27241(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27241   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 248  

Bogotá,  D.C.,  dos de septiembre de dos mil  ocho.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Sala en sede de casación  respecto  de  la eventual trasgresión de una garantía fundamental al procesado  JOSÉ  DANID JIMÉNEZ DÍAZ, relacionada con el quantum de la pena accesoria que  les  fuera  impuesta  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Chinchiná,  Caldas,  en  la sentencia condenatoria proferida el 11 de julio de 2005, que fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales  el  21  de  noviembre de  2006.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

En las horas de la noche del 1° de marzo de  2004,  Iván  de  Jesús Cárdenas Carmona al salir de su vivienda ubicada en el  barrio  La  Frontera  del  municipio  de  Chinchiná,  Caldas,  fue abordado por  JOSÉ  DANID JIMÉNEZ DÍAZ,  a.    “Nene”,    DANIEL   DE   JESÚS   VALENCIA  ARIAS,  a.  “Daniel”,  y  el  menor  Rubén Darío  Noreña,  a.  “Herradura”,  quienes con sendas armas de fuego lo acometieron  propinándole  múltiples  impactos  de  bala  que  determinaron  el  deceso del  agredido por choque hemorrágico.   

            

Decretada  la  correspondiente  apertura  de  instrucción   y   escuchados   en   indagatoria   los  implicados  JIMÉNEZ     DÍAZ    y    VALENCIA  ARIAS,  su situación jurídica  les  fue  resuelta  por  resolución  del  28 de mayo de 2004 con imposición de  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, sin excarcelación, por los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa  personal.  Fenecida la etapa sumarial, la Fiscalía calificó su mérito el 9 de  septiembre   siguiente  con  resolución  acusatoria  en  contra  de  los  antes  nombrados,  como  presuntos  coautores  responsables  del  concurso delictivo en  mención.   

El  juicio  lo  adelantó el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de Chinchiná, despacho que tras evacuar la vista pública  culminó  la  instancia  con  el  proferimiento  del  fallo  pertinente  en  los  términos  y condicionamientos reseñados en el introito del presente proveído,  de  cuya  apelación  conoció  el Tribunal de Manizales, alzada que desató esa  Colegiatura  impartiéndole  integral  confirmación  al  fallo  impugnado, como  igualmente allí se dejó anotado.    

Contra   la  anterior  determinación,  el  defensor  de  JOSÉ  DANID  JIMÉNEZ  DÍAZ  interpuso recurso extraordinario de  casación,  cuya  demanda fue inadmitida por esta Sala en auto del 6 de junio de  2007.   No  obstante,  como  se  advirtió  una  eventual  vulneración  de  las  garantías   fundamentales   del   condenado  por  posible  desconocimiento  del  principio  de  legalidad,  dispuso  surtir  un  traslado  oficioso al Ministerio  Público  para  que  conceptuara al respecto, pronunciamiento que se recibió en  el despacho del Magistrado sustanciador el 22 de agosto de 2008.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  advierte  que  el Tribunal Superior de Manizales infringió el  principio   de   legalidad  de  la  pena  al  confirmar  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas impuesta al  procesado  JOSÉ  DANID JIMÉNEZ DÍAZ, por un lapso de 25 años y 4 meses, toda  vez  que  tal monto rebasa el término máximo señalado en los artículos 51 de  la  Ley  599  de 2000, en cuanto establece un lapso máximo de 20 años para esa  pena accesoria.   

En tales condiciones, solicita a la Corte que  se  case  parcial  y  oficiosamente  el fallo aludido para que se redosifique la  pena accesoria impuesta al citado condenado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Del  recuento  objetivo  de  la  actuación  procesal  advierte  la  Sala  la  concurrencia  de una irregularidad que por ser  violatoria  de  las  garantías  fundamentales  debidas al procesado JOSÉ DANID  JIMÉNEZ  DÍAZ  activan  la  facultad  oficiosa  de  la Corte para controlar la  legalidad y constitucionalidad de la sentencia.   

En  efecto,  en  la  sentencia  condenatoria  proferida  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Chinchiná, Caldas,  confirmada  integralmente  por  el  Tribunal Superior de Manizales, se impuso al  acusado  la  pena  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por un lapso igual a la pena privativa de la libertad, esto  es  25  años y 4 meses, lo cual desborda el límite máximo previstos en la ley  para esa pena.   

Los  hechos  objeto  del  proceso  tuvieron  ocurrencia  el  1º  de marzo de 2004, fecha para la cual ya regía la Ley 599 de 2000, cuyo artículo 51 señala que:   

“La  inhabilitación para el ejercicio de  los  derechos  y funciones públicas tendrá una duración de cinco (5) a veinte  (20) años, salvo en el caso del inciso 3º del artículo 52.   

Se excluye de esta regla las penas impuestas  a  servidores  públicos condenados por delitos contra el patrimonio del Estado,  en  cuyo  caso  se aplicará el inciso 5º del artículo 122 de la Constitución  Política…”   

A su vez, el citado inciso 3º del artículo  52, preceptúa que:   

“En  todo  caso,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas,  por  un  tiempo  igual  al  de  la pena que accede y hasta por una tercera parte  más,  sin  exceder  el máximo fijado en la ley, sin  perjuicio   de   la   excepción  a  que  alude  el  inciso  2º  del  artículo  51”.   

Por  lo tanto, la excepción a que alude el  inciso  1º del artículo 51 hace referencia a los topes mínimo y máximo de la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  cuando  se  imponga  como accesoria a la de prisión, en cuyo caso el mínimo no  puede  ser inferior a los cinco (5) años establecidos en el mismo precepto, por  estar  supeditada  al  tiempo  de duración de la pena privativa de la libertad,  evento  en  el  cual,  sin  embargo,  el  legislador autorizó imponer hasta una  tercera   parte   más,   recabándose  que  en  ningún  evento  puede  superar  “el  máximo  fijado  en  la  ley”,  es decir, 20 años.   

La  anterior  apreciación permite concluir  que,  indefectiblemente,  la  pena  máxima  para  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas cuando se impone como accesoria y  no  se  está  frente  a  un  servidor  público  condenado por delito contra el  patrimonio  del  Estado  (inciso  2º  del  artículo 51), será de 20  años, incluso para aquellos eventos  en   que   el  inciso  3º  del  artículo  52  ídem  autoriza      imponer      hasta     “una  tercera  parte más” de la pena  privativa  de  la  libertad  a  la  que  accede,  ya  que, en todo caso, deberá  respetarse  el  límite  establecido  por el inciso 1º, dada la especificidad y  claridad   en   su  definición,  pues  no  de  otra  forma  se  explicaría  la  reiteración  relativa  a que no podrá exceder el límite legal expresada en el  inciso  final  del artículo 52 que a su vez autoriza a imponerla por encima del  lapso establecido para la restrictiva de la libertad.   

A  esta  misma conclusión arribó la Corte  Constitucional   cuando  examinó  la  constitucionalidad  del  inciso  1º  del  artículo  51  del  Código Penal de 2000 frente a la legitimidad del legislador  para    restringir    el    derecho    a   ejercer   funciones   públicas,   al  señalar:   

“En  el tercer inciso, el mismo artículo  dispone  que,  “en  todo caso, la pena de prisión conllevará la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas” y  señala  que  su  duración  es la del mismo tiempo de la de la pena de prisión  impuesta  y  hasta  por una tercera parte más, sin exceder el máximo fijado en  la  ley,  -es  decir  20 años según el artículo 51  referido-  ,  sin  perjuicio  de  lo  dispuesto en el  último  inciso  del  artículo  122  de la Constitución – es decir de aquellos  casos  en  que se trata de un delito contra el patrimonio del Estado, caso en el  cual   la   inhabilidad   para   el  desempeño  de  funciones  públicas  será  permanente.   

(…).  

Así  las  cosas,  puede  concluirse que el  legislador  ha  dispuesto  que:  i)  el juez penal está obligado a imponer como  pena  accesoria  la de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  siempre  que  se  imponga la pena de prisión; ii) la imposición de  ésta  sanción trae como consecuencia privar al penado de la facultad de elegir  y  ser  elegido,  del  ejercicio  de  cualquier otro derecho político, función  pública,  dignidades  y  honores  que  confieren las entidades oficiales,   iii)   la  duración  de la pena podrá ser la misma  de la de la pena  de  prisión  impuesta  y  hasta  una tercera parte más, sin exceder el máximo  fijado  en  la  ley,  -es  decir 20 años-  sin  perjuicio de lo que prevé la Constitución para el caso de  la  condena  por  delitos contra el patrimonio del Estado. iv) la imposición de  la   pena   exige  una  fundamentación  explícita  sobre  los  motivos  de  la  determinación  cualitativa  y  cuantitativa  de la misma, de conformidad con el  artículo  59  de la Ley 599 de 2000,  v) la persona condenada a la pena de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como  consecuencia   de   haber   recibido   pena  de  prisión,  puede  solicitar  su  rehabilitación  para  el  ejercicio  de  dichos  derechos  y  funciones  en los  términos  del  artículo  92  de  la  Ley  599  de  2000; vi) de acuerdo con el  artículo  53 de la Ley 599 de 2000 la pena de inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones   públicas   se   aplicará   y   ejecutará  simultáneamente   con   la  pena  de  prisión.”1(Se ha resaltado).   

Ante esa situación y teniendo en cuenta que,  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  29 de la Constitución  Política,  “nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa”,  norma  que  contempla  el  principio  de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  la  libertad  individual  frente a la arbitrariedad de los funcionarios  judiciales  y garantiza los principios de seguridad jurídica y de igualdad ante  la    ley,2   surge   claro   que  la  pena  accesoria  que  se  le  impuso  al  procesado  lesiona el citado  principio de legalidad.   

Por  lo  tanto, acogiendo en este sentido el  criterio  del Procurador Delegado, la Sala casará  oficiosa y parcialmente  el  fallo  de  segundo grado y, en consecuencia, disminuirá a veinte (20) años  la  pena  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas impuesta al procesado JOSÉ DANID JIMÉNEZ DÍAZ.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.           CASAR   de   oficio  y  parcialmente  la  sentencia  del  21  de  noviembre  de  2006  dictada por el Tribunal Superior de  Manizales,  en  el  sentido  de  modificar  el  numeral 2º del fallo de primera  instancia  para FIJAR al procesado JOSÉ DANID JIMÉNEZ DÍAZ una pena de veinte  (20)  años  de inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  según lo discurrido en las anteriores consideraciones.   

2.  En  lo  demás  el  fallo  se  mantiene  incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARIA DEL ROSARIOGONZÁLEZ DE L.                             AUGUSTO    J.    IBAÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia C-329 del 29 de abril de 2003   

2  Fallo  de  casación del 8 de junio de 2005, radicado  No. 23.491     

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