27681(25-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27681  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado acta N° 130  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de julio de dos  mil siete (2007).   

V  I  S  T  O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado CARLOS  ARMANDO  BARRERA HERRERA, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá D.  C.,  el 2 de octubre de 2006, mediante la cual confirmó la que había proferido  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, el 18 de mayo de  2004,   condenándolo   como   autor   responsable   del   delito  de  homicidio  culposo.   

H E C H O S  

El ad quo los resumió así:  

“De acuerdo con la acusación, los hechos se  contraen  a  que  el  22  de  mayo/01,  a las 11:30 p.m., aproximadamente, en el  carril  rápido  de  la  avenida  Boyacá  frente  el  número  13  –  75 (Telas Lafayette), antes del cruce  para  cambiar  de  calzada, el automotor de placas BHF-569, conducido por CARLOS  ARMANDO  BARRERA  HERRERA,  colisionó  con un vehículo de tracción animal, lo  cual  produjo la muerte del menor JOSÉ ALEXANDER MARTÍNEZ ECHAVERRI y lesiones  a  la  menor  DIANA  MILENA  MARTÍNEZ ECHEVERRI y ERNESTO LÓPEZ CANDELA, todos  pasajeros del último”.   

ANTECEDENTES  

1.  Con  sentencia del 18 de mayo de 2004, el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Bogotá D. C., condenó a CARLOS  ARMANDO  BARRERA  HERRERA,  a  las  penas  principales de 24 meses de prisión, multa de $1.000.00 y suspensión del  oficio  de  conducir  vehículos por 12 meses, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por igual término fijado  como  pena  privativa  de  la  libertad,  al  pago  de perjuicios a favor de los  sucesores  del  occiso  José  Alexander  Martínez Echeverri y, le concedió la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena de prisión, como autor  responsable  del  delito  de  homicidio culposo, que la Fiscalía instructora le  había  imputado,  según resolución de acusación que quedó en firme el 26 de  septiembre  de  2002,  cuando  se  admitió  el  desistimiento  del  recurso  de  apelación que contra dicha decisión se había interpuesto.   

2. Dicho fallo fue apelado por el defensor del  acusado,  y el Tribunal Superior de Bogotá D. C., lo confirmó en su integridad  mediante  la  sentencia  inicialmente  señalada  que  fue  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el mismo togado, cuya revisión  ocupa a la Corte.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   

El  censor argumenta que acude a la casación  excepcional,  conforme  con  lo dispuesto en el artículo 205.3 de la ley 600 de  2000,  para  que  se  garantice  a  favor  del acusado el derecho fundamental de  presunción   de  inocencia  que  resultó  desconocido  con  la  sentencia  del  Tribunal,  y  formula  como  único  cargo  contra  ésta,  el  de  violación indirecta de la ley sustancial,  originado  en  un error de hecho por falso juicio de identidad, que conllevó la  conculcación  de  los artículos 109 de la ley 599 de 2000 y 7, 232 y 238 de la  ley 600 de 2000.   

Señala,  que  el  ad  quem  al  apreciar  el  dictamen  de  medicina legal “se alejó de las reglas  de  sana  crítica  …  al  tergiversar  el contenido material …, pues puso a  decir  lo  que  no  dice,  le  cambió  su  contenido  material, la distorsionó  completamente”,   ya  que  lo  aceptó  literalmente  cuando  advierte  que  el  acusado  se  desplazaba  a  una  velocidad de 54 a 63  kilómetros  por  hora,  esto  es,  dentro  de  la  velocidad  permitida  en  el  perímetro  urbano,  no obstante lo cual destaca, sin que el peritaje lo dijera,  que  lo  hacía  a  alta  velocidad  y  concluye  que violó el deber de cuidado  – imprudencia –  generador  de  la culpa, sin atender  que  la  presencia  del  vehículo  de tracción animal constituía una evidente  trampa  para  cualquier  automotor,  por  no  llevar  dispositivos luminosos que  permitieran  avistarlo,  con  lo  cual  aduce que el accidente se produjo por un  caso fortuito o fuerza mayor.   

Estima,  que  de  haberse  valorado en debida  forma  la  prueba  pericial,  la  absolución del procesado era la decisión que  debía  adoptarse,  solicitando, en consecuencia, casar la sentencia para que se  profiera la mencionada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Conforme   a   los   últimos   desarrollos  jurisprudenciales1,  en  el  presente  asunto  el  recurso   procede  por  vía  de  la  casación  común, como quiera que el  delito  de  homicidio  culposo  por  el  cual se condenó al señor CARLOS          ARMANDA          BARRERA         HERRERA,  cuya  pena  máxima  es  de 6 años de  prisión,  acorde  con  la  legislación  tenida  en  cuenta  por  favorabilidad  (artículo  329  del  Decreto  100  de  1980),  se  consumó  antes de entrar en  vigencia  la  ley  600  de  2000, por ende, la casación estaba gobernada por lo  dispuesto  en  el  artículo  35  de  la Ley 81 de 1993, conforme al cual podía  accederse  al recurso extraordinario respecto de sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los Tribunales Superiores de Distrito Judicial, por delitos que  tuvieran  señalada pena cuyo máximo fuera igual o superior a seis (6) años de  prisión.   

En    consecuencia,   como   el   recurso  extraordinario  interpuesto procede por la vía ordinaria, la Sala se ocupará a  continuación  de examinar si la demanda presentada para sustentarlo se ajusta o  no a las exigencias que la ley procesal prescribe.   

En  principio debe decirse que la demanda de  casación,  como  se  sabe,  no  es  un  escrito de libre formulación en el que  puedan  plantearse  todo  tipo  de  inquietudes, perplejidades, contradicciones,  incoherencias  o  errores que advierta el actor o le suscite el fallo de segunda  instancia,  sino  que debe cumplir con las exigencias de logicidad, coherencia y  demostración  necesarias  a fin de desvirtuar la doble presunción de acierto y  legalidad  con  que  las sentencias acusadas arriban a esta sede extraordinaria,  razón  por  la  cual  la  ley  establece  los  requisitos que forzosamente debe  cumplir  el casacionista, a fin de que el recurso no se convierta en una tercera  instancia  y  los  yerros  imputados  resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los recurrentes en casación.   

Por ello, la demanda que sustente el recurso  de   casación   debe   caracterizarse   por   permitir   colegir  sin  temor  a  equivocaciones  los  yerros  en  que eventualmente incurrieron los juzgadores de  instancia,  por  lo  que el reproche a la sentencia acusada debe ser de objetiva  comprensión,  dado que, así lo exige la naturaleza y alcance de las normas que  rigen el recurso extraordinario.   

La  violación indirecta de la ley, que es la  vía   escogida   para  atacar  el  fallo  del  ad  quem,  según  la  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala,  hace  referencia  a  los  errores  en que puede  incurrir  el  juzgador  en  la  apreciación  probatoria, siempre y cuando ellos  conduzcan  a  la  equivocada declaración del derecho material en cuanto deja de  aplicar  determinado  precepto  o  por  aplicarlo  indebidamente.  Esta clase de  desacierto  se  presenta  por errores de hecho o de derecho; los primeros cuando  el  juez  ignora  una  prueba  que obra válidamente en el proceso o supone como  existente  una  que   no ha sido incorporada (falso juicio de existencia) o  cuando  distorsiona  o  tergiversa  su contenido fáctico atribuyéndole efectos  que  no  se  derivan  de  ella  (falso  juicio  de  identidad),  y los segundos,  hacen    referencia  a  que  el  fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a un medio de convicción allegado irregularmente al proceso o   desconoce  y  niega alcance probatorio  a pruebas válidas (falso juicio de  legalidad),   o  le asignó un valor probatorio distinto al establecido por  la  ley  o  le  negó  el  que  legalmente  se  le ha conferido (falso juicio de  convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas  al  proceso, la sentencia habría sido de distinto contenido, nada  de lo cual cumple el demandante.   

De  acuerdo con el libelo, el error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en  que  incurrió el juzgador en la tarea de  valoración  que  le  es propia, se originó en que supuestamente tergiversó la  prueba  pericial que dictaminó acerca de la velocidad a la que se desplazaba el  rodante   conducido   por  el  acusado  la  noche  en  que  ocurrió  el  suceso  investigado,   sin  embargo,  plantea  el  actor  que  ello  tuvo  lugar  porque  “hizo    una   falsa   apreciación”,  dado que el contenido del dictamen no permitía concebir, como lo  hizo  el Tribunal, que el acusado se desplazara a alta velocidad y, por ende, no  podía  imputársele  imprudencia  alguna ante la colisión y sus consecuencias,  pues  ésta  se  origina por caso fortuito o fuerza mayor, dado que el vehículo  de   tracción   animal  ningún  elemento  luminoso  portaba  como  para  poder  distinguirlo  la  noche  de  autos,  constituyéndose, en trampa  y peligro  para la seguridad de los demás vehículos.   

Así,  según  el  demandante,  el yerro del  fallador  estriba, básicamente, en haberle otorgado mérito a determinado medio  de  convicción,  equivocada  o  indebidamente,  con  lo  cual  se  evidencia la  impropiedad  del  cargo  escogido  para  censurar  el  fallo,  ya que la censura  esgrimida  necesariamente  debe  derivar  de  una  equivocada  percepción de la  prueba  en  la  medida  en  que  se  distorsiona  o  se  falsea  su contenido  objetivo  para hacerla decir lo  que  materialmente no expresa, por lo que resulta imperioso que en la demanda se  aduzcan  los razonamientos del juzgador sustento de su decisión de condena, por  cuanto   de   allí   emerge   el   acto  de  valoración  cuestionado,  aspecto  trascendental omitido por el casacionista.   

Emerge,  entonces,  es el afán del actor por  oponer  su  particular  valoración  de  la prueba contra la efectuada por el ad  quem,  como  si  la  sola  presunción  de  ser  más  razonable  su postura sea  suficiente  razón para estimar que se ha detectado un error de hecho, cuando lo  cierto  es  que  resulta  indispensable  con  tal  objetivo, enseñar los graves  atentados  contra  las  reglas  de  la  experiencia, la lógica, la ciencia y el  sentido  común  en que incurre el fallador, conforme con las previsiones de los  artículos  237 y 238 del C. de P. Penal, todo lo cual brilla por su ausencia en  el libelo.   

La  Sala  tiene  dicho  sobre el tema, que el  examen  crítico  que  de  esos  elementos  de  persuasión efectúa el fallador  siempre  resultará prevalente frente al que realiza el sujeto procesal, a menos  que  éste  demuestre  que  el raciocinio de aquél está afectado de errores de  hecho  o de derecho verdaderamente trascendentes, dada la presunción de acierto  y  legalidad  que ampara la sentencia y que el casacionista debe desvirtuar para  que  la  demanda  tenga  vocación de prosperidad, por lo que la demanda deviene  inepta  por  no  satisfacer  las  exigencias  formales previstas en el artículo  212.3  del Código de Procedimiento Penal, situación que conlleva a que la Sala  disponga  su  inadmisión  con  la consecuente declaración de la deserción del  recurso,  ya  que  tampoco  se  observa  de  la  revisión  de  la actuación la  presencia  de  ninguna  de  las  hipótesis que permitirían a la Corte obrar de  oficio de conformidad con el artículo 216 ibídem.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala De Casación Penal,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   en  nombre  del  procesado  CARLOS   ARMANDO   BARRERA   HERRERA.  En  consecuencia    se    DECLARA   DESIERTO el recurso.     

2.-  Contra  esta  decisión no procede recurso alguno.   

COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                         

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                           MAURO    SOLARTE    PORTILLA               

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Autos  16/02/2005 Rad. 23006 y 20/06/2006 Rad. 25090     

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