27636(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27636  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 109  

Bogotá, D. C., junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisión o no  de   la   demanda   de  casación  dirigida  por  el  defensor  de  HERNÁN  DARÍO  ÁLVAREZ  CANO, contra la  providencia  del  9  de  marzo  de  2007, por cuyo medio el Tribunal Superior de  Medellín  se  inhibió  de  desatar,  por  carencia  de  interés jurídico, el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  mismo  sujeto  procesal contra la  sentencia  del 18 de enero de 2007, a través de la cual el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de  la  citada  ciudad  condenó  al  procesado,  por el trámite  abreviado  del  allanamiento  a  los  cargos, a la pena principal de 65 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autor responsable del delito de  acto  sexual  violento  con  menor de 14 años agravado, en concurso homogéneo.   

HECHOS  

Los  resumió  atinadamente  el  juzgador de  primera instancia en los siguientes términos:   

“Luego de finalizada su jornada académica,  en  las  horas  de  la  tarde del martes 10 de octubre de 2006, la menor DANIELA  GALEANO  PANIAGUA,  como  de  costumbre,  se  disponía  a  ingresar a su residencia, ubicada en la calle 48D,  demarcada  con  el No. 120F 65, apartamento 111, barrio San Javier La Loma de la  ciudad de Medellín.   

          No  obstante, cuando se aprestaba a cruzar el umbral de entrada, fue  sorprendida  por  un  vecino quien, valiéndose de su fuerza física, tomó a la  menor  y  la hizo penetrar a la morada, situación que fue percibida por algunos  habitantes  de  la zona, los cuales se dieron a la tarea de golpear la puerta de  ingreso, en aras de verificar lo que estaba sucediendo al interior.   

          De  esa  manera,  al  cabo  de  algunos  minutos,  en  virtud  de la  insistencia  de  sus  vecinos, pudo la menor escapar de la presión ejercida por  el  agresor,  permitiendo el ingreso de las personas que se encontraban fuera de  la vivienda.   

          Una  vez  al  interior  de la misma, se pudo verificar la presencia,  camuflado  debajo  de  una  cama, del señor HERNÁN DARÍO ÁLVAREZ CANO, quien  fue  señalado  por  la  menor  como  la  persona  que  minutos  antes la había  despojado  de  sus  prendas  de  vestir,  manipulando  con las manos su vagina y  frotando el miembro viril en sus glúteos.   

          Puesto  en  conocimiento  lo  sucedido,  aprovechó la menor Galeano  Paniagua,  para  advertir  que  cinco  días antes, esto es, el 5 de octubre del  presente  año,  el mismo ÁLVAREZ CANO, valiéndose de que esta se encontraba a  solas  en  las  afueras de su casa, la condujo hasta un cafetal y allí ejerció  similares prácticas libidinosas”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  Por  solicitud de la fiscalía, el 12 de  octubre  de  2006  el  Juzgado 19 Penal Municipal de Medellín, con funciones de  control  de  garantías,  realizó  audiencia preliminar encaminada a obtener la  expedición  de  orden  de captura en contra del entonces indiciado HERNÁN  DARÍO  ÁLVAREZ  CANO,  en  cuyo  desarrollo     el    funcionario    judicial    ordenó    librar    la    orden  solicitada.   

2. Capturado el prenombrado, se celebraron el  13  de  octubre  siguiente  ante  el  Juzgado  31  Penal Municipal, también con  funciones   de   control   de  garantías,  sendas  audiencias  preliminares  de  legalización  de  la  captura,  formulación  de  imputación  e imposición de  medida  de  aseguramiento.  La  primera  de  esas decisiones, ante la apelación  interpuesta  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el Juzgado Quince Penal del  Circuito.   

3.  Durante  la  audiencia  de  imputación  realizada  el  13  de  octubre  el procesado se allanó a los cargos, admitiendo  así su responsabilidad en el acaecer punible atribuido.   

4.  El  30  de  noviembre de 2006 el Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito llevó a cabo audiencia de verificación del escrito  de  acusación,  en cuyo desarrollo aprobó el acuerdo y anunció la emisión de  fallo  condenatorio, decisión que, luego de que las partes conciliaran el monto  de  los  perjuicios, profirió el 18 de enero de 2007, contra la cual la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  impugnación  que provocó la adopción del  pronunciamiento   del   Tribunal  Superior  de  Medellín  materia  del  recurso  extraordinario   de  casación  que  concita  la  atención  de  la  Sala.    

LA  DEMANDA   

          El  actor  cuestiona  la  decisión  del ad  quem  con  apoyo  en  la  causal primera de casación,  señalando   que   la   misma   violó   directamente  la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea,  al  no  guardar  consonancia  con los requisitos que  demanda la correcta dosificación de la pena.   

          El    sustento   del   reproche   lo   circunscribe   al   siguiente  párrafo:   

          “…  Con  todo  respeto  la  defensa considera que el señor juez  Peal  (sic)  del Circuito de Medellín, se excedió en sus funciones al proferir  el  fallo  de  instancia,  pues  profirió  la  sentencia anticipada solicitada,  emitiendo  un  fallo en total desacuerdo con los principios consagrados para una  correcta  dosificación  punitiva. Como podemos ver en la actuación procesal de  imputación  que  originó  la medida de aseguramiento no (sic) corresponde a la  acusación  y  no  tuvo  en  cuenta  la  circunstancia  de  atenuación punitiva  consagrada   en   la   legislación,  al  haberse  resarcido  integralmente  los  perjuicios   que  fueron  por  la  suma  de  un  millón  quinientos  mil  pesos  ($1.500.000  m.l.),  lo que estima la defensa suficiente para predicar dentro de  una  dosimetría de la pena inferior a treinta y seis (36) meses de prisión, lo  que  en  consecuencia,  allanándose a los requisitos objetivos establecidos por  la  ausencia  de  antecedentes que registra mi representado lo hará acreedor al  subrogado penal”.   

          Con  ese  fundamento  pidió  casar  la  sentencia  y,  en su lugar,  proferir   “fallo  de  acuerdo  a  los  lineamientos  consagrados  en  el artículo 61 del Código Penal, condenando al señor ALVAREZ  CANO,   a   la   pena   racional   que   en  derecho  corresponde”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Si  el recurso de casación, a términos de  lo  establecido  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, bajo cuya égida se  ritúa  la  presente  actuación,  procede  contra  las sentencias proferidas en  segunda   instancia,   la   invocación   de   dicho  mandato  legal  bastaría en este caso como argumento  para   declarar   inadmisible   la   impugnación   extraordinaria,  por  cuanto  al   decidir  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  inhibirse de conocer de fondo acerca de la apelación  interpuesta  por  la  defensa, por ausencia de interés jurídico para recurrir,  esa    providencia    habría    adquirido    el   carácter   de   auto,  según  los  dictados  del  numeral  2º  del  artículo 161  ibídem.   

No      obstante,      imperioso  resulta  señalar  que  la  naturaleza  jurídica de una  providencial   judicial   no   la   dan  las  expresiones  que  se utilicen en ella ni su apariencia formal,  sino  el  contenido  sustancial  de la misma. En otras  palabras,   serán   los   fundamentos   fácticos  y  jurídicos  con  apoyo  en  los  cuales  se adopta la  decisión   lo   que   determine   si   se  trata  de  una  sentencia  o  de  un  auto.   Y   esos  mismos  fundamentos     serán     los    que    permitirán    también    establecer  si  una providencia contiene  pronunciamientos  con  esa doble condición, posibilidad que ha sido contemplada  por   la   Sala,   según  así  se  advierte  en  la  providencia    del    20    de   abril   de   20051,  en  la  cual  se  expresó:   

“Debe aceptar la Sala que como con acierto  lo  anota  el  Ministerio  Público,  el  hecho  de  que  en  el mismo proveído  formalmente  entendido  se haya decidido el recurso extraordinario de casación,  profiriéndose  el  fallo  respecto de los acusados y, así mismo, declararse la  improcedencia  de  la cesación de procedimiento por prescripción de la acción  penal  relativa  al  delito  de  rebelión,  no  significa  que  de acuerdo a su  naturaleza  permanezca igual para las dos clases de decisiones, dado que, la que  se  abstuvo  de  declarar  extinguida la acción penal no puede equipararse a un  fallo,    pues    se    trata   de   una   decisión   motivada   de   carácter  interlocutorio.   

         Así   ha   sido  reconocido  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  de esta Corte, al señalar que aunque es práctica  usual  en  los  estrados  judiciales  “que por razones de economía procesal, se  incluyan  dentro de una misma providencia decisiones de carácter distinto, como  ocurre  cuando  en  un  proveído interlocutorio se ordenan pruebas, o cuando en  una  sentencia  de  instancia  se  decretan  nulidades parciales o se declara la  extinción  de  la  acción  penal  por  un  delito  o  respecto  de  uno de los  procesados,  sin  que  ello traduzca modificación de la naturaleza jurídica de  la   decisión  de  menor  entidad,  la  cual  continúa  definiéndose  por  su  contenido,  conforme a la clasificación que de las providencias judiciales trae  el    artículo    179   del   Código   de   Procedimiento   Penal”2.   

Pues bien, en el caso que ocupa la atención  de  la  Corte,  se  observa que, ciertamente, la mayoría de las inconformidades  planteadas  por  el  apelante  estaban dirigidas a cuestionar aspectos sobre los  cuales  éste  carecía  de  legitimación, como el predicar la no existencia de  prueba  demostrativa  del  hecho  ocurrido  el  5  de  octubre    de    2006,    a    cuyo    amparo    se    edificó    el    concurso   homogéneo.   

En  ese  sentido,  resulta  claro  que  la  inhibición   pronunciada  por  el  Tribunal  para  conocer  de  fondo  de  esos  aspectos   adquirió  el  carácter  de  auto,  pues  no  se decidió “sobre el  objeto  de  proceso”, como  lo  señala el numeral 1º del artículo 161 arriba citado cuando define qué se  entiende por sentencia.   

Empero, no puede pasarse por alto que en la  apelación  el  recurrente  también planteó una especie de incongruencia entre  la  sentencia de primera instancia y el allanamiento,  al  argumentar  que  el  acusado  actuó convencido de que solamente aceptaba el  hecho  ocurrido  el  10 de octubre de 2006,  mas  no el  acontecido    el    5    de   octubre   del   mismo  año.  E,  igualmente,  exteriorizó  disenso  por no  concederse rebaja de pena, pese a haberse reparado los perjuicios.   

Es más, se tiene  que  el Tribunal se pronunció expresamente acerca del  primero      de     esos     argumentos, y es así como luego de verificar los  registros  de  las  audiencias, arribó a la conclusión de que el procesado sí  aceptó  el concurso homogéneo por razón del cual se  le condenó en primera instancia.   

La  congruencia  entre  la  acusación y la  sentencia   constituye  una  garantía  fundamental  del  procesado,  acuñada  en  aquella otra de  carácter  genérica  denominada  debido  proceso,  pues  busca  evitar  que  se le sorprenda con cargos que no conoció o frente a los cuales no  tuvo oportunidad de pronunciarse defensivamente.   

La     Corte    viene    predicando  la  existencia  de  interés jurídico del acusado o su  defensor   para   recurrir  por  vía  de  apelación  e,  incluso  mediante  la  casación,  la  sentencia  obtenida  a  través  de  cualquiera de las formas de  terminación    abreviada    establecidas    en    el    nuevo   sistema   penal  acusatorio,  si  se  trata  de la vulneración de los  derechos  fundamentales.  Así  lo señaló en la sentencia del 20 de octubre de  20063, en cuanto en ella se dijo:   

“Es  de  la  esencia  del  proceso  penal  acusatorio  que  un juez imparcial decida en un juicio público con inmediación  y  controversia  probatoria  acerca  de  la responsabilidad del procesado, en el  contexto  de  un  sistema  que  da  cabida,  de  una parte, a la aplicación del  novísimo  principio de oportunidad, y de otra, a trámites que permiten decidir  anticipadamente  sobre  el  objeto  del  proceso  sin controversia probatoria ni  juicio.   

“La  aceptación de cargos es precisamente  una  de las modalidades de terminación abreviada del proceso, que obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia  mediante  el  consenso de los actores del proceso  penal,  con  miras  a  que  el  imputado  resulte beneficiado con una sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de imponérsele si el fallo se profiere como  culminación  del  juicio  oral,  de  una parte, y de otra, que el Estado ahorre  esfuerzos y recursos en su investigación y juzgamiento.   

“En  tal  actuación  y  en  el  marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos  de  un  acto unilateral del procesado, que decide allanarse a los que le  fueron  formulados  en la audiencia imputación con el fin de obtener una rebaja  significativa     en     el    quantum    de    la    pena     –como  ocurre  en este caso–,  no  hay  lugar  a  controvertir con  posterioridad  a  la  aceptación  del  allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad  del  comportamiento,  o  a  aducir  causales  de  justificación o de  inculpabilidad.   

“En otras palabras, luego de que el Juez de  control  de  garantías  acepta el allanamiento por encontrar que es voluntario,  libre  y  espontáneo,  no  es posible retractarse de lo que se ha admitido y el  Juez  de  conocimiento  debe  proceder  a  señalar  fecha  y  hora  para dictar  sentencia  e individualizar la pena (artículos 131 y 293  de la ley 906 de  2004).  En  consecuencia,  es  incompatible  con  el  principio de lealtad, toda  impugnación  que busque deshacer los efectos del acuerdo o la aceptación de la  responsabilidad.   

“Por   lo   mismo,   y  es  una  primera  conclusión,    la    demandante   carece  de interés para controvertir en sede de  casación  (y  desde luego también en las instancias)  aspectos   relacionados   con   el   injusto   y   su  responsabilidad.   En   consecuencia,   la  Corte  se  abstendrá   de   considerar,   por   esas   razones,  el  tercer  cargo  de  la  demanda.   

“Ahora  bien,  si  la  aceptación  de los  cargos  corresponde  a un acto libre, voluntario y espontáneo del imputado, que  se  produce dentro del respeto a sus derechos fundamentales y que como tal suple  toda  actividad  probatoria  que  permite  concluir  más  allá  de  toda  duda  razonable  que  el procesado es responsable de la conducta, el Juez no  tiene  otra  opción  que  dictar sentencia siendo fiel al marco  fáctico   y   jurídico  fijado  en  la  audiencia  de  imputación.   

“De ello se sigue una segunda conclusión:  el   procesado   tiene  facultad  para  discutir  en  apelación   y  posteriormente  alegar  en  casación  la  vulneración  de  sus  garantías  fundamentales, el quantum de la pena y los  aspectos  operacionales  de  la misma, aspecto éste último que le está vedado  controvertir     a     quien     preacuerda  con  la  fiscalía  los términos de su responsabilidad y el  quantum  de  la  pena,  siempre  y cuando el Juez, como le corresponde, los haya  respetado   (inciso   4  del  artículo  351  ley  906  de  2004)”    –se  subraya en esta ocasión-.   

Así    las    cosas,    a  pesar  de  no aparecer expresa en la  providencia  del Tribunal la doble condición de auto  y  sentencia,  es  claro  que  la  misma contiene  fundamentos  que  le  asignan  también  esa última naturaleza jurídica, de suerte  que   imperioso  resulta  admitir  que  contra  ella  sí  procede  el  recurso  de  casación,  razón  por  la  cual pasará la Sala a examinar si la demanda  instaurada  por el defensor del acusado reúne los presupuestos legales exigidos  para su admisión.   

El actor formula un único cargo y lo apoya  en  la causal primera de casación prevista en el artículo 181 de la Ley 906 de  2004,   es   decir,   violación   directa   de  la  ley.    Del  desarrollo del reproche,  a  pesar  de  la  forma  deshilvanada como lo redacta,  se  alcanza  a  inferir  que  su  pretensión  es  aducir  la  inconsonancia  de  la  imputación  aceptada  por el procesado y la sentencia de  primera    instancia    y,    además,    el    hecho    de   no  tenerse  en  cuenta  la circunstancia de atenuación prevista en la ley cuando se reparan  los perjuicios.   

La    fundamentación   del   reproche  es     desastrosa.  El   impugnante   aduce  violación  directa de la ley, por interpretación errónea de la norma, pero no  precisa  cuál  es  la  disposición  sobre  la cual  recayó   el  yerro  que  denuncia.  En  la  demanda  solamente  hace  mención  al  artículo  61  del  estatuto punitivo,  pero  no  para  significar  que  esa norma fue la indebidamente  interpretada  sino  para  solicitar  que  la pena se dosifique de acuerdo con su  contenido.   

Además, tampoco podría entenderse que la  errónea  interpretación  se  predica  del  artículo  61  en  cita,  pues  esa  disposición   no   regula   el   aspecto   relacionado   con   la  consonancia  entre  la  acusación  y la sentencia ni contempla  la  circunstancia atenuante  que    echa    de   menos   el   censor.   

De    otra    parte,    resulta  evidente  que  el cargo debió  postularlo   por   vía  de  la  causal  segunda  de  casación  de  la  Ley  906  de  2004,  esto  es, por desconocimiento del debido  proceso. En primer lugar, por cuanto el tema      relacionado     con     la     incongruencia,   como  quedó    visto    atrás,    involucra    la    violación    de   dicha             garantía  fundamental.   

Y  en segundo lugar, porque el Tribunal no  se  pronunció  sobre  el  aspecto  atinente  a  la  argumentada presencia de la  circunstancia  atenuante  por indemnización de perjuicios, omisión que habría  implicado  una  falta  de  motivación  constitutiva  también, en principio, de  quebrantamiento del debido proceso.   

Adicionalmente,  se  tiene  que  la  fundamentación que ofrece el  impugnante  para  sustentar  el  cargo  es  realmente  deficiente.  Primero,  porque  no  señala  en qué  sentido  se  produjo la incongruencia que predica. Y  segundo,  por  cuanto  no  indica tampoco cuál es la  disposición  que contiene la circunstancia atenuante  no  reconocida,  ni mucho menos la trascendencia del  yerro   del   juzgador  de  segundo  grado  al  omitir  pronunciarse  sobre  ese  aspecto.    

Para  establecer el fundamento fáctico de  la     incongruencia     aducida     tiene  la Sala que remitirse a la reseña procesal que efectuó el  casacionista  en  el  respectivo capítulo del libelo  o    a    los    argumentos    planteados  en el recurso de apelación. Sólo así viene a saberse que,  al  parecer, la inconformidad estriba en haberse  emitido  el fallo por concurso  homogéneo,  a  pesar  de  que el acusado únicamente  habría   aceptado  los  hechos  ocurridos  el 10 de octubre de 2006, mas no los sucedidos el 5 anterior.   

Pero  es claro que el recurso de casación  no   tiene  tal  carácter  informal,  al    punto   de   tener   la   Corte  que   entrar   a   suplir   las   deficiencias  del      impugnante,      complementando      la  demanda  para darle cabal  entendimiento,  pues  el  artículo 183 del estatuto  procesal  penal  de 2004 le exige al censor redactar el libelo de manera precisa  y  concisa,  señalando  las  causales  invocadas y sus fundamentos.   

Lo  anterior no  obsta  para  que  la Sala, tal como lo establece el inciso tercero del artículo  184  de la Ley 906 de 2004, supere en un caso determinado los defectos que acuse  la  demanda  en  orden  a  decidir  de  fondo,  cuando  así  lo recomienden los  “fines  de  la  casación,  fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia planteada”.   

Sin embargo, es  tan  deciente la formulación del cargo, que no hay manera de realizar un juicio  en  tal  sentido.  Por  lo  demás, se tiene que los cuestionamientos del censor  carecen  por  completo de  fundamento,  al punto de resultar imperativo concluir  que  en  este  evento  no  se  precisa  del fallo de  casación para cumplir algunos de los fines del recurso.   

Lo último anotado, por cuanto,    de   una   parte,   al        examinarse   los  registros  de  las  audiencias  celebradas  durante el trámite procesal, surge claro  que  la imputación sí comprendió los hechos ocurridos el 5 de octubre de 2006  y  que frente a ellos también el procesado manifestó su aceptación voluntaria  e incondicional.   

Y  de  la otra, porque ninguna norma legal  consagra   circunstancia   de   atenuación  específica  como  consecuencia  de  repararse     los  perjuicios  en  casos  de delitos sexuales, amén de  que  la  genérica  contemplada  en el numeral 6º del artículo 55 del estatuto  punitivo   fue   tácitamente  considerada  por  el  juzgador  de  instancia  al  seleccionar el cuarto mínimo de movilidad para dosificar la pena.   

          Así,  pues,  como  la demanda acusa las graves falencias que se  han  precisado,  se impone de plano su inadmisión, sin  que,  por  lo  demás, se advierta en la actuación o  en  el  fallo  reprochado,  violación de derechos o garantías del acusado  que impusieran el ejercicio de  la    facultad    oficiosa    que   sobre   el   particular   le   confiere   el  legislador  a  la  Sala,  con  el  fin  de procurar su  protección.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación4,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  – siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda de casación  interpuesta  por  el defensor de  HERNÁN   DARÍO   ÁLVAREZ   CANO,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con   lo   dispuesto   en   el   inciso    segundo    del    artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la   misma  procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

         

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Rad.  20005.   

2  Sentencia de julio 3 de 1996.   

3 Rad.  24026.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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