30332(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30332  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    312   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada   por  el  apoderado  de  Federico  Roberto  Lehmann  González,  en su  condición       de       tercero       civilmente       responsable,  dentro  de la  actuación  adelantada  por  el  delito  de  homicidio  culposo  por el cual fue  condenado    GUILLERMO   HIGUITA   LOZANO,     conforme     a    los    lineamientos    de    la    casación  discrecional.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Los  hechos  que  originaron  el  presente  diligenciamiento  fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda  instancia, de la siguiente manera:     

“Los sucesos con  relevancia  penal,  ocurrieron  el  20  de  noviembre de 2002, a eso de las 4:45  p.m.,  cuando sobre la vía Panamericana falleció el señor JOSÉ RAFAEL HOYOS,  después  de  que fuera impactado en su bicicleta de carreras por la volqueta de  placas  OYO  606,  conducida  por  GUILLERMO  HIGUITA  LOZANO,  quien se dirigía, al igual que la víctima,  por  el  costado derecho de la vía en sentido norte sur, y se orilló golpeando  al ciclista”.   

2.  Iniciada, adelantada y clausurada la  investigación,  la  Fiscalía  01-003 Seccional de Popayán, el 20 de noviembre  de  2003,  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en  contra   de   Guillermo   Higuita  Lozano    por    el    delito    de   homicidio  culposo  que  tipifica  el  artículo  109 del Código  Penal     (Ley    599    de    2000),    decisión    que    fue    confirmada  por la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal  Superior  de  la  citada  ciudad,  en resolución del 27 de abril de 2004.   

3.   La etapa del juicio la tramitó  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Popayán, despacho que el 5 de octubre  de  2005  dictó sentencia de primera instancia, a través de la cual condenó a  Guillermo  Higuita  Lozano a  las  penas  principales  de  24 meses de prisión, multa de 20 salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes  y  prohibición  de  conducir  automotores  por el  término  de 3 años, a la accesoria de rigor y al pago solidario con el tercero  civilmente  responsable  de  los  perjuicios, como autor del delito de homicidio  culposo.  Así  mismo,  le concedió la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

4.    Apelado  el  fallo  únicamente  por el defensor del procesado  Higuita  Lozano, el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Popayán, el 23 de  mayo       de      2006,      lo      confirmó en su integridad.   

Cabe   precisar   que   realizadas   unas  notificaciones,  siendo la última por fijación del edicto, el mencionado fallo  de  segunda  instancia  surtió ejecutoria el “23 de  julio de 2006”.   

No obstante, por demanda de tutela presentada  por    el    ciudadano   Federico   Roberto   Lehmann  González  (tercero  civilmente  responsable  en  este  caso),  quien  acusó la existencia de irregularidades sustanciales en los actos  de  notificación  del  mencionado  fallo  de segundo grado, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sala  de  Decisión de Tutelas, mediante  providencia      del      1°     de     abril     de     2008,     amparó   al   accionante   el   derecho  fundamental      del     debido     proceso,     disponiendo     “DECLARAR  SIN  EFECTOS  el  trámite  de  notificación  dado  a la  sentencia  de  segunda instancia dictada el 23 de mayo de 2006 por la Sala Penal  del   Tribunal   Superior  de  Popayán”,  ordenando  “restablecer el trámite de notificación dado a la  citada sentencia”.   

5.    En  consecuencia,  agotadas  las  correspondientes  notificaciones,  contra la sentencia del Tribunal el apoderado  de   Federico  Roberto  Lehmann  González,  en  su  condición  de  tercero civilmente responsable, interpuso  recurso extraordinario de casación discrecional.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El   apoderado   del   tercero   civilmente  responsable  inicia  su  demanda afirmando que “para  la  procedibilidad del reproche sería de conveniencia que la Honorable Corte se  pronunciara  sobre  un tema que si bien ya lo ha considerado, aún se visualizan  conceptos  y  decisiones dispares y, por tanto, resulta menester que en aras, ya  de  una  determinación  ratificadora  y  unificadora  sobre  el  alcance de las  atribuciones  del  tercero  civilmente responsable en el proceso penal, ora para  actuar  en el mismo, bien para interponer los recursos de ley, entre ellos el de  casación,  y  en  este  caso, no solo para debatir su propia situación sino la  del  sindicado,  en  la medida en que los beneficios que obtendría este último  los comprenderían a él” (sic).   

Recuerda    que    tradicionalmente    la  jurisprudencia   de   la  Corte  limitó  el  interés  del  tercero  civilmente  responsable,  aun  cuando  con el transcurso del tiempo dicha jurisprudencia, la  que  cita  y  transcribe,  precisó  el  ámbito  de  interés  de  dicho sujeto  procesal,  incluyendo la posibilidad de abogar por la absolución del procesado.   

Admite   que   las   ultimas   providencias  “amplían  el  marco  de  actuación  del  referido  sujeto  procesal, o en otros términos, le extiende el campo a su intervención,  concretamente  en  sede  de  casación, admitiendo ya que le es permitido abogar  por  la  absolución  del  procesado,  pero aun con esta apertura sus facultades  ostentan limitantes”.   

Sin embargo, sostiene que en providencia del 5  de  diciembre  de  2007,  la  Corte  abrió  un  mayor espacio a la gestión del  tercero    civilmente    responsable,    habilitándolo   para   “plantear   temas   relativos   a  la  responsabilidad  del  directo  responsable  de  un  hecho  punible”,  es decir, que  queda  facultado  para  reclamar  en  casación “los  derechos   fundamentales   en  su  nombre  o  en  el  del  procesado”.  No obstante, pese a dicho pronunciamiento, estima que la Corte  debería  ratificar  tal posición “para que de esta  forma   se   unificara  la  jurisprudencia  sobre  el  enunciado punto”.   

Dice  que  lo anterior resulta importante por  cuanto  que  “invocando  esa  unificación,  en los  fundamentos  de  la  presente  demanda  de  casación  se  planteará,  por este  tercero,   representado   por   su   defensor,  que  al  sindicado  le    fue    violado    el    derecho    fundamental   del   debido  proceso, expresado en una irregular investigación o,  mejor,  en  la  ausencia de una investigación integral y, además, en el examen  probatorio   se   incurrió   en   errores   de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad” (negrillas ajenas al texto).   

Partiendo   de   dicha  justificación,  el  libelista,  apoyado  en las causales primera y tercera de casación, formula dos  cargos  contra  la  sentencia del Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan de la  siguiente manera:   

Causal primera  

Único cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido  en  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho que conllevó a la  falta  de  aplicación  de los artículos 32, numeral 1°, y 7°, inciso 2°, de  los  Códigos  Penal  y  de  Procedimiento  Penal  y  aplicación  indebida  del  artículo 109 de primer estatuto citado.   

Luego   de   hacer   referencia   a   las  consideraciones  que  fundaron  el  fallo condenatorio, las que, en su criterio,  son  producto  de  conjeturas,  afirma que el razonamiento del juzgador no es el  reflejo   de   la   real  ocurrencia  de  los  hechos,  pues  se  deja  entrever  “una  disconformidad  entre  los aspectos fácticos  que  la  sentencia  establece  y  el  suceder  real  de  los  mismos”,  situación  que  permite  vislumbrar  la  trascendencia de los  errores.   

Dice que el sentenciador incurrió en error de  hecho  por  falso juicio de identidad al momento de valorar los testimonios Juan  Ferney  Sánchez  Paz  y  Oswaldo Mera Palechor, así como las explicaciones del  sindicado,   en   la   medida   en   que   estas   versiones  fueron  apreciadas  parcialmente.   

Sostiene    que    tanto    Higuita  Lozano como sus dos compañeros de  viaje  en  forma  similar dieron cuenta de cómo sucedieron los hechos, pues, no  obstante  que  incurrieron  en algunas contradicciones, las cuales no pueden ser  “cargadas    como    indicios   en   contra   del  sindicado”, de manera coordinada y cierta expresaron  la  realidad  de  lo  ocurrido, testimonios que, en su criterio, “no  fueron tenidos en cuenta por el juzgador, aunque se reitera, no  hubo   una   omisión   total   de  ellos,  sino  una  indebida  y  parcializada  apreciación,  de  ahí  que  se  predique el error de hecho por falso juicio de  identidad”,  en  la  medida  en  que “se   le   tergiversa,  se  le  cercena,  se  la  mutila”.   

Después  de citar jurisprudencia de la Corte  relativa  a  la  conceptualización  del  falso juicio de identidad, asevera que  “en  el  caso  de  estudio  no  hay  elementos  de  persuasión  que  contradigan  lo  expresado por los presenciales y por el autor  del  hecho.  Siendo  ello  así, no es posible que sus atestaciones sean tenidas  como  reflejo  de  un  actuar  imprudente  del  sindicado, porque esas probanzas  pregonan  la  presencia  de  un  caso  fortuito  como  generante de la tragedia.  Recuérdese  que el tiempo del evento llovía torrencialmente, circunstancia que  no   fue  suficientemente  valorada  por  el  sentenciador,  siendo  de  crecida  importancia,  pues  vendría  a  ser un elemento más configurante de una fuerza  mayor  que  dificultó  en  grado  sumo  el  accionar  del conductor”.   

“Si bien es cierto  que  las  carencias  de  la  volqueta  se  comprobaron, es decir, la ausencia de  direccionales  y  de  parqueo, tales deficiencias no es factible recogerlas como  causas  que  contribuyeron  al  accidente, porque este fue tan imprevisto que ni  aun  su  presencia  lo  hubiese  evitado.  Por  otra parte, la imperfección del  sistema  de  frenos  es  un  aspecto  que no se demostró de manera técnica por  intermedio  de peritos, pues se adujo como probanza una observación superficial  de  ese  mecanismo,  y es entendible que para arribar a una conclusión sobre la  real  deficiencia,  es  menester  un  estudio  detallado  con  pruebas  sobre el  vehículo.  Pero  aceptando  en  gracia  de discusión tal anomalía, se repite,  dada  la  forma imprevista e imprevisible como sucedieron los hechos, ni el más  perfecto  mecanismo de frenos hubiese evitado el accidente que ahora lamentamos.  Con  esto se quiere indicar que las irregularidades que advierte el Tribunal, no  fueron    las    motivantes    de   la   muerte   de   José   Hoyos”.   

Estima  que  si  se  hubiesen “entendido  de  manera  cabal las expresiones del sindicado y de los  testigos  del  acontecimiento,  en  el  sentido  diáfano  de  las  mismas,  sin  tergiversaciones  ni  acomodos,  se  habría  aceptado  que no hubo una conducta  imprudente  por  parte  del  procesado”, debiéndose  todo  a  un  caso fortuito ajeno a la conducta de su defendido dado el carácter  de   de   imprevisible   e   inevitable,  pues,  en  su  opinión,  Higuita  Lozano  no actuó con ligereza ni  faltando al deber de cuidado que le era exigible.   

Por consiguiente, dice que siendo evidente el  citado  caso  fortuito,  resulta claro que el Tribunal dejó de aplicar la norma  sustancial que lo contempla y la cual gobierna el presente asunto.   

Ahora  bien,  afirma  que  si  se aceptara la  ausencia  de  la  alegada eximente de responsabilidad, de todos modos el proceso  sólo  arroja  dudas  frente a la responsabilidad del procesado, “en  razón  a que el conocimiento fluye imperfecto, deficiente y no  pleno  para  decir  que  estamos  en  presencia  de  esa  certeza  exigible para  condenar”.      

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su procurado.   

Causal tercera  

Único cargo  

Acusa  al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un juicio viciado de nulidad, por violación del principio de investigación  integral.   

Antes de sustentar la censura, afirma que este  cargo  lo  formula  de manera subsidiaria, pues, sin contrariar los lineamientos  propios    del   principio   de   prioridad,   considera   que   “para  el  procesado  tiene  un  mejor  y  mayor  significado el ser  absuelto   que   favorecido   con   una   declaratoria   de  nulidad”.   

A continuación, sostiene que en este caso se  violó  el  debido proceso y el derecho de defensa, toda vez que “sin   practicar  una  prueba  técnica  a  fondo  de  la  volqueta,  orondamente  se  dijo  que  esta  adolecía  de  desperfecto  en  su  sistema de  frenos”.  Estima  que de haberse realizado un examen  técnico   completo   a  dicho  automotor  “habría  reportado    resultados    positivos    acerca   de   la   normalidad   de   ese  mecanismo”.   

Así   mismo,   dice  que  también  debió  realizarse  la diligencia de “reconstrucción de los  hechos”  con  la  asistencia  de  peritos,  elemento  probatorio que hubiese arrojado claridad sobre lo acontecido.   

Por lo tanto, solicita a la Corte declarar la  nulidad   de   todo   lo   actuado   a  partir,  inclusive,  del  cierre  de  la  investigación.   

ALEGACIÓN     DEL     NO   RECURRENTE   

La  Procuradora  153  Judicial  II en Materia  Penal  de  Popayán,  luego de recordar cuáles han sido los lineamientos que la  ley  y  la  jurisprudencia  han  precisado  para  la  adecuada sustentación del  recurso  extraordinario  de  casación  excepcional,  y de sintetizar los cargos  consignados  en  el  libelo  presentado  por el apoderado del tercero civilmente  responsable,  concluye  que  el  recurso  interpuesto  resulta procedente, en la  medida  en  que  el  demandante  cumplió  “con los  requerimientos de la técnica”.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.   Es  evidente que en este caso sólo  procede  la  casación  discrecional,  toda vez que el quantum punitivo que  la  ley  establece para el delito de homicidio culposo no contempla pena  máxima  que exceda los ocho (8) años de prisión,  habida  cuenta  que  dicha  conducta  punible,  por  la  cual fue  condenado    el    procesado    Guillermo    Higuita  Lozano,  prevé como sanción principal la prisión de  dos  (2) a seis (6) años, según el artículo 109 del Código Penal (Ley 599 de  2000), vigente para la época de los hechos.   

De  igual  manera, es claro que el apoderado  del  tercero civilmente responsable, ciudadano Federico  Roberto   Lehmann   González,  tiene  legitimidad  e  interés  para  recurrir  a  través  de  esta  vía extraordinaria excepcional,  según  así  lo  autoriza  el  artículo 209 del Código de Procedimiento Penal  (Ley 600 de 2000).   

2.  De otra parte, cuando la casación se  intenta  por  vía  excepcional, requiere no sólo que se trate de una sentencia  de   segundo   grado   y   que   la   conducta    punible    sea   sancionada   con   privación   de   la  libertad   inferior   a    la    pena    exigida   para   la   casación     común     u    ordinaria,    sino    que  también    es    preciso   que   el   actor   cumpla   con  la   carga   de   fundamentar  los  motivos  por los cuales considera se ha  violado  una  garantía  fundamental o porque se hace necesario el desarrollo de  la     jurisprudencia,    pues    sólo    a    esos  eventos   se   restringe  la  admisibilidad  de  esta  modalidad de casación.   

Ahora  bien,  en cuanto al presupuesto de la  fundamentación,   debe  indicarse  que  cuando  se  trata  de  la  necesidad   del   desarrollo   de   la   jurisprudencia,  hipótesis aquí seleccionada, ha dicho la Sala que el demandante  está  obligado a exponer una argumentación lógica dirigida a evidenciar si lo  que  se pide es la unificación de posiciones encontradas sobre el particular, o  la   actualización   de   la   doctrina   hasta  el  momento  imperante,  o  el  pronunciamiento  sobre  un  tema  aún no desarrollado, o la precisión sobre el  alcance  de  la  ley  cuando ésta presenta vacíos o el necesario análisis con  ocasión  del  tránsito legislativo de leyes, debiéndose señalar, además, de  qué  manera  la decisión que va a adoptar la Corte presta el doble servicio de  solucionar  adecuadamente  el  caso  y  de  guía  como  criterio auxiliar de la  actividad  judicial  por  tratar  derroteros  de interpretación con criterio de  autoridad.   

Al   respecto  la  Sala  ha  indicado  que  “la   demanda  de  sustentación  del  recurso  de  casación  por  la  vía  discrecional,  debe  justificar  la  solicitud  en  la  necesidad       del       desarrollo       de       la   jurisprudencia,    ya   por   su   unificación,  dada   sus    variaciones    o    la    diversidad    de   criterios   sostenidos  por  la Corte, ora porque existan vacíos  que  exijan  precisiones  o  ampliaciones para señalarle sentido y alcance a la  ley,  o bien porque con ocasión al tránsito  de  leyes  o   por   la   concurrencia   de   nuevas  realidades   fácticas  o  jurídicas,  la  Sala no haya tenido oportunidad de referirse a un  tema  sustancial  específico, ante el cual la sentencia acusada yerra o infiere  agravio   al   impugnante,   como  también  para   propiciar   la  ampliación  de los mecanismos protectores de las  garantías        de        los        derechos        fundamentales”.1   

Así  mismo, en lo que hace relación con la  garantía de los derechos fundamentales, como  al  parecer también se invoca en este caso, la jurisprudencia  de  la  Corte  ha  sido  reiterada  y clara en indicar que el casacionista   está       obligado       a      desarrollar      una   argumentación   sistemática   y   lógica   dirigida   a    evidenciar    el   desacierto,   siendo  imperioso  que  demuestre   el   desconocimiento  de  una  garantía  por  quebrantamiento   de    la    estructura    básica   del   proceso   o   por   violación  de  un derecho fundamental, e indicar las normas  constitucionales  que  lo  protegen  y  su  concreto conculcamiento con la parte  dispositiva de la sentencia.   

3.  Cumplido  lo  anterior,  dado  que  la  casación  es de naturaleza extraordinaria y rogada, se debe elaborar la demanda  respetando  las  reglas  de  formulación,  desarrollo  y  demostración  de los  cargos,  según  la causal invocada y el modo de violación de la ley sustancial  señalado,  pues  el recurso extraordinario, en cuanto juicio lógico jurídico,  cuenta  con una serie de reglas señaladas por el legislador y desarrolladas por  la  jurisprudencia  con  el fin de que no se convierta en una tercera instancia,  las  cuales  se constituyen en un conjunto de postulados orientados a lograr que  el  demandante  se  sujete  a  unos  derroteros  lógicos  y  coherentes  en  la  postulación  y  desarrollo  de  sus reparos, de tal suerte que resulten claros,  precisos y demostrados.   

4.    Así las cosas, encuentra la  Sala  que  si  bien es cierto el demandante acudió a las dos hipótesis legales  que  permiten  el  acceso  a  la  casación  discrecional, también lo es que el  contenido  argumentativo  de  las  mismas  y  la  formulación  de los cargos no  cumplen  los  presupuestos  en  precedencia  indicados.   

4.1.   En efecto, en cuanto atañe a la  invocada  hipótesis  del  desarrollo  de  la  jurisprudencia  como motivo de la  casación  discrecional,  el  actor  no cumplió con los derroteros inicialmente  señalados,  pues  no resulta lógico ni coherente que frente a las atribuciones  o   facultades   del   tercero   civilmente  responsable,  relacionadas  con  la  posibilidad  de “reclamar o plantear temas relativos  a  la  responsabilidad  del procesado”, afirme que la  jurisprudencia  de  la  Sala  contiene  “concepto y  decisiones   dispares”   que   hacen  necesaria  su  unificación,  pero  al mismo  tiempo  reconozca,  en su propias palabras, que la actual jurisprudencia, la que  cita,  “amplía el marco de actuación del referido  sujeto  procesal o, en otros términos, le extiende el campo a su intervención,  concretamente  en sede de casación, admitiendo ya que  le   es   permitido   abogar   por   la  absolución  del  procesado”.   

En  otros  términos, no es comprensible que  pretenda      la     “unificación     de     la  jurisprudencia”  cuando  en  la  actualidad la misma  resulta  unificada o definida, como el propio demandante lo vislumbra, frente al  tema  de  las  atribuciones  del  tercero  civilmente  responsable, es decir, la  posibilidad  de  abogar  por  el procesado buscando su absolución a través del  recurso  extraordinario  de  casación,  situación  que,  sin duda, demerita la  debida  justificación  que  conlleve a la necesaria intervención de la Sala en  este específico caso.   

Si  la  intención  del  casacionista  como  representante   del  tercero  civilmente  responsable  es  la  búsqueda  de  la  absolución  del  procesado  y  dicha  pretensión  cuenta  con  el  aval  de la  jurisprudencia  de la Corte, se impone entonces colegir que, como se indicó, no  se  hace necesario un nuevo pronunciamiento jurisprudencial al respecto, pues la  argumentación del actor no demuestra lo contrario.   

Y  si bien es cierto que el libelista afirma  que   no   obstante  existir  el  mencionado  criterio  pacífico  de  la  Corte  “debería   ratificar   tal  posición”,  pues, en su opinión, la citada jurisprudencia “ostenta  limitantes”, también lo es que  tales  premisas  no las fundamentó ni las desarrolló, toda vez que no precisó  cuáles     son    las    “limitantes”  que  en la actualidad recaen sobre las atribuciones del tercero  civilmente  responsable ni, consecuentemente, indicó las razones por las cuales  la  jurisprudencia  debería  ser  ratificada,  dilucidando de esa manera, en un  escenario  de  unificación  doctrinal con criterio de autoridad, las facultades  del multicitado sujeto procesal.   

Además,  tampoco ilustró de qué manera la  decisión  que  pudiera  adoptar  la Sala presta el doble servicio de solucionar  adecuadamente  el  caso  y  de  guía  como  criterio  auxiliar  de la actividad  judicial.   

Ahora  bien,  si  en gracia de discusión se  acogieran  los  argumentos  del  actor  para  justificar  la intervención de la  Corte,  de  todos  modos  carece  de  interés jurídico para acudir a esta sede  casacional  a  través  del  único cargo apoyado en la  causal      primera,     por     las     siguientes  razones:   

En  primer  término,  resulta  conveniente  recordar   que  el  derecho  a  la  impugnación  impone  el  estudio  sobre  el  interés    jurídico    que    asiste   al   sujeto  procesal,  con  el  fin de verificar si la providencia  objeto  de  inconformidad  le  causó algún perjuicio o desmedro que lo lleve a  solicitar  la  remoción,  mejoramiento  o atemperamiento de la decisión que le  resulta gravosa.   

De  otro lado, como lo ha ilustrado la Corte,  en  cuanto  atañe  al  interés jurídico para impugnar la sentencia de segunda  instancia  a  través del recurso de casación, se hace indispensable establecer  en  cada caso en particular y en concreto si el fallo inflige agravio, perjuicio  o menoscabo a los derechos del respectivo sujeto procesal.   

De igual manera, la jurisprudencia de la Corte  ha  dicho  que,  por  regla  general,  la  no interposición o sustentación del  recurso  de  apelación de la sentencia  de  primer  grado,   lleva   a   concluir   que   hay  conformidad  con  las   decisiones   adoptadas   en   dicho  fallo,   motivo   por   el   cual   si  pretende  acudir a la sede de  casación,  claro  resulta  que  carecería de interés  jurídico.   

Sin  embargo,  la  Sala  ha  señalado que la  anterior regla general comporta las siguientes excepciones:   

“a)   Cuando  aparezca  demostrado que arbitrariamente se le impidió el ejercicio del recurso  de instancia.   

“b)  Cuando  el  fallo  de  segundo  grado modifique su situación jurídica, de manera negativa,  desventajosa o más gravosa.   

“c)  Cuando  se  trate  de fallos consultables que causen perjuicio, para los eventos en que aún  resulte procedente.   

“d)  Cuando  el  sujeto procesal proponga nulidad por la vía extraordinaria.   

“La  falta  de  interés  para recurrir, cuando se ha dejado de impugnar la sentencia de primera  instancia,  con  las  salvedades  planteadas,  se  predica  de todos los sujetos  procesales,     sin     privilegio     distinto    del    que    pueda    surgir  normativamente”.2   

En  esas  condiciones  y  en cuanto atañe al  citado    cargo,  resulta  claro  observar  que  el  apoderado       del       tercero      civilmente  responsable  carece  de interés jurídico para acudir  al   recurso  de  casación,  toda  vez  que,  como  quedó  consignado  en  los  antecedentes  de  esta  providencia, no apeló el fallo de primer grado, aspecto  que   permite  colegir  su  conformidad  con  las  decisiones   allí   adoptadas,    sin    dejar    pasar    por   alto   que,   en   este  específico  caso,  no  se  vislumbra ninguna de las  excepciones  anteriormente  transcritas,  como  sí  sucede  con el cargo  fundado en  la causal nulidad.   

Además,  tampoco aparece elemento de juicio  que  permita  inferir de manera fundada que al tercero  civilmente   responsable  se  le  haya  impedido  el  ejercicio  de  la  impugnación  de  instancia  o  que el fallo de segundo grado  hubiese  desmejorado  sus  pretensiones,  máxime  cuando  el Tribunal confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia.   

En    consecuencia,    al   carecer    el    libelista   de   interés   para   acceder   a  esta  sede  casacional,  lógico  es colegir que la censura no  está llamada a ser admitida.   

En  segundo  lugar, no sobra indicar que este  reproche,  postulado bajo la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, no cumple los lineamientos que la  ley  ha  previsto  para su formulación, pues si bien es cierto que el libelista  acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido  en error de hecho por falso juicio de  identidad  en  la  valoración  de  las explicaciones del procesado Higuita   Lozano   y  de  los  testimonios  rendidos  por  Juan  Ferney  Sánchez  Paz  y Oswaldo Mera Palechor, pues, en su  criterio,  dichas versiones fueron apreciadas parcialmente, es decir, cercenadas  o  mutiladas, también lo es que no precisó, como era su deber, cuáles apartes  o  párrafos  de dichas pruebas fueron objeto de la acusada tergiversación, sin  que,  además,  hubiese  dedicado  explicación  alguna tendiente a concretar la  trascendencia de tal presunto error.    

En  otras  palabras,  en lugar de indicar, de  manera  clara  y  precisa, cuál fue la distorsión objetiva en que incurrió el  ad  quem  sobre  los citados medios de convicción, se duele de las conclusiones  que  obtuvo  el  Tribunal  para  deducir la existencia de la conducta punible de  homicidio  culposo,  sin  olvidar  que  tampoco  demostró  la trascendencia del  vicio,  puesto  que  en  manera alguna evidenció cómo de haberse realizado una  correcta   apreciación   probatoria,   el  fallo  necesariamente  habría  sido  favorable  a  los  intereses  del  procesado  y,  consecuentemente,  del tercero  civilmente  responsable,  para  lo  cual  debió  increpar  los demás medios de  convicción  que  sustentaron  el  fallo  de  condena,  los  cuales  ni siquiera  mencionó.   

Además,  el  reproche  sufre  una  notoria  confusión,  pues  en  espera  de que el actor demostrara la acusada distorsión  por  cercenamiento,  dedicó el discurso a hacer afirmaciones tales como que las  consideraciones  del  Tribunal  son producto de conjeturas, o que la valoración  del  tales  testimonios  fue parcializada, o que “en  el  caso de estudio no hay elementos de persuasión que contradigan lo expresado  por  los  presenciales  y  por  el  autor del hecho”,  aseveraciones  éstas  que,  sin  duda,  extralimitan los postulados propios del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad acusado, adentrándose de manera  indebida en otros sentidos casacionales.      

En  síntesis,  la  labor  demostrativa de la  censura  la  centró  en  imponer  su  personal  valoración de los elementos de  juicio,  concluyendo  que  en  la conducta de su defendido concurrió una causal  eximente  de  responsabilidad  o  que  la  duda  era  el  instituto  que  debía  solucionar  el  caso,  desconociendo  que  la  simple disparidad de criterios no  constituye  error  demandable en esta sede, toda vez que el juzgador, dentro del  método  de  persuasión  racional, goza de libertad para apreciar los elementos  de  juicio válidamente allegados a la actuación, sólo limitado por las reglas  que  estructuran  la  sana  crítica,  sin  que,  en  este  caso,  el actor haya  demostrado error de apreciación alguno.   

4.2.   Por  último, en lo relativo a la  segunda  hipótesis  de  la  casación  discrecional  mencionada por el actor al  inicio  del  libelo  y  desarrollada  de  manera  lacónica  en  el último  cargo  propuesto  con  base en la  causal  tercera,  si bien es  cierto  que  alega  la  vulneración  del  principio  de investigación integral  propio  del  debido  proceso  como  derecho  fundamental,  por cuanto que, en su  criterio,  era  indispensable  que  se  practicara  una experticia al sistema de  frenos   del   automotor  y,  así  mismo,  se  llevara  a  cabo  diligencia  de  “reconstrucción    de   los   hechos”,  también  lo es que la censura quedó a mitad de camino, en la  medida  en  que carece de la necesaria trascendencia derivada de su oposición a  la  lógica  del  fallo,  para  demostrar  de  esta  forma  que  de  haber  sido  practicadas  las  pruebas  echadas  de  menos  hubiera impuesto una orientación  distinta, labor que evidentemente no emprendió.   

En  efecto,  el  actor  no  precisó cómo la  práctica     de     la     prueba     técnica     y     la     “reconstrucción   de  los  hechos”  que  reclama  habrían  conducido  ineludiblemente  a  derrumbar las conclusiones que  obtuvo  el  juzgador  al  valorar  de  manera  conjunta  las  pruebas legalmente  aducidas,  las  cuales  le  permitieron  predicar,  en  grado de certeza, que el  procesado  Higuita  Lozano es  autor  responsable  del  delito  de homicidio culposo, o, en otros términos, no  ilustró  a  la  Corte  cómo  la  aducción de dichos elementos de juicio   hubiesen   arrojado,  de  manera  indefectible  e   indudable,   que   la  muerte de José Rafael Hoyos fue producto de un  caso  fortuito  y  no  por  la  violación  del  deber  de cuidado por parte del  conductor de la volqueta involucrada.   

De  la lectura del breve reproche surge claro  que  el  demandante  sólo  se  limitó  a  dolerse  de  la  no aducción de las  mencionadas   pruebas   y   a   afirmar   que   las   mismas  hubiesen  arrojado  “claridad    sobre    lo   acontecido”,   sin   que   a   continuación   haya   procedido   a  dedicar  argumentación  demostrativa  alguna  que  permitiese  a la Corte concluir en su  necesaria   intervención   en   aras   de   enmendar   el  derecho  fundamental  supuestamente afectado.   

En  fin,  no tuvo en cuenta el censor que el  fallo  llega  a  esta  sede  precedido  de  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad,  es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente  apreciados  y  el  derecho acertadamente aplicado, motivo por el cual constituye  una  carga  para  el  demandante  entrar a evidenciar el error in iudicando o in  procedendo  invocado,  según el caso, y demostrar su trascendencia frente a las  conclusiones adoptadas en la sentencia.   

Finalmente, frente a la afirmación del actor  en  el  sentido  de  no haber postulado en primer lugar el cargo de nulidad, por  considerar  que  “para el procesado tiene un mejor y  mayor  significado  el  ser  absuelto  que  favorecido  con  una declaratoria de  nulidad”,  se  hace necesario precisar lo siguiente:   

Recuérdese que la coherencia conceptual y el  rigor  metodológico  de  la  casación  imponen  que  dentro de la demanda y su  correspondiente  respuesta  se debe dar aplicación al principio de prioridad en  la  invocación de las causales y la proposición de los cargos, toda vez que es  necesario  tener  en  cuenta la incidencia procesal que genere la prosperidad de  alguno  de  ellos  respecto  del  efecto  corrector  o  invalidante  del recurso  extraordinario.       

Al respecto ha dicho la Sala:  

“Ello obedece a la  lógica   sobre   el  cual  está  edificado  este  recurso  extraordinario.  Su  racionalidad  impone  verificar  previamente,  esto  es,  antes de cuestionar el  fondo  de  la  sentencia,  si  la estructura y los instrumentos de garantía del  proceso  no  han sufrido escamoteo alguno. Sólo entonces, una vez constatada la  legitimidad  constitucional  del  procesamiento  que  le dio origen, es factible  entrar  a  auscultar  la  sentencia  en  sí  misma, en orden a comprobar si sus  soportes  probatorios  y el raciocinio que sobre ellos se ha operado, se ajustan  o  no  a  la  legalidad”.3   

Así,  entonces,  cuando  de varios cargos se  trata  y uno de ellos se apoya en la causal de nulidad, el método, la lógica y  la  coherencia  precisan que primero se debe despejar todo aquello atinente a la  legalidad  y  validez  tanto  del  proceso  como de la sentencia impugnada, para  posteriormente   adentrarse  en  las  demás  materias  que  involucren  asuntos  relacionados  con  la  aplicación  de  la  ley  sustancial o con la valoración  probatoria,  pues,  como  lo  ha  enseñado  la  jurisprudencia, “no  es  razonable  que primero se acepte la validez del proceso, se  reproche  su  valoración  probatoria y se censure la indebida aplicación de la  ley,  y  luego  se  cuestione  la  eficacia  y legitimidad del mismo”,4    como   sucede   en   este  caso.   

Por consiguiente, no corresponde a la lógica  y  a  la  metodología  mencionadas  que  se  alegue  en primer término asuntos  propios  de  la  valoración  probatoria  como  aquí  lo  hizo el censor,   aceptando   con   ello   la   legalidad y validez del fallo,  para  luego  cuestionarlo,  así  sea de manera parcial, relativa o fraccionada,  pues  la  sentencia  es  la providencia que por su naturaleza contiene, define y  sustenta   todos   los   extremos,   generales   y  específicos,  del  proceso.   

En   consecuencia,   no  es  de  recibo  la  afirmación,  según  la  cual,  “para el procesado  tiene  un  mejor  y  mayor  significado  el  ser  absuelto  que favorecido   con      una     declaratoria     de     nulidad”,   pues,   como   se   dijo, prevalece   el    examen    de   la   legalidad   y   de   la   validez   del   proceso   y  de la sentencia   ante los demás cuestionamientos sustentados en otros motivos.   

En    esas    condiciones,   como   la   demanda  acusa  las  graves  falencias  que    se   han   precisado   y   toda   vez   que   el   principio   de   limitación   que  rige  el  trámite   casacional   impide   a   la   Corte   subsanarlas,   se   impone  su  inadmisión.   

Cabe  acotar  que  el  estudio  detenido del  expediente  permite  a la Sala concluir que no procede la casación oficiosa por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal  de nulidad ni vulneración de derechos  fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de  Federico   Roberto   Lehmann   González, en su condición de tercero civilmente  responsable,  dentro  del  proceso     que     se    adelantó    contra    el    procesado    GUILLERMO     HIGUITA    LOZANO.    En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                    

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Rad.  21950,  casación  discrecional  del  24  de  noviembre  de  2004.  Ver también  casación  discrecional  21770  del  30 de junio de 2004; casación discrecional  22572  del 29 de septiembre de 2004: casación discrecional 23226 y 23327 del 16  de  febrero  y del 2 de marzo de 2005, respectivamente, y casación discrecional  25998 del 5 de octubre de 2006.   

2  Casación 25864 del 23 de agosto de 2006.   

3  Casación 17281 del 19 de junio de 2003.   

4  Casación 18656 del 21 de abril de 2004.     

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