29307(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 29307  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado      acta     Nº   070   

Bogotá,   D.  C.,   treinta y uno (31) de marzo de dos mil ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte decide  respecto   del   cumplimiento   de   los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de CARLOS  ALBERTO      BRIÑEZ  MORALES.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“ El día 8 de  octubre  de  2006,  a eso de las 5 p.m. y prestando servicio de vigilancia en su  motocicleta  de  dotación  oficial en sector del barrio El Pesebre al sur de la  ciudad,  la  patrulla  de  la Policía conformada por los agentes Jesús Antonio  Calderón  Santamaría  y  Leonardo Romero, fue informada de la presencia de dos  individuos  que  en  motocicleta  de  color negro intimidaban a la comunidad con  arma  de  fuego,  lo  que  al  ser  localizados  y  advertir  la presencia de la  autoridad,  se separaron, desplazándose uno a píe hacia una caseta de venta de  comestibles,  quien  posteriormente  se  identificó  como Norberto Briñez y el  segundo,  hijo del anterior, quien dijo llamarse Carlos Alberto Briñez Morales,  pretendió  huir  en  la  motocicleta  dando  una  vuelta a la redonda, en dicha  persecución  se  vio  que  en  el  trayecto lanzó algo al camino y retornó al  sitio donde inicialmente se encontraba.   

“Allí, cuando los uniformados trataron de  abordar  a  Norberto Briñez se observó que se deshizo de algo que llevaba y lo  depositó  en  la  caseta  en  mención,  estableciéndose  que se trataba de un  revólver  calibre  38  largo  marca  Smith  & Wesson, lo cual determinó la  captura  de  los  indiciados  y al examinar el sitio donde Briñez Morales en la  motocicleta  lanzó  algo,  se  halló  una  granada  de  fragmentación  de uso  privativo de las fuerzas armadas.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón   de   los   hechos   narrados,  en  audiencia  preliminar que se realizó  el  9  de  octubre  de 2006  ante   el   Juzgado  Cincuenta  Penal  Municipal  con  función  de  Control  de Garantías de Bogotá, la Fiscalía 13 Seccional de la  misma   ciudad  imputó  a  Norberto Briñez Capera y a  Carlos   Alberto  Briñez  Morales       la  comisión,     en    calidad    de    coautores,    del   delito      de      fabricación,   tráfico   y   porte  de  armas  y  municiones     de     uso     privativo    de    las    fuerzas    armadas,  de  acuerdo    con   lo   previsto   en   el  artículo 366  del          Código         Penal.   

Radicado el escrito de acusación en el que  la  fiscalía  imputó  la  comisión de las conductas punibles de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego o municiones y fabricación, tráfico y  porte  de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas, según lo  previsto  por  los  artículos  365  y 366 de la Ley 599 de 2000, el     Juzgado    Quinto    Penal  del  Circuito  Especializado  con  Funciones   de  Conocimiento  de  Bogotá  llevó a cabo  audiencia  de  formulación  de  acusación  el  28  de  noviembre  de  2006,   el     18     de     diciembre    siguiente  la  audiencia preparatoria y, finalmente, el juicio oral  el     22     de    mayo    de    2007.   

2.   El  mencionado  Juzgado, mediante  sentencia    del    6    de    junio    de    2007,    condenó    a         Norberto     Briñez    Capera    y     a  Carlos   Alberto  Briñez  Morales a la pena principal de 66 meses de prisión y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como  coautores  de  las conductas punibles de fabricación, tráfico y porte de armas  y  municiones  de uso privativo de la fuerzas armadas y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

Así mismo, no les concedió la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni la prisión domiciliaría como  sustitutiva de la prisión.   

Apelado  el fallo por los defensores de los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, al desatar el recurso, el 13 de  septiembre de 2007, lo confirmó.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  sentenciado   Carlos  Alberto  Briñez    Morales,   con   base   en   el  numeral   3°  del  artículo   181   de   la   Ley   906   de   2004,  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,   por  error  de hecho por falso juicio de  existencia.   

Anota  que  en el juicio oral se recibieron  los  testimonios  de Blanca Sandra Gómez, Luis Fernando Parejo, Rómulo Alberto  Cuellar  Bustos, Efraín Monroy Becerra y Carlos Hernando Garzón Velandia, para  lo  cual  se  permite  realizar  una breve síntesis de sus versiones, medios de  prueba  que  fueron  desechados  por  el juzgador de segunda instancia y, por lo  mismo,  dispuso  expedirles  copias  para  que  se les investigara en el posible  delito de falso testimonio en que pudieron haber incurrido.   

Manifiesta  que  no está de acuerdo con la  orden  de  expedirles  copias,  en la medida en que el juicio oral y público se  recibieron   dichos   testimonios   y   fueron   concordantes,   “consecuentes  en  tiempo,  modo  y  lugar  de  los  hechos y que no  asomaron   duda   alguna  en  cuanto  a  lo  narrado  en  el  juicio”.   

Estima que la juzgadora de primera instancia  valoró   dichas   pruebas   “como  era”,  puesto  que la señora Elvia Ángulo Cortés, “persona  que  al  parecer fue donde se encontró un arma de fuego y  quien  afirmó  que  lo  que decía la entrevista no era cierto y que ella al no  saber  leer  y  al encontrase enferma de sus ojos solicitó que la investigadora  DIANA  CAROLINA  ESPINO,  le  leyera la entrevista y fue totalmente diferente lo  que leyó a lo que ella escribió”.   

Manifiesta  que  el  testimonio  de  Jesús  Antonio   Calderón  no  “reporta  ningún  asidero  jurídico”,   en  tanto  que  su  versión  no  es  coherente  ni concordante respecto del tiempo, modo y lugar en que se cometieron  los  hechos, máxime cuando se logró establecer por parte de los testigos de la  defensa  que  se  estaba  celebrando una final de micro football “y  que  en  ella  se  encontraban alrededor de doscientas personas,  ésto  indica  que  el grado de persecución en un vehículo de dos llantas como  era  la  moto,  es  imposible  llevar  a cabo la misma y por ello se descarta la  presunción”.   

Agrega  que la credibilidad del policial se  diluye  con la versión de Elvia Ángulo, persona que comentó a la justicia que  no   observó   en   ningún   momento  al  señor  Norberto  Briñez  ni  a  su  hijo.   

Por  otro  lado,  destaca  que nadie vio en  donde  fue  recogida  la  granada  que  se  dice  fue hallada, máxime cuando el  policial  Leonardo  Geovanny  Romero,  quien acompañaba a Calderón, manifestó  que  no  observó  “nada  de  lo  que manifestó su  compañero  de patrulla ya que no vio al señor BRIÑEZ MORALES arrojar elemento  alguno, en ningún sitio”.   

Por  manera  que  considera que el fallo de  instancia   se  sustentó  sobre  el  testimonio  de  Jesús  Antonio  Calderón  Santamaría,  “la cual es llena de contradicciones y  aparte  de  lo  anterior no reviste credibilidad alguna, no se puede indicar que  si  no existía problema alguno entre el sub intendente y los capturados sea una  razón  suficiente  para  determinar  el  grado  de  credibilidad de un servidor  público  y  menos  cuando  existen más declaraciones concordantes y coherentes  del  momento  de la captura de los indiciados, aseveración esta que no comparte  la defensa”.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia   impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  a  Carlos  Alberto  Briñez  Morales.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de     la     casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos,  advierte  la  Corte  que la demanda presentada por el defensor de  Carlos    Alberto    Briñez    Morales  no  reúne  los  requisitos  de  verdad,  claridad,  precisión y  logicidad   que   para  ser  admitida  establecen  las  normas  que  regulan  la  casación,   en  la  medida  en  que su discurso está dirigido a restar la  credibilidad  dada  por  el  juzgador  al testimonio del policial Jesús Antonio  Calderón,  sin que se advierta el error invocado como sustento del único cargo  elevado contra la sentencia de segunda instancia.   

Recuérdese que el juzgador incurre en error  de  hecho por falso juicio de existencia cuando en el acto de la apreciación de  la  prueba  omite un elemento de juicio que allegado en el juicio oral o, supone  otro que no fue objeto producción o aducción en dicho acto.   

En tales condiciones, surge evidente que los  reparos  que  el  actor  formula  contra  el  fallo  de  segunda instancia no se  compadecen con dicho enunciado.   

En  efecto, que los juzgadores de instancia  hubiesen  ordenado la expedición de copias para que se investigara las personas  que  fueron  solicitados  por  la  defensa  en  el  juicio  oral  como prueba de  carácter  testimonial,  no  constituye  dicho  vicio,  en  la  medida  que  tal  circunstancia  lleva  a  colegir  a  la Corte que esa prueba sí fue apreciada y  cotejada  con  los demás elementos de juicio que desfilaron por el juicio oral;  empero,  el  juzgador concluyó que sus dichos no merecían credibilidad, habida  cuenta que no encontraban sustento con la realidad fáctica.   

Respecto del segundo reparo formulado contra  la  sentencia  de segunda instancia, consistente en que la sentencia se edificó  sobre  el  testimonio  de  un  policial,  tal  aspecto tampoco comporta el error  invocado,  máxime  cuando  dentro  del  sistema  de apreciación probatoria, el  juzgador  goza  de  libertad  para  justipreciar  los elementos de juicio, sólo  gobernado  por  los principios de la ciencia, los postulados de la lógica y las  máximas  de  la experiencia, cuya vulneración sí es posible de ser demanda en  esta  sede  a  través del error de hecho por falso raciocinio, evento que aquí  no ocurrió.   

Dicho  de otra manera, el argumento central  de  la  acusación  del fallo se soporta sobre el grado de credibilidad dado por  el  sentenciador  a  la  versión de un policial, disparidad de criterios que no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  máxime  cuando  el  fallo  llega  amparado  a  esta sede por la doble presunción de acierto y legalidad, esto es,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  apreciadas correctamente y el derecho  estrictamente  aplicado,  presunción  de  hecho que corresponde al casacionista  desvirtuar  con  estricto  apego  en  las causales de casación y demostrando la  trascendencia   del   vicio   frente   a   las   conclusiones  adoptadas  en  el  fallo.   

Por  lo  tanto,  como  el  actor   no   demuestra que el fallo que se propone en esta sede tiene por finalidad  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  de acuerdo con el artículo 180 de la Ley  906    de    2004,    necesaria    e    ineludiblemente    la    demanda   será  inadmitida.   

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías    del    procesado    CARLOS   ALBERTO  BRIÑEZ MORALES, como para  que  tal  circunstancia  imponga superar los defectos del libelo para decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3°  del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Carlos                  Alberto        Briñez  Morales  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la Sala ha definido  las   reglas   que   habrán   de   seguirse  para  su  aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal               –siempre     que     el     recurso     no   hubiera    sido    interpuesto   por   el   Procurador   Judicial–,   el   Magistrado   disidente   o   el  Magistrado que no  haya   participado  en  los  debates  y  suscrito  la  providencia  inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,    SALA   DE   CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación  presentada por el defensor de   CARLOS  ALBERTO  BRIÑEZ MOARLES.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                            JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                       JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *