28921(30-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28921  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 13   

Bogotá,  D. C., treinta (30) de enero de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada por el  defensor  de  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante la cual confirmó el fallo condenatorio emitido  por  el  Juzgado  Once  Penal Municipal de Conocimiento de esta ciudad, que a su  vez  condenó al procesado a la pena principal de veinticuatro meses de prisión  como    autor    responsable    de   la   conducta   punible   de   violencia             intrafamiliar            agravada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. De acuerdo con la  imputación  fáctica formulada por la Fiscalía General de la Nación, el 11 de  marzo  de  2005,  en la vivienda situada en la calle 81 # 95 A 31, interior 101,  barrio  Bachué  de  Bogotá, ANTHONY BOCANEGRA BASTIDAS agredió físicamente a  su  compañera  marital  Olga  Patricia  Garavito  García,  persona  con la que  tiene  dos hijos menores de  edad,  a quien le ocasionó  una  incapacidad  médico  legal  de  trece días, sin  secuelas.   

2.  Presentada  la  querella  e  intentada  sin  éxito  una  conciliación,  el  representante  del  organismo  acusador,  en  audiencia  preliminar  ante  un  juez  de  control  de  garantías,   le   atribuyó   jurídicamente   a  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS,  quien  en  dicha diligencia  fuera  declarado  en estado  de      contumacia,  la realización  de  la  conducta  punible  de  violencia  intrafamiliar   agravada,  prevista en los incisos 1º y 2º del artículo 229 de  la ley 599 de 2000.   

3.  Formulada  la  acusación  ante  el  Juzgado Once Penal Municipal de Bogotá por la imputación  fáctica  y  jurídica señalada en procedencia, y adelantado el juicio oral con  la  presencia del procesado,  al   igual   que   el   incidente   de   reparación  integral   que   se   llevó   a   cabo  a instancias de la ofendida, el despacho  en  comento  condenó  a  ANTHONY  BOCANEGRA BASTIDAS como autor responsable del  delito  señalado  a la pena  principal  de  veinticuatro  meses  de  prisión, a la accesoria de inhabilitación   para   el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un tiempo igual al de la pena principal  y  al  pago  de  quince  salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor de  Olga  Patricia  Garavito García por concepto de perjuicios morales. Así mismo,  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena privativa  de  la  libertad  por un periodo de prueba de tres años, previa cancelación de  caución y suscripción de diligencia de compromiso.   

4.   Apelada  la  providencia  por  la  parte  defensora,  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá la confirmó en lo que fue materia de impugnación.   

Sostuvo el ad quem en sustento de su decisión  que,  al  contrario  de  lo que adujo el recurrente, en el presente caso no hubo  violación  alguna  a  las  formas propias del juicio por ausencia de querella y  del  agotamiento del requisito de la conciliación preprocesal, pues, incluso en  el  caso de que tales irregularidades se hubieran dado, éstas fueron subsanadas  durante  el  desarrollo  de  la actuación, en la medida en que la ofendida Olga  Patricia  Garavito  García  siempre  fungió en calidad de querellante y porque  además   se   intentó  sin  éxito  que  las  partes  llegaran  a  un  acuerdo  conciliatorio en el marco del juicio oral.   

Agregó que tampoco podía considerarse motivo  de  nulidad la alegada por el apelante, en el sentido de que el procesado no fue  citado  de  manera  oportuna  a  la audiencia de formulación de imputación, ya  que,   aun   en   el  evento  de  que  fuese  cierto,  el  acusado convalidó tal  anomalía  al  presentarse  y  ejercer  su  derecho de  defensa en todas las diligencias celebradas con posterioridad.   

Por último, indicó que en lo relacionado con  el  incidente  de  reparación  integral, que según el defensor se adelantó en  forma  irregular  al no haber estado presente la víctima sino su representante,  de  la jurisprudencia de la Corte Constitucional se desprende que dicho trámite  puede   ser   ejercido   indistintamente   tanto   por   la   una  como  por  el  otro.   

5. Contra el fallo de  segundo   grado,   el   abogado   de  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS  interpuso  el  recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

El  defensor  planteó al amparo de la causal  prevista  en  el  numeral 2 del artículo 181 de la ley 906 de 2004 cinco cargos  que  según  su  criterio  tienen  como  fin  lograr  la protección del derecho  fundamental  al  debido  proceso,  así  como  el  desarrollo de la jurisprudencia    respecto    de    los   temas   procesales allí contemplados:   

1.  PRIMER  CARGO:  propuso   la   nulidad  de  toda  la  actuación  por  ausencia  de  la  querella  como  condición    de    procesabilidad,   en   la  medida  en  que  la  notitia  críminis  presentada  por  la  supuesta  víctima  no  resultaba   clara   en   lo   que  tiene  que  ver  con  la  fecha  y  hora  de  su  presentación,  así  como con la comisión de los  hechos denunciados, al contrario de lo que consagra el  artículo 69 del Código de Procedimiento Penal.   

2.  SEGUNDO      CARGO:     solicitó   la  nulidad  “a   partir  del  agotamiento  del  requisito de procedibilidad”, por  cuanto  la Fiscalía no citó de manera debida a ANTHONY BOCANEGRA BASTIDAS para  que,  previo  al  inicio  de  la  actuación,  surtiera  una  conciliación  con  la querellante.   

En  sustento  de  lo  anterior, adujo que los  operadores  jurídicos  e  incluso  las  instancias  incurrieron  en  confusión  respecto           de           las           expresiones           procedibilidad,  prevista  en el artículo 522 de la ley 906 de 2004, y  procesabilidad, señalada en  el    artículo    70    ibídem,   pues   la   primera   es   un   requisito preprocesal que se refiere a la  figura  de  la conciliación, mientras que la segunda atañe tanto a la querella  como   a   la  petición  especial  y  es  condición  para que se active el proceso.   

Igualmente, aseveró que la Juez de Control de  Garantías  que  declaró  en  estado de contumacia al procesado fue inducida en  error  por parte del Fiscal al limitarse a acoger sus aseveraciones relacionadas  con  el  agotamiento  del  requisito de procedibilidad, en lugar de verificar de  manera  juiciosa y diligente que una efectiva citación jamás se había dado, e  incluso  en  audiencia  previa al juicio oral, cuando el procesado adujo ante el  Juez  de  Conocimiento  que  jamás  lo  llamaron para conciliar, no se pusieron  de    presente   las   constancias,   comunicaciones       y       demás  documentos     que    acreditaban    la    referida  citación.   

3.  TERCER      CARGO:      propuso  la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  de formulación de la imputación, en la que  se  declaró  a  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS  en  contumacia, ya que la Juez de  Control  de Garantías nunca se detuvo a analizar si las citaciones que para tal  efecto  se  emitieron satisfacían los requisitos señalados en el artículo 171  del  Código  de Procedimiento Penal, en detrimento de lo señalado por la Corte  Constitucional      en      la      sentencia  C-591  de  2005,  en  la cual se  sostiene  que  la  declaración  de  contumacia  sólo  procederá  “cuando  se  verifique de manera real y  material,  y no meramente formal, que al fiscal le ha sido imposible localizar a  quien  requiera  para  formularle  la  imputación  o  tomar  alguna  medida  de  aseguramiento  que  lo  afecte,  y  se  le  hayan  adjuntado  los  elementos  de  conocimiento  que  demuestren la insistencia en ubicarlo mediante el agotamiento  de  mecanismos  de  búsqueda y citaciones suficientes y razonables para obtener  la comparecencia del procesado”.   

4.  CUARTO  CARGO:  solicitó   la   nulidad   a   partir  de  la  audiencia  del  juicio  oral  por  incompatibilidad  entre  el  procesado y el entonces defensor, cuyas diferencias  no   sólo  fueron  palpables  durante  la  audiencia  llevada  a  cabo  el 8 de febrero de 2007,  sino que además fueron conocidas por la  representante  del  Ministerio  Público,  según  se  desprende  de  su primera  intervención en el juicio oral.   

Igualmente,  indicó  que  el abogado habría  podido  desenvolverse mejor en el desarrollo del juicio si hubiera tenido tiempo  para  haber  estudiado  con profundidad este caso y, por lo tanto, hubo ausencia  material de defensa técnica.   

5.  QUINTO  CARGO:  planteó  la  nulidad  del  incidente  de  reparación integral por ausencia del  requisito  de  conciliación,  en  la  medida en que al comienzo de la audiencia  respectiva  no  estuvo presente Olga Patricia Garavito García, sino tan solo su  apoderada,  sin  que  a  esta última le hubiera sido reconocida o autorizada en  forma expresa facultad alguna para conciliar.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  establecido  en  el  artículo  181  de  la  ley  906  de  2004,  el recurso  extraordinario  de  casación  es un mecanismo de control constitucional y legal  que  procede  contra las sentencias proferidas en segunda instancia y, según lo  señala  el  artículo 180 del mismo ordenamiento, tiene como propósitos buscar  la   efectividad   del   derecho   material,   el   respeto  de  las  garantías  fundamentales,  la reparación de los agravios inferidos y la unificación de la  jurisprudencia.   

Dada la naturaleza del recurso, quien recurre  en  casación  debe ceñirse a determinados requerimientos sistemáticos basados  en  la  razón  y  en  la  lógica  argumentativa, atinentes a la observancia de  coherencia,  precisión  y  claridad en el desarrollo de cada uno de los reparos  efectuados,  así  como  a la carga procesal de demostrar en el caso concreto la  necesidad  de intervención de la Corte en relación con cualquiera de los fines  señalados,  tal  como  se  desprende  de  lo  estipulado  en  el inciso 2º del  artículo 184 del ordenamiento procesal.   

Igualmente,   la  disposición  en  comento  consagra   que  no  será  admitida  la  demanda  de  casación  “cuando  de  su  contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del recurso”,  lo  cual significa que será innecesario adelantar el trámite  total  del  recurso  cuando  la  Corte  advierta  que  en  forma  manifiesta  la  controversia   jurídica   planteada  por  el  demandante  no  tiene  incidencia  alguna   en   el   caso   concreto   o   que  podrá  responder    a    sus    planteamientos  sin  tener  que  recurrir a valoraciones de fondo acerca de lo que  ocurrió        en        la        actuación1.   

2.  Respecto  de la  causal  de  casación  prevista en el numeral 2 del artículo 181 del Código de  Procedimiento        Penal,       que       alude       al       “[d]esconocimiento  del debido proceso por afectación sustancial de  su  estructura  o  de la garantía debida a cualquiera de las partes”,  la  Corte  ha  precisado  de manera pacífica y reiterada que,  cuando  lo  que  pretende  el  demandante  al  amparo  de  esta  causal  es  una  declaración  de  nulidad,  se  le  impone, entre otros deberes derivados de los  principios  que  la rigen, los de demostrar que con la irregularidad invocada no  se  satisfizo  el  propósito para el cual fue prevista la actividad en donde se  suscitó    la    misma    (principio   de       instrumentalidad       de      las      formas);  que  no existe otra manera distinta a  la  de  invalidar la actuación a partir de una etapa procesal especificada para  corregir  o  enmendar  la  anomalía  (principio de la  naturaleza   residual);  y  que  el  vicio  afectó  las  garantías  fundamentales  o  las  bases  de  la instrucción o del juicio, es  decir,   que  con  el  mismo  hubo  un  agravio  real  y  concreto  a  la  parte  interesada  dentro  del  desarrollo  de la actuación  (principio      de  trascendencia).   

3.  En el asunto que  centra  la  atención  de  la Sala, el defensor de ANTHONY BOCANEGRA BASTIDAS no  elaboró   en   la  demanda  una  argumentación  lógica  de  la  cual  pudiera  desprenderse  que  la  intervención  de  esta Corporación resulta necesaria en  sede  del  extraordinario  recurso,  pues, a pesar de que en determinado momento  del  escrito  sostuvo  que pretendía lograr la efectiva protección del derecho  al  debido proceso, al igual que el desarrollo de la jurisprudencia en relación  con  cada  uno  de los problemas jurídico procesales planteados (atinentes a la  presentación  de  la  querella, la conciliación previa al inicio del proceso y  al  incidente  de reparación integral, la declaración del estado de contumacia  y  la  incompatibilidad de criterios entre el acusado y el defensor), en ningún  momento  demostró  frente  a  los  cargos  formulados  que  hubo  dentro  de la  actuación  procesal  irregularidades  de tal índole que fueran susceptibles de  una  declaratoria  de  nulidad,  ni  mucho  menos  de  una violación al derecho  fundamental  en  comento,  por lo que no se precisa de  un  fallo para satisfacer el  cumplimiento  de  los  fines  propuestos  ni  de cualquier otro de los objetivos  señalados en el artículo 180 de la ley 906 de 2004. Veamos:   

3.1.   PRIMER  CARGO:   concerniente  a  la     presentación  de    la  querella,  el  demandante, por un lado,  no  demostró  la  importancia  que,  para la conducta  punible      de      violencia      intrafamiliar  agravada  y el bien jurídico que dicha norma pretende  proteger,  tenía  el  cumplimiento de tal condición objetiva de procesabilidad  en  función  del  respeto  a  las formas propias del juicio, ni, por otro lado,  demostró  que  en  el  presente caso hubo ausencia de la misma ni que ésta era  necesaria  en  razón  de la naturaleza del sujeto pasivo del delito juzgado. En  efecto:   

3.1.1. Como  bien  ha  sido  analizado  dentro  de    la    teoría   del   garantismo   penal,   la   condición   de   la   querella  se  justifica  por  “la  antigua  distinción, que se entiende todavía  fundada,    entre   delicta   pública   y      delicta     privata:  los primeros, lesivos de intereses intersubjetivos y de derechos  subjetivos  fundamentales  e  indisponibles;     los    segundos,    lesivos    de    derechos    disponibles  y confiados por completo a la  autonomía     de     su     titular”2, razón por la  cual  “[s]ería  insensato,  en  una perspectiva de  derecho  penal  mínimo,  proceder  de  oficio en el caso de delitos que ofenden  derechos  disponibles,  cuando  la  parte  ofendida  no  tiene  interés  en  su  persecución”3.   

De  ahí  que,  en  la  determinación de los  delitos  querellables,  lo  importante  para  el legislador radica en establecer  cuándo  el  menoscabo  del  bien jurídico, ya sea por su naturaleza o grado de  afectación,  tiene la capacidad de suscitar de manera autónoma la persecución  penal  y cuándo debería  procederse    a   su  adelantamiento  dependiendo únicamente de la voluntad  de la parte ofendida.   

En  otras palabras, si de la índole del bien  jurídico  o  de  su  grado  de  lesión  se deriva fundadamente la disponibilidad  del  mismo,  la querella  resulta  una  garantía  esencial  de  las  formas  propias  del  juicio,  y  en  consecuencia  del  debido  proceso,  pues refleja la autonomía del titular y,  en               particular,    su  voluntad   de   reacción   para  que  se        configure,  de manera condicionada y sujeta en todo  caso  a esa facultad de disposición, un interés público en la protección del  bien.   

3.1.2. Al comenzar la  vigencia   –en   forma  gradual  y sucesiva– de la  ley  906  de  2004,  la  acción  penal  por la conducta punible de violencia  intrafamiliar  prevista  en el  artículo  229  del  Código  Penal,  tanto en su modalidad simple como agravada  (que  se refiere al maltrato que recae sobre el miembro perteneciente al núcleo  familiar  del  agresor  cuando se trata de un menor, una mujer, un anciano o una  persona  en estado de debilidad manifiesta), no podía ser adelantada de oficio,  y  por  lo  tanto  era  necesaria  la  condición  objetiva  de la querella para  iniciarla,  a  menos  que  el  sujeto  pasivo  tuviera menos de dieciocho años,  según lo señalado en el artículo 74 del citado ordenamiento.   

El 28 de junio de 2007, sin embargo, entró a  regir  la  ley  1142 de 2007, que modificó  varias  disposiciones    del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  el  sentido que aquí nos interesa de excluir de la lista de delitos  querellables  a  la  conducta  punible  de  violencia  intrafamiliar   en   cualquiera  de  sus  modalidades  (artículo  4  de  la  ley 1142 de 2007), sin perjuicio de la aplicación de los  efectos  sustanciales  propios  de  la querella, previa valoración positiva por  parte  del  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar, siempre y cuando fuera  para  beneficio  y  reparación integral de la víctima del injusto (artículo 2  ibídem).   

Así mismo, dicha  ley   estableció   una   restricción   para   la  procedencia  de  la  sustitución  de  la  detención  preventiva  en  establecimiento carcelario por detención domiciliaria cuando se  tratase  de  imputados  por  este  delito  (artículo  27  ibídem),  e  incluso  incrementó  los límites punitivos señalados en el artículo 229 de la ley 599  de  2000 (que a su vez había sido modificados por las leyes 882 y 890 de 2004),  para  dejarlos  de cuatro a ocho años de prisión, aumentados de la mitad a las  tres  cuartas  partes  si concurría alguna de las circunstancias de agravación  (artículo 33 ibídem).   

Con   las   anteriores  modificaciones,  el  legislador   armonizó   las   normas   penales  con  los  mandatos  de  índole  constitucional,  así  como con las obligaciones contraídas por Colombia en los  tratados  internacionales,  que  propugnan  por  la  adopción  para la conducta  punible   de   violencia   intrafamiliar  de  medidas  tendientes a investigarla,  sancionarla   y   proteger   en   forma   debida  a  las               víctimas.   

Obsérvese  en  primer  lugar  que  el  bien  jurídico     de     este    delito    es   la   armonía  y  unidad  de  la  familia, que   según  el  artículo  42  de  la  Carta  Política   no   sólo  constituye  el  núcleo  fundamental  de  la sociedad, sino que su protección  debe  ser  garantizada tanto por el Estado como por la sociedad, en la medida en  que  cualquier  forma  de  violencia  cometida  en  su  contra debe considerarse  destructiva de ella.   

De ahí que un Estado social y democrático de  derecho  como lo es el colombiano ostenta el deber, de raigambre constitucional,  de  proteger, incluso mediante el derecho penal, a los miembros más vulnerables  del  núcleo familiar, entre los cuales no sólo se cuentan los menores de edad,  sino también las mujeres.   

Acerca  del  amparo  judicial  que hay que otorgarle a estas  últimas,     los  literales             b),             c),   f)  y    g)  del  artículo  7 de la Convención    inter-americana   para  prevenir,  sancionar  y  erradicar  la  violencia  contra  la  mujer,  suscrita  en  Belén  Do  Pará (Brasil) el 9 de junio de 1994, y  aprobada  en  nuestra  legislación  por  la  ley  248  de 1995, establecen como  deberes de los Estados los siguientes:   

“Artículo  7-.  Los Estados Partes condenan todas las formas de  violencia  contra  la  mujer  y  convienen  en  adoptar,  por  todos  los medios  apropiados  y  sin  dilaciones,  políticas  orientadas  a prevenir, sancionar y  erradicar dicha violencia y en llevar a cabo lo siguiente:   

”[…]  

”b)  actuar  con  la  debida  diligencia  para prevenir, investigar  y  sancionar  la violencia contra la mujer;   

”c)  incluir  en  su legislación interna  normas  penales, civiles y administrativas, así como  las  de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar  la  violencia  contra  la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas  que sean del caso;   

”f)  establecer  procedimientos legales justos y eficaces  para  la  mujer  que  haya sido sometida a violencia, que incluyan, entre otros,  medidas  de  protección,  un  juicio  oportuno  y  el  acceso  efectivo a tales  procedimientos;   

”g)  establecer los mecanismos judiciales  y  administrativos  necesarios  para  asegurar  que la mujer objeto de violencia  tenga   acceso  efectivo  a  resarcimiento,  reparación  del  daño  u  otros  medios  de compensación justos y eficaces [subrayados de la Sala]”.   

En  este  orden  de ideas, si la violencia  intrafamiliar  es una conducta  que  requiere  una particular atención por parte del Estado, bien sea porque la  naturaleza  jurídica  del  bien  demanda  la  eficaz  protección  de todos los  pertenecientes  al  núcleo  familiar  ante cualquier forma de maltrato ejercido  sobre  ellos,  o  bien porque los convenios internacionales obligan a Colombia a  establecer  procedimientos legales adecuados para garantizar a sus miembros más  representativos  una  tutela  judicial  efectiva, no era lógico que, en materia  penal,  tan solo fuera perseguible de oficio la violencia que se ejercía contra  los  menores de edad y que se dejara a la libre voluntad del titular o titulares  del  derecho  la  ejercida  en  contra  de los demás miembros de la familia, ni  tampoco  resultaba razonable que el bien jurídico en comento, o cualquier grado  de    afectación   en  el  mismo, se considerase  para  estos efectos total o parcialmente disponible, es  decir,  que  no  fuera  susceptible  de ser     iniciada     la      acción     penal      si      la     víctima   no   mostraba   interés   en  adelantarla.   

3.1.3. A pesar de la  situación  normativa  expuesta en precedencia, el demandante partió de la idea  equivocada  de  que la ausencia de presentación de la querella en las conductas  punibles   de  violencia  intrafamiliar  constituía,     per    se,  una  vulneración  trascendente del derecho fundamental al debido  proceso  para  cualquier  caso  adelantado  con  anterioridad  a  la  entrada en  vigencia  de  la  ley  1142  de  2007, sin presentar reparo o estimación alguna  acerca  de  la  disponibilidad  del  bien jurídico que el legislador pretendía  proteger,   o   como   si   la   satisfacción  de  la  condición  objetiva  de  procesabilidad  de  que trata el artículo 70 del ordenamiento adjetivo fuese un  fin  en  sí mismo y no la manifestación de la voluntad del titular del derecho  afectado  para  que  exista  un  interés  público  en  el adelantamiento de la  acción sometido a esa facultad de disponer del bien.   

En  este  último  sentido,  el  defensor  de  ANTHONY   BOCANEGRA   BASTIDAS   dejó  de  tener  en  cuenta  cuál  sería  la  trascendencia  de  la supuesta ausencia de querella por él invocada, cuando con  el   simple   devenir   del  proceso  podía  advertirse  el  interés  claro  e  incuestionable  que  mostró  la  ofendida  Olga  Patricia Garavito García a lo  largo  de  la  actuación,  hasta  el  punto  de  que,  entre  otras  cosas, fue  reconocida  en  calidad  de  víctima  durante  la  audiencia de formulación de  acusación4,    designó    una   profesional   del   derecho   para   que   la  asistiera5,   declaró   en  contra  del  acusado6,  solicitó  por intermedio de  su    representante    el    adelantamiento   del   incidente   de   reparación  integral7  y  de  la  misma  manera  intervino durante la audiencia de debate  oral8.   

Como  bien lo señaló el Tribunal dentro del  fallo  impugnado,  incluso  en  el  evento  de  que  en  un principio se hubiera  presentado   la   referida   irregularidad,   existe   dentro   del   expediente  “un  acta  por  cada  actuación  en donde funge la  aquí    víctima   como   querellante”9  y,  por  lo  tanto,  lo  anterior resulta suficiente para considerar satisfecha la condición  objetiva de procesabilidad.   

3.1.4.  Tampoco  consideró  necesario  el  demandante convencer a la  Sala  de  que  en este asunto la única víctima de la  conducta  punible  de violencia intrafamiliar agravada  era  Olga  Patricia  Garavito García, y no tanto esta  persona  como  sus  hijos  menores de edad, cuando, según la declaración de la  primera  practicada  durante  el  juicio,  la  agresión  de  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS   el   11   de   marzo   de  2005  no  sólo  ocurrió  “en       la       habitación      del      niño      mayor”10  sino  también     “en    presencia    de    los  niños”11,  circunstancias  que fueron ratificadas por el joven A.  B.    G.12,  el  hijo  de  la  pareja,  quien  también  declaró en audiencia  pública13.   

En  otras  palabras, no puede aducirse que el  sujeto  pasivo  de  la  conducta  punible de violencia  intrafamiliar   agravada  es  única-mente  la  mujer,  cuando  las  agresiones físicas y de hecho que padece dicha persona se realizan  en  presencia  de  otros  miembros del núcleo familiar, pues tal comportamiento  bien   puede   constituir  para  quienes  lo  observan  una  forma  de  maltrato  psicológico, sobre todo si se trata de menores de edad.   

3.1.5.    La  sustentación  del  defensor  frente  al cargo formulado se redujo a señalar el  incumplimiento   de   los   requisitos   formales   previstos   en  el  artículo  69  del  Código de Procedimiento Penal,  con  el  argumento de que el documento  que  en este caso debía ser entendido como la querella (del cual no precisó si  fue  introducido  en  el  juicio  oral,  o si reposa en la carpeta principal del  expediente  o  en  los  cuadernos  anexos que se allegaron al mismo) carecía de  claridad  alguna  en  lo que respecta a la fecha de presentación y a los hechos  narrados,  circunstancias  con las cuales era imposible, frente a lo hasta ahora  analizado,    demostrar   una   violación   sustancial   a   las   formas     propias     del    juicio  o  siquiera la existencia  de cualquier irregularidad.   

3.2.  SEGUNDO  CARGO:   atinente   a   una   supuesta  ausencia  de  citación  al  acusado  para el adelantamiento de la  conciliación  previa  al proceso de que trata el artículo 522 de la ley 906 de  2004  para los delitos querellables, el demandante tampoco cumplió con la carga  de  demostrar  en  el  caso concreto la vulneración al debido proceso, ni mucho  menos    la   existencia   de   irregularidad   o   anomalía   alguna   en   la  actuación.   

Además  de  lo  ya  expuesto  en  acápites  anteriores  acerca  de  la  naturaleza  indisponible  del  bien  jurídico de la  conducta        punible       de       violencia  intrafamiliar,  su  tránsito  legislativo a delito no  querellable   y   los  sujetos  pasivos  del  delito  perpetrado  (aspectos  que  también     resultaban    relevantes     en    este    cargo  en  aras  de  determinar   tanto   la   vulneración      del     requisito  como  su  trascendencia), es  de  destacar que el defensor, en el  desarrollo   de  la  sustentación,  no  se  detuvo  a  analizar  qué  importancia tenía en el presente asunto el aludido error que se  halla    presente   en   la   providencia   de   segunda   instancia14,   en  el  sentido  de  tratar  a  la  conciliación  preprocesal  como  una  condición de  procesabilidad  (artículo  70  de la ley 906 de 2004) y no como un requisito de  procedibilidad  (artículo  522  ibídem),  cuando  lo que tenía que hacer para  fundamentar   la  vulneración  del  derecho  fundamental  era  controvertir  la  aplicación  por parte del  ad  quem  de los principios de la nulidad    que   invocó   para   negar   su  declaratoria   frente   a  lo  sucedido en el caso concreto.   

El   demandante,   así  mismo,  pretendió  sustentar  la  existencia  de  la  irregularidad  en la actuación de la Juez de  Control     de    Garantías,    quien  declaró en estado de contumacia a ANTHONY BOCANEGRA  BASTIDAS  según  lo  señalado en el artículo 291 del Código de  Procedimiento   Penal,  con  el  argumento  de  que  se  limitó  a  acoger  las  afirmaciones  que  el  Fiscal  había  hecho  en  ese  sentido, cuando lo que se  observa  de  los  registros  obrantes  en la actuación es que la funcionaria en  comento  verificó  por su propia cuenta la existencia de una efectiva citación  a   la   dirección   aportada   por  el  procesado15,  aparte  de que al defensor  público  designado  para  la  diligencia  le  fueron  puestos  de  presente los  documentos  relacionados con las comunicaciones remitidas al querellado a fin de  agotar    el    requisito    de    procedibilidad16,    al   igual   que   una  manifestación  escrita por parte de esta persona en la que señalaba que había  tenido     conocimiento     de     las     mismas17.   

El  defensor  también  indicó  que,  en una  audiencia  previa  al  juicio  oral  (sin  especificar cuál), el funcionario de  conocimiento  no  se  tomó la molestia de examinar la documentación atinente a  la  citación  a  la conciliación preprocesal. Sin embargo la Sala advierte que  ni  en  la  audiencia  de formulación de acusación18      ni     en   la   audiencia   preparatoria   del  juicio  oral19   la  defensa   o   el  acusado  presentaron manifestación alguna en ese sentido.   

El  demandante,  al  parecer,  se refería al  inicio  de la audiencia de juicio oral de fecha 8 de febrero de 200720,  en la que  ANTHONY    BOCANEGRA  BASTIDAS   pidió   la   nulidad   por  ausencia  de  celebración de conciliación preprocesal, lo cual fue  resuelto   en   forma   desfavorable   por   el  funcionario  a  quo21 y confirmado  por    el    ad   quem   en   el   fallo   atacado22,  aspectos  sobre los cuales  el  defensor  no  tuvo  en  cuenta en el desarrollo del cargo, ni confrontó sus  argumentos  con  los  de las instancias, ni mucho menos explicó las razones por  las  cuales habría vulneración al debido proceso cuando en esa misma audiencia  se  intentó  que  las  partes  llegaran  a  un  acuerdo  sin resultado positivo  alguno23.   

3.3.  TERCER  CARGO:  relacionado  con  la  ausencia  de  citación de ANTHONY BOCANEGRA BASTIDAS a la  audiencia   en  la  que  fue  declarado  en  contumacia,  resulta  infundada  la  afirmación   del   demandante,   en   el   sentido   de   que  la  funcionaria      de     control     jamás     se     detuvo  a  analizar  si  la comunicación  para  dicha  diligencia fue correctamente efectuada, pues tal como se sostuvo en  precedencia  la  Juez  en  su  momento no sólo afirmó que el querellado había  sido  informado  de la conciliación preprocesal, sino que además verificó que  a  esa  persona  se  la había citado en forma oportuna y debida a la dirección  por  él  aportada  para  la  celebración  de  la  audiencia de formulación de  imputación24,    circunstancia    que  incluso  fue cuestionada  y también verificada por el  entonces                   defensor25.   

En   otras  palabras,  no  existen  motivos  razonables  para  inferir  que  en  el presente asunto dejaron de observarse los  criterios      señalados      en     la     ratio  decidendi  de  la  sentencia C-591 de 2005 de la Corte  Constitucional,  que  declaró  exequible el artículo 291 de la ley 906 de 2004  por los cargos en ella analizados.   

3.4.  CUARTO  CARGO:  referido  a  la  nulidad  por supuestas incompatibilidades entre el acusado y su  defensor  a  lo  largo  del juicio oral, la Sala encuentra igualmente infundadas  las  aseveraciones  del  demandante  al respecto, en la medida en que, en primer  lugar,  la  representante  del  Ministerio  Público,  en  la  audiencia de 8 de  febrero          de          2007,  no  hizo manifestación  alguna acerca de cualquier divergencia  o  enfrentamiento  de  pareceres  entre ANTHONY    BOCANEGRA    BASTIDAS    y    el    abogado    de    la  Defensoría  Pública que le fuera designado, sino tan  solo  le  solicitó al Juez de Conocimiento que otorgara un plazo razonable para  que  éstos  dialogaran  y así el primero tuviera la oportunidad de planear una  adecuada  estrategia  de  defensa,  o  bien  el segundo la de aceptar los cargos  imputados    antes    del   inicio   del   juicio26.   

Así  mismo,  el  demandante  hizo  alusión  durante  el  desarrollo del juicio oral de ciertas desavenencias (sin determinar  con  exactitud  cuáles) entre el acusado y el entonces defensor, pero lo único  que  encuentra la Sala al observar la actuación es que, durante la práctica de  los   contrainterrogatorios,  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS  pretendió  formular  preguntas  por  cuenta  propia,  frente  a  lo  cual  el  funcionario  a  quo le  solicitaba  que hablara con el profesional del derecho acerca de la conveniencia  de  las  mismas  y,  dado  el  caso,  le  pedía  a  este  último q               ue  las  realizara27.   

Finalmente,  aunque el demandante no planteó  una  nulidad por ausencia de defensa técnica, al final del desarrollo del cargo  hizo  una alusión en tal sentido, cuando consideró que de acuerdo con su punto  de  vista  el  abogado hubiera podido desempeñarse mejor. Frente a esta postura  subjetiva,   la  Corte  reitera  el  criterio  de  que  es  improcedente  alegar  violación  al  debido  proceso  cuando se considera a  posteriori   que   el  abogado  pudo  presentar  otra  estrategia  defensiva  en  relación  con  la que en efecto asumió, y de que la  nulidad  en estos casos sólo se declara cuando desde un punto de vista objetivo  la  inactividad  del  abogado  o  su  impericia  en  el  nuevo  sistema resultan  ostensibles    y    claramente    perjudiciales    para    los   intereses   del  acusado28.   

3.5.  QUINTO  CARGO:  concerniente  a  la  ausencia  del  requisito  de la conciliación al inicio del  incidente  de reparación integral por no hallarse presente la víctima sino tan  solo  su  representante, el demandante no demostró para los efectos del derecho  fundamental  al  debido  proceso  la necesidad de la asistencia de Olga Patricia  Garavito  García  al  comienzo  de  la  mencionada diligencia, ni confrontó su  criterio  con  los  argumentos  del  Tribunal,  que  consideró  al igual que el  funcionario  de  primera  instancia  que  la  sola  presencia  del  abogado  era  suficiente para adelantarla.   

El  defensor  tampoco  tuvo en cuenta que, si  bien  es  cierto  que  la víctima no estuvo presente al inicio del incidente de  reparación  integral, también lo es que sí apareció en la sesión de fecha 3  de           mayo          de          200529,  por  lo  que  el  defensor  tenía  la carga procesal de demostrar en este caso (y no lo hizo) la relevancia  de  dicha  inasistencia,  sobre  todo  cuando  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional   ha   señalado   que,   dentro   del   referido  incidente,  la  conciliación se puede adelantar en cualquier momento del mismo:   

“La  configuración  que introduce el legislador sobre este mecanismo restaurador [el  incidente  de  reparación  integral]  permite  al  juez  un  amplio  margen  de  maniobrabilidad   orientado   a  propiciar,  a  esta  altura  del  proceso,  una  conciliación   entre  víctima  y  sentenciado  acerca  de  la  pretensión  de  reparación   integral.  Así,  si  en  una  primera  audiencia  fracasa  en  el  propósito  conciliatorio,  puede convocar a una segunda audiencia para insistir  en  la  búsqueda  del  acuerdo  conciliatorio  que  ponga  fin al incidente; de  concretarse,   se   incorporará   a   la   decisión   condenatoria”30.   

4.  En consecuencia,  como  la  Sala  encuentra infundados los reproches propuestos por el defensor, y  como  tampoco  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal o de la sentencia  impugnada   violación   de   derechos   fundamentales   del  procesado  ANTHONY  BOCANEGRA  BASTIDAS, o la  necesidad  de  garantizar cualquiera de los fines de la  casación  mediante  un fallo de fondo, no existe razón alguna para superar las  falencias  que  ostenta  la demanda y, por lo tanto, la misma no será admitida,  tal como está previsto en el artículo 184 de la ley 906 de 2004.   

5.  Teniendo  en  cuenta  que contra la decisión de no admitir la demanda de casación presentada  por     el     defensor     procede     el     mecanismo     de     insistencia  según lo establecido en el  inciso  2º  del  artículo 184 de la ley 906 de 2004, es necesario aclarar que,  como   en  la  disposición  en  comento  no  está  regulado  su  trámite,  la  Sala31  ha  precisado su naturaleza y las reglas que habrán de observarse  para su aplicación de la siguiente manera:   

5.1.          La insistencia es un mecanismo especial,  de  naturaleza  distinta  a  los  actos  de impugnación propiamente dichos, que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a la notificación de la providencia mediante la cual la Sala decide  no admitir la demanda de casación.   

5.2.           La   solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  por  intermedio  de  cualquiera de sus  Delegados  para  la  Casación  Penal,  o  ante uno de los Magistrados que hayan  salvado  voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmisión, o ante uno de  los  Magistrados  que no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el  referido auto.   

5.3.          Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se formula la insistencia optar por someter el asunto a consideración de  la  Sala  o  no presentarlo para su revisión, evento último en el cual           informará  de ello al solicitante en un  plazo de quince (15) días.   

5.4.          El  auto mediante el cual se inadmite la  demanda  trae  como consecuencia la firmeza de la sentencia de segunda instancia  contra  la  cual  se  formuló el recurso de casación, salvo que la insistencia  prospere y conlleve a la admisión del escrito.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO ADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor     de     ANTHONY    BOCANEGRA  BASTIDAS  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  la Sala Penal del Tribunal  Superior de Bogotá.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con lo decidido.   

Notifíquese  y cúmplase   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                              MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cf. auto de 9 de marzo de 2006, radicación 24943   

2  Ferrajoli,  Luigi,  Derecho y razón.  Teoría   del  garantismo  penal,  Editorial  Trotta,  Madrid, 2001, pág. 572.   

3  Ibídem   

4 Cf. folio 22 de la carpeta principal   

5  Ibídem   

6 Folio  135 ibídem   

7 Folio  146 ibídem   

8 Folio  14 del cuaderno del Tribunal   

9 Folio  22 ibídem   

10 Ibídem, 00:25:00   

11  Disco  rotulado  “Juicio  oral  / I parte”, archivo de audio y video número  11001600001720050108600_110014009011_2, 00:22:00.   

12 La  Sala  se  abstiene  de dar el nombre completo de esta persona, en atención a la  interpretación  brindada  al  numeral  8  del  artículo  47  de la ley 1098 de  2006.   

13  Disco  rotulado  “Juicio  oral  /  II  parte”,  archivo  de  audio  y  video  número        11001600001720050108600_110014009011_4,      00:11:00      y  00:28:00.   

14 Folio22 del cuaderno del Tribunal   

15  Disco  rotulado  con  el  número  1,  archivo  de  audio y video  1100100000-1720050108600_110014088017_1, 00:01:30.   

16  Ibídem, 00:05:00   

17  Ibídem, 00:07:00   

18  Disco 2, archivo 11001600001720050108600_110014009011_0   

19  Disco 3, archivo 11001600001720050108600_110014009011_1   

20   Disco   rotulado   “Juicio   oral   /   I   parte”,  archivo  11001600001720050108600-_110014009011_0, 00:06:00.   

21  Ibídem,   

22  Folio 22 del cuaderno del Tribunal   

23  Disco     rotulado     “Juicio     oral     /     I     parte”,     archivos  110016000017200501086-00_110014009011_0,           00:18:00-00:20:00,          y  110016000017200501086-00_110014009011_2, 00:00:00.   

24    Disco   1,   archivo   1100100000-1720050108600_110014088017_1,  00:01:00   

25  Ibídem, 00:07:00   

26  Disco      rotulado     “Juicio     oral     /     I     parte”,     archivo  11001600001720050108600-_110014009011_0, 00:12:00.   

27  Cf.,  entre  otros,  disco rotulado “Juicio oral / IV parte”,  archivo 110016000017-20050108600_110014009011_7, 00:21:00.   

28 Cf.  sentencias  de  11 de julio de 2007, radicación 26827, y 1º de agosto de 2007,  radicación 27283.   

29   Disco   rotulado   “II   parte   /  Incidente  de  reparación  integral”   

30  Corte Constitucional, sentencia C-979 de 2005   

31 Sentencia de 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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