28889(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28889  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 070.   

Bogotá D.C., marzo treinta y uno (31) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación    presentada    por    la    defensa   del   procesado   GERMÁN      ALBERTO      ESTUPIÑÁN     APARICIO     contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cúcuta,  de  fecha  junio  29  de  2007,  mediante  la  cual  revocó la dictada el 21 de  noviembre  de  2003 por el Juzgado 2° Penal del Circuito de la misma ciudad que  lo   absolvió   de   los  delitos  de  concierto  para  delinquir  en  concurso  heterogéneo  con  homicidio  agravado,  a  su  vez  en  concurso  homogéneo, y  tentativa de homicidio agravado.        

ANTECEDENTES  

Los   hechos   fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de  la  siguiente  forma:   

“(T)uvieron ocurrencia a eso de las 9:45  de  la  noche  del  17  de  junio  de  1999,  en el municipio de Tibú, Norte de  Santander,   cuando  un  numeroso  grupo  de  individuos  pertenecientes  a  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  (AUC),  incursionó en el casco urbano de la  población  de  Tibú  en  el  departamento de Norte de Santander y detuvo a los  ciudadanos  en  la  zona céntrica de la población, luego separaron los hombres  de  las  mujeres, a aquéllos les hicieron quitar la camisa y tender en el piso,  mientras  una  mujer  que  ocultaba  su  rostro  con  una capucha fue señalando  indistintamente  a  algunos  de  los  aterrorizados  ciudadanos,  para  que  sus  compañeros  les dispararan produciéndoles la muerte en aquel lugar, obrando de  esa  manera  con  Hender  Leonardo  Avendaño Pineda, Henry Soto Suárez, Nelson  Rodríguez  Mogollón, Francisco Franqui Pérez, Atilano Rodríguez Romero, Juan  de  Dios  Mendoza  Galván y Luis Alfredo Guerrero García, consumado aquel acto  criminal  procedieron a embarcar en uno de los vehículos en que se desplazaban,  cinco  varones  más  y  empezaron  la  retirada  con dirección a la zona de La  Gabarra,  causándole  la  muerte  a  cuatro  de  ellos  en inmediaciones de las  veredas  Socuavo  Norte y Carboneras, concretamente a Luís Alberto Lara Pérez,  Marcelino  Arenas Caicado, Álvaro Ortega Gualdrón y Luís Enrique Díaz Díaz,  igualmente  en  desarrollo  de  esta  última  fase  de  la  actividad criminal,  miembros  del grupo armado al margen de la ley dispararon contra la humanidad de  Andrés  Bermonth  Martínez,  con  el  propósito  de  causarle  la muerte, sin  embargo,  milagrosamente  esta  persona  sólo  resultó  lesionada  en la oreja  derecha, logrando sobrevivir al atentado terrorista   

Algunas  personas  declararon que el móvil  del  múltiple  crimen, es que los muertos eran auxiliadores y militantes de los  grupos subversivos.   

Entre  la  múltiples  imputaciones  que se  efectuaron  con  ocasión  de  este  proceso,  se realizó la de GERMÁN ALBERTO  ESTUPIÑÁN   APARICIO,   que   es   la  que  nos  corresponde  juzgar  en  este  caso”.   

Los  anteriores  hechos  fundamentaron  la  apertura  formal  de  la correspondiente investigación penal, dentro de la cual  fue  vinculado,  mediante  diligencia  de indagatoria,  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO,  a  quien  se  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio de excarcelación, por los delitos de concierto para  delinquir  en  concurso  heterogéneo  con  homicidio,  a  su  vez  en  concurso  homogéneo, y tentativa de homicidio.   

Cerrado  el  ciclo instructivo, se impartió  calificación  al  mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra  del   sindicado   ESTUPIÑÁN   APARICIO  como  posible  autor  responsable  del  delito  de  concierto para  delinquir   en  concurso  heterogéneo  con  homicidio  consumado,  en  concurso  homogéneo,  y  tentativa de homicidio, agravadas la conductas contra la vida de  conformidad   con   los  numerales  6,  7  y  8  del  art.  104  del  C.P.  Esta  determinación  fue  confirmada  el  23  de  agosto  de  2002  por  la Unidad de  Fiscalías Delegada ante el Tribunal de Bogotá.   

Ejecutoriada  la  acusación,  la  fase  del  juicio  fue asignada al Juzgado 2° Penal del Circuito Especializado de Cúcuta,  despacho  que,  tras  realizar  las  audiencias  preparatoria  y de juzgamiento,  dictó  sentencia  por  cuyo medio absolvió a GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO  de  los cargos por los  cuales se lo acusó.   

Esta  determinación  fue  impugnada  por el  representante  de  la  Fiscalía y el apoderado de la parte civil, motivo por el  cual,  el  29  de  junio de 2007, se pronunció el Tribunal Superior de la misma  ciudad  en  el  sentido  de  revocarla integralmente y, en su lugar, condenar al  procesado  a  las  penas  principales  de  cuarenta  (40) años y multa por suma  equivalente  a  500 salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el término de  diez  (10)  años  y al pago de perjuicios morales en la cuantía determinada, a  la  vez que le negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

   

          El   fallo   proferido  por  el  ad  quem  es   ahora   objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  promovido por la defensa,  lo cual dio lugar a que se allegara a  los   autos   la   demanda  sobre  cuyos  presupuestos  lógicos  y  de  mínima  argumentación se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Cinco  censuras  se formulan en contra de la  sentencia  impugnada, en su totalidad con cimiento en la causal primera prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000.  Las cuatro primeras por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y,  la  última,  por violación  directa, cuyo fundamento expone de la siguiente forma:   

    

1. Primer  cargo.   Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia.       

Señala  que  la  decisión  del Tribunal ha  debido   ser  en  otro  sentido  si  no  se  hubieran  ignorado  las  siguientes  pruebas:   

1.1.  Declaración  rendida por Ana  Eloísa  Muñoz  Betancur, visible a  folios  56  y  57  del cuaderno 24 original, según la cual para la fecha de los  hechos  el  procesado  tenía  un  negocio  de  expendio  de carnes en el barrio  Potosí   de   Bogotá,   el   cual   atendía  personalmente  de  7  a.m.  a  9  p.m.   

1.2.    Declaración   vertida   por  Hernán  Pérez  Martínez,  visible  a  folios  60 y 61 del cuaderno 24 original, en los mismos términos de  la anterior.   

1.3.   Declaración   de   Carlos  Saúl  Pardo  Aguilar,  visible a  folio  184  del  cuaderno 24 original, acorde con la cual para el 17 de julio de  1999,  en  horas de la mañana, el procesado estuvo comprando ganado y, de 8 a 9  de  la  noche,  lo  acompañó  a  una  discoteca  de  propiedad de Alfonso  Gómez. Al día siguiente, agrega  el  declarante,  también  estuvo  con  el  procesado  en  un asado, eventos que  frecuentemente éste organizaba.   

1.4   Declaración      rendida     por     Alfonso  Gómez  Giraldo, visible a folio  187  del  cuaderno  24  original,  quien  ratifica  lo  dicho  por  el  anterior  deponente.   

1.5.  Declaración  rendida por Luís  Marino Muñoz Betancur, a folio 188  del    cuaderno    24    original,    quien    confirma    el   dicho   de   los  anteriores.   

1.6.  Declaración  rendida por Minelli  Bravo  Berrío,  visible a folio  189   del   cuaderno   24   original,   quien  afirmó  tener  un  hijo  con  el  procesado.   Adujo  que acompañó al sindicado el día 17 de julio de 1999  en  horas  de  la  mañana  a  negociar  ganado,  mientras que el resto del día  estuvieron  en  la fama.  En horas de la noche, el procesado estuvo tomando  con  Alfonso  Gómez  en su  discoteca   y   al   día   siguiente  hicieron  un  asado  en  su  casa,  donde  estuvo  Carlos,  Rogelio Paneso, Hernán y otros.   

1.7.  Declaración  rendida  por  Rogelio  Paneso, visible a folio 157 del  cuaderno  23  original,  quien  afirmó haber trabajado con el procesado durante  dos   meses  en  el  año  de  1999,  existiendo  entre  ellos  un  vínculo  de  amistad.   

Acto  seguido,  la  defensa  aduce  que  el  Tribunal  ignoró  el  contenido  de  las  anteriores declaraciones vertidas por  personas  que  no  sólo  dieron  buenas  referencias  del  procesado, sino que,  además  “sus dichos no tienen necesidad de mentira,  ni  de  acomodación,  ya que lo hicieron de manera libre y voluntaria y bajo la  gravedad del juramento”.   

De  estos  dichos,  infiere que ESTUPIÑÁN  APARICIO, para el día de los  hechos,  “se encontraba domiciliado en la ciudad de  Bogotá,  donde igualmente funcionaban todos sus negocios y donde además estaba  radicado  desde  hacía  más  de  cuatro (4) años”.   

1.8    Certificado   de   existencia   y  representación  legal expedido por la Cámara de Comercio de Bogotá, obrante a  folio  146  del cuaderno 23 original, por medio del cual consta que el procesado  matriculó    el    establecimiento    de   comercio   denominado   “Distribuidora  de  Carnes  Galesa” el  día  13  de  enero  de  1999, con domicilio en Bogotá.  Con este medio de  prueba,   agrega,   “se  demuestra  que  el  señor  Estupiñán  estaba  para  el  momento  de  los hechos domiciliando (sic)en       la      ciudad      de  Bogotá”   

1.9.   Contrato   de   compraventa   del  establecimiento  de  comercio  referido,  en el cual figuran como compradores el  procesado  y su compañera Sandra Minelly Bravo Barrio  y  como  vendedor  Horacio  Pinzón  Bejarano,  medio  de  prueba que ratifica los  anteriores,  además del “grado de civismo y acato a  las  normas del encartado, mediante la legalización y buen funcionamiento de su  negocio”.   

1.10.    Declaración    de  José Antonio Amado Blanco, que reposa a  folios  23  y  24  del  cuaderno  5  original,  quien acompañaba a Andrés  Bermonth  García  el día de los  hechos,  entre  las  cuales  surgen  evidentes  inconsistencias, cuya incidencia  radica  en  que  el  testimonio  del  segundo es “la  única    prueba    que    incrimina    al    señor   Estupiñán   con   estos  hechos”    y,    por    lo   tanto,   “debe   gozar   de   absoluta  certeza  respecto  de  los  hechos  presentados”.   

1.11.  Historia  clínica  de  Andrés  Bermonth  García, la cual obra a  folios  217  y  257  a 265 del cuaderno 12 original, de cuyo contenido se extrae  que  no  presentaba  ninguna  otra  herida  de  bala  en  la  mano derecha, como  falsamente  éste  lo  sostiene  en  su  declaración  del 2 de febrero de 2000,  visible  a folio 318, cuando señaló que les dispararon en varias oportunidades  y que uno de los disparos impactó en su mano derecha.   

1.12.  Declaración  del galeno Jesús  Hugo  Pérez Lizcano, la cual obra  como  prueba  trasladada  a  folios  252  a  256 del cuaderno 25 original, quien  atendió  a Bermonth García  en  el  hospital  Socorro  Médico Santa Fe de la ciudad de Cúcuta, sosteniendo  que  únicamente  presentaba  una  herida  en  la  oreja  derecha, sin que ello,  además,  resulte  creíble,  porque  el  cartílago, según aparece en concepto  médico,     “casi    no    sangra”.   

1.13.  Declaración  rendida por  Santos Pérez Conteras, visible a folios  26  a  28  del  cuaderno  5  original,  “patrón de  Andrés  Bermonth  García”, quien desmiente a éste  en  cuanto  al  hecho  de  que lo haya llevado a Tibú y, consecuencialmente, al  aeropuerto,  por  cuanto,  según  afirma,  no  ha  vuelto  a  hablar  con  él.   

1.14.   Diligencia   de   indagatoria   de  Yovanni Velásquez Zambrano,  obrante  a  folios  23 al 41 y 117 a 122 del cuaderno 23 original, individuo que  admitió  su  responsabilidad  en los hechos e incrimina al soldado Valero,  “a  una  muchacha  gorda  y  a  otro  señor  que  estaba encapuchado”,   cuya   descripción  morfológica  no  coincide  con  la  de  su  defendido.   

1.15.  La  misma  indagatoria  referida, por  cuanto    no    existe    coincidencia   con   lo   narrado   por   Bermonth  respecto  de la descripción de  los    vehículos   en   los   que   se   movilizaron   los   autores   de   las  conductas.   

1.16.  Las  declaraciones  de  Yuri   Tatiana   Tamayo,   Martha  Natalia  Cuadros,  Oliva  Jaimes  Quintero,  Ramón  Horacio  Duque,  William Marino Wallens Villafane,   quienes   estuvieron   presentes   en  la  masacre  “y  que  en ninguna parte de sus declaraciones hacen referencia a  la  participación del señor Estupiñán en los hechos luctuosos a pesar de que  este  último  vivió  en  dicha  ciudad  desde  su  nacimiento hasta el año de  1997”.   

1.17. La afirmación del Tribunal, consignada  en  el  folio  45  del cuaderno de esa corporación, según la cual su defendido  fue   capturado   en   la  ciudad  de  Cúcuta  y  no  en  Bogotá  “ignorando  por  completo  que el día 10 de marzo de 2001, en un  plan  de  verificación  de  antecedentes  personales  que realizaba la Policía  Nacional  en  la  cárcel  de  la Picota de la ciudad de Bogota, fue detenido el  señor  GERMÁN  ALBERTO ESTUPIÑÁN APARICIO, en momentos en que se disponía a  visitar a un detenido”.   

1.18.  En  este  punto  sostiene que, según  consta  en  los  folios  109 y 110 del cuaderno 23 original, el procesado estuvo  vinculado  al programa de protección y asistencia de la Fiscalía General de la  Nación  y  declaró  en  varios  procesos en contra de miembros de la USO, ELN,  FARC    y    EPL    y    contra   integrantes   de   la   familia   Bermonth,  por lo cual, de acuerdo con la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  su  testimonio  debe  apreciarse  con  especial  cuidado.              

Concluye   el   reparo   advirtiendo   que  “la  segunda  instancia  en  vez  de  estudiar  con  especial  cuidado  las  declaraciones  de  estas personas, decidió ignorarlas y  fallar  erradamente, antes de verificar que los aludidos testimonios reafirmaban  la    duda    de    responsabilidad    respecto   del   encartado”.   

    

1. Segundo  cargo.   Violación  indirecta  de  la ley sustancial, derivada de error de hecho por falso juicio de  existencia     “por    suposición”.       

Para  la defensa, se incurrió en este yerro  cuando  el  Tribunal  afirma  que todas las personas señaladas por el encartado  posteriormente  fueron  absueltas, con el objeto de concederle credibilidad a lo  dicho  por  Andrés  Bermonth  Martínez en ese sentido.   

Con  lo  anterior, agrega, el Tribunal acoge  una  prueba  inexistente  en el proceso, dado que no se observa evidencia alguna  que  certifique  lo  dicho  por  este  último,  contrario a lo sostenido por el  procesado  quien  aportó  datos  exactos  de los procesos y personas señalados  cuando actuó como colaborador de las autoridades.   

    

1. Tercer  cargo.   Violación  indirecta  de  la ley sustancial, derivada de error de hecho por falso juicio de  identidad.       

A  juicio  de la defensa, se incurre en esta  modalidad  de  error cuando “al contemplar la prueba  supone,  desfigura,  mutila  y  le  agrega algo al medio probatorio, que lo hace  decir   una   cosa   distinta   de   lo   que   realmente   señala   su   tenor  literal”.   

El  primer hecho que da lugar a esta censura  tiene   que  ver  con  la  adición  efectuada  al  testimonio  de  Andrés   Bermonth,  quien  sostuvo  que  “nos  dispararon  por varias ocasiones, uno de esos  disparos  me  dio  en  la  mano  derecha  y  ninguno  más me dio”,   mientras   que   el  Tribunal  sobre  esta  probanza  adujo  que  “el  testigo  dice  que  sangraba copiosamente pues  había   sido  herido  de  bala  en la cabeza a la altura del oído derecho  y que estaba herido en su mano derecha, no que había  sido    alcanzado    por    un   proyectil   en   dicha   extremidad”    (subrayas    tomadas    de    la  demanda).   

El  anterior  yerro,  prosigue, “afecta  totalmente  su  decisión; ya que por la adición que le  hace   al  medio  probatorio  distorsiona  ostensiblemente  la  realidad  de  lo  acontecido,  con  la única intención de emitir una sentencia subjetiva, lesiva  y alejada de la verdad”.   

El segundo hecho sobre el cual se edifica el  reproche   gira  en  derredor  de  la  valoración  otorgada  a  la  indagatoria  de    Yovanni    Velásquez    Zambrano,  a  través  de  la  cual confesó su autoría en la conducta, por  cuanto  la descripción que brinda de la persona que descendió del helicóptero  y  que  igualmente  participó  en la masacre no coincide con la de ESTUPIÑÁN  APARICIO  consignada  por la  Fiscalía durante su indagatoria.       

    

1. Cuarto  cargo.   Violación  indirecta de la ley sustancial, derivada de error de derecho.     

Advierte  en  esta censura que el Tribual le  otorgó  a las declaraciones de Leopoldo Acosta Hoyos,  Luís      Eduardo     Nieto     y     Prudencio  Peñaranda un valor distinto al  que   la   ley   les  confiere  cuando  quiera  que  no  contienen  “más   que  meros  chismes”,  en  el  sentido  de que se perpetraría una intervención paramilitar en el municipio de  Tibú,   en   la   cual,  como  lo  señaló  el  primero  de  los  mencionados,  intervendría       “Estupiñán”.   

Sin   embargo,  añade,    el    ad-quem  otorga  mérito a estas probanzas no obstante tratarse  de  “declaraciones  de  personas  que escucharon de  otras  una  afirmación, que igualmente no les consta y que además no existe en  el     expediente     prueba     que     así     lo     confirme”.   

    

1. Quinto  cargo.   Violación  directa  de  la ley sustancial, por falta de aplicación de los artículos 7° y  232 de la Ley 600 de 200.     

Señala  que aun cuando las referidas normas  tienen   existencia   jurídica   fueron   desconocidas   por   el  sentenciador  “toda vez que a lo largo del presente proceso no se  evidenció  ninguna prueba que indique certeza absoluta de la responsabilidad de  GERMÁN    ALBERTO    ESTUPIÑÁN    APARICIO    por    los    hechos   que   se  investigan”.          

Acto seguido, advierte que con el reparo no  se  pretende “desvirtuar la ocurrencia de los hechos  luctuosos  de fecha 17 de julio de 1999”, sino que, a  sabiendas  de que no existía certeza para condenar al sindicado, se lo declaró  penalmente responsable.   

Lo   último   dicho,  debido  a  que  la  declaración    de    Andrés   Bermonth   Martínez  exhibe  inconsistencias con lo declarado en el proceso  por  otras  personas, como José Antonio Amado Blanco,  José   de   los   Santos   Pérez   Contreras,  Prudencio  Peñaranda  Álvarez  y   Yovanny   Velázquez  Zambrano,  para cuya demostración se elaboran cuadros  comparativos.   

En  consecuencia,  aduce que como existe un  gran   manto   de   duda  frente  a  lo  narrado  por  el  primero  “no  es  dable  el  vulnerar  una exigencia legal y condenar a un  inocente”,  debiéndose aplicar las normas referidas  según  las  cuales en las actuaciones penales toda duda debe resolverse a favor  del procesado.   

Acto  seguido,  en la demanda se incluye un  aparte  rotulado  “petición especial”,  a  través  del  cual se solicita casar la sentencia “en   atención   a   los   cargos   propuestos   y   debidamente  sustentados”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Metodología:  

En  un  primer acápite, la Sala efectuará  una  aclaración  previa  al  análisis  de  los  cargos.  De inmediato, se  adentrará  en  dicha  labor de manera conjunta por encontrar  deficiencias  similares  en  el  desarrollo  de las censuras, inclusive en lo que concierne al  último  reparo,  pues, si bien se propone con fundamento en causal de casación  diversa,    en   el   fondo,   según   se   verá,   presenta   un   fundamento  similar   al de los restantes.     

1. Aclaración previa:  

Llama la atención de la Sala que la demanda  de    casación    presentada    a    nombre    del    procesado    GERMÁN   ALBERTO  ESTUPIÑÁN  MARTÍNEZ  esté  suscrita  por  dos  defensores,  los mismos a quienes éste otorgó poder  ante  la  Notaria  60 de Bogotá “para que presenten  ante    su    honorable    despacho    RECURSO   DE  CASACIÓN   dentro   del  proceso  de  referencia”  (mayúsculas  y  subrayas tomadas del texto original),  sin  que  en  el  mandato  aludido,  nada  se  haya dicho sobre quien fungía en  calidad de principal y quien como suplente.   

Posteriormente, estos dos profesionales, de  forma  conjunta,  suscribieron  sendos  memoriales  mediante  los  cuales, en el  primero,   interpusieron  recurso  de  casación  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  presentado  ante  la secretaría del Tribunal el 27 de julio de 2007  y,  en  el  segundo,  solicitaron  copias  de  parte del expediente, el cual fue  allegado el 28 de agosto ulterior.   

Respecto   de  la  última  solicitud  se  pronunció  el  Magistrado Ponente del Tribunal de Cúcuta, accediendo a ella, a  través  de  auto  de  sustanciación  del día siguiente y, en relación con la  interposición  de  recurso  extraordinario,  lo  hizo  el  mismo  funcionario a  través  de  auto del 7 de septiembre subsiguiente en el sentido de concederlo y  de   ordenar  correr  los  traslados  de  ley,  sin  que  en  ninguna  de  estas  oportunidades   aclarara  la  situación  derivada  de  la  defensa  simultánea  desplegada a favor del procesado.   

Si bien este hecho no comporta irregularidad  sustancial  con  la entidad de socavar el debido proceso en virtud del principio  de  trascendencia  de  las  nulidades, como pudiera colegirse con sustento en lo  dispuesto  en  el inciso segundo del artículo 134 de la Ley 600 de 2000, según  el  cual,  “(L)os apoderados principales y suplentes  no  puede actuar de manera simultánea”, en todo caso  resulta  pertinente  clarificar  esta  situación  en salvaguarda del equilibrio  procesal.   

Pues  bien, como ninguna norma del estatuto  adjetivo  penal presta utilidad para solucionar esta problemática, es necesario  acudir  al  principio  de  remisión, contemplado en el artículo 23 de la misma  obra,   de  acuerdo  con  el  cual  “(E)n  aquellas  materias  que no se hallen expresamente reguladas en este Código son aplicables  las  disposiciones  del  Código de Procedimiento Civil y de otros ordenamientos  procesales,  siempre  que  no  se  opongan  a  la  naturaleza  del procedimiento  penal”.   

Con  fundamento  en este principio, resulta  pertinente  acudir  a lo normado en el artículo 66 del Código de Procedimiento  Civil,  modificado por el 1°, numeral 24, del Decreto  2282   de   1989,   referente   a   la   “designación  de apoderados”, en cuyo  texto se advierte que:   

“En   ningún  proceso  podrá  actuar  simultáneamente  más  de  un apoderado judicial de una misma persona; si en el  poder  se  mencionan  varios,  se  considerará  como principal el primero y los  demás como sustitutos en su orden…”.   

Merced al contenido de esta disposición, se  entenderá  que  la demanda objeto de estudio fue presentada de manera exclusiva  por  el  abogado  que  suscribió  el  poder en primer término, quien, para los  mismos  efectos,  tiene  la  condición  de  principal, acorde con la preceptiva  legal traída a colación.        

2.   Análisis  de  los  presupuestos  de  admisibilidad:   

Como se precisó con antelación, los cinco  cargos  propuestos  en  la demanda exhiben falencias comunes, lo cual permite su  análisis paralelo.   

Incluso  el quinto reparo, planteado por el  actor  con  fundamento  en la causal de violación directa de la ley sustancial,  exhibe  las  mismas  falencias de todos los demás formulados por la senda de la  violación  indirecta,  lo  cual  se  debe  a  que  en  el  fondo persigue igual  propósito,  como lo es discutir en torno a la valoración de las pruebas con el  objeto  de  poner  de manifiesto las supuestas inconsistencias entre el dicho de  Andrés     Bermonth     Martínez    con  lo  declarado en el proceso por José  Antonio   Amado   Blanco,  José  de  los  Santos  Pérez  Contreras,  Prudencio  Peñaranda       Álvarez      y      Yovanny  Velázquez  Zambrano,  hasta  el  punto  de  que  el  casacionista,  elabora  cuadros comparativos para cotejar su  contenido.   

Es  claro, como lo tiene dicho la Sala, que  así  concebido  el  reparo no consulta los condicionamientos propios del motivo  de  casación  pretextado  en  procura  de  demostrar  la  ilegalidad  del fallo  impugnado.       

         Ha  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala  -y  sea este momento de  reiterarlo-  que  cuando se trata de desarrollar la causal de violación directa  de  la  ley  sustancial,  el  actor  está  obligado  a respetar los fundamentos  fácticos  y  probatorios  de  la  decisión  impugnada  debiendo  concentrar su  atención  exclusivamente  en  el  error  de  juicio  que  recae  sobre la norma  sustancial,  pues si pretende ventilar discusiones en torno a la apreciación de  la  prueba  o  de  los supuestos fácticos, invade terrenos de la causal que por  antonomasia  está  concebida  para  ese  propósito,  como  lo es la violación  indirecta de la ley sustancial.   

          En  el  caso  que  ocupa la atención de la Sala, fácil se advierte  que  si  bien el actor invoca la causal de casación de violación directa de la  ley  sustancial,  como  así  se desprende de su enunciado, en el desarrollo del  ataque  trastoca  ese  objetivo  al involucrar una discusión probatoria, con lo  cual  toma  distancia  de  los  presupuestos  fácticos  y probatorios del fallo  impugnado que estaba compelido a respetar.   

La  confusión del actor, tras consultar el  texto  integral  de la censura, al parecer se deriva de su errada consideración  en  el  sentido  de  que al acudir a dicho motivo únicamente debía respetar el  supuesto  fáctico  declarado  por el Tribunal pero que estaba en libertad total  de  cuestionar  la  apreciación  de  las  pruebas, como así se desprende de su  afirmación  según la cual “(P)ara dar explicación  a  este  cargo  es  necesario  tener  en cuenta que no se pretende desvirtuar la  ocurrencia   de   los   hechos   luctuosos   de   fecha  17  de  julio  de   1999”.   

De ese modo, queda suficientemente claro que  la  totalidad de los cargos propuestos por el actor tienen como punto de partida  la  indebida  apreciación de la prueba y que, aun cuando en algunos pasajes del  libelo  pareciera  comprender  la  naturaleza  de  los yerros que en esa materia  formula,  lo  cierto  es  que  en  su desarrollo inexplicablemente desvía hacia  disertaciones  extrañas  a la naturaleza de este medio de impugnación. Por esa  razón,  bien  está  señalar  el  criterio reiterado de la Sala en punto de la  naturaleza  y forma de proposición de estos yerros para tenerlos por adecuada y  formalmente  presentados,  lo  cual,  desde  ya  se  puede anticipar, permitirá  colegir  que  la  propuesta  sub examine no cumple tales presupuestos.   

En efecto, de conformidad con la pacífica y  reiterada  jurisprudencia  de  la  Sala, la causal de violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  surge  ante  la  comprobación de que el  sentenciador  incurre en los llamados falsos juicios de existencia, raciocinio e  identidad,  pero como el demandante contrae su propuesta al primero y al último  de  los  aludidos,  sobre ellos se precisará lo pertinente, teniendo en cuenta,  además,  el  orden  en  que son propuestos en el libelo, comenzando así por la  referencia  al  falso  juicio de existencia (cargos primero y segundo) y pasando  luego al de identidad (cargo tercero).    

En cuanto al primero de estos errores, se ha  precisado  por  la  Sala  que  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio de prueba es  excluido  de  la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido  allegado  al  proceso en forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión)  o  porque  el juzgador lo crea a pesar de no existir materialmente en el proceso  (suposición   o   ideación),   otorgándole   un  efecto  trascendente  en  la  sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado a lo siguiente:   

     

i. Identificar el medio de prueba que  en su criterio se omitió o se supuso.     

     

i. Establecer  la  incidencia de esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión que se controvierte y en  favor  del  interés  que  se  representa,  lo  cual  comporta  la  necesidad de  demostrar   que  el  fallo  atacado  no  se  preserva  con  otros  elementos  de  juicio.     

iii)  Demostrar  de qué forma se violó la  ley  sustancial con ese defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación  o por aplicación indebida.   

Por   su   parte,  el  segundo  yerro  de  apreciación  probatoria  de  esta  índole  (por falso juicio de identidad), se  verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de  la  prueba  para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente. También se  ha  expuesto  que  en  esa  modalidad  de  desacierto  en la apreciación de las  pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como  si  fuera  el  todo, en tanto que ello constituye una forma de distorsión pues,  en  su proceso de valoración se le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de  esa manera su apreciación integral.    

Significa  lo  anterior que, en esencia, se  trata  de  un  yerro  de contemplación objetiva de la prueba que surge luego de  confrontar  su expresión material con lo que consigna el sentenciador acerca de  ella,  deformación que, además, debe recaer sobre prueba determinante frente a  la  decisión  adoptada.  De  ahí que no proceda, en contraposición, cuando lo  que  se  pretende es discutir en torno a la credibilidad que ofrezca, caso en el  cual  sólo  es viable el ataque por el llamado falso raciocinio, siempre que se  logre  demostrar  que  en esa valoración se desconocieron postulados de la sana  crítica.   

Desde  esa  perspectiva, siguiendo la misma  metodología  empleada  en  cuanto  al  anterior,  resulta  necesario para quien  propone  un  error de hecho por falso juicio de identidad cumplir los siguientes  pasos:   

     

i. Individualizar  o  concretar  la  prueba sobre la cual recae el supuesto yerro.     

     

i. Evidenciar cómo fue apreciada por  el fallador.     

     

i. Señalar  de  qué  forma  esa  valoración   tergiversa   o   distorsiona   su  contenido  material,  esto  es,  puntualizar  la  supresión o agregación de su contexto real para de allí  inferir que en realidad se alteró su sentido.     

iv)  Establecer  la trascendencia del yerro  frente  a  lo  declarado  en el fallo, es decir, concretar por qué la sentencia  debe  mutarse  favorablemente  al  demandante,  ejercicio  que  lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento en las restantes pruebas que lo sustentan.   

   

v)   Demostrar  que  con  el  defecto  de  apreciación   se  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación indebida.   

Ahora,  también se puede alegar violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores de derecho en cualquiera de sus  modalidades,  esto  es,  por  falsos  juicios de legalidad o de convicción, mas  como  el recurrente limita su propuesta a la segunda posibilidad (cargo cuarto),  se precisará lo pertinente respecto de ella exclusivamente.    

Pues  bien,  el  error de derecho por falso  juicio  de  convicción  se genera cuando el juzgador valora una prueba haciendo  caso  omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado, circunstancia  que  cobra  gran importancia en los sistemas de tarifa legal probatoria, en cuyo  caso  se  deberá indicar cuál fue el mérito otorgado a la probanza y el valor  que la ley le fija en particular.   

De  acuerdo con la metodología empleada en  esta  providencia, se tiene, entonces, que en procura de demostrar adecuadamente  este     yerro     el     casacionista     debe     acometer     la    siguiente  demostración:   

     

i. Identificar el medio de prueba que  en   su   criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley.     

     

i. Precisar el o los preceptos legales  en  virtud  de  los cuales se asigna un específico valor probatorio al medio de  prueba.              

iii) Determinar la trascendencia que tuvo la  incorrecta  apreciación  del  medio  de  prueba  en la decisión impugnada y en  favor  del interés representado, lo cual comporta la necesidad de demostrar que  el fallo atacado no se mantiene con otros elementos de juicio.   

iii) Establecer la forma cómo se violó la  ley  sustancial  con el defecto de apreciación, bien por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

Con fundamento en las anteriores pautas, sin  dificultad  se arriba a la conclusión de que ninguna de las censuras contenidas  en  la  demanda  presentada por el defensor de GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN  APARICIO, logra evidenciar que el  fallo  esté  incurso  en  alguno  de  los  errores  de  apreciación probatoria  invocados,  ni  en  algún  otro  que  tenga cabida en esta sede extraordinaria,  teleológicamente concebida para demostrar su ilegalidad.   

Así,  en la primera censura, propuesta con  fundamento  en un error de hecho por falso juicio de existencia por omisión, el  demandante  se  circunscribe  a  elaborar un extenso listado de medios de prueba  ignorados,  bastándole  con  reseñar brevemente su contenido y advirtiendo que  el juzgador omitió apreciarlos.   

De manera que, consecuente con lo expuesto,  el  casacionista  se  sustrae  a  disertar en relación con la trascendencia del  ataque,   para   lo   cual   no   es  suficiente  con  señalar,  como  lo  hace  reiterativamente,  que  si no se hubiera incurrido en el desacierto la decisión  ha   debido  ser  otra,  sino,  como  se  explicó  en  precedencia,  involucrar  necesariamente  en  ese  cuestionamiento  los  restantes elementos de juicio que  sostienen  la  decisión,  los  cuales,  dicho sea de paso, no se limitaron a la  insular    declaración    de    Andrés   Bermonth  Martínez,  sobreviviente  de  la  masacre,  sino  que  incluyeron  valoraciones  indiciarias,  cuyo cuestionamiento tampoco se elaboró  de  conformidad  con  las  pautas establecidas por la Sala, atendida su especial  naturaleza.   

De igual forma, el censor nada dice, aparte  de  relacionar  las  normas  sustanciales  supuestamente transgredidas, la forma  cómo  fueron quebrantadas, con lo cual la censura queda, según lo ha señalado  la  Sala,  a  medio camino, pues a efectos de demostrar esta causal de casación  no  es  suficiente  con  discurrir en torno a lo fáctico y probatorio, sino que  esa  primera  demostración  debe  recaer  necesariamente  en la vulneración de  preceptos sustanciales, indicando el sentido de violación.   

Las falencias reseñadas en los párrafos  precedentes  irrumpen  con  mayor  fuerza  en  los  cargos  segundo, en donde la  propuesta  no  guarda  ninguna  relación con el enunciado  (error de hecho  por  falso  juicio de existencia por suposición), y tercero (error de hecho por  falso  juicio  de  identidad), en tanto se contraen a cuestionar algunos apartes  de    la    declaración    de    Andrés   Bermonth  Martínez, abstrayéndose del contenido probatorio del  fallo impugnado y de la ley sustancial.   

Comentario  especial  ameritan  los  cargos  cuarto  y  quinto,  en  la medida en que en el primero de ellos el casacionista,  bajo  el  manto  de  un  error  de  derecho por falso juicio de convicción, por  cierto  desconocedor  de  los presupuestos inherentes a su esencia referidos con  antelación,  y  en  el segundo, formulado con sustento en la violación directa  de  la ley sustancial, respecto del cual en la parte inicial de este acápite se  consignaron  algunas  de sus imprecisiones, pretende discutir abiertamente sobre  la  credibilidad  de algunos medios de prueba a partir de su criterio personal y  no  mediante  la  demostración  de  errores  en  su apreciación que socaven la  legalidad de la sentencia.   

En forma pacífica y reiterada ha sostenido  la  Sala que esa actitud se aparta de la esencia del recurso extraordinario para  corresponder  más a la dialéctica propia de un alegato de instancias, a la par  que  desconoce  que  el fallo llega a esta sede amparado por las presunciones de  acierto  y  legalidad, de modo que los argumentos que lo fundan prevalecen sobre  el criterio personal del casacionista.    

Es  más,  tan  distante  es  la  propuesta  contenida  en el cuarto cargo instaurado con sustento en un error de derecho por  falso  juicio  de  convicción,  que  alude  a  una inexistente veda legal en el  procedimiento  establecido  en la Ley 600 de 2000 hacia los llamados testimonios  de  oídas,  postura,  además, contraria al criterio que sobre el particular ha  sentado esta Sala.   

Así   las   cosas,   la   decisión  que  razonablemente  se  impone adoptar en relación con la demanda presentada por el  defensor  del  procesado  GERMÁN ALBERTO ESTUPIÑÁN  APARICIO   es  la  de  su  inadmisión,  dado  que  el  principio  de  limitación que regenta este medio extraordinario de impugnación  y  que  por vía legal encuentra consagración en el artículo 216 de la Ley 600  de  2000  impide  a  esta  Sala  subsanar las incorrecciones anotadas en las que  incurre  el casacionista en punto de una adecuada fundamentación de los cargos,  como   así   lo   exige   el   numeral   3°  del  artículo  212  ibídem.   

          Por  consiguiente,  a  ello se procederá, a más de observar que no  se   incurrió   en   vulneración  de  garantías  fundamentales  que  ameriten  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  según  la  previsión  contenida  en el  artículo        216        ejusdem.   

   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por  el  defensor  de  GERMÁN  ALBERTO  ESTUPIÑÁN    APARICIO,  por   las   razones   consignadas   en   la  anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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