24986(12-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24986  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    057   

Bogotá,    D.    C.,    doce  (12)  de  marzo  de  dos  mil ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario  de     casación     discrecional     interpuesto   por   el   apoderado  del  tercero     civilmente     responsable   contra   la   sentencia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Buga,    proferida   el   26         de         mayo       de       2005,   mediante   la   cual  confirmó,  con  una  modificación  relacionada con los perjuicios  morales,  la  dictada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Tuluá,  fechada  el  12  de  agosto  2004,  a  través  de la cual condenó al procesado  HUMBERTO  GIRALDO GIRALDO a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión,  multa de $6.180.000°° y  suspensión  en  el ejercicio de la conducción de vehículos automotores por el  término  de  3  años,  a  la  accesoria  de  rigor  y al pago solidario de los  perjuicios,  como  autor  del  delito  de homicidio culposo cometido en la joven  Tatiana Garzón Jiménez.   

H   E   C   H   O  S   

Los  sintetizó  el  juzgador  de  segunda  instancia, así:   

“El 20 de agosto  de  2002,  aproximadamente  a la 1:10 de la tarde, en la carrera 26 con calle 41  del  municipio  de  Tuluá,  el  campero  marca  Ford Explorer de placa CEN-167,  conducido    por    el   señor   HUMBERTO   GIRALDO  GIRALDO,  colisionó  con  la  motocicleta  de  placa  TLM-84A,  conducida  por la joven TATIANA GARZÓN JIMÉNEZ, quien falleció como  consecuencia de la colisión”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.    Con   base   en   el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  de  quien  en  vida  respondía  al nombre Tatiana  Garzón  Jiménez, en dos testimonios, en el croquis suscrito por un funcionario  de  tránsito  y  en  el  informe  rendido  por  un investigador del C T. I., la  Fiscalía  Treinta  y  Tres  Seccional  de  Tuluá,  el 4 de septiembre de 2002,  profirió resolución de apertura de instrucción.   

Posteriormente, fue escuchado en indagatoria  Humberto  Giraldo  Giraldo,  respecto  de  quien  no se hizo necesario resolver su situación jurídica, y se  allegaron plurales medios de prueba.   

Mediante  providencia  del  8 de octubre de  2002,  se  admitió  como  parte  civil  a  la  señora  María  Teresa Jiménez  González,  madre  de  la  menor  fallecida,  y  se  vinculó  como tercero   civilmente  responsable  a  la  señora     Olga    Cristina    Montoya,  “en  calidad  de  copropietaria del  vehículo  involucrado,  en  la  cuota parte que a esta le corresponde, sobre el  rodante  campero  marca  Ford  Explorer, modelo 1997, placas CEN-167”,   quien  fue  notificada  personalmente  de  dicha  decisión,  entregándosele copia del respectivo libelo.   

Ante la improsperidad de la conciliación e  incorporados  otros  medios  de convicción, el 10 de abril de 2003 se clausuró  la  investigación y el 26 de mayo siguiente se calificó el mérito del sumario  con  resolución  de  acusación en contra de Humberto  Giraldo  Giraldo  como  autor del delito de homicidio  culposo,  decisión que, por virtud del recurso de apelación interpuesto por el  defensor  del sindicado, fue confirmada por la Fiscalía Quinta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Buga, según providencia del 3  de julio del mismo año.   

2.   Agotado  el  juicio,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Tuluá, mediante sentencia del 12 de agosto de  2004,  condenó a Humberto Giraldo Giraldo  a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión, multa de  $6.180.000°°  y a la suspensión del derecho a conducir vehículos automotores  por  el  término  de  3  años  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 30 meses, como  autor  del  delito  de  homicidio  culposo.  Así  mismo,  lo  condenó  a pagar  solidariamente  con  el tercero civilmente responsable la suma de $2.542.023°°  por  perjuicios  materiales,  y  el  equivalente a 500 salarios mínimos legales  mensuales por concepto de daño moral.   

Apelado  el  fallo  por  el  apoderado  del  procesado  y  de  la parte civil, el Tribunal Superior de Buga, el 26 de mayo de  2005,  lo modificó en el sentido de fijar el monto de los perjuicios morales en  100  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, confirmándolo en lo demás,  decisión  contra   la  cual  el  citado  profesional del derecho interpuso  “recurso de casación”.   

3.   Mediante   providencia   del    25    de    abril    de    2007,   la   Sala    de    Casación   Penal   de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  inadmitió  la  demanda de  casación   presentada   a   nombre   del   procesado  y,       a       su       vez,      admitió  el  libelo presentado a nombre  del   tercero   civilmente   responsable.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El    apoderado    del    tercero  civilmente  responsable acude a  la   casación  por  “vía  excepcional”  en  aras  de la protección de las garantías fundamentales de  su   representada,   señora  Olga  Cristina  Montoya  Castaño,  toda  vez que, en su criterio, el fallo se  produjo     en     un     juicio    viciado    de    nulidad,    “específicamente  porque  dicha  providencia  de segunda instancia,  haciendo   una  unión  inclusive  inescindible  con  la  sentencia  de  primera  instancia,             resultó            evidentemente            INMOTIVADA   para   las   pretensiones  procesales      de     la     tercero     civilmente     responsable”.   

Luego   de   identificar  a  los  sujetos  procesales,  de  relatar  los  hechos, de sintetizar la actuación procesal y de  relacionar  los  fallos  de  primer y segundo grado, con fundamento en la causal  tercera    de    casación    formula    un   único  cargo,  a través del cual acusa al Tribunal de haber  transgredido   el   debido   proceso   y,   consecuentemente,   el   derecho  de  defensa.   

Sostiene  que  los  fallos  de instancia no  “dieron   siquiera   una   razón   por  lo  menos  enunciativa”   por   la  cual  se  condenó  a  su  representada  a  pagar  las  sumas  allí  indicadas  por  concepto  de daños y  perjuicios.   

En otros términos, los jueces de primera y  segunda  instancia “olvidaron por completo motivar o  explicar  las  razones  por  las cuales se condenaba a mi cliente, la cual está  vinculada  al  proceso como tercero civilmente responsable; ni el a quo, y mucho  menos  el  ad  quem  hicieron  valoración  alguna de los motivos por los cuales  debía  condenarse  a  la señora que fuera vinculada como responsable civil, es  decir,  en  el cuerpo de las dos (2) providencias no aparece acápite alguno que  indique   la   razón  motivada  o  siquiera  enunciada,  para  haber  condenado  solidariamente  a  mi  cliente  a  pagar  la  millonaria  indemnización que las  instancias determinaron”.   

Agrega  que  al  momento  de  admitirse  la  demanda  de  parte  civil  procedió, como apoderado de la señora Olga Cristina  Montoya  Castaño, a contestar inmediatamente el libelo y, posteriormente, en el  juicio  planteó  los  argumentos necesarios en procura de su defensa. Por ello,  no  entiende  por qué en los fallos no se dieron las razones para condenar a su  cliente,  “pues era imposible con esta inmotivación  de  la sentencia hacer siquiera una crítica, porque no sabíamos qué criticar,  pues nada se dijo al respecto”.   

Afirma  que  en  la  sustentación  de  la  apelación  contra  el  fallo  de primer grado hizo alusión expresa a la citada  falta  de  motivación,  para  lo cual transcribe un aparte, sin que el Tribunal  “haya  hecho siquiera manifestación referencial de  lo  argüido  por  el apoderado de la tercero civilmente responsable”.   

En  consecuencia,  como es clara la alegada  falta  de  motivación  respecto  de  la  condena  en perjuicios en contra de su  representada,  solicita  a  la  Corte casar el fallo de segunda instancia y, por  ende,  la  “modifique  o  se  reemplace,  ya que la  nulidad  invocada  afecta exclusivamente la sentencia que demandamos”.  Subsidiariamente depreca a la Sala que decrete la nulidad del  fallo  y  proceda  a  “enviar  el  expediente  a la  primera  instancia  donde  se  produjo  inicialmente  la perturbación funcional  (nulidad)”.   

ALEGATO   DE   LA   NO   RECURRENTE   

La  apoderada  de  la  parte  civil,  en su  condición  de  no  recurrente,  solicita  a  la  Corte  la  improsperidad de la  pretensión alegada en el libelo.   

Dice  que si bien en la demanda se aduce la  violación  de  garantías  fundamentales, la cual se hace consistir en la falta  de  motivación  de los fallos de instancia, considera que tal argumentación no  tiene  fundamento  alguno,  en  la  medida  en  que las sentencias contienen las  consideraciones  jurídicas  suficientes acordes con la realidad probatoria, sin  que   de   ellas   se  desprenda  irregularidad  alguna,  como  lo  pretende  el  casacionista.   

Por el contrario, estima que ajustándose la  sentencia  a la legalidad, la parte civil  que representa se desmejoró con  la  modificación  de  la  que  fue objeto la sentencia impugnada, en la cual se  rebajó  el  monto  de  los  perjuicios,  situación  que en nada perjudica a la  tercero civilmente responsable.   

Luego de criticar la forma como fue valorada  la  prueba  de alcoholemia practicada sobre la sangre de la hoy occiso, concluye  que  la  misma  no  se  encontraba,  en  su opinión, en estado de embriaguez al  momento de la ocurrencia de los hechos.   

En   consecuencia,  solicita  a  la  Sala  “no   casar   la  sentencia  impugnada”    ni    “declarar   la   nulidad  invocada”      por      ser     “inexistente”.   

  CONCEPTO  DE   LA  PROCURADORA  TERCERA   DELEGADA  PARA   LA  CASACIÓN  PENAL   

En primer término, recuerda la Procuradora  Delegada  que  la  señora  Olga  Cristina  Castaño  fue vinculada como tercero  civilmente  responsable  en  virtud  de  la petición formulada en la demanda de  parte  civil,  la que después de ser admitida fue notificada y, a partir de ese  momento,  pudo  ejercer  sus  derechos,  procediendo  a  darle  contestación al  libelo,   a   solicitar   y   controvertir  las   pruebas  relativas  a  su  responsabilidad.  En  otras  palabras,  observa  que  desde  su  vinculación  y  reconocimiento  como  sujeto procesal, pudo desplegar en debida forma el derecho  a  ejercer  la  controversia  relativa a su responsabilidad civil por los daños  ocasionados con el delito culposo.   

Luego  de mencionar los derechos que la ley  otorga  al  tercero  civilmente  responsable,  afirma  que  en  este  caso no se  vislumbra  ningún  quebranto a sus derechos fundamentales, de manera tal que si  se    buscaba    la    protección   de   dichas   garantías,   “estas   han   prevalecido,  puesto  que  no  se  desconocieron  los  presupuestos   constitucionales   del   debido   proceso   y  el  derecho  a  la  defensa”.   

Por ello, concluye que no existe la falta de  motivación   denunciada,   toda  vez  que  el  juzgador  de  primera  instancia  “efectuó  la  cuantificación  de  los  perjuicios  tanto  materiales como morales”, consideraciones que  no  obstante  ser  breves  las  misma  resultan  razonables  y,  por  lo  mismo,  “sustentan   o  motivan  lo  que  atañe  al  pago  solidario de perjuicios”.   

Agrega que el Tribunal, por su parte, tasó  los  perjuicios  morales  en  100 salarios mínimos legales mensuales, indicando  las  razones  en que se fundamentaba para rebajar el monto señalado en el fallo  impugnado,  “y de la referida motivación se extrae  que  estuvo  conforme  con  el razonamiento expresado por el juzgador de primera  instancia,  sin  que  fuera  imprescindible repetir el sustento de la condena al  pago  solidario  de  perjuicios”,  avalando  de esa  manera lo que al respecto coligió el juzgado de primer grado.   

En  consecuencia,  concluye que el juzgador  “no  ha  silenciado las razones de orden fáctico y  jurídico   imprescindibles   para   el  sustento  de  la  decisión”,  motivo  por el cual solicita a la Corte desestimar la demanda  presentada  a nombre de la tercero civilmente responsable, señora Olga Cristina  Montoya Castaño.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El apoderado del tercero civilmente  responsable   afirma   que   en   los   fallos   de   instancia  “no  se dio siquiera una razón por lo menos enunciativa”  por  la  cual  se condenó a su representada a pagar las sumas  allí  indicadas  por  concepto  de  daño y perjuicios. En otros términos, los  jueces  de  primera  y  segunda instancia “olvidaron  por  completo  motivar  o  explicar las razones por las cuales se condenaba a mi  cliente”, irregularidad que lesionó las garantías  fundamentales  del debido proceso y del derecho de defensa y, por lo mismo, debe  ser  enmendada a través de la nulidad de la sentencia impugnada en cuanto a ese  aspecto.   

2.   Por  no asistirle razón al   actor,  la   Sala   no   casará   la   sentencia   demandada  por  los  siguientes motivos:   

Sea  lo primero indicar que la propuesta de  nulidad  por  falta  de  motivación,  debe  tratar  aspectos sustanciales de la  sentencia,  providencia  que  por  su naturaleza y condición contiene un juicio  sobre los hechos y sobre el derecho.   

Teniendo  en  cuenta  dicha  premisa,  debe  recordarse  que  a  la  fijación  del aspecto fáctico se llega a través de la  elaboración  de  juicios  de  validez  y  de  apreciación  de  los  medios  de  convicción,  orientados éstos últimos por las normas de la experiencia, de la  ciencia  o de la lógica, o de la reglas que les asignan o niegan un determinado  valor.   El  mandato  constitucional  impone  que  la fundamentación de la  sentencia   debe  comprender  el  correspondiente  juicio  sobre  los  elementos  probatorios  y  que  el  mismo sea expreso y acertivo y no hipotético, toda vez  que  si  el  fallo  no  es  explícito  o determinante sino que se manifiesta de  manera  imprecisa,  remisa o contradictoria, o se limita a enunciar las pruebas,  omitiendo  su  debida  evaluación  y  discusión y, por ende, el debido mérito  persuasivo  o conclusivo, necesariamente el acto jurisdiccional es defectuoso en  cuanto   no   es   posible   su   contradicción   por   parte  de  los  sujetos  procesales.   

Precisados   los   hechos  prosiguen  las  consecuencias  jurídicas,  escenario en el que igualmente la fundamentación se  constituye  en  una exigencia de orden constitucional, pues al juez se le impone  el  deber  de  expresar  sin  ambigüedad tanto los argumentos jurídicos de sus  conclusiones  como  la  obligación  de  responder  de  manera  clara, expresa y  suficiente     los     planteamientos     presentados     por     los    sujetos  procesales.   

Por    consiguiente,    “una  propuesta  de nulidad en casación por falta de motivación de  la     sentencia     debe    encontrarse    vinculada    a    la    insuficiente      o     nula   fundamentación   del   supuesto  fáctico  que  concluyó  probado  el juez o de su encuadramiento jurídico, que  son  los aspectos que estructuran la sustancialidad de  la     sentencia”.1   

Por ello, llegando la sentencia a esta sede  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad y siendo la casación  un  medio  de  impugnación  rogado,  cuando  se  alega falta de motivación del  fallo,  recae en el censor la carga de demostrar cómo en verdad dicha decisión  carece  total o parcialmente de ella o la misma acusa una motivación ilógica o  ambivalente.   

Así, entonces, partiendo de los anteriores  presupuestos,   advierte  la  Sala  que,  contrario  a  lo  argumentado  por  el  libelista,  no  es cierto que la sentencia carezca de motivación en lo atinente  a la responsabilidad del tercero civilmente responsable.   

En  efecto, Es claro que en la sentencia de  primera  instancia,  la cual forma una unidad inescindible con la de segunda, se  expresó  que la conducta punible genera la obligación de indemnizar los daños  materiales  y  morales  provenientes  de  la  misma, lo que se hace extensivo al  tercero  civilmente  responsable,  procediendo a continuación a cuantificar los  mencionados perjuicios.   

Al  respecto,  el  juzgador de primer grado  plasmó en el fallo las siguientes consideraciones:   

“En relación al  menoscabo  inferido,  habida  cuenta  que  el ilícito que ocupa la atención no  escapa  a  la  regla consagrada en los artículos 1494 y 2341 del Código Civil,  94  del  estatuto  de  las  Penas  y 46 de la Codificación instrumental de esta  materia,  puesto  que  es  evidente  el ocasionamiento de auténticos daños ora  materiales,  ya  morales,  el  Despacho  se ocupará en líneas siguientes de la  temática,  en apego a la prudencial facultad contenida en el canon 97 de la Ley  599  de  2000,  en  relación  a  la  indemnización moral, como que se trata de  perjuicio  no  valorable  pecuniariamente,  ya  que respecto a la indemnización  material,  deberá estarse a lo probado, al tenor del artículo 56 de la Ley 600  de   2000,   en   armonía   con   el   precitado   dispositivo   97.   

“…”.  

“Ahora,  en  consonancia  con  los  artículos 46 y 140 del C. P. P., 2347 y 2356 del Código  Civil,  en  orden  al  deber  de  cuidado  y guarda inherente a la condición de  copropietaria  del  rodante con el cual se ocasionó el desmedro de que se viene  hablando,  se  habrá  de  condenar  al  pago solidario de perjuicios al Tercero  Civilmente  Responsable, señora Olga Cristina Montoya  Castaño,  titular  del  cincuenta  por  ciento  del  derecho  de  propiedad  del plurialudido automotor (obsérvese certificación de  folio9  cuad.  parte  civil).  Al  punto,  de  interés resulta remembrar, en lo  pertinente,  el  contenido  de  la sentencia del 8 de febrero de 1994, proferida  por  la  H.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Civil:   

“‘En  el  ejercicio  de ciertas actividades peligrosas, como en el de  la  dirección  o  movimiento  de  una  máquina,  cuando  acaece  un  accidente  desgraciado  que  causa perjuicio a un tercero, este no tiene que comprobar sino  la  realización  de ese acto, del accidente, y nada más … en el ejercicio de  una  actividad  peligrosa,  y  tratándose de la responsabilidad del hecho de un  tercero,  no  basta  que el dueño de la máquina, por ejemplo, acredite que él  puso  el debido cuidado en la elección del conductor de aquella, porque si esto  se  extremara resultaría que ninguna empresa de riesgo, como una de trasportes,  respondería  por  los accidentes causados por la mala dirección o impresión o  negligencia    de   los   conductores’”.2   

Como  bien puede apreciarse, no obstante la  brevedad  de  las  consideraciones transcritas, las mismas contienen unas serias  reflexiones  que sustentan o motivan lo relacionado con la responsabilidad de la  tercero     civilmente     responsable,   señora   Olga   Cristina   Montoya  Castaño,  quien fue oportuna y debidamente vinculada  a  esta  actuación penal, y, en consecuencia, su obligación de pagar de manera  solidaria  los  perjuicios  materiales  y  morales  cuantificados  en  el  fallo  impugnado,  decisión que, a su vez, fue apoyada en jurisprudencia de la Sala de  Casación  Civil  de  esta  Corporación,  argumentos  que pese a ser sucintos o  concisos,  se  reitera,  resultan razonables, lógicos y acordes no solo con una  realidad  fáctica  demostrada  y declarada, sino que se adecuan a los preceptos  legales  que  regulan  la  materia,  aspectos  éstos  que  no  fueron objeto de  reproche  alguno  por  parte  del  libelista,  pues  guardó  total  silencio al  respecto  tanto  en  la  apelación  interpuesta  contra la decisión de primera  instancia, como en esta sede casacional.   

Por  su  parte,  como  bien  lo  precisa la  Procuradora     Delegada    en    su    concepto,3  el  Tribunal   encontró   ajustado  a  la legalidad  el  razonamiento  del      juzgador      de      primera      instancia,   “sin         que        fuera   imprescindible    repetir   el    sustento    de    la   condena   al   pago   solidario   de  perjuicios.   De    ahí    que  el   ad   quem   lo   que   hizo      fue      avalar      las     argumentaciones   expuestas     por    el    sentenciador    de   primera   grado”,  constituyéndose  este  pronunciamiento en parte inescindible  de  la  sentencia  proferida  en  el  presente  proceso,  aspecto que tampoco le  mereció al casacionista ningún tipo de reproche.   

Por  consiguiente, no se ajusta a la verdad  contenida  en  los  fallos  de  primera  y  segunda instancia la afirmación del  libelista,   según   la   cual   “no  dieron   siquiera     una     razón    por    lo    menos   enunciativa”  por  la  cual  se  condenó    a    su    representada    a    pagar   las   sumas   allí   indicadas  por concepto  de   daños     y     perjuicios,     pues    de    lo   observado    en   precedencia   se   colige   que   sí    hubo    tal    pronunciamiento,   el   que   si   bien no fue extenso o prolijo, en manera alguna permite colegir que la  sentencia  carece  de  motivación  en  cuanto  a  dicho tema, máxime cuando la  condena  solidaria  impuesta  al  mencionado sujeto procesal (tercero civilmente  responsable),  que  sin   haber cometido la conducta punible debe responder  conforme  a  las  leyes  civiles,  depende  exclusivamente  de la definición de  aspectos  relacionados  con  la  existencia  del delito y la responsabilidad del  acusado, asuntos que fueron debidamente demostrados en el proceso.   

De  otro lado, como se indicó, teniendo en  cuenta  que  cuando  se trata de responsabilidad indirecta o por el hecho anejo,  basta  para  su  declaración  demostrar  el daño causado, su atribución a una  persona  y  que  ésta  se hallaba al cuidado de otra,  siendo claro que en  este  caso  los  dos primeros aspectos fueron amplia y razonablemente analizados  por  el sentenciador, y que el último, si bien no fue objeto de consideración,  se  debió  a que nunca la tercero civilmente responsable, debidamente vinculada  al  proceso,  negó  el nexo con el conductor responsable de la conducta punible  imputada,  no  entiende  la  Sala,  ni  el demandante lo demuestra, dónde puede  estar, entonces, la falta de motivación.   

En    fin,   si   la   tercero    civilmente    responsable    nunca   alegó   que    no  tuviera   nexo   con   el   procesado,   o     que     no    tuvo    el    uso,    la   dirección   y  el   control   de   la  actividad   peligrosa   con  la  que  se  causaron  los hechos  materia  de  juzgamiento, centrando únicamente su argumentación a lo largo del  proceso  en que la culpa del resultado lesivo recayó exclusivamente en la menor  víctima,  aspecto  que  fue  ampliamente considerado por el sentenciador, quien  descartó  tal  hipótesis,  necesariamente  debe  concluir  la  Corte que no le  asiste  razón  al  casacionista, pues, se insiste, nunca argumentó respecto de  su   poderdante,   señora   Olga  Cristina  Montoya  Castaño, la concurrencia de alguna causal distinta a  aquella  que  la  liberara de su solidaria responsabilidad  indemnizatoria.   

En  consecuencia,  ante la inexistencia del  yerro alegado por el actor, el cargo no prospera.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

NO        CASAR  la  sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Permiso  

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                               JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS                                     

                                                                                                                

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                               JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA                                               Permiso                                                                                                                 

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

Permiso  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                           Secretaria     

1 Ver,  entre otras, casación 14647 del 25 de octubre de 2001.   

2  Páginas 15 y 16 de la sentencia de primera instancia.   

3  Páginas 10 y 11 del Concepto emitido por el Ministerio Público.     

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