29313(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29313   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº.152  

Bogotá,  D.C., diez (10) de junio de dos mil  ocho (2008).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos   y   argumentativos   expuestos   por   el  defensor  de  Jaime  Alexander Reinoso Osorio, con el fin  de  resolver  sobre la admisión de la demanda de casación presentada contra la  sentencia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, que confirmó  parcialmente  la  dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de esa  ciudad,  y  lo condenó como coautor del punible de homicidio en la modalidad de  tentativa.  Cesó  procedimiento  en  su  favor  respecto del delito de lesiones  personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En   la   madrugada   del   3  de  diciembre  de  2001  Jaime  Alexander  Reinoso  Osorio, luego de  lanzar  piedras  al  techo  de  la  residencia de la familia Castellanos Gahona,  ubicada   en   el   barrio   “La   Gaviota”  de  Ibagué,  huyó  del  lugar para refugiarse en la casa de  su  hermana.  Instantes  más  tarde regresó en compañía de su hermano Eduard  Johan con quien continuó apedreando la vivienda.   

Con el fin de enfrentar la situación salieron  del  inmueble  Esther  Castellanos  y Miguel Ángel Carrillo, momento en el cual  Eduard  Johan  disparó  en  contra  de  la primera la escopeta que portaba y le  causó  heridas  que  ameritaron  incapacidad  definitiva de 35 días y secuelas  consistentes   en   deformidad   física  que  afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente.  Una  de las esquirlas alcanzó a Miguel Ángel en el brazo derecho,  que le generó incapacidad definitiva de 45 días, sin secuelas.   

2.  El  14  de  mayo  de 2002 la Fiscalía 10  Seccional   de   Ibagué  profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de  Jaime    Alexander   Reinoso   Osorio   y  Eduard  Johan  Reinoso Osorio como presuntos coautores del delito  de  homicidio  tentado  en  concurso con lesiones personales culposas y daño en  bien   ajeno1.    Esa    decisión    cobró    ejecutoria    el   30   de   mayo  siguiente.   

3.  Agotada  la audiencia pública el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Ibagué,  en sentencia del 26 de noviembre de  2004,  los  condenó  a  126 meses de prisión y al pago de perjuicios morales y  materiales,  al  hallarlos  penalmente responsables, en calidad de coautores, de  los  delitos  de  homicidio tentado y lesiones personales. Cesó procedimiento a  su favor por el delito de daño en bien ajeno.   

No  concedió  suspensión  condicional de la  pena       ni       prisión       domiciliaria2.   

La  decisión  fue apelada por el defensor de  ambos  procesados,  quien  luego  desistió respecto del recurso de Eduard Johan  Reinoso  Osorio.  El Tribunal  Superior  de  Ibagué  aceptó  el  desistimiento  y  dispuso la devolución del  expediente al juzgado de origen.   

4. Frente a la remisión de la actuación sin  resolver   la   alzada   de  Jaime  Alexander  Reinoso  Osorio,  su  defensor  interpuso acción de tutela. La  Sala  de  Decisión  de  Tutelas Nº 2 de esta Sala de Casación, en providencia  del     13     de     septiembre     de     20073,  amparó  sus  derechos  a la  defensa  y  al  debido  proceso,  y  ordenó  al  Tribunal pronunciarse sobre la  misma4.   

5.  En  fallo  del  4  de  octubre de 2007 el  Tribunal  Superior  de  Ibagué declaró prescrita la acción penal respecto del  delito  de  lesiones  personales,  cesó  procedimiento  por  esa conducta y, en  consecuencia,  modificó la pena impuesta para fijarla en 81 meses y 17 días de  prisión.  Revocó  la  condena  en  perjuicios  por  las  lesiones personales y  confirmó en lo demás.   

Hizo  extensiva  la  decisión a Eduard Johan  Reinoso  Osorio5.   

LA DEMANDA  

El defensor de Jaime  Alexander  Reinoso  Osorio  ataca  el fallo de segundo  grado al amparo de dos causales de casación, que sustenta así:   

Primera: Violación  directa  por interpretación errónea del artículo 29,  inciso  2º  de  la  Ley  599  de  2000,  en  concordancia con el 6 ibidem.   

El juez de primer grado dedujo con certeza el  compromiso  de  los  hermanos  Reinoso  Osorio  en  la  conducta de tentativa de  homicidio  porque  a  pesar  de que uno de ellos realizó el disparo, obraron de  manera   conjunta.   El   Tribunal,  por  su  parte,  sostuvo  que  Jaime  Alexander  fue el provocador de los  hechos.   Los   falladores   destacaron   que  varios  testigos  escucharon  que  Jaime  Alexander  instaba  u  ordenaba  a  Eduard  Johan  para  que  disparara en contra de los miembros de la  familia Castellanos.   

Luego   de   recordar   aspectos  sobre  la  coautoría,  señala  que  el  yerro consistió en que su prohijado no concertó  ningún  plan  criminal  y  su  presencia  en el lugar no puede catalogarse como  condición   esencial   para   ejecutar   la  conducta,  en  cuanto  no  prestó  colaboración  eficaz  para  realizar el disparo. Éste fue un acto propio de su  hermano  Eduard  Johan, y el supuesto hecho de haber escuchado palabras soeces e  intimidantes  por parte de Jaime Alexander no  son  determinantes  para  que  aquél accionara el arma, máxime  cuando   su   defendido   se   encontraba   bajo   la   influencia   de  bebidas  embriagantes.   

Segunda: Violación  indirecta  por  falta de aplicación del artículo 238  de la Ley 600 de 2000.   

Los  jueces dejaron de valorar en conjunto el  acervo  probatorio,  pues  no  tuvieron  en  cuenta  la  contradicción  en  que  incurrieron los testigos de descargo.   

Ricardo  Castellano  Gahona  manifestó  que  escuchó  el  disparo  pero  no  estuvo  presente.  Blanca Nieves García Ortiz,  Sandra  Liliana Reinoso Osorio, José Rullardit Montaña Aponte, Serafín López  Pineda  y  Liliana Aldana silva afirmaron que tampoco presenciaron cuando Esther  fue  herida y no les consta que su prohijado haya prestado ayuda a su hermano ni  que  hiciera  manifestaciones  verbales  dirigidas  a  que lo “matara”. Esas  palabras    surgen    de    “simples    especulaciones”   del   a-quo  y  tampoco se pueden extraer de lo  declarado  por  Miguel  Ángel Carrillo y Esther Castellano Gahona. Esta última  expresó   no   estar   segura  que  su  defendido  hubiese  dado  la  orden  de  disparar.   

Aclara  que los testimonios no se valoraron a  la  luz  de la sana crítica y por ello se incurrió en falso raciocinio, porque  de    sus    dichos   no   se   puede   extraer   la   responsabilidad   de   su  representado.   

Solicita se case la sentencia cuestionada y en  su lugar se dicte una de carácter absolutorio.   

LAS CONSIDERACIONES  

1. Cuestión previa  

Debe advertirse que aunque algunos magistrados  de  la Sala suscribieron la sentencia de tutela del 13 de septiembre de 2007, no  concurre  causal  alguna  de  impedimento  porque  en esa ocasión no se emitió  pronunciamiento    en    relación    con    el    fondo    del   asunto   penal  planteado.   

En  efecto,  la  Sala de Decisión de Tutelas  amparó  los derechos de Jaime Alexander Reinoso Osorio  por la decisión del Tribunal de no agotar el trámite  de  segunda instancia frente a la apelación formulada por su defensor contra el  fallo de primer grado, y ordenó pronunciarse sobre el recurso.   

2.  El  incumplimiento  de  los  requisitos  formales de la demanda   

La Corte inadmitirá la demanda presentada por  las siguientes razones:   

Causal     primera.     Violación directa por interpretación errónea.   

2.1. Cuando se acude a este motivo de censura  el  actor  debe  indicar  si  el  error tuvo lugar por falta de aplicación, por  aplicación  indebida  o por interpretación errónea de una norma sustancial y,  por  consiguiente,  señalar  las  disposiciones que resultaron infringidas. Los  argumentos  deben dirigirse única y exclusivamente a demostrar la equivocación  en  que  incurrió  el  fallador  de segundo grado al aplicar la normatividad al  caso  concreto  y  el  estudio  debe  centrarse  en  un  análisis estrictamente  jurídico de la sentencia.   

No  es  viable,  al  amparo  de  esta causal,  discutir  aspectos relativos a la valoración probatoria o a la forma en que los  hechos  fueron  considerados por los fallos de instancia, en tanto que el censor  debe aceptarlos tal como se consignaron.   

Si  el  yerro ocurrió por la interpretación  errónea  de  la  norma,  el casacionista no puede cuestionar el equívoco en la  escogencia  del  precepto  sino  que  debe admitir como correcta la selección y  adecuación  de  la  misma  por  parte  del  juez.  Su reproche debe dirigirse a  demostrar  cómo  al  interpretar  esa  normativa  el  fallador  le atribuyó un  sentido  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos  distintos  o  contrarios  a su  contenido.   

2.2.  En  ese  orden  de  ideas,  es clara la  imprecisión  del  demandante  porque  sus planteamientos van dirigidos a que se  declare    que   Jaime   Alexander   Reinoso   Osorio  no  ostenta  la calidad de coautor porque no concertó  un  plan  criminal  ni  prestó  colaboración  eficaz para realizar el disparo.  Olvidó  que  los  fallos  de condena descansaron justamente en el compromiso de  los  hermanos  Reinoso  Osorio  en  realizar  la  conducta  punible de homicidio  tentado, de donde se predicó la coautoría.   

En  efecto,  en el fallo de primer grado, tal  como  surge  de  la  reseña  hecha  por el actor en su libelo, se reconoció el  “compromiso”   de   Jaime  Alexander  y  Eduard  Johan  en  el  comportamiento  delictivo, y claramente se  expuso  que  ambos  realizaron el hecho punible de manera conjunta en razón del  fin  concertado.  Así  mismo,  que fue Jaime Alexander  quien  con  sus palabras “instaba u ordenaba” a su  hermano  Eduard Johan para que disparara, y cómo esas expresiones denotaron que  entre los acusados “existió” un mismo designio criminoso.   

El  Tribunal,  tal  como  lo  revela la misma  demanda,  consideró  que  la  realidad  probatoria “muestra a JAIME ALEXANDER  REINOSO OSORIO, como el provocador de los hechos”.   

Lo  anterior  evidencia  el  desacierto  del  censor,  en  cuanto  no  acepta  en  forma  incondicional la realidad fáctica y  probatoria  declarada  en las instancias y se percibe su desacuerdo con la norma  elegida por el juzgador.   

Sus  argumentos resultan totalmente ajenos al  alcance  y  naturaleza  de  la  causal  invocada,  con  lo  cual  desconoce  los  requisitos    de    claridad   y   precisión   exigidas   para   demostrar   el  cargo.   

La  Sala observa que, en esencia, su reproche  va  dirigido a descalificar las inferencias y razonamientos que el fallador hizo  sobre  la  participación  de  su prohijado en los hechos, por lo que, sin duda,  equivocó  el  sendero de censura. Debió escoger, entonces, la causal indirecta  para  ahí  sí  hacer  un  debate  sobre  la forma en que fueron apreciadas las  pruebas.   

Por otra parte, el demandante deja entrever su  intención  de  buscar  una  causal  de  inimputabilidad,  al  sostener  que  su  defendido  se  encontraba bajo los efectos de bebidas alcohólicas, pero la vía  directa  no  es  la indicada para realizar esos cuestionamientos, máxime cuando  el  Tribunal  condenó  por  un delito doloso para cuya realización se requiere  conciencia  y  voluntad, elementos que fueron reconocidos por las instancias. Es  más,  no  demostró  cómo  con  las pruebas obrantes en el plenario se podría  verificar esa causal.   

Segundo      cargo:      Violación  indirecta.   

2.3.  Quien  acude a esta causal de casación  debe  indicar  en  forma clara si el equívoco en la valoración probatoria tuvo  ocurrencia   por   un  error  de  hecho  o  de  derecho, y  precisar  en  qué consistió. La manifestación genérica consistente en que el  fallador  dejó  de  valorar  en conjunto la prueba, o que no se percató de las  contradicciones  en  que incurrieron algunos de los declarantes, no es propia de  una demanda de casación.   

La  claridad  y  precisión  del  libelo  son  imprescindibles  para  que  la  Sala  pueda admitirlo, en cuanto ello le permite  conocer  la  verdadera inconformidad del recurrente. Es imperioso, entonces, que  los   cargos  se  formulen  de  manera  ordenada,  lógica,  que  se  encuentren  debidamente sustentados y que no se excluyan entre sí.   

2.4.  En  esta ocasión el casacionista omite  expresar  en  forma  diáfana  si  el  error  fue de hecho o de derecho, y si el  primero   tuvo  lugar  por  falso  juicio  de  identidad,  de  existencia  o  de  raciocinio.  No obstante, de lo consignado en la parte final de su escrito puede  entenderse  que  el yerro se generó por un falso raciocinio. Empero se queda en  el  mero enunciado porque olvidó señalar cuál fue la regla de la experiencia,  el   principio   de  la  ciencia  o  el  postulado  de  la  lógica  ignorado  o  indebidamente  aplicado  y  que  condujo  al Tribunal a otorgarle a la prueba un  mérito  persuasivo  distinto  al  que  en  realidad  le  correspondía. Tampoco  refirió  cuáles  de  esas  reglas  se debieron aplicar ni tampoco demostró la  trascendencia del equívoco en el sentido de la sentencia.   

El  principio  de  limitación  que  rige  la  casación  impide  que  la  Corte  rehaga  la  demanda con el fin de superar las  deficiencias del actor.   

Adicionalmente,  importa  destacar  que  este  último  cargo  resulta  totalmente  contradictorio con el de violación directa  planteado  inicialmente. Ya se dijo que quien opta por la vía directa es porque  se  encuentra  inconforme  con  la  aplicación  de la ley, pero no tiene reparo  alguno  en  cuanto  a  los hechos y a la valoración probatoria, tal como fueron  aceptados  y  demostrados  por  el  Tribunal.  En ese orden, el casacionista, al  atacar  la  sentencia  por violación directa e indirecta a la vez, desconoce el  principio de no contradicción.   

Las  múltiples  imprecisiones  advertidas no  permiten admitir los cargos formulados.   

Por  la  prescripción  ocurrida  antes  de  proferirse  el  fallo  de  segunda instancia, se ordenará compulsar copias a la  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura para lo  de su cargo.   

2.5.   Finalmente,   la  Sala  ha  revisado  íntegramente   la  actuación  y  no  ha  encontrado  causales  de  nulidad  ni  flagrantes  violaciones  de  derechos fundamentales, razón por la cual no puede  penetrar al fondo del asunto oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor de Jaime Alexander Reinoso  Osorio.   

Segundo.  Por  la  Secretaría  de  la  Sala,  compúlsense  las  copias  a  la  Sala Jurisdicción  Disciplinaria  del  Consejo Superior de la Judicatura, conforme a lo expuesto en  las motivaciones de esta providencia.   

Tercer. DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                   AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                       YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS    

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Folios 242 a 256 del cuaderno Nº 1.   

2  Folios 109 a 126 del cuaderno Nº 2.   

3  Radicado 32.996.   

4  Folios 49 a 56 del cuaderno del Tribunal.   

5  Folios 58 a 74 del cuaderno del Tribunal.     

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