29219(07-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29219  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA       DEL       ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 181  

Bogotá,  D.C.,  julio siete (7) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Se ocupa la Sala de examinar si el libelo de  casación   presentado   por   el   defensor   de   la   procesada  EILEEM  LOBO  IBÁÑEZ contra el fallo de  segundo  grado  proferido  el  10  de agosto de 2007 por el Tribunal Superior de  Cúcuta,  confirmatorio  del  dictado  el  29  de  junio  de 2006 por el Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado de la misma ciudad, por el cual se la  condenó  como  autora  penalmente  responsable  del  delito  de  concierto para  delinquir,  satisface  o  no los requisitos de lógica y adecuada argumentación  establecidos para proceder a su admisión.   

HECHOS  

El  Juez  de  primera  instancia, al dictar  sentencia, los sintetizó de la siguiente manera:   

“…  nos  informan  los  autos que   miembros    de   nuestra   Policía   Nacional   acantonada  en  el  municipio  de  La Playa (Norte de Santander), se encontraban  dedicados   a   la   labor   de   patrullaje  en  el  perímetro  urbano de la localidad el día      29      de      diciembre      de      2004     (sic)1,  aproximadamente  a las once  de  la  mañana, cuando requisaron una moto conducida  por   ANTONIO   PÁEZ  VILLAMIZAR,  en  la  cual  se  transportaba    como    pasajera   a   EILEEM   LOBO  IBÁÑEZ,  quien  llevaba  dentro  de  la pretina del  pantalón  que  vestía una  pistola   9   mm.   junto   a   dos  proveedores  de  munición  para  la  misma  y  al  revisar  la  moto,  encontraron   un   pasamontañas   de  color  negro,  afirmando  los  dos  capturados  ante  los uniformados  pertenecer  al  grupo  armado ilegal de auto defensas  unidas  de Colombia, razón por la que fueron privados  de   su   libertad,   acogiéndose   PÁEZ   al   instituto   de  la  sentencia  anticipada  y  acusada  su  compañera   como  presunta  autora  del  delito  de  Concierto  para  Delinquir  para  la  conformación de grupos armados al margen de  la ley”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El mismo día la Fiscalía Segunda Seccional  de  Ocaña  declaró  abierta  la  instrucción, en cuyo marco vinculó mediante  indagatoria   a   EILEEM  LOBO  IBÁÑEZ  y  Antonio Páez Villamizar,  a  quienes  la  Fiscalía  Séptima Especializada de Cúcuta les  definió  su  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva,    como    posibles   autores   del   delito   de   concierto   para  delinquir.   

Aceptados  los  cargos  por  Páez  Villamizar  se  rompió la unidad  procesal  e  inmediatamente se clausuró el ciclo instructivo, por lo cual el 25  de  agosto  de  2004  el  sumario  fue  calificado con resolución de acusación  contra  la  procesada  como presunta autora de la conducta punible que sustentó  la imposición de la medida de aseguramiento.   

Como  la defensa impugnó esa decisión, el  27  de  enero de 2005 la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cúcuta  la confirmó en su integridad.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado   Segundo  Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad,  despacho  que  una vez tramitó las audiencias preparatoria y pública profirió  sentencia  el  29  de  junio  de  2006  por  cuyo  medio condenó a EILEEM  LOBO IBÁÑEZ a la pena principal  de  seis  (6)  años  y seis (6) meses de prisión y multa por valor de tres mil  (3.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad,  al hallarla autora  penalmente  responsable  del  delito por el cual se la acusó y de paso le negó  la  condena de ejecución condicional y la prisión domiciliaria en sustitución  de la intramural.   

Impugnada  la sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior de Cúcuta la confirmó totalmente con fallo del 10 de agosto  de  2007,  providencia contra la cual el mismo profesional del derecho interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  por  lo  cual  allegó oportunamente el  respectivo libelo.   

LA  DEMANDA   

         El  apoderado  judicial  de  EILEEM LOBO  IBÁÑEZ  formula  dos  cargos al amparo de la causal  tercera.   

         El   primero  denuncia    haberse   dictado   la   sentencia   en   un   juicio   viciado   de  nulidad.   

Sostiene inicialmente, con fundamento en la  Ley  190  de  1995  y  la doctrina de la Corte Constitucional, la obligación en  vigor  de  informar  oportunamente de la indagación preliminar o la apertura de  la  investigación,  a  la  persona  contra quien se sigue una actuación por la  ejecución  de  una  conducta  punible,  en  orden  a  darle  a conocer tanto la  imputación  fáctica  como la jurídica, para que de esta manera pueda preparar  su  estrategia  y  así  se  garantice  el  ejercicio  de  su derecho de defensa  material.   

         Posteriormente,  señala  cómo  “En el  presente  caso  tenemos  que se tuvo como indiciada primero a EILEM (sic)   LOBO,   luego  de  una  captura  irregular,  luego  de  una  requisa  sin orden judicial, y donde se le obligó a  contestar  preguntas  sin  que  antes  se  le  informara  detalladamente  de sus  derechos,  en  especial  el  de guardar silencio. A ella no se le enteró en ese  instante  mismo  de  la captura de sus prerrogativas constitucionales, ni cuando  fue  llevada a la Fiscalía para indagatoria, al punto que se le dijo en el acto  de  la  captura  que  estaba  privada  de la libertad por porte ilegal de arma y  cuando  se  la lleva a la diligencia de inquirir por otros muy distintos, disque  (sic)  por  terrorismo  y  porte   ilegal   de   arma  de  defensa  personal”.   

         A  la  par  afirma haberse omitido advertir a su representada, tras  hallarle  el  arma de fuego por los miembros de la Policía Nacional, el derecho  de  guardar  silencio a efectos de no mencionar su pertenencia a un grupo armado  al  margen  de  la  ley,  por  cuanto en esos casos, tales manifestaciones deben  hacerse  en  compañía  de  abogado,  en  aras de salvaguardar los derechos del  procesado,   so   pena   de   carecer   de  valor  la  “entrevista”       surtida      en      esas  condiciones.   

         También  señala, que tanto la policía como la Fiscalía actuaron  irregularmente  por  cuanto  no  enteraron  de  forma  clara  y  detallada de la  imputación  a  su  asistida  y además, considera tardía la imposición de los  derechos del capturado.   

         Así  mismo,  critica  cómo  a  su  cliente en la indagatoria, sin  explicación  alguna o la más mínima referencia a las pruebas, se le imputaron  cargos  por terrorismo y porte ilegal de armas de defensa personal y luego en la  ampliación,  sin ofrecerle razón alguna, se le endilgó el delito de concierto  para  delinquir,  oportunidad  en  la  cual  tampoco  se  le puso de presente el  derecho a guardar silencio.   

         Indica,  adicionalmente,  que  antes  de  la  indagatoria  nunca se  enteró  a  su  representada  de  forma  clara  y  detallada  de  la imputación  jurídica,    lo    cual    en   su   concepto   constituye   una   “Omisión  grave que se convierte en irregularidad sustancial que  obviamente  afecta  el debido proceso… Pues debe comunicarse detalladamente al  indiciado   los  motivos  de  la  imputación  penal  en  su  contra,  antes  de  adelantarse  su  vinculación  mediante diligencia de inquirir o dentro de ella,  pero  concediéndole  tiempo  para  la  búsqueda  de  medios  para  su  defensa  material”.   

También  lamenta no haberle designado a su  pupila  un  abogado antes de la indagatoria, por lo cual llegó a esa diligencia  sin   haber   dialogado  previamente  con  él  para  saber  qué  le  convenía  declarar.   

Tras  mencionar,  en  apoyo  de  sus tesis,  algunos  tratados  de derecho internacional sobre derechos humanos,  estima  que  la  trascendencia  de  la irregularidad radica en el hecho de haber omitido  informar  detalladamente  a  la  inculpada  de  los delitos por los cuales se la  vinculó  y  así  poder  ejercer su derecho de contradicción, en consecuencia,  considera  violados los artículos 29 de la Carta Política, 81 de la Ley 190 de  1995  y  2º, 8º, 9º, 13, 337 y 338 del Código de Procedimiento Penal, por lo  tanto,  solicita  se  declare  la  nulidad  de lo actuado desde la diligencia de  indagatoria de su representada.   

Consideraciones de  la Sala   

         

Cuando  se  acude  a  la  causal tercera de  casación,  el  demandante  debe precisar la especie de irregularidad sustantiva  generadora   de  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las  normas  vulneradas,  con indicación de los motivos del quebranto, sin dejar de lado los  principios orientadores del recurso casacional.   

Igualmente,  le  corresponde  determinar el  tramo  de  la  actuación  a  partir  del  cual  surte  efectos  el defecto y su  cobertura  exacta, pero también ha de indicar cómo procesalmente no hay manera  distinta  de restaurar el derecho afectado, e ineludiblemente debe acreditar que  la  irregularidad  denunciada  produce  una  secuela  negativa  y esencial en la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado, pues el recurso  extraordinario  no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes  de  demostración  o en aspectos incapaces de originar el quebranto de  derechos,   pautas  que  el  libelista  no  siguió  en  rigor  al  formular  la  censura.   

En efecto, del contenido del cargo pronto se  extrae  haber  faltado  al  principio  de autonomía, por cuanto alega vicios de  estructura  y  de  garantía  en  relación  con diferentes actos y tramos de la  actuación,  cuyos  desarrollos y consecuencias,  en cada caso, corresponde  perfilar  de  forma  distinta  y desde luego en reproches separados. Además, en  tales   oportunidades   escasamente   deja   esbozada   la    irregularidad  denunciada,  con  lo  cual omite dar cumplimiento al principio de argumentación  suficiente.   

En   este   sentido   es   claro  que  le  correspondía   al   libelista   exponer  de  forma  independiente,  clara,  coherente   y   completa,   la   real  existencia  de  los  vicios  in    procedendo    denunciados,   con  expresión  de  su  incidencia,  por  cuanto  de  acuerdo  al  principio recién  aludido,  el  contenido  del  cargo debe poseer la capacidad de explicarse a sí  mismo  en  todo cuanto toque con sus efectos trascendentes de cara al aspecto de  la  declaración  de  justicia contenido en la sentencia que se pretende remover  con el recurso extraordinario.   

En   comprobación   de   las   omisiones  advertidas,  se  observa  cómo  inicialmente pone de presente el deber legal de  informar  oportunamente  a la procesada, ya de la indagación preliminar o de la  apertura  de investigación, según ocurra una u otra primero, pero acto seguido  discute  defectos  en  la  captura,  en  la  diligencia de indagatoria e incluso  cuestiona  el  hecho  de  no  habérsele  asignado  defensor  antes  de la misma  injurada.   

         Para  mayor  desacierto,  no  expresa  si  lo  dejado  de  informar  oportunamente  fue la indagación preliminar o la apertura de la investigación,  aun  cuando  de  lo expuesto por la Sala al sintetizar la actuación procesal se  deduzca  tratarse  de  esto  último,  por  lo tanto, de ser así, correspondía  identificar,  más allá de la simple mención del artículo 81 de la Ley 190 de  1995,  cómo  se  pretermitió  lo consagrado allí, sin embargo, el silencio al  respecto  es  absoluto,  mutismo  que  se  prolonga  frente  a las consecuencias  negativas  y  esenciales  derivadas  de esta circunstancia en la declaración de  justicia  contenida en el fallo. Incluso por parte alguna el impugnante menciona  el  referente normativo según la cual es obligatorio informar a la procesada la  imputación  fáctica  y  jurídica  antes  de la diligencia de inquirir como lo  pregona.     

         La   posibilidad   de  aprobar  tan  sui  generis  presentación  y  desarrollo del cargo se ve  por  igual  comprometida  cuando  alega  irregularidades  en  la  captura  de la  inculpada,  en  particular  por  requisarla  sin  orden judicial y no advertirle  tanto   el   derecho   de   guardar   silencio   como  sus  demás  “prerrogativas   constitucionales”,  las  cuales desde luego no precisa, ni tampoco expresa las normas en sustento de  su  queja  y,  al  igual  que  en  el  aspecto  recién  abordado,  no revela su  trascendencia.   

         El  distanciamiento  frente  a los postulados casacionales persiste  al  pregonar  defectos  en  la realización de la diligencia de indagatoria, por  cuanto  si  como lo alega, resultó irregular imputarle inicialmente los delitos  de  terrorismo  y  porte  ilegal  de armas de defensa personal, para luego en la  ampliación  de  la misma deducirle exclusivamente el ilícito de concierto para  delinquir,  por  lo cual en concepto del censor, nunca se enteró a la inculpada  de  forma  clara y detallada de la imputación jurídica,  correspondía no  sólo  mencionar  las  normas  atinentes  a  la  regulación  de  este  tipo  de  diligencias,  sino  enseñar  cuál  fue  en  concreto  el  defecto  en  que  se  incurrió,  expresando la argumentación necesaria para arribar a la conclusión  de  su  carencia  de  validez.  Incluso  se  debió  agotar el mismo esfuerzo en  relación  con  la  omisión  en  que  habría  incurrido  la  Fiscalía  al  no  advertirle  a la procesada el derecho de guardar silencio en la citada injurada.   

         Al  vicio  de  estructura  que  resultaría  de las irregularidades  denunciadas  respecto  de la diligencia de  inquirir, con profundo descuido  formal  se  acompaña uno de garantía que surgiría de la falta de designación  de  defensor,  precisamente  desde  antes de tal diligencia, respecto de lo cual  tampoco  desarrolla  predicado  alguno  orientado  a  revelar a la Sala la norma  reguladora  de  la  situación  advertida,  así como su incidencia frente a los  extremos del fallo.   

         Para  acentuar  su  rebeldía frente a los postulados casacionales,  el  demandante  también  encuentra  afectado  el derecho de contradicción como  expresión  del  derecho  de  defensa, sin que en esta ocasión en manera alguna  mencione  las  singularidades  donde se coartó a la procesada la posibilidad de  ejercerlo   en   cualquiera  de  sus  distintas  manifestaciones,  valga  decir,  ofreciendo  explicaciones,  aportando  pruebas, controvirtiendo las allegadas en  su  contra,  alegando  en  las  oportunidades  procesales dispuestas en la ley o  impugnando   las   decisiones   por   cuyo   medio   se   vieron  afectados  sus  intereses.   

         Los  descuidos  del  libelista  también se encuentran presentes en  relación  con las normas invocadas en respaldo de su pretensión, por cuanto no  son  objeto  del más mínimo análisis, salvo en lo relativo al artículo 81 de  la  Ley  190  de  1995,  sin  embargo,  en este caso no atina a señalar de qué  concreta  manera  se  habría  visto  vulnerada, amén de recoger un supuesto de  hecho   distinto   al   reflejado   por  la  actuación  procesal  bajo  examen.   

En   consecuencia,  ante  la  intolerable  combinación  de  vicios  de  estructura  y  de  garantía al interior del mismo  cargo,  sumado  al  permanente  descuido  de los postulados más elementales del  recurso  casacional,  obligan a la Sala a inadmitir la  censura.   

         El      segundo     cargo  también  acusa  la  sentencia  por  haberse dictado en un juicio  viciado   de   nulidad,   por  cuanto  “adolece  de  motivación  deficiente  la providencia de segunda instancia, por cuanto se deja  de    lado    la    necesidad    probatoria    que    soporte    legalmente   la  condena”,  pues sólo se tiene en cuenta un informe  de la Policía Nacional.   

         Ataca  “el  fallo  de  condena por que  (sic)  no  hay  elemento  material  probatorio  o  evidencia  física  que demuestre con certeza que EILEM  (sic)   LOBO   pertene  (sic) o hace parte de grupo  al  margen  de  la  ley”  y  por  ello “esté  incursa  supuestamente  en  el  delito  de  Concierto por  conformación  de  grupos  al  margen  de  la  ley”.   

         Añade  que “sólo se hace referencia a  una  supuesta  manifestación disque (sic)  ella hizo ante los policiales al momento de su captura. Lo que no  es   cierto,   lo   que   ha   rechazado   siempre  la  vinculada”,  lo  cual “de todas maneras es ilegal  acotarlo  en  el  informe  policial,  por  el  derecho  antes  citado de guardar  silencio, que no fue impuesto a ella”.   

         De  otro lado, con apoyo en criterio de autoridad donde se examinan  aspectos  relativos  a  la  imputación  fáctica  y jurídica como requisito de  validez  de  la  resolución  de  acusación,  afirma  frente al caso particular  “que  no  se motivó legalmente el fallo de condena  de  segunda  instancia, que el ataque de la Defensa sobre la  precariedad e  ilegalidad  de  la  única  «prueba»   no  se  ha evacuado”  pues  “aquella «manifestación» de  la     señora     EILEM     (sic)  LOBO  de  que  era  la cocinera de las AUC, no es cierta ni está  probada”.    

         Así  las cosas, estima trascendente la irregularidad advertida por  cuanto  en  este  caso  se  dictó sentencia sin estar demostrado el delito y la  responsabilidad  de  la  acusada,  por lo tanto, se violaron los artículos 6º,  8º,  13,  16,  18,  170  del  Código  de Procedimiento Penal, en consecuencia,  solicita  casar  el  fallo  para  que  se  dicte  uno nuevo donde se cumplan los  requisitos legales.   

Consideraciones de la Sala  

         De  forma  pacífica  la  Sala  viene  advirtiendo cómo constituye  fuente    de    vicio    in   procedendo  la defectuosa motivación de la sentencia y por ello su presencia  tiene   un   efecto   invalidante.   A  la  par  ha  identificado  las  posibles  alternativas,  en  consecuencia, (i) puede estar ausente totalmente, si se omite  precisar  los  fundamentos  fácticos y jurídicos con los cuales se respalda el  fallo,  (ii)  pero  también se da el caso de ser deficiente o incompleta, si se  deriva  de una precaria argumentación por cuyo medio es imposible conocer cuál  es  el  sustento  de  la  decisión  o  sencillamente  no  es  examinado  algún  fundamento  fáctico  o  jurídico,  (iii) al paso que será equívoca, ambigua,  dilógica  o  ambivalente  en  los eventos donde el fallo contenga expresiones o  conceptos  excluyentes  entre sí y por lo tanto no sea factible desentrañar su  sentido,  o  porque  las  razones  expuestas  en la parte motiva no expliquen la  decisión anunciada en la resolutiva.   

También   tiene   dicho  que  cuando  la  motivación  de  la  sentencia  es  sofística,  aparente o falsa, por cuanto no  encuentra  respaldo  en  la verdad probada a través del proceso, en este evento  se  está  ante  un vicio in  iudicando2,  pues a pesar de ser comprensibles las consideraciones  del  fallo,  el  error  surge al apreciar las pruebas y de allí la necesidad de  perfilar   la   censura   al  amparo  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

En  el  cargo  objeto  de  examen,  bajo el  argumento       de       una       “motivación  deficiente”,  permanente se denuncia la carencia de  medios  de convicción suficientes para arribar a la certeza sobre la existencia  del  delito y de la responsabilidad de la procesada, lo cual en realidad desnuda  una motivación sofística, aparente o falsa.   

Así  las  cosas,  la  causal  de  nulidad  seleccionada  por el libelista resulta incorrecta, sin poder alegar del criterio  de  la Sala su novedad, por cuanto para la época de presentación de la demanda  ya  estaba  decantado,  por  lo cual debió acudirse a la causal primera, cuerpo  segundo, mas no a la tercera.   

La  imprecisión  casacional  se incrementa  porque  por  igual  se  pregona  del  fallo  su motivación incompleta al no dar  respuesta  a  los  alegatos  de  la  defensa,  aspecto  que  como  de  costumbre  escasamente  esboza, por lo tanto, de suyo se estarían alegando dos defectos de  motivación  derivados  de  la  sentencia  dentro  de  un mismo cargo, cuando lo  correcto  es  hacerlo  por  separado,  pues los discursos y efectos en estos dos  eventos  son  distintos,  ya  que  si se trata de una motivación sofística, el  esfuerzo  se orienta a demostrar errores en punto de la apreciación probatoria,  es  decir,  se  denuncia  una  mala práctica en la valoración de los medios de  persuasión,  mientras  al revelar una motivación deficiente, la crítica está  dirigida  a  señalar la carencia de argumentación sobre un punto en particular  o  también  porque  no se resolvió un aspecto fáctico o de derecho, es decir,  en este caso se denuncia una omisión.   

En  cuanto  a  los efectos, la motivación  incompleta  conduce  a  la  nulidad  de  la  sentencia,  en  tanto la sofística  mantiene  su  validez  pero  envuelve  un cambio en la declaración de justicia.   

Tampoco  escapa  a  la Corporación que el  impugnante  no  expuso  las  razones  por  las cuales estima violadas las normas  anotadas,  testimonio  adicional  del precario estado de la censura.     

Además,  aún  salvando  el defecto en la  selección  de  la  causal  invocada,  ello  para  nada modifica la suerte de la  censura,  por  cuanto  lo  revelado  por  ella  es  el  afán del impugnante por  rechazar  la  apreciación  de las pruebas elaborada por el sentenciador en aras  de  imponer  la  postura  personal,  sin  que  en verdad exhiba la existencia de  errores de hecho en cualquier de sus modalidades.     

Así  las cosas, la falta de requisitos de  lógica   y  adecuada  argumentación  evidenciados  por  el  cargo  imponen  su  inadmisión.   

        Finalmente,   es   oportuno   destacar   que   examinado   el   diligenciamiento  y  la providencia impugnada, la Sala no advierte violación de  derechos  o garantías de la acusada, como para que tal circunstancia imponga el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  conferida  por  el legislador en punto de  asegurar su protección.   

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

INADMITIR  la  demanda   de   casación  presentada   por   el   defensor   de   EILEEM  LOBO  IBÁÑEZ por las razones expuestas en la parte motiva  de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  inciso  2º  del   artículo 187 del Código de Procedimiento Penal, contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE         LUÍS    QUINTERO   MILANÉS                                                    YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  En  realidad se trata del año 2003.   

2 Cfr.  entre  otras,  Sentencias  de  Casación  del 12 de diciembre de 2005 y del 7 de  febrero de 2007, Radicados No. 24011 y No. 23331.     

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