29056(12-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29056  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.250  

Bogotá D.C., doce (12) de agosto de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de REYNALDO GONZÁLEZ RUIZ, o RICHARD  LLERENA RUIZ contra la sentencia  de  segundo grado de 5 de julio de 2007 mediante la cual el Tribunal Superior de  Barranquilla  en  su Sala de Justicia y Paz, revocó la de carácter absolutorio  emitida  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Cartagena, y en su lugar  lo condenó como autor del delito de homicidio agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  aspecto  fáctico fue presentado por el  Tribunal así:   

“…el  día  13  de  mayo  de  1997, con  ocasión  del  enfrentamiento  entre  dos  pandillas  del  barrio  La Esperanza,  residentes  del  sector  conocido como ‘El  Hoyo’ se  internaron  en  el  sector de la calle ‘El  Carmen’  persiguiendo  a sus moradores e incursionando en sus viviendas; en el desarrollo  de  tales  acciones  [la  menor] A.J.P., y su hermana Fanny Esther Julio Payares  buscaron refugio en el domicilio de la primera.   

“Al momento en que se escucharon disparos,  A.J.P.  salió  a  ver  si  habían herido a su hermano menor, topándose en ese  instante      con      Marcial      Ruiz     Llerena,     alias     ‘El          Cara’,  quien  anunciando que la mataría,  apuntó  su  arma  de fuego y le disparó en el pecho, causándole una herida en  la  región  mamaria  y heridas internas secundarias que produjeron la muerte de  la   joven.   En   compañía  de  Marcial  RUIZ  Llerena  se  encontraba  alias  ‘El  Fruco’,       alias       ‘El         Gordito’     y     alias     ‘Richard’  quienes  hacían  parte de un mismo  bando  o  grupo,  debiéndose  anotar  que  en  razón  de su actuar mancomunado  resultó también lesionado el señor Guillermo Barón Bravo.   

La  Fiscalía  General de la Nación abrió  investigación   inicialmente   en   contra   de  Marcial  Ruiz  Llerena,  alias  “El   Cara”,  y  por  decisión  de  20  de  agosto de 1997 le dictó resolución de acusación por el  delito  de homicidio agravado. En la misma decisión ordenó compulsar copias de  la  actuación a fin de establecer la identidad de los sujetos conocidos por los  alias   de   “Richard”,  “Gordito”  y  “El  Fruco”.   

Con  base en las manifestaciones de Marcial  Ruiz       Llerena       acerca      de      que      alias      “Richard” era un sobrino suyo de nombre  Richard  González  Ruiz, y  con  las  declaraciones de familiares de la víctima que al ratificar el aludido  parentesco  decían que correspondía a RICHARD LLERENA RUIZ, mediante proveído  de   29  de  junio  de  2000  se  abrió investigación en contra de éste,  librándose la respectiva orden de captura.   

Al  hacer efectiva la orden de aprehensión  indicó  a  las  unidades  de  la  Policía  que su nombre era Richard González  Llerena,  seguidamente  manifestó  ser  Orlando  Aguas  Cidil,  pero  ya  en la  diligencia  de  indagatoria  adujo  llamarse  REYNALDO  GONZÁLEZ  RUIZ. Como se  trataba  de  un  sujeto  indocumentado  a  través  de  declaración de sus  padres     —Reynaldo  González       Arrendó       y       Juana       Llerena      Ruiz—  y  luego  con  la  aducción  de la  partida  de bautizo, se estableció que respondía al nombre suministrado en tal  injurada.   

La situación jurídica le fue resuelta el 9  de  mayo  de  2002  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, sin  derecho  a   la  libertad provisional, como presunto responsable del delito  de homicidio.   

Clausurada  la  investigación,  el mérito  probatorio  fue calificado el 21 de agosto de 2002 con resolución de acusación  por   el  delito  de  homicidio  agravado  por  aprovechar  las  condiciones  de  indefensión  de  la víctima, haberse realizado el hecho para  facilitar y  consumar  otro  delito  y  mediar  ánimo  de  lucro,  en  concurso con el mismo  ilícito   en   el   grado   de  tentativa  respecto  del  ataque  del  que  fue  objeto  Guillermo  Barón  Bravo.   

En firme la calificación el 2 de septiembre  de  2002  al  no ser objeto de impugnación, la etapa del juicio la adelantó el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Cartagena,  despacho  que  luego  de  adelantar  la  audiencia pública de juzgamiento, mediante fallo de 4 de octubre  de 2004 absolvió al procesado de los cargos formulados.   

En   virtud  del  recurso  de  apelación  promovido  por el representante del Ministerio Público, el Tribunal Superior de  Barraquilla,  en  su  Sala  de  Justicia  y Paz, en cumplimiento del programa de  Descongestión  implementado  para  el  Tribunal Superior de Cartagena, mediante  sentencia  de  5  de  julio  de 2007 revocó la decisión de primer grado, en su  lugar,  condenó  a  REYNALDO GONZÁLEZ RUIZ o Richard  Llerena  Ruiz  como  autor  del  delito  de homicidio  agravado  teniendo en cuenta solamente la circunstancia de agravación basada en  la  situación  de indefensión de la víctima contemplada en el numeral 7° del  artículo  104  del Código Penal (Ley 599 de 2000). Referente al comportamiento  punible  de  homicidio en el grado de tentativa objeto de acusación lo exoneró  tanto  por  su  falta  de  acreditación,  como  por  no  haber sido indagado el  procesado al respecto.   

Por  lo  anterior,  le  impuso  trescientos  veinte   tres   (323)   meses   de   prisión   y  como  sanción  accesoria  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso de veinte (20) años.   

Contra  la  decisión  de  segundo grado el  defensor  del  procesado  impugnó extraordinariamente con la respectiva demanda  de casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, postula un cargo al estimar  que  la  sentencia  infringió  los artículos 7° y 232 del mismo ordenamiento,  respecto  del  principio in dubio pro reo.   

Bajo  la  premisa  relacionada  con  que la  absolución  proferida  a  favor  de  su asistido por el juez de primer grado se  basó  en  la  falta de claridad respecto de su identidad, pone de manifiesto el  defensor   los  siguientes  aspectos:  i)   su   asistido  se  mostró  ajeno  a  los  hechos,  ii)  negó  ser  llamado  por el mote de  “Richard”, iii)  el  progenitor del mismo ratificó  que  no  era  pandillero  pues  laboraba  para él en un mercado ambulante en la  ciudad,   y   iv)  de  la  declaración  de  la  progenitora  y  del  acta  de  la  partida  de bautismo se  establece  que  es  REYNALDO  GONZÁLEZ  RUIZ,  quien  no  se asimila al apodado  “Richard”.   

Igualmente, indica que el testigo Guillermo  Barón  Bravo tenido en cuenta para proferir la resolución de acusación, en la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas practicada en la fase del  juicio  no  reconoció  a  su  defendido,  negó  haber rendido una declaración  anterior  ante la Policía al precisar que lo único que había afirmado era que  se trataba de un asunto entre pandilleros.   

A  su  turno,  asevera  que  en  Tribunal  incurrió  en un yerro al momento de valorar el testimonio de Fanny Esther Julio  Payares  al considerar que los rasgos físicos reseñados por ésta respecto del  sujeto       apodado       “Richard”  era similares con los plasmados al momento de recepcionarle la  indagatoria    de    REYNALDO    GONZÁLEZ    RUIZ,    prueba    “indebidamente  evaluada  por  el  sentenciador,  es una falencia de  hecho  incurriendo  en  un  falso  raciocinio  y falso juicio de convicción”,  porque  su  defendido  es de raza negra, sin que haya  certeza de que sea la misma persona relacionada.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar la  sentencia con el fin de absolver a su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Corte  ha insistido de tiempo atrás en  que  la demanda de casación difiere ostensiblemente de un alegato de instancia,  porque  requiere  una  presentación lógica adecuada a cada una de las causales  legalmente  establecidas,  con  el  respectivo  desarrollo de los cargos que por  vicios   in  procedendo  o  in iudicando se denuncien y  la  demostración  de  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  impugnado.   

Si se acude a la causal primera de casación  es  deber  ineludible  del censor clarificar la vía o concepto de violación de  la  ley  sustantiva, pues tal yerro de juicio del juzgador puede darse de manera  directa, bien al momento de  seleccionar   la   norma   al   versar   sobre   su   existencia   (falta    de    aplicación    o   exclusión   evidente),  por  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  bien, al momento de su interpretación  por  darle un sentido que no tiene o errar en su significado  (interpretación errónea).   

En  cambio,  si  se  postula  la violación  indirecta  a  través  de  yerros  en  el  proceso de aprehensión y valoración probatorios, le compete al  demandante,  además  de  individualizar  el  elemento de convicción en el cual  recae  el  vicio,  identificar  su clase, sea error de  hecho  en  sus  diversas  modalidades:  falso  juicio  de existencia por omisión  o  invención  del  medio  probatorio; falso juicio de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación de su  contenido  fáctico;  o  falso raciocinio  al  infringir  los  postulados  de  la  sana  crítica  y derivar  conclusiones  que  contravienen los principios lógicos, las leyes de la ciencia  o   las   máximas  de  la  experiencia.  O  si  se  trata  de  un  error  de  derecho  debe  explicar si el  yerro    consistió    en   un   falso   juicio   de  convicción   por  negarle  a  la  prueba  el  valor  conferido  por  la  ley  u  otorgarle un mérito diverso del que le es atribuido  legalmente,    o    por    un    falso   juicio   de  legalidad por valorar el juzgador alguna probanza con  defectos formativos en su incorporación o aducción procesal.   

En este caso, si bien el demandante anuncia  que  el  reproche  contra  la  sentencia  lo  encamina bajo la causal primera de  casación,  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, dada la  pretermisión  de  los  preceptos  que  prevén  la aplicación del principio de  resolución  de  duda  a  favor  de  su  defendido,  no  precisa  el  sentido de  violación  de  la  ley sustancial bien por la vía directa debido a un yerro de  juicio  del  juzgador  respecto  de  la  disposición  que se ocupa del supuesto  fáctico  en  concreto,  o  por  la vía indirecta por errores en la actividad y  valoración probatoria.   

Y de entender que el reparo lo presenta por  la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial, toda vez que hace énfasis en  varias  pruebas  tenidas  en  cuenta  por  el  Tribunal,  el defensor incurre en  manifiestos  desaciertos que reducen su libelo a una simple inconformidad con la  decisión  judicial,  en todo caso distante de una adecuada demostración de los  yerros de juicio del Tribunal.   

Efectivamente,  se limita a reseñar que la  decisión  de  primer  grado,  mediante la cual se absolvió al procesado de los  cargos  formulados,  se  basó  en la falta de precisión existente acerca de su  identidad,  sin  señalar  con  el  parangón  de las consideraciones de segundo  grado  algún  error,  desdeñando  el  análisis  detallado  que en ese sentido  realizó  el  Tribunal para concluir que pese a los múltiples nombres empleados  por  REYNALDO GONZÁLEZ RUIZ se establecía la unicidad en su individualización  e identificación.   

En  la  sentencia  no sólo se destacan las  pruebas  que referían la actividad desplegada por el enjuiciado para el momento  de  los  hechos  al patear las puertas de las casas del barrio donde incursionó  la  banda  delincuencial  a  la  que  pertenecía, accionando incluso un arma de  fuego,  sino las que lo ubican en el sitio donde  efectivamente residía, y  las  que  dan cuenta de su vínculo o parentesco con Marcial Ruiz Llerena, alias  “El    Cara”  y  Abel  González Ruiz apodado  “Condorito”,  tío  y  hermano respectivamente, ambos envueltos en asuntos delictivos.   

El  Tribunal aclaró además que si bien el  procesado      negó     emplear     el     apelativo     de     “Richard”,  su propio tío Marcial Ruiz  Llerena  admitió  que  el  mismo  era  el  usado  por  su  sobrino RICHARD  GONZÁLEZ  RUIZ,  lo  anterior  unido   a   las   manifestaciones   de   sus  progenitores  se  constituían  en  circunstancias que no dejaban alguna duda respecto de su identidad.   

De la misma manera el impugnante incurre en  una  mixtura  cuando  pregona  un falso raciocinio y falso juicio de convicción  respecto  de  un mismo elemento probatorio, específicamente, en la declaración  de  Fanny Esther Julio Payares, cuando uno y otro obedecen a diferente modalidad  de error; de hecho y de derecho, respectivamente.   

Es sabido que el falso juicio de convicción  se   produce   respecto  de  medios  probatorios  a  los  cuales  el  legislador  expresamente  les  ha  asignado  un  específico  valor  demostrativo, cuando el  juzgador  en la estimación de la prueba se aparta de tales parámetros legales,  bien  por  asignarles un alcance diferente o por negarles el mérito que expresa  y  normativamente  se  les  ha  señalado en la ley, por eso se constituye en un  error  de derecho, y no de hecho, ante el  desconocimiento del precepto que  regula  su  eficacia  probatoria  pero a este respecto el demandante nada anota,  desconociendo  así  que  para  la  prueba  testifical  el  legislador  no le ha  asignado determinado valor suasorio.   

Tampoco  se  detiene a explicar, dentro del  falso  raciocinio,  si  las  deducciones  del juez colegiado no se ajustan a los  parámetros  del  sistema  de  apreciación  racional  de  las pruebas al no ser  coherentes  como  enseña  la  lógica,  estar alejadas de los principios que se  aplican   en   un   espacio  teórico  específico  propio  de  la  observación  científica,  o  no  están  acordes  con  los juicios que se forman a partir de  comportamientos  sometidos a una identidad circunstancial que arrojan las reglas  de la vida.   

Solo  pretende sembrar incertidumbre en las  características  morfológicas  reseñadas  por  la testigo respecto del sujeto  que  atacó  a  la  menor víctima, sin acreditar algún yerro de aprehensión o  valoración  probatoria y cómo tras corrección se arribaría a una conclusión  de absolución.   

En  este sentido, vale la pena reiterar que  para  la  Sala  la  simple  oposición  del  criterio  defensivo   a   los  criterios  de  valoración  probatoria  empleados  por  los  juzgadores  no  es  suficiente  para  motivar  el  análisis de la legalidad del  fallo,  porque  debe  sujetarse  a  las  técnicas  establecidas  para probar la  existencia  de  yerros manifiestos y esenciales, con incidencia en el sentido de  la decisión.   

Así  las  cosas,  dado  que  las falencias  destacadas  no  pueden  en modo alguno ser enmendadas por la Corte en virtud del  principio  de  limitación que rige el trámite casacional, se impone no admitir  la  demanda de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

CASACIÓN OFICIOSA  

Surge  nítida  la necesidad de acudir a la  facultad  oficiosa  otorgada  a  la  Corte  ante la infracción del principio de  legalidad  de  la  pena,  porque  los  hechos  acaecieron el 13 de mayo de 1997,  época  para  la  cual  no  regía  la  Ley  599 de 2000 tenida en cuenta por el  juzgador  para imponer la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas al incriminado, la cual le resultaba perjudicial  frente  a  las  disposiciones  del  anterior  Código  Penal (Decreto-Ley 100 de  1980).   

Ciertamente, de acuerdo con el artículo 29  de  la Constitución Política, la preexistencia normativa respecto del delito y  de  la  pena se constituye en garantía fundamental, además de límite al poder  punitivo estatal.   

Así,  los  ciudadanos  deben  conocer  los  comportamientos  prohibidos  y  por  lo  mismo  elevados  por el legislador a la  categoría  de delitos,   como la correspondiente sanción previamente  establecida  a fin de contar con la certeza de que sólo podrán ser sancionados  en  razón  de  la  comisión  de  una  conducta  punible dentro de los límites  cuantitativos  y  cualitativos  consagrados  con  antelación en la ley, sin que  éstos   puedan  desbordarse  a  discreción  o  capricho  de  los  funcionarios  judiciales.   

El principio jurídico según el cual la ley  se  aplica  durante su vigencia tiene una excepción con fundamento en el citado  artículo  29  del  mandato  superior  en  cuanto  ordena  que las leyes penales  sustantivas  y  procesales  de  efectos  sustanciales  favorables al procesado o  condenado,   se   deben   aplicar   con   preferencia   a   las   que   le  sean  desfavorables.   

La  Sala  ha  puntualizado  acerca  de  la  sucesión  de  leyes  con ocasión de la expedición del Código Penal de 2000 y  el  cotejo  con  el  precedente  ordenamiento  (Decreto-Ley 100 de 1980), que no  existe  impedimento  para  acudir  a  la  combinación  de preceptos con miras a  integrar  la  norma  favorable, siempre que se mantenga a salvo la autonomía de  cada instituto o materia objeto de regulación.   

En este orden, es posible aplicar la normas  retroactiva  o  ultraactivamente,  es  decir, para hechos acaecidos antes de que  entrara  a  regir,  o  cuando ya se no se encuentra vigente, respecto de sucesos  ocurridos  cuando  regía,  en  uno  y  otro  caso,  siempre que ello le reporte  tratamiento  benéfico  a  la  situación  del sujeto pasivo de la acción penal  judicial.   

A  partir  de  la vigencia de la Ley 599 de  2000, en sus artículos 51 y   

52  se  estableció  que la pena accesoria,  denominada  ahora  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas,  debe  acceder  a la pena de prisión por un tiempo igual y hasta por  una  tercera  parte más, siempre que se respete el mínimo de cinco (5) años y  el  máximo  de  veinte  (20)  años  salvo  lo  dispuesto  en el inciso 5° del  artículo  122  de  la Constitución Política respecto de los delitos contra el  patrimonio del Estado.   

De otro lado, conforme a lo dispuesto en el  artículo  44  del  Decreto-Ley 100 de 1980, norma vigente para la época de los  hechos,  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas no  podía, en ningún caso, exceder de diez (10) años.   

Bajo este entendimiento, la Sala advierte el  error  esencial  del  Tribunal,  porque  al  determinar la pena accesoria en una  duración  de  veinte  (20)  años  incurrió  en  flagrante  violación  de las  garantías  fundamentales  del  procesado  a  la  legalidad  de  la  pena  y  la  favorabilidad,  dejando  de  aplicar  el  tope máximo establecido en la antigua  regulación  legal,  norma  que por hallarse en vigor para el 13 de mayo de 1997  era plenamente aplicable.   

Por  lo tanto,  corresponde a la Corte  restaurar  tal garantía y por ello dispondrá casar de oficio y parcialmente el  fallo  en  cuanto  atañe  a  la  pena  accesoria impuesta al procesado REYNALDO  GONZÁLEZ  RUIZ  o  RICHARD  LLERENA RUIZ,   para   en  su  lugar  establecer  su  duración  en  diez  (10)  años.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.          NO ADMITIR la  demanda  de  casación interpuesta  por  el  defensor  de REYNALDO GONZÁLEZ RUIZ o RICHARD LLERENA  RUIZ,  por  las  razones  manifestadas en la anterior  motivación.   

2.          CASAR OFICIOSA Y PARCIALMENTE  la  sentencia  en  lo  que  tiene  que  ver con la pena accesoria  impuesta  a  REYNALDO GONZÁLEZ RUIZ o RICHARD LLERENA  RUIZ al fijarla en diez (10) años.   

3.          PRECISAR que en  lo demás el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

         

       Notifíquese    y  cúmplase.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

      

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Excusa justificada  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                               MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS                    

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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