28025(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28025  

         

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  033   

Bogotá,  D.  C., miércoles, veinte (20) de  febrero de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado Mauricio  Hernando  Sierra  Peña contra la sentencia proferida el 25 de enero de 2007 por  el  Tribunal  Superior  de  Riohacha,  que lo condenó a las penas de arresto de  doce  (12) meses, multa de ocho mil pesos e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,   al   considerarlo  autor  responsable  del  delito  de  fraude a resolución judicial.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los hechos que  dieron   lugar  a  la  sentencia  de  condena  atacada  por  medio  del  recurso  extraordinario  ocurrieron  con motivo de un proceso adelantado en el Juzgado 13  de  Familia  de  Bogotá,  en  el  que las partes Diana Patricia Prieto López y  Mauricio  Hernando Sierra Peña celebraron una diligencia de conciliación el 24  de  enero  de  2001,  acordando  el levantamiento de unas medidas cautelares que  recaían  sobre  unos bienes para que con la venta de los mismos Sierra Peña le  entregara  a  Prieto  López  el  valor  que le correspondía por los mismos por  haber mantenido una sociedad conyugal de hecho.   

Sierra  Peña enajenó un apartamento por la  suma  de  $107’000.000,00 y  se  negó  a  entregarle  a  Prieto López el porcentaje que le correspondía de  acuerdo  con  la  conciliación  judicial  mencionada.   

2.  Tal situación  llevó  a  que  Diana Patricia Prieto López presentara denuncia penal en contra  de  su  excompañero,  lo  que motivó a la Fiscalía 108 Seccional de Bogotá a  abrir  investigación y, posteriormente, escuchar en diligencia de indagatoria a  Mauricio Hernando Sierra Peña.   

3.  Habiéndose  recaudado  la  prueba  necesaria  para  calificar  el  mérito  del  sumario, se  clausuró  la instrucción de acuerdo con providencia de 7 de octubre de 2003, y  luego,  de  conformidad  con  resolución  de 17 de diciembre del mismo año, se  acusó  al  indagado  como  posible  responsable  de  un  delito de fraude a resolución judicial.   

4. En contra de la  resolución  acusatoria  no fueron presentados recursos por parte de los sujetos  procesales,   razón   por   la  cual  quedó  en  firme  el  5  de  febrero  de  20041.   

5.   El  18  de  noviembre  de  2005,  luego  de  verificadas  las  audiencias  preparatoria y de  juzgamiento,  el  Juzgado  Veintiuno  Penal  del Circuito de Bogotá condenó al  procesado  Mauricio  Hernando  Sierra  Peña  como  responsable  del  delito  de  fraude    a    resolución   judicial   a  penas  de  arresto,  multa e inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas.   

6.  El defensor del  procesado  presentó  escrito  de  apelación  contra  la anterior decisión del  a quo, y el Tribunal Superior  de   Riohacha2,  a  través  del  fallo  recurrido en casación, expedido el 25 de  enero de 2007, la confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

El apoderado del procesado Mauricio Hernando  Sierra  Peña  presentó  demanda  de  casación  aduciendo como cargo único la  “casación  discrecional”,  en  busca  de  garantizar el debido proceso y el  desarrollo de la jurisprudencia.   

Al  concretar  el  cargo señala que se hace  necesario  que  la jurisprudencia se ocupe de delimitar las consecuencias de una  sentencia  civil  en  el proceso penal, y de “linderar el dolo civil y el dolo  penal”.   

Peticiona  que la sentencia sea casada y que  se restablezca el derecho fundamental al debido proceso.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          La  casación  es  un  medio  extraordinario  de impugnación y, por  tanto,  no  constituye  sede  adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con el fallo de segundo  grado,  por  el contrario, exige para la admisión de la demanda el cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un  juicio  técnico  jurídico  que  en la declaración de justicia allí contenida  –la cual llega a esta sede  amparada   de   la   dual   presunción   de   acierto  y  legalidad–,  se  incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

Las reglas establecidas en artículo 225 del  Decreto  2700  de  1991  para  la  elaboración  del  libelo  son  de ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión3.   

Este  marco teórico permite afirmar que si  bien  el  censor  acertó  en  la demanda al identificar los sujetos procesales,  sintetizar   los   hechos   juzgados,  relacionar  brevemente  los  antecedentes  procesales  y  hacer  alusión  a  la casación excepcional, omitió señalar la  causal  o  causales  que  le  sirven  de  soporte al ataque que dirige contra la  sentencia impugnada.   

Para  impugnar  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Riohacha era necesario que el  recurrente  hubiese  acudido  a  la casación excepcional que consagra el inciso  tercero  del  artículo 218 del CPP de 1991, punto advertido por el defensor del  procesado.   

En  tal evento, la jurisprudencia de la Sala  ha  sostenido que se hace necesario que el demandante exponga así sea de manera  sucinta  pero  clara  qué  es  lo que pretende con la impugnación excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema  jurídico  sobre  el  cual considera se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad por parte de esta corporación.   

En punto de la casación discrecional compete  al  casacionista  expresar  con claridad y precisión los motivos por los cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya para proveer un pronunciamiento con criterio de  autoridad  respecto  de  un tema jurídico especial, bien para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y a la par servir  de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por  quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

Además, las razones que aduce el demandante  para  persuadir  a  la  Corte  sobre  la  necesidad de admitir la demanda, deben  guardar  correspondencia  con  los  cargos  que  formule contra la sentencia. Lo  anterior  porque no podría entenderse cumplido el requisito de sustentación si  se  reclama  el  pronunciamiento de la Sala sobre la protección de los derechos  fundamentales  o  un  específico  tema,  es  apenas elemental que la censura le  permita  a  esta  corporación  examinar en concreto uno o los dos puntos que la  habilitan.   En  otras  palabras:  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el  fundamento  de  la  casación  excepcional  (desarrollo de la jurisprudencia y/o  protección  de garantías fundamentales), el cargo o los cargos que se formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de los mismos.   

En  el  presente  asunto  el  recurrente  no  cumplió  con  el  requisito  esencial de formular uno o varios cargos contra la  sentencia  a  partir  de las causales previstas en le artículo 220 ibídem, pues en su escrito promoviendo el  recurso,  primero,  y  en  la  demanda,  después, apenas si hizo un esfuerzo en  procura  de  justificar  la utilización de la vía de la casación excepcional,  pero  se abstuvo de formular un ataque concreto y específico sobre la sentencia  al  dejar  de  señalar  cuál o cuáles de las causales que hacen procedente el  recurso  excepcional  invocaba en busca de un fallo de reemplazo o de la nulidad  de la actuación.   

El apoderado guardó absoluto silencio sobre  los  defectos  que  encontraba en el fallo recurrido porque no dijo (i) si éste  era  violatorio  de  una  norma  de  derecho  sustancial  y/o  si tal violación  provenía  de  un  error de hecho o de derecho en la apreciación de determinada  prueba,  (ii)  tampoco  adujo  defectos  de congruencia entre la acusación y la  sentencia,   (iii)  ni  señaló  vicio  alguno  que  afectara  los  derechos  y  garantías    que    ameritaran    la    declaratoria    de    nulidad   de   la  actuación.   

La  Sala  recuerda  que la sentencia llega a  esta  sede  precedida por la doble presunción de acierto y legalidad, es decir,  que  los  hechos y las pruebas declaradas como probadas en el fallo se ajustan a  la  actividad  probatoria  desplegada  en  el proceso; y que la norma sustancial  escogida  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  presunción  de  hecho que  corresponde  al censor desvirtuar con base en los precisos motivos señalados en  la ley para dicho efectos.   

En  consecuencia:  como  el  recurrente  no  cumplió  la  exigencia  de señalar la causal de casación invocada y sustentar  los  motivos  de su procedencia no es posible proceder a estudiar la demanda, de  manera  que  la  Corporación  decretará  su  inadmisión de conformidad con lo  establecido   en   el   artículo   226   del   estatuto   procesal   penal   de  1991.   

          Finalmente  es oportuno resaltar que la Sala no observa con ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos o  garantías  del  procesado  Mauricio  Hernando  Sierra  Peña,  como para que se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le asiste a  fin  de  asegurar  su protección en los términos del artículo 228 del Decreto  2700 de 1991.   

A   mérito   de  lo  expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

          1°.      INADMITIR     la     demanda  presentada.   

2°.  Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

Salvamento de voto  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.   

SALVAMENTO DE VOTO  

Ref.  Casación   28025   

MP. Dr. YESID RAMIREZ BASTIDAS  

Procesado:   Mauricio   Hernando   Sierra  Peña   

El  fundamento fáctico de mi discrepancia  jurídica  encuentra  asiento en la forma como la mayoría de la Sala manejó el  tema  relativa a la pena de arresto que se le impuso al señor MAURICIO HERNANDO  SIERRA  PEÑA  prevista  en el decreto 100 de 1980 pero suprimida por la ley 599  de  2000  para  considerar, que bajo el entendido de una sanción más benéfica  era  procedente  mantenerse la sanción y hacer una aplicación ultractiva de la  norma,  apartándose  con  esto  de  lo decidido con anterioridad en el fallo de  casación 23700 donde se consideró:   

“No advirtió el Tribunal -como con acierto  lo  señala  el  agente del Ministerio Público- que la nueva legislación penal  sustantiva  en  su  artículo  35 dentro del listado de las penas principales no  relaciona  la  de  arresto,  lo  cual  en  términos  del  principio de estricta  legalidad  equivale  a  que la ley 599 de 2000 resulte más favorable para todos  aquellos  procesados  por  delitos  cometidos  antes de su vigencia, pues no hay  lugar  a  duda que si la pena de arresto desapareció con la vigencia de aquella  ley,  al  mismo  tiempo  señaló  para  el  delito  de peculado culposo pena de  prisión.  En  este  orden  de  ideas,  lo que puede concluirse en el asunto que  llama   la   atención   de   la   Sala   es   que   ambas   sanciones  resultan  inaplicables.   

En  efecto,  la  abolición en la ley 599 de  2000  de la pena de arresto hace que esta sea aplicable retroactivamente por ser  más  permisiva  o  favorable,  a  todos  aquellos  que  antes  de  su  vigencia  cometieron  delitos  sancionados  con esa clase de pena; en tanto que por prever  prisión  para  la  misma conducta se torna en restrictiva u odiosa, por lo cual  solo  tiene  aplicación  para  las conductas ejecutadas a partir del momento en  que entró a regir.”   

Y  es  así  y  al  estar  de acuerdo con la  anterior  posición de la Sala que estimo que por favorabilidad debió revocarse  la  pena  de  arresto  impuesta  al recurrente ya que en virtud del principio de  legalidad  de  las  penas  que  establece que no hay delito ni pena sin ley y al  haber  desaparecido  de  la  legislación  por derogatoria explícita la pena de  arresto,  no  era  posible su aplicación en este evento bajo ningún entendido;  teniendo  en  consecuencia  la  Sala,  que  actuar  de  oficio para restaurar la  garantía fundamental inicialmente indicada.   

Respetuosamente,  

ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO   

Magistrado  

Bogotá, 2008.  

    

1  Véase folio 294 vuelto, c.o. 1   

2  La  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura mediante Acuerdo N°  3430,  de 26 de mayo de 2006, dispuso descongestionar la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  razón  por  la  cual  la decisión de segunda instancia  proviene del Tribunal Superior de Riohacha.   

3 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.     

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