que   la   presente  actuación  cuenta,  entre  las  innumerables    y   variadas   pruebas   practicadas   dentro   de   la   misma,  fundamentalmente   con  los  testimonios  de  Claudia  Hernández    Mendoza,    Jesús   Antonio   Buriticá   Restrepo   y   Rodrigo   Díaz  Sendoya,  declaraciones  con  las  cuales  se  cimentó, en gran medida, la  acusación  formulada  en  contra  de  GUILLERMO FINO  SERRANO  y  la sentencia condenatoria proferida por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito de Bogotá.              

         En   su  testimonio,  Claudia  Hernández  afirmó que laboró como asesora en la Vicepresidencia  del  ISS, en cuyo cargo tuvo  una   relación   muy   cercana  con  GUILLERMO  FINO  SERRANO,  y  es  así como en cierta ocasión éste la  abordó  para  preguntarle  acerca  de  quién  podría  hacerle  el trámite de  convertirle  a dólares unos recursos que recibiría en esos días, ante lo cual  optó    por    recomendarle    a   Jesús   Antonio  Buriticá,   para   entonces   su  esposo,  quien  se  encontraba  sin  trabajo,  pero  tenía una amiga propietaria de varias casas de  cambio.   

         Según   la   deponente,   efectivamente  contactó  a  Buriticá       con      FINO  y es así como aquél realizó para  éste  la  gestión  encomendada,  a  cuyo  término  le  hacía  entrega de los  respectivos  dólares,  para  lo  cual  ella  elaboró  un  documento  en  donde  relacionaba  las  respectivas cantidades, estampando el procesado en cada una de  ellas   un  “chulo”  en  señal  de aprobación de lo recibido, aun cuando la testigo dice que no todo el  dinero     entregado     a     FINO    quedó                 allí                relacionado.     

         En   su   declaración,   Jesús  Antonio  Buriticá   Restrepo   confirmó   que   conoció   a  FINO   por  intermedio  de  Claudia    Hernández,  acordando  con  él  realizar  la  mencionada  gestión,  para  lo cual éste le  presentó  a  una  persona, enterándose después que se trataba de Rodrigo  Díaz  Sendoya, de quien recibió  innumerables  cheques girados a nombre de terceras personas, cuyos importes eran  convertidos  a  dólares,  que  Buriticá luego   entregaba   a   GUILLERMO   FINO  directamente  o  a  través  de  su  ex esposa, previa  relación  en un documento, en el cual éste no solamente trazó los mencionados  “chulos”   sino   que  además  estampó  su  firma  y  escribió  a   mano  la  dirección  de su  oficina.    

         Manifestó   el   deponente   que  por  dicho  encargo  FINO  SERRANO  le  canceló  la  suma  de  30.000  dólares  y  le prometió la entrega de otra cantidad que oscilaba entre  50.000  y  100.000  del  mismo  valor  nominal,  cuyo  pago incumplió pese a su  reiterado  requerimiento,  ante  lo  cual  decidió  enviarle  notas, escritos y  manuscritos  a su apartamento, a su sede de campaña y al Concejo de Bogotá, lo  cual generó la denuncia en su contra por extorsión.   

         A   su   turno,   Rodrigo  Díaz  Sendoya  testificó   que   como   representante   legal   de  FRESENIUS    MEDICAL    CARE    S.A.   y     por     exigencia     de     FINO  SERRANO,  entregó  a  éste  un  porcentaje  sobre el  anticipo  recibido  con  ocasión  de  la  celebración del contrato 110 de 2002  entre    dicha    empresa   y   el   ISS,  dinero  que  traspasó  al procesado a través de cheques girados  contra  una  cuenta  abierta  en  el  Banco  de Bogotá a nombre de FRESENIUS.   

         Resulta  evidente  que  al  entrelazar  y concatenar los testimonios  antes  reseñados  surge  de  ellos la siguiente imputación, que constituyó la  base  de  la  resolución  de  acusación  proferida  en su contra: FINO  SERRANO recibió un porcentaje sobre  el  anticipo  del  contrato  110  de  2002,  dinero  entregado  por Díaz   Sendoya   a  través  de  cheques  girados  a  favor de terceras personas, pero cuyos importes fueron convertidos a  dólares    por    Buriticá   Restrepo,  cumpliendo  la misión que previamente le encomendó GUILLERMO  FINO,  por la cual le pagó la  suma  de  $30.000  dólares  y  le  prometió la cancelación de otra cifra, que  finalmente incumplió.   

         El  Tribunal  no asignó credibilidad a los mencionados declarantes,  efectuando  razonamientos  que no se compadecen con las reglas de la experiencia  que  resultaban de rigor aplicar en este caso, dadas las características de los  delitos   objeto   de   juzgamiento,   según   se   precisó   en  el  acápite  precedente.   

         En   efecto,   minimizó   el   ad  quem  la  actitud  del  procesado  al  tardar cinco meses en  denunciar    la    exigencia    extorsiva    que    le   efectuó   Buriticá  Restrepo,  señalando  que ese  proceder  está sujeto “a la manera de reaccionar de  las   personas”.  Como  lo  destacó  el  Procurador  Delegado,  con  esa  forma  de  razonar  desconoció  el  sentenciador de manera  evidente  una de las particularidades de los delitos de cuello blanco, en cuanto  sus  autores  no  son personas que actúan guiados por impulsos del momento sino  mediante  previa  reflexión,  midiendo  cada  uno  de sus pasos y previendo las  consecuencias negativas o positivas de sus actos.   

         Por  eso,  la  actitud  omisiva  de  FINO  SERRANO  no  puede  constituir una reacción normal en  sujetos  de su condición personal, en cuanto se trataba de un reconocido hombre  público  que  había estado al frente de dos entidades del orden nacional (DIAN  e  ISS)  y  acabada  de ser  elegido  Concejal  de  Bogotá,  dignidad que entró a ocupar el 1º de enero de  2004.   

           Tal perfil es claramente indicativo de que si guardó silencio sin  avisar  a las autoridades de lo ocurrido es porque su intención no era otra que  hacer  contacto  con  el extorsionista con el fin de recuperar los documentos en  poder  de  éste  que comprometían su responsabilidad en hechos de corrupción,  para  lo  cual,  incluso,  contrató  un  detective  privado,  quien  entró  en  conversaciones   con  Buriticá  Restrepo.   

         El  anterior  raciocinio  está  en  armonía  con  el hecho de que,  según     lo    manifestó    el    propio    FINO  SERRANO,   durante   su   carrera  pública  formuló  alrededor  de  4.000  denuncias por presuntos hechos de corrupción. Es más, se  conoce  en  la  foliatura  acerca de la denuncia que el mismo procesado formuló  inmediatamente  supo  de  la  presunta  intermediación  de un abogado de nombre  Natanael  para cancelar a la  empresa BAXTER RTS la cartera vencida.   

         Si    tal    era    la    actitud    diligente    de    GUILLERMO  FINO  cuando en ejercicio de su  función  conocía  acerca  de  la  comisión  de  eventuales hechos delictivos,  ciertamente  que  ninguna  explicación  razonable encuentra el diverso proceder  asumido  frente  a  una  conducta delincuencial respecto de la cual tenía plena  certeza    de    su    existencia,   en   cuanto   era   él   a   su   vez   su  víctima.       

         En   otras   palabras,  si  ninguna  irregularidad  había  cometido  inexistía  cualquier  elemento  de presión para obligarlo a pagar la exigencia  dineraria,  por  cuya  razón  nada  impedía que pusiera en conocimiento de las  autoridades  la ilicitud tan pronto como empezaron a materializarse las amenazas  extorsivas.   

         En  esas  condiciones,  la  aplicación  adecuada  de la regla de la  experiencia  conforme  a la cual tratándose de comportamientos constitutivos de  corrupción  o delincuencia organizada sus autores calculan de manera meticulosa  cada  una  de sus actuaciones, sin duda, permite arribar a la conclusión de que  la  tardanza  del  procesado  en  poner  en  conocimiento  de las autoridades la  extorsión  de  que  venía  siendo  objeto obedecía al hecho de ser plenamente  consciente  de  la  real  ocurrencia  de  las  actividades  de  corrupción  que  Buriticá   amenazaba  con  denunciar  si  no  le  pagaba  los  honorarios  que  ofreció  cancelarle por su  intervención en esos actos irregulares.   

         En  relación  con ese mismo tema, encuentra la Sala que el juzgador  de  segundo  grado  transgredió  en  su  análisis valorativo también en forma  evidente  la  regla  de  la  experiencia  común  referida  por  la  parte civil  constituida  por  FRESENIUS,  conforme  a  la  cual “nadie en condiciones normales  elige  al  azar  a  la víctima de una extorsión; la escogencia de una víctima  del  delito  de  extorsión  responde siempre a criterios definidos, conocidos y  estudiados  que  den cuenta tanto de la vulnerabilidad del sujeto pasivo como de  la  capacidad económica que tenga para cumplir con las exigencias que se han de  formular”.   

         Lo          anterior          porque         si         Buriticá  realmente  no  había  tenido  tratos  con  el  procesado  ni  conocía  particularidades  de su vida personal,  ciertamente,  que  no  había  razón  para  seleccionarlo  como víctima de sus  exigencias  extorsivas. Si lo hizo, si decidió enviarle notas y manuscritos con  la  amenaza  de  revelar secretos relacionados con su actividad como funcionario  público,  es  porque  sabía  a  ciencia cierta que el aludido había cometidos  actos  irregulares,  por  cuyo  silencio estaba en capacidad económica de pagar  una  determinada  suma  de  dinero.  No  resulta,  por  ello, nada casual que la  exigencia  estuviera  materializada  en  un  monto  representado en dólares, es  decir,  la  misma  moneda respecto de la cual el pretenso extorsionista realizó  la   gestión   cambiaria   que  le  encomendó  FINO  SERRANO.   

         Según  la  defensa,  el  mencionado raciocinio no puede representar  una  regla  de  la  experiencia  porque  son  muchos  los casos en los cuales el  extorsionista  no  se detiene a estudiar previamente a su víctima, argumento no  compartido  por  la  Sala  porque  para  que  un suceso se erija en principio de  cotidianidad  no  se  requiere  que se repita siempre de manera invariable, sino  que  haya  un alto grado de posibilidad de realización cuando se presentan unas  determinadas   circunstancias,   tal  como  acontece  con  la  situación  aquí  examinada,  en  donde  si  la  acción  delictiva  es ejecutada por personas que  actúan  en  condiciones  normales,  lo  usual  es  el  adelantamiento previo de  labores   encaminadas   a   establecer   las   condiciones  particulares  de  la  víctima.   

         El  Tribunal  también  sustentó  su decisión desestimatoria de la  credibilidad  de los testigos de cargo en mención, señalando que si el proceso  de  celebración  del  contrato  110  de 2002 estuvo sujeto a la legalidad y los  pagos  se  efectuaron  conforme  a  las  estipulaciones allí pactadas no había  razón de pagar porcentaje alguno para el efecto.     

         

         Tal   razonamiento,  sin  duda,  como  atinadamente  lo  refiere  el  Procurador   Delegado,  pasa  por  alto  otra  de  las  características  de  la  criminalidad   asociada   a  la  corrupción,  en  cuanto  la  misma  se  ampara  precisamente  en  la  aparente  legalidad  de  la actuación administrativa para  obtener  provecho  ilícito.  Por ello, conviene la Sala en concluir que con esa  afirmación     el     ad     quem    quebrantó  de  manera  evidente la regla de la experiencia referida  por  el  fiscal  demandante,  conforme  a la cual “a  veces  la  contratación  pública  está  ajustada  a  la legalidad, pero lleva  clandestinamente  el  compromiso  delictivo  de  los  contratistas  como  de los  administradores públicos”.   

         

         No  comparte  la  Sala  la  apreciación  de  la  defensa, expresada  también  como  sujeto  procesal  no  recurrente,  al  señalar  que el anterior  raciocinio  no  configura  una  regla  de  la experiencia porque el propio actor  reconoce   que   el   aprovechamiento  de  la  apariencia  de  legalidad  de  la  contratación   pública   para   cometer   actos  delictivos  solamente  ocurre  “a  veces”, de modo que  el suceso así esbozado no tiene criterio de generalidad.   

         Nuevamente,  ha  de hacerse énfasis en que cuando se trata de actos  de  corrupción o delincuencia organizada las reglas de la experiencia a aplicar  no  son  las  mismas  que  proceden  si se está al frente de un delito común u  ordinario.  Por eso, en el presente caso no puede soslayarse que comportamientos  como   los   imputados   al  procesado  FINO  SERRANO  se  suelen cometer mediante dos modalidades, es decir,  “de   acuerdo   con   las  reglas”  y      “en     contra     de     las  reglas”.   

         En  el  primero de esos casos, el funcionario recibe un beneficio de  parte  de un particular por llevar a cabo algo que debe hacer, según lo dispone  la  ley,  mientras  en  el  segundo se cometen actos de corrupción para obtener  servicios   que   el   funcionario   tiene   prohibido  proporcionar11.   

         De  modo,  pues,  que  la  expresión “a  veces”     utilizada  en el razonamiento del fiscal demandante no tiene otra  connotación  que  la  de  enmarcar la conducta del acusado en la primera de las  referidas  modalidades,  es  decir,  en  la  materialización  de  la  actividad  delictiva   cuando   se   obra   bajo   el   ropaje   de  la  legalidad  de  las  actuaciones.   

         Otro   de   los   argumentos   con   los   cuales   el  ad  quem  repudió la credibilidad de los  mencionados  testigos  consistió en aducir que éstos incurrieron en múltiples  contradicciones.  Como  lo pone de presente el Procurador Delegado, el apoderado  de     la     parte     civil    constituida    a    favor    de    FRESENIUS  cuestiona  dicho planteamiento  porque  con  él  se  olvida  el  papel  desempeñado  por los declarantes en la  actividad  delincuencial,  el  cual  determinó que buscaran, en cada una de sus  intervenciones procesales, la defensa de sus propios intereses.   

         Ciertamente,  en  delitos asociados a la corrupción como los objeto  aquí  de  juzgamiento  la participación de varias personas en su ejecución es  de  común  ocurrencia.  Se  trata, como los define la doctrina, de ilícitos de  doble   vía   o   tipos   penales   plurisubjetivos,   por   cuanto   sancionan  “a   las   dos  voluntades  que  comparecen  a  la  materialización    de    la   conducta   delictual   específica”12   

.   En  otras  palabras,  conforme  se  expresó  en  la exposición de motivos a la Ley 190 de  1995,      representan      “un     ‘matrimonio’ entre un corruptor y el corrupto. En  tal   sentido  generalmente  no  existen  testigos,  y  las  dos  partes  quedan  comprometidas ante la ley penal”.   

         De  hecho,  las  circunstancias bajo las cuales se desarrollaron los  hechos     permiten     afirmar     que     los     declarantes     Buriticá,   Hernández   y  Díaz  pudieron  estar involucrados en el  acaecer   delictivo.  Pero  esa  eventualidad  no  significa  que  el  procesado  FINO  SERRANO  no  hubiese  participado  en  su  comisión,  como  lo  concluyera el sentenciador de segunda  instancia.   

         Por  lo  mismo,  las  contradicciones advertidas en las versiones de  los  deponentes  no  implican  que hayan mentido cuando señalaron al acusado de  haber  incurrido  en  tales  comportamientos  punibles. Las incoherencias en sus  testimonios  se  explican  así,  merced a su natural pretensión de ubicarse en  una  mejor  posición defensiva, pero no descartan la responsabilidad de aquél.  Desconoce  el Tribunal, en tal orden, esa otra característica de los delitos de  corrupción  cual  es  su  realización  por  parte  de  un  número  plural  de  personas.   

         A  propósito  de  las inconsistencias e incoherencias referidas por  el  ad  quem,  coincide  la  Corte  con  los  demandantes  y  el  Procurador  Delegado  en  que  se  trata de  situaciones  desprovistas  de  connotación para afectar la parte nuclear de los  testimonios  de  cargo.  En  efecto, el fallador en términos generales edificó  las siguientes discordancias e inconsistencias:   

         

         a)       Según      versión      inicial      de      Buriticá, FINO  le  entregaría  dinero  nacional  para  cambiarlo por  dólares.  Después  declaró que le entregaría realmente cheques para luego de  cobrarlos convertirlos en dólares.   

         b)       Buriticá      inicialmente   se   refirió   a   Díaz  de manera impersonal, luego lo mencionó como el socio  de FINO.   

         c)  Buriticá no  denunció        a       FINO       argumentando  que  ostentaba  un  gran  poder. No obstante, terminó  enviando  varios  mensajes  por  correo  electrónico  con  la  esperanza de que  cualquier fiscal asumiera la investigación,   

             d)      Según      Buriticá       y       Claudia  Hernández, solamente vinieron a  darse   cuenta  de  la  actividad  ilícita  de  FINO  por  las  informaciones  de  prensa.  Sin  embargo, el  primero  de  esos testigos dice que reconoció a Díaz  con   la   sola  mención  de  su  nombre  en  dichas  informaciones, lo cual resulta extraño.   

         e)  Buriticá no  precisó   el  monto  de  los  honorarios  que  prometió  pagarle  FINO    ni   la   periodicidad   de   su  cancelación,  ni tampoco la cantidad de dinero que le convirtió a dólares. En  relación   con   lo   primero,  en  cambio,  Claudia  Hernández  dijo  que  los  honorarios  ascendieron  a  $100.000 dólares.   

         f)       Buriticá      primero  dijo que entregó los dólares en presencia de Claudia.  Después expresó que ésta fue  la única encargada de entregarlos.   

         g)  Inicialmente,  Buriticá mencionó  a unas determinadas personas como quienes le cambiaron el  dinero,   luego   sumó   a  Dora  Medina,  respecto  de quien primero dijo que se la recomendó Díaz    y   después   que   su   amigo  Víctor     Aguilar.   

         h)     Según     Buriticá,    conoció    a   FINO   en  los  primeros  días  de  enero de 2002 por presentación que le  hizo  su  ex  esposa  Claudia Hernández en  la  calle.  De  acuerdo  con  lo  dicho  por  esta  última, tal  presentación  ocurrió  a  mediados de los mencionados mes y año en la oficina  privada del procesado.   

         i)  Buriticá se  dedicó  a  utilizar  expresiones  tales  como  “de  pronto”    o    “muy  seguramente”    con    el   único   objetivo   de  confundir.   

         j)       Buriticá      afirmó    que   suministró   a   Díaz  su  dirección  para  el  envío  de  los  cheques. En  cambio,  Díaz manifestó que  quien      le      proporcionó      la      dirección     fue     Claudia.   

         k)    Mientras    Claudia   atestó  que  en  la  Clínica  Fray  Bartolomé se construiría una  unidad  renal  para FRESENIUS  respecto   de   la   cual   Buriticá   actuaba   como   su   interventor,  este  último  aseveró  que  la  propietaria   de   la   unidad   era   la   Clínica   y   él   trabajaba  para  ésta.   

         l)  Resulta  evidente  la  relación  existente  entre  Buriticá,    Claudia    Hernández    y  Díaz,   como  surge  del  traspaso  efectuado  a  un  hijo común de los primeros de una camioneta Ford de  propiedad  de  FRESENIUS y de  una   sociedad   constituida   por   Díaz,  Claudia  y otros.   

         ll)  Los  escoltas  de  Díaz en  ningún  momento  corroboraron su afirmación consistente en que  los cheques los enviaba a través de ellos.   

         m)   Mientras   Buriticá   y  Hernández se  mostraron  ajenos  a  los  hechos, aduciendo que fueron utilizados, Díaz  los  ubica como parte activa en la  entrega del dinero.   

         n)      Según     Claudia,   FINO   le  presentó  a  Díaz, mientras  éste   último   manifestó   que   la   conoció  a  través  de  Pedro José Herrera Roca.   

         ñ)        Díaz       primero   dijo   que   entregó   a  FINO  $4.000  millones, luego expresó que $6.400 millones y  por  último  que  $4.000 millones, aun cuando solamente por razón del contrato  110.   

         o)        Díaz        inicialmente    afirmó    que   Claudia  le  envió  el  correo  relacionado  con  la  cartera  atrasada y luego manifestó que tal suceso ocurrió a la inversa.   

         p)  Según Díaz,  en    la    reunión    con    FINO    verificada  en la cafetería El Virrey lo acompañaron sus escoltas,  quienes, sin embargo, no admitieron ese suceso.   

         q)        Díaz        expresó  que  pagó  por  comisiones  en  total  un 20%, lo cual es  contradictorio  con  su  aseveración según la cual la utilidad del contrato no  superó el 18%.   

         r)  Según Díaz,  la  cuenta del Banco de Bogotá la abrió para pagar los sobornos a FINO.  Sin  embargo, una gran cantidad de  dinero  proveniente  de  dicha  cuenta  fue  a parar a las arcas de Díaz.   

         s)  Claudia negó  haber     sostenido     conversación     por    internet    con    Díaz,  pero al proceso se allegó prueba  de lo contrario.   

         Para  la  Sala, mientras algunas de las situaciones referidas por el  ad    quem    resultan  irrelevantes,  otras  encuentran  explicación  en  la  postura defensiva de los  testigos,  al  buscar  situarse  de  alguna  forma  al  margen  de  la actividad  ilícita.     

         En   efecto,  en  cuanto  a  lo  primero,  ciertamente  que  resulta  intrascendente      si      FINO     acordó   con   Buriticá   entregarle  dinero  nacional o cheques para convertirlos a dólares,  o  si éste conoció al procesado en los primeros días del mes de enero de 2002  o  a mediados de esos mismos mes y año (el margen de diferencia, por lo demás,  es  mínimo  y  ello pudo llevar a la diversa afirmación al respecto), o si tal  conocimiento  ocurrió  en  la  calle  o  en  la oficina privada de FINO  SERRANO. Igual connotación reviste  la   discusión  de  si  fue  Buriticá  quien  suministró  a  Díaz su  dirección  para  el envío de los cheques o si tal información  se  la  proporcionó  Claudia  Hernández,  lo  mismo  que la forma mediante la cual ésta última conoció a  Díaz  y  si,  en  fin, fue  éste  quien  envió  a  la  aludida  dama  el correo relacionado con la cartera  atrasada o si ese hecho sucedió a la inversa.   

         Se  trata,  se  insiste,  de  situaciones irrelevantes que para nada  ensombrecen  la  parte  medular  de la imputación surgida de los testimonios de  Buriticá,   Hernández  y  Díaz,  concretada  en  el  porcentaje  exigido  por  FINO  SERRANO  para  agilizar  el pago del anticipo correspondiente al contrato 110  de  2002,  dádiva  entregada  por  Díaz a  través  de  cheques que luego de ser cobrados fueron convertidos  por  Buriticá a dólares por  encargo   del  propio  GUILLERMO  FINO,  destinatario final de dicho dinero.   

         En  ese  sentido,  comparte  la  Sala la apreciación del Procurador  Delegado  cuando  sostiene  que  el  Tribunal  al  dimensionar  las  mencionadas  incoherencias  de los testimonios vulneró la regla de la lógica, conforme a la  cual  “del  conjunto  o sumatoria de circunstancias  irrelevantes   no   se   puede  obtener  más  que  una  conclusión  igualmente  irrelevante, mas no un raciocinio consistente y trascendente”.   

         Ahora   bien,   atendido   el  compromiso  penal  de  los  referidos  declarantes  en la reseñada actividad delictiva y su pretensión de situarse al  margen   de   la   misma   o,   al  menos,  demostrar  un  comportamiento  menos  comprometedor,   resulta   apenas   razonable   la   postura   de   Claudia    Hernández   y   Buriticá  al  señalar  que actuaron sin  conocer  los  propósitos  ilícitos  de  FINO SERRANO  y  que  ninguna  relación  tenían  con  Díaz  Sendoya  distinta a la de convertir  a  dólares  el  dinero entregado por éste, lo cual no resultó cierto, pues la  actuación  demostró  que  entre  dichos deponentes existía un vínculo mayor,  empezando   con   la  creación  de  una  sociedad  por  parte  de  Díaz  Sendoya, Claudia Hernández y otras  personas.     

         Tal  situación  explica  también  la  intención  de  Díaz   Sendoya   de  demostrar  que  los  directivos   de   la   empresa  FRESENIUS  conocían  la  existencia  del  soborno e incluso lo aprobaron, lo  cual fue rebatido por dos funcionarios de esa compañía.   

         Sin  embargo, ya se dijo que esas inconsistencias e incoherencias no  tienen  la virtualidad para resquebrajar la credibilidad de la seria y enfática  imputación  relacionada  con  el interés indebido manifestado por el procesado  en  el  contrato  110  de  2002  y  de  la  prebenda que exigió y recibió para  agilizar el pago del anticipo correspondiente a ese contrato.   

         En  ese  sentido,  por  tanto, el error de apreciación del Tribunal  cuando   repudió   la  acusación  proveniente  de  la  prueba  testimonial  en  referencia  resulta  manifiesto. Ello tanto más cuando en el paginario, como lo  pusieron  de  presente  los  demandantes,  militan otros elementos de juicio que  fortalecen  la  credibilidad  de  los  mencionados declarantes, a cuyo análisis  procede  la  Sala  atendiendo  la prosperidad de la censura que la habilita para  examinar la totalidad del acervo probatorio.    

         Al  respecto,  se  cuenta también con las conversaciones sostenidas  entre  Claudia  Hernández y  Jesús     Antonio     Buriticá     vía  internet  con  posterioridad  a  los  hechos  objeto  aquí de  juzgamiento.  Sobre  estos  elementos  de  prueba  sea  lo primero rechazar, por  especulativo,    el   razonamiento   del   ad   quem  al  insinuar  su  falta  de  validez  por  el hecho de  afirmarse  por  un  técnico  que  los  correos  electrónicos  son, en general,  susceptibles  de  manipulación,  cuando aparece claro que a la actuación no se  allegó  prueba  alguna  que  siquiera  ponga  en  duda  la  autenticidad de los  mensajes  virtuales mutuamente enviados por Hernández  y  Buriticá  y cuyos textos se incorporaron al legajo procesal.   

         Pues  bien,  en una de esas conversaciones, realizada la misma el 28  de  agosto de 2003, los interlocutores hablan de la exigencia dineraria dirigida  contra  FINO y de la amenaza  de  enviarle  copia  de  algunas  de las pruebas que poseían en contra de éste  para    presionarlo;    en    medio    de    la    conversación    Claudia  plantea la posibilidad de que el  procesado  acudiera  a  la  Fiscalía  a denunciarlos, ante lo cual Buriticá le contesta:   

         “…  jejeje no puedo creer que tu siga  (sic)      pensando  eso, qué te pasa flaca COMO  VA   A  IR  A  LA  FISCALIA  A  denunciarse  él”13.   

         El  Tribunal  consideró  intrascendente  dicha afirmación, pero es  claro  que un tal razonamiento resulta evidentemente contrario a lo revelado por  el   texto   objeto   de  análisis,  pues  la  tranquilidad  exteriorizada  por  Buriticá  como consecuencia  de  considerar  que  el extorsionado no acudiría a la Fiscalía a denunciarlos,  sin  duda,  estaba  ligada a la circunstancia de conocer el compromiso penal que  le    asistía    a    FINO   SERRANO   en  los  hechos  irregulares  sustento  de  la  exigencia dineraria.   

         En  conversación  posterior, sostenida el 21 de septiembre de 2003,  Hernández  y  Buriticá   hablan   nuevamente  de  las  pruebas    que    tienen    en    su    poder    en   contra   de   FINO,  comentando la primera que éste en  alguna  ocasión la increpó por el contenido de esas pruebas, ante lo cual ella  le  hizo  saber acerca de los “chulos”,     respondiéndole     el    acusado    que    “…eso  era  imposible  de probar pork con un chulo no se pueden hacer  pruevas  de  escritura  (sic,  para  todo  el  texto).   

         Frente   a   tal   comentario,  Buriticá  tranquilizó a su ex esposa diciéndole:   

        “No  creas  el chulo dice mucho porque no es uno sino como veinte  y  lo  más  importante  son  los testimonios y a cuento de qué vamos a recibir  nosotros        toda        esa       plata”14.   

         Y más adelante sobre el mismo tema le manifestó:   

        “Por  eso  él  sabe  que  un testimonio es una prueba reina y le  hacen   el   seguimiento   al   anticipo   y   a  la  cuenta  de  R  y  se  sabe  todo”.   

         El   contenido   de  los  mencionados  diálogos  coincide  con  las  circunstancias  bajo  las  cuales  ocurrieron  los  hechos,  de  acuerdo  con lo  relatado   en   el   curso   del   proceso   por   los   testigos   Buriticá,   Hernández   y  Díaz.  A  la actuación, ciertamente, se  allegó  copia  de  un  documento  en  el  cual  aparecen varios “chulos”  al frente de las cantidades de  dólares  que,  según  los  dos  primeros declarantes en mención, entregaron a  FINO  SERRANO  luego de que  Buriticá   cambiara  los  cheques  girados  por Díaz y  el  dinero  colombiano lo convirtiera a la moneda extranjera en mención. Acorde  con    lo    relatado   por   Hernández,    tales   “chulos”   son    de    autoría    de    GUILLERMO  FINO.   

         Ahora  bien, la obtención de lucro por parte del procesado provino,  precisamente,  de  un anticipo consignado en una cuenta abierta por Rodrigo  Díaz, apareciendo claro así que  la  inicial  “R” referida  por   Buriticá   en   la  conversación  del  21  de septiembre de 2003 corresponde, precisamente, a dicha  persona.   

         Se  tiene,  de otra parte, que el mencionado documento, constante de  dos  folios  fue  sometido a experticio grafológico en varias oportunidades. En  particular,  el análisis documentológico recayó básicamente sobre dos firmas  allí  estampadas,  una  en  cada  folio,  así como sobre un texto caligráfico  constante  de  una  dirección  y  dos  números  telefónicos,  el  cual  reza:  “CRA   17   #   88-23   of   104   6212551/6212730  (fax)”.   

         El   primer   dictamen   lo   realizó   un  perito  adscrito  a  la  Procuraduría     General     de    la    Nación15,   quien   conceptuó   que  respecto  a  las  dos  firmas  no  era  posible  determinar  la  autenticidad  o  apocrifidad  por  encontrarse  en  fotocopia  y  carecer  de  buena  nitidez. No  obstante,   en   relación   con   el   otro   texto   caligráfico  estableció  “la   participación   caligráfica   del   señor  GUILLERMO  FINO  SERRANO”  en  su  elaboración.  Al  respecto, concluyó:   

         “…  aunque  el  texto se encuentra en  reproducción   fotostática,   no   obstante   es   tan   grande  la  semejanza  caligráfica,  que  se  determina  con  precisión  que  el referido texto… es  producto  del  desenvolvimiento caligráfico que posee el señor FINO SERRANO, y  por tanto es de su autoría”.   

         El segundo dictamen lo emitió un experto  perteneciente  al Cuerpo Técnico de Investigaciones. Inicialmente, señaló que  si  bien  en  las  firmas  se  detectan  algunas  semejanzas  con  las  grafías  indubitadas  de  FINO, no fue  posible   localizar   fundamentos   grafológicos  que  conlleven  a  determinar  uniprocedencia               escritural16.   

         Al  complementar  el  anterior  experticio  para  examinar  el texto  caligráfico  constante  de  la  dirección  y los dos números de teléfono, el  grafólogo  del  C.T.I.  concluyó  en  la  inexistencia de fundamentos y medios  técnicamente   comprobables   para   asignar   su   autoría   a   FINO  SERRANO,  por tratarse de una copia  fotostática17.   

         Ante  la  discrepancia advertida en los dos dictámenes en mención,  el  juzgador de primera instancia declaró próspera la objeción presentada por  la  defensa  contra  el  primero  de  ellos,  ordenando la práctica de un nuevo  peritazgo,  el  cual  corrió a cargo de un grafólogo del Instituto Nacional de  Medicina  Legal,  quien  en  su  momento determinó que tanto las firmas como el  texto   que   dice   “CRA   17   #  88-23  of  104  6212551/6212730     (fax)”     se     identifican  morfo-estructuralmente   con   las   muestras   caligráficas  pertenecientes  a  GUILLERMO  FINO  SERRANO18.   

         Si  bien  el  perito de Medicina Legal conceptuó que en un dictamen  realizado    sobre    fotocopia    “no    se   da  certeza”,  de  todas maneras ese tipo de experticios  “son confiables, siempre y cuando el perito realice  e     informe     que     a    (sic)    practicado   un   estudio  en  forma  morfoestructural  o  sea  que  solamente  pudo  observar  a  los manuscritos externamente; sin que mencione que  realizo  (sic) un estudio en  forma   morfodinámica  o  sea  que  halla  podido  sacar  las  características  intrínsecas  del  trazo  en  la  conformación  de todo el gesto gráfico visto  desde el punto de visa original”.   

         En  esa medida, de acuerdo con el mencionado grafólogo, un dictamen  realizado  con fundamento en una fotocopia “provee a  la  autoridad  solicitante,  ideas  de  identidad caligráfica en forma externa,  frente   a   una  persona  de  quien  se  está  sospechando,  mostrándole  las  similitudes externas…”.   

         El  Tribunal  consideró  que  de  los dictámenes en mención no es  factible  derivar  compromiso  penal alguno en contra del procesado FINO  SERRANO,  pues  todos  al  unísono  determinaron  la  imposibilidad  de  establecer  la  autoría  de  las  grafías  consignadas   en   el   comentado   documento   por  encontrarse  en  fotocopia.             

         El  fallador  de  segundo  grado pasó por alto, sin embargo, que el  perito  adscrito  al  Instituto de Medicina Legal conceptuó que los dictámenes  realizados  con  fundamento  en  fotocopias son confiables en cuanto proporciona  ideas  a  la  autoridad  sobre la identidad caligráfica desde el punto de vista  externo,  y  en  esa  medida  determinó  que  tanto  las  firmas  como el texto  constante  de  la  dirección  y  de  dos  números  telefónicos se identifican  morfo-estructuralmente   con   las   grafías   pertenecientes   a  GUILLERMO FINO.   

         De  modo,  pues, que aunque dicho dictamen por sí solo, conforme lo  señalado  por  el  perito,  no  es  suficiente para afirmar con certeza que las  caligrafías  dubitadas  son  de autoría del acusado, examinado en conjunto con  el  restante  caudal  probatorio  incorporado  al plenario sí permite arribar a  dicho grado de convicción.   

         En   ese   sentido,   se   tiene   que  la  declarante  Claudia   Hernández  manifestó  que  el  documento  lo  elaboró  para relacionar las cantidades en dólares entregados a  FINO  SERRANO producto de la  gestión          cambiaria          realizada          por         Buriticá,   documento  en  el  cual  el  acusado  estampó  algunas  grafías  en  señal  de aprobación de lo recibido.   

         Obsérvese  además  cómo  en  una de las conversaciones sostenidas  vía  internet  por  Claudia  Hernández y  Jesús  Antonio Buriticá se   toca  el  tema  de  las  pruebas  que  poseían  en  contra  de  GUILLERMO  FINO, haciéndose  referencia    a    los   “chulos”   escritos   por  éste  en  un  documento,  quien  los  minimizó  al  considerarlos  insuficientes  para  realizar  una prueba grafológica, según lo  comentó aquélla.   

         El  testimonio  de Hernández y  la  conversación  antes mencionada se erigen así en pruebas que  vienen  a  fortalecer  la  conclusión  del  perito  consistente en la identidad  caligráfica  dictaminada  y, por consiguiente, confirman la real existencia del  documento  referido por la declarante, sin que entonces aparezca atinado el otro  argumento   con  el  cual  el  ad  quem  desestimó  el poder persuasivo de ese elemento de juicio, es decir,  que   pudo   ser  manipulado  para  superponerle  las  grafías  del  procesado.   

         Resulta,  por  tanto,  indiscutible  que en el presente evento surge  prueba  fehaciente,  consistente y suficientemente demostrativa de la ocurrencia  de  los  delitos  de  cohecho impropio e interés indebido en la celebración de  contratos,   así   como   de   la  autoría  y  responsabilidad  del  procesado  GUILLERMO  FINO  SERRANO  en  esos ilícitos.   

         

         Lo  anterior  impone  a  la  Corte  casar  la  sentencia  de segunda  instancia.  En consecuencia, de conformidad con lo establecido en el numeral 1º  del  artículo  217  de  la Ley 600 de 2000, procederá a dictar la sentencia de  reemplazo.  Para  el  efecto,  la  Sala considera del caso confirmar el fallo de  primera  instancia,  salvo  lo  decidido  en  el  numeral  quinto  en el cual se  sustituyó  al  procesado  la  pena privativa por prisión domiciliaria, aspecto  que  se revocará en conformidad con la pretensión del Ministerio Público y la  Fiscalía  expresada  en  los  memoriales  sustentatorios de las apelaciones que  interpusieron    contra    la    sentencia   del   a  quo.   

         Estima  la Sala que GUILLERMO FINO SERRANO  si bien ha sido sentenciado por delitos que establecen  pena  de  prisión  cuyo  mínimo no excede de cinco (5) años, lo cierto es que  dichos   ilícitos,   como   quedó   ampliamente   analizado   en  la  presente  determinación,  constituyen actos graves de corrupción que conducen a la Corte  a  concluir  que  el  desempeño  personal  y social del procesado representa un  peligro  para  la  comunidad,  a  tal  grado  de  aconsejar  el rigor propio del  tratamiento  intramural,  lo  cual  lleva  a  afirmar  que  no  satisface  en su  totalidad   los  presupuestos  establecidos  en  el  artículo  38  del  Código  Penal.   

         En  consecuencia  y  como  quiera el aludido tiene vigente medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo  188  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se dispondrá librar de  inmediato  en   su  contra orden de captura para efecto del cumplimiento de  la pena.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  CASAR  la  sentencia  impugnada.   

Segundo.    CONFIRMAR    la  sentencia  de  primera instancia, de origen y data reseñados en  la  presente  providencia,  salvo  lo  decidido en el numeral quinto de su parte  resolutiva,  que se REVOCA. En  consecuencia,   se  NIEGA  a  GUILLERMO  FINO  SERRANO  la  sustitución  de  la  pena  privativa  de la libertad por prisión domiciliaria.   

          Tercero.   Por  secretaría  de  la  Sala,  librar  orden  de captura en  contra   de   GUILLERMO   FINO   SERRANO,   para   efectos   del   cumplimiento  de  la  pena  de  prisión.   

         Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

Permiso  

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

        Secretaria   

    

1  El  proceso  fue  remitido  a  ese  Distrito  Judicial  en  virtud  del  programa de  descongestión  ordenado  por  la Sala Administrativa  del   Consejo   Superior   de   la   Judicatura   mediante   Acuerdo   3982   de  2007.   

2  El  concepto lo presentó a la Sala el 18 de diciembre de 2008.   

3 Es de  anotar  que  esta  situación  se  puso en consideración de la Sala, la cual de  manera   expresa   negó   la  existencia  de  impedimento  respecto  de  dichos  Magistrados.   

4 Sobre  el  particular,  es  necesario  recordar  los múltiples pronunciamientos en los  cuales  la  Corte  ha  establecido,  a  propósito  de las causales 4º y 6ª de  impedimento   que  la  opinión  o  participación  anterior,  para  generar  la  separación  del  funcionario  judicial,  deben  ser  trascendentes.  Ver, entre  muchas  otras,  las  siguientes  decisiones: del 6 de junio de 2007, radicación  27385,  del  23  de  enero  de 2008, radicación 28968; del 6 de agosto de 2008,  radicación 30312; y del 3 de marzo de 2009, radicación 31291.   

5  Se  precisa,  así  mismo, que la Sala determinó expresamente la  inexistencia de impedimento en la Magistrada ponente.   

6  En  este  sentido,  ver entre otras, sentencia del 4 de febrero de 2009, radicación  25989.   

7 Cft.  Sentencia del 6 de marzo de 2008, radicación 28788.   

8  Providencia del 29 de junio del 2006, radicación 25001.   

9 Cfr.  ALGARRA  LOBO,  Mario  Iván.  No  más  corrupción. Estrategia preventiva para  combatirla.   Ediciones   jurídicas  Gustavo  Ibáñez,  Bogotá,  2005,  pág.  18.   

10  Sobre  las  consecuencias  de  la  corrupción acabadas de reseñar, cfr. Hennys  Lizardo,           en           http://www.corrupciónadministrativa.com.   

11  Cfr. Hennys Lizardo, cita ídem.   

12  MOLINA  ARRUBLA,  Carlos  Mario.  Delitos  contra  la  administración pública,  Editorial LEYER, cuarta edición, Bogotá, 2003, pág. 260.   

13 Fl.  30 cuaderno original 4.   

14 Fl.  47 cuaderno ídem.   

15 Fs.  59 a 63 cuaderno original 8.   

16 Fs.  37 a 45 cuaderno original 7.   

17 Fs.  2 a 7 cuaderno original 8.   

18 Fs.  68 a 79 cuaderno de objeción de dictamen.     

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