30228(23-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30228  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado  acta No.  198.   

Bogotá,  D.C., julio  veintitrés (23) de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Se  pronuncia  la  Sala en relación con el  impedimento  manifestado  por  el doctor Luis         Fernando         Ramírez        Contreras,        Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior  de Bogotá, para conocer de  la   apelación  del  auto  en  virtud  del  cual  el  Juzgado  

Tercero  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de esta  ciudad   declaró   la   extinción   de  la  condena  impuesta  a  María  Lucena  Cuartas Toro, sentenciada  por el delito de falsedad en documentos.   

ANTECEDENTES:   

           1.  El  Juzgado 18 Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá,  entonces  a  cargo  del doctor Luis Fernando Ramírez Contreras, el 23 de agosto  de  2005,  aprobó el acuerdo celebrado entre la Fiscalía y la procesada María  Lucena  Cuartas Toro, y como consecuencia de esa determinación la condenó a la  pena  de  veintiocho  (28) meses y cuatro (4) días de prisión, inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, y le concedió la condena  de  ejecución  condicional  por  un  período  de prueba de dos (2) años, como  autora  responsable  de  la  conducta  punible de falsedad material en documento  público agravada por el uso.    

2.  Estando  el  asunto  a conocimiento del  Juzgado  Tercero  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá en  proveído  del  29  de  abril  de 2008 declaró extinguida la condena impuesta a  Cuartas   Toro  al  transcurrir  el  período  de  prueba   señalado  como  consecuencia del otorgamiento del subrogado penal.   

3.  Esa  providencia  fue  apelada  por  la  representante del Ministerio Público.   

4.  El  asunto fue repartido en el Tribunal  Superior    de   Bogotá   al   Magistrado   doctor   Luis   Fernando   Ramírez  Contreras,   quien  mediante  auto  del  10  de julio siguiente se declaró  impedido  para  resolver la impugnación interpuesta con fundamento en la causal  prevista  en  el  numeral  6° del artículo 56 de la ley 906 de 2004, por haber  proferido el fallo condenatorio dictado contra la procesada.   

Por lo anterior,  dispuso  el envío de la actuación a esta Sala de la Corte para que se resuelva  el impedimento planteado.   

CONSIDERACIONES DE  LA SALA:   

1.  De  acuerdo  con  lo  previsto  en  los  artículos  57 y 341 de la ley 906 de 2004, esta Corporación es competente para  resolver  el impedimento propuesto por tratarse de un proceso adelantado bajo el  trámite     del     sistema     penal    acusatorio    y    por    corresponder  a            la manifestación  que         hace        un        Magistrado de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

2.    Las  instituciones   de   los   impedimentos   y   las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y  legalmente  para la preservación y defensa del derecho a ser  juzgado  por  funcionarios  imparciales,  alcanzando  la  categoría  de derecho  fundamental  porque hace parte del derecho a un proceso con todas las garantías  y  previsto  así  mismo  en  el  artículo  10  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  como en el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles y Políticos de New York.   

3.  En  esta  materia  rige el principio de  taxatividad  según  el  cual  solo constituye motivo de excusa o de recusación  aquel  que  de manera expresa se señala en la ley, lo que hace exclusión de la  analogía,  además  que  a  los jueces les está vedado separarse por su propia  voluntad  de  sus  funciones  jurisdiccionales y a los sujetos procesales no les  está  permitido  escoger  a  su arbitrio la persona del juez, de manera que las  causas  que  dan  lugar a separar del conocimiento de un determinado asunto a un  funcionario  judicial  no  pueden  deducirse  por  similitud  ni  ser  objeto de  interpretaciones  subjetivas,  en  tanto  se  trata de reglas de garantía de la  independencia  judicial  y  de vigencia del principio de imparcialidad del juez.   

4.  Este  axioma  -o  derecho a un tribunal  imparcial-  derivado de los artículos 209 y 13 de la Constitución Política en  cuanto  la  función  pública  de administrar justicia así lo reclama lo mismo  que  el  trato  igual para todas las personas de parte de las autoridades, se ha  concebido  como esencial del debido proceso en el sentido que junto a dos partes  parciales,  tiene  que existir un tercero imparcial,  extraño a la causa y  ajeno  a  las  posiciones  de intereses de ellas -el juez-, principio de alcance  general  puesto  que  tiene  aplicación  en  todos  los  tipos  de  procesos  y  sistemáticas               procesales1.   

5.  La Sala se  abstendrá de resolver el impedimento expuesto, por lo siguiente:   

5.1. La  causal  de  impedimento  invocada  en  el  presente caso, está  prevista  en  el  artículo  56  numeral 6°  del  Código  de Procedimiento Penal,  en los siguientes términos:   

Que   el   funcionario  haya  dictado  la  providencia  de  cuya  revisión  se  trata, o hubiere  participado    dentro    del    proceso   …   (Se  subraya)   

5.2.  Frente  a  esta causal, la Sala tiene  establecido  que  la comprensión de este concepto no  debe  asumirse  en  sentido  literal  sino que es preciso que esa intervención,  para  que  adquiera  un  efecto  trascendente  acorde con los fines de la norma,  tenga  la  aptitud  suficiente para comprometer la ecuanimidad y la rectitud del  funcionario.  Su  actividad  dentro  del  proceso, debe haber sido esencial y no  simplemente                  formal2   

, de fondo, sustancial, trascendente, que lo  vincule  con  la  actuación  puesta  a  su  consideración de tal manera que le  impida  actuar  con  la  imparcialidad  y  la ponderación que de él esperan no  solamente los sujetos procesales sino la comunidad en general.   

5.3.    Sobre    el   mismo   motivo   de  inhibición     esta     Corporación    ha    sostenido,   lo   que   aquí  reitera:   

(…)    Siguiendo    aquél    sendero  jurisprudencial,   debe   precisarse   ahora   el  contenido  de  la  expresión  “que  el funcionario judicial…hubiere participado  dentro  del proceso”, prevista en el numeral 6° del  artículo   56   de   la   Ley  906  de  2000,  como  causal  de  impedimento  y  recusación.   

No se trata, como a simple vista pareciere,  de  una  presunción  de impedimento, ni de un motivo que se active de suyo o en  forma  objetiva,  por  el  sólo  hecho  de  que el funcionario judicial hubiese  “participado”  dentro  del proceso.   

La     expresión     “participado”, no debe tomarse en forma  textual,  literal  ni  aislada  del  contexto  procesal penal, pues de aceptarse  así,  se  llegaría  a extremos que escapan a la finalidad de salvaguarda de la  imparcialidad   contenida   en   las  normas  relativas  a  los  impedimentos  y  recusaciones.   

Piénsese,  por  ejemplo,  que  el Tribunal  Superior  conociese  apelaciones  sucesivas  de diferentes autos emitidos por el  Juez  Penal  del  Circuito  dentro  del  mismo  proceso;  bajo  tal supuesto, la  participación   de  los  magistrados   es   innegable,   pero  ninguna  razón  existe  para  aceptar  un  impedimento,   sin   argumentación   específica  de  respaldo.   También  habrían  participado ya los  magistrados  que  conocen  por vía de apelación de la providencia que niega la  práctica  de una prueba o del auto que se abstuvo de declarar una nulidad; pero  esa  intervención  en  el  proceso  nada  dice  por  sí misma de un pretendido  impedimento  para  conocer  después, en segunda instancia, la apelación contra  el fallo de primer grado.   

En especial, cuando se produce la ruptura de  la  unidad  procesal,  por  allanamiento  a  cargos, total o parcial, de todos o  parte  de  los  implicados,  o  por  otras  circunstancias  que  la  generen, la  necesaria  participación de  los     funcionarios     judiciales    (jueces    y  magistrados)  en  el  proceso original integrado como  una  unidad, o en los procesos derivados del anterior con ocasión de la ruptura  de  esa unidad, no debe invocarse sin la fundamentación correlativa como causal  de impedimento ni recusación.   

En  efecto, así como no es motivo objetivo  de  impedimento,  que  el funcionario judicial “haya  manifestado   su  opinión  sobre  el  asunto  materia  del  proceso”  (numeral 4° del artículo 56 de la  Ley  906 de 2004), tampoco se erige en causal objetiva  ni  automática  de  impedimento,  que  el  funcionario judicial “hubiere      participado     dentro     del     proceso”  (numeral  6°, ibídem).   

En tratándose de impedimento, es necesario  que  en  cada  caso  particular y concreto los funcionarios judiciales -jueces y  magistrados-  expliquen cuáles son las razones por las cuales su imparcialidad,  su  ecuanimidad,  su  independencia  o  su equilibro podrían afectarse frente a  cada   uno   de   los   implicados,   por   el   hecho   de  haber  participado      ya      en      el  proceso.   

El  género de argumentación que se exige,  incluye  especificar  las  circunstancias  o  condiciones  en  que se produjo la  participación    del  funcionario  judicial  en  el  proceso  original  o  en  alguno  de los procesos  derivados  por  la  ruptura  de  la  unidad procesal; y si la actividad del Juez  -individual  o  colegiado-  se  extendió  ya  a  la  valoración  de  elementos  probatorios  o  de información susceptible de convertirse en prueba, se precisa  indicar  cómo  y  de  qué  manera  las  apreciaciones anteriores inciden en el  ánimo  del  juzgador  al  conocer  el asunto en ocasiones posteriores, frente a  cada uno de los implicados o situaciones concretas por resolver.   

Lo  mismo  pude  predicarse  -mutatis  mutandi-  cuando  se  trata  de  recusación,   aduciendo   que   el   funcionario   judicial   ya   participó        dentro       del  proceso.   

(…)  Las  instituciones  jurídicas  de  impedimento   y   recusación   se   vinculan   inescindiblemente  al  principio  constitucional  del debido proceso, en su amplia concepción garantista; pero no  a  la  manera  de  una presunción peyorativa sobre los funcionarios judiciales,  respecto  de quienes, por el contrario, se presume su imparcialidad; presunción  que,  sin  embargo,  puede  desvirtuarse  cuando  a  ello  hubiere lugar, siendo  indispensable   que  el  interesado  suministre  los  elementos  subjetivos  que  cimentan  tal  pretensión,  pues  como  los  motivos que eventualmente podrían  conspirar  contra  la  imparcialidad,  ecuanimidad,  equilibrio,  etc., a menudo  pertenecen  al  fuero interno de las personas, la corporación llamada a dirimir  el  incidente  -en  este  caso  la Sala de Casación Penal- debe ser enterada de  aquellos  motivos, para que pueda determinar si en realidad se encuentra ante un  juez  subjetivamente  incompetente,  por haber emitido juicios anticipados o ser  sujeto  de  prevenciones  que  comprometan de antemano su criterio, al punto que  alguna  de  las  partes  pudiese  resultar perjudicada o favorecida.3  Y,   

En   pronunciamiento   de   la   misma  fecha     anterior,  dijo:   

Se requiere, aparte de lo enunciado, que la  intervención  previa  del funcionario -en el mismo proceso o en otro semejante-  haya  sido  de  peso, trascendente, al punto de desequilibrar la objetividad que  debe acompañar a la nueva decisión.   

Es menester, para decirlo de otra forma, que  en  casos  como el ahora examinado, el Servidor de la Justicia haya comprometido  seriamente  su  mesura,  su  ecuanimidad,  su  ponderación, porque la decisión  precedente,  por  ejemplo,  está íntimamente vinculada con la que se apresta a  tomar en el último proceso.   

(…).   Quien  expresa  su  impedimento,  entonces,  debe  demostrar  concretamente,    no    en   abstracto,  en  qué  tema  sucumbe  su  imparcialidad,  sobre  qué  puntos  específicos4.   

6.  En  consideración  a que en el asunto  tratado,  el  doctor Luis Fernando Ramírez Contreras  se  limitó  a  manifestar  su impedimento sin decir  cuál  sería  la  razón  que  lo  llevaría  a  abandonar  su  imparcialidad e  independencia   en   el   nuevo  pronunciamiento,  es  indiscutible  que  no  ha  fundamentado el motivo de inhibición.   

Era necesario que el Magistrado en mención  diera  a  conocer  a  la  Corte  cuáles argumentos probatorios y jurídicos que  plasmó  en  la  providencia  del  23  de  agosto  de 2005 al aprobar el acuerdo  celebrado  entre  la  procesada María Lucena Cuartas  toro  y la Fiscalía, tienen la virtualidad de hacer  que  pierda su ecuanimidad y equilibrio en relación con el auto del 29 de abril  de  2008  por medio del cual el Juez Tercero de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad  declaró  extinguida la condena impuesta, cuya apelación interpuesta  por el Ministerio Público se encuentra pendiente de definir.   

La  Sala  no  puede  suplir  en  esa labor  argumentativa  a los funcionarios judiciales, ni a las partes cuando se trata de  recusación,  porque esta clase de incidentes se deben resolver de plano, según  así  lo  dispone el artículo 57 y siguientes de la ley 906 de 2004, por tanto,  no  se  prevé  la  posibilidad  de  decretar  pruebas  de  oficio  en  aras  de  complementar la información requerida.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:   

1. ABSTENERSE DE  RESOLVER  el impedimento manifestado por         el        doctor Luis  Fernando    Ramírez   Contreras,           Magistrado  de  la  Sala  Penal del   Tribunal   Superior   de   Bogotá,  para conocer del recurso de apelación interpuesto y  sustentado  por  el Ministerio Público, contra   el   auto   proferido   por   el   Juzgado   Tercero  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de seguridad de esta  ciudad,   que  declaró  extinguida  la  pena impuesta a la sentenciada María  Lucena Cuartas Toro.   

2.          ADVERTIR   que   contra  la  presente  providencia no proceden recursos.   

Cópiese,  devuélvase  la  actuación  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ      

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO       

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS     AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                               

JORGE     LUIS      QUINTERO  MILANÉS                            YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Art.  73,  Ley  94  de  1938;  art.  78, Decreto 409 de 1971; art. 103, Decreto 050 de  1987;  art.  103, 

Decreto 2700 de 1991, modificado  por  el  art.  15 de la Ley 81 de 1993; art. 99, Ley 600 de 2000; y art. 56, Ley  906  de  2004.  Y, provs. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal, 20  de  agosto  de  1992, rad. 5044, 23 de marzo de 2000, rad. 14536, 8 de noviembre  de  2000, rad. 14078, 7 de mayo de 2002, rad. 19300, 18 de febrero de 2004, rad.  21921,  16  de  marzo  de 2005, rad. 23374, 30 de noviembre de 2006, rad. 26453,  entre otras.   

2 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sent.   del   7   de   mayo   de  2002,  rad.19300.   

3  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   13  de  junio  de  2007,  rad.  27497.   

4  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   13  de  junio  de  2007,  rad.  27470.     

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