29200(19-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 29200  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado acta No. 365  

Bogotá  D. C.,  diecinueve de noviembre  de dos mil nueve.   

          Surtido  el  correspondiente trámite, procede la Sala a resolver el  recurso  de  reposición  propuesto  contra  el  auto  que negó la solicitud de  nulidad  por  incompetencia formulada por el Procurador Primero Delegado para la  Investigación y Juzgamiento Penal.   

Fundamentos del Recurso  

          El  señor Procurador insiste en la bondad de su tesis, aboga porque  se  decrete  la  nulidad  por  incompetencia  del auto mediante el cual la Corte  avocó  el  conocimiento  del  asunto  y  pide  regresar  el mismo al juzgado de  origen;  para  esa  finalidad  realiza  una  presentación  que divide en cuatro  puntos:   

    

1. En   el  primer  acápite  el  recurrente  no  aborda  ningún  tema  realmente  encaminado  a  controvertir  la  tesis  que  impugna  en  cuanto a la  carencia  de  competencia  por  parte  de  la  Corte  para  conocer  de la causa  adelantada  contra  el  doctor  JORGE DE JESÚS CASTRO  PACHECO,  limitándose a expresar su inconformidad con  la  respuesta recibida de parte de esta Corporación a los argumentos postulados  con base en los salvamentos de voto.     

Deplora  que la Corte simplemente se remita a  las  razones  expuestas  por  la  mayoría  de  la  Sala para responder aquellos  planteamientos   que   funda  con  base  en  las  posturas  de  los  magistrados  disidentes,  como  si  la  discusión  sobre  el  tema  estuviera  completamente  resuelta,  dice,  y  se  pretendiera  “petrificar”  el  nuevo  precedente  jurisprudencial  esquivando  la  reapertura  de  un debate cuya trascendencia amerita una permanente “revisión dialéctica” que  pueda  llevar a mutar la concepción actual para dar lugar a la  formación de un nuevo criterio o de uno en sentido contrario.   

Por  esa  razón  pide,  no  se  le niegue al  Ministerio  Público  la posibilidad de persistir en promover el debate sobre el  tema.   

    

1. En  el  segundo punto se duele de no haberse dado respuesta a lo que  denomina   como   el   “asunto   real   y  central  planteado”  ,  consistente en precisar la razón del  “salto  cualitativo” que  da  la  Corte,  al  pasar  de  aseverar en uno de los apartes del auto de 1º de  septiembre  último,  proferido  dentro  del  radicado  31.653, que el delito de  concierto  para  delinquir  “ni  es  ni  podrá ser  inherente    al   ámbito   funcional   de   dicha   corporación”,  refiriéndose  al Congreso de la República, y más adelante, sin  efectuar  “precisiones  probatorias  o  históricas  concretas”  en desarrollo de ese análisis, concluir  que  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  atribuido  al  doctor  JORGE    DE    JESÚS   CASTRO   PACHECO sí tuvo relación con su función como congresista.     

Constituye      una      “abstracción            sin            fundamento”,   agrega,  sostener  que  las  funciones  desempeñadas  por el ex senador representaron el  efectivo  cumplimiento de lo pactado con los integrantes del grupo armado, al no  concretarse       cuáles       fueron      las      funciones      “parlamentarias      abusivas      o     desviadas”,  en  qué  actos  se  materializaron,  cómo  fue  que  el  doctor  CASTRO          PACHECO          contribuyó  para  facilitarle  a  las  autodefensas  el copamiento de espacios en el ámbito de lo  político.  Todos estos aspectos, dice, no han sido claramente respondidos y por  ese motivo subsisten las razones que alientan su petición.   

    

1. Se  considera  también  incorrectamente  interpretado  por la Corte  acerca  de  sus objeciones a los efectos procesales atribuidos al parágrafo del  artículo  235  de  la  Constitución  Política,  en  tanto  asegura  no  haber  cuestionado  ni  la  eficacia  ni  el  principio  de  autoridad  subyacente a la  reciente   hermenéutica,  sino  el  grave  atropello  contra  el  principio  de  favorabilidad   al   dársele   aplicación   retroactiva,   habida  cuenta  que  “ni   siquiera   una   ley  procesal  nueva  puede  “agravar  las  condiciones  del  acusado”,  “disminuyendo  los  medios  de  defensa”,  menos  puede  hacerlo  una  nueva  jurisprudencia!”, y  para  abundar  en  argumentos  cita  ampliamente jurisprudencia y  doctrina afines con su tesis.     

    

1. Por  último,  persiste  en  la  propuesta  de  conferirle solamente  efectos  hacia el futuro a la nueva interpretación del parágrafo del artículo  235  de  la Carta Política, como quiera que su vigencia retroactiva, como ya se  dijo,  acarrea  la  grave  pérdida  de una variedad de garantías procesales ya  consolidadas  en el marco del trámite ordinario, como ocurre con la separación  entre  acusación  y juzgamiento, doble instancia para las decisiones de fondo y  la   posibilidad   de   atacar   la   legalidad  de  la  sentencia  en  sede  de  casación.     

Concluye  entonces  solicitando  a  la  Sala  reponer  la  decisión  de  28  de  octubre  último,  declarar  la  nulidad del  pronunciamiento  mediante el cual avocó el conocimiento del asunto y remitir el  mismo   al  Juzgado  Sexto  Especializado  de  Bogotá  para  continuar  con  la  tramitación de la fase del juicio.   

Intervención del acusado  

Adicionalmente,  en calidad de no recurrente,  el  doctor  JORGE DE JESÚS CASTRO PACHECO presenta  un memorial coadyuvando la petición del señor Procurador  en los siguientes términos:   

          Hace  una  remembranza  de  la tradicional interpretación defendida  desde  hace  mucho  tiempo  por  la  Corte sobre los alcances del parágrafo del  artículo  235  de  la  Constitución  Política, las eventualidades en que ella  conservaba  la  competencia  para  conocer de la investigación y juzgamiento de  los  congresistas  cuando estos cesan en el ejercicio de sus funciones, y en ese  contexto  contrasta  las  desventajas  procesales  de la actuación tramitada en  única   instancia   con  los  beneficios  anejos  al  procedimiento  ordinario,  traducidos,  según  él,  en  derechos  y  garantías  procesales  que resultan  notablemente   más   favorables   para  quien  es  objeto  de  la  persecución  penal.   

          Considera  que  la  aplicación  del  nuevo criterio jurisprudencial  sobre  la redefinición de los delitos relacionados con la función a casos como  el  suyo,  alterando  el  tema  de  la  competencia  y  afectando  prerrogativas  procesales  ya adquiridas como la posibilidad de apelar decisiones, “constituye  un  desconocimiento  claro  a las formas propias del  juicio” y un manifiesto atentado contra el principio  de  favorabilidad en cuanto se aplica un criterio restrictivo y pernicioso a sus  intereses como acusado.   

          Critica  la estructura del proceso de única instancia previsto para  investigar  y  juzgar  a  los  congresistas, lo acusa de inquisitivo, de coartar  derechos  sustanciales de contenido procesal y por esa razón estima inapropiado  conferirle efectos retroactivos a la nueva jurisprudencia.   

Asegura,  que  someter  al trámite de única  instancia  procesos  iniciados  con  anterioridad a la nueva lectura de la norma  constitucional,  no  solamente quebranta la regla prevista en el artículo 40 de  la  ley  153  de  1887  acerca  de la vigencia futura de la nueva ley, salvo los  casos   de   favorabilidad,  sino  que  además  genera   una  “interpretación  extensiva”  que  “orienta   las   cosas   por   una  ruta  bastante  cuestionable,  dado  que mientras las pautas de la Constitución Política y del  propio  Código  Penal,  indican  una  prohibición  de aplicar cualquier ley de  manera  retroactiva  o  ultractiva  cuando  sea  desfavorable  al reo, con mayor  razón  habrá  de  entenderse  que la aplicación de una línea jurisprudencial  que  sea  desfavorable  al  sujeto pasivo de la acción penal…”.   

          Plantea    además,    que    en    el   caso   suyo,   “desde    el    punto   de   vista   jurídico”,   no  puede  considerarse que él verdaderamente posea las condiciones  requeridas  por  la  norma  para  asumir  que tiene fuero, por cuanto durante el  proceso  electoral  celebrado  en  el  año  2002  quien resultó elegido fue el  doctor  Dieb  Maloof y no él, como igual aconteció con las elecciones del año  2006, en las que incluso fue derrotado en las urnas.   

          Explica  entonces, que fue en virtud de la mecánica legal electoral  regente  para esa época cuando se votaba por quien encabezaba la lista y no por  cada  uno  de  sus  integrantes  que  se  produjo  su  llegada al Congreso de la  República  por  breves  segmentos,  durante  los dos períodos constitucionales  (2002-2006;  2006-2010)  y  siempre  como  consecuencia  de  faltas temporales o  absolutas de los titulares de la curul.   

          Por  ese  motivo  considera  que  la Corte no tiene competencia para  conocer  de  la  actuación penal seguida en su contra por no haber sido elegido  directamente como congresista.   

          Pone  de  presente también que para el momento de ocurrencia de los  hechos  por  los cuales se lo juzga no tenía la condición de congresista, toda  vez  que  la  supuesta  reunión donde se fraguaron los acuerdos investigados se  ubica  el  21  de  noviembre  de  2001,  fecha  para  la  cual  no  ostentaba la  investidura  como  Senador,  pues ocupó la curul tan solo entre el 5 de julio y  el 5 de octubre de 2001.   

          Rechaza  que  el  delito  de  concierto para delinquir imputado haya  tenido  relación  con  las funciones como congresista, pues no hay “actos  o  circunstancias que reflejen el propósito o el acuerdo  exigido  por ese delito” demostrativos del apoyo o de  la  promoción  de  grupos paramilitares desde su curul como senador y para esos  efectos  trae  a  colación el caso del doctor Álvaro Morón, evento en el cual  la  Corte  declinó  la  competencia  por  estimar que los delitos atribuidos no  fueron  cometidos  durante  su  desempeño  como  congresista, como también una  serie   de   pronunciamientos  emitidos  por  la  Corte  Constitucional  y  esta  Corporación  enfatizando  el carácter funcional de la conducta como condición  para conservar la competencia.   

          Proclama   también,   que  la  estructura  típica  del  delito  de  concierto  impide  construir  una  relación  con  la  función y complementa su  postura  pregonando  la  ausencia  de  prueba  indicativa  de la celebración de  pactos  entre  él  y  los  grupos  armados,  para  concluir con la solicitud de  retornar  el  expediente  al  despacho  del  Juzgado Especializado que lo venía  conociendo.   

El Defensor  

          En  su  memorial,  el abogado de la defensa interviene también para  secundar  la  solicitud  de nulidad de la Procuraduría por falta de competencia  alegando  ausencia  de nexo entre el delito atribuido a su cliente y la función  congresional.   

          Tomando  el  mismo  camino  de los anteriores, considera lesivo para  los  derechos  de  quienes  ya  disfrutaban  de los beneficios del procedimiento  ordinario, someterlos ahora un trámite de única   

instancia,  de  claro  talante  inquisitivo,  cuando  fue  la  misma  Corte  la  que  en  el pasado aceptó desprenderse de la  competencia  para  conocer  de asuntos como este remitiéndolo a las autoridades  judiciales convencionales.   

          Se  lamenta de lo grave que representa, a la luz de los instrumentos  internacionales,  perder  la  oportunidad  de  impugnar  las decisiones ante una  segunda  instancia  cuando  ya  se  cuenta con esa posibilidad, con el agregado,  para  infortunio  de  un  debido  proceso auténticamente celoso de salvaguardar  garantías,   de   concentrarse   en   la   misma  autoridad  las  funciones  de  investigación,  acusación  y  juzgamiento  en  menoscabo  de los principios de  “imparcialidad     y     razonabilidad”   que deben guiar la actuación penal.   

          Termina  su  intervención  reclamando  respeto  por el principio de  legalidad  y  pide  distinguir con precisión y con asiento en pruebas aportadas  al  expediente  los  eventos  y  las  razones por las cuales, en este asunto, se  conserva  el  fuero  pese  a la pérdida de la investidura, porque según él no  hay  elementos  de juicio para afirmar el apoyo o la confabulación de parte del  doctor  CASTRO PACHECO con las  autodefensas.   

          De  esa  suerte, redunda en el pedido de la Procuraduría para dejar  sin  validez el pronunciamiento por conducto del cual se asumió el conocimiento  de la causa.   

SE CONSIDERA  

          Debido  a  la  similitud  de  los argumentos expuestos por el señor  Procurador,  el  acusado  y su defensor, la Sala abordará de manera conjunta el  análisis  sobre los mismos, teniendo presente que todos comparten como objetivo  común  la  declaratoria  de incompetencia por parte de la Corte para conocer de  la presente causa.   

          En  esa medida se empieza por advertir que de ninguna manera la Sala  ha  dado  por  clausurado  y  puesto  punto final al debate sobre el tema de los  alcances  conferidos  al  parágrafo  del  artículo  235  de  la  Constitución  Política  en  materia  de  competencia, prueba de lo cual y de lo intenso de la  permanente   reflexión  y  discusión  que  ella  mantiene,  son  los  diversos  salvamentos de voto que acompañan a la decisión mayoritaria.   

          Por  ese  motivo  resulta  oportuno  aclarar, que cuando la Corte se  remitió  a los planteamientos de la mayoría de la Sala para responder aquellas  inquietudes  formuladas  con base en las afirmaciones de quienes disienten de la  posición  triunfante,  no  pretende,  ni  más  faltaba, eludir la controversia  sobre  un  tema  de tanto calado como es el relacionado con los delitos afines a  la  función  y  la  competencia  para  conocer de ellos, dando por cerrada toda  discusión  alrededor  de  esa  materia.  Lo que hizo fue poner de manifiesto la  improcedencia  de  una  solicitud  soportada  solamente  en los argumentos de la  tesis  que  acababa  de ser derrotada en el auto protestado, lo cual desde luego  no  significa  la petrificación del debate como lo asume la Procuraduría, sino  un  modo  de  reiterar  la  vigencia  de la propuesta mayoritaria respecto de la  nueva  lectura  jurisprudencial  aplicada  al parágrafo del artículo 235 de la  Carta.   

          Ahora  bien,  en  cuanto  al  reclamo  del  Procurador  de  no haber  obtenido  respuesta  a  su  requerimiento  central  orientado  a  establecer  la  relación  funcional  del  concierto para delinquir agravado atribuido al doctor  CASTRO  PACHECO, la Corte se  permite  puntualizar  que  en  pos  de  evitar  adelantar  juicios de valor y de  elaborar  conclusiones  propias  de  fases  procesales  ulteriores  –sentencia-,  se  limita a señalar, en  el  marco  de  este examen cuyo aspecto medular reside en determinar lo relativo  al  tema  de  la  competencia, que es viable concebir la existencia de relación  entre  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado y las funciones como  congresista  si se entiende, como se adujo por la Corporación en el auto de 1°  de       septiembre      de      este      año1, que es factible el inicio del  comportamiento  criminal  “antes  de  acceder  a la  curul   y   consumarse   o   agotarse  con  posterioridad  a  la  dejación  del  cargo”,   toda vez que el objetivo de los grupos  armados   ilegales   como   las   autodefensas   era  el  de  acceder  al  poder  prevaliéndose  de medios antidemocráticos con la firme intención de infiltrar  las  instancias  del  Estado,  de  donde  emerge  que el vínculo entre delito y  función  no se agota en la confrontación formal entre un manual de funciones y  el  supuesto  de  hecho,  sino  en  llegar  al  Congreso  de  la República como  consecuencia  de  unos  pactos  que representan los intereses de un grupo armado  ilegal.   

          No  quiere  decir  la  Corte  con  esto  que  en este caso así haya  ocurrido,  pues  ello  implicaría  prejuzgar,  pero sí avizora que ese tópico  radica  el  núcleo  de la discusión y por tanto el deber de su esclarecimiento  necesariamente    debe    cumplirse    en    el    ámbito   del   procedimiento  constitucionalmente  dispuesto  para indagar precisamente por aquellas conductas  penales  ejecutadas  por  sujetos  calificados  y relacionadas con las funciones  desempeñadas, como aquí parece acontecer.   

          Esta  última afirmación resulta además oportuna para aclararle al  doctor  CASTRO PACHECO, que el  hecho  de  no  haber  encabezado  la lista al Senado de la República durante el  período  electoral  para el año 2002, o de haber ocupado la curul solamente de  manera  temporal,  no  es óbice para poder aseverar su calidad de congresista y  la  consecuente cobertura del fuero, debido a que lo sustancial para ello reside  en  haber  detentado  la condición requerida y existir relación entre función  pública y el delito.   

          De  otra parte, conforme ya ha sido constantemente mencionado, no es  correcto  asumir  como  un  desconocimiento  al  principio  de  favorabilidad la  decisión  de  tramitar  la  investigación  penal  para  un aforado mediante un  procedimiento  de única instancia, puesto que no se trata de cualquier clase de  procedimiento  sino de uno tan especial y tan particular que su trámite ha sido  atribuido  al  más  alto  órgano de la jurisdicción ordinaria, donde se puede  anticipar  con  absoluto  convencimiento  y  seguridad  el  total respeto por la  plenitud de los derechos de quienes son sujetos pasivos del mismo.   

          Ya  tuvo  la  Sala la ocasión de expresarlo con anterioridad,   “siempre se ha dicho que  no  hay  mejor  garantía  para  representantes  del  Estado  con las más altas  responsabilidades,  como ocurre con los integrantes del órgano legislativo, que  la   de   ser   juzgado,  así  sea  en  única  instancia,  por  una  autoridad  especializada,  que  a la vez es la mejor calificada y la de mayor jerarquía en  la  escala  de la jurisdicción ordinaria. Por tanto, lo que se percibe como una  desventaja   en   realidad   constituye   un   privilegio.”;    Esa   misma   concepción  que  mira  esta  actuación  como  una  prerrogativa  y no como un flagelo, ha sido repetidamente destacada por la Corte  Constitucional2,  disipando  todas  aquellas  sospechas que hoy se ciernen sobre un  procedimiento  que  ha  operado  y  continúa  haciéndolo  como  una  verdadera  garantía,  cuando  se  trata  de investigar y juzgar a altos representantes del  Estado.   

          La  Corte  no  puede  consentir  entonces, con el sinuoso empeño de  quienes  en un arrebato completamente coyuntural menosprecian y denigran de modo  general  de  la estructura del proceso establecido por la Constitución y la Ley  como   una   prerrogativa   para   investigar   y  juzgar  a  los  congresistas,  procedimiento  este  asignado  de  manera  privativa  al órgano de cierre de la  jurisdicción  ordinaria  en  consideración  a la indudable ventaja que aquello  representa  para  cuidar  el  encomiable  objetivo  de  resguardar  la  función  legislativa  y  de  velar  por su independencia como fundamento democrático del  Estado de derecho.   

          Por  otro  lado no es cierto que pueda descartarse de plano, como lo  presenta  el  acusado  en  su escrito, la existencia de nexos entre el delito de  concierto  para  delinquir y el ejercicio de la función pública, pues conforme  se  expuso  en  pronunciamiento  de  1°  de septiembre de este año, dentro del  radicado    31.653,    aquellas    conductas    cometidas    por    “causa  del servicio, con ocasión del  mismo  o en ejercicio de funciones inherentes al cargo; esto es, que la conducta  tenga  origen  en  la actividad congresional, o sea su necesaria consecuencia, o  que  el  ejercicio  de  las  funciones  propias del congresista se constituya en  medio  y  oportunidad propicia para la ejecución del punible…”,   quedan  comprendidas  dentro  de  los  alcances  del  parágrafo  del artículo 235 de la Constitución Política, bajo  la  hipótesis  que  concertarse  con  los integrantes de una agrupación ilegal  para  aportar cada uno al propósito común de infiltrar las instancias de poder  del  Estado,  así sea solamente con el oficio de encarnar la representación de  la   organización,  configura  un  vínculo  evidente  entre  el  delito  y  la  función.   

          De  modo  pues,  que  la  Corte  no  repondrá  el  auto recurrido y  mantendrá  en firme la decisión de continuar conociendo de la causa seguida en  contra del doctor CASTRO PACHECO.   

          Amén  de  lo  dicho,  la  CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          No  reponer  el  auto  de 28 de octubre de  este  año, mediante el cual se negó a declarar la nulidad del auto con el cual  avocó el conocimiento de esta causa.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aclaración de voto  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                     

         Aclaración  de voto                                                                               Aclaración de voto   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                    MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                       

       Comisión   de  servicio                                                                                                       Permiso   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                                     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                           Salvamento de voto   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                                             JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                         Excusa justificada   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Radicado 31.653.   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-545 de 2008.     

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