8929 (24-01-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    RECONOCIMIENTO EN FILA DE PERSONAS  

“La  técnica  de  interrogar depende de la  capacidad  del  Juez  y  de  las condiciones concretas del caso”, y mostrará el  camino  de  cuando  y  en  qué  momento caben ciertos interrogantes, sin que el  orden  de  formulaciòn genere vicio alguno, pues lo indispensable “…es que se  interrogue   sobre   el   hecho  del  cual  se  sindica  al  autor.”     

En el mundo real no hay seis hombres iguales y  por  eso  “la  ley apenas fija una pauta: deben ser personas de características  semejantes  a  las  del por reconocer, pero no es condición de validez que sean  tan próximas que se parezcan.”    

PROCESO                               :8929   

         

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente Doctor:  

JORGE ENRIQUE VALENCIA M.  

Aprobado Acta No.06  

Santa   Fe   de   Bogotá,   D.C.,  enero  veinticuatro (24) de mil novecientos noventa y cinco (1995)   

VISTOS  

         Decide  la Sala  sobre  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado  BORIS    EDILBERTO    SANCHEZ    PABON  contra  la sentencia proferida el veintidós (22) de junio de mil  novecientos  noventa  y  tres  (1993)  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Barranquilla, confirmatoria de la dictada por el Juzgado 8o. Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad mediante la cual lo halló responsable de un  delito  de  homicidio,   sancionándolo  a purgar la pena principal de diez  (10)  años  de  prisión, la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  igual  término  y  la  obligación de indemnizar los perjuicios  ocasionados con el delito.   

HECHOS  

   

         Sucedieron  el  primero (1o.) de abril de mil novecientos ochenta y  nueve  (1989),  en  la  ciudad  de  Barranquilla.  Días antes, un sujeto había  estado   frecuentando   un   sitio   aledaño   al   depósito  de  Heriberto  Gómez  Mora.  En  un momento  determinado  una  lora  que  cayó de una residencia cercana fue recogida por el  desconocido  y  colocada  en  una  bolsa  que portaba. Al ver esto, Gómez  lo increpó por querérsela  llevar,  recibiendo como respuesta palabras de grueso calibre. El día de autos,  estando    en    un   sitio   cercano   a   su   establecimiento,   Gómez fue repentinamente atacado con un  arma  de  fuego,  falleciendo  cuando era trasladado a la Clínica Barranquilla.  Como  agresor  se  sindicó  al  sujeto  en  mención quien a la postre resultó  identificado    como    Boris   Edilberto   Sánchez  Pabón.   

         ACTUACION PROCESAL   

         La  Delegada  resumió  el  avatar  del  proceso con las siguientes  palabras:   

         “El  Juzgado  Primero de Instrucción Criminal Permanente en Turno,  de  Barranquilla,  enterado  de los hechos, ordenó en proveído de abril 1o. de  1989,  la  práctica  de  diligencias  preliminares.  En  cumplimiento  de  esta  decisión  el  mismo  día practicó diligencia de levantamiento del cadáver de  Heriberto Gómez Mora en la  Funeraria  JUAN XXIII y recepcionó las declaraciones de Edgar Giraldo Aguirre y  Clarisa Gómez (fls. 1 a 7 vto.).   

         El  Juzgado  15  de Instrucción Criminal radicado en Barranquilla,  abrió  investigación  el  6  de  abril  de  1989; durante el lapso instructivo  obtuvo  el protocolo de necropsia del señor Heriberto  Gómez  Mora,  remitido por el doctor Oswaldo Velasco  Donado,  médico Forense del Instituto Seccional de Medicina Legal Forense de la  misma  ciudad,  en  el  cual  se  determina  como  causa  de  la  muerte: “SHOCK  hemorrágico  por  heridas  múltiples de pulmones, aorta, por proyectil de arma  de  fuego”.  (fls.  17  a  18);  informe 00221 del 3 de mayo de 1983 del Jefe de  Grupo  de  Integridad  de  la  Sijín,  Departamento de Policía del Atlántico,  remisorio  de  las  diligencias  preliminares adelantadas por esa dependencia en  relación   con   la   muerte   de  Heriberto  Gómez  Mora  (fls.  32  1  40);  se recepcionaron diferentes  declaraciones  y  se ampliaron otras (fls. 19 a 31, 44 a 74, 97 a 101, 137 a 157  vto.);  diligencias  de  reconocimiento  en  fila  de  personas (fls. 93 a 96) e  inspección  judicial  al  restaurante  “La  Macarena”  con sus correspondientes  planos (fls. 154 a 155, 172 a 174).   

         “A  la investigación fue vinculado BORIS  EDILBERTO  SANCHEZ  PABON (fls. 80 al 84 y 133 a 134),  a  quien se le definió la situación jurídica en auto del 27 de abril de 1992,  con   medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   (fls.  102  a  111).   

         La   Fiscalía  Segunda  de  la  Unidad  Especializada  de  Vida  e  Integridad  Personal, ante la reforma del C. de P. Penal (Decreto 2700 de 1991),  avocó  el  conocimiento  del  asunto  el  10  de  julio  de  1992, clausuró la  investigación  el 15 de los mismos mes y año y la calificó el 14 de agosto de  1992,    con    resolución    de   acusación   en   contra   de   BORIS  EDILBERTO  SANCHEZ PABON (fls. 192  a 214).   

         Surtidas  las  formalidades propias del juicio, el Juzgado 80 Penal  del  Circuito  de Barranquilla, el 31 de marzo de 1993, puso fin a la instancia,  condenando   al  procesado  BORIS  EDILBERTO  SANCHEZ  PABON,  a  la  pena  principal  de diez (10) años de  prisión,  como  autor  material del delito de homicidio simple en la persona de  Heriberto Gómez Mora, más  las  accesorias  de  ley  (fls. 366 a 376). Este fallo fue confirmado en su  integridad  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  en  proveído del 22 de junio de 1993.”   

LA DEMANDA  

         En  el  ámbito  de  las causales primera  y   tercera  de   casación,   el   actor   propone  los  siguientes  reproches.   

1.         Primer cargo   

         Lo   eleva   dentro   del   ámbito   de   la  causal  primera,           apartado       segundo,  producto de un error de derecho, señalando como infringidos los  artículos   1,2,3,6,9,13,18,   20,22,179,246,247,249,  304,359,360  y  368  del  Código  de  Procedimiento Penal y 29 de la Constitución Nacional, “…por no  ser  legal  la forma como se autorizó la aducción y producción de pruebas, al  momento  de  aplicar  indebidamente  todas  las  normas  ya  señaladas.”.  El  sustrato  de  la  censura  reside, pues, en la ilegal producción y aducción de  las siguientes probanzas, :   

1.1.            Declaraciones de Clarisa Gómez  Mora y Edgar Giraldo Giraldo Aguirre.   

        Fueron  recepcionadas  sin previo auto que así lo ordenara, hecho  que  vulneró  el  debido  proceso  y  el principio de lealtad establecido en el  artículo  18 del C. de P.P. de 1987, lo que al final condujo a la ilegalidad de  la prueba. Así discurre el demandante:   

                     “El  principio  general  de  la  prueba es que esta haya sido producida legalmente de  acuerdo  con el artículo 246, ratificado por el artículo 252 el cual establece  que  ninguna  prueba  puede  ser  apreciada  sin  auto  que haya sido ordenada o  admitida  (arts.  del  decreto 0050 de enero 13 de 1987). De lo expuesto que son  principios  generales  del derecho están unidos al principio del debido proceso  que  también  está señalado en el artículo 1o. del decreto 2700 de noviembre  30  de 1991, por lo tanto es evidente que si se cometen irregularidades como las  ya  anotadas,  se ha conculcado el debido proceso, por irrespeto en la práctica  y producción de pruebas.”.   

        A  su  modo  de ver, el funcionario que practicó el levantamiento  del  cadáver,  “aprovechó”  el  desarrollo  de la diligencia, para “como si se  tratara  de  un  Servicio  Social  ordenar  dichos testimonios al término de la  distancia”.   

1.2.                    Indagatoria     del  procesado.   

                   

        No  se  atendieron, a su modo de ver, los artículos 381 y 382 del  C.de  P.P.  de  1987.  Al  indagado,  una vez preguntados sus generales de ley y  descritas  sus  características morfológicas, se le debió interrogar sobre el  conocimiento de los hechos por los cuales rendía indagatoria.   

                   “…si  esto  no  se  hace así…se estará violando el debido proceso consagrado en el  numeral   1o.   del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  artículo  29  de  la  Constitución Nacional.”.   

         No obstante, el  Juez lo incita a  responder  luego de informarle sobre el dicho de un testigo acerca de los rasgos  físicos  del  homicida,  encontrando como respuesta la negativa del indagado, a  lo  que  el  funcionario  replica  haciéndolo  poner de pie, y observando otros  rasgos  de  los cuales deja constancia. Este proceder, a su juicio, es una clara  muestra   de   prejuzgamiento,  vulnerandose  el  principio  de  presunción  de  inocencia,  amén  de  que se incumplió la obligación de investigar los hechos  en forma integral y no creando presunciones de responsabilidad.   

1.3.              Reconocimiento  en  fila  de  personas.   

        Los  testigos,  en  vez de ser interrogados por el Juez instructor  sobre  las  características  de  la persona a reconocer, les fueron leídos los  apartes  de  lo  que con anterioridad habían declarado. Dicho proceder, dice el  censor,  estuvo  encaminado a evitar que el testigo fallara en el señalamiento,  máxime  cuando  el  funcionario  omitió  la exigencia legal de que personas de  características  morfológicas  semejantes acompañaran  en  la   fila   a   SANCHEZ  PABON  .   Lo   único   que   faltó  -arguye  con  reticencia-  fue  que  el  Juez  les  señalara  directamente  al implicado. Tal  proceder, a su juicio, violó el debido proceso.   

2.         Causal tercera   

        En  sentir del libelista, el fallo impugnado fue dictado en juicio  viciado   de   nulidad   constitucional.  Se  quebrantó,  sostiene,  el  debido  proceso consagrado en el  artículo  29 de la Carta Política desarrollado en el artículo 304.2 del C. de  P.P.  por  “la comprobada existencia de irregularidades sustanciales que afectan  el debido proceso”.   

        Como   tales   señala   la   recepción  de  los  testimonios  de  Clarisa  Gómez Mora y Edgardo Giraldo, sin  auto  previo  que  las hubiese ordenado ni admitido, violando  “en  forma  indirecta”  los  artículos 246 y 252 del C. de P.P. También la  recepción  de  la  injurada, y el reconocimiento en fila de personas, razonando  -si  bien  se  vé-  de  la misma manera que en el cargo anterior. Insiste en la  defectuosa  aducción  y  producción  de  las mismas tres pruebas para por este  camino  sostener  que  la  sentencia impugnada se dictó violando las garantías  del inculpado.   

        Concluye        impetrando        de        la        Sala   la   invalidación  del  fallo  acusado  para que de regreso a la Unidad de Vida de la Fiscalía de Barranquilla  se  haga  el  reparto  correspondiente  a  efectos  de reponer “el procedimiento  afectado de nulidad”.   

        CONCEPTO   DEL   PROCURADOR   PRIMERO   

        DELEGADO EN LO PENAL   

        Luego  de  resaltar  que  la  demanda  es  en  extremo  confusa  y  repetitiva,  encuentra  la  Delegada  que  el  ataque  formulado  con base en la  causal     tercera  de  casación  es  “antitécnico” dado que el reparo  versa  sobre  los  medios  probatorios,  por  lo  que  la  demostración  debió  plantearse  como  violación  indirecta de la ley sustancial y no por la vía de  la   nulidad.    Un  cargo  en  tales  condiciones,  dice,  “no  puede  ser  acogido”.   

        Después   se   ocupa   de  la  causal  primera  para de entrada advertir sobre la sinrazón  del  reproche.   La  Juez,  contrario  a la afirmación del censor, ordenó  mediante  auto del primero de abril de 1989 “recibir declaración jurada a todas  las  personas” que les resultare cita durante la práctica del levantamiento del  cadáver;  y  como  en  el  curso de la diligencia se conocieron los nombres, la  orden de recepcionar sus deponencias fue apenas reiterada.   

        En    este   sentido   a   las   declaraciones   de   Clarisa  Gómez  Mora  y  Edgar   Giraldo,  no  les  cabe  tacha  alguna.   

        Cuanto  a  la  indagatoria, tampoco es cierta la falencia acusada.  Para  el  representante  del  Ministerio Público, la diligencia se realizó con  apego  a  lo  normado  en los artículos 381 y 382 del estatuto procesal vigente  para  la  época.  Al  margen,  apunta, la naturaleza del hecho, las condiciones  personales  del indagado y la capacidad del Juez para orientar el interrogatorio  son  circunstancias  definitivas  en la práctica de una diligencia, sin que sea  dable  pregonar  vicio  alguno  cuando  el  sindicado  de  todas maneras ha sido  interrogado sobre el hecho delictivo que se le atribuye.   

        Sobre  el  reconocimiento  en fila de personas, la legalidad en la  práctica  de  la  diligencia también es evidente. El artículo 390 del Código  de  Procedimiento Penal  -Decreto 050 del 1987- imperante para la fecha del  acto,  no  exigía  la  ritualidad notada de menos por el casacionista, además,  continúa   la   Delegada,  si  la  funcionaria  leyó  algunos  apartes  de  la  declaración  rendida por los testigos citados al reconocimiento, lo hizo por no  estar  prohibido  en  la mencionada disposición, lo que implica la inexistencia  de  irregularidad  alguna  como  para  pregonar  la  ilegalidad  de  la  prueba.   

        Ahora,  que  el imputado no haya estado acompañado en la fila por  seis  personas  iguales,  “es otro de los superficiales formalismos” a que acude  el  censor.  La  exigencia  legal,  entiende  la Delegada, es de semejanza no de  igualdad.   

        Finalmente  y  no  sin  antes  advertir  que dentro del expediente  militan   otros  medios  persuasivos  de  responsabilidad  penal  en  contra  de  SANCHEZ PABON, impetra la  desestimación de las objeciones.   

LA CORTE  

1.              Sea lo primero advertir que los  dos  cargos  elevados  en la demanda presentan idénticos soportes argumentales,  constituyéndose   en  simple  repetición  de  razones,  normas  infringidas  y  falencias  probatorias. Le habría bastado al actor presentar el primer reproche  por  violación indirecta para cumplir con su cometido pues el que formula en el  terreno  de la causal tercera, aparte de ser reiterativo del primero, se basa en  una  crítica  a los medios probatorios, cuestionando su juridicidad, cuyo lugar  natural  para  procurar  su  desquiciamiento  en  esta  sede era el de quebranto  indirecto  de  la  ley  sustancial, por error de derecho proveniente de un falso  juicio de legalidad.   

        Así  las  cosas, en lo que tiene que ver con el segundo cargo, su  improsperidad  es  evidente y así lo predica la Sala  desde  ya,  sin  entrar  en mayores consideraciones,  ocupándose   exclusivamente  de  analizar  lo  concerniente  al  primer  ataque  planteado.   

2.              El  enunciado  de  este primer  reproche    es    correcto.    Recuérdese    que    invoca    una    violación  indirecta  -error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad-,  por  lo  que  se espera que señale las  pruebas,  los  requisitos  de  ley que impone el ritual procesal para generar su  validez  y  la  actuación del juzgador quien, al practicarlas o evaluarlas, dio  por  sentada  su legitimidad sin tenerla o se las desconoció pese a cumplir con  los presupuestos necesarios para su aducción.   

        Aunque  la  redacción  es confusa, los argumentos dispersos y las  conclusiones  entremezcladas,  lo que genera ambiguedad y desconcierto, de todas  maneras  se  extrae  que  las  pruebas,  objeto  de  esta  controversia, son las  declaraciones  de  dos  testigos,  la  injurada  y  el reconocimiento en fila de  personas.  En  ese  orden,  por  consiguiente,  se  contestarán sus objeciones.   

3.            Y bien:   

        Cuanto  a  los  testimonios,  débese recordar que presenta Sandra  Patricia  Pardo  Gómez,  sobrina del occiso, en la diligencia del levantamiento  del  cadáver,  comunicó  a la Juez 1a. de Instrucción Criminal Permanente que  Clarisa    Gómez    Mora    y    Edgar    Giraldo  Aguirre  se encontraban con su familiar Gómez  Mora  “en  el  momento  de los  hechos”.  La  orden  de  escuchar  a  estas específicas personas no dio espera,  cumpliéndose  así  lo que previamente había advertido aquella funcionaria, en  abstracto,   mediante   auto   de   sustentación  en  el  sentido  de  “recibir  declaración  jurada  a  todas  las  personas  que  les  resultare  cita”  en la  práctica del levantamiento del cadáver.    

        No  se  ve,  pues, cuál la razón del reparo por este aspecto si,  además,  es  claro,  que  el artículo 259 del Decreto 050 de 1987, imponía al  Juez  el  deber  de  “efectuar  todas las actuaciones que considerare necesarias  para el aseguramiento de las pruebas”.   

        Insólito  resulta, por consiguiente, que se pretenda descalificar  la  actuación  de  una juez diligente y escrupulosa, quien siguiendo el mandato  de  una pronta y cumplida justicia, procura allegar en forma ágil y certera las  pruebas  necesarias  para  conseguir  el esclarecimiento de los hechos. Llegar a  los  extremos  formalistas  de  invalidar  una probanza simplemente porque no se  especifica  con  nombres  y apellidos la declaración de un individuo en un auto  previo  como  si  no valiera para el caso la orden de recibir los testimonios de  todas  y  cada  una  de  las  personas  que  pudiesen  dar  sus luces durante la  diligencia  de  levantamiento  del  cadáver,  según  auto del primero (1o.) de  abril  de  mil  novecientos  ochenta y nueve (1989), no es más que un desatino,  por decir lo menos.   

        La  legalidad  de  estas pruebas es indiscutible y así lo declara  la Sala.   

4.              Ahora  bien,   una   desprevenida   lectura  del  acta  que  recoge  la  diligencia  de  indagatoria,  pone  en  evidencia  la  distorsionada afirmación del demandante.  Véase:  Anotadas  las características morfológicas del indagado, de inmediato  se  le interrogó sobre los hechos que motivaron su captura, revelando su pronta  respuesta  el  conocimiento de que se trataba de un homicidio “….el cual no he  cometido   pero   si   estuve  presente,  pero  si  capté  los  hechos”,  dijo.   

        Y   estando   el   Instructor  en  la  labor  de  escudriñar  las  afirmaciones    de    Sánchez   Pabón   quien  negaba  la  autoría  del  crimen  atribuyéndola  a  un  tercero   simplemente  prosigue  por  la  senda  que le muestra el imputado  quien  a continuación aclara: “….Yo creí que había sido detenido porque iba  a  servir  de  testigo  o  algo  así  por  haber  presenciado los hechos”. Bien  avanzada   la   diligencia,  le  reclama  el  funcionario  una  respuesta  a  la  descripción  física que el testigo Adalberto Franco  Maldonado  hiciera  del  “sujeto que disparó contra  Gómez Mora”.   

        La  inquietud  del  Juez a esa altura de la diligencia no entraña  ninguna  irregularidad ni nada que se le parezca. Como bien apunta el Ministerio  Público  la  “técnica  de interrogar depende de la capacidad del Juez y de las  condiciones  concretas  del  caso”,  y mostrará el camino acerca de cuando y en  qué  momento  caben  ciertos  interrogantes,  sin  que el orden de formulación  genere  vicio  alguno, pues lo indispensable “…es que se interrogue sobre el  hecho  del  cual  se  sindica  al  autor…”,  como fue evidente para el caso de  ahora.   

        Tampoco  en  este  evento,  se  observa  ningún  atropello  a  la  legalidad.   

5.          De  otra  parte,  el reconocimiento en  fila  de  personas  se  realizó  dentro  de  las  formalidades  jurídicas, con  asistencia  del  defensor  del procesado, sin que ninguna protesta suya ni de su  prohijado   se   escuchara   sobre   la  manera  como  se  había  realizado  la  diligencia.   

        Que         no         haya         existido         “igualdad”   física  entre  las  seis  personas    escogidas    para    acompañar    en   la   fila   a   SANCHEZ  PABON,  comporta  un  extremo  formalismo  que concita el necesario rechazo. En el mundo real, como bien apunta  la  Procuraduría, no hay seis hombres iguales y por eso “la ley apenas fija una  pauta:  deben  ser  personas  de  características  semejantes  a  las  del  por  reconocer,  pero  no  es  condición  de  validez  que sean tan próximas que se  parezcan, como parece entenderlo el recurrente”.    

        Y  aquí, agréguese, que ciertamente el texto de dicha diligencia  señala  que  al acusado se le hizo acompañar de otras seis personas, “internos  de  características  físicas semejantes”, constatando así mismo el Juez, ante  una  inquietud  del  defensor de entonces, que a pesar de no existir “similitud”  entre  el  “mentón”  saliente  (prognatismo) del procesado con el de las demás  personas,  de  todas  maneras  “la  diferencia  de esa parte de la cara de éste  último con los de la fila” no era notoria.   

        La        Sala       llama  la atención sobre las palabras del demandante, quien busca  apoyo  en un precepto que para la época de la diligencia aún no había entrado  en  vigor  -artículo 368 del Dto. 2700 de 1991-, con miras a encontrar sustento  a  su reparo, es decir que el juez se encuentra obligado a interrogar al testigo  para  que  describa  la persona de quien se trata y para que diga si la conoce o  si  con  anterioridad  la  ha  visto personalmente o en imagen. En cambio, en el  compendio  de  1987,  unicamente  se  exigía  poner al frente a quien iba a ser  objeto  del  reconocimiento   (art. 390) . Evidente el yerro del censor que  excusa cualquier otra consideración.   

5.          No  estará  demás  anotar,  que esta  prueba  positiva  de  reconocimiento  no fue la única que sirvió de fundamento  para  deducir  la  responsabilidad  del  encartado.  Otras  más  sirvieron para  señalarlo  como  autor  del  punible  que se le imputó.Recuérdese que si bien  Manuel  Guerrero  Cruz,  indicó  como  autor  del  homicidio  a Félix Barros  Epiayú a raíz de un presunto incidente que, según  sus  aseveraciones,  tuviera  con  el  occiso  por  una lora, su credibilidad se  resiente,    cuando    trata   de   explicar   la   ausencia   de   Boris  -su  cuñado-  del lugar aunque  más    tarde    asevera,    contradiciendose,    que    este    presenció   el  crimen.   

        Además,  un   grupo de declarantes que observó el suceso en  mención,   no  solo  señalan  a  Boris   como  la  persona que se enfrentó al occiso por culpa del  animal,  sino  que  también  informan  sobre  las  frecuentes  visitas de éste  a   Guerrero   y   la  acusación  que  antes  de morir la víctima dirigiera contra el acriminado  como  autor de la agresión.  Uno de los testigos que confirma estos hechos  es   Alberto   Polo   Vanegas   y   José   Silgado  Orozco,   en   similares   términos,  también  lo  ratifica.   

Así  las  cosas, no existe duda alguna de  que   el   autor   del   disparo   que   le  truncara  la  vida  a  Gómez     Mora     fue  Boris Edilberto Sánchez Pabón   y no otro.   

        La demanda no prospera.   

        En   mérito   de   lo   expuesto,  la  Corte   Suprema   de   Justicia  Sala  De  Casacion  Penal,   administrando  justicia en nombre de la Républica y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO     CASAR      el fallo impugnado.   

Devuélvase     al    Tribunal    de  origen   

Cópiese y Cúmplase  

EDGAR    SAAVEDRA    ROJAS                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

GUILLERMO    DUQUE    RUIZ                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR           

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

No firmo  

JUAN       MANUEL       TORRES  FRESNEDA     JORGE ENRIQUE VALENCIA M.   

No firmo  

CARLOS A. GORDILLO LOMBANA  

Secretario  

     

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