29698(08-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 29698  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°256  

Bogotá. D.C., ocho (08) de septiembre de dos  mil ocho (2008).   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   revisión   presentada  por  el  apoderado  de  JORGE  ORLANDO  GUERRERO  CARRERA contra la  sentencia  dictada  el  3  de  mayo de 2007 por la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  que  no casó la proferida el 31 de julio de  2006  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá, y confirmó la del  Juzgado  11 Penal del Circuito de la misma ciudad, y, en consecuencia, a la pena  principal  de 37 años y 6 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20  años, como autor del delito de homicidio agravado.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. En sede de casación, la Corte reprodujo la  cuestión  fáctica, que había sido sintetizada por la segunda instancia en los  siguientes términos:   

“Los hechos a los  cuales  se  refiere  este asunto tuvieron ocurrencia aproximadamente a las 22:00  horas  del  viernes  29 de julio de 2005 en la residencia ubicada en la diagonal  85A    N°    23-28,    barrio   Polo   Club   de   esta   ciudad   (Bogotá),  lugar donde habitaba William  Adolfo   Guerrero   Carrera   en   compañía   de   su   hermano   Jorge   Orlando  Guerrero  Carrera.  Por  desavenencias  derivadas  del  resultado de la sucesión de su padre sostuvieron  una  discusión  que  terminó  en  disputa  física  de  la cual William Adolfo  falleció  a  consecuencia  de  las múltiples lesiones recibidas con arma corto  punzante,    propinadas   por   su   hermano   Jorge  Orlando”.   

2.  La audiencia  preliminar  fue celebrada el  31  de  julio  de  2005.   En  ella la fiscalía formuló imputación contra  JORGE   ORLANDO   GUERRERO   CARRERA   en   calidad  de  autor  del  delito  de  homicidio     agravado.     En    la    misma  diligencia  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de detención domiciliaria,  que    posteriormente  fue  variada  a     detención    en    centro    de  reclusión.   

3.  El  escrito  de  acusación fue  presentado el 26 de agosto siguiente  y   la   formulación   de   la   misma  fue  realizada  ante  el Juzgado Once Penal del Circuito de Bogotá  en  audiencia llevada a cabo  el  19  de  septiembre  del  mismo año.   

4.   La  audiencia preparatoria  se  surtió  el  4  de  octubre de 2005, y  el  21  del  mismo  mes  se  realizó  la  audiencia  del juicio  oral.   

5. La sentencia fue proferida el       2       de      noviembre      siguiente,      condenando      a      JORGE  ORLANDO  GUERRERO CARRERA a la pena  principal  de 37 años y 6 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el término 20 años,  como autor del punible de homicidio agravado.   

6.  Apelada  la decisión por la defensa, fue  confirmada  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, el 31 de julio  de 2006.   

7.  El ministerio público interpuso recurso  extraordinario  de  casación que fue fallado en sentencia del 3 de mayo de 2007  en   el   sentido  de  no  casar  la  sentencia  de  segundo  grado.   

LA  DEMANDA   

Sin  indicar  la  causal  en que se apoya, el  apoderado     de     JORGE     ORLANDO     GUERRERO  CARRERA  hace  un  relato  particular de los hechos que motivaron su investigación  y juzgamiento.   

Así    mismo,  solicita    la    admisión    del   “recurso” y la concesión de la libertad  provisional  del  condenado,  por  cuanto  en el proceso seguido en su contra se  violaron  los  artículos 29, 33 y 250 de la Constitución Política y 282 de la  Ley  906  de  2004, ya que nunca se le permitió rendir una declaración, pese a  haberlo solicitado.   

De  igual  manera, aduce que en el proceso se  incurrió  en nulidad, conforme a lo previsto en el inciso 3º del artículo 306  de  la  Ley  600  de 2000, por vulneración del derecho de defensa, toda vez que  “no  se permitió controvertir las impugnaciones de  los      testigos      y     descargos     ni     declaraciones     (sic)”.   

De  otra  parte,  dice  que  “no    se    le    contempló    la   defensa   personal”    para    procurar    la    prevalencia   del   “interés  personalísimo  a la vida”, al  tenor  de  lo  establecido  en  el  artículo  290  de la Ley 906 de 2004.   Tampoco  se  valoraron  las  evidencias  físicas  y materiales del lugar de los  hechos   que   “deslumbraron  la  realidad  de  los  acontecimientos”.   

Estima     que    el    “principio  de  objetividad” establecido  en  el  artículo  115  de  la  Ley 906 de 2004 “fue  totalmente   equívoco”  porque  no  se  adecuó  la  actuación    a    un    criterio    “objetivo   y  transparente” ya que no se allegaron “pruebas  ni  datos” de su representado,  limitándose     a     condenarlo     con    fundamento    en    “evidencias    imaginarias”    y   los  testimonios  de  los  consanguíneos  del  occiso,  los  cuales  son falsos pues  “no  existe  ningún  nexo  de causalidad entre sus  dichos     y    los    hechos    de    aquella    noche    fatídica”.   

Si  los elementos materiales probatorios y la  evidencia          física         hubieran         sido         “realiza[dos]  adecuadamente,  embalados  técnicamente  y  sometidos  a  condena  (sic)     de     custodia”,     la    realidad    de    los    hechos    podría    haberse  conocido.   

En  similar  sentido  señala  que  i)  no se  pudieron  practicar  pruebas técnicas, científicas y testimoniales a favor del  condenado  y,  ii)  no  se realizaron actuaciones procesales que condujeran a un  juicio justo e imparcial.   

Cuestiona  el  procedimiento de una audiencia  –no  indica cuál- porque  no  se  efectuaron descubrimientos de elementos probatorios que conllevaran a la  certeza  del  hecho punible y a la responsabilidad plena de su poderdante.    

Señala  que  tampoco  se  le  permitió  al  condenado  “realizar  alegatos de contradicción de  circunstancias     que     se     alejaban     de     la    realidad”.   

Explicó  que  en el proceso no se valoró si  JORGE   ORLANDO   GUERRERO   CARRERA   actuó   dentro   de   alguna  causal  de  justificación,  considerando  que  siempre  manifestó  que  creyó  actuar  en  defensa  de  un  derecho  propio.   Tampoco  se  evaluó  si la conducta la  ejerció    en    condiciones    de    ira   e   intenso   dolor   o   si   hubo  preterintención.   

Concluyó lo siguiente:  

“El  juez a quo  mostró  una  posición  siempre pasiva frente al proceso y atenido (sic)   únicamente   a   las   pruebas  allegadas  y  (sic)  obró  como  un  árbitro  teniendo  este  (sic)  todas  las  facultades  y  poderes  para  ahondar en los hechos y  hacerse  una  mejor  apreciación  de las circunstancias de tiempo, modo y lugar  (sic)  lo  que  es  clara  (sic)  la  violación  al  debido      proceso      pues     la     máxima     de     que     (sic):  nadie  puede  ser  condenado sin  haber  sido  OÍDO y vencido en juicio”, se violó flagrantemente por la misma  justicia  generando  una  condena  tan  grave  y tan alta.  Esta máxima es  absoluta   para   el  caso  concreto  y  todos  los  demás  casos  (sic)   semejantes   y   no   relativa  (sic) referente a la falta  de   defensa   técnica.  Por  que  (sic)  por  encima de cualquier formalismo procesal está la objetividad  histórica,  la  verdad  verdadera  (sic)  de los hechos y el alcance de los motivos que tenían los actores  la noche de marras”.   

Finalmente,  adujo  que  el  juzgador  no fue  objetivo  y  se  dejó  llevar por lo persuadido de los dictámenes de medicina,  desconociendo con ello el principio de contradicción.   

CONSIDERACIONES   

1. Problema jurídico.  

La  Sala  debe verificar si la demanda reúne  los  presupuestos normativos previstos en el artículo 222 de la Ley 600 de 2000  para  ejercer  la  acción  de  revisión.   De  igual  manera,  habrá  de  determinar  si  la  admisión  de  la  misma  es viable atendiendo los supuestos  fácticos  enunciados en el libelo, conforme a las previsiones del artículo 220  ibídem.   

2.  Carencia  de requisitos de procedibilidad  para ejercer la acción de revisión.   

Los  presupuestos  normativos previstos en el  artículo  222  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000) son de  ineludible  cumplimiento  para  el  ejercicio de la acción de revisión, siendo  claro  que  sin  la plena acreditación de los requisitos exigidos por la norma,  no es posible la admisión de la demanda.   

Corresponde  al accionante, entonces, indicar  cuál  es la actuación cuya revisión se reclama, los juzgadores intervinientes  en  la  misma,  las  conductas  punibles investigadas y juzgadas, las decisiones  censuradas,  la causal invocada, los fundamentos de hecho y de derecho en que se  funda  la  acción,  así  como la relación de pruebas aportadas para demostrar  los supuestos fácticos en que se apoya la petición.   

Como  anexos  ineludibles, el accionante debe  aportar   las  copias  de  la  sentencia   de   primera   y   segunda    instancias    con     la     respectiva  constancia de ejecutoria y las pruebas enunciadas.   

En  el caso objeto de estudio, fácilmente se  advierte  que  la demanda no cumple las exigencias mínimas mencionadas, pues el  demandante  no  allegó copia de las sentencias de primera y segunda instancias,  y  mucho  menos  aportó,  el  fallo  proferido por esta Corporación en sede de  casación1.   

Así mismo, dejó de invocar la causal en que  funda  su  petición y tampoco presentó algún razonamiento de orden fáctico o  jurídico  orientado  a  la demostración de alguna de las causales previstas en  el  Estatuto Procesal Penal para dar lugar a la revisión de la actuación en el  caso concreto.   

En este punto, pertinente resulta recordar que  la  acción  de  revisión  es  de  naturaleza  rogada  y  está  regida  por el  principio de limitación que  impide  a  la  Corte  suponer  la  causal  que soporta la acción y el contenido  fáctico   y   jurídico   de   la  réplica,  debiendo  atender  solamente  los  planteamientos expuestos en la demanda.   

El  accionante  se  limita  a  formular  una  crítica  generalizada  de  la actuación procesal y de la valoración impartida  por  los  funcionarios  judiciales a las pruebas recaudadas, fundamentalmente la  testimonial,  presentando  una  apreciación  subjetiva  de ellas, lo cual torna  improcedente  la  acción,  por  no  cumplir  las  exigencias  del artículo 222  ibídem.   

Debe    recordarse    que   el   carácter   extraordinario  de  este  mecanismo  extraordinario  descansa  en  la  posibilidad  de  remover la ejecutoria material y el efecto de  cosa  juzgada  recaídos  sobre una sentencia cuya legalidad no se discute, pero  que  fue  proferida  generando  una  situación  de  injusticia en su dimensión  positiva.   

En  ese  orden,  la  demanda  no  puede  ser  admitida,  pues  es  inaceptable  que  a  partir  de un escrito que abandona los  principios  de  claridad  y  precisión,  similar a un alegato de instancia, se pretenda desconocer el valor  suasorio  otorgado por los juzgadores a los medios de convicción incorporados a  la  actuación,  así  como el efecto de cosa juzgada, derivado de la ejecutoria  formal  y  material  de  la  sentencia de segundo grado, la cual tiene carácter  intangible.   

Y  es  que ni siquiera la petición formulada  por  quien apodera al condenado, respeta la naturaleza fundamental de la acción  de  revisión,  ya  que  simplemente  reclama  la  admisión  de la demanda y la  concesión  de  la  libertad provisional de su representado, omitiendo proponer,  como  le  correspondía,  la  respectiva  pretensión  de  fondo,  esto  es,  la  revisión de la actuación.   

En  similar  orden, en confuso y deshilvanado  escrito  el  accionante  acude  a la denuncia de la supuesta vulneración de los  derechos  al  debido  proceso  y  a  la  defensa  del  condenado,  a proponer la  existencia  de nulidad de la actuación por la imposibilidad de controvertir los  testimonios  de  cargo, a postular un defecto sustantivo derivado de la falta de  aplicación  al  caso concreto de alguna de las causales de justificación de la  conducta  punible,  desatendiendo  que la acción de revisión no está prevista  para  revivir  debates probatorios superados en el proceso, o para desconocer el  aludido  carácter  intangible  del  fallo  que  hizo  tránsito a cosa juzgada,  máxime  cuando  el  actor no presenta razones fundadas para cuestionar el grado  de certeza material en la decisión de responsabilidad penal.   

Si fuera necesario se podría agregar que las  pruebas   aportadas   con  la  demanda,  alusivas  a  la  demostración  de  las  diferencias  personales sostenidas entre los hermanos GUERRERO CARRERA, sugieren  que  lo  pretendido  era  intentar la revisión por la ruta de la causal tercera  que  prevé  la  procedencia  de  la  misma  “cuando  después  de la sentencia condenatoria aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan  la inocencia del  condenado, o su inimputabilidad”.   

Pero,  cuando de invocar tal causal se trata,  la  Sala  consistentemente  ha  venido  sosteniendo  que  corresponde  al censor  exponer  hechos  o  pruebas nuevas surgidos con posterioridad a la ejecutoria de  la  sentencia  que  no  fueron  conocidos  en el trámite ordinario del proceso,  demostrando  que  los primeros son ciertamente relevantes y se encuentran atados  a  la  conducta  punible  materia  de  investigación  y  juzgamiento y, que las  segundas  son  idóneas para determinar con certeza la inocencia del procesado o  su inimputabilidad.   

No  basta  entonces,  con  postular  hechos o  pruebas  nuevas  desconocidos  dentro  de  la  actuación,  sino que ellos deben  respetar  el  principio  de trascendencia,  de  tal  forma que se demuestre que de haber sido develados en su  oportunidad,  la  decisión  de  condena emitida por el juzgador habría variado  sustancialmente.   

De la simple lectura del texto de la demanda,  es  posible  establecer  el  cabal  desconocimiento  por  parte del actor de los  presupuestos  que  rigen  la  revisión,  así  como  de  los  más  elementales  institutos  del  derecho  penal, toda vez que además de confundir esta clase de  acción  con un “recurso”  propio  de  una  actuación no ejecutoriada, alude impropiamente a figuras tales  como  la  legítima  defensa  y  la  cadena  de  custodia  y  expresa  inconexos  planteamientos  que  aparentemente  contienen  reproches fácticos que no tienen  relación  alguna con alguna de las causales previstas en el artículo 220 de la  Ley 600 de 2000.   

Como   ningún  ejercicio  intelectivo  fue  propuesto  por  el  accionante  en  orden  a fundamentar alguna de las referidas  causales, es manifiesta la improcedencia de la solicitud invocada.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir la  demanda    de   revisión   presentada   a   favor   del   señor   JORGE          ORLANDO          GUERRERO         CARRERA.   

Segundo. Contra esta  decisión procede el recurso de reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Magistrado  

FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA                             LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ   

                    Conjuez                                                                             Conjuez   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ                         DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN   

                    Magistrado                                                                            Conjuez   

SOLEDAD  CORTES  DE VILLALOBOS                                 ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

                    Conjuez                                                                                 Magistrado   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS      LUIS GONZALO VELÁSQUEZ  POSADA   

                    Magistrada                                                                                 Conjuez   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Ver  sentencia del 3 de marzo de 2007. Radicado 26.467.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *