28020(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 28020  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    185   

Bogotá,    D.    C.,    diez (10) de julio de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  discrecional presentada por el apoderado de  la  parte  civil dentro del  proceso  que se adelanta contra GUSTAVO ANÍBAL ORTEGA  GONZÁLEZ,  absuelto  por  el    delito    culposo  de lesiones personales.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.   Los  hechos  los  sintetizó  el  juzgador de segunda instancia, así:   

“El día 19 de  de   julio   de   2003,   a  las  6:30  de  la  tarde,  el  señor  GUSTAVO    ANÍBAL   ORTEGA   GONZÁLEZ  conducía  una  camioneta  marcha Chevrolet, de placas LAS 291, por la autopista  Medellín  Bogotá, más concretamente por la calle 22 frente al número 43 C 58  del  municipio  de  Bello,  cuando  al  girar a la izquierda para ingresar a una  fábrica  de  arepas  ubicada  en  el  número  43  C  58,  colisionó  con  una  motocicleta  que  circulaba  en  sentido contrario y que era piloteada por EDWIN  ESTEBAN  MEJÍA,  quien  sufrió  lesiones  personales  que  le  acarrearon  una  incapacidad  médico  legal definitiva de 45 días y como secuela una deformidad  física   que  afectó  la  estética  corporal  y  limitación  funcional  para  flexionar     las     rodillas,     de     carácter     transitorio”.   

2.   El Juzgado Veinte Penal Municipal  de  Medellín,  mediante  sentencia  del  6  de  diciembre de 2006, absolvió       a      Gustavo  Aníbal  Ortega  González  del  cargo  de  lesiones  personales culposas que le fuera imputado en la resolución  de  acusación,  la  cual quedó ejecutoriada el 22 de  junio de 2005.   

3.   Apelado el fallo por el apoderado  de  la  parte  civil  y  por la Fiscalía 270 Local, quienes consideraron que el  proceso   cuenta   con   elementos   de  prueba  que  permiten  concluir  en  la  responsabilidad  penal del acusado, el Juzgado Veinticinco Penal del Circuito de  Medellín, el 23 de marzo de 2006, lo confirmó integralmente.   

4.   Contra   aquella  determinación  el  apoderado  de  la  parte civil interpuso “recurso de  CASACIÓN      POR      VÍA      DISCRECIONAL     O     EXCEPCIONAL”.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  apoderado  de  Edwin  Esteban  Mejía,  constituido  en  parte  civil,  luego  de  afirmar  que las pruebas allegadas al  diligenciamiento  “señalan  al señor Gustavo   Aníbal   Ortega  como  único  responsable  de  los  hechos”,  manifiesta  que  el  motivo  del  recurso  de  casación  discrecional interpuesto es “el  desarrollo  de  la jurisprudencia”,  por las siguientes razones:   

“Se   hace  indispensable  el  pronunciamiento de la Corte sobre este fallo, toda vez que el  mismo  servirá  de  soporte  para futuros pronunciamientos, pues haría carrera  dentro  de  la  rama  judicial  sancionar  a  los  motociclistas cuando estos se  transportan  sin los chalecos o sin el casco protector y, así lleven la vías o  la  prelación  en  la carretera, serán sancionados y considerados responsables  de  los  accidentes  de  tránsito, en ese sentido es que se solicita se case la  sentencia  para  el desarrollo de la jurisprudencia y que sirva además de guía  para  la  actividad  judicial, pues vuelve y se repite, haría carrera dentro de  los  funcionarios  judiciales  el  sancionar  a esta clase de conductores cuando  incumplen  algunas  normas  de tránsito, que no ha sido la causa del accidente,  normas  estas  que  al  ser  incumplidas  por  esta  clase de personas deben ser  sancionadas  por  esos  funcionarios, es decir, los de tránsito, pero que no se  ate  esta violación de tránsito a una de carácter penal y que ello contribuya  a   que   aquella   sea   el   soporte   del   fallo   en   disfavor”.   

A  continuación  procede  a  formular  un  único cargo, a través del  cual  acusa  al  juzgador  de  segundo  grado  de  haber incurrido en violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho en la apreciación de las  pruebas.   

Indica  que los sentenciadores de instancia  atribuyeron  la  responsabilidad de lo ocurrido a su poderdante, “por  cuanto  que él a esas horas piloteaba la moto sin luces y sin  chaleco  reflectivo y que si bien es cierto el motociclista ostentaba el derecho  de  prelación  de  la  vía,  abusó  de la misma”,  conclusiones  que,  en  su  opinión,  se  fundamentaron en las declaraciones de  Leonardo  Emilio  Bedoya  Jiménez,  René  Alberto  Cortés Querubín, Gilberto  Alirio Muñoz Orozco y María Olga Álvarez Baena.   

No obstante, estima que tales declarantes no  ofrecen  la  seriedad  y  credibilidad  necesarias,  en la medida que ellos eran  compañeros  de  trabajo del procesado, aspecto que, en su criterio, vislumbraba  un   “marcado   interés  en  sacar  avante  a  su  compañero  de  este  embrollo”, razón por la cual  estos  testimonios  “debieron  tomarse  con  alguna  cautela”.   

Asevera  que  si  el  juzgador  de  primera  instancia  aceptó  que  el  sindicado  “fue  quien  violó  el  deber objetivo de cuidado” y que el giro  que  hizo a la izquierda estaba prohibido, no entiende, entonces, cómo con esas  consideraciones  procedió  a  absolverlo,  situación que evidencia el error de  apreciación probatoria demandado.   

Así  mismo,  manifiesta  que  el  a  quo  desconoció  las  conclusiones  del  perito,  quien  indicó  que  el  accidente  “se   presentó   porque  uno  de  los  vehículos  involucrados    hizo    un    giro    cuando   no   debía   hacerlo”,  además  de  que  explicó  que  no  se hace necesario que el  depósito   de   combustible   de  la  moto  “esté  desprendido  para  que  se  inicie allí fuego”, sin  olvidar que este hecho no se encuentra probado en el expediente.   

También  cuestiona que el juzgador hubiese  afirmado  que  no  había visibilidad en el lugar de los acontecimientos, cuando  es  evidente  que  ello  no  es así, por cuanto que el agente del tránsito que  conoció   del  caso  manifestó  que  era  buena  la  iluminación,  deducción  equivocada  que surge por una “falsa apreciación de  la prueba”.     

Por  lo  tanto,  dice  que  “aceptar  los  argumentos  que esgrime el juzgado para justificar el  hecho  y  que  el  accidente  fue por culpa exclusiva de la víctima, es otorgar  patente  de  corzo  a  todos  los conductores de vehículos automotores para que  cuando  un motociclista carezca de chaleco reflectivo o casco protector, por ese  solo  hecho, pierdan prelación en las vías y cualquier accidente que se genere  por  esa  sola  circunstancia, quien vaya manejando una moto pierda toda opción  de    salir    avante    en    un    proceso   de   esa   naturaleza”.   

Después   de   reiterar  los  anteriores  argumentos   y   de  insistir  que  el  sentenciador  incurrió  en  una  errada  apreciación  tanto  de  los  testimonios  inicialmente  mencionados  como de lo  informado  por el perito y por el agente de tránsito, afirma que en ese caso se  transgredieron  los artículos 257 y 277 del Código de Procedimiento penal, 217  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  2356 del Código Civil y 86 del Código  Nacional de Tránsito.   

Agrega que de no haber cometido el juzgador  los  anotados  yerros,  el fallo hubiese sido sustancialmente distinto al que es  objeto  de  impugnación, pues se habría dado cuenta que el procesado, al haber  realizado  un  giro  que estaba prohibido y no respetar la prelación de la vía  que  tenía  el  motociclista, fue el causante del accidente y, por lo mismo, el  responsable  penalmente de las lesiones personales que padeció su representado,  error  de apreciación que se originó por “inexacta  observación    de    los    elementos    de    la   sana   crítica”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el  fallo impugnado y, en su lugar, proferir sentencia condenatoria en contra de  Gustavo    Aníbal   Ortega   González.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   Como  quiera  que en este caso la  sentencia  de  segunda  instancia  la profirió el Juzgado Veinticinco Penal del  Circuito   de   Medellín,   surge  evidente  que  sólo  procede  la  casación  discrecional,  sin  importar  el  quantum  punitivo  del  delito por el cual fue  absuelto  Gustavo Aníbal Ortega González.   

2. Precisado lo anterior, procede la Sala a  constatar   los   demás   presupuestos   para   acceder   a  esta  impugnación  extraordinaria.   

En  efecto,  recuérdese  que  cuando  la  casación  se  intenta  por  vía excepcional, se requiere verificar si el actor  cumplió  con  la  carga de fundamentar los motivos por los cuales considera que  se  ha  violado  una  garantía  fundamental  o  porque  se  hace  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo a estos eventos se restringe la  admisibilidad de esta modalidad casacional.   

Ahora  bien, en cuanto a la fundamentación  la  Corte  ha  sido  reiterada  y  clara  al  indicar  que cuando se trata de la  necesidad  del  desarrollo  jurisprudencial,  como es planteado en este caso, el  casacionista  está  obligado a exponer una argumentación lógica dirigida  a  evidenciar  si  lo  que  se pide es la unificación de posiciones encontradas  sobre  el  particular, o la  actualización de la doctrina hasta el momento  imperante,  o  el  pronunciamiento sobre un tema aún no desarrollado, o la  precisión  sobre   el alcance de la ley cuando ésta presenta vacíos o el  necesario   análisis   con   ocasión   del  tránsito  legislativo  de  leyes,  debiéndose  señalar,  además, de qué manera la decisión que va a adoptar la  Corte  presta  el doble servicio de solucionar adecuadamente el caso y de servir  de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Al respecto ha dicho la Sala:  

“La demanda de  sustentación   del   recurso  de  casación  por  la  vía  discrecional,  debe  justificar  la solicitud en la necesidad del desarrollo de la jurisprudencia, ya  por  su  unificación,  dada  sus  variaciones  o  la  diversidad  de  criterios  sostenidos  por  la  Corte,  ora porque existan vacíos que exijan precisiones o  ampliaciones  para  señalarle  sentido  y  alcance  a la ley, o bien porque con  ocasión  al  tránsito  de  leyes  o  por  la concurrencia de nuevas realidades  fácticas  o  jurídicas,  la  Sala no haya tenido oportunidad de referirse a un  tema  sustancial  específico, ante el cual la sentencia acusada yerra o infiere  agravio  al  impugnante,  como  también  para  propiciar  la ampliación de los  mecanismos     protectores     de     las    garantías    de    los    derechos  fundamentales”.1   

Cumplido lo anterior, dado que la casación  es  de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  se  debe  construir  la  demanda  respetando  las  reglas  de  la  lógica  y  de  la argumentación propias de la  formulación,  desarrollo y demostración del cargo, según la causal invocada y  el modo de violación de la ley sustancial seleccionado.   

3.   En  el  supuesto  que  ocupa  la  atención  de la Corte, se observa que si bien es cierto el actor, al inicio del  libelo,  indicó  el desarrollo de la jurisprudencia como motivo que lo llevó a  acudir  a  la  casación  discrecional,  también  lo es que no evidenció si lo  pretendido  era  la unificación de posiciones encontradas, la actualización de  la  doctrina  hasta el momento imperante o el pronunciamiento sobre un tema aún  no  desarrollado,  además  de que tampoco demostró de qué manera la decisión  que  adoptaría la Sala prestaría el doble servicio de solucionar adecuadamente  el  caso  y,  al  mismo  tiempo, serviría de guía como criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

En  efecto,  en  una  simple  enunciación  plasmada   al   inicio  de  la  demanda,  se  limitó  el  censor  a  decir  que  “se  hace  indispensable  el  pronunciamiento de la  Corte  sobre  este fallo, toda vez que el mismo servirá de soporte para futuros  pronunciamientos,  pues  haría  carrera  dentro de la rama judicial sancionar a  los  motociclistas  cuando  estos se transportan sin los chalecos o sin el casco  protector  y,  así  lleven  la  vías  o  la prelación en la carretera, serán  sancionados    y    considerados    responsables    de    los    accidentes   de  tránsito”,  aseveraciones que no contienen ningún  desarrollo    argumentativo    frente    al   único  reproche  formulado que conduzca a la Sala a hacer un  pronunciamiento  en  torno  a  ese  tema,  el cual, dicho sea de paso, atañe al  ámbito  fáctico  propio  de  este asunto y que, en manera alguna, vislumbra la  necesidad    del    desarrollo    jurisprudencial    como    lo    pretende   el  libelista.   

Por  el contrario, lejos de puntualizar, de  manera  lógica  y  concatenada, las razones por las cuales se hace necesario el  pronunciamiento   jurisprudencial,   dedicó   su   disertación  a  mostrar  su  disentimiento  respecto  al  grado  de apreciación que el juzgador le otorgó a  los  medios  de  convicción  que  le  permitieron  concluir  en  la ausencia de  responsabilidad  del  procesado frente al delito culposo de lesiones personales.   

En otros términos, si bien el actor muestra  su  inconformidad  por  la  manera  como  el  juzgador le otorgó crédito a los  testimonios  rendidos por Leonardo Emilio Bedoya Jiménez, René Alberto Cortés  Querubín,  Gilberto  Alirio  Muñoz  Orozco  y  María Olga Álvarez Baena y la  manera  como  valoró  la  declaración  rendida  por  el  agente de la Policía  Nacional  que conoció el caso y la conclusión que arrojó el dictamen pericial  allegado  a la investigación, de todos modos son aspectos que no cuentan con la  debida  argumentación que las ate al motivo del desarrollo de la jurisprudencia  y que permitan a la Corte su necesaria e ineludible intervención.   

4.    Además,   el   único  cargo que el libelista presentó  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  no reúne los requisitos de claridad,  precisión  y  logicidad que para ser admitido establecen las normas que regulan  la casación.   

En efecto, si bien es cierto que la censura  la  formuló  a  través  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial por  “error   de  hecho”, también lo es que el actor  en  manera  alguna precisó, como era su obligación, los falsos juicios que los  generaron,   omisión   que   evidencia   el   desconocimiento   que   tiene  al  respecto.   

Vale   recordar,  como  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia  de  la Corte, que el error de hecho consiste en la incongruencia  entre  la  prueba  que  existe  y no existe y la idea contraria del juzgador. En  otros  términos, dicho yerro subyace una actitud frente a lo descriptivo, en el  sentido  de que transgrede la información suministrada por la prueba o se finge  la que ella pueda suministrar.   

Partiendo del anterior concepto, el error de  hecho lo generar tres juicios, a saber:   

a)  Falso  juicio  de existencia, según el  cual,  el  juzgador,  al  momento  de  valorar individual y mancomunadamente las  pruebas,  supone  un  medio  de convicción que no obra en el diligenciamiento o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan,    disminuyen    o   modifican   la   decisión   absolutoria   o   de  condena.   

b)  Falso  juicio  de  identidad, en el que  incurre  el juzgador cuando en la apreciación de una determinada prueba le hace  decir  lo  que ella objetivamente no reza, erigiéndose en una tergiversación o  distorsión  por  parte  del  contenido  material  del   medio   probatorio,   bien   porque  se le coloca a decir lo  que  su  texto  no encierra o porque se le hace expresar lo que objetivamente no  demuestra.   

c) Falso raciocinio, cuando el sentenciador  se  aparta,  al momento de apreciar los medios de convicción, de los postulados  de  la  sana  crítica,  es decir, de las leyes de la lógica, de la ciencia, de  las máximas de la experiencia o del sentido común.   

Así,  entonces,  si  bien  el  libelista  mencionó    la    existencia    de    errores   de  hecho, de todos modos, como se dijo, guardó silencio  sobre  los  falsos  juicios  que los determinaron, limitando su argumentación a  hacer  críticas  generalizadas  sobre  la  manera  como el juzgador valoró las  declaraciones  rendidas  por  Leonardo  Emilio  Bedoya  Jiménez,  René Alberto  Cortés  Querubín,  Gilberto Alirio Muñoz Orozco y María Olga Álvarez Baena,  las  cuales,  en  su criterio, no eran merecedoras de credibilidad por razón de  los  lazos  de  trabajo que los unía con el procesado, o la forma como apreció  el  dictamen  pericial  y  el testimonio del agente de tránsito que atendió el  caso  en  el  lugar  de  los  hechos, medios de convicción que, en su opinión,  arrojaban  suficiente  elementos  de  juicio,  en  grado  de  certeza,  sobre la  responsabilidad penal del acusado.   

Como  se  observa,  la  inconformidad  del  libelista  se  centró  en  las  conclusiones probatorias a las que llegó el ad  quem  y  no  en  un  específico yerro de apreciación probatoria, disparidad de  criterios  que  no  es  susceptible de ser atacada en esta sede, toda vez que el  juzgador,  dentro  del sistema de apreciación probatoria, goza de libertad para  justipreciar  los  medios  de convicción, sólo limitado por los postulados que  informan la sana crítica.   

Ahora bien, si consideraba que en el proceso  de  valoración  probatoria  el  sentenciador transgredió las reglas de la sana  crítica,  ha  debido  postular la censura a través del error de hecho por faso  raciocinio,  indicando  cuál  fue  la regla de la lógica, de la ciencia, de la  experiencia  o  del  sentido  común  vulnerado,  de  qué  manera  lo  fue y su  incidencia   en   la   parte   resolutiva   del   fallo,   labor   que   tampoco  emprendió.   

En  consecuencia,  como  se advierte que el  peticionario  construye  la demanda con fundamento en la apreciación probatoria  del  sentenciador,  dejando huérfano el desarrollo de la tesis que lo motivó a  acudir  a  esta  vía  extraordinaria  y  excepcional, además de que la censura  carece     de    claridad,    precisión    y    logicidad,    la    misma    se  inadmitirá.   

Por  último,  cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de  la  parte  civil dentro del  proceso  que  se adelantó contra el procesado GUSTAVO  ANÍBAL  ORTEGA GONZÁLEZ. En consecuencia, se declara  desierto el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

                                                   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Rad.  21950,  casación  discrecional  del  24  de  noviembre  de  2004.  Ver también  casación  discrecional  21770  del  30 de junio de 2004, casación discrecional  22572  del 29 de septiembre de 2004, casación discrecional 23226 y 23327 del 16  de febrero y del 2 de marzo de 2005, respectivamente.     

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