30521(30-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30521   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 314  

Bogotá,  D.C., treinta de octubre de dos mil  ocho.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado LUIS  ENRIQUE  BOHÓRQUEZ  JIMÉNEZ,   contra  el  fallo de segunda instancia que  profiriera  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga, Santander, fechado el 28 de  abril  de  2008,   mediante  el  cual  confirmó integralmente la sentencia  emitida  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de Descongestión de esa  ciudad,  condenando  a  su  representado  legal  a   la  pena  principal de  cuarenta  y dos meses de prisión y multa por la suma de $ 1.074.000, en calidad  de  autor  del  delito  de  favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus  derivados.  Además,  se impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas, por un lapso  igual al de la sanción aflictiva de la  libertad,  y  la  prohibición  para  ejercer  el comercio por un término de 54  meses,    concediéndose    al   procesado   el   subrogado   de   la   prisión  domiciliaria.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“LUIS  ENRIQUE  BOHÓRQUEZ  JIMÉNEZ  fue  capturado  por  unidades de policía, adscritos al grupo de Hidrocarburos cuando  promediaban  las  ocho  horas  del  19 de marzo de 2004, durante un operativo de  control  sobre  la  vía  que  de Bucaramanga conduce a Cúcuta, a la altura del  sitio   denominado  las   Tres  B,  donde  el  anteriormente  señalado  se  encontraba  escondiendo  entre  la maleza 33 pimpinas plásticas de gasolina con  capacidad  para  4.5 galones cada una; siendo realmente incautados 148.5 galones  de  gasolina  no nacional, al indagarle sobre su procedencia manifestó era para  revenderla,  motivo  por  el cual se produjo la incautación del combustible; y,  la aprehensión de BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ.   

DECURSO PROCESAL  

Capturado   en   flagrancia  LUIS  ENRIQUE  BOHÓRQUEZ  JIMÉNEZ,  de  inmediato  se le dejó a disposición de la Unidad de  Reacción  Inmediata,  Fiscalía  Cuarta  de  Bucaramanga,  oficina judicial que  ordenó, el 20 de marzo de 2004, la apertura de la instrucción.   

Ese  mismo  día fue recabada la indagatoria  del  sindicado.  Las  diligencias  se  repartieron,  el  6 de mayo de 2004, a la  Fiscalía Seccional 34 de Bucaramanga.   

El  21  de  enero  de  2005,  fue cerrada la  instrucción.  Consecuentemente, el 22 de abril de 2005, se calificó el mérito  de  la misma, profiriéndose resolución de acusación en contra de LUIS ENRIQUE  BOHÓRQUEZ  JIMÉNEZ,  en  calidad  de  autor  del  delito  de favorecimiento de  contrabando  de  hidrocarburos o sus derivados, consignado en el artículo 320-1  del Código Penal.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido,  para  adelantar  la  etapa  del  juicio, al Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  ente  judicial que realizó la  audiencia preparatoria el 18 de enero de 2006.   

El 3 de abril de 2006 tuvo lugar la audiencia  pública de juzgamiento.   

Previo  a  la  emisión  de la sentencia, el  asunto  le  fue entregado al Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Descongestión  de Bucaramanga, el 18 de octubre de 2006.   

Esa oficina  profirió fallo de condena  el  24  de  octubre de 2006, en decisión que fue impugnada por la defensora del  procesado.   

Acorde  con ello, el 28 de abril de 2008, el  Tribunal  Superior de Bucaramanga desató la alzada confirmando en su integridad  lo   decidido  por  el  A  quo,  en  fallo  que  ahora  es  objeto  del  recurso  extraordinario   examinado   en  su  corrección  argumental  y  fundamentación  lógica.   

LA DEMANDA  

          La  casacionista,  quien  actúa  como  defensora del procesado LUIS  ENRIQUE  BOHÓRQUEZ  JIMÉNEZ,   comienza por significar una sola la causal  alegada   “por  violación  directa  de  normas  de  derecho  sustancial  con  base y fundamento en la causal primera, inciso primero  del  artículo  207  del  C.P.P.  por  error de derecho en la apreciación de la  prueba”   

        En  desarrollo  del  cargo advierte vulnerados los artículos 12 del C.P., y 7, 20 y  232, inciso segundo, del C.P.P..   

                Luego  significa  que el yerro parte de la afirmación consignada en el fallo de  segundo  grado,  referida  a que si bien, la prueba no asoma abundante, ella sí  es   suficiente   para   soportar   el  juicio  de  certeza  que  precede  a  la  condena.   

          Luego  discute  la  conclusión  del  Tribunal referida a que el procesado no probó su  coartada,  respecto  de un supuesto sujeto que lo conminó a cuidar las pimpinas  incautadas,  dado  que  la  carga  de  la  prueba  corresponde al Estado y no al  sindicado.  Algo  similar ocurre, añade, con la afirmación de que por contener  plomo  la  gasolina,  ella  debía  provenir de otro país y debía demostrar el  acusado que no era así.   

           Acorde   con   lo  anotado,  colige  la recurrente que no existe  certeza para  condenar,  en  tanto,  no  se  probó  que  la gasolina incautada hubiese evadido controles  aduaneros  y  solo  se  cuenta  con  el  informe policivo, no ratificado por los  uniformados,  y  la  experticia química, insuficiente para determinar el origen  del  hidrocarburo,  a  más  de  que el acusado explicó cabalmente lo ocurrido,  demostrando su inocencia.   

           Concluye  la  impugnante:  “Todo  lo  anteriormente expuesto deja  plenamente  demostrada  la  causal  primera  de  casación,  inciso primero, por  cuanto  la  sentencia  impugnada dio por probada la existencia del hecho punible  aun  cuando la prueba obrante no conducía a la certeza del hecho y tampoco a la  responsabilidad  del  procesado  profirió sentencia condenatoria”.   

           En  consecuencia,  solicita que se case la sentencia de segundo grado absolviendo al  procesado,  o  subsidiariamente, se modifique la sanción impuesta para que esta  se  ubique en el  mínimo y se otorgue a su representado legal el subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

      En  primer  término,  debe  hacerse hincapié en cómo la Corte, de  manera  pacífica  y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de  casación  comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se  trata  de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario  adecuado  a  la controversia ya superada por los falladores de primero y segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o valoración  probatoria,  a aquel que sirvió de soporte a la decisión de los jueces A quo y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la decisión judicial  con una doble connotación de acierto y legalidad.   

         Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Y  se  advierte,  no  corresponden  las  exigencias  argumentativas  planteadas   en  la  ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  a  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la  perentoria necesidad de que el derrumbamiento de esa doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que  rodea  los fallos de las instancias,  discurra  por  caminos  adecuados  de  claridad,  lógica  y sindéresis sin los  cuales,  sobra  recordar,  la discusión deviene en el simple debate de posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotado con el proferimiento del fallo de segundo  grado.   

              Y  es  ello  lo  que  ocurre  precisamente  en  la demanda que se examina, pues,  ostensible  aparece  el  interés de la impugnante por contraponer su particular  visión  de  lo  que  la  prueba  arroja,  a  la  más  autorizada del Tribunal,  utilizando  la  causal  de casación aducida apenas como pretexto para cubrir la  exigencia  legal  de  precisar  el  tipo  de  violación  y  su naturaleza, pero  desviando  completamente  la  fundamentación,  al  extremo  que,  finalmente se  impide   conocer   de  la  Corte  cuál  en    concreto    es   el   motivo   de  inconformidad  de  la  casacionista,  qué  yerro  específico  se  atribuye  al  Tribunal   o  cómo  incide  lógicamente ello en la decisión final.   

            En  la  demanda  que  se  estudia,   la  recurrente,  por  lo demás de manera  descontextualizada   y   equívoca,   con   absoluto  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  confunde    en    un    solo   cargo   varias   de   ellas,  sin  ocuparse  de  desarrollar  adecuadamente  ninguna.   

                Con    fines    eminentemente    pedagógicos,    para   que   la   defensora         del         procesado         entienda  por  qué habrá de ser inadmitida su  demanda,   la   Sala   reproducirá  la  reiterada  y  pacífica  jurisprudencia  establecida    acerca    de    la   forma   de   argumentar   adecuadamente   en  casación.   

            Atinente,  entonces,  a la violación indirecta, esto  se dijo1   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

              Acerca  de  la  violación  directa  de  la  ley  se  expuso2:   

“En  general, y frente a la demanda que se  examina,  cuando  el  casacionista se basa en la causal 1a. de casación, cuerpo  1o.,    es    decir,     violación  directa de la  ley sustancial, fundamentalmente le corresponde:   

2.1.   Afirmar   y  probar  que el  juzgador  de  2a.  instancia  ha  incurrido  en  error  por falta de aplicación  (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por aplicación indebida   (falso  juicio  de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (  sobre  la  existencia  material,  sobre la validez o sobre el sentido o alcance ) de la ley  sustancial.   

2.2.  Abstenerse  de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia  de la errónea  interpretación  de la ley, ésta se deja de aplicar, o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de estas dos hipótesis y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley  pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

2.5. Si predica  aplicación indebida de  una  norma,  tiene  que  precisar  la  norma  inadecuadamente  utilizada  y  aquella que en su lugar debe ser atribuida.   

2.6. Respecto de una misma disposición legal  no   puede   predicar   simultáneamente  falta  de  aplicación  y  aplicación  indebida.   

2.7.  Indicar  en  forma clara y precisa los  fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar  las  normas  que  se  estiman  infringidas.    

2.9. Si por esta vía el proponente reprocha  al  Juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que demostrar  que  en  la  sentencia  el fallador ha reconocido formalmente la presencia de la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta de aplicación del artículo 445 del C. de. P. P.”    

            Descendiendo   al  caso  concreto,  nótese  cómo  la  recurrente  parte    por    significar    que    la  única     causal  propuesta    se   funda   en   la   “violación  directa  de normas de derecho sustancial”,  con lo cual, se entendería, dentro de la fundamentación propia  de  ello,  que  la  crítica  opera  porque  se dejó de aplicar una norma, o se  aplicó   indebidamente   otra,   o  se  tergiversó  su  sentido,  debiendo  el  demandante  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  tal  como fueron asumidos por el Tribunal, en tanto, la  discusión     remite     al    campo    estrictamente    jurídico.      

                Empero,  a  renglón  seguido,  significa la impugnante que esa violación opera  “por  error  de  derecho  en  la apreciación de la  prueba”,    desnaturalizando   completamente   lo  significado    en    precedencia,    dado    que    ya    lo    atacado es la validez  o legitimidad de  la  prueba,  en  atención  a  un  supuesto  falso  juicio  de  legalidad  o  de  convicción   que   nunca   delimita,   ni   mucho   menos   explica  para  efectos  de comprender si se tomó en cuenta un elemento de  juicio  que  no  comporta  legitimidad,  o   se invalidó alguno que sí la  apareja,  o  se  le  dio  valor o negó a algún medio suasorio objeto de tarifa  legal positiva o negativa.   

            Y no  se  hacen  esas  precisiones,  sencillamente  porque  al  momento de ocuparse de  demostrar  la  causal, se recurre a errores de hecho, por la vía indirecta, que  tampoco   se   precisan   en  su  configuración  o  efectos,  pues,  limita  su  sustentación   la   impugnante,   a   señalar,  como  verdadera  petición  de  principio –esto  es,  dar  por cierta la manifestación que precisamente debe  ser  objeto  de  comprobación-, que no existe prueba suficiente para determinar  demostrada  la  ocurrencia  del  hecho  o  la  responsabilidad  en  el mismo del  procesado.    

               Jamás  especifica la recurrente si lo pretendido es significar la existencia de  falsos  juicios de existencia o de convicción, o de algún yerro de raciocinio,  únicas     formas     lógico     –  jurídicas  de  advertir  errado  el  juicio  del Tribunal en la  valoración  de  la  prueba,  sino  que apenas, conforme su particular interés,  asume  que  los  elementos  de  juicio recaudados no generan la certeza que para  condenar impone el artículo 232 de La Ley 600 de 2000.   

             Es  claro,  entonces,   que lo presentado por la  impugnante      ni      siquiera     constituye  un alegato de instancia, pues, no trae a colación los  argumentos   específicos   utilizados  por   las  instancias  –que  en  este  caso  se  compaginan, dado que el Ad quem confirmó  integralmente  lo  decidido  por  el  A  quo-,  para  valorar   las   pruebas   y   llegar   a  la  conclusión  condenatoria  que  se  ataca.   

       Y,  si  se  advierte  en  el  libelo  que,  en  efecto,  se  analizaron pruebas tales como los informes policiales que  dan  cuenta de la situación de flagrancia en la cual se capturó al procesado y  el   dictamen  químico  forense  que  determina  la  naturaleza  y condición de la sustancia oleaginosa  incautada,  lo  menos que puede esperarse en sede de casación, es que se aborde  cada  uno de estos elementos de juicio, de cara a lo que sobre ellos concluyeron  los  falladores,  para  determinar en concreto cuál  fue   el   error   de   derecho   o   de   hecho   en   que   pudo  incurrir  la  judicatura.   

           Como  nada  de  ello ocupó la tención de la recurrente, quien en pocas líneas únicamente  se  limitó a referir, a título de verdad apodíctica,  que no se erigían  las  pruebas en suficiente soporte de la sentencia, bien poco tiene que analizar  la    Corte,   por   elemental    sustracción  de materia, atendido que el principio de limitación  le  impide,  entre  otras cosas porque desconoce los fundamentos de ello, suplir  las muy evidentes falencias de la demanda.   

             Algo   similar   ocurre   con   la  que  referencia  la  impugnante  pretensión  subsidiaria,  que  simplemente  destaca  las condiciones personales y familiares  del  procesado,  para deprecar se reduzca la sanción al mínimo imponible, pero  nunca  aborda  las  motivaciones  del  proceso de tasación punitiva, en aras de  explicar  por  qué  la  sanción  impuesta deriva ilegal o injusta, no obstante  verificarse  que  se  ubicó el fallador dentro del cuarto mínimo de movilidad.   

            En  suma,  si  se  tiene claro que los falladores argumentaron suficientemente en pro de la  sentencia  de  condena  impartida y del monto de pena finalmente decretado, para  lo  cual  se  hizo  un  concreto  análisis  de  las  pruebas  recaudadas,  y en  contrario,  a  fin de soportar la pretensión de derrumbar lo decidido, sólo se  presenta  la  interesada interpretación de la impugnante, sin referencia  directa  o siquiera accesoria a  una    específica    violación    directa   o   indirecta,   de   hecho  o  de  derecho,  ni mucho menos a cualesquiera afectaciones  del  debido  proceso  o  derecho  de  defensa,  natural  y  necesaria  emerge la  inadmisión  de  la  demanda cuando, a la par, también la verificación de todo  lo     actuado    permite    advertir    que    no    se    materializaron   circunstancias  que  hagan  imperiosa la intervención  oficiosa de la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de   casación   presentada   por   la         defensora     del     procesado        LUIS       ENRIQUE               BOHÓRQUEZ               JIMÉNEZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

Impedido  

MARIA    DEL    ROSARIOGONZÁLEZ    DE  L.                         AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

2 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14.535     

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