28245(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 28245  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  181   

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007)   

Decide  la  Corte  sobre  la  admisibilidad      o     no  selección de la demanda de casación  presentada  por  el   defensor de JOAQUÍN EMILIO  VÉLEZ  OSORIO  contra  la  sentencia  dictada  por el  Tribunal   Superior   de   Distrito   Judicial   de  Buga,  el  20  de  abril  de  2007,  que  confirmó la  expedida  por  el  Juzgado Segundo Penal Municipal con  funciones  de  Conocimiento  de  Cartago  (Valle),  el  8   de marzo de 2007.   

HECHOS  

El  24  de  febrero de 2007, en la ciudad de  Cartago,  fue  capturado en flagrancia JOAQUÍN EMILIO  VÉLEZ  OSORIO, después de haber asaltado a la señora  PAULA  ANDREA CELIS BUITRAGO  que  se  encontraba  en el restaurante denominado SOLO  PEZ,  a  quien se le acercó con un arma de fuego y la  requirió  por  las  llaves del vehículo Mazda Allegro, gris, de placa PEY-299,  ella  amedrentada,  se  las  entregó  y  el  hurtador  escapó  en  el  aludido  automotor, siendo retenido por la policía momentos después.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El  10  de  noviembre  de  2006, el Juzgado 37 Penal Municipal con  función   de   control  de  garantías,  (a) declaró la legalidad de la captura en  flagrancia  del indiciado, (b)  la   Fiscalía   le   imputó  el  punible  de  Hurto  (calificado      y      agravado),     (c)  se  le impuso medida de aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  la  residencia  del  procesado  y  d)      se     allanó    a    los  cargos.     

2.  La  Fiscalía  presentó   escrito  de  acusación,  por  el  cargo  único  mencionado,  a  su  turno,   el  Juzgado Segundo Penal Municipal con  funciones  de  conocimiento,  condenó  a VÉLEZ  OSORIO, como autor responsable del  delito  de  hurto (calificado y agravado)  a  la  pena  principal de treinta y siete (37) meses de prisión e  inhabilitándolo  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso de la pena principal.   

3.   La  defensa  técnica  de  los  sentenciados  interpuso recurso de apelación; alzada que fue  confirmada  por el Tribunal  de   Buga,   motivo  por  el  cual,  fue  objeto  de  impugnación  en  sede  de  casación.   

LA DEMANDA  

El libelista ataca el fallo de segundo nivel  en dos cargos, los que se sintetizan de la siguiente manera:   

1.  Por  la causal  primera  “inciso  2  del  art.  181  del Código de  Procedimiento   Penal,  por  incurrir  en  ostensible  y  manifiesta  violación  “FALTA  DE  APLICACIÓN, INTERPRETACIÓN ERRÓNEA O  APLICACIÓN   INDEBIDA   DE   UNA   NORMA   DEL  BLOQUE  DE  CONSTITUCIONALIDAD,  CONSTITUCIONAL  O LEGAL, LLAMADA A REGULAR EL CASO”.  Que  atenta  con  dicha violación a los art. 181 inciso, 2, numeral 1, y art. 4  –   6   –      16     351     –    inciso   1   del   código   de  procedimiento penal”.   

A  renglón  seguido  aseveró que el debido  proceso   es  la  “esencia  del  Estado  Social  de  Derecho”,  por  ende todas las decisiones judiciales  deben  apegarse  a  él  y, al principio de legalidad, que impone la observancia  absoluta  a  las  normas  instrumentales.  Se refirió, además, al postulado de  favorabilidad  distinguiendo  entre  allanamientos, preacuerdos y negociaciones,  para  concluir  que  en  punto  a  la  dosificación punitiva en los primeros se  tasará  con  base  en  el  artículo 61 del Código Penal; y en los segundos se  aplicará el sistema de cuartos.   

Por  todo,  el  principio  de favorabilidad,  cuando  se  aceptan  cargos,  no  se traduce en negociación alguna “ni   autoriza   al   fiscal   para   hacer   solicitudes   sobre  punibilidad”, ello le corresponde en forma exclusiva  al  Juez;  porque  el  allanamiento es un instrumento procesal que se identifica  con    una    “confesión    plena”.    Por   tanto,   en   su   “modesto  criterio”,  si una persona acepta responsabilidad se  “hace  acreedora por ese solo hecho a la rebaja del  50%  de  la pena a imponerse, pero si se le incrementa  la  pena  de  acuerdo  al  art.  14  de  la ley 890 de 2.004 prácticamente y en  términos  coloquiales  el  Estado está estafando a esa persona… porque no le  está  reconociendo  la  verdadera  rebaja… y esto es una violación al debido  proceso”.  (Subrayado  fuera de texto)   

Por  último,  se  refirió  al principio de  congruencia,    haciéndolo  depender a la determinación “del      quantum     de     la     pena,     por     aplicación  indebida…”   

Sobre       la       trascendencia  expuso  que  “de  haberse dado aplicación a los principios de la lógica y de  la  hermenéutica  jurídica,  la  construcción  de  la  sentencia que declaró  responsable  al  señor JOAQUÍN EMILIO VÉLEZ OSOSIO, este hubiese sido posible  su  confirmación  de  los 48 meses de condena, que inicialmente se profirió en  primera  instancia  por  principio  de favorabilidad constitucional y de derecho  internacional”;  solicitando  en consecuencia, fallo  de  reemplazo  fijando  la  pena principal en treinta y siete meses de prisión,  “por errónea interpretación en incremento de pena  de    que    trata    la    ley    890    art.    14   de   2.004”.      

2.   Lo   presentó   por   “manifiesta                violación                “DESCONOCIMIENTO  DEL  DEBIDO  PROCESO POR AFECTACIÓN SUSTANCIAL  DE   SU   ESTRUCTURA   O   DE   LA   GARANTÍA   DEBIDA   A   CUALQUIRA  DE  LAS  PARTDES.  Que  se  atenta  con dicha violación a los  Art.  29,  88 a 93 de la Constitución Nacional y art. 181, 308, 314 del Código  de Procedimiento Penal”.   

Citó para sustentarlo, jurisprudencia de la  Sala,  algunos  tratadistas  y  trascribió  en  gran parte el fallo atacado, en  donde  “se puede inferir con meridiana claridad que  el  desconocimiento…  del  ad-quem de no confirmar la prisión domiciliaria…  es  una violación… al principio de igualdad, proporcionalidad y al derecho de  libertad,  pilares  fundamentales  en donde descansa el principio constitucional  del debido proceso”   

Une los argumentos anteriores al principio de  favorabilidad,  al  expresar  que  él  se  aplicará  en  el nuevo ordenamiento  procesal    penal    “exclusivamente    para   la  investigación  y el juzgamiento de los delitos cometidos con posterioridad a su  vigencia”;   interpretación  que  se  “sujeta”   al  Acto  Legislativo  003  de  2.002 sin que pueda “una interpretación de  orden  legal – art. 314 de  la ley 906 de 2004- oponerse al precepto constitucional”.   

Concluye “que la  decisión  de confirmar la negativa de prisión domiciliaria… es… violatoria  al  derecho  de  la  libertad… igualdad… proporcionalidad…”.  Y que por favorabilidad el operador judicial tenía la obligación  de   “acogerse  al  art.  314  de  la  Ley  906  de  2004”, por ser una norma de efectos sustanciales, es  por  ello  que  su  prohijado  era  merecedor  al  beneficio  invocado,  por  su  “solvencia     social     y    moral    en    la  comunidad”.   

En  la trascendencia, informa que de haberse  aplicado  los  principios  constitucionales  a  su  mandante,  él  estuviera en  prisión  domiciliaria,  decisión  que  el  Tribunal  tenía  el deber de haber  confirmado;  por  tanto,  solicita se case la sentencia impugnada, en el sentido  que  se  le  respete “la sustitución de la prisión  intramural por domiciliaria”.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de  Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  de pena descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor  tenga presente lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  Código  Instrumental  Ley  906, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por  el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención debe ser el norte del libelista toda vez  que  él  integra  cuatro aspectos teleológicos que se traducen en el espíritu  de  la  censura:  i)  la efectividad del derecho material, ii) el respeto de las  garantías  de los intervinientes, iii) la reparación de los agravios inferidos  a   las   partes   y   iv)  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar  todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera   instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.1   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,   razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para  –de la  mano    con   ellos-   presentar   una   argumentación   trascendente,   habida  consideración  de compendiar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  que pudieron haber incurrido los falladores.   

Objetividad,  comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también son postulados que deben guiar el ejercicio intelectual  en  la elaboración de la demanda por el censor, a fin de demostrarle a la Sala,  el  motivo  por  el cual debe ser aceptada una determinada tesis jurídica o una  legal valoración de los medios probatorios.    

En repetidas oportunidades viene indicado la  jurisprudencia   que  i)  la  correcta  selección  de  la  causal,  ii)  el  interés  del actor, iii)   la   coherencia   de   los   cargos   aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    v)    el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.  Sostiene  el  demandante    que    el    fallo    de    segundo    grado    es    ilegal  toda  vez  que se vulneró la ley  sustancial  atendiendo  la  causal  primera  y tercera de casación. Siendo ello  así,  como  metodología,  la  Sala  examinará  los  cargos en bloque, dada la  inmensa confusión del demandante.     

El           primer  yerro  del  actor  consistió  en  confundir   la  vía  directa  con  violaciones  al  procedimiento  (errores  in  procedendo  con  vicios  in iudicando): una mixtura argumentativa de ese calibre  trae  como  consecuencia  insoslayable  la  vulneración  a  los  principios  de  autonomía  y  no  contradicción  de  las  causales  de  casación, en donde la  demostración  de  un  ataque no puede confluir con la sustentación de otro. Si  se  selecciona la vía directa, por ejemplo, debe existir un respeto irrestricto  a  los hechos y a los medios probatorios aportados al plexo probatorio como a la  valoración  que  de  ellos hubieren realizado los falladores, requiriéndose un  fallo  de  reemplazo,  lo  cual no acontece en un vicio alegado al procedimiento  –a  menos  que la nulidad  afecte  exclusivamente  la  sentencia-  donde se demuestra por qué es necesario  retrotraer la actuación.   

El           segundo  error  del libelista se desglosa  del  primero,  toda  vez  que,  alegó  violación al  debido  proceso  en  el cargo final cuando debería de  haberlo  propuesto  como  principal,  pues  al  prosperar  la  violación  a  la  estructura  conceptual  o  formal  del  proceso  no  tendría  sentido jurídico  adentrarse  en  el  estudio  de  los  cargos  subsidiarios.  Inclusive,  olvidó  reflexionar  sobre  los  principios de convalidación, trascendencia y finalidad  de  los  actos procesales, para demostrar las connotaciones de las vulneraciones  al  procedimiento,  pues  al mezclar  los cargos, no percibió la verdadera  dimensión  de  su  propuesta,  dejándola insustancial y sin ningún desarrollo  armónico.   

El    tercer  dislate    del   actor   es   manifiesto,  al  combinar  los  tres sentidos de la  vía  directa  en  un  mismo  plexo  argumentativo, desquicia los principios que  rigen  la  casación  atrás  aludidos;  habida  consideración  que el yerro de  interpretación  errónea no  se  compagina con los de aplicación indebida o falta de aplicación,   los  cuales  constituyen  vicios  de  selección  normativa  y, el primero, es un error de proyección del precepto en  su  sentido  hermenéutico,  luego  la  escogencia  de  él  por el juzgador fue  acertada.   

El           cuarto equívoco fue el haber agrupado en  un  mismo  contexto  lógico  institutos jurídicos de antagónica acreditación  como  el  de  igualdad,  favorabilidad,  legalidad,  congruencia,  sin que en su  motivación   estuviera   precedida   de  una  coherente  propuesta  casacional.   

El           quinto  error  consistió en realizar una  variedad  de juicios hipotéticos, los cuales no probó, contra lo aseverado por  las  instancias,  como  cuando  afirmó  que  el  allanamiento es un instrumento  procesal  que  se  identifica  con  la  “confesión  plena”  o  que  al  incrementar   “la  pena  de  acuerdo  al  art.  14  de  la  ley  890  de  2.004  prácticamente  y  en  términos coloquiales el Estado  está  estafando  a  esa persona… porque no le está  reconociendo  la  verdadera  rebaja…  y  esto  es  una  violación  al  debido  proceso”.  Retrotrayendo  su  discurso  a  la prueba  tarifada,  por  un  lado,  y en contra, por otro, de la legislación vigente, al  afirmar  que  el  Estado  estafa  a  los  procesados con la ley que aumentó las  penas,  y que por ello, no se le debe aplicar a su mandante. Es desde luego, tal  propuesta  una  simple y emocional premisa propia de instancias que no encierra,  en sí misma, ninguna sustancialidad.    

El           sexto  equívoco  tiene  que  ver  con la  trascendencia   al   indicar   que   debió   atemperar   el  caso  “los   principios   de   la   lógica   y   de  la  hermenéutica  jurídica”,  con  lo  cual  trascendió su ataque al  falso raciocinio, el que jamás proclamó ni desarrolló.    

El   séptimo  error  residió  en  haber  realizado la demanda, y en  especial  el  cargo  principal,  bajó   una  apreciación  fatal,  la cual  consistió  en que él creyó que a su poderdante lo habían condenado a la pena  principal  de  48  meses, es por ello, que solicitó que se redujera a 37 meses;  pero  su descuido es abrumador al precisar el Tribunal que confirma el fallo del  Juez,  en  donde  condenó  a  JOAQUÍN EMILIO VÉLEZ  OSORIO,   “a   la  pena  principal  de   treinta  y  siete  (37)  meses  de prisión”.   

El           octavo  yerro  lo  hizo  depender  en  la  sustentación  de  la  violación  al  debido  proceso,  al confundir en un solo  cuerpo  los vicios de estructura con los de garantía; el beneficio requerido de  prisión  domiciliaria  no  se  acopla  a  la causal seleccionada sino a la vía  directa;  los principios de la lógica que dice se omitieron hacen parte de otra  causal,  la favorabilidad que reclama quedó en el solo enunciado como los otros  institutos jurídicos que nombra.   

Los fallos emitidos por los funcionarios que  administran  justicia  están  amparados  por  la doble presunción de acierto y  legalidad  y,  como  tal, no se pueden derrumbar con simples alegaciones propias  de  instancias, menos aún sobre hipótesis o al proponer tesis por fuera de los  cánones  de  la  lógica;  si  ello  es  así,  lo único que se verifica es un  latente   desconocimiento   de   los   postulados   que   sustentan  el  recurso  extraordinario  de casación. Es por el contrario, un ejercicio dialéctico, que  supone  una  arremetida  objetiva  contra  los  fallos de instancia –si  no  se  oponen  en sus decisiones-  para  tratar  de  demostrar  los  yerros que han debido ser detectados y con los  cuales  el  fallo  del Tribunal, sería ilegal o injusto según los lineamientos  jurisprudenciales.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio     de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio lógico-argumentativo que  tiene   una   regulación  prevista  por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,      con      el      propósito     de     que     no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se  hubiese  presentado una  motivación  coherente  con  la propuesta casacional, circunstancia por la cual,  la   Sala   de   Casación   Penal   de   la  Corte,  inadmitirá   la   demanda   presentada  a  favor  de  JOAQUÍN EMILIO VÉLEZ OSORIO.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir  o no  selección  de  la  demanda  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado,  pero que  para  tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse  para            su            aplicación2,      como      pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda de casación, con el fin de que reconsidere lo  decidido.  También  podrá  ser  provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  EN  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  JOAQUÍN EMILIO  VÉLEZ  OSORIO,  por  las razones aducidas en la parte  motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente   decisión   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                       

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                       JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

         Secretaria   

    

1 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

2 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.     

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