29312(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29312   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 119.  

Bogotá  D.C.,  mayo quince (15) de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Acomete la Sala el examen de los requisitos  de  logicidad  y  apropiada sustentación del libelo de casación presentado por  la   defensora   de   DIEGO   ALONSO  HENAO  GIRALDO  contra  el  fallo  de  segundo  grado  dictado por el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  23 de octubre de 2007, a través del cual  condenó  al  mencionado  ciudadano como autor penalmente responsable del delito  de  acceso  carnal  violento,  providencia  que revocó la sentencia absolutoria  proferida  el 7 de junio del referido año por el Juzgado Veinticuatro Penal del  Circuito de la misma ciudad.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente  a las 7:30 de la noche del  21     de     diciembre     de     2006,     la     menor    L.P.C.B*1,  de  15  años  de  edad, entabló conversación con DIEGO   ALFONSO   HENAO   GIRALDO  quien  conducía  un  taxi en el barrio Manrique de Medellín, el cual le manifestó la  llevaría  en compañía de dos primas de ésta a la residencia de aquellas. Una  vez  allí  la  invitó  a  comer helado, pero la llevó a su casa ubicada en el  barrio  Boston,  donde  ingresaron a una habitación y él colocó una película  pornográfica.  Entonces, la niña le solicitó apagara el televisor y trató de  irse,  pero  HENAO  cerró  bruscamente  la  puerta  y,  aduciendo  que  de  no someterse a sus pretensiones  sexuales  abusaría  de  ella  junto  con otros individuos, consiguió accederla  oral  y  vaginalmente,  para  luego  llevarla  a  la residencia de los padres de  ésta,  donde  la  menor  contó  a  una  prima  lo  sucedido, quien a la postre  informó  a  la  progenitora  de  la  víctima  del  acontecer  motivo  de  este  diligenciamiento.   

En  audiencia preliminar con pretensión de  orden  de  captura  el  Juzgado  Treinta  y Ocho Penal Municipal con función de  control  de garantías de Medellín ordenó el 11 de enero de 2007 la captura de  DIEGO ALONSO HENAO. El día  15  de los  mismos mes y año el Juzgado Treinta de   

la referida especialidad impartió legalidad  a  la  captura del incriminado. La Fiscalía le imputo la comisión del concurso  de  delitos  de  secuestro  simple,  acceso  carnal  violento y constreñimiento  ilegal,  la cual no aceptó. En la misma oportunidad le fue impuesta a instancia  del  ente  acusador medida de aseguramiento de detención preventiva sin derecho  a libertad provisional.   

         El   30  de  enero  de  2007  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  contra  el  incriminado  por  la  comisión  de las mismas conductas  planteadas en la audiencia de formulación de imputación.   

Culminada  la  fase  del  juicio  oral,  el  Juzgado  Veinticuatro  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de  Medellín  profirió  fallo el 7 de junio de 2007 por medio del cual absolvió a  DIEGO  ALONSO HENAO GIRALDO  por  el  concurso  de delitos objeto de acusación, providencia impugnada por el  Defensor  de Familia en su condición de representante de la víctima, así como  por la Fiscalía.   

El  Tribunal Superior de Medellín decidió  mediante  sentencia  del  23  de octubre de 2007 revocar la absolución y, en su  lugar,  condenar al acusado a la pena principal de ciento veintiocho (128) meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  delito  de  acceso carnal violento. En la misma decisión le negó la condena de  ejecución  condicional,  así  como  la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

Entonces, la defensora interpuso recurso de  casación  contra el proveído del ad quem y allegó la correspondiente demanda en tiempo.   

EL LIBELO  

Al amparo de la causal tercera de casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, la recurrente afirma que  el  Tribunal  violó  indirectamente la ley sustancial al incurrir en errores de  hecho al momento de ponderar las pruebas.   

         En  el  desarrollo  del  reproche y en punto de la ponderación del  testimonio  del  médico  legista afirma: “Dentro de  la  construcción  de la lógica se observa en el caso presente que L.P. y DIEGO  ALONSO  se  conocieron  a eso de las 19:30 horas del 21 de diciembre de 2006, la  menor  fue  examinada  por  el  legista  a  las  4:00 horas del 22 de diciembre,  habiendo  transcurrido  nueve  horas y media entre los dos momentos mencionados.  Si    el    médico    legista   manifiesta   que   el   desgarre   ‘fue producido en las últimas 24 a 48  horas’ no está dando la  posibilidad  de  que haya sucedido antes de las 24 horas porque de ser ello así  no  hubiere  tenido la necesidad de mencionar el margen aludido, lo que si no se  controvierte   es   que   el   desgarro   tiene  una  evolución  menor  a  diez  días”.   

         En  la comisión del delito de acceso carnal violento, agrega, debe  mediar  una relación causal entre la fuerza ejercida y la relación sexual, por  tanto,  al  observar  los  videos  “puede verse con  claridad  que  DIEGO ALONSO HENAO GIRALDO, es una persona de contextura delgada,  sin  rasgos  que lo identifiquen como musculosa, sin características propias de  ‘un violador’ para dominar a su víctima a través  de  la  fuerza  física.  L.P. también puede ser observada en los videos, no se  percibe  que ella sea una adolescente frágil ni física ni psíquicamente (…)  es  una  persona  común  y  corriente,  ella  como  los  jóvenes de su edad ha  recibido  información  no  sólo  en  su  hogar, sino también a través de los  medios  de  comunicación,  en  el  lugar donde estudia, acerca de la educación  sexual,  los  peligros  que  puede  correr  cuando  un  desconocido se le arriba  (sic)”.   

         Si  la  víctima  estuvo  algunos  momentos  sola en la habitación  donde  tuvieron  ocurrencia  y sin el apremio del procesado, tuvo oportunidad de  llamar  a  través  de su celular a la Policía Nacional o alertar a su familia,  pero no procedió a ello.   

         Con   fundamento  en  lo  expuesto,  la  casacionista  concluye  no  demostrada  suficientemente  la  comisión  del  delito investigado pro parte de  DIEGO  ALONSO  HENAO y, por  ello,  reclama  la  aplicación del principio in dubio  pro  reo como desarrollo del derecho a la presunción  de inocencia.   

Finalmente, señala como normas violadas los  artículos  31  y  205 de la Ley 599 de 2000 por aplicación indebida, así como  el  artículo  7º de la Ley 906 de 2004 y el 29 de la Carta Política por falta  de aplicación.   

         A  partir  de los anteriores planteamientos, la impugnante solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  impugnado,  para  en  su lugar proferir sentencia  absolutoria a favor de su patrocinado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si  bien  en  la  Ley  906  de  2004  no se  distingue  entre  recurso de casación por la vía común y por la discrecional,  en  cuanto  se  marginó  la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito  para  acceder  a  dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente demostrar el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo cual exige contar con  interés   para   impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del  recurso y demostrar la necesidad del fallo de casación para  cumplir  alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo 180,  esto  es,  la  efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  so pena de resultar inadmitido el libelo,  según       lo       dispone       el      artículo      184      ejusdem.   

         Ahora,   en   la   constatación  sobre  las  exigencias  de  admisibilidad de las demandas de  casación,   es   deber   de   la   Sala  verificar  en  la  formulación de los  reparos    el   cumplimiento   de   los   requisitos  lógicos  y  de  pertinente  fundamentación definidos  por   el   legislador   y  desarrollados  por  la  jurisprudencia,  con   el   indeclinable   propósito  de  evitar la mutación de este  recurso  extraordinario  en  una  instancia  adicional  a  las  ordinarias.  Tales  exigencias  se orientan a  conseguir    el    desarrollo    de    los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la  postulación   y   demostración   de   los   cargos   propuestos,  en    cuanto   resulten   inteligibles,   esto   es,   precisos   y   claros,  pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  reglada  de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Advertido  lo  anterior,  sin  dificultad  observa  la  Sala  que  en  este  asunto  la censora no se acoge a las referidas  reglas  para  atacar el fallo condenatorio proferido contra su asistido, pues si  bien  invoca  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, no encamina su  discurso  a  señalar  los errores sobre la apreciación de las pruebas, pues se  limita  a  exponer  su  particular, indemostrada y fragmentaria ponderación del  dictamen  médico legal y las declaraciones del galeno y de la víctima, además  de  ensayar  cotejarla  con  la apreciación judicial de tales pruebas, proceder  inadmisible  en  sede  de  este  escenario  extraordinario,  no  instituido para  prolongar  el  curso  de  las  instancias,  dada  la  presunción  de  acierto y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra  revestido  el  fallo, sino para señalar  puntualmente errores trascendentes de los sentenciadores.   

En  efecto,  la recurrente no indica si los  funcionarios  erraron  al apreciar la prueba, bien sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin figurar en la actuación supusieron su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión  (falso juicio de existencia por suposición); ora  porque    al    considerarla    distorsionaron   su   contenido   cercenándola,  adicionándola  o tergiversándola (falso juicio de identidad); también, cuando  sin  incurrir  en  alguno de los yerros referidos derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia (falso raciocinio).   

En  el primer caso debía indicar la prueba  no  valorada,  cuál  es  la información objetivamente suministrada, el mérito  demostrativo  al  cual  se hace acreedora y cómo su estimación conjunta con el  resto  de  elementos del acervo probatorio conduce a trastrocar las conclusiones  del fallo censurado, deberes cuyo cumplimiento no asumió.   

         Pero  si  el  objetivo era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses     de     su    procurado,    actividad    no    asumida    por    el  casacionista.   

Si  la  pretensión  era  invocar  un falso  juicio  de identidad, era su deber identificar mediante el cotejo objetivo de lo  dicho  en  el  medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia del yerro en la declaración de justicia  contenida   en   la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido  a  denunciar  un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer qué dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder no asumido por el censor.   

Las   referidas   omisiones   lógicas  y  demostrativas  imposibilitan  a  la  Sala para acometer el estudio de la censura  planteada,  pues  si el libelo de casación no corresponde a un alegato de libre  confección,  su  presentación  con  base  en  meras apreciaciones personales e  indemostradas          de         la  defensora y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas que lo gobiernan, impone la  inadmisión  del libelo de acuerdo con lo dispuesto en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, pues   en   virtud   del  principio  de  limitación      propio      del     trámite      casacional,   la   Corte   no  se  encuentra  facultada  para  enmendar  tales  falencias.   

         No   se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  incriminado,  como  para  adoptar     la     decisión    de    superar   los  defectos  de  la  demanda  y  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

         Precisión final   

         Contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004. Como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido    las   reglas   para   tal   propósito2, como sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un mecanismo especial cuyo  ejercicio  corresponde al demandante, dentro de los cinco (5) días siguientes a  la  notificación  de  la  providencia  por  medio  de  la  cual  la Sala decida  inadmitir  la  demanda  de casación, con el fin de provocar la reconsideración  de  lo  decido.  También  podrá  ser ejercitado oficiosamente dentro del mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  – cuando el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente,  el  ausente  de  los debates o quien no haya suscrito la providencia  inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la Casación Penal o  ante  uno  de  los  Magistrados  de  la  Sala  en  las  condiciones expuestas en  precedencia.   

         iii)                     Es  potestativo  del  Magistrado  disidente, de  quien  no  intervino  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  el  cual se formula la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la  Sala  o  no  presentarlo  para  su  revisión.  En  éste último evento  informará   de   ello   al   peticionario   en   un   plazo   de   quince  (15)  días.   

         iv)                     El  auto  a  través  del  cual  se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso de casación, salvo  cuando la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  el  libelo  casacional  presentado  por  la defensora del  procesado   DIEGO  ALONSO  HENAO  GIRALDO,    por    las    razones   expuestas   en   las   consideraciones  precedentes.   

Según  lo  establecido  en el artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es facultad del demandante  elevar petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

* Como  esta  decisión  puede  ser  publicada,  no se registra el nombre de la menor en  aplicación  del  numeral  8º  del artículo 47 del Código de la Infancia y la  Adolescencia,     según     el     cual,    no    se    debe    “entrevistar,  dar  el nombre, divulgar datos que identifiquen o que  puedan  conducir a la identificación de niños, niñas y adolescentes que hayan  sido   víctimas,   autores   o   testigos   de   hechos  delictivos”.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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