29593(18-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29593  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No.     162   

Bogotá, D.C., dieciocho (18)  junio de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación    presentada    por    el    defensor    público   de   YEISON  FABIÁN  FONSECA  OYOLA, contra el  fallo   del   4   de  diciembre  de  2007,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Bogotá revocó1  la  sentencia  adoptada  por  el  Juez Dieciocho Penal del  Circuito   con   Funciones   de  Conocimiento  de  la  misma  ciudad,    el    7    de   junio   de   2006,   quien   lo   absolvió  por  el delito de homicidio.    

H   E   C   H   O  S   

El  1°  de enero de 2006, a las 2: 30 de la  madrugada,  en  la  calle 71 con carrera 6ª sur de Bogotá, una vez se celebró  la  fiesta  de  año  nuevo,  cuando  ya  los  familiares  habían abandonado el  inmueble,  ANTONIO  SARMIENTO  ALFONSO, estaba sentado escuchando música, de un  momento  a  otro,  quedó  sobrecogido  al  escuchar fuertes golpes en la puerta  seguidos  de las voces de sus cuñados YURIT y JORGE CAMELO CÁCERES, quienes le  pidieron  que  abriera rápido; maniobra que ejercitó desde donde se encontraba  sentado,  dándose  cuenta  que  detrás  de  ellos venía un grupo de treinta o  cuarenta  personas,  quienes  lanzaban  piedras  y palos contra la vivienda y al  mismo tiempo trataban de ingresar.   

YURIT,  trató  de  impedir  el ingreso a la  vivienda  del  grupo,  mientras  que  ROBINSON  ANDRÉS  SARMIENTO, salió de su  cuarto  y  sin  entender  lo  que  ocurría, quiso calmar a las personas, en ese  preciso  momento  fue  apuñalado a la altura de la nuca, por alias “el    brevas”,    quien    estaba  acompañado     del    “pichurrias”,  hombre que tenía un palo en la mano. ROBINSON, alcanzó a salir  de  su  casa  y  cayó  en  el  pavimento,  falleciendo el 2 de enero por muerte  cerebral, en el hospital.   

Por  estos  acontecimientos  fue procesado y  condenado YEISON FABIÁN FONSECA OYOLA.   

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 25 de mayo de  2006,  ante  el Juzgado Veintiséis Penal Municipal de  Bogotá,  con  Funciones  de Control de Garantías, en  audiencia     preliminar,     la    Fiscalía    15  Seccional  de  la  Unidad  Segunda   de  delitos  contra  la  Vida  y  la  Integridad  Personal  le  imputó  a  YEISON  FABIÁN FONSECA  OYOLA,     el     punible     de     homicidio   simple,  quien  decidió  no  aceptarla, una vez fue legalizada su captura.    

2. El 28 de junio de  2006,   la   misma   Fiscalía  Seccional,      presentó      escrito      de  acusación  contra  FONSECA  OYOLA,  ante  el Juzgado 18  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento,  por el   punible  de  homicidio2.      

3. El 7 de junio de  2006,   el   Juzgado   de   Conocimiento,  absolvió por  el  delito  imputado  a  YEISON FABIÁN FONSECA OYOLA.  El   4   de   diciembre  de  2007,  el  Tribunal   Superior   de   Bogotá,  por  apelación    elevada    de    la    Fiscalía   15  Seccional,                revocó  la  sentencia  recurrida  por la  Fiscalía  Seccional,  para  en  su  lugar,  condenarlo  por  homicidio a  la  pena  principal  de  268  meses de  prisión  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

Así  mismo,  lo  sentenció  al  pago  de  doscientos  (200)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes por concepto de  perjuicios  morales  y  como  adenda de la sentencia el incidente de reparación  integral  a  las víctimas. Por último, le negó el subrogado de la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena al no cumplir los requisitos (objetivos  y  subjetivos) previstos en el artículo 63 de la Ley 599 de 2000; librando para  tal efecto, orden de captura en su contra.   

El término consagrado en el artículo 183 de  la  Ley  906 de 2004, inició el 5 de diciembre de 2007 y venció el 28 de marzo  de  2008,  período  durante  el cual presentó demanda de casación el defensor  público  del  sentenciado  FONSECA  OYOLA, libelo que hoy califica la Sala.   

R  E  S U M E N   D E   L  A   D E M A N D A   

Al    amparo    de    la    causal  tercera de casación prevista en  el  artículo  181,  de  la Ley 906 de 2004, el demandante arremetió, contra el  fallo  expedido por el Tribunal de Bogotá,  por   “violación indirecta de  la    ley    sustancial    por    error    de    hecho   debido   a   un   falso  raciocinio”.   

Antes  de  enunciar  y  sustentar el ataque,  indicó  el defensor público que, por los fallos contradictorios (juez absuelve  y  Tribunal  condena)  sustentados bajo criterios disímiles en lo atiente a las  pruebas,   la  Corte  debe  superar  “las  posibles  falencias  de  la  demanda,  en  aras  de  garantizar la efectividad del derecho  material  e  impedir  que  se  pueda  cometer  una  injusticia en contra del hoy  sentenciado”.    

Afirmó el libelista, a renglón seguido, que  el  Tribunal  violó  los  artículos 103 y 14 de las Leyes 599 de 2000 y 890 de  2004,  respectivamente,  por  aplicación  indebida,  informando que se dejó de  aplicar  los  preceptos  404 (apreciación del testimonio), 420 (apreciación de  la  prueba  pericial)  de  la  Ley  906 de 2004, desconociéndose, en ese camino  interpretativo  la presunción de inocencia, que también debió ser adecuada al  caso  “por  el  manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  la  experiencia  y  de  las  ciencias  médicas  y jurídicas, en la  apreciación    de    la    prueba    sobre   la   cual   se   ha   fundado   la  sentencia”.    

En la parte destinada a la demostración del  cargo,  sostuvo que las atestaciones de ANTONIO SARMIENTO ALFONSO, GLORIA ISABEL  MARTÍNEZ  CAMELO  y  JASBLEIDY  VIVIANA  SARMIENTO  MARTÍNEZ,  en  las  que se  estructuró  el fallo condenatorio, son “sospechosas  desde  luego  por  el  parentesco que los une y el dolor que los embarga, rinden  declaraciones  dentro  del  juicio  oral  en  forma  contradictoria  con las que  reposan      en      las      entrevistas     que     rindieron     ante     los  investigadores”.   

Se  refirió  a  los  testigos  ANTONIO   SARMIENTO   (quien  dijo  que  ROBINSON  salió  corriendo  de  la  casa  para  luego sostener que no sabe para  dónde)   y   GLORIA   ISABEL  MARTÍNEZ  (indicó  que YURI le salvó la vida junto con sus hijos pero que  él  era  el que tenía la puerta, que el único que entró a la vivienda fue el  muchacho  vestido  de  negro  “pero no afirma que le  hubiera  propinado una puñalada ni algo parecido… y que ella no se dio cuenta  qué  hizo  ROBINSON  cuando  Fabián  le dio el golpe… para luego afirmar que  solo  al  principio  de la reyerta vio a Fabián”.).   

Teniendo en cuenta que ningún testigo vio la  clase  de arma que “podía tener el procesado, luego  como  lo afirma la Fiscalía en sus alegatos… no pudieron determinar qué tipo  de arma tenía YEYSSON (sic)”.   

La declaración de la perito, en forma igual,  contiene  múltiples  falencias,  que  ella  misma  no  esta  en  condiciones de  determinar   “si  el  lesionado  hoy  occiso,  pudo  después  de  recibir  la lesión tan grave como ella la describe… poder tener  la  posibilidad de locomoción”; no obstante, ser la  lesión  de  grado  5,  en  el  tallo  del  cerebro  que  conlleva  “inexorablemente   a   la   pérdida   de   toda  posibilidad  de  locomoción”,  puesto que no existía documentación  que  aclarará  con más detalles si la víctima podía o no caminar después de  haber recibido el mortal golpe.   

Mintió  el padre del occiso al decir que su  hijo  fue  al  CAI, porque el lesionado no pudo haber caminado ni un solo metro.  Por  tanto,  “las  reglas  de  la  experiencia, nos  enseñan  que  una  persona  que es atacada de frente por su agresor, le permite  ejercer  su  propia  defensa, máximo cuando se esgrimen armas blancas, o por lo  menos  se  permite  la  huida. En el caso presente, Róbinson (sic) no presentó  huellas  de  defensa,  lo  que  equivale  a  afirmar,  que el ataque lo recibió  ROBINSON   por   su   espalda,   no   de   frente”.   

Además,  agregó  el  libelista,  que  se  violaron      tres      reglas      de      la     experiencia:     (i)  si  “una  persona  es  atacada  de  frente  por  su  agresor, le permite ejercer su propia  defensa,  máximo cuando se esgrimen armas blancas, o por lo menos se permite su  huida”,  (ii)  la  que  impone  “que cuando hay una  reyerta,  los  amigos  o  familiares  de los intervinientes, acuden a sujetar al  peleador  para  evitar  consecuencias, y (iii)      señala      “que  en  una  casa  de  habitación   tan  pequeña como la  reseñada     planimétricamente,     no     pueden    ingresar    40    o    50  personas”.   

Entonces,  el  Tribunal  valoró las pruebas  subjetivamente  como  lo hizo la Fiscalía, incurriendo en el error de pasar por  alto   las   reglas   de   la   experiencia   y   de  la  ciencia,  “que  tangencialmente se han citado para darle credibilidad a los  testigos  de  cargo,  y de un solo tajo, desconocer la veracidad de los testigos  de la defensa”.    

Consideró  el  demandante  que  el cargo es  “de      suma      trascendencia”,  porque  si  se  hubiesen  aplicado las reglas de la experiencias  citadas,    varias    hipótesis    cobrarían    fuerza    como    “que  no podrían culminar con un juicio certero de que fulano, o  zutano o melgarejo, fue o fueron los autores del delito”.   

El  Tribunal  jamás  podía  condenar  a su  prohijado  con base en el dictamen pericial, toda vez que, no se pudo dictaminar  cómo  se  produjo  la herida ni la posición entre atacante y víctima, pues no  se  sabe  si se causó la lesión con la mano izquierda o se indicó la longitud  del arma y, menos aún, la extensión del brazo del agresor.    

La  segunda  instancia,  determinó  que  el  móvil  era  “el  amor  filial,  que  no  encuentra  soporte  alguno,  pues en este caso no se ha atacado al hijo de nadie, como para  que  fuera  la  mecha  que  prendió  el polvorín”.  Incluso,  desechó  los testimonios entregados por la defensa para condenar a su  poderdante,   entendiendo   que   “solo   buscaban  OCULTAR    LA    VERDAD    REAL    DE   LOS   (sic)  OCURRIDO”;  por  tanto,  solicitó  se  profiera  el  fallo  que  en  derecho  corresponda,  “considerando  haber  cumplido con el encargo puesto en mis manos  por la Defensoría del Pueblo”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA   CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto        para       su       admisibilidad       el       quantum  de  pena  descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en el artículo 180 del Código Instrumental Ley 906 de 2004, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  el  mismo  integra cuatro aspectos teleológicos que se traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.3   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184, ordinal 2°  de la Ley 906 de 2004, o demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano  con  ellos-  presentar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de compendiar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  que   pudieron   haber  incurrido  los  falladores.  Objetividad,  comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también  son  postulados  que  deben  guiar  el  ejercicio  intelectual  en la elaboración de la demanda por el censor, a fin de  demostrarle  a  la Sala, el motivo por el cual debe ser aceptada una determinada  tesis  jurídica  o  una  legal  valoración  de  los  medios probatorios.    

También  viene indicando la jurisprudencia,  en   múltiples   oportunidades   que   i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   ii)  el  interés del actor, iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica,              v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

2.  La  censura  presentada  por  el  defensor  público de  YEISON  FABIÁN FONSECA OYOLA, no reúne  los  presupuestos  mínimos  de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda, pues, si bien, propuso como  punto  de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, un  ataque  por  vía  indirecta  en sentido de error de hecho por falso raciocinio,  consagrado  como causal de casación en el numeral 3 del artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  en su desarrollo y demostración, incurrió en graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

Siendo ello así, como metodología, la Sala  examinará  el cargo teniendo presente la profunda confusión del libelista, con  el  objeto  de puntualizar los errores de mayor impacto legal y jurisprudencial,  en los que incurrió.   

El           primer  error,  se  percibe  de  entrada,  cuando  el  defensor  público  le  solicitó  a la Corte que debía superar las  posibles  falencias  de  su demanda en pro de garantizar otros derechos de mayor  jerarquía.  Con  tal  proceder,  alteró  la  filosofía que inspira el recurso  extraordinario,  desconociendo  los  más  simples y mínimos presupuestos, como  son  la  debida argumentación lógica-jurídica a fin de ser admitida, pues por  ejemplo,      de     aceptarse     una     tesis     tan     voluble, por sustracción de materia, el libelo  no  tendría  razón  de  ser y todos los fallos de segunda instancia, deberían  ser  estudiados  por  la  Sala a fin de constatar su afinidad con las garantías  fundamentales;  cuestión  claramente  absurda,  con  fundamento en la seguridad  jurídica  que  como principio garantiza que las actuaciones de los funcionarios  cuando  administran  justicia,  es  justa,  ecuánime  y  objetiva.  Es  por esa  potísima  razón,  que  la  casación  es  un recurso extraordinario, el que es  procedente  elevarlo,  cuando  de  verdad  la  judicatura  equivocó su juicio o  desencadenó  una  actividad  contraria  al  debido proceso constitucional, esto  desde luego, es la excepción.        

El           segundo  yerro  tiene que ver,  con  la  esencia  misma  del  ataque  alegado     por     falso    raciocinio,  en  el entendido que con fundamento en su particular y exclusiva  valoración  de  los  diversos  medios  probatorios  aportados  a la actuación,  infiere  que  su  prohijado  no fue el responsable del delito que se le imputó,  como  cuando  aseveró  el  actor  que  las  declaraciones  incriminatorias eran  “sospechosas  desde luego por el parentesco que los  une  y  el dolor que los embarga, rinden declaraciones dentro del juicio oral en  forma  contradictoria  con las que reposan en las entrevistas que rindieron ante  los  investigadores”. Es, desde luego, una conjetura  más  con  las  que  se  identifica  su  demanda,  plasmada sin ningún respaldo  jurisprudencial  ni  con algún ejercicio probatorio que demostrara su genérica  aserción;  descalificando  el valor persuasorio que el Juez Plural le dedicó a  los  diversos  medios  probatorios, sin ninguna propuesta sensata para derrumbar  el fallo motivo de inconformidad.    

El    tercer  desatino  se concretó, -sin que se entienda como una  respuesta  de  fondo,  sino  en  virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala  como  una  más  de  sus  funciones-  a  partir de exiguas  suposiciones  mediante  las  cuales  el  libelista  pretende restarle validez al  fallo  del  Tribunal,  alegando  que  la  víctima  no  pudo haber caminado. Tal  afirmación   del   actor   fue   traída  u  obtenida  del  fallo  absolutorio   proferido  por  el  Juez  de  conocimiento,   en   una  decisión  –exprésese-  ligera,  escueta   y  liviana,  donde se refirió  tanto  a  las  pruebas  como  a  la  responsabilidad  penal  del imputado, en el  entendido  que  el  golpe  con  el  arma  cortopunzante  limitó  la facultad de  locomoción    del    hoy   occiso   –incompatible  su  criterio con la médico forense- y, basado, en la  circunstancia  que  algunos  testigos  informaron que lo vieron dar uno o varios  pasos;   con   estas   premisas   fundamentó   el   fallo   el  funcionario  de  instancia.   

En  consecuencia,  el  defensor  público,  atraído  por  las  superficiales  consideraciones  del  fallo absolutorio no se  percató  que  el  problema  no  residía  en  el hecho de saber si el lesionado  podía  o  no  caminar  después  del  estacazo,  o si los testigos en ese punto  tienen    alguna    contradicción,    pues   lo   que   interesaba   determinar  aquí, es ¿quién acertó  el  golpe  mortal?,  no qué hizo la víctima después de recibir esa agresión.  Cuestión   que   no   le  importó  al  memorialista  debatir.  Por  esa  vital  circunstancia,   su   ataque   se   torna   efímero,  insustancial  y  anodino.   

Véase como el Juez Colegiado puntualizó que  “la  declaración  de  ANTONIO  SARMIENTO  ALFONSO  (padre  del  occiso),  GLORIA  ISABEL MARTÍNEZ CAMELO (ex-compañera marital de  aquél)  y  JASBLEYDY  VIVIANA  SARMIENTO  MARTÍNEZ  (hermana  de la víctima),  quienes  unánimemente expusieron que ROBINSON ANDRES SARMIENTO HERNANDEZ (sic),  la  madrugada  de  los  hechos,  se  encontraba durmiendo en una habitación del  inmueble  de  la  calle  71  F  No.  6-14 sur de esta ciudad, cuando hasta allí  llegó  una  multitud  de  personas  persiguiendo  a JORGE y YURI MARTINEZ (sic)  (hermanos  de  GLORIA) con la pretensión de agredirlos, destrozaron los vidrios  de  las  ventanas,  forzaron la puerta de entrada de la residencia, la allanaron  y,  ante  la aparición y averiguación grosera de qué era lo que sucedía, fue  atacado  con  un cuchillo, en la nuca, por JEISSON FABIAN (sic) OYOLA (quien con  el        alias        de        ‘pichurias’  (sic)  persona  que  portaba un bate y ‘el  negro’,  logró  acceder  al  interior de la casa), herido dio unos pocos pasos hacía la  puerta  y  salió de la casa sin saberse nada más de él hasta cuando llegó la  policía pues los agresores no les permitían salir”.   

Así  mismo,  el  Tribunal  respecto  de  la  declaración  de  la médica patóloga vinculada al Instituto de Medicina Legal,  sostuvo  que ella describió la herida de 1.4 cmts, oval, oblicua, ubicada en la  región  occipital  derecha,  el  cuerpo  no  presentó  lesiones de defensa, ni  ningún  otro trauma. E indicó que la perito científica expresó: “por  segundos después puede o no la víctima desplazarse ya que  no  existe  documentación  sobre  qué  actos  reflejos  quedan  vigentes  y, o  conexiones  que  lo  permitan  y,  que  la  persona  que  ocasionó la herida no  necesariamente  pudo  estar atrás de la víctima y sí en la parte de adelante,  pues  son  muchos  los  factores  los  que  inciden  en  el hecho como que ambas  personas  estén  moviéndose continuamente, si se causó la lesión con la mano  izquierda,  la  longitud  del  arma  y  la del brazo del agresor”.   

Con  todo,  el  libelista  concluyó  que la  víctima     “inexorablemente”    perdió    “toda    posibilidad   de  locomoción”, sin que medie un argumento técnico o  científico,  toda  vez  que,  lo  manifestado  por la médica resulta contrario  cuando  dijo:  “la  lesión en el tallo cerebral es  una  lesión muy grave, la persona segundos después, puede o no desplazarse, no  hay  documentación,  inmediatamente  recibe  la  herida,  repito, pueden quedar  algunas  de  sus conexiones vigentes y puede desplazarse unos segundos después,  no    lo    puedo   decir   con   exactitud   pues   como   lo   digo   no   hay  estudios”.   

Tal como se puede constatar, el actor quiere  a  toda  costa  que  impere  su  criterio  por  encima del expresado por el Juez  Plural,  sin  que  hubiese hecho el más mínimo esfuerzo para demostrar en qué  sentido    suasorio    se    equivocó.  Es  pues,  un  alegato  más  de  instancia, con el cual pretende  imprimirle  eficacia  a tres reglas de la experiencia que según él,   violó   el   Tribunal,   pero  sin  percatarse  que  con  la sola enunciación de ciertas máximas de la experiencia  –que no constató como lo  tiene   estipulado  la  Jurisprudencia-  jamás  se  sustenta  el  ataque  y  se  manifiesta  el  yerro, menos  aún,  cuando  ignoró  verificar  su convergencia con el resto del conglomerado  probatorio.   

El    cuarto  desquicio,  como uno más de aquellos que  identifican y  sofocan  el  libelo,  tiene  razón  de ser cuando se  refirió      el      demandante      al      principio      de     trascendencia,  pues  debiendo  haber demostrado el daño consumado por los errores denunciados,  lo  motivado fue un recuento vacío de lo ya expresado, sin indicar por ejemplo,  por  qué  en  su  criterio  jurídico  no  podía  el  Juez Colegiado otorgarle  credibilidad  a  la  declaración  de  la  patóloga forense, amén de dejar sin  explicar  ¿dónde  se  ubicaba  el  error?, ¿cómo lo transmutó el Tribunal?,  ¿cómo  y  en  dónde  se  equivocó  la  médica?,  por  tanto, contrario a lo  entendido  por  el  actor,  ella  enseña que al recibirse un golpe mortal en el  tallo   cerebral,  sí  puede  moverse  y  jamás  aseveró,  lo  expresado  por  él.   

Además,  el  ignorar por parte del defensor  público,  la  incidencia  sobre  la  responsabilidad penal acreditada contra su  prohijado,  es  un  yerro  fatal; en especial, repite la Sala, teniendo presente  que     la     limitación     al     ejercicio    de    locomoción,  nada  tiene  que  ver  con  el  autor  material  del  homicidio,  con  lo  cual  la  estructura  tripartita del injusto  típico   no   se   rindió   a  tan  singulares  e  inanes  ataques,  toda  vez  que,  en sede de tipicidad  la  conducta  ilícita  se  adecuó,  tal  y  como  lo  dedujo  la instancia; la  antijuridicidad  se  demostró  con  el  acto  contra derecho; y la culpabilidad  dolosa   que  edificó  el  Tribunal,  la  dejó  intacta  el  actor.     

Siendo  ello  así,  el  daño  propuesto se  muestra  precario,  toda  vez  que  el  principio de trascendencia aludido no se  acredita  con  la repetición de los argumentos diseñados en la parte motiva de  la  demanda,  sino  que  ellos  serán  el reflejo latente de la violación a un  precepto  del  Bloque  de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o  legal  llamado  a  regular el caso; por ejemplo, si las instancias se hubiesen apartado  de   las  máximas  de  la  experiencia  objetivamente,  en  la  valoración  de  determinadas  pruebas,  con  la  categoría  de  incriminatorias;  será  deber,  entonces,  del  demandante,  desacreditarlas  por  razón  de  su convergencia o  divergencia,  mostrando  un  nuevo  horizonte  hermenéutico probatorio en total  oposición  al  declarado  por  los  falladores  y  aplicando  correctamente los  principios que informó fueron vulnerados.    

El           quinto  desacierto,  se  observa  con las  tres  reglas  de  la  experiencia  puntualizadas  por  el  censor, siendo ellas,  expuestas  como enunciados vanos y superficiales, sustrayéndose de la conexión  sustancial  con  el  error alegado, pues cuando “una  persona  es  atacada  de  frente  por  su  agresor, le permite ejercer su propia  defensa,  máximo cuando se esgrimen armas blancas, o por lo menos se permite su  huida”,  pauta  que  no  fue  enlazada  con el acto  homicida;  la  segunda, al decir “que cuando hay una  reyerta,  los  amigos  o  familiares  de los intervinientes, acuden a sujetar al  peleador   para   evitar   consecuencias,  jamás  la  trabajó  con  el  plexo  probatorio a fin de demostrar si tal evento sucedió y  cuál  yerro  se  evidenció;  y la tercera, “que en  una  casa  de  habitación tan pequeña como la reseñada planimétricamente, no  pueden  ingresar  40  o  50 personas”, circunstancia  que  no se determinó, en el entendido que los testigos hablaron de unos cuantos  que   entraron   y  otros  la  destruyeron  por  fuera.  Como  se  aprecia,  son  especulaciones  y  apreciaciones  subjetivas del demandante antes que verdaderos  postulados  de  la  experiencia,  por medio de los cuales el conglomerado social  rija  su  comportamiento  en  un  momento  dado  y,  si  lo  son,  en  gracia de  discusión,  jamás  las  conectó  con el caso y menos demostró su aceptación  general.    

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el demandante  demuestre   con   una   temática   jurídica  contundente  que  las  instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de  extraordinario  de  casación está regido, entre otros, por el principio    de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la  demanda  jamás  podrán  ser remediadas por la  Corte,  en  tanto que no le corresponde asumir la tarea argumentativa propia del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que la  impugnación  es  un  juicio  lógico-argumentativo  que  tiene  una regulación  prevista   por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de  que  no  se  convierta en una tercera instancia.   

Los anteriores motivos son suficientes para  inadmitir   la   demanda  presentada  por  la  defensa técnica a favor de YEISON  FABIÁN FONSECA OYOLA.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir o no  selección  de  la  demanda  procede  el mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado, pero que  para  tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse  para            su            aplicación4,      como     pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

4.  También viene  precisando            la            Corte5   que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión de la demanda.   

C A S A C I Ó N   O F I C I O S A   

El Tribunal Superior de Bogotá, cercenó el  postulado   de   legalidad   de  la  pena  (principal  y  accesoria),  por  tal  razón, la Corte casará de  oficio  y parcialmente la decisión de segunda instancia, teniendo en cuenta que  las   partes   omitieron   atacar   el   fallo  en  ese  sentido,  como  pasa  a  explicarse:   

1.  La  sentencia  condenatoria     impugnada     condenó     a     YEISON    FABIÁN    FONSECA  OYOLA,  como  autor  responsable  por  el  punible de  homicidio,  “a  la  pena  principal  de  doscientos  sesenta  y  ocho  268  meses  de  prisión y, a la accesoria de interdicción de  derechos   y   funciones   públicas   por   el   mismo   periodo”; tal y como se plasmó en la parte resolutiva.   

2.  Sin embargo, en  las  motivaciones afirmó el Tribunal de Bogotá: “no  concurren  circunstancias  de  agravación  punitiva y sí de menos punibilidad:  -carencia  de  antecedentes-,  amen  (sic)  a la consideración de la condición  anímica,  que  no por eso excusable, acompañaba al actor al momento del hecho,  lo  que  releva  a  la Sala de ponderar mayor gravedad de la conducta que la del  daño  real  causado  y  la  necesidad  de la pena, como función que ella ha de  cumplir  en este caso concreto, por lo que corresponde  señalar  la del mínimo del primer cuarto y no un monto superior, en este caso,  la  de  208  meses  de  prisión, acompañada de la accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo”.  (Subrayado  fuera de texto)   

3. Surge evidente el  yerro   del   Tribunal   de   Bogota,   al   aumentar   al  penado  FONSECA  OYOLA  60  meses de prisión que  equivalen  a  5  años,  sin  ningún fundamento legal que hubiese ameritado tal  adición  punitiva, como si se tratara de la imposición del extremo máximo del  primer  cuarto,  cuando  lo expuesto en la argumentación que dosificó la pena,  estaba  dirigido  a  imponer  el  monto del primer cuarto en su extremo mínimo.   

El  punible  de  homicidio  consagrado en el  artículo  103  de  la  Ley  599  de 2000, modificado por la Ley 890 de 2004, le  corresponde  los  límites  de  208  a  450  meses.  Realizadas  las  ecuaciones  pertinentes, cada cuarto quedaría así:   

Mínimo  cuarto             

Segundo  cuarto             

Tercer  cuarto             

Máximo  cuarto  

208  m.  a  268 m. 15  d.             

268  m.  16  d. a 329  m.             

329 m. 1 d. a 389 m.15  d.             

389  m.  16  d. a 450  m.  

En este orden de ideas, la pena que impuso el  Tribunal  fue  de  208  meses  de prisión, guarismo que será aplicado en forma  igual,  respecto  de  la  pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas;   amén   que   el   vocablo  “interdicción”  utilizado  por  el  Juez  Colegiado, era propio de anteriores normatividades, como la prevista en el  Código  Penal, Decreto Ley 100 de 1980, artículo 52, desde luego, sin vigencia  alguna.    

2.  Esos  vitales  límites  de  las  penas  (principal  y  accesoria),  fueron desconocidos por el  Tribunal     Superior     de    Bogotá,  por  tal  motivo, entra la Corte a corregir tales desafueros que  atentan   contra  el  principio  de  legalidad  de  la  pena.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor público de YEISON  FABIÁN  FONSECA OYOLA, atendiendo  las razones plasmadas en la parte motiva de esta providencia.   

Segundo:  Contra   la   inadmisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  el  inciso  2°  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, en los términos  puntualizados en el acápite final de esta determinación.   

Tercero: Casar   oficiosa   y   parcialmente   la  sentencia   expedida   el   4   de   diciembre  del  2007  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,    imponiéndole    a    YEISON  FABIÁN  FONSECA OYOLA,  la  pena  principal  de doscientos ocho  meses  (208)  de prisión y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos    y    funciones   públicas   por el mismo lapso.   

Cuarto: En todo lo  demás queda incólume el fallo impugnado.   

Quinto:  Cópiese,  comuníquese,  y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                         Cita  medica   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  El  Tribunal  lo condenó a la pena principal de 268 meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

2  Previsto   en   el   artículo   103   de  la  Ley  599  de  2000:  “el  que  matare  a  otro, incurrirá en prisión de trece (13) a  veinticinco (25) años”.   

3 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

4 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

5 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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