28931(28-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28931  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado   acta   No.   133                                                                                                                 Magistrado Ponente:   

Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

Bogotá   D.   C.,   veintiocho   de   mayo  de  dos  mil  ocho.   

Corresponde  a  la  Corte conceptuar sobre la  extradición  del  ciudadano  colombiano Ricardo Ramón  Tulena  Otero  (alias  Monchis  o  Ricky),  solicitada por el Gobierno de los Estados  Unidos de América.   

Antecedentes.   

1.  Mediante  Nota Verbal  2973 de 26 de  septiembre  de 2007, el Gobierno de los Estados Unidos de América, a través de  su  embajada  en  Colombia,  solicitó  la  detención  provisional con fines de  extradición  del  ciudadano  colombiano Ricardo Ramón  Tulena  Otero,  para  ser  juzgado  por  delitos   federales  de  narcóticos y  lavado  de  dinero. El 2 de octubre el Fiscal General de la Nación libró orden  de   captura   en   su   contra,   la   cual   se   hizo   efectiva   dos  días  después.     

2. Con Nota Verbal 3784 de 30 de noviembre, el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América formalizó la referida solicitud de  extradición   y   adjuntó   para   fundamentarla  los  siguientes  documentos,  debidamente traducidos al idioma español:    

–  Segunda  acusación  formal  de  reemplazo  06-20450,  dictada  el  12 de junio de 2007 en la Corte Distrital de los Estados  Unidos  para  el  Distrito  Este de Michigan, División Sur, mediante la cual se  acusa  a  Ricardo  Ramón  Tulena  Otero  por  los delitos de Asociación delictuosa  para  distribuir  un  kilogramo  o  más  de  heroína,  Asociación  delictuosa  para importar un kilogramo o  más      de      heroína      y     Asociación       delictuosa      para      lavar      instrumentos  monetarios.          

–  Declaraciones  de  apoyo  a  la solicitud,  rendidas    bajo    juramento    por    Michael   C.  Leibson,   Fiscal  Auxiliar para el Distrito Este  de   Michigan,   y  Steven  Temprano,  Agente  Especial  de  la  Administración  Antinarcóticos  de los  Estados    Unidos.    

–  Listado  y  reproducción  de  las  normas  aplicables al caso, y   

– Orden de arresto impartida contra la persona  solicitada por las autoridades judiciales de los Estados Unidos.   

3. El           3 de diciembre de 2007, el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  remitió  el expediente de extradición al  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia informando que por no existir convenio  vigente  con  los  Estados  Unidos de América, se imponía obrar de conformidad  con  el  ordenamiento  procesal  penal  colombiano.  Y  el  día  siguiente,  el  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia envió la actuación a la Corte, donde  agotado  el  procedimiento  previsto  en  la Ley 906 de 2004, corresponde emitir  concepto.    

Alegaciones     de     los     sujetos  intervinientes.   

De la defensa.  

Solicita   a   la   Corte  emitir  concepto  desfavorable a la petición de extradición.   

Afirma  que  el  requerimiento  relativo a la  equivalencia  de la providencia proferida en el extranjero con la resolución de  acusación  colombiana, no se cumple en el caso analizado, porque las exigencias  establecidas  en  los  artículos  397 y 398 de la Ley 600 de 2000 se encuentran  ausentes.   

La  primera  de  estas  normas  exige  como  requisitos  sustanciales  para  dictar  resolución  de acusación, que se halle  demostrada  la  ocurrencia  del  hecho  y  que exista confesión, testimonio que  ofrezca  serios  motivos  de   credibilidad,  indicios  graves, documentos,  peritación  o  cualquier  otro  medio probatorio que señale la responsabilidad  del sindicado.   

El país requirente no cumple ninguna de estas  exigencias.  La acusación se limita a realizar un relato de los hechos en forma  general,  sin  contar con respaldo probatorio que demuestre la existencia de las  conductas  típicas  y  la  responsabilidad  del  acusado,  y sin determinar las  pruebas que existen en su contra.    

La segunda disposición exige como requisitos  formales  de la acusación, una  narración sucinta y circunstanciada de la  conducta  investigada,  las relación y evaluación de las pruebas allegadas, la  calificación  jurídica  provisional  de  la  conducta,  y  la  respuesta a las  alegaciones de los sujetos procesales.   

La   acusación  del  país  requirente  no  especifica  las  circunstancias de modo tiempo y lugar, pues en los dos primeros  cargos,  por  asociación delictuosa para distribuir e  importar  heroína,  se  afirma “siendo desconocidas  las  fechas  exactas”  y  “en  otros  lugares”,  lo  cual no satisface las  exigencias de una acusación formal.   

En  el cargo quinto sucede igual. La justicia  norteamericana,  al  imputar  a  la  persona requerida el delito de Asociación  delictuosa para lavar dinero,  reincide  en  la utilización de expresiones como “o alrededor de esa fecha”  y  “en  otros  lugares”,  desconociendo  los lineamientos establecidos en el  artículo      398.      

El artículo 336 de la Ley 906 de 2004, por su  parte,  exige  para la presentación del escrito de acusación, que la fiscalía  cuente  con  elementos  materiales probatorios, evidencia física o información  legalmente  obtenida,  que  permita  afirmar, con probabilidad de verdad, que la  conducta  delictiva  existió,  convicción a la cual es muy difícil llegar sin  conocer  la  fecha y lugar exactos de la ocurrencia de los hechos, y la cantidad  de estupefaciente incautado.   

Y el 337 ejusdem, en su numeral 2°, establece  que  la resolución de acusación debe contener una relación clara y sucinta de  los  hechos jurídicamente relevantes; y el numeral 5°, exige el descubrimiento  de  las  pruebas,  que  debe ir en documento anexo, cuyo contenido se explica en  los siete literales siguientes.    

Del Ministerio Público.  

La  Procuradora  Tercera  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  a la Corte emitir concepto favorable, pues considera  que  los  requisitos  relacionados  con  la  validez formal de la documentación  presentada,   la   demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado,  la  concurrencia  del  principio  de la doble incriminación y la equivalencia de la  providencia  proferida  en  el extranjero, que el artículo 502 de la Ley 906 de  2004  prevé  como condiciones para hacerlo, se cumplen a cabalidad.     

SE CONSIDERA:  

La Ley 906 de 2004, estatuto aplicable al caso  por  la fecha en que ocurrieron los hechos y la ausencia de convenio vigente con  los  Estados  Unidos  de  América,  establece  que  el concepto que corresponde  emitir  a  la Corte debe fundarse en, (i) la validez formal de la documentación  presentada,  (ii)  la  demostración plena de la identidad del solicitado, (iii)  el  principio de la doble incriminación, (iv) la equivalencia de la providencia  proferida  en  el  extranjero,  y  (v)  el  cumplimiento  de  lo previsto en los  tratados    públicos   cuando   fuere   necesario1.   

Por  separado  serán  estudiadas cada una de  estas  específicas  condiciones,  con  el  fin de establecer si concurren en el  caso  analizado,  y  seguidamente  las  que  establece  el  artículo  35  de la  Constitución  Nacional,   relacionadas  con las causas de improcedencia de  la  extradición  por  razón  de  la fecha en que ocurrieron los hechos por los  cuales  se  procede,  el  lugar  de comisión de éstos y su naturaleza común o  política.   

1.   Validez   formal   de  los  documentos  aportados.   

La  normatividad  procedimental  exige que la  solicitud   de   extradición  se  haga  por  vía  diplomática,  o  de  manera  excepcional  por  la  consular  o  de  gobierno  a  gobierno, acompañada de los  siguientes   documentos   e   información,   en  la  forma  establecida  en  la  legislación  del Estado requirente: (i) copia o transcripción auténtica de la  acusación  o  del  fallo dictado en el país extranjero, o su equivalente; (ii)  indicación  de  los  actos  que  determinan  la  solicitud  de  extradición  y  señalamiento  del  lugar  y la fecha en que fueron ejecutados; (iii) inclusión  de  los datos que sirvan para establecer la identidad de la persona reclamada; y  (iv)    la    reproducción    certificada    de   las   disposiciones   penales  aplicables2.    

El artículo 259 del Código de Procedimiento  Civil,  modificado  por el 1°, numeral 118 del Decreto 2282 de 1989, dispone, a  su  vez,  que  los  documentos  públicos  otorgados en país extranjero por sus  funcionarios,   o   con   su  intervención,  deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por  el  cónsul  o  agente diplomático de la República, o en su  defecto  por  el  de  una  nación amiga, y que su firma debe ser abonada por el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia.  Y  si se trata de agentes  consulares  de  un  país amigo, se autenticarán previamente por el funcionario  competente  del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano3.      

Estas exigencias de carácter formal se hallan  debidamente  reunidas  en  el  caso  analizado. La solicitud de extradición fue  tramitada  por  vía  diplomática  y  adjunta  a  la  misma aparece copia de la  segunda  acusación  formal de reemplazo 06-20450 dictada el 12 de junio de 2007  en  la  Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Este de Michigan,  División  Sur, en la cual aparecen relacionadas las conductas que la determinan  y los marcos temporales y espaciales de su ejecución.   

De  la documentación aportada hacen también  parte   copia   de   la   orden   de   arresto   dictada   contra   Ricardo   Ramón   Tulena  Otero  por  las  autoridades  judiciales  de  los  Estados  Unidos;  la  declaración  jurada  de  Michael         C.         Leibson, Fiscal Auxiliar  para  el  Distrito  Este  de  Michigan,  quien explica el procedimiento del Gran  Jurado  y  hace  un  recuento  de  los  hechos  y  los  cargos  imputados  a  la  persona   solicitada en extradición; y   el   testimonio  de  Steven  Temprano,  Agente  Especial de la Administración Antinarcóticos  de   Estados   Unidos,  quien  se  refiere  a  los  hechos  y  las  pruebas  del  caso.   

Estos   documentos   fueron   aportados  en  traducción  al  español  y se encuentran debidamente autenticados. La copia de  la  acusación  aparece  certificada  por el Secretario de la Corte Distrital de  Estados  Unidos  para el Distrito Este de Michigan. Las declaraciones del Fiscal  Michael  C.  Leibson  y  del  Agente    Especial   Steven   Temprano   se   hallan  certificadas  por  Thomas  N.  Burrows,  Director  Asociado  de la Oficina de Asuntos  Internacionales  de la División de lo Penal del Departamento de Justicia de los  Estados  Unidos,  cuya firma fue refrendada por Michael  B.  Mukasey,   Procurador  de los Estados Unidos, quien ordenó estampar el sello  del  Departamento  de  Justicia y solicitó al Director adjunto de la Oficina de  Asuntos Internacionales dar fe de su firma.   

De  la imposición del sello del Departamento  de  Justicia  de  los Estados Unidos en el referido documento certifica a su vez  la  Secretaria  de  Estado Condoleezza Rice,  quien en prueba de ello ordenó imponer el sello del Departamento  de  Estado  y  solicitó  al  Funcionario  Auxiliar  de Autenticaciones de dicho  Departamento   Patrick   O.   Hatchett,  suscribir  su  nombre.  Finalmente,  el  Consulado  de  Colombia  en  Washington   da   fe   de   la   autenticidad   de   la  firma  de  Patrick O. Hatchett.   

En  las anotadas condiciones, se concluye que  los  requerimientos   formales  de  legalización  de la documentación que  sirve  de  sustento  a la solicitud de extradición, exigidos por las normas del  Estado  requirente y  el Estado Colombiano, se cumplieron a cabalidad en el  presente  caso,  y  que desde esta perspectiva los documentos aportados con este  fin  se  tornan  aptos para ser considerados por la Corte en el estudio que debe  preceder el concepto.    

2.   Identidad   plena   de   la   persona  reclamada.   

El Gobierno de los Estados Unidos de América  solicita  la  entrega  de  Ricardo Ramón Tulena Otero,  conocido también como “Monchis” y “Ricky”, de  nacionalidad  colombiana,  nacido  el  18  de septiembre de 1965, portador de la  cédula         de        ciudadanía        colombiana        No.72’123.866,    de    acuerdo   con   la  información  que  aparece  consignada en la solicitud de detención provisional  con  fines  de  extradición,  en  la  petición  formal de extradición y en el  testimonio  de  apoyo del Agente Especial de la Administración Antinarcóticos,  entre otros documentos.   

Estos datos de filiación coinciden plenamente  con  los  de  la persona capturada, según se establece de confrontarlos con los  suministrados  por  ella  con  ocasión  de  su  aprehensión,  y  que  aparecen  consignados  en  el  informe de captura, en el acta de lectura de sus derechos y  en  el  Informe  de  Consulta  AFIS  de  la  Registraduría  Nacional del Estado  Civil,   constatación  que  permite  concluir  que la persona que se halla  privada  de  la  libertad  es  la  misma  que  el Gobierno de los Estados Unidos  solicita.   

3.     Principio     de     la    doble  incriminación.   

Este  postulado  impone  verificar  que  los  comportamientos  delictivos  imputados  a  la  persona  reclamada  en  el  país  solicitante  estén  previstos como delito en Colombia, y que tengan adscrita en  nuestra  legislación  sanción  privativa  de  la  libertad cuyo mínimo no sea  inferior a cuatro (4) años.     

Ricardo  Ramón  Tulena  Otero  es  solicitado en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos  de  América  para  que  comparezca  a  responder  en  juicio por los delitos de  Asociación delictuosa para distribuir un kilogramo o  más  de  heroína,  Asociación delictuosa para importar un kilogramo o más de  heroína   y   Asociación  delictuosa  para  lavar  instrumentos monetarios. Estos  cargos  aparecen  consignados  en  la  segunda  acusación  formal  de reemplazo  06-20450 de 12 de junio de 2007, en los siguientes términos:   

CARGO UNO  

(21  U.S.C.  846-Asociación  delictuosa para  distribuir 1 kilogramo o más de heroína)   

“1.  Que  desde el 1° de enero de 2006, o  antes   de  esa  fecha,  hasta  la  fecha  de  esta  acusación  formal,  siendo  desconocidas  las  fechas  exactas,  en  el Distrito Este de Michigan y en otros  lugares,     HUGO     ALFONSO     MANOSALVA    SANCHEZ,    alias    ‘Mauricio            Osorio  Rodríguez’,   alias  ‘Alvaro  Luis  Suárez  Bedoya’,     alias  ‘Hugo’,       alias       ‘Hugo        Castelo’,  LUZ  NELLY DECASTRO (sic) BUELVAS,  alias                  ‘Amiguita’,  NICOLAS   UBILLUS,   JOSE  LOPEZ  GOMEZ,  CECILIA  SOTOMAYOR,  ROBERTO  SABBAGH,  RICARDO    RAMON    TULENA    OTERO,    alias           ‘Monchis’  o  ‘Ricky’,  y  JOSKIN ALAIN MANOSALVA AHUMADA,  los  acusados  en  la  presente,  a  sabiendas,  intencional,  e  ilegalmente se  unieron,  asociaron  delictuosamente,  confederaron y acordaron con varias otras  personas  para  cometer un delito o delitos en perjuicio de los Estados Unidos y  en   violación   a  las  disposiciones  de  las  Secciones  841  (a)(1)  y  841  (b)(1)(A)(i)  del  Título  21, Código Federal de los Estados Unidos, es decir,  intencional  e  ilegalmente  distribuir y poseer con la intención de distribuir  un  kilogramo  o  más  de  una  mezcla  o  sustancia  conteniendo heroína, una  sustancia  controlada  de  la lista I. Todo en violación al Título 21, Código  Federal de los Estados Unidos, Sección 846.   

CARGO DOS  

(21 U.S.C.  963 – Asociación delictuosa  para importar 1 kilogramo o más de heroína)   

1. Que desde el 1° de enero de 2006, o antes  de  esa fecha, hasta la fecha de esta acusación formal, siendo desconocidas las  fechas  exactas,  en  el  Distrito  Este  de  Michigan  y en otros lugares, HUGO  ALFONSO   MANOSALVA  SANCHEZ,  alias  ‘Mauricio                Osorio               Rodríguez’,       alias       ‘Alvaro       Luis       Suárez  Bedoya’,     alias  ‘Hugo’,       alias       ‘Hugo        Castelo’,  LUZ  NELLY DECASTRO (sic) BUELVAS,  alias                  ‘Amiguita’,  NICOLAS   UBILLUS,   JOSE  LOPEZ  GOMEZ,  CECILIA  SOTOMAYOR,  ROBERTO  SABBAGH,  RICARDO    RAMON    TULENA    OTERO,    alias           ‘Monchis’  o  ‘Ricky’,  y  JOSKIN ALAIN MANOSALVA AHUMADA,  los  acusados  en  la  presente,  a  sabiendas,  intencional,  e  ilegalmente se  unieron,  asociaron  delictuosamente,  confederaron y acordaron con varias otras  personas  para cometer un delito o delitos en perjuicio de los Estados Unidos en  violación  a las disposiciones de las Secciones 952 y 960 (b)(1)(A) del Título  21,  Código  Federal de los Estados Unidos, es decir, intencional e ilegalmente  importar  heroína,  una  sustancia  controlada  de  la  lista  I  al territorio  aduanero  de los Estados Unidos desde Colombia, un lugar del extranjero. Todo en  violación del Título 21, Código Federal de los Estados Unidos.   

CARGO CINCO  

(18  U.S.C.  1956  (a)(3)(A), 1956 (a)(3)(B),  1956  (a)(3)(C),  y 1956 (h) -Asociación delictuosa para lavar los instrumentos  monetarios)   

1.  Que  el  primero  de  enero  de  2006, o  alrededor  de  esta  fecha,  y  continuando  hasta  la  fecha de esta acusación  formal,  en el Distrito Este de Michigan y en otros lugares, HUGO ALPHONFO (sic)  MANOSALVA     SANCHEZ,     alias    ‘Mauricio                Osorio               Rodríguez’,       alias       ‘Alvaro       Luis       Suárez  Bedoya’,     alias  ‘Hugo’,       alias       ‘Hugo        Castelo’,  LUZ NELLY DE CASTRO BUELVAS, alias  ‘Amiguita’,  NICOLAS UBILLUS, JOSE LOPEZ GOMEZ,  CECILIA  SOTOMAYOR,  ROBERTO  SABBAGH,  RICARDO  RAMON  TULENA       OTERO,       alias      ‘Monchis’         o        ‘Ricky’,  y  JOSKIN ALAIN MANOSALVA AHUMADA,  los  acusados  en  la  presente,  y  otros  sabiendo que los bienes involucrados  señaladas  (sic)  como  las  ganancias  provenientes  de  una  actividad ilegal  especificada  tal  como  es  definida  en  el Título 18, Código Federal de los  Estados  Unidos,  Sección  1956 (c)(7), es decir, la distribución de heroína,  un  delito  grave conforme al Título 21, Código Federal de los Estados Unidos,  Sección  841  (a)  (1),  a  sabiendas,  intencional  e  ilegalmente se unieron,  asociaron  delictuosamente,  confederaron  y  acordaron  entre  sí y con otros,  tanto  conocidos como desconocidos por el Gran Jurado, para realizar o causar la  realización  de  transacciones  financieras  que  involucraban las ganancias de  dicha  actividad  ilegal,  con la intención de promover la continuidad de dicha  actividad  ilegal,  para  ocultar o disfrazar la naturaleza, ubicación, origen,  propiedad  y  control  de  las ganancias de dicha actividad ilegal o para evitar  los  requisitos  de  declaración  de  transacciones conforme a leyes federales;  todo  en  violación  del  Título  18,  Código  Federal de los Estados Unidos,  Secciones 1956 (a)(3)(A), (a)(3)(B), (a)(3)(C) y (h)”.   

Las  normas  sustanciales  mencionadas  en la  acusación,  de  las  cuales  obra  traducción  al  español en el informativo,  describen  los  delitos  de  Asociación ilícita para  distribuir    heroína  en  cantidad  igual  o  superior  a  un  kilogramo  y  Asociación  ilícita  para  importar  heroína,  en  cantidad  igual  o  superior  a  un kilogramo, para los  cuales  se  consagran penas de encarcelamiento que oscilan entre diez (10) años  y  no  más  de  cadena  perpetua,  y  de  Asociación  ilícita  para  lavar  instrumentos monetarios, para el  cual  se  prevé  pena  de multa y/o prisión de hasta veinte años.   

En la legislación colombiana estas conductas  encuentran  equivalencia  típica en el artículo 340 inciso segundo del Código  Penal,  modificado por los  artículos 8° de la Ley 733 de 2002 y 19 de la  Ley  1121  de  2006,  que  define  el  concierto para  delinquir,   el  cual  adscribe  como  sanción  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  ocho  (8)  a dieciocho (18) años de  prisión  y  multa  de  dos  mil  setecientos  (2700)  hasta treinta mil (30000)  salarios mínimos legales mensuales. Dice la norma.   

“Art.  340. Modificado por la Ley 733/2002,  artículo  8°. Modificado por la Ley 1121 de 2006, artículo 19. Concierto para  delinquir.  Cuando  varias personas se concierten con  el  fin  de  cometer  delitos,  cada  una  de  ellas  será penada, por esa sola  conducta, con prisión de tres (3) a seis (6) años.   

“Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos    de   genocidio,   desaparición   forzada   de   personas,   tortura,  desplazamiento       forzado,      homicidio,      terrorismo,      tráfico   de   drogas   tóxicas,   estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,   secuestro,   secuestro   extorsivo,  extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  y  conexos,   o   financiamiento   de  terrorismo  y  administración  de  recursos  relacionados  con actividades terroristas, la pena será de prisión de ocho (8)  a  dieciocho  (18) años y multa de dos mil setecientos (2700) hasta treinta mil  (30000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

“La  pena  privativa  de  la  libertad se  aumentará  en  la  mitad  para quienes organicen, fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen,  constituyan  o financien el concierto para delinquir”.   

Lo  visto  muestra  que  los  contenidos  del  principio  de la doble incriminación se hallan también reunidos en el presente  caso,  pues  las  conductas  imputadas a Ricardo Ramón  Tulena   Otero   en  el  país  requirente  se  hallan  tipificadas  igualmente  como  delitos  en  la  legislación colombiana, bajo la  denominación  de concierto para delinquir,  con  sanción  privativa  de  la libertad cuyo mínimo es mayor a  cuatro (4) años.   

4. Equivalencia de la  providencia proferida en el extranjero.   

Este  requisito  impone  establecer  que  la  decisión  judicial  que  contiene los cargos  contra la persona reclamada,  por  los  cuales  se  pide la extradición, corresponda en sus aspectos formal y  sustancial  al  acto  procesal  conocido  en  la  legislación  colombiana  como  resolución     de     acusación,    es  decir,  a  la decisión que sirve de introducción a la fase del  juicio,  a  través  de  la  cual  el  Estado acusa a una persona determinada de  violar  la  ley  penal,  discrimina los cargos que le imputa, señala los hechos  que  le  sirven  de  fundamento,  indica  el  lugar  y la época de comisión, y  precisa  las  normas jurídicas aplicables al caso, para que el acusado tenga la  posibilidad de conocerlos y enfrentarlos.    

Revisada  la  segunda  acusación  formal  de  reemplazo  06-20450, se establece que este documento, al igual que sucede con la  acusación  en  el sistema procesal colombiano, contiene cargos concretos contra  personas   determinadas,  identifica las normas penales aplicables al caso,  y  marca  la  iniciación del juicio, particularidades que permiten concluir que  se   está   en  presencia  de  actos  procesales  jurídicamente  equivalentes.   

La  defensa  pone  en  tela  de  juicio  el  cumplimiento  de  esta  exigencia con el argumento de que la acusación aportada  por  Gobierno de los Estados Unidos para sustentar la solicitud de extradición,  no  relaciona  los  hechos  que  la  motivan,  ni  las  pruebas  que  sirven  de  fundamento,  ni  las  fechas  y  lugares  exactos  de ejecución de la conductas  típicas,  ni  las  cantidades  exactas  de  sustancia estupefaciente que fueron  objeto de importación o distribución.   

Esto  es  una  verdad  a medias, porque si la  acusación  es examinada aisladamente, con independencia de las declaraciones de  apoyo   del  Fiscal  Auxiliar  y  del  Agente  Especial  de  la  Administración  Antinarcóticos,  que se aportaron para complementarla, podría llegarse a dicha  conclusión,  pero  si  dichos  documentos  son  consultados,  como  corresponde  hacerlo,  la  conclusión  es  diferente, porque allí aparecen determinados, en  detalle,   los   referidos   aspectos.  Para  mayor  ilustración,  véanse  las  precisiones  que  sobre el particular contiene el testimonio del Agente Especial  Steven  Temprano:     

Antecedentes  

“5. La investigación reveló que Manosalva  Sánchez,  De  Castro Vuelvas, Tulena Otero  y Manosalva Ahumada eran miembros de una Organización Traficante  de  Drogas  (OTD) que traficaba e importaba cantidades considerables de heroína  a  Detroit,  Michigan  y  Miami,  Florida,  áreas  de los Estados Unidos. Estas  actividades  fueron  llevadas  a  cabo  desde  enero  de 2006 hasta el presente,  incluyendo  el  envío  de  aproximadamente  1,300 gramos de heroína a Detroit,  Michigan  y  de  aproximadamente  6  kilogramos  de  heroína  a Miami, Florida.  Además  aproximadamente  2 kilogramos de heroína fueron incautados en Bogotá,  Colombia,  a  bordo  de  una  aeronave  comercial  con destino hacia los Estados  Unidos.   

“6. La investigación reveló que Manosalva  Sánchez,  De  Castro Buelvas, Tulena Otero  y  Manosalva  Ahumada  y su OTD utilizaban los sistemas bancarios  estadounidenses    e   internacionales   para   ocultar   de   las   autoridades  gubernamentales  partes  considerables de las ganancias provenientes de la venta  y  distribución  de narcóticos. Uno de los métodos utilizados por la OTD para  lavar  las  ganancias  provenientes del tráfico de narcóticos era depositarlas  en   una   cuenta   bancaria  a  nombre  de  entidades  comerciales  y  personas  interpuestas.  Cuando  depositan  estas  ganancias  provenientes del tráfico de  narcóticos  en  cuentas  bancarias,  los  traficantes  de drogas y sus personas  interpuestas    con    frecuencia    ‘estructuran’  los  depósitos  para  mantener  el  nivel de un depósito individual inferior a  $10,000.          Esta         ‘estructuración’  de  los  depósitos  es  realizada  con la intención de evitar o  evadir  la presentación de informes sobre transacciones monetarias exigidos por  la institución financiera”.    

Pruebas  

“20.   La   investigación  reveló  que  Tulena  Otero era miembro de  la OTD y esposo de De Castro Buelvas.   

“21. Tulena Otero  es  dueño  de un negocio de transferencia de remesas  en     Colombia.     Tulena    Otero    utilizaba  este negocio para facilitar las actividades de lavado de  dinero  de  la  OTD  y  fue  interceptado legalmente en numerosas ocasiones como  parte  de  una  grabación  judicialmente autorizada por un tribunal de Colombia  hablando  acerca  de  transacciones  de  narcóticos  y operaciones de lavado de  dinero.   

“22. Las pruebas en contra de Tulena   Otero,  incluyen  entre  otras,  conversaciones  telefónicas  legalmente  interceptadas  obtenidas como parte de  una  grabación judicialmente autorizada por un tribunal de Colombia y registros  de  incautaciones de narcóticos realizados en los Estados Unidos y en Colombia.  La   investigación   reveló   además   que   Tulena  Otero  y  su  esposa,  De  Castro Buelvas, utilizaban  cuentas  bancarias  en nombre de las mismas personas interpuestas para lavar las  ganancias provenientes de tráfico de drogas para la OTD.   

“23. Las conversaciones legalmente grabadas  obtenidas  como parte de una grabación judicialmente autorizada por un tribunal  de  Colombia  incluyeron  conversaciones  entre  Tulena  Otero  y  De  Castro  Buelvas  hablando  acerca de la  utilización  de  miembros  de  la  familia  de  De Castro Buelvas como personas  interpuestas   a  los  fines  de  establecer  cuentas  financieras  que  serían  utilizadas    para   lavar   ganancias   provenientes   del   tráfico   drogas,  conversaciones    entre    Tulena   Otero  y  dos  traficantes  de  drogas  que  querían  que  Tulena    Otero    remitiera   ganancias  provenientes   del   tráfico   de   drogas   de  Miami,  Florida,  a  Colombia.  (Tulena  Otero aceptó y les  dijo    que    pondría    cuentas    bancarias   a   disposición   para   esta  transferencia).   

“24.  Entre  las conversaciones legalmente  grabadas  obtenidas como parte de una grabación judicialmente autorizada por un  tribunal     de    Colombia    había    conversaciones    entre    Tulena  Otero  y  Monsalva (sic) Sánchez  hablando   acerca   de   la   presión   que   estaba   sufriendo   Tulena  Otero para pagar por las ganancias  provenientes  del  tráfico  de  drogas  perdidas,  y  acerca  del  hecho de que  Tulena Otero había recibido  un  mensaje  amenazador  de  sus  socios  criminales  referido a estas ganancias  faltantes  y  su  preocupación  de que éstos viajarían a su ubicación (la de  Tulena  Otero). Tulena  Otero le dijo a Manosalva Sánchez  que  se  comunicara  con  Virgilio  Duque  Duque para que éste pagara el dinero  faltante.   En   una   conversación   subsiguiente,   legalmente  interceptada,  Tulena  Otero le dio a Duque  Duque que los dueños del dinero viajarían a su ubicación”.   

Como  puede  verse,  en  este  documento  se  consignan  con  claridad  los  límites  temporales  dentro  de  los  cuales  se  cometieron  los  delitos  imputados,  los  lugares  de origen y de destino de la  sustancia  controlada,  la  clase  de  sustancia, sus cantidades aproximadas, el  modus  operandi  de la organización, el papel cumplido en ella por Ricardo  Ramón  Tulena Otero y  las  pruebas que sustentan los distintos  cargos,  información  que  analizada conjuntamente con el escrito de acusación  no   deja   dudas  sobre  la  especificación  de  las  circunstancias  modales,  temporales  y  espaciales  que acompañaron los hechos delictivos por los cuales  se solicita la extradición.   

5.   Causas   de  improcedencia.   

El artículo 35 de la Constitución Nacional,  modificado por el primero del acto legislativo 01 de 1997, dice:   

“La  extradición  se  podrá  solicitar,  conceder  u  ofrecer  de acuerdo con los tratados públicos y, en su defecto con  la ley.   

“Además,   la   extradición   de  los  colombianos  por  nacimiento se concederá por delitos cometidos en el exterior,  considerados como tales en la legislación penal colombiana.   

“La extradición no procederá por delitos  políticos.   

“No  procederá la extradición cuando se  trate  de  hechos  cometidos  con anterioridad a la promulgación de la presente  norma”.   

De  acuerdo con esta disposición, son causas  de  inviabilidad  de  la  extradición, las siguientes, (i) que el delito por el  cual  se  procede  sea  de  naturaleza  política,  (ii)  que se trate de hechos  cometidos  con  anterioridad  al  17 de diciembre de 1997, y (iii) que el delito  haya sido cometido en territorio colombiano.   

Ninguna de estas prohibiciones se presenta en  el  caso  analizado.  Los  delitos   de  concierto  para cometer delitos de  narcotráfico  y  de  concierto para lavar instrumentos monetarios, que la Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos para el Distrito Este de Michigan, División  Sur,   le   imputa  a  Ricardo  Ramón  Tulena  Otero,  son  de  naturaleza común, no política. Y los hechos  que  sustentan  la  acusación ocurrieron entre el primero de enero de 2006 y el  12   de   junio   de   2007,   es   decir,  después  del  17  de  diciembre  de  1997.   

El lugar de comisión de los hechos tampoco se  erige  en  factor  de  improcedencia de la extradición, porque el estudio de la  acusación  y  de  las declaraciones de apoyo permite constatar que Ricardo  Ramón  Tulena  Otero hacía parte  de  una  organización  criminal  que  se  dedicaba  a  tráfico  de  sustancias  controladas  desde  Colombia hacia los Estados Unidos y al lavado de los dineros  obtenidos de esa actividad ilegal, según se dejó visto.   

La  reseña realizada en el acápite anterior  deja   en  claro  que  los  hechos  por  los  cuales  se  acusa  a  Ricardo  Ramón  Tulena Otero trascendieron  las   fronteras   del  territorio  patrio,  y  que  se  cumple,  por  tanto,  el  condicionamiento  constitucional  consistente  en  que  la  conducta  haya  sido  realizada  en  el  extranjero,  cualquiera  sea  la  teoría que se aplique para  determinar  el  lugar de comisión del ilícito (de la  acción, del resultado o de la ubicuidad).   

6.     El  concepto.   

La  Sala,  teniendo  en cuenta que en el caso  analizado  concurren los requerimientos relacionados con la validez formal de la  documentación  presentada, la demostración plena de la identidad de la persona  solicitada,   el  principio de la doble incriminación y la equivalencia de  la  providencia proferida en el extranjero, y que no se está frente a causas de  improcedencia de la extradición, emitirá concepto favorable.   

7.   Cuestión  final.   

La  Corte  previene al Gobierno Nacional para  que   en   el   evento   de   que  acceda  a  la  extradición  de  Ricardo  Ramón  Tulena  Otero  advierta al  Estado  requirente  que  su  juzgamiento  no podrá incluir hechos cometidos con  anterioridad  al  17  de  diciembre  de  1997,  ni sucesos diferentes de los que  motivan  la  solicitud  de extradición y determinan su entrega, y que no podrá  ser  sometido  a  desaparición  forzada,  tortura,  tratos crueles, inhumanos o  degradantes,  ni condenado a pena de muerte, cadena perpetua o confiscación, de  acuerdo  con  lo  establecido  en los artículos 11, 12 y 34 de la Constitución  Política de Colombia.   

El  Gobierno  Nacional advertirá también al  Estado  requirente,  que  en  caso  de  llegarse  a un fallo de condena, deberá  computarse  el  tiempo  que Ricardo Ramón Tulena Otero  ha  estado privada de la libertad con ocasión de este  trámite  de  extradición.  De  igual  modo,  lo  requerirá  para que frente a  situaciones   de   absolución,  retiro  de  cargos,  sobreseimiento  o  eventos  similares,  o  el  cumplimiento  de  la  pena  por  los  cargos  que  motivan la  extradición  en  el  evento  de  ser  condenado,  garantice  la permanencia del  solicitado  en  ese  país  y su retorno a Colombia en condiciones de dignidad y  respeto por la persona humana.   

El Gobierno Nacional, encabezado por el señor  Presidente  como  supremo  director de la política exterior y de las relaciones  internacionales,  deberá realizar el seguimiento a los condicionamientos que se  impongan  a  la concesión de la extradición y determinar las consecuencias que  se  derivarán  de  su  eventual incumplimiento, en virtud de lo dispuesto en el  numeral 2° del artículo 189 de la Constitución Política.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  emite  CONCEPTO  FAVORABLE   a   la  extradición  del  ciudadano  colombiano  Ricardo  Ramón  Tulena  Otero,   solicitada  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos de América a través de su  embajada  en Colombia, por los cargos contenidos en la segunda acusación formal  de  reemplazo  06-20450, dictada el 12 de junio de 2007 en la Corte Distrital de  los   Estados   Unidos  para  el  Distrito  Este  de  Michigan,  División  Sur.   

Por  la  Secretaría de la Sala, comuníquese  esta  determinación  al requerido  Ricardo Ramón  Tulena  Otero,  a  su  defensor,  al representante del  Ministerio  Público  y  al  Fiscal  General  de  la  Nación,  para  los  fines  pertinentes.   

Devuélvase al expediente  al Ministerio del Interior y de Justicia.   

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

Aclaración de voto  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Permiso  

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                     

                                    

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición  que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En ese orden de cosas, estimo que es preciso  advertir  en  el  concepto sobre la necesidad de plantear otras condiciones a la  entrega  del  reclamado,  derivadas  del hecho de que el acto de extradición no  implica  que  el  extraditado  pierda  la nacionalidad colombiana, lo cual sólo  ocurre   frente  a  los  presupuestos  señalados  en  el  artículo  98  de  la  Constitución.   

En  tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes4 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese que los preceptos que desarrollan  la  extradición tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de 2004, además  de  reiterar  las reglas constitucionales (improcedencia por delitos políticos,  o  la  de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con anterioridad al 17  de     diciembre     de     1997    –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el  organismo  al  que  le  corresponde  ofrecer  o  conceder la extradición de una  persona     y     las     facultades     sobre     la    materia    –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además,  el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las  penas  de  destierro,  prisión  perpetua      y      confiscación’,  a las cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas, no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”5   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce6,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al  artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición, es  misión  del  Estado,  por  medio  del  ámbito  de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Artículo 502.   

2  Artículo 495 de la ley 906 de 2004.   

3 Esta  regulación  legal  resulta  aplicable  al  caso  en  virtud  del  principio  de  integración  normativa  previsto  en  el  artículo  23  del  estatuto procesal  penal.   

4 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

5  Sentencia C-1106/00.   

6 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *