24994(28-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24994  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta 133  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de mayo de dos  mil ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada  por el defensor de FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN  MAZA, contra el fallo del 29 de julio  de  2005,  mediante  el  cual  el Tribunal Superior de  Distrito   Judicial  de  Barranquilla,  confirmó   la  sentencia  adoptada  por  el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, el 11 de enero de 2005,  que  lo  condenó a la pena  principal     de     19     años     de     prisión,     como     autor       del      punible      de  homicidio.   

H   E   C   H   O  S   

El 31 de octubre de 2002, a las 11 p. m., en  inmediaciones  del  barrio 20 de julio, poste 166, en la ciudad de Barranquilla,  a  20  metros  de la circunvalar, fue hallado el cuerpo sin vida de NELVIS  FIGUEROA  ROMERO,  de 20 años de  edad,  quien fue ahorcada con un cordón de zapatos, encontrándose en embarazo.  La  investigación  determinó  que  momentos  antes  del deceso, ella se había  visto  con  FRANCISCO JAVIER GUZMÁN MAZA, persona  con la  que  sostenía  una relación sentimental y era el padre de su hijo.     

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 18 de julio de  2003,  la  Fiscalía 32, Unidad de Vida, Delegada ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito de Barranquilla,  dictó    resolución    de   acusación    contra   GUZMÁN   MAZA,  por el delito de homicidio.  Proveído  recurrido  por  la  defensa  técnica  y  confirmado,  el  3 de septiembre de 2003,  por  la Fiscalía 2 Delegada ante el Tribunal Superior  de Barranquilla.    

2. El 11 de enero de  2005,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,               condenó   a  FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN  MAZA,  como  autor   responsable   del   punible   de  homicidio,  a  la  pena  de  diecinueve  (19)  años  de prisión, por perjuicios materiales en tres millones  ($  3´000.00)  de  pesos  y morales en cincuenta (50) salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas por  un lapso de diez (10) años.    

3.   El  29  de  septiembre     de     2005,    el    Tribunal    de  Barranquilla,  en  virtud de la apelación sustentada  por  la  defensa   técnica, confirmó la sentencia proferida por el Juez de conocimiento.   

4.  Contra el fallo  de  segunda  instancia, el defensor del sentenciado presentó el correspondiente  libelo, que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Con  base  en  la Ley 600 de 2000, artículo  207,   el   libelista  planteó  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  “derivada  de  ostensibles errores de hecho (falsos  juicios  de  existencia  y  de  identidad) en la apreciación de diversos medios  probatorios  (art.  257,  277,  285,  286  y  287  del  Código de Procedimiento  Penal”.   Como   consecuencia   de  los  errores,  aplicó  indebidamente  los  artículos   2,   12,   25,   19°,  25  y  32-10  ibidem  (sic)”.     

Indicó    el   libelista   “que  tiene que casarse la sentencia demandada y proferirse en su  lugar,  sentencia  absolutoria”, porque su prohijado  no  intervino  en  la  muerte de NELVIS ESTHER FIGUEROA  ROMERO, y el Tribunal le dio un alcance que no tienen  a  los  testimonios  e  indicios,  dejando  de apreciar algunos documentos.   

El           primer  ataque lo sustentó refiriéndose  a   la  prueba  indiciaria,  citando  para  ello,  tratadistas y jurisprudencias en donde puntualiza los  conceptos  de  hechos  (conocidos  y  desconocidos);  a  su vez, se detuvo en la  inferencia  lógica  que  genera  certeza  o  probabilidad, para después hablar  sobre  el principio de unidad del hecho indicador y sus diversas modalidades, en  donde  “el  testimonio pueda servir de fuente… es  necesario  que  al someterlo a la crítica respectiva, no surja la menor duda de  imparcialidad  en  el  mismo;  es  indispensable  que  no se trate de un testigo  sospechoso,  interesado  en  las  decisiones del proceso. La menor duda sobre la  veracidad  de  su  dicho, destruirá la credibilidad e (sic) sus afirmaciones, y  por  consiguiente  no  podría  tenerse  como  plenamente  demostrado  el  hecho  punible…   si   el   testigo   es   tachado   de  parcializado”.   

Acto  seguido  se refiere a las reglas de la  experiencia,  las  clases de indicios (necesarios y contingentes), la inferencia  lógica;  para  después  ir  al  hecho  indicado  el  que entiende “una   vez   determinada   la  premisa  mayor  (la  regla  de  la  experiencia),  y  la  premisa  menor  (el  hecho  indicador),  a  través  de la  inferencia  lógica  (deducción)  obtenemos una conclusión, Esa conclusión es  el   hecho  indicado,  el  cual puede ser la existencia del hecho mismo (V.  Gr.  El  homicidio),  la  predisposición  del  imputado  para  realizar ciertas  actividades  (V.  gr. Calificación de su conducta), la intervención del delito  (V.gr.  sí  es  autor  material  o  participe  (sic) o la responsabilidad penal  (antijuridicidad y culpabilidad)”.   

Luego  aterriza  su discurso en el fallo del  Tribunal,  aludiendo  a  los indicios allí plasmados, determinando el libelista  que   el  hecho  indicador  “consiste,  en  que  la  información  brindada  a  la  justicia  por FRANCISCO  JAVIER   GUZMÁN  MAZA  no  contó  con el apoyo de sus testigos”; por  tanto, fue  “distorsionado”,  teniendo   en   cuenta   que   en  el  proceso  existían  otros  contraindicios  “que  destruían  su valor probatorio y apuntaban a  refutar las inferencias lógicas”.   

Luego,  se  explaya  el  libelista,  en  la  definición,  clases  y  efectos del contraindicio, para concluir con uno de los  tratadistas  por  él  citados que “la duda crecerá  si   se   prueban   contraindicios,  es  decir  que  conduzcan  hacia  el  hecho  contrario”,  porque  ellos  destruyen  “la  conexión causal que debe existir entre el hecho indicador y  el  hecho  desconocido,  al  introducir  factores  que  equilibran y refutan las  inferencias      lógicas     (aparentemente     incriminatorias)”.   

Afirmó el actor, además, que en el proceso  existen  “contraindicios  que  desvirtúan el hecho  indicador    y   su   objetividad”,   ellos   son:  (i)  “no  es  cierto  que  existan  divergencias” en las distintas versiones de  su  prohijado  en  la  investigación  previa  y en la indagatoria, “pues  en la primera lo que se llevó a cabo fue una declaración  jurada  y en la segunda, una injurada”, (ii)  aludió  a  la  existencia  de  la  “residencia”  donde se  encontraban     con    “frecuencia”     su     mandante     y     la    hoy    occisa,    (iii)  hay testimonios que demuestran que  FRANCISCO   JAVIER,   se  encontraba  a  la  hora  de  los  hechos  por los lados de su casa, (iv)  el  dolo, afirmó, siempre debe ser  “concomitante   con   la   realización   de   la  conducta”,  porque la circunstancia que FRANCISCO           JAVIER  y NELVIS, hubieran tomado caminos  diferentes,  “no  es indicio de que el primero haya  ultimado  a  la  segunda,  ni  lo  es  tampoco  el  estado  de  embarazo  de  la  víctima”.   

Sostuvo  el  demandante  que  las instancias  “por    no    haber   valorado   los   anteriores  contraindicios  que  se  oponían  a la objetividad del hecho indicador valorado  por   el   Tribunal,  se  le  dio  al  indicio  de  responsabilidad  una  fuerza  demostrativa que no tenía”.   

Identificó el segundo indicio con la prueba  de  paternidad  practicada  a  su  prohijado,  en  donde  también  se  dijo que  “son suyos los restos de piel en la uña de la mano  derecha  de la víctima”, sosteniendo que la segunda  instancia   se   equivocó  en  la  inferencia  lógica  respecto  del  dictamen  489-02-03-  DNA-RB;  porque  el  hecho  indicador  aducido por el Juez Colegiado  “no  cuenta  con  el  poder demostrativo que le fue  asignado”;    exteriorizando    que    un   claro  contraindicio   se  representó  en  la  necropsia  cuando  allí  se  dijo  que  “se  recolectaron  uñas  las  cuales  no arrojaron  presencia  de  tejidos”. Es claro para el actor que  sí  se  dijo  que  en  las  uñas  de la víctima no había tejido, entonces el  Tribunal  se  equivocó  categóricamente  al  realizar  la  inferencia lógica.   

Otro  contraindicio lo ubicó en el dictamen  de  lesiones  realizado  a  su  mandante en donde se manifestó que “lo  cual no quiere decir que la lesión descrita en el examinado  son  estigmas ungueales”, por lo que no eran huellas  de   uñas,   “no   podía   generar   indicio  de  responsabilidad alguno”.   

En   la  segunda  censura     se     refirió     a     “falsos   juicios   de  existencia”,  sobre  la declaración de EDGAR ENRIQUE VANEGAS TONCEL, porque el Tribunal no la  consideró,  a  fin  de  establecer  que  la  noche  de  los hechos “a  eso  de las 8:00 P. M. se encontraba cerca de su casa, prueba  que  pasó totalmente desapercibida”, manteniéndolo  en  el  error  aducido.  Esta  declaración  descarta  la autoría del delito de  homicidio,  teniendo en cuenta que el testigo “lo ve  en   un   sitio   distinto   a  donde  apareció  muerta  NELVIS”.   

La  incidencia que dedujo el libelista de los  errores mencionados, se puede resumir de la siguiente manera:   

a) La prueba de ADN,  citada     por     el     Tribunal,     solo     demuestra    la    “paternidad   del   feto   que   portaba   en   su   vientre   la  víctima”,  pero sobre los restos de la piel en las  uñas  “no lo pueden afirmar ya que el protocolo de  necropsia…    de    ninguna    manera   señala   la   presencia   de   dichos  restos”.   

b)  El  Tribunal  derivó  conclusiones  de pruebas que se contradicen, como son las declaraciones  de  VANEGAS  TONCEL,  MADIS  EMEL  SARMIENTO  y  JOSÉ  MORENO  SARMIENTO, en el  entendido  que  la segunda instancia generó una conclusión incongruente con la  realidad  probatoria,  al  edificar  el  indicio de responsabilidad sobre éstos  testimonios.   

c)  El  Tribunal,  producto  del falso juicio de existencia, supuso “la  circunstancia  exculpatoria  de la discusión previa en un sitio alejado a donde  fue  descubierto  el cadáver” y las contradicciones  entre   el   procesado   y   los  declarantes,  para  construir  el  indicio  de  responsabilidad;   es   por   ello  que,  una  correcta  interpretación  de  las declaraciones de MADIS EMEL  SARMIENTO,  JOSÉ  MORENO SARMIENTO y FRANCISCO JAVIER  GUZMÁN   MAZA,   “como  prueba  del  hecho  indicador  permite afirmar que de ellas no se desprenden las  conclusiones  a  que  llega el Tribunal, y de su contexto no es posible concluir  que    GUZMÁN    MAZA    sea    responsable    del  homicidio”.   

El Tribunal se limitó a decir que compartía  el  análisis de las pruebas que realizó el Juez, dejando de lado que en el sur  oriente  de Barranquilla, “es común que la gente se  ponga  cita” donde apareció el cadáver de NELVIS,  tampoco  se  indicó  en  los  fallos si por esos lados había un motel, como lo  dijo  su  prohijado, es por ello que “la colocación  de  la  cita ‘con la joven  NELVIS  en  un lugar y sitio inadecuado’  no  es  razón  suficiente  para  desechar  testimonio  alguno  y  abstenerse de darles credibilidad”.   

La   prueba  pericial,  fundamento  de  la  responsabilidad,   no   tiene  “la  virtualidad  de  demostrar   más   que   una  paternidad”.  Y,  los  contraindicios  destruyen  la  conexión  causal  entre  hecho indicador y hecho  desconocido,  también,  refutan  las inferencias lógicas, por lo que el actor,  vuelve  a  referirse  a  ellos, tal y como se resumieron atrás, concluyendo que  “con  base  en  todas  las  anteriores  pruebas, el  Tribunal  había debido revocar la providencia recurrida y en su lugar, proferir  sentencia     absolutoria,    pues    está    demostrado    que    FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN MAZA no fue el  autor   del   homicidio   investigado”.     

En otro apartado denominado por el libelista  “análisis  integral  de  los  otros  elementos  de  juicio   existentes   en   el  proceso  y  demás  argumentos  expuestos  en  el  fallo”, pretende demostrar, como lo viene afirmando  la   Corte  que  “los  fundamentos  probatorios  no  impugnados,   no   son   suficientes   para   mantener  el  fallo”;  es  por  ello,  que  los  otros elementos probatorios en los que  estructuró    el    fallo   el   Tribunal,   “son  exclusivamente  atientes  al  aspecto  objetivo  de  la tipicidad”,        refiriéndose        a        algunos:        (i)  acta  450,  la  cual  solo  permite  establecer       el      levantamiento      del      cadáver,      (ii)   declaraciones   de   LUIS  MIGUEL  QUINTERO  RIVALDO,  MARTHA  LUCÍA  RODRÍGEZ PÉREZ quienes hablaron de la cita  entre  víctima  y  sentenciado;  ANDREA  MILENA  FIGUEROA  ROMERO  acreditó la  identidad    de    su    hermana,   (iii)  protocolo  de necropsia: con ninguna de estas pruebas el Tribunal  derivó   responsabilidad,   todas   –en  su  concepto-  apuntan  a  la tipicidad, puesto que con la sola  demostración  de  la misma, “no es posible proferir  un   fallo   de   condena.   Por  tanto,  los  elementos  de  juicio  enunciados  anteriormente     no    sirven    para    mantener    el    fallo”.     

Solicitó,   en   consecuencia,  casar  la  sentencia  “y  disponer la absolución al procesado  FRANCISCO    JAVIER   GUZMÁN   MAZA   del  cargo  imputado  en  la  resolución  acusatoria, ordenando su  libertad inmediata e incondicional”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de      FRANCISCO     JAVIER     GUZMÁN  MAZA,   no   reúne  los  presupuestos  mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la jurisprudencia para  admitir  la  demanda, pues si bien, propone como punto de partida para lograr la  infirmación  del fallo de segundo nivel, la violación de la ley sustancial por  vía  indirecta  en  sentidos  de  falso  juicio  de identidad y falso juicio de  existencia,  con  fundamento  en  la  Ley  600  de  2000,  en  su  desarrollo  y  demostración  incurre  en  graves  fallas  que atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo o hipotético del censor para asegurar la demostración del  ataque propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  sobresalientes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al actor claridad suficiente en torno a los desatinos que presenta su  escrito.   

El    primer  desatino  del  censor,  se  presentó  al aducir como  causal    para    atacar   los   indicios  acreditados en instancias, el falso juicio de identidad, cando lo  correcto  hubiese  sido el falso raciocinio,  que  encara  una actividad demostrativa diversa, pues desde hace  más  de una década que la Sala distinguió por este sentido para debatirlos en  sede casacional.   

También  advierte   la   Sala   que   en   este   ataque  las  equivocaciones del actor son fatales:   

(a)  Basó  la  argumentación  en  apreciaciones  subjetivas,  como  aquella cuando afirmó que  “el      hecho      de     que     FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN  MAZA  y  NELVIS  ESTHER FIGUEROA ROMERO  se  hubieran  marchado  por  sitios  distintos, no es  indicio  de  que  el  primero  haya  ultimado  a la segunda, ni lo es tampoco el  estado  de  embarazo  de  la  víctima”; con lo cual  opone  su  particular  criterio  por  encima  de los falladores, sin que hubiese  mediado   ninguna   temática   casacional  para  concluir  como  él  lo  hizo.   

Véase  qué  afirmó  el Juez al respecto:  “ (…) la lógica en este caso es que el procesado  citó  a la joven a la entrada del barrio donde él vive, no con el argumento de  sostener  relaciones  sexuales con ella sino con el engaño de mirar unos lotes,  como  se  anota  en  el informe rendido por el CTI…, por dicho de las personas  que  convivían  con la occisa, MARTHA LUCÍA Y LUIS MIGUEL, y de allí llegaron  hasta  el  desolado  lugar,  en  donde  atentó contra su vida para deshacerse d  (sic)  la  carga  que la joven quería imponerle con un hijo que de acuerdo a su  dicho  ante  la  autoridad  judicial, tenía sus dudas de que fuera suyo por que  NEVIS  estaba con muchos hombres, pero con tan mala suerte que la víctima en su  afán  de defenderse dejó el rastro de sus uñas en el cuerpo del victimario, y  llevó  hasta las autoridades judiciales y científicas, en las mismas uñas, la  prueba  que delataría a su atacante, tejidos de la piel de este, arrancados con  la  única  arma  con la que contaba para defenderse1”.   

(b) Otra conjetura,  de  las  muchas  que  inundan  la  demanda,  es  cuando afirmó que “no  es  cierto  que  existan diferencias entre las explicaciones  dadas  por  el  procesado  durante  la investigación previa y lo que manifestó  después  en  su indagatoria, pues en la primera lo que se llevó a cabo fue una  declaración  jurada y en la segunda, una injurada”;  dejando  ayuna  la  fundamentación, pues con la sola mención diferencial entre  indagatoria  y  declaración,  jamás  resolvió el problema planteado, toda vez  que,  no  son  formales sino sustanciales las contradicciones que el Juez Plural  le   detectó   a   su   poderdante   –teniendo  la  obligación  el libelista de haberse inmiscuido en la  prueba  y,  a  su  turno,  relacionando su convergencia con las otras legalmente  aducidas-;  desde  luego,  es  imposible  que los juzgadores puedan discernir la  existencia  de  múltiples  incoherencias  respecto  a  las explicaciones de una  persona  con  la exclusiva presentación anodina, que una diligencia es jurada y  la  otra  no:  cuestión  absurda  e  inverosímil, entenderla de esa manera tan  particular.    

(c)  Al  aducir que existen criterios encontrados entre Medicina Legal y  el  Tribunal, dejó la censura sin desarrolló al excluir para tal fin las leyes  de  la  ciencia,  los  postulados  de la lógica o las reglas de la experiencia;  entendiéndose  que  sí los medios de prueba son sopesados en su potencialidad,  pero  se le estipula una fuerza de convicción que infringe los postulados de la  sana  crítica,  se quebranta el raciocinio que los funcionarios le aplicaron al  caso.   

(c) Al principio de  trascendencia  le  dio  un  enfoque  superficial,  conjugándolo  con  la  misma temática motivo de ataque,  influencia   con  la  cual,  no  demostró  lesividad  alguna  en  la  decisión  impugnada.    

(d)  No acreditó  las  supuestas  reglas  de  la  experiencia  que postuló; sin percatarse que el  falso  raciocinio con sólo  enunciarlo  no  se  vulnera;  además  de ello, es deber del actor demostrar, se  insiste,  que  las pruebas allegadas al proceso legítimamente, al ser valorados  por  los  falladores  en  su exacta dimensión fáctica, le asignaron un mérito  persuasivo   en   total   trasgresión   a   los   principios  enunciados.    

(e) Ahora bien: sin  que  se  entienda  que  es  una  respuesta  de  fondo,  sino  como  un ejercicio  pedagógico  que viene implementando la Sala, como una más de sus funciones, en  lo  atinente  a las uñas de la víctima, donde el libelista aseguró que existe  un  claro  contraindicio  el  cual  surge  del protocolo de necropsia, cuando el  médico  forense  manifestó  “SE RECOLECTARON UÑAS  LAS  CUALES  NO  ARROJARON  PRESENCIA DE TEJIDOS”, a  partir  de ahí, concluye el libelista que “se tiene  así  un  hecho  plenamente demostrado (la no existencia de tejidos en las uñas  de  NELVIS  ESTHER  FIGUEROA  ROMERO)  que permite concluir que FRANCISCO JAVIER  GUZMÁN  MAZA  no  tuvo  nada que ver en la muerte”.   

En esas precisas condiciones, lo único que  ilustra  el  actor, es su criterio aislado y genérico sobre el expuesto por los  juzgadores,  amén que no combatió la prueba como lo enseña la jurisprudencia,  dejando  otros medios de convicción correlacionados intactos, como por ejemplo,  aquella donde en un nuevo dictamen medicolegal se concluyó:    

“1. FRANCISCO JAVIER GUZMÁN MAZA Y NELVIS  ESTHER  FIGUEROA  ROMERO  (Protocolo de Necropsia 1014-2002) no se excluyen como  aportantes  de la mezcla de células encontradas en las uñas de mano derecha de  NELVIS  ESTHER  FIGUEROA.  Es  623 millones de veces más probable que FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN MAZA Y NELVIS ESTHER FIGUEROA sean los aportantes de la mezcla a  que   lo   sean   otros   dos   individuos  al  azar  en  la  población  de  la  referencia.   

“FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN  MAZA  no  se  excluye  como el padre biológico del individuo cuyos restos fetales analizamos.  Probabilidad    de    Paternidad:    99.999999%.    Paternidad    Prácticamente  Probada.   

“3.  NELVIS ESTHER FIGUEROA (Protocolo de  Necropsia  1014-2002)  no  se excluye como el origen de las células encontradas  en las uñas de la mano izquierda tomados a ella”   

Por  tanto, el patólogo forense que signó  el    acta    del    protocolo   de   necropsia,   informó   que   “se  recolectaron  uñas  las  cuales  no  arrojaron presencia de  tejidos”, tal y como lo afirmó el demandante, pero  olvidó,  a  su  turno,  entender  que  se  ordenaron  otros estudios como el de  tejidos  de uñas, alcoholemia, hemoclasificación y espermatozoides en vagina y  ano;      al      desconocer     tan     fundamental     prueba     –la  arriba  transcrita-  en la que se  concluye  que  623  millones  de  veces  se  tiene  la seguridad que los tejidos  hallados   en  las  uñas  de  la  víctima  corresponden  a   FRANCISCO  JAVIER  GUZMÁN  MAZA,  no  se  entiende  como  pretende  el  memorialista  sustentar  una  inocencia,  atacando  insustancialmente     otras     y     dejando     la    prueba    incriminatoria  inalterable.   

Habida  consideración,  tendrá  como meta  didáctica  el  demandante  determinar:  i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,  ii)  qué  infirió  de  él el juzgador,  ii)  cuál valor persuasivo  le   fue   otorgado,   iii)  indicar  la  regla  de  la  lógica  omitida  o  apropiada al caso, iv)   o   señalar   la  máxima  de  la  experiencia  que debió valorarse, con el objetivo de probar que el fallo motivo  de impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por  último,  es  deber  intelectual  del  libelista  mostrar  cuál  es el aporte científico correcto y, por supuesto, la  trascendencia  del  error,  para  lo  cual  tiene  que  presentar  un  nuevo panorama fáctico, contrario al  declarado  en  instancias;  el  que  no  se  equilibra con la cita de múltiples  tratadistas  y  de  jurisprudencia  que  se refiera a los indicios; olvidando el  modo,  la  forma y el procedimiento que debe alcanzarse para que el ataque tenga  por lo menos la virtualidad de ser estudiado de fondo.   

El           segundo desquicio, tiene relación con el  error    de    hecho    por    falso    juicio    de  existencia,  sobre  la  declaración  de EDGAR  ENRIQUE  VANEGAS TONCEL; ignorando  el  actor  que  los  fallos,  cuando  las  decisiones  no  chocan  o se excluyen  –condena   el  Juez  y  confirma  el  Tribunal,  por ejemplo- forman un solo cuerpo inescindible, con lo  cual,  el  libelista  deberá  tener  presente,  también,  la valoración a los  diversos  medios  probatorios  realizados  por  el  Juez,  si  es  que  pretende  imprimirle trascendencia a su ataque.   

Informó el funcionario de primera instancia  sobre  el  particular  que:  “el  dicho  de algunas  personas  traídas  a  la  investigación  para  corroborar  el  hecho de que el  testigo  llegó  a su casa a eso de las ocho de la noche del día 31 de octubre,  como  son  los  señores  ISABEL GUZMÁN, GUILLERMO FRNCO (sic) DÍAZ … CARMEN  PÉREZ  GRAU…  EDER  ENRIQUE  VANEGAS…,  en  nada desvirtúa las pruebas que  conducen  a demostrar que el procesado cometió el homicidio, pues el mismo tuvo  ocurrencia  muy  cerca  de la entrada al barrio en donde este vive, muy cerca de  donde  se  encontró  con  la ahora occisa, y muy bien pudo ejecutar la conducta  entre  las  7  y  7:30 p.m. y regresar a su residencia a la hora que indican los  testigos”.   

Como  el  medio  probatorio atacado sí fue  sopesado  por las instancias, además de los innumerables yerros que contiene la  censura,  tampoco  será  admitido;  sin  que amerite la demanda realizar alguna  explicación adicional sobre los errores percatados en ella.    

Casación oficiosa:  

Como   los   juzgadores   le   aplicaron  circunstancias   de   mayor   punibilidad  al  condenado,  de  las   previstas  en  el artículo 58 del  Código  Penal,  numerales 2 y 5, sin que tal proceder tenga correspondencia con  el  principio  de  congruencia  de la pena,  el  que  genera  su  legalidad,  toda vez que en la resolución   de  acusación  de  primera  instancia2   sólo   se   le   imputó   homicidio  simple y, en la decisión3  que  resolvió el recurso de  apelación  contra  la misma, en nada varió la calificación jurídica aludida;  por  tanto,  es  deber imprescindible de la Sala, toda vez que no fue denunciado  por  los  sujetos  procesales  ese  yerro-  que  afecta  derechos  y  garantías  fundamentales  contra  el  sentenciado FRANCISCO JAVIER  GUZMÁN  MAZA, entrar a subsanarlo tal y como se hará  en forma inmediata.   

Por tal razón, lo condenó a la pena de 19  años  de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones  públicas por diez (10) años y, por perjuicios morales, 50 smlmv.   

Respecto a la dosificación el Juez   Segundo   Penal   del  Circuito  de  Barranquilla,  indicó  que  “para  establecer las  penas  anteriores  se  tuvieron  en  cuenta las reglas consagradas en el código  penal,  artículos 54 a 61. Inicialmente se fijaron los extremos punitivos, 13 a  25  años;  luego  se  determinaron  los  cuartos,  y  en  razón  de  que  daba  concurrencia  de  circunstancias  de  menor punibilidad, los buenos antecedentes  del  procesado  a  quien  no les figura anotaciones por sentencias condenatorias  debidamente   ejecutoriadas,  con  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  numerales 2 y 5 del artículo 58, los motivos de ejecución  de  la  conducta  homicida  fueron abyectos, y se aprovechó la superioridad que  ejercía  el  victimario  sobre su víctima y las circunstancias del lugar donde  se  ejecutó  la  conducta, se ubicó el despacho en los cuartos medios, 16 a 22  años”.(Subrayado  fuera  de texto).   

Individualización de la pena:  

El     delito     de     homicidio  simple previsto en el artículo  103  del  Código  Penal,  consagró las penas cuyos mínimos y máximos oscilan  entre  13  a  25 años, resultando un ámbito de movilidad punitiva de 12 años,  el  que  a  su vez se dividirá en cuatro, donde 3, será la cantidad a aumentar  en  cada  cuarto  límite menor de pena: gráficamente se expone de la siguiente  manera:  pena  mínima = 13  años  y  pena  máxima = 25  años.  (25  – 13 = 12 / 4  = 3).   

      

        13  +                                       3                                      =  16;             16  +                                       3                                      =  19;                   19                         +                         3                         =  22;                22 + 3 = 25   

Mínimo  cuarto             

Segundo  cuarto             

Tercer  cuarto             

Máximo  cuarto  

Años:    13   a  16             

16,   1   día   a  19             

19,   1   día   a  22             

22,   1   día   a  25  

Teniendo   en   cuenta  que  19   años  es  el  extremo  máximo  del  segundo  cuarto, al excluir las circunstancias de mayor  punibilidad  previstas  en los numerales 2°  (ejecutar  la  conducta  punible por motivo abyecto, fútil o mediante precio, recompensa o  promesa      remuneratoria)     y     5°  (Ejecutar  la  conducta  punible  mediante  ocultamiento,  con  abuso  de  la condición de  superioridad  sobre  la víctima, o aprovechando circunstancias de tiempo, modo,  lugar  que  dificulten  la defensa del ofendido o la identificación del autor o  partícipe)  del  artículo 58 de la Ley 599 de 2000,  toda  vez  que  no fueron imputadas en la resolución de acusación; entonces la  pena   debe   ser  tasada  dentro  del  primer  cuarto,  porque  solo  concurren  circunstancias  de  menor  punibilidad.  (Artículo  55, numeral 1° del Código  Penal,    por   “la   carencia   de   antecedentes  penales”).   

Como   los   juzgadores  le  aplicaron  a  FRANCISCO    JAVIER   GUZMÁN   MAZA,   la    pena    de    prisión    de    19  años,  que  equivale  al extremo máximo del segundo  cuarto,   al  excluirse  las  circunstancias  genéricas  de  mayor  punibilidad  señaladas  y  respetando el criterio de los falladores, corresponde a 16 años,  que  es  el  límite máximo del primer cuarto, que en ultimas será la pena que  se impondrá.    

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E  S   U  E  L  V  E   

Primero:  inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de      FRANCISCO     JAVIER     GUZMÁN  MAZA.   

Segundo:   Casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  recurrido de fecha 29 de julio de 2005; en  consecuencia,  imponer a FRANCISCO JAVIER GUZMÁN MAZA,  la  pena  principal  de  16  años  de  prisión,  en  virtud de lo argumentado en  párrafos precedentes.   

Tercero:  Decretar  que  los  demás  puntos   jurídicos   de   la   sentencia  impugnada  se  mantienen  incólumes.   

Cuarto: Contra     la     presente    decisión    no    procede    recurso  alguno.   

Quinto:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                                            Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Ver  fallo primera instancia, folio 90, c. o., 2.   

2 Ver  folio  148,  c.  o.  1,  en  el  acápite  pertinente  se  dijo: “DE  LA  CONDUCTA.  En  el  caso  que nos  ocupa,  la  conducta  que se le imputa al procesado provisionalmente se adecua a  lo  descrito  en  el  Libro Segundo Parte Especial de los Delitos en particular.  Titulo  1°  Delitos  Contra  la  Vida e Integridad Personal, Capítulo Segundo,  Artículo  103  del  Código Penal, Homicidio que dice: “El que matare a otro,  incurrirá en prisión de trece (13) a veinticinco (25) años”.   

3 Ver  folio  3,  c.  o.  Segunda  Instancia,  allí  se  sostuvo  sobre el particular:  “RESUELVE.  Primero.  Confirmar,  en  efecto  se  confirma,  la  providencia a  través  de  la  cual  la  Fiscalía Treinta y Dos de la Unidad Especializada de  Vida,  Delegada  Ante los Jueces Penales del Circuito de Barranquilla, profirió  resolución  de acusación en contra del sindicado FRANCISCO JAVIER GUZMAN MAZA,  por  el delito de homicidio, en la persona de NELVIS ESTHER FIGUEROA ROMERO, por  las consideraciones de orden legal expuestas”.     

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