29306(25-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29306  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Según lo dispuesto en el artículo 7º de la  Ley  1095  de  2006,  el  suscrito Magistrado resuelve la impugnación formulada  contra  la  decisión  de  14  de  febrero  de 2008 mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Medellín,  negó  por  improcedente  la  acción  de habeas  corpus  interpuesta  por el señor  GILDARDO    ANTONIO   OQUENDO   BETANCUR,  contra  el  Juez  Segundo  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de  Seguridad de esa ciudad.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1. Se extracta de las  diligencias  que  en  sentencia  de  4  de  mayo de 2007 emitida por el Tribunal  Superior  de  Medellín,  mediante  la  cual  reformó  la dictada en el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito Especializado de esa ciudad, el señor GILDARDO   ANTONIO  OQUENDO  BETANCUR  fue  condenado  a  la pena principal de cuarenta (40) meses de prisión por el delito  de  concierto  para  delinquir,  sanción  que descuenta desde el 29 de abril de  2005.   

2.  El 6 de febrero  del  año  en  curso arribó al Juzgado Segundo de Ejecución de Penas y Medidas  de  Seguridad  de  Medellín, oficina encargada de vigilar el cumplimiento de la  sanción  infligida  al  precitado,  solicitud  de  libertad  por  pena cumplida  elevada  por  éste, la cual fue resuelta adversamente el 7 de ese mes, con base  en  que  con  la  documentación  obrante en el respectivo proceso, a esa fecha,  acreditaba  1.014  días de privación física de la libertad, y dos redenciones  de  pena,  cada  una  por 103,25 y 36,6 días, concedidas mediante autos de 2 de  agosto  y  6  de noviembre de 2007, guarismos que sumados arrojaron un descuento  total   de   1.153,85   días,   restándole,   entonces,   por   cumplir  46,15  días.   

En  el  mismo pronunciamiento el juez ordenó  oficiar :   

“al  Establecimiento  Penitenciario  y  Carcelario Bellavista para que se remitan los  cómputos  de  trabajo o estudio y los demás documentos necesarios para atender  la     solicitud    de    redención    de    pena    del    interno”.   

3. Notificado el 8 de  febrero  de  la expresada decisión, el 13 de ese mes el condenado formuló ante  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  “solicitud de  habeas  corpus”, aduciendo que el juez de ejecución  de  penas  omitió  requerir  en  forma  urgente  a  la autoridad carcelaria los  documentos  con  los que se acredita que de octubre de 2007 a enero de 2008, mas  lo   corrido   de   febrero,   ha  redimido  “43,35  días”  por  las  labores  realizadas  en ese lapso,  cantidad  que  sumada  a  la  establecida  en  la decisión cuestionada, permite  obtener  un  total  de  “1.201,1  días”,  y  que  en  la  asesoría  jurídica del penal los respectivos  funcionarios  le  informaron que darán respuesta a la petición del juez dentro  de  unos  “20 días”, lo  cual redundaría en prolongación ilegal de la sanción impuesta.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

Un  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de  Medellín,  en  auto  del  pasado  14  de febrero, negó el amparo puntualizando  que:   

1.  En  el presente  asunto  no se ha prolongado en forma ilegítima la privación de la libertad del  señor  OQUENDO  BETANCUR por  parte  de  la autoridad judicial accionada, ya que para el momento en que elevó  la  solicitud,  en  la  actuación  no estaban acreditados los presupuestos para  concederle libertad por pena cumplida.   

2.  La reclamación  del  actor  fue  equivocada y apresurada, porque en la actuación agotada por la  oficina  judicial demandada, al contrario de lo sostenido por aquél, se observa  prontitud  y  celeridad, además que la situación de privación de libertad que  soporta  OQUENDO BETANCUR fue  dispuesta  por  una  autoridad  competente,  con  el  lleno  de las formalidades  legales.   

3.  La  pretensión  ventilada  a  través  de  esta  acción,  debía  resolverse  al  interior  del  correspondiente  proceso,  porque  los  cauces  normales  de  éste  se  revelan  eficaces   para   la   consecución   del  fin  perseguido,  y  porque  el  juez  constitucional   no  puede  inmiscuirse  en  la  orbita  de  competencia  de  la  jurisdicción  ordinaria,  entrando  a  decidir acerca del derecho a la libertad  del  condenado,  ya  que,  aún  a  pesar  de  que  arribara  la  documentación  requerida,  la  decisión  implica  un  análisis  en  conjunto de la situación  carcelaria, del resorte exclusivo del juez competente.   

4. La detención del  accionante  no  comporta  ilegalidad  alguna  y,  por  el contrario, el oportuno  trámite  que  en  la  actualidad  se  desarrolla  con  miras  a  establecer  la  procedencia  de  la  libertad  por  pena  cumplida, evidencia la legitimidad del  proceder  del  juzgado,  no  siendo  predicable  violación  del aludido derecho  fundamental.   

LA IMPUGNACIÓN  

Notificado  OQUENDO  BETANCUR  de  la reseñada decisión, formuló recurso  de  apelación mediante escrito recibido en el Tribunal el pasado 20 de febrero,  en   el   que   afirma   que   ya   han   pasado   mas  de  los  “1.200  días” a que fue condenado, y que  si  el  a-quo  “hubiera solicitado a las directivas  del  penal  el  certificado  que  acredita la rebaja”  obtenida  a  su  favor durante los meses de octubre de 2007 hasta lo corrido del  presente   año,   según   el   actor,  de  “43,35  días”,  al  sumar el tiempo físico de prisión con  el   redimido,   habría   observado   que   supera   con   creces   la  condena  impuesta.   

CONSIDERACIONES  

El  suscrito  Magistrado  es  competente para  conocer  en segunda instancia de la impugnación interpuesta contra la decisión  a  través  de  la  cual  se negó por improcedente la solicitud de habeas  corpus  presentada  por  el señor  GILDARDO    ANTONIO   OQUENDO   BETANCUR,  dado  que el numeral 2º del artículo 7º de la Ley 1095 de 2006  dispone que:   

“cuando  el  superior  jerárquico  sea  un  juez plural, el recurso  será   sustanciado   y   fallado  integralmente  por  uno  de  los  magistrados  integrantes  de  la  Corporación,  sin  requerir  la  aprobación  de la sala o  sección  respectiva.  Cada uno de los integrantes de la Corporación se tendrá  como juez individual”.   

Previamente   al  resolver  lo  pertinente,  necesario    es    recordar    que    el    “habeas  corpus” es una acción constitucional orientada a la  protección   del   derecho  fundamental  a  la  libertad,  cuyo  alcance  está  determinado  por  los  tratados  de  derechos  humanos ratificados por Colombia,  específicamente  la  Convención  Americana de Derechos Humanos de San José de  Costa  Rica suscrita el 22 de noviembre de 1969 y aprobada mediante la Ley 16 de  1972, que dispone en el artículo 7, numeral 6:   

“toda  persona  privada  de  la  libertad  tiene  derecho  a  recurrir  ante  un juez o tribunal  competente,  a  fin  de  que  éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su  arresto  o  detención y ordene su libertad si el arresto o la detención fueran  ilegales.  En  los  Estados  Partes  cuyas leyes prevén que toda persona que se  viera  amenazada  de ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir ante un  juez  competente  a  fin  de que éste decida sobre la legalidad de tal amenaza,  dicho  recurso  no  puede  ser  restringido  ni  abolido.  Los  recursos podrán  interponerse  por sí o por otra persona”.   

La Corte Constitucional en la sentencia C- 496  de 1994, al respecto puntualizó:   

“Ahora  bien, el  alcance  de  la  garantía  de Habeas Corpus debe ser determinado de conformidad  con  los  tratados  de  derechos humanos ratificados por Colombia (C. P art. 93)  ¿Cuál   es  entonces  el  contenido  de  esta  garantía  dentro  del  sistema  interamericano?  Para ello conviene retomar nuevamente los criterios de la Corte  Interamericana,  máximo  intérprete  judicial de los alcances normativos de la  Convención  Interamericana.   Según  este  tribunal,  el  Habeas  Corpus,  reconocido    en    el   artículo   7-6   de   la   Convención,   sólo  adquiere  su  pleno  sentido  protector  a  la  luz  de  los  principios  del  debido  proceso  contenidos  en  el artículo 8º de este mismo  instrumento  internacional, puesto que ésa es la forma de realizar el principio  de  la efectividad de los medios procesales destinados a garantizar los derechos  humanos”.  (Subrayas ajenas al texto).   

Por ello, el legislador al expedir la Ley 1095  de  2006,  mediante  la  cual  reglamentó  el  artículo 30 de la Constitución  Política,  en  el  artículo  7  estableció  que  la providencia que niegue el  habeas  corpus  podrá  ser  impugnada,  dentro  de  los  tres  días  siguientes  a  la  notificación,  sin  establecer  la  exigencia  de  sustentación,  armonizando  de  esa forma con la  naturaleza  preferente  y  sumaria que a tal acción atribuye la Constitución y  la ley en cita.   

En  cuanto a lo que es objeto del recurso, el  habeas    corpus como garantía de la inviolabilidad  de  la  libertad  personal,  derecho fundamental y acción constitucional, está  destinado  a  ser ejercido en cualquiera de los siguientes eventos: 1)   cuando  la  persona  es  privada  de  libertad  con  violación  de  las  garantías  constitucionales  o  legales,  y  2) cuando la privación de la  libertad se prolonga ilegalmente.   

En los casos a que hace referencia la segunda  hipótesis,  es  decir,  cuando la privación de la libertad está respaldada en  providencia  judicial,  las  solicitudes de libertad deben formularse dentro del  proceso  penal  respectivo  y  haciendo  uso de los recursos legales existentes.  Solamente  se  justificaría  la  procedibilidad  de  la acción de habeas  corpus cuando la decisión judicial  constituya  una  auténtica  vía  de  hecho o cuando contra la misma no proceda  recurso            de           apelación1, situaciones que, ciertamente,  no concurren en el asunto ahora analizado.   

De acuerdo con la verificación efectuada por  el  funcionario  que  en  primera instancia resolvió la acción de habeas  corpus, acerca del trámite dado a  la  solicitud  de  libertad  por  pena  cumplida  del accionante, se sabe que en  sentencia  de  segunda  instancia,  de 4 de mayo de 2007, el señor GILDARDO   ANTONIO  OQUENDO  BETANCUR  fue  condenado  a  una  pena  principal  de  cuarenta  (40)  meses de prisión por la  conducta  punible  de  concierto para delinquir, sanción aflictiva corporal que  descuenta en forma efectiva desde el 29 de abril de 2005.   

Ante el Juzgado Segundo de Ejecución de Penas  y  Medidas de Seguridad de Medellín, encargado de vigilar el cumplimiento de la  sanción  impuesta,  el precitado solicitó, el pasado 6 de febrero, la libertad  por  pena  cumplida,  pretensión  denegada  al  día siguiente por cuanto de la  documentación  obrante  en  el  expediente  el juez concluyó que aún para ese  entonces  el  penado  no había redimido la totalidad de la sanción, tal y como  se    indicó    en    la    síntesis    consignada   al   comienzo   de   esta  decisión.   

En  la  actuación  cumplida  por  el juez de  ejecución  de  penas,  como  lo  destaca  el  a-quo,  no  se  observa  proceder  negligente  que  redunde  en una prolongación injustificada de la privación de  la  libertad  del  accionante, por el contrario, inmediata fue la respuesta a la  pretensión  de  libertad  por  pena  cumplida de aquél, y si este no obtuvo la  decisión  que  esperaba,  fue  porque  aún  para  esa  fecha  no completaba el  término  de  la  sanción  impuesta,  como  el  propio  demandante  termina por  reconocerlo  en  el  escrito  con  el  que promovió el presente amparo, pues de  acuerdo  con  los  cálculos  que allí consigna y teniendo como presupuesto una  redención     de     “43,35    días”  aún no acreditada ante el funcionario competente (obtenida,  al parecer, des de octubre de 2007 hasta el 8 de febrero  de  2008),  apenas para esa fecha, según sus cuentas,  estaría cumpliendo la pena.   

Lo  expresado  por  el  señor  OQUENDO   BETANCUR   al   fundamentar  la  apelación  de la decisión mediante la cual se negó el pretendido habeas  corpus,  en  el  sentido de que el  respectivo  Magistrado  del  Tribunal  de  Medellín,  para  resolver la acción  debió   solicitar   a  las  autoridades  carcelarias  las  certificaciones  que  acreditaban  una  redención  de  pena  durante los últimos meses (de  octubre  de  2007  a febrero de 2008),  con  el  fin  de  concluir  que en verdad para ese momento ya había superado la  pena  impuesta,  resulta  inidóneo  para  justificar la procedencia del amparo,  pues  una  verificación  semejante  es  extraña  a  la  competencia  del  juez  constitucional  llamado  a  resolver  el presente amparo, ya que por atribución  legal  (Ley  600  de  2000,  artículo 79)  es  al  juez  de  ejecución  de  penas  a  quien  le corresponde  dilucidar  esos  tópicos,  y  justamente  en  el  presente  caso  el respectivo  funcionario  ordenó  lo  pertinente  al  respecto,  quedando  a la espera de la  respuesta  que le suministren las autoridades del centro penitenciario en el que  se encuentra recluido el demandante.   

En   conclusión,   ante   la   evidente  e  incuestionada   existencia  de  una  orden  de  autoridad  judicial  competente,  expedida  con las formalidades legales y por motivos previamente definidos en la  ley,  merced  a  la  cual  el  accionante  se  encuentra  privado de la libertad  purgando  una  sanción  legítimamente impuesta, no prospera el amparo incoado,  sin   que  pueda  el  juez  constitucional  de  habeas  corpus   usurpar   las  funciones  propias  del  juez  ordinario  de  ejecución  de  penas,  porque  la garantía constitucional aquí  ejercida   es   de   naturaleza   excepcional,   según   lo  ha  reconocido  la  jurisprudencia   de   la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia:   

“El  núcleo del  habeas  corpus  responde  a  la  necesidad de proteger el derecho a la libertad.  Pero  cuando  la  misma  ha  sido  afectada  por  definición  de quien tiene la  facultad  para hacerlo y ante él se dan, por el legislador diferentes medios de  reacción  que conjuren el desacierto, nadie duda que el habeas corpus está por  fuera  de  este  ámbito  y  pretender aplicarlo es invadir órbitas funcionales  ajenas.  Su inmediatez, su perentoriedad, su efecto indiscriminado, al punto que  no  hay  fuero  o especialidad de competencia en el cual no incida, no impone ni  auspicia   el   que   se  le  haga  actuar  en  donde  no  es  el  radio  de  su  intervención”2   

De  lo  expuesto  se  desprende  que  resulta  inaceptable  acudir  a  la  acción  pública de habeas  corpus cuando es ante el juez de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad  que  están dados los mecanismos legales para obtener la  libertad por pena cumplida que pretende el aquí demandante.   

En  consecuencia, la conclusión no puede ser  diferente  a  la que asumió el Magistrado del Tribunal Superior de Medellín al  negar   por   improcedente   la   acción   de  Habeas  Corpus promovida por GILDARDO  ANTONIO OQUENDO BETANCUR.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  el  suscrito  Magistrado   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR   la  decisión  por medio de la cual un Magistrado del Tribunal Superior de Medellín  negó   por   improcedente   el   amparo   de   habeas  corpus  presentado  en  nombre propio por GILDARDO   ANTONIO   OQUENDO  BETANCUR  de  conformidad con las razones expuestas en la anterior motivación.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Magistrado  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cfr.   Corte   Constitucional,   Sentencia  C-10  de  1994   

2  Sentencia  de  segunda  instancia,  radicado  No.  14153  de  septiembre  27  de  2000.     

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