27767(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27767  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    Nº    119   

         

Bogotá,    D.    C.,    quince (15) de mayo de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte  resuelve el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  de  JOSÉ ORLANDO MORA  QUINTERO  contra  el  fallo  proferido el  29 de  enero  de  2007  por  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  que,  al modificar la  decisión  emitida por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad,  el  4  de  mayo  de  2005,  lo  condenó  a  las penas principales de 5 años de  prisión,   multa  de  62.5  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad  y a la accesoria de  pérdida  del  empleo hasta por el término de 5 años, como autor del delito de  concusión en concurso homogéneo y sucesivo.   

H E C H O S  

De  acuerdo  con  los datos que obran en el  trámite  se  sabe  que en virtud de las plurales irregularidades que se estaban  presentado  al  interior  de  la  Unidad  Regional  3  de  Tránsito con sede en  Mariquita  y  su  oficina  Satélite de Armero Guayabal, relativas al recaudo de  dineros  por  diferentes conceptos que se hacían en dicha entidad, cuyo titular  era  Javier  Eudoro Camacho Guevara, se inició la correspondiente averiguación  penal,  encontrándose  un  faltante  aproximado  de  51  millones de pesos, que  después  se  supo  fueron a parar al patrimonio de los Diputados de la Asamblea  del  Tolima  José  Joaquín  Galindo  Saavedra  y  José Orlando Mora Quintero,  razón  por  la cual se dio inicio a la correspondiente investigación en contra  de estos dos últimos funcionarios.   

El acontecer fáctico que hace relación al  comportamiento  ilícito de los mencionados ex diputados, contempla dos fases, a  saber:   

1.  El primer  acontecer    surge   cuando   dentro   de   aquella  investigación  se  tuvo  conocimiento  que los citados Diputados José Joaquín  Galindo  Saavedra  y  José  Orlando  Mora  Quintero,  por  intermedio de Ramiro  Camacho  Guevara,  hermano del Inspector de Tránsito, exigieron a Javier Eudoro  Camacho  Guevara  una  cuota  para  la  campaña  política  que  se  avecinaba,  petición  a  la  que  accedieron  el  citado funcionario judicial y su hermano,  quienes  efectivamente  entregaron  los  dineros  exigidos  sin  que  se pudiese  precisar la suma exacta.   

2.    En   cuando   al  segundo    aspecto   de   los   hechos  investigados,  también se supo que, cumplido el anterior cometido y en vista de  los  resultados  obtenidos,  los  citados  Diputados, también por intermedio de  Ramiro  Camacho  Guevara,  en  razón  a  que  él  había sido el artífice del  nombramiento,  comenzaron  a  exigirle a Javier Eudoro semanalmente lo que en el  argot    delincuencial    se   llama   “cuota   de  mantenimiento”.   De   ahí  que   este   último    les    haya    entregado    a    José   Joaquín   Galindo  Saavedra y a José Orlando Mora Quintero las sumas  de  $600.000  y  $700.000,  respectivamente,  exigencia  ilegal  que  se hizo en  reiteradas  oportunidades,  sin que tampoco se hubiese podido establecer la suma  total entregada.   

Cabe   precisar  que,  con  base  en  las  transcripciones  de  las   grabaciones  telefónicas  y con el dicho de los  hermanos  Camacho  Guevara,  se  estableció  que los hechos narrados ocurrieron  entre el 25 de abril y el 12 de septiembre de 2000.   

Por  último, se impone agregar que la suma  aproximada  de  $51.000.000  defraudada, según las conclusiones obtenidas en la  inicial  investigación  que dio origen a este proceso, cobijó las dos fases de  los hechos acabados de narrar.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  

Con  base  en  la  expedición  de  copias  ordenadas  dentro  del  proceso que se adelantó por la apropiación ilícita de  dineros  pertenecientes  a  la  Unidad  Regional  3  de  Tránsito  con  sede en  Mariquita,  la  Fiscalía  50 Seccional de la Unidad Anticorrupción de Ibagué,  dispuso     la     apertura     de    la    instrucción    dentro    de    este  diligenciamiento.   

Escuchado en indagatoria José Orlando Mora  Quintero  y  ampliada la misma, a quien se le preguntó por los dos aspectos que  rodearon      los      hechos     referenciados,1 el 26 de marzo de 2001, se le  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva  por  el delito de concusión, sin que en esta providencia se hubiese  hecho  referencia  alguna  a  la  posibilidad  del  concurso homogéneo de dicha  conducta punible.   

Vinculado  a  la  actuación José Joaquín  Galindo  Saavedra,  allegada plural prueba y clausurada la investigación,   el  3  agosto de 2001, se calificó el mérito del sumario con preclusión de la  investigación   a   favor   de  José  Orlando  Mora  Quintero.   

Valga  agregar que en la misma decisión la  fiscalía  acusó  al  coprocesado José Joaquín Galindo Saavedra como autor de  la   conducta   punible  de  concusión  en  concurso  homogéneo  y sucesivo, toda vez que su comportamiento  fue continuo en el tiempo frente a los hechos en general.   

Recurrida  la  anterior  decisión  por  la  Procuraduría  Judicial,  la Fiscalía Quinta Delegada ante el Tribunal Superior  de  Ibagué,  el 13 de noviembre de 2001, revocó la citada preclusión y, en su  lugar,   acusó  a  José  Orlando   Mora   Quintero  por  el  delito  de  concusión,  según  los  hechos  investigados   y   conforme  a  la  acusación  proferida  en  contra  del  otro  co-sindicado,    la    cual   confirmó.   

El expediente pasó al Juzgado Primero Penal  del  Circuito de Ibagué que, luego de tramitar el juicio, el 4 de mayo de 2005,  dictó  sentencia  de  primera instancia en la que condenó a José Orlando Mora  Quintero  a  las  penas principales de 4 años de prisión y multa equivalente a  50   salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa de la libertad, como autor de una   conducta   punible  de  concusión  respecto a los hechos en general.   

Resulta  también pertinente aclarar que en  cuanto  al  coprocesado  José  Joaquín Galindo Saavedra, el juzgado de primera  instancia,   mediante  providencia  del  16  de  agosto  de  2004,  declaró  la  extinción de la acción penal por muerte.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  y el  Procurador  104  Judicial  en  lo  Penal, el primero, por cuanto estimaba que su  defendido  no  era  responsable y, el segundo, por considerar que, conforme a la  acusación,  se  trataba de un concurso de concusiones (dos) y, por lo mismo, la  punibilidad  debía ser consecuente con el marco jurídico de la imputación, el  Tribunal   Superior   de   Ibagué,  el  29  de  enero  de  2007,  acogiendo  la  argumentación  del  Ministerio  Público, lo modificó, en tanto que condenó a  José  Orlando  Mora  Quintero   a  las  penas  principales  de  5 años de  prisión,   multa   de   62.5  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad y a la accesoria  de   pérdida     del     empleo    hasta    por    el   término   de  5 años, como autor del delito de concusión,  en   concurso   homogéneo   y   sucesivo, de acuerdo con las fases de  los hechos aquí sintetizados.   

L   A     D  E  M  A  N  D  A    DE    C A S A C I Ó N   

El  defensor del citado procesado, con base  en  la  causal  segunda  de  casación,  acusa  que  la  sentencia  no  está en  consonancia con la resolución de acusación.   

Anota  que el Tribunal Superior de Ibagué,  al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto contra el fallo de primera  instancia,  rompió  la  armonía  entre  la  resolución  de  acusación  y  la  sentencia,  en la medida en que condenó al procesado por un concurso de delitos  que no fue atribuido en la resolución de acusación.   

Recuerda  que  la  pieza  acusatoria  debe  contener  la  calificación  jurídica  provisional del hecho demostrado, la que  debe  coincidir  con la que se declara como probada en la sentencia, a menos que  haya  sido  objeto  de  variación  de  acuerdo  con  el  estricto procedimiento  consagrado en la ley.   

Dice que su defendido fue acusado a título  de  coautor  del  delito  de  concusión,  esto  es,  que sólo se le imputó la  comisión  de  un  delito de concusión y bajo este marco acusatorio el juzgador  de   primera   instancia   procedió   a  dictar  el  correspondiente  fallo  de  mérito.   

Acota que dicho marco referencial era sobre  el  cual  el  juzgador  tenía que pronunciarse, pero que fue desconocido por el  Tribunal,   cuando   modificó   la  condena  por  un  concurso  de  delitos  de  concusión.   

De esa manera, complementa, que el juzgador  de  segunda  instancia vulneró el principio de congruencia, puesto que condenó  a  su  defendido  por  un  concurso  de  delitos por el que no fue acusado en la  resolución de acusación.   

Luego de conceptualizar sobre la importancia  del  principio  de  congruencia,  apoyado  en  jurisprudencia de la Corte,   solicita            a            la            Sala           casar           la  sentencia                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             impugnada,  dictando  la de reemplazo donde prevalezca la dosificación punitiva  hecha en la primera instancia.   

CONCEPTO   DE  LA  PROCURADURÍA  TERCERA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Después de referirse sobre el principio de  congruencia,  anota que si bien es cierto que en la resolución de acusación no  se  hizo mención literal que se trataba de un concurso de conductas punibles de  concusión,  de  todos  modos  dice que para estudiar el posible desconocimiento  del  mentado postulado no basta con hacer una comparación entre la acusación y  la sentencia.   

De  ahí que proceda a realizar un recuento  de  la  actividad  procesal,  resaltando  que  el Fiscal Quinto ante el Tribunal  Superior  de Ibagué fue enfático en sostener que los cargos contra el acusado,  esto  es,  el  aporte semanal de dinero a la campaña del acusado y la exigencia  al  Director  de  la  Oficina  Tránsito para que le entregara una cuota semanal  para  garantizar su permanencia en el cargo o “en su  defecto  ubicarlo en otro estamento departamental o, en el evento de presentarse  algún  problema,  proporcionarle alguna solución”,  tienen respaldo probatorio.   

Dice  que  lo anterior fue lo que condujo a  que    el    instructor    anunciara   que   se   trataba   de   “cargos”  y  que los mismos se hallaban  demostrados  con  el  testimonio  de  Jhon  Jairo  Rodríguez Castillo y con los  registros  de  las  llamadas  hechas a través de las líneas telefónicas a los  abonados  261302  instalado  en  la  Dirección  del  Instituto Departamental de  Tránsito  de Ibagué y el 523682 adscrito a la Oficina de la Unidad Regional de  Tránsito de Mariquita.   

Así  mismo,  en  el  acápite  que  llamó  “Aspectos   relevantes   de   la   resolución  de  acusación”,  conceptúa  que el ente acusador hizo  referencia  a  la  entrega  semanal  de  dineros, para lo cual se permite copiar  varios fragmentos de la resolución de acusación.   

Destaca  que  en  la audiencia pública los  sujetos  procesales  conocían  que  se  trataba  de un concurso de delitos. Por  ejemplo,  el  representante  del  Ministerio  Público  así  lo  expuso  en  su  intervención.  Reconoce  que  la  postura  de  la  defensa  fue  la de negar la  participación  del  acusado  en los hechos, razón por la cual no cuestionó la  actividad concursal.   

En  tales condiciones, asevera que el cobro  de  cuotas  periódicas entre el mes de abril y septiembre indican que se trató  de  una  conducta  reiterativa,  “consistente en la  entrega  de  una suma de dinero cada cierto tiempo, hecho que de no cumplirse le  implicaba   a  la  víctima  la  pérdida  del  empleo,  por   tanto,   movido    por   el   temor,   la   entrega   se   dio   durante   todo  ese  tiempo”.   

“Para   la  defensa,  esa  situación no era extraña, siempre conoció y se percató que la  conducta  del  procesado podría estar conformada por una o varias acciones (una  solicitud   o   varias  solicitudes)  pero  todas  ellas  se  tradujeron  en  la  infracción    plúrima    de    la    misma    disposición   penal”.   

Anota  que  el fiscal de primera instancia,  respecto  del  otro  Diputado,  a quién le profirió resolución de acusación,  plasmó   en  la  providencia  que  se  trataba  de  un  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

Por  manera  que  si  bien la acusación de  segunda  instancia  discurrió  alrededor  del  señalamiento  de  la naturaleza  plural  y  homogénea  de  los  hechos,  de todos modos no particularizó de una  manera específica que se trataba de concurso de delitos.   

Empero,  afirma  que  tal  situación  no  comporta  que  la  sentencia de segunda instancia no esté en consonancia con la  resolución  de  acusación,  puesto  que  en el pliego de cargos se señaló de  manera  detallada  la  naturaleza  plural y homogénea de hechos “por  los  que  se  procedía  y  desde la parte motiva de esa pieza  procesal  se  hizo  referencia  a los cargos y a la exigencia del pago de varias  cuotas,  que  luego  se  convirtieron  en  una  obligación,  lógico que, si se  trataba  de  exigencias  reiteradas,  no  podía  pensarse  en una sola conducta  punible…”.   

Por lo expuesto, sugiere a la Corte no casar  la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  El  defensor  de  José  Orlando  Mora  Quintero,  con base en la causal segunda de casación, acusa que la sentencia de  segunda  instancia  no  está  en  consonancia  con  los cargos formulados en la  resolución  de  acusación,  en la medida en que su defendido fue condenado por  un  concurso  de  conductas  punibles  cuando en el pliego de cargos sólo se le  atribuyó  la  comisión  de  un  delito de concusión, yerro que incidió en el  proceso de determinación de la sanción.   

2.  De  acuerdo con la jurisprudencia, esta  Corporación  tiene señalado que  independientemente del acto en que esté  contenida  la  acusación,  es  decir,  que  esté  representada  en el trámite  ordinario  del  proceso  con la resolución calificatoria o que corresponda a la  formulación  de  cargos  para  sentencia  anticipada  o  haya sido adicionada o  modificada  a  través  de la variación de cargos o, incluso, en el sistema con  tendencia  acusatoria  que rige en la Ley 906 de 2004  y esté representada  por  el  allanamiento  a  la  imputación,  en  un  acuerdo  o  en el escrito de  acusación,  la  sentencia  que  se  profiera como conclusión del trámite debe  guardar  congruencia con la imputación fáctica y jurídica formulada, en tanto  que  ésta  constituye el marco conceptual, fáctico y jurídico que condensa la  pretensión  punitiva del Estado, y de igual manera, define para el procesado el  ámbito  de  ejercicio  del derecho de defensa y de contradicción, limitando de  esta  manera  los  aspectos  que  serán  objeto  del  debate  en el juicio y de  decisión por parte del juez.   

Dicho  de  otra  manera, el procesado sólo  puede  ser juzgado por las conductas definidas en la resolución de acusación e  incluso,  se  ha  afirmado  que  para  que  las  circunstancias  específicas  y  genéricas  de  agravación  punitiva puedan ser consideradas en la sentencia es  necesario  que previamente le hayan sido imputadas al inculpado fáctica  y  jurídicamente en el pliego de cargos.   

De ahí que se concluya que sólo se cumple  con  el debido proceso y a un juicio público cuando el acusado tiene certeza de  los  cargos,  aspecto  que  le  permitirá ejercer el derecho de defensa y, a su  vez,  que  el  juez tenga definido el marco fáctico y jurídico dentro del cual  deberá emitir el fallo de mérito que corresponda.   

En  síntesis,  el principio de congruencia  entre  la  acusación  y la sentencia implica una adecuada correlación entre la  conducta  punible  por  la  cual  se  acusa  y la decisión definitiva adoptada.  Así,   el fallador no puede sustentar su decisión condenatoria incluyendo  acciones,  comportamientos  o  circunstancias que, aunque se encuentren probadas  en  el  plenario, jamás fueron parte de la imputación fáctica contenida en la  calificación    del    mérito    del    sumario2.   

Por  manera  que,  con  base  en   los  anteriores  derroteros jurisprudenciales, con el fin de proteger el principio de  congruencia,  surge  nítido  que  para  dictar  fallo de condena respecto de un  comportamiento,  el  mismo  debe ser objeto de imputación fáctica en el pliego  de cargos.   

3.   La  Corte  teniendo  en  cuenta  los  anteriores  soportes jurídicos entrará a abordar de fondo la censura planteada  por   el   defensor   de   Mora   Quintero   contra   la  sentencia  de  segunda  instancia.   

En  primer  lugar,  valga  resaltar  que el  fiscal  de primera instancia al calificar el mérito del sumario, el 3 de agosto  de  2001,  profirió  preclusión de la investigación a favor de Mora Quintero.  Sin  embargo,  dicha  decisión fue recurrida, entre otros, por el representante  del  Ministerio  Público,  providencia que fue revocada por la Fiscalía Cuarta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  y,  en consecuencia, dictó  resolución de acusación contra el hoy sentenciado.   

De  igual manera, resulta válido recordar,  como  lo  destaca  la  Procuradora  Delegada,  que  si  bien es cierto que en la  providencia  en  que  se  acusó  a  Mora Quintero no se hizo mención de manera  textual  que  se  trataba  de un concurso de delitos, también lo es que en ella  sí  se plasmó que el comportamiento desplegado por el acusado, en cuanto a las  ilícitas  exigencias  hechas  a  la víctima, se concretó inicialmente para la  contribución  a  la “campaña electoral”  (fase  primera  de  los  hechos)  y, posteriormente, de manera  reiterada,      para     “mantenerla”  en  el  cargo de Jefe de la Oficina de Tránsito del municipio  de  Mariquita  (fase  dos  del  acontecer  fáctico),  sin  olvidar que, como se  indicó  en  precedencia,  la  suma  aproximada  de  $51.000.000 cubrió los dos  momentos del acontecer delictual.   

En  otras  palabras,  la  resolución  de  acusación  dictada  contra  el acusado en segunda instancia fue clara y expresa  en  señalar  que se trató de conductas plurales y homogéneas de hechos. Ahora  bien,  es  cierto que en la pieza acusatoria no se indicó literalmente que Mora  Quintero  debía responder por infringir el tipo penal de concusión en concurso  homogéneo  y  sucesivo. Sin embargo, tal situación no implica que la sentencia  no  esté en armonía con la resolución de acusación, máxime cuando el fiscal  fue  tajante  en  atribuir  en  la imputación fáctica que los hechos ilícitos  fueron            reiterativos.   

Es  así  como  el  Fiscal  Quinto  ante el  Tribunal  Superior de Ibagué, al estudiar el tema de la calificación jurídica  provisional  por  la  que  debía responder Mora Quintero, hizo clara y evidente  alusión     que     la     víctima    aportó    al    acusado    inicialmente   una   cuota   para   los  gastos   de   la   campaña   electoral      y      otra     “cuota   de  sostenimiento”  cada  ocho  días      para     “mantenerlo”  en  el  cargo público que desempeñaba. Textualmente allí se  anotó:   

“En  relación  con  los  hechos  externos  y  de  los  que  ha surgido la acusación contra los  Diputados  de  la  Asamblea  del Departamento del Tolima… y José Orlando Mora  Quintero,  como  lo  plasma  en detalle la pieza calificatoria recurrida, éstos  ocurrieron  en el año 2000 al interior de la Unidad Regional 3 de Tránsito con  sede  en  Mariquita  y  su  Oficina  Satélite  de  Armero Guayabal, siendo Jefe  titular  JAVIER  EDUARDO  CAMACHO GUEVARA, donde se venían cometiendo una serie  de  irregularidades  relativas  a  la  apropiación  de  recaudos por diferentes  conceptos  que  se  hacían  en  dicha  entidad oficial, cuyo monto bordea  los 51 millones de pesos; dineros  que  de  acuerdo  con lo que se ha logrado establecer fueron a parar a las arcas  de  los  señores…  y Mora Quintero, quienes ejercían como Diputados, en pago  de  la  conocida ‘cuota de  sostenimiento’ que le era  exigida  a Javier Eudoro Camacho Guevara, a través de su hermano Ramiro Camacho  Guevara,  quien había sido el artífice de su nombramiento, comprometiéndose a  ello   con  las  citadas  personas,  contando  de  acuerdo  con  su  dicho,  que  lo  que  inicialmente se tomó como una contribución  posteriormente  se  volvió  una  exigencia  al  punto  que debió recurrir a la  comisión  de  conductas  ilícitas para lograr reunir dichas cuotas que lo eran  semanales,  ya que lo que le quedaba de los trámites  normales  no  le  alcanzaba  para  ello,  procediendo  entonces  a manipular los  historiales  que  reposaban  en dicha oficina y a cometer las conductas punibles  que  posteriormente  aceptó  en  el  acta  de  sentencia anticipada”.(subrayas extrañas al texto).   

Por   manera    que    no   resulta   aceptable   la tesis del casacionista,  según la cual,  en  la  resolución  de  acusación  no  se  plasmó la naturaleza plural de las  conductas  ilícitas  de  concusión realizadas, entre otros, por Mora Quintero,  en  tanto  que  la providencia cuenta con pluralidad de recuentos  en   donde   se  hace  cabal  referencia  que  se   trató   de   varias  cuotas   las   que  le  exigieron  los  Diputados  a  la  víctima;  inicialmente,  para  la contribución de los gastos  electorales  (fase  uno  de  los hechos) y, posteriormente, para “mantenerla”  en el cargo de Jefe de la  Oficina de Tránsito de la municipalidad de Mariquita (fase dos).   

De  ahí  que  no  resulte  tampoco atinado  predicar  que  al  acusado se le vulneró el derecho de defensa, en la medida en  que  fue  sorprendido  en  la sentencia de segunda instancia con una imputación  que  desconocía,  puesto  que  en  aquella  se  le  condenó  por  un  concurso  homogéneo  y sucesivo de conductas punibles, cargos que no fueron atribuidos en  la  resolución  de  acusación, habida cuenta que revisada el acta donde consta  los  pormenores  de  la  audiencia  pública  de juzgamiento, se advertirá, sin  temor  a  equívocos,  que el Ministerio Público y la Fiscalía entendieron que  la  acusación  hacía  referencia  a la comisión de varias conductas punibles.  Por  ejemplo,  el representante del Procurador General de la Nación, anotó que  los  actos  concusionarios  se  iniciaron  en  el  mes  de  abril  de  2000 y se  extendieron  hasta  el  mes de septiembre del mismo año, extremos en los que se  comete   el   concurso   de   delitos,   máxime  cuando  los  hechos  ilícitos  referenciados  se  encuentran  debidamente delimitados, reiterándose que éstos  se enmarcan en los dos momentos ya referidos.   

Textualmente    anotó    este   sujeto  procesal:   

“…Coincidimos  en  un  todo  con  la  posición  de  la Fiscalía General de la Nación, habida  cuenta  que  consulta  con  la  realidad  probatoria  que  obra  en  la pesquisa  instructiva.  Los  actos  concusionarios se iniciaron en abril 25 de 2000 y ello  es  así  porque  es  la  época  de  posesión del señor Javier Eudoro Camacho  Guevara,  tales  actos  de petición de dinero se extendieron a septiembre 12 de  2000…”.   

Y como se puede apreciar en el texto de las  consideraciones  de  la  sentencia  de segunda instancia, fácil resulta colegir  que  el Tribunal acogió los planteamientos del Ministerio Público, sustentando  de  esa  manera la condena en contra del procesado, máxime cuando en el proceso  de  individualización  y  determinación  de  la pena partió del mínimo de la  pena  prevista  para  la  concusión  (cuatro  años) y le adicionó un año por  razón del concurso.   

En tales condiciones, no advierte la Corte  que  por  el  hecho  que  el  fiscal  de segunda instancia no hubiese citado, de  manera  textual,  que  se  trataba  de  un  concurso  de  conductas  punibles la  sentencia  de  segunda  instancia  no  respetó  el principio de congruencia, en  tanto  que  en  el pliego de cargos se dejó en claro que se trataba del mentado  concurso  de delitos, imputación que además encuentra respaldo con las pruebas  allegadas validamente al diligenciamiento.   

Como  se  anunció  en la parte inicial de  estas  consideraciones,  la  acusación  debe  contener  una clara e inequívoca  delimitación  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes    (imputación   fáctica)    y   de   los   cargos  que   se   derivan   (imputación  jurídica),  con  el  fin   de     respetar     la     estricta    legalidad     y   jurisdiccionalidad    del    sistema    que   gobierna   la  actuación.   

Desde  el  punto  de  vista probatorio, la  citada   pieza  procesal  cuenta  con  todos  los  razonamientos  que  llevan  a  evidenciar  que  el  comportamiento  ilícito  desplegado  por  el  acusado  fue  reiterado,  en  tanto  que inicialmente fue para una presunta contribución para  la  campaña  política  (primera  de  los  hechos)  y  luego  para  la  llamada  “cuota       de      sostenimiento”     (segundo     comportamiento     propio     del    acontecer  fáctico).   

Por  último,  es  posible  que  la citada  providencia  calificatoria no haya  sido construida con estrictez  con  lo  reglado  por el artículo 397 de la Ley 600 de 2000 en lo atinente al asunto  objeto  de  censura. Sin embargo, tal aspecto no comporta la intervención de la  Corte  como  tribunal  de casación en los extremos en que se sustenta el único  cargo  formulado  contra  el  fallo, habida cuenta que de las consideraciones de  dicha  providencia  resultaba  fácil advertir que al acusado se le atribuyó el  concurso  de  conductas punibles conforme a los hechos narrados que tantas veces  se han mencionado.   

Además,  como  lo recuerda la Procuradora  Delegada,  en  la  providencia de primera instancia en la que se le precluyó la  investigación  a  José  Orlando  Mora  Quintero  como  forma de calificación,  según  lo  preceptuado  por  el  artículo  395 de la Ley 600 de 2000, allí se  plasmó,  respecto  del otro Diputado, señor José Joaquín Galindo Saavedra, a  quien  se  le  dictó resolución de acusación, que su comportamiento  fue  continuo  en el tiempo, “de allí que se hable de un  concurso homogéneo y sucesivo”.   

Es decir, que en la providencia de primera  instancia  mediante  la  cual  se  dictó  resolución  de  acusación contra el  coprocesado  José Joaquín Galindo Saavedra, a éste se le imputó la comisión  de  la  conducta  punible  de  concusión  en  concurso  homogéneo  y sucesivo,  decisión  en  la que también se le precluyó la investigación, por los mismos  hechos,  a  José  Orlando  Mora  Quintero,  y  que,  en virtud del principio de  apelación,  fue  confirmada  respecto  de  aquél  y  revocada  en torno a Mora  Quintero    y,    consecuentemente,    acusándolo    por    dichas    conductas  ilícitas.   

En  otros  términos,  la  resolución  de  acusación  fue  clara  en  sostener  que  los  comportamientos  delictuales  se  ejecutaron  de manera reiterada y autónomamente, sin que sea dable predicar que  estamos  frente a una unidad de designio y pluralidad de actos ejecutivos, pues,  como  se  ha  reiterado  a  lo  largo  de  esta providencia, un primer delito se  concretó  frente  a  la  exigencia  relativa a la contribución de la campaña,  mientras  que  el segundo se materializó cuando se exigió el dinero con el fin  de  mantener  a  la  víctima  en  el  cargo,  siendo  evidente que este último  comportamiento se realizó bajo la unidad de designio.   

En efecto, recuérdese, como lo ha dicho la  Corte,  que  el  Código  Penal  de  1980,  no  contemplaba la figura del delito  continuado  (como  sí  lo  hacía el Código de 1936 y lo prevé el actual). De  tal  situación  fue que la doctrina y la jurisprudencia avanzaron en desarrollo  del  concepto  de  unidad  de acción típica, relativa a la conducta única con  relevancia   jurídico   penal,  aunque  con  diversos  actos  ejecutivos,  pero  identificable  por  el  plan  ideado  y  por  la  finalidad,  para enfrentar los  problemas  de  tipicidad,  antinjuridicidad y aún de culpabilidad que planteaba  la            realidad            procesal3.   

Dicho  de  otra  forma,  el debate surgía  cuándo  de  las  distintas  acciones  individuales  realizadas por el agente se  configuraban   hechos  punibles  autónomos   y  concursaban  entre  sí  y  cuándo,  así  fueran  mental  y  físicamente  separables  como construcciones  típicas,  deben  tomarse  como  actos  plurales  encaminados  al  fin único de  obtener    determinado    provecho    ilícito   constitutivo   de   un   delito  unitario.   

Esto  es, surge el deber de identificar en  cada  caso  concreto  la  finalidad  que  se  propuso  el autor y la correlativa  circunstancia  de  si  para  lograrla  requirió  de  un  sólo acto o de varios  actos.   

De otro lado es verdad que en determinados  casos  la  Corte  ha admitido que en delitos contra la propiedad, tratándose de  un  sólo propósito defraudador no obstante que el sindicado realiza múltiples  y  reiterados  actos,  se  está  ante  una  unidad  de designio. Por ejemplo en  decisión del 29 de octubre de 2003, se dijo:   

“Es  menester  denotar     cómo    la    Corte    ‘por  razones  de política criminal tendientes al justo tratamiento  de  la  problemática  penal enfrentada a la realidad social y delictiva, que en  numerosos  casos  se manifiesta con la sutileza y audacia de iguales o similares  características  a  las  que  conforman  el  caso en examen, hubo de ampliar su  criterio  hermenéutico  en relación con el tipo penal de estafa previsto en el  artículo  356  del  anterior  Código  Penal  -246  del actual-, hasta llegar a  adoptar  la  tesis  uniforme  de  que  la  mentada  conducta  punible  admite la  posibilidad  de  que  con  la acción timadora resulten plurales sujetos pasivos  afectados  en  su  patrimonio,  y  no  excluye  la eventualidad de que el sujeto  activo  de  la  ilicitud realice múltiples y reiterativos actos tendientes a la  obtención   de  un  solo   propósito   defraudador,   que   perdura   y  se  materializa  en  el  tiempo   con   fraccionados  logros.  Así  las cosas,  el   engaño   es   único, como  único  también  es   el     dolo     en     estos    eventos    ‘porque  la  materialización  de cada  acto  no disgrega el todo de la acción, en cuanto lo único que cada uno revela  es  que  el  sujeto  prosigue  en  su  empeño  principal  y  único”.4   

En  tales  condiciones, frente al caso que  ocupa  la  atención  de la Corte, surge evidente que aquí no se puede predicar  que  todos  los  actos ejecutivos realizados en 20 semanas formaban parte de una  unidad  de designio que permita concluir que se trata de un sólo delito por las  siguientes razones:   

Indíquese   que  la  primera  exigencia  indebida  hecha  a Javier Eudoro Camacho Guevara fue para la contribución en la  campaña  política  que  se  avecinaba,  es  decir,  que este acto se encuentra  cabalmente  delimitado  frente  a  las  demás  conductas  punibles  de la misma  especie,  pues,  en principio, ese fue su único pretendido, consolidándose por  ello el delito (primera etapa de los hechos).   

Sin embargo, ante los resultados obtenidos  José  Joaquín  Galindo  Saavedra  y  José  Orlando Mora Quintero, después de  culminada  la  anterior  conducta  irregular,  comenzaron  a  exigir  la llamada  “cuota       de      mantenimiento”  por  intermedio de su hermano Ramiro, para lo cual los autores  desplegaron  actos  tales  como las comunicaciones telefónicas y la directa con  este  último,   para  que  dicho  pedimento  se  cumpliera  en  reiteradas  oportunidades,  tal  como  se  advierte  de  las providencias que calificaron el  mérito del sumario (segunda fase del comportamiento delictual).   

En  tales  condiciones, en este particular  asunto  teniendo  en cuenta los datos que obran en el proceso y las imputaciones  hechas  en  las  piezas  acusatorias,  se advertirá  que la primera de las  acciones   atribuidas  al  acusado   está   revestida   de   sus     propias     características     objetivas,   materiales,  subjetivas  y  jurídicas,  en la medida en que esa conducta encaja dentro de la  descripción  típica  de  concusión,  puesto  que  la  misma  tenía  como fin  específico    la    contribución   para   la   campaña   política   de   los  procesados.   

En otras palabras, la inicial exigencia de  dinero  perseguía  un  fin específico diferente a las posteriores acciones que  estaban    orientadas    a   “mantener”   a   la  víctima  en  el  cargo  público  que  desempeñaba,  situación  que  lleva  a  colegir  que  se  trata  de  dos conductas claramente  delimitadas,  dado  que  buscaban  fines distintos, sin dejar pasar por alto que  frente  a  esas dos conductas no se pudo establecer la cantidad exacta de dinero  entregado,   aun   cuando   sí   es   cierto   que   fue   aproximadamente   de  $51.000.000°°.   

Así,  se  puede  concluir  que la primera  acción   desplegada  por  los  procesados  (dinero  exigido  para  la  campaña  electoral,  fase  uno  de  los  hechos)  en  sí misma considerada, configura un  delito  de concusión, independiente de las demás acciones unidas entre sí por  existir  un  mismo propósito, cual era el de mantener a la víctima en su cargo  si  cumplía  las exigencias dinerarias ilícitas (segunda etapa de los hechos),  materializándose   de   esa   manera    el  segundo  punible  también  de  concusión.   

Por manera que con esos comportamientos se  avasalló  el  bien jurídico de la buena marcha de la administración pública,  desde  luego de manera injustificada y mediando conocimiento y voluntad. De ahí  que  en  este  asunto  se  debe  predicar  el  concurso de conductas punibles de  concusión,  en  la  medida en que resulta fácilmente avizorar su independencia  plena  y  evidente  entre sí, que permite colegir su individualidad jurídica y  naturalística.   

En  tales condiciones, la Corte no casará  parcialmente  el  fallo  impugnado como lo demanda el casacionista, en tanto que  no  advierte  la  invocada  violación  del  principio  de  congruencia entre la  resolución de acusación y la sentencia.   

ACOTACIÓN FINAL  

Como  quiera que el defensor suplente y el  acusado,  una vez registrado el proyecto de sentencia de casación, deprecan las  siguientes peticiones, la Sala las resuelve, así:   

En lo atinente a la presunta irregularidad,  según  la cual, cuando el fallo de segunda instancia se profirió el Magistrado  Ponente  se  encontraba incapacitado, no se advierte la misma, máxime cuando en  las   actuaciones   públicas   y   privadas   prima   el   principio  de  buena  fe.   

Ahora  bien,  si  se  consideraba  que  el  Magistrado  Ponente  no  pudo  haber  dictado la sentencia de segunda instancia,  debió  ser  planteado como cargo dentro del trámite del recurso extraordinario  de   casación,   poniendo   así   en   tela  de  juicio  la  legalidad  de  la  misma.   

De otro lado, si la defensa persiste en que  hay  alguna irregularidad en la actuación del citado Magistrado, cuenta con las  herramientas jurídicas para proceder de conformidad.   

Respecto a que no se surtió el término de  traslado  a  los  no  recurrentes una vez presentada la demanda de casación, es  una  afirmación  totalmente  ajena a la verdad procesal, en la medida en que en  el  cuaderno  del  Tribunal obra constancia al folio 310 vuelto, a través de la  cual  la  Secretaria de esa Corporación, de manera expresa,  advirtió que  el  3  de  mayo  de  2007 empezó a  “CORRER EL  TRASLADO   A   LOS   DEMÁS   SUJETOS   PROCESALES   NO  RECURRENTES”,  fecha  que feneció el 24 de mayo de 2007, lapso que sin duda  se  cumplió,  ya que el proceso fue remitido a la Corte con oficio Nº 4908 del  15      de      julio      siguiente.   

Por  manera  que,  por  improcedente y por  sustracción  de  materia,  no  se  dará  curso  a las peticiones elevadas, sin  olvidar  que  la  facultad  de  la  Corte sólo está limitada a dar trámite al  recurso  extraordinario  de casación, dentro de la cual no se pueden considerar  asunto ajenos al mismo.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.  NO CASAR  la sentencia impugnada.   

2. No acceder a las peticiones elevadas por  el procesado y el defensor suplente.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                          Secretaria     

1  Preguntado:  bajo  juramento  se  afirmó  en  estas  diligencias  que  Usted en calidad de Diputado de la Asamblea del Tolima exigió  al  señor  RAMIRO CAMACHO una cuota semanal aproximada de setecientos mil pesos  para  sostener  en  el cargo de Inspector de Tránsito de Mariquita a su hermano  JAVIER  CAMACHO, cuota que se utilizó inicialmente en  beneficio       personal      y      posteriormente  para  financiar  la  campaña electoral.  Qué  tiene  que decirle a la Fiscalía en su defensa respecto a  dichos cargos (ver folio 12  del cuaderno original N° 7) [subrayas ajenas al texto].   

2  Ver  entre  otras,  sentencia  del 28 de noviembre de  2007. Rad. 28825.   

3 Ver,  entre   otras,   sentencia  de  casación  del  29  de  octubre  de  2003.  Rad.  15768.   

4 Ver,  entre  otras,   sentencias del 27 de septiembre de 1995.Rad.8942, sentencia  del   noviembre   27  de  1996.Rad.  9308,  sentencia  del  3  de  diciembre  de  1996.Rad.8874, sentencia del 26 de junio de 1999.Rad.12591.     

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