30025(15-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 30025  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                   

Magistrado Ponente:  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 190  

         Santiago   de   Tunja,  quince  (15)  de  julio  de  dos  mil  ocho  (2008).   

         

         

VISTOS:   

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de revisión presentada a través de apoderado por el ciudadano  LUIS  ALBERTO  ECHEVERRY  ARANGO,  condenado a la pena principal de sesenta (60)  meses   de  prisión,  en  calidad  de  cómplice  del  delito  de  estafa  agravada  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

  HECHOS     Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los acontecimientos que dieron lugar a la  investigación   penal   fueron   relatados   así   en   el  fallo  de  segunda  instancia:   

“Revisado  el  expediente  se constata que en la carrera 11 No 14-106 de Valledupar, funcionaba  la  Comercializadora  Secolda  Ltda.,  cuyo  representante  era  el  señor Luis  Alberto  Echeverry  Arango,  acreditada comercialmente entre el público de esta  ciudad  y después de varios años de funcionamiento el señor Echeverri Arango,  le  propuso  y  proporcionó  diez millones de pesos ($10.000.000.oo) a su mujer  Nancy  Quijano  Salazar, para que creara la empresa unipersonal Comercializadora  Naquisa  E.U.,  los  que  efectuó  el  6  de  marzo  de  1998  y cuya actividad  económica  era:  i)  Administración  y venta de bienes raíces; ii) Agencia de  viajes  y  turismo y iii) Servicios a empresa; y la dirección de funcionamiento  era   la  misma  de  las  empresas  inmobiliarias  Secolda  Ltda.,  y  Seguridad  Continental  Ltda.-Secolda-,  empresas  éstas  donde  era  socio  con el 50% el  señor  Luis  Alberto Echeverri Arango. En desarrollo de su actividad económica  la  señora  Nancy  Quijano Salazar, apoyada en la fama de las otras empresas de  su  marido  y en el hecho de funcionar en el mismo inmueble, mas el apoyo que le  brindó  Echeverry  Arango,  según  las  víctimas Flor Hortensia Bustos, Edwar  Rodríguez,  Yesenia  Duran, Hernán Augusto Uhía, Ledys Enrique Medina y otros  más,  estafó  colectivamente  a  varias  personas  por  sumas que pasan de los  $500.000.000.oo  y  para  no  tener  bienes  que embargar le hizo traspaso de su  vivienda en Valledupar a su marido Luis Alberto.   

El    modus  operandi  de  los  implicados  y  en  especial  de la  señora   Nancy   Quijano  Salazar  era  adelantar  actividades  fraudulentas  o  engañosas  para  atraer  a  varias  personas  a quienes los indujo a entregarle  considerables  sumas  de  dinero con la supuesta finalidad de obtener excelentes  rendimientos  económicos  a  través  de  la  compra de bienes raíces, los que  adquiría  en  diligencias  de remates en los diferentes juzgados de la ciudad y  por  eso,  ella,  como estrategia, al principio les daba a los clientes sumas de  dinero   por  concepto  de  intereses,  sin  el  capital,  para  luego  pedirles  cantidades     más     altas     de     caudales,     los    cuales    terminó  apropiándose”.   

2. Adelantada la fase instructiva y cerrada  la  investigación,  la  Fiscalía Séptima Seccional de Valledupar calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  por el delito de estafa  agravada   en   concurso   homogéneo  y  sucesivo,  en  calidad  de  cómplice.   

3. Surtida a cabalidad la etapa de la causa,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Valledupar, mediante sentencia del 12  de  junio de 2006 condenó a LUIS ALBERTO ECHEVERRY ARANGO, como responsable del  delito  de  estafa  agravada  en  concurso  homogéneo y sucesivo, en calidad de  cómplice,  a  la  pena  principal  de  60  meses  de prisión, al pago de multa  equivalente a 25 salarios mínimos.   

De  otra parte, le negó el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  y le sustituyó por  domiciliaria la pena de prisión impuesta.   

Por   concepto   de  pago  de  perjuicios  materiales  lo  condenó  a  cancelar  las  siguientes  sumas y a favor de: Flor  Hortensia   Bustos   Rincón   $49.904.000.oo;   Jairo   Rafael   Orozco  Quiroz  $114.000.000.oo;  Hernán  Augusto  Uhía  Acuña $115.000.000.oo; José Vicente  Guerrero  $70.000.000.oo;  Edwar  de  Jesús  Rodríguez $25.000.000.oo; Yesenia  Durán  Pérez  30.000.000.oo;  Luis  Ramón Cuello Maduro $15.000.000.oo; Julio  Cujía  $25.000.000.oo;  Luis  Alberto  Cárdenas  $6.000.000.oo;  Edwin Alpidio  Manjarréz  $14.000.000.oo; María Matilde Manjarréz $2.000.000.oo; Humberto de  Jesús  Miramón $7.000.000.oo; Aníbal Guillermo Córdoba $10.000.000.oo; Maida  Dolores  Casado  $10.000.000.oo;  Jesualdo  Díaz Arsuaga $17.000.000.oo; Junior  Jesús   Nieves   Castro   $70.000.000.oo;   y   Marelvis   Cecilia   Hernández  $5.000.000.oo,  mas  los intereses corrientes desde la fecha de la presentación  de la denuncia hasta cuando se verifique el pago.   

4.  Apelada  la  decisión,  el  Tribunal  Superior  de Valledupar, con fallo de 10 de abril de 2007 la confirmó de manera  integral.   

5. Posteriormente, el implicado LUIS ALBERTO  ECHEVERRY  ARANGO  confirió  poder especial a un profesional del derecho, quien  en nombre de aquel, interpuso la presente acción de revisión.   

  LA  DEMANDA   

El  apoderado  de  LUIS  ALBERTO  ECHEVERRY  ARANGO  solicita  la  revisión  del  fallo  condenatorio,  con fundamento en el  numeral  3°  del  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),  por  cuanto  la  acción  de  revisión es viable cuando “después  de  la  sentencia  condenatoria aparezcan hechos nuevos o  surjan  pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los debates, que establezcan la  inocencia      del      condenado      o      su     inimputabilidad”.   

1.  Se  refiere a los acontecimientos, a la  actuación  procesal y a la valoración de las pruebas recaudadas, y asegura que  las  pruebas  no  fueron  apreciadas  adecuadamente,  puesto que “Es  lo  mismo  que  unas  pruebas  no  se  hayan  tocado en toda la  actuación  procesal,  pese  a  la existencia de ellas, como una prueba nueva no  conocida al tiempo de los debates”.   

Señala que “el  único  pecado” de LUIS ALBERTO ECHEVERRY ARANGO es  el  de  haber  sido  compañero sentimental de Nancy Quijano Salazar, puesto que  ella  en  su  indagatoria  no lo involucró en la ocurrencia de los hechos, como  tampoco  su  defendido  aceptó  haber participado en las actividades delictivas  que se le atribuyeron.   

2.-  Como  pruebas  nuevas,  menciona  el  demandante,   la   indagatoria  recibida  a  Nancy  Quijano  Salazar  y  algunas  declaraciones  rendidas  dentro  del  proceso  de  instancia y que supuestamente  exoneran  de  responsabilidad  a  ECHEVERRY  ARANGO, que de haber sido valoradas  adecuadamente  por  los funcionarios de primera y segunda instancia, se habrían  tenido que absolver a su defendido.   

Anexa  el  poder para actuar y copia de las  sentencias de instancia con certificado de ejecutoria.   

No  adjuntó  prueba alguna con la demanda.   

Con  base  en los anteriores argumentos, el  demandante,  “somete  a  consideración  de la Sala  Penal” la acción de revisión, sin hacer petición  específica.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1. La demanda de revisión que no se adecúe  con  los  parámetros  que  establecen  los  artículos 220 y 222 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  no  podrá  ser  admitida,  pues  es  inaceptable  que so pretexto de la excepcional acción, se intente regresar a la  controversia  probatoria, ya finiquitada en las instancias correspondientes, con  decisiones  que  al  haber  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada son inamovibles y  permanecen amparadas con certeza de intangibilidad.   

Sobre   el   punto   tiene   dicho   la  Corte1:   

“El ordenamiento  positivo  estableció  la acción de revisión como mecanismo dirigido a quebrar  la  cosa  juzgada  e  invalidar  una  sentencia  que  entraña  un  contenido de  injusticia,  porque  la  verdad  procesal  allí declarada es bien distinta a la  histórica  y real del acontecer fáctico objeto de juzgamiento. Su carácter es  excepcional,  pues  tan  sólo  procede  en los estrictos casos señalados en la  ley.   

Si  bien  la  demanda  no  requiere mayores  tecnicismos,   es   imperativo  el  cumplimiento  de  unos  requisitos  mínimos  establecidos  por  el legislador, cuya observancia es estricta para que la Corte  pueda  darle  curso, en cuanto no se trata de un alegato más dentro del proceso  ni de un recurso adicional a los ordinarios.   

Su  finalidad no es desconocer, sin razón,  el  carácter definitivo e inmutable de la declaración de justicia contenida en  los  fallos,  con  la sola intención de revivir debates superados en las etapas  del proceso.   

Por  consiguiente no es posible que, por su  conducto,  se  intente  cuestionar  las  pruebas  aportadas sencillamente por el  desacuerdo  del  actor  con la forma en que fueron valoradas por los falladores,  se  busque  enmendar  errores  de  juicio o de procedimiento y menos intentar la  redosificación de la pena impuesta.   

Es  imprescindible  que  quien  se proponga  quebrar   el  carácter  de  cosa  juzgada  de  una  providencia,  demuestre  la  existencia  real  de  alguna  de las causales señaladas en el artículo 222 del  Código de Procedimiento Penal.   

En  efecto,  conforme  a dicho precepto, el  escrito  debe  contener la descripción de la actuación procesal cuya revisión  se  demanda,  la  conducta  punible  que la motivó, la copia o fotocopia de las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia con constancia de ejecutoria, las  causales  que  se invocan, los fundamentos de hecho y derecho en que se apoya la  solicitud y las pruebas que se aportan para demostrar la petición.   

Su contenido no puede consistir solamente en  una   exposición   desordenada   del   acontecer   fáctico  y  procesal  o  en  apreciaciones  meramente  subjetivas  sobre  la  manera  en  que  se  evaluó el  material  probatorio.  El  actor  debe  seleccionar cuidadosamente la causal que  pretende  aducir  en  apoyo  de  su  pretensión,  presentarla de manera clara y  precisa  y  sustentar  con argumentos serios y con suficiente poder suasorio las  razones en que fundamenta su solicitud.   

En  esta  oportunidad la demandante olvidó  por  completo  la  esencia  de  la  acción de revisión y creyó que se trataba  simplemente  de  un  escrito  más  dentro del proceso, ajeno por completo a las  exigencias  normativas  sobre el contenido de la demanda y sobre las causales de  procedencia”.   

Tal  el  caso  del  libelo  cuyos  aspectos  formales  se  analiza,  pues  el  apoderado  se  limitó  a  mencionar  que  las  sentencias   condenatorias  se  construyeron  sobre errores de apreciación  probatoria  y  sin  fundamentación  razonable;  y,  en  cuanto  a  la causal de  revisión  seleccionada,  únicamente  señaló  que  las  pruebas  no valoradas  adecuadamente,     según    el    demandante,    constituyen    “pruebas     nuevas”,    pero    sin  demostrar   la manera cómo ese  aporte da al traste con los cimientos  del  fallo  condenatorio; es decir, en estricto sentido, incumplió con el deber  de  enseñar  a la Corte “los fundamentos de hecho y  de  derecho en que se apoya la solicitud”, según lo  exigido  por el numeral 3° del artículo 222 del Código de Procedimiento Penal  (Ley        600       de       2000).   

2.  Con  relación  a  la  causal invocada,  numeral  3°  del artículo 220 ibídem, para que la demanda pueda ser admitida,  el  postulante  debe  presentar  un  discurso  jurídico  coherente, tendiente a  demostrar,  con  apoyo  en  los  anexos  pertinentes, que con posterioridad a la  sentencia  condenatoria  aparecieron  hechos  nuevos o surgieron nuevas pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de los debates,  de manera que se genere un grado significativo de persuasión en  el  sentido  que  el  condenado  puede  ser inocente o que pudo haber actuado en  condiciones de inimputabilidad.   

Implica como mínimo identificar, explicar y  aportar,  si  fuere el caso, los hechos y pruebas nuevas, elaborando con base en  ellos  proposiciones jurídicas idóneas para verificar que, de haberse valorado  al  tiempo  del  proceso, se hubiera concluido que el enjuiciado era inocente, o  que era inimputable.   

Se  trata, pues, de remover la autoridad de  la  cosa juzgada buscando evitar la persistencia de un fallo que ahora se revela  materialmente  injusto,  ante  el  advenimiento  de  hechos o pruebas nuevas con  entidad  suficiente  para  tornar  la  condena en absolución, por inocencia del  procesado,   o   permitir  la  modificación  de  las  decisiones  tomadas  para  adaptarlas a quien ha debido procesarse como inimputable.   

3.  Sin  embargo,  no  toda  circunstancia  relacionada   con   los  sucesos  ignorada  antes  de  proferirse  la  sentencia  condenatoria  puede  catalogarse como hecho nuevo, ni todo aspecto probatorio no  advertido  a  tiempo  se aviene con la noción de prueba nueva, en los términos  del régimen de Procedimiento Penal.   

En reiterada jurisprudencia, con relación a  este aspecto la Sala dijo:   

“La  jurisprudencia  de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia ha  explicado    de    manera    reiterada   que   hecho  nuevo  es  el  acontecimiento  fáctico  vinculado al  delito,  pero  que  no  fue  posible  controvertir  en las instancias porque era  desconocido.   

Por     su     parte,    prueba    nueva   es   todo   mecanismo  probatorio   que  no  se  haya  podido  incorporar  al  proceso,  pero  también  –y  lo  más importante-  que  dé  cuenta  de  un hecho desconocido,  o  de  una  variante sustancial de un  hecho     conocido    en    el    curso    de    la  investigación”2.   

En  el  presente  caso,  el  demandante  no  aportó  ningún  medio  probatorio  original  o  desconocido  al  tiempo de los  debates,  deber  que le imponía el artículo 222-4 del Código de Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  solo  hizo  mención,  paradójicamente, de algunas  declaraciones  que  sí  fueron  valoradas  por  los jueces de primera y segunda  instancia,  puesto  que  se trata de víctimas de los comportamientos ilícitos,  para  según  el  accionante,  elevarlas a categoría de prueba nueva. Su anhelo  defensivo  es  cuestionar  el  análisis judicial, esto es, reabrir el debate ya  concluido,  pues  el  tema  de  la credibilidad de los testimonios y el grado de  participación  de  LUIS  ALBERTO  ECHEVERRY  ARANGO  en  los  hechos materia de  debate, ya fue discutido en las dos instancias.   

4. El actor no indicó cuál o cuáles eran  los  hechos  o pruebas nuevos que podían demostrar la inocencia de su acudido y  salvo  la  transcripción  de la disposición legal invocada, no hizo desarrollo  alguno.  Se  limitó  a  plantear de manera lacónica que si los jueces hubiesen  valorado  de  otra  manera  las  pruebas,  habrían  tenido  que  absolver  a su  defendido.   

                    Por manera  que,  el  demandante,  apartándose  de la naturaleza  jurídica  de la acción de revisión, incurre en la desafortunada equivocación  de  confundir la noción de prueba nueva, con la proposición de un nuevo debate  propio  de  la  instancia,  frente a otra manera de entender y sopesar el acopio  probatorio  que  fue  incorporado  en el momento oportuno y que ya fue objeto de  controversia durante las fases de instrucción y juzgamiento.   

Esa   defectuosa   postulación   permite  verificar  que  la  pretensión  subyacente consiste en que la Sala de Casación  Penal   realice   una   nueva  estimación  del  conjunto  probatorio,  cometido  incompatible  con  la  causal  de  revisión seleccionada, y que a estas alturas  resulta del todo impertinente.   

En  ese  orden  de  ideas,  la  demanda  de  revisión será inadmitida.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  Inadmitir la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado de LUIS ALBERTO ECHEVERRY  ARANGO.   

2.  Contra  el  presente  auto  procede  el  recurso  de  reposición  en  los  términos de los  artículos   171,  176,  186,189  y  223  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley        600       de       2000).   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                           ALFREDO GÓMEZQUINTERO    

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS          AUGUSTO  J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1. Auto  de junio 27 de 2007, radicación 27256.   

2. Auto  de 31 de agosto de 2005, radicación 23922.     

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