27475(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27475   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá  D.C.,  junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).    

VISTOS  

Examina la Sala el cumplimiento de los bases  jurídicas,  lógicas y argumentativas del libelo de casación presentado por el  representante    de    la    víctima,   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  29  de enero de la anualidad que transcurre, por cuyo  medio  confirmó la dictada por el Juzgado Primero Penal Municipal con Funciones  de   Conocimiento   de   la   misma   ciudad,   que   absolvió  a  JOSÉ  DAVID RODRÍGUEZ PEÑA del delito de  utilización indebida de información privilegiada.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  acontecer fáctico que dio sustento a la  presente  actuación,  fue  compendiado  por el fallador de segundo grado, de la  siguiente forma:   

“La presente investigación se inició con  ocasión  de los hechos ocurridos el 6 de enero del año que avanza (2006,   se   aclara)   según   denuncia  formulada  por  la señora Gleisser Blufstein, en calidad de representante de la  compañía  Propter  &  Gamble,  y  en contra de uno de sus ex empleados, el  señor   JOSÉ   DAVID  RODRÍGUEZ  PEÑA,  quien  estaba   comercializando  información  reservada  de la empresa, consistente en el contenido de preguntas  y  respuestas de exámenes de admisión, documentos que sustrajo aprovechando el  cargo  que  desempeñaba  en  el área de recursos humanos.  La querellante  tuvo  conocimiento  de  estos  hechos,  por  información  que le suministró un  empleado  el señor José Daniel Eduardo Márquez Correa, a quien el imputado le  ofreció  los  documentos  que  contenían el examen de admisión a cambio de un  celular,  por  lo  que se dispusieron a verificar la información, sugiriéndole  al  informante  que  le  siguiera  el  juego  al  acusado,  por  lo que grabaron  conversaciones  y  el  día  que  se  dispuso  la  entrega de los documentos, la  policía  dio  captura  al  señor  JOSÉ  DAVID RODRÍGUEZ PEÑA”.             

Con sustento en los hechos anteriores, el 11  de  enero  de  ese  mismo  año,  se  llevó a cabo audiencia preliminar ante el  Juzgado  53  Penal  Municipal con Funciones de Control de Garantías de Bogotá,  durante  la  cual se legalizó la captura de RODRÍGUEZ  PEÑA.  En  la  misma  oportunidad,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el  delito  de utilización indebida de información  privilegiada, a la cual no se allanó el procesado.   

El  7  de  febrero siguiente, el ente fiscal  presentó  escrito  de  acusación  por el mismo delito imputado en la audiencia  preliminar,  la  cual ratificó posteriormente durante audiencia de formulación  de  acusación  ante  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento de Bogotá.   

El  mencionado  despacho  judicial,  una vez  agotó  el  trámite  de las audiencias preparatoria y de juicio oral, profirió  sentencia  de  primer grado el 15 de noviembre de 2006, por cuyo medio absolvió  a    JOSÉ    DAVID   RODRÍGUEZ   PEÑA del cargo por el cual fue acusado.   

          Impugnada  la  sentencia  de  primer  grado  por  el apoderado de la  víctima,  el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó, mediante providencia de  fecha  enero  29  de  2007,  decisión  contra  la cual el mismo sujeto procesal  interpuso  recurso  extraordinario de casación, a través de demanda sobre cuyo  cumplimiento  en  punto de las bases jurídicas, lógicas y de argumentación se  pronuncia ahora la Sala.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación contemplada en el  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, el actor interpone un único cargo con  fundamento  en  que  “el Tribunal Superior de Bogotá  incurrió  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial, por interpretación  errónea   (error   de   sentido)   del   artículo   258   de  la  Ley  599  de  200”.   

Comienza por indicar el actor que dicho yerro  se  configuró  por  haberse  absuelto  a  JOSÉ DAVID  RODRÍGUEZ  con  el  argumento  de que su conducta era  atípica,  en  tanto  no ostentaba la calidad de sujeto activo y la información  divulgada era de conocimiento público.   

          Sobre  ese particular, estima que el error a que hará referencia se  comprueba  luego  de  revisar  los  registros  de  las  audiencias  “por   las   dos   vías   que   ya  se  anunciaron”,  lo  cual  lo  conduce  a  abordarlas  por  separado  “demostrando   en  cada  una  de  ellas  como  la  interpretación  errónea   de   la   ley   hizo   que   el   fallador  violara  directamente  la  ley”.   

          De  ese  modo,  en  primer  lugar,  se  refiere  a  la  “ausencia   de  sujeto  activo”,   respecto  de  lo cual recuerda que la sentencia fue concluyente en el sentido de  que  el  acusado  no  era  “empleado” para  el momento de comisión de la conducta, toda vez que se había  desvinculado  desde  el  mes de enero de 2005 “y que,  en  ese  sentido,  le  era  imposible  configurar  el  delito  de  sujeto activo  calificado”.   

A   juicio   del   actor,   la   anterior  interpretación  resulta  “aislada  e  incompleta”  y,   por   lo   tanto,  incorrecta,  además  de  que  “deja  desprovisto el bien jurídico tutelado que el  legislador   quiso   proteger   con  la  descripción  gramatical”.   

Lo  anterior, sostiene, porque si se revisan  los  antecedentes  del delito por el cual se acusó al procesado se tiene que la  referencia  a  ser  empleado  o  directivo  o  miembro de una junta u órgano de  administración  de  cualquier  entidad  privada  “se  funda  es en el hecho de que sólo dentro de estos roles se puede tener acceso a  las  entidades  que se maneja la información privilegiada y, en ese sentido, al  ser  ellas  las  personas que se advierten vulnerables frente a la delicadeza de  su  información  sensible,  se  les  protegen  para  que  abran sus puertas sin  temor”.               

          Por  consiguiente, reitera que como el objetivo de este delito es el  de   proteger   el   bien   jurídico,   en   cuanto  se  entiende  “que  esa  información, que la ley llama privilegiada, representa  un  activo  cierto  para  su  titular… cuando una persona natural o jurídica,  decide  tener  un  voto de confianza con un tercero y le permite compartir de su  expectativa  razonable de intimidad, lo mínimo que espera a cambio (y a futuro)  es  una  fidelidad  del  receptor de la información privilegiada”.   

          Así,  prosigue,  la  información que se la facilita a personas que  gozan  de  confianza,  la  cual se traduce en permitirles acceder a determinados  cargos  “no puede ser traicionada más adelante, así  ya  no  ostenten  esa  posición  privilegiada  que  le  permitió  acceder a la  información”.   

Tras  realizar  un  parangón con el sistema  puertorriqueño,   destaca  que  sería  inconcebible  pensar  en  un  empleado,  directivo  o  miembro  de  junta  directiva  u  órgano  de  administración  de  cualquier  entidad  privada  que  no  tuviera  la  obligación  de fidelidad que  garantice la información confidencial de su negocio.   

Lo  anterior  le permite concluir que, en el  caso  concreto, la empresa confió en el acusado información privilegiada, a la  que  tuvo  acceso  dentro  del  círculo  interno de su expectativa razonable de  intimidad,  con  lo  cual se demuestra que el sentenciador incurrió en error de  interpretación  del  artículo  referido.  Si no hubiera recaído en dicho  error,   agrega,   “hubiera   comprendido   que  lo  verdaderamente  trascendente  para  este  delito, desde sus antecedentes, era el  hecho  de  que  la  información  hubiese  sido adquirida dentro de un relación  privilegiada  que  el  código  delimitó  en  cuanto  a  empleado o directivo o  miembro  de  una  junta  directiva  u  órgano  de  administración de cualquier  entidad  privada, pero que una vez adquirida en virtud de esa calidad, no podía  traicionar”.   

Acto  seguido,  aborda el tema relativo a la  publicidad  de  la  información,  respecto  del  cual  comienza por indicar que  “el error de interpretación es tan de bulto, que se  explicará muy brevemente”.   

En   relación   con   el   argumento  del  ad  quem en el sentido de que  la  información no era confidencial en tanto que los cuadernillos de los que se  apropió  el  acusado  habían  sido  conocidos  por  todos  los  aspirantes que  realizaron  los exámenes y que, por ende, el carácter de confidenciales había  desaparecido,  manifiesta  que  se  trata  de  una  interpretación “vacía  de  espíritu jurídico”, pues  no  comprende  el verdadero alcance de la publicidad, a partir de su significado  acorde  con  la  definición  que  trae el Diccionario de la Real Academia de la  Lengua Española.   

Sostiene  que el hecho de que se repartieran  los  cuadernillos  a  los  candidatos  cuando  iban  a  presentar  el  examen no  implicaba,  bajo  ninguna  circunstancia, que pudieran  distribuirlos  al público “de hecho, ni siquiera se  les  permitía  (ni  directa  ni  indirectamente)  transcribir  el contenido del  cuadernillo”, lo que califica la interpretación que  cuestiona no sólo como desacertada, sino también malintencionada.   

Finalmente,  acota  que  si  no  se  hubiera  incurrido  en  la  violación directa de la ley sustancial que atribuye al fallo  impugnado,  no  se  hubiera concluido que la conducta del procesado es atípica,  por  lo  que solicita casarlo y, en su lugar, condenar al procesado JOSÉ   DAVID  RODRÍGUEZ  PEÑA  por  el  delito por el cual se lo acusó.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

En   orden  a  establecer  si  la  demanda  presentada  por  el representante de la víctima cumple los presupuestos legales  para  ser  admitida,  oportuno  se  ofrece  hacer  remembranza de los prepuestos  exigidos en la Ley 906 de 2004 en ese sentido:   

Así,  se  tiene  que  de conformidad con la  preceptiva  del  inciso  segundo  del  artículo  184 de dicha ley, “no  será  seleccionada, por auto debidamente motivado que admite  recurso  de  insistencia  presentado  por alguno de los magistrados de la Sala o  por  el  Ministerio  Público,  la  demanda  que  se  encuentre en alguno de los  siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de sustentación,  o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del   recurso”  (subrayas  fuera de texto).   

A  su  vez,  el  artículo  183  del  mismo  estatuto,  prescribe  que el recurso extraordinario de casación se interpondrá  “mediante  demanda  que  de manera precisa y concisa  señale    las    causales    invocadas    y    sus   fundamentos”.   

Con  sustento  en las anteriores preceptivas  legales,  se  colige  que  los  cargos contenidos en una demanda de casación, a  efecto  de que sean admitidos por la Corte, han de ser expuestos al abrigo de la  lógica  y  acompañados  de una adecuada argumentación a través de la cual se  evidencie  la  necesidad  de  adoptar  pronunciamiento de fondo con el objeto de  cumplir  alguno  o  algunos  de  los  fines  para  los  cuales se ha previsto el  recurso,  a  los  que  taxativamente  se  refiere  el artículo 180 ibídem,    esto    es,    la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación de los agravios inferidos a estos y la  unificación de la jurisprudencia.   

De esa forma, puede suceder, entonces, como  ya    lo    ha    dicho   la   Sala   en   repetidas   oportunidades,  que  aun cuando el cargo exhiba  una  fundamentación lógica, coherente y entendible, si de  la  argumentación  propuesta se extrae que no se precisa del fallo para cumplir  con  alguno  de dichos fines  del           recurso           extraordinario,  está  facultada  para  abstenerse  de  admitirlo, en desarrollo de lo normado  en la última parte del artículo 184 del estatuto procesal.   

Esa  es la situación que ocurre en el caso  concreto,   particularmente    en   cuanto   a   la  propuesta   contenida  en  la  primera  parte    del    único   cargo        del       libelo,  concerniente  al  cuestionamiento  que  se  construye  en  derredor del   alcance   jurídico  que  para  el  casacionista  debe  tener  la calidad de sujeto activo  del  delito  de utilización indebida de información  privilegiada  sancionado  en  el artículo 258 de la Ley 599 de 2000,  con  miras, según dice, a  una  real  y  efectiva protección del bien jurídico protegido,  interpretación.   

Sin      embargo,      ocurre   que   aun  cuando  el     reparo     es     absolutamente  comprensible  por  cuanto atiende a la lógica en la  presentación  de  las  ideas  y  goza  de  adecuada  argumentación,  de  su  contexto  no  se  infiere  la  necesidad   de   proferir   el   fallo,  dado     que     la     propuesta    allí    contenida,    como  acertadamente    lo    destacaron    unánimemente    los    sentenciadores   de  instancia,  quebranta de manera evidente el  principio  de  legalidad,    como   quiera   que   el  tipo  penal expresa un cualificación cerrada que no admite una  extensión    como    la   que   propone el actor.   

En  ese  orden  de  ideas,  importa  denotar  que aunque la  argumentación del libelista apunta a  poner   de   manifiesto  que  al dejar por fuera de la represión contenida en  el  aludido tipo penal a los  sujetos  que  han  perdido  la condición de empleados, directivos o miembros de  juntas  u órganos de administración de cualquier entidad privada, en  quienes  eventualmente  permanecería  latente   el   deber   de  confidencialidad  con  relación  a  la  información  privilegiada         que         obtuvieron por  razón  de  su  posición y que incluso la revelación  de    esos   asuntos   puede   ocasionar   perjuicio  concreto     a    los  dueños de la información,  también   lo  es  que  el  legislador,  considerando  la  forma como se encuentra  redactado  el  tipo  penal,  no  estimó  que una tal  conducta   ostente   carácter  delictivo.   

Sobre el particular, conviene precisar que  el  Derecho Penal no se ocupa necesariamente de todos  los      comportamientos    antijurídicos,  por  lo  que  una  crítica  de  esa factura, podría decirse,  encuadra  más      como      crítica     al  legislador,  quien  dentro de su amplio espectro  de configuración delictiva,  no   previó   como  tal  una  conducta  que, desde  el     punto    de  vista       del  censor,  tiene  el mismo  grado  de  lesividad  al  bien  jurídico que la de  los  sujetos  calificados descritos en el tipo penal,  lo   que   no  comporta  necesariamente  yerro de interpretación del   fallador  que  pueda  remediarse  por  la vía que ofrece el recurso extraordinario de  casación.     

Es por eso mismo  que,  ante  la  propuesta  del  actor, la Sala no ve  la  forma,  aún  aceptando en gracia de discusión  el  argumento  referido,  de  acceder a su prédica  sin    vulnerar    un    postulado    de     la     magnitud     del     principio    de    legalidad de los delitos y de las penas.   

Situación  diversa  se advierte en lo que  atañe  a la propuesta contenida en la segunda parte de la censura, en la que el  actor     antes    que    orientar    el  ataque  a  demostrar  que  el  sentenciador incurrió en error  cuando                  interpretó  alguno  de  los  elementos  del  tipo  penal, discute  sobre   la  valoración  de  los  hechos,  actitud  con  la  cual  desborda  los  parámetros de la causal que invoca para derrocar el fallo.   

En  efecto,  aunque  en principio se podría  pensar  que  el  motivo  de  la controversia planteada por el actor radica en el  alcance  que  el juzgador otorgó a uno de los elementos de la conducta punible,  específicamente   a  que  la  información  obtenida  y  divulgada  no  fue  de  conocimiento  público,  lo cierto es que se reduce a la valoración de un hecho  concreto  que  de  acuerdo con los sentenciadores tuvo esa connotación, como lo  fue  el  dar  a  conocer  unas  cartillas entregadas durante la práctica de los  exámenes  realizados  para  ingresar  a la empresa constituida como víctima en  esta  actuación,  valoración que no puede ser cuestionada a través de la vía  elegida por el censor.      

             En efecto, ha dicho la Sala y ello  tiene  plena  validez  frente a la regulación que del recurso extraordinario de  casación  trae  la  Ley  906  de  2004,  que  la  violación  directa de la ley  sustancial  dice  relación  con  el  yerro  en  que incurren los sentenciadores  cuando  a  partir  de  la ponderación de los hechos objeto de juzgamiento, esto  es,  sin  discutirlos,  y  de  las  pruebas legal y oportunamente allegadas a la  actuación,  dejan  de  aplicar  o  aplican indebidamente la disposición que se  ocupa de la situación en concreto.    

A  ello se llega, en el primer evento (falta  de  aplicación o exclusión evidente) cuando yerran acerca de la existencia del  precepto  y,  en el segundo (aplicación indebida) cuando realizan una equívoca  adecuación  de los hechos probados a los supuestos que contempla el precepto, o  le  atribuyen a la norma un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  se  proponga, el yerro de los  juzgadores  debe  recaer  necesaria  e  inmediatamente  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  traslada  el debate a un ámbito estrictamente jurídico, ya  sea  porque  se  deja de lado el precepto regulador de la situación específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  un precepto estructurado con  supuestos   distintos   a   los  establecidos  o  bien  porque  se  desborda  la  intelección  propia de la disposición aplicable al caso concreto, todo lo cual  exige  como  punto  de  partida,  como  se  ha  reiterado,  la aceptación de la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias  e  inmodificable  dentro  del  proceso.   

También  ha  sido  puntualizado  que  si el  desacuerdo  se predica de la actividad probatoria y su ulterior ponderación por  parte  de  los funcionarios judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada es  la  indirecta,  que  corresponde  a la causal tercera consagrada en el artículo  181  de la Ley 906 de 2004, dado que la infracción a la ley sustancial se lleva  a  cabo de manera mediata, de conformidad con las diversas modalidades de error,  esto  es,  de  hecho  o de derecho, en que pueden incurrir los sentenciadores al  proferir  la  sentencia  que define el objeto de la relación jurídico-procesal  evidenciada dentro de un determinado proceso.   

A través de la censura objeto de estudio se  observa  que  si  bien  el  casacionista plantea la violación directa de la ley  sustancial,    su    queja    no    es    de    índole    jurídico–conceptual,     pues      se  circunscribe  a  cuestionar  la forma como se ponderó un hecho por el fallador,  lo  cual  ha  debido  plantear  por  la  vía  que ofrece la causal tercera, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial y no por la primera, indicando el  error  concreto  de  apreciación en que incurrió el fallador al apreciarlo (de  hecho o de derecho).   

          En  todo  caso,  tampoco  en  lo  que  respecta a este segundo punto  contenido  en  el  reparo, se deduce con claridad del contexto de la demanda que  se  precise  del  fallo  para  cumplir algunas de las finalidades reseñadas del  recurso de casación.   

        Las           falencias           indicadas           tornan  ineludible          la          inadmisión  del  libelo, amén de que del contenido de la demanda  y  de la revisión de la actuación no encuentra procedente la Sala la necesidad  en  este caso de superar los defectos reseñados en procura de cumplir alguno de  los  fines  del  recurso  extraordinario previstos en el artículo 180 de la Ley  906 de 2004.           

         

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)           El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor  de  JOSÉ DAVID RODRÍGUEZ PEÑA,     por     las     razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                         ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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