29064(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29064   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 33  

Bogotá  D.C.,  veinte de febrero de dos mil  ocho.   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado RICHARD  EFRÉN  VALBUENA BUITRAGO, contra el fallo de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  Militar,  fechado  el  23 de julio de 2007, mediante el cual  confirmó  la  sentencia emitida por el Juzgado 141 de Primera Instancia ante la  Policía  Metropolitana  de Bogotá, el 28 de marzo del mismo año, en la que se  condenó  a  su  representado  legal  a  las  penas  principales  de  6 años de  prisión,  multa  en cuantía de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes  y  5  años  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas, en calidad de autor del delito de concusión.   

HECHOS  

En  anterior  oportunidad  procesal,  fueron  narrados del siguiente tenor:   

“El  Día  28  de  Diciembre  de  2003, el  auxiliar  de policía bachiller (L) RICHARD EFRÉN VALBUENA BUITRAGO recibió la  suma  de TREINTA Y DOS MIL PESOS ($32.000.oo), de manos del joven JHONY HUMBERTO  PINZÓN  TAMAYO,  para  dejarle  salir  en  libertad  de la Unidad Permanente de  Justicia  (con sede en Bogotá, se aclara),   adonde   (sic)   había   sido  conducido  en  averiguación  de  antecedentes y verificación de identidad”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Por los hechos anteriores, el Juzgado 186 de  Instrucción  Penal  Militar,  con  sede  en  Bogotá,  ordenó  la práctica de  indagación preliminar el 24 de marzo de 2004.   

La misma dependencia, mediante auto del 4 de  junio  siguiente, dispuso la apertura del proceso y la vinculación del auxiliar  bachiller  RICHARD  EFRÉN VALBUENA BUITRAGO, quien fue escuchado en indagatoria  el 25 de octubre de la referida anualidad.   

Con resolución del 27 de octubre de 2004, el  juzgado  instructor definió la situación jurídica del sindicado, aplicándole  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva,   sin  beneficio  de  excarcelación, por el delito de cohecho propio.   

El  22  de febrero de 2005, la Fiscalía 142  Penal  Militar  de  Bogotá concedió el beneficio de la libertad provisional al  procesado VALBUENA BUITRAGO.   

Clausurada  la  fase instructiva en la misma  fecha,  el  ente  instructor  calificó  el  mérito  sumarial  el  15  de marzo  siguiente,  profiriendo  resolución  de  acusación  por la conducta punible de  concusión,  en  contra  del  sindicado,  a  quien igualmente le fue revocado el  beneficio de excarcelación.   

Apelado   por   la  defensa  el  proveído  calificatorio,  la  Fiscalía  Sexta  Penal  Militar  ante  el Tribunal Superior  Militar lo confirmó el 28 de septiembre de 2006.   

La  etapa  de  conocimiento correspondió al  Juzgado  141  de  Primera  Instancia  ante la Policía Metropolitana de Bogotá,  despacho  que  tras  realizar  la Corte Marcial el 15 de febrero de 2007, dictó  sentencia  el  28  de  marzo  posterior,  condenando al sindicado RICHARD EFRÉN  VALBUENA  BUITRAGO,  como  autor  del  delito  de  concusión  tipificado  en el  artículo  404  del Código Penal, a las penas principales referidas en la parte  inicial  de  este proveído. De igual modo, le negó el beneficio sustitutivo de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y, por consiguiente,  dispuso su captura.   

El fallo condenatorio, que fue apelado por el  defensor  del  acusado,  lo confirmó íntegramente el Tribunal Superior Militar  el  23  de  julio  de  2007,  mediante  la  sentencia  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario recurso.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo único.  

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el defensor acusa a las  sentencias    de    primera    y    segunda    instancias    por    “falta   de   aplicación  de  la  ley  sustancial”,  concretamente,  aclara,  de  los artículos 209 y 396 del Código  Penal  Militar,  los cuales aluden al principio del In  Dubio   Pro   Reo   y  a  la  prueba  para  condenar,  respectivamente.   

En  orden  a  sustentar  sus  asertos,  el  casacionista  transcribe  apartados  de los fundamentos jurídicos de los fallos  acusados  y  resume el aporte probatorio, lo cual realiza de manera fraccionada,  resaltando del mismo algunos puntos que son de su interés.   

Seguidamente,  alude  a  la  diligencia  de  inspección  judicial practicada por el funcionario instructor, haciendo relevar  que  la  decretó  porque la investigación aún no estaba perfeccionada, con el  fin  de  que “los testigos de cargo indiquen en qué  sitio  hablaron  con  el  Auxiliar  y  la  ubicación  del  cajón donde estaban  guardados  los  cinturones  del  personal  de  retenidos,  y,  en  general, para  reconstruir la escena de lo hechos”.   

No   entiende   cómo,   se   cuestiona  a  continuación  el  demandante, si el juez instructor pretendía con dicha prueba  “llevarle   a   su   sana   crítica  las  razones  suficientes  que  lo  alejen  y  separen  de  la  duda,  y  en  un orden lógico  aproximarlo   ventajosamente   a  la  verdad  real”,  desatendió  el  contenido  de  las declaraciones escuchadas en desarrollo de la  misma,  por  medio  de  las  cuales  los  testigos de cargo, Juan Manuel Peralta  Quintero  y  Jhony  Humberto  Pinzón  Tamayo,  se  retractaron  de  sus  dichos  iniciales  y,  por tanto, desvirtuaron la responsabilidad de su prohijado en los  hechos investigados.   

Dicha situación, agrega, permite colegir que  en   el  proceso  se  presentan  dos  interpretaciones  acerca  de  los  hechos,  concluyendo,  a  partir  del  análisis  de  ambos testimonios, que su defendido  “no  es  el  Auxiliar o la persona que para el día  domingo  28-Dic-03  permitió  la salida de dos personas privadas de su libertad  en   la   Unidad   Permanente   de   Justicia   de   esta  ciudad”.   

Por lo anterior, sostiene el impugnante, debe  darse  aplicación  al  principio  del  In  Dubio Pro  Reo,    tópico   este   sobre   el   cual   diserta  genéricamente, apoyado en citas doctrinales y jurisprudenciales.   

Pide el recurrente, para terminar, se admita  la  demanda y se case la sentencia de segundo grado, disponiendo su revocatoria,  para  en  su  lugar absolver a RICHARD EFRÉN VALBUENA BUITRAGO del cargo que le  fuera formulado por el delito de concusión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para   el   defensor,  los  juzgadores  se  equivocaron  en  la  valoración  de las testificaciones que Juan Manuel Peralta  Quintero  y  Jhony  Humberto  Pinzón  Tamayo  rindieron  en  desarrollo  de  la  diligencia   de   inspección  judicial,  en  la  cual  se  retractaron  de  las  acusaciones  que  previamente habían formulado en contra del auxiliar bachiller  RICHARD EFRÉN VALVUENA BUITRAGO.   

Dice,   por  consiguiente,  que  ante  tal  situación  debió aplicarse el principio del In Dubio  Pro  Reo, esto es, reconocer la presencia de la duda y  absolver a su prohijado.   

El  casacionista, a efectos de sustentar el  cargo,  a  partir  de  transcripciones  fraccionadas  y  acomodadas  de  algunos  elementos  de  convicción recaudados, se limita a consignar su propio análisis  probatorio   y   a   lucubrar   genéricamente   sobre  el  principio    invocado   y   el   concepto   de  duda,  sin  indicar  en  ningún  momento  cuál,  en  concreto, fue el yerro en que incurrieron los falladores.   

Al  efecto,  basta reiterar que la Corte ha  significado  que  si  al  censor  le  ha  interesado  el  tema  del In  Dubio  Pro  Reo, debe distinguir dos  aspectos  diversos:   

    

1. Si  afirma  que  el  juez ha errado porque la sentencia reconoce la  existencia  de  duda  razonable originada en el haz probatorio y deja de aplicar  el   valor   asignado  por  la  ley,  esto  es,  certeza  (o  plena  prueba)  de  incertidumbre,    debe    invocar    violación    indirecta    por   error   de  derecho;.y     

    

1. Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable y  manifiesta  de  la  duda  partiendo  de las pruebas, y pese a ello condena, debe  acudir   a   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho1.     

En el evento del rubro, una declaración en  uno    u    otro    sentido    brilla    por   su   ausencia,   pues,    el    casacionista    se    apoya  exclusivamente  en  la  apreciación probatoria de los  juzgadores,  relacionando de  manera  genérica las reglas  de  la  sana  crítica,  lo  que obligaba,  según  su  discurso,  a  desarrollar  el   ataque  por la vía del error de hecho por falso raciocinio.   

Las evidentes deficiencias argumentativas en  que  incurre  el  impugnante,  conducen  a la Sala a hacerle saber que cuando se  aduce  la  causal primera de casación, uno de los requisitos que en seguimiento  de  claros  preceptos  lógicos  reclama  la  fundamentación del extraordinario  recurso,  para hacer posible la construcción del juicio sobre el cual pretendan  los  censores  que  la  Corte  realice  el  control de legalidad de la sentencia  impugnada,   es  indicar,  además  de  la  norma  o  normas  sobre  las  cuales  supuestamente  recayó  el  error  del fallador, exactamente en qué consiste el  mismo y cuál fue su trascendencia en el fallo.   

Sin  esta  exigencia,  el recurrente termina  oponiendo   su   personal  criterio  sobre  el  más  autorizado  del  juzgador,  incurriendo  en  el  desatino  de considerar el recurso extraordinario como otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con  la  casación  se  busca  primordialmente   el   estudio   de  la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de un debate probatorio fenecido mediante el proferimiento de una  sentencia  amparada con la doble presunción de acierto y legalidad, únicamente  destronable  por  la  presencia  de  errores  predicables  del  fallador, de tal  magnitud  que  sólo  con  su  casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo  decidido.   

Tal situación es la que pretende soslayar el  demandante  en  el  asunto  examinado, planteando un supuesto error de hecho por  falso  raciocinio,  derivado  de  la  apreciación  probatoria realizada por los  juzgadores de primera y segunda instancias.   

En  últimas,  mediante  su propio análisis  probatorio  y,  como  ya  se  dijo, a partir de una transcripción fraccionada y  acomodada  de  los  medios  de  prueba  recopilados,  indica  que  debe  hacerse  prevalecer  lo  que afirmaron los citados testigos en su segunda exposición, ya  que  sus  asertos son suficientes para desvirtuar la responsabilidad penal de su  representado.   

Puede  apreciarse,  entonces, que ninguna de  las  manifestaciones  del censor destaca asunto diverso al simple rechazo de las  consideraciones  que  dieron pie a los falladores para condenar al procesado por  el  delito  contra  la  administración  pública,  de  manera  que no es viable  desarrollar  el  ataque  bajo  la  forma  del  falso  raciocinio en el entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos  materiales  probatorios,  cuando  es  evidente  que para la estimación de tales  probanzas  nuestro  sistema probatorio predica la libre apreciación, dentro del  contexto de la sana crítica.   

Es  lo  cierto, pues, que el defensor apenas  alcanza  a  mostrar  su  obvia insatisfacción con el resultado del proceso, sin  indicar,  específicamente,  cuál  fue  el  error  en  el  que  incurrieron los  juzgadores y su trascendencia.   

De  esta forma, el demandante apenas enuncia  su  censura;  en  ningún  momento dice cuál es el principio lógico vulnerado;  tampoco  alude  a  desconocimiento  de  las reglas de la experiencia o las leyes  científicas.  Simplemente realiza una evaluación probatoria en la que pretende  anteponer  su  particular  análisis, desatendiendo por completo los parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos  previstos  para la causal por él invocada,  pasando  por  alto  que  la  sentencia,  como se dijo  antes,  llega  a  esta  sede  revestida  de  una  doble  condición de acierto y  legalidad.   

Lo   anterior,   ha  sido  suficientemente  destacado  por la Sala, en pacífica jurisprudencia, advirtiendo que quien alega  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  soportada en la violación de los  postulados  de  la sana crítica, está obligado a señalar lo que objetivamente  expresa  el  medio probatorio sobre el cual se predica el error, las inferencias  extraídas  por  el  juzgador  de  él  y  el mérito suasorio que le otorgó. A  renglón  seguido, es necesario indicar el axioma de la lógica, el principio de  la  ciencia  o la regla de la experiencia desconocidas o vulneradas, y dentro de  ellas  referirse  a  la correctamente aplicable, hasta, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  error  en  punto  de  lo  resuelto,  significando  cómo  la  exclusión  del medio criticado, indispensablemente, dentro del contexto general  de  lo  aducido probatoriamente, conduciría a una más favorable decisión para  la            parte            impugnante2.   

Nada  más  presentó  el  recurrente  para  controvertir  la  decisión  de  condena  y por ello no estima necesario la Sala  explayarse  en  un  asunto  si  se  quiere elemental, que parte de la particular  visión  probatoria del impugnante, sin penetrar a fondo en la violación apenas  enunciada.   

De   ahí   que   resulte   inexorable  la inadmisión de la demanda.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  favor  del  procesado       RICHARD      EFRÉN      VALBUENA  BUITRAGO,  conforme con las motivaciones plasmadas en  el cuerpo de este proveído.   

        Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase al  Juzgado de origen.   

Cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Auto   del   30   de   noviembre   de   1999,   Rad.  14.535.   

2  Auto    del    5   de   febrero   de   2007,   Rad.  26.382.     

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