27304(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 27304  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado    acta    No.    109    

Magistrado Ponente:  

Dr.  MAURO SOLARTE  PORTILLA   

Bogotá,     D.    C.,    veintisiete  de  junio  del año dos mil  siete.   

Conceptúa  la  Corte  sobre la solicitud de  extradición  del  ciudadano  colombiano OCTAVIO   ALBERTO   CARDONA   ECHEVERRY,  formalizada  por  el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América mediante Nota  Verbal   No.   0636  del  9    de   marzo de 2007.   

1. – LA SOLICITUD  

1.1.-  El  Gobierno de los Estados Unidos de  América,  por  conducto  de  su  Embajada en Colombia, mediante Nota Verbal No.  1159    fechada    el  15   de   mayo  de 2006, dirigida al Ministerio de  Relaciones   Exteriores,  solicitó  la  detención  provisional  con  fines  de  extradición   del  señor  OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY,   contra   quien   el  día  30  de  abril  de    2004,   se  dictó  la  resolución  de  acusación  No.  04-20277   CR   (Lenard),  en  la  Corte  Distrital   de   los  Estados  Unidos  de  América  para  el  Distrito  Sur  de  Florida mediante la cual se  le   acusa   de   un   cargo  por  el  delito  de  concierto  para  importar  cocaína, un cargo por el de concierto para poseer con la  intención  de distribuir cocaína, un cargo por el de ayuda y facilitamiento de  la  importación  de  cocaína  y  un cargo por el de ayuda y facilitamiento del  intento de de posesión con la intención de distribuir cocaína.   

Informó  igualmente,  que  por estos cargos en esa misma fecha  por orden de la  mencionada   Corte  se  dictó  auto  de  detención  en  contra  del  ciudadano  requerido, el cual permanece válido y ejecutable.   

Indicó   finalmente,   que   OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY, es  ciudadano    colombiano,  nacido  el 9 de agosto      de      1955.  Es portador de la cédula colombiana  No.  4.593.979 (fls. 1 y ss.  carpeta anexa).   

1.2.  – De esta solicitud, el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  de Colombia dio traslado al Ministerio del Interior y de  Justicia,   y  al  Fiscal  General  de  la  Nación.  Esta  autoridad,  mediante  Resolución  de  1º  de  agosto  de  2006,  decretó  la  captura  con fines de  extradición  del  señor  OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA ECHEVERRY  “quien se  identifica  con  cédula  de ciudadanía No. 4.593.979” (fls. 11-14 anexo), la  cual  se  hizo efectiva el 11 de enero de 2007 en la Ciudad de Medellín (fl. 16  y ss. anexo).   

1.3.-  Con  Nota  Verbal  No.  0636        del       9  de  marzo  de    2007,  la  Embajada de los Estados Unidos de América formaliza ante el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores de Colombia, la solicitud de extradición  del referido ciudadano colombiano.   

Informa que OCTAVIO  ALBERTO   CARDONA   ECHEVERRY   es   requerido  para  comparecer     a     juicio    por    delitos    federales    de    narcóticos.   Es   el   sujeto  de  la  resolución   de  acusación   No.  04-20277  CR  (Lenard),   dictada   el  30  de  abril  de  2004  en  la  Corte Distrital de los  Estados   Unidos   de   América   para   el   Distrito   Sur   de  Florida,  mediante  la cual se le acusa  de:   

“–Cargo Uno: Concierto para importar  a  los  Estados  Unidos  cinco  kilogramos o más de una  mezcla  y  sustancia que contenía una cantidad perceptible de cocaína, lo cual  es  en  contra  del  Título  21,  Sección  952  (a) del Código de los Estados  Unidos,  en  violación  del  Título  21,  secciones  963 y 960 (b) (1) (B) del  Código de los Estados Unidos,   

“–Cargo  Dos: Concierto para poseer con  la  intención  de  distribuir cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia  que  contenía  una  cantidad  perceptible de cocaína, lo cual es en contra del  Título  21,  Sección  841  (a)  (1)  del  Código  de  los  Estados Unidos, en  violación  del  Título 21, Secciones 846 y 841 (b) (1) (a) (ii) del Código de  los Estados Unidos,   

“–Cargo Tres: Ayuda y facilitamiento de  la  importación a los Estados Unidos de cinco kilogramos o más de una mezcla y  sustancia  que contenía una cantidad perceptible de cocaína, en violación del  Título  21,  Secciones  952  (a)  y  960 (b) (1) (B) del Código de los Estados  Unidos,   

“–Cargo  Cuatro: Ayuda y facilitamiento  del  intento  de  posesión  con  la intención de distribuir cinco kilogramos o  más  de  una  mezcla  y  sustancia  que  contenía  una cantidad perceptible de  cocaína,  lo cual es en contra del Título 21, Sección 841 (a) (1) del Código  de  los  Estados  Unidos,  en violación del Título 21, Secciones 846 y 841 (b)  (1)  (A)  (ii)  del  Código de los Estados Unidos, y  del Título 18, Sección 2 del Código de los Estados Unidos”.   

Anota  que  un auto de detención contra el  señor       CARDONA       ECHEVERRY por estos  cargos  fue  dictado el 30  de    abril    de  2004  por  la mencionada  Corte, el cual permanece válido y ejecutable.   

Manifestó  que  “los  hechos  del  caso  indican   que   comenzando   en  enero  de  1996  y  continuando  de  ahí  en adelante hasta el 7 de marzo de 2002, un grupo al cual  pertenecían   Eduardo   Claret   Martínez  Romero,  César  Gil  Aristizábal,  OCTAVIO     ALBERTO     CARDONA     ECHEVERRY,  John  Jairo  Ospina Tulena y Juan Fernando Jaramillo Salazar, hacían  parte de un concierto internacional  para  el  tráfico  de  cocaína  responsable de importar cocaína a los Estados  Unidos procedente de Colombia”.   

Anota      que      “desde  septiembre  de  2001,  Eduardo  Claret  Martínez  Romero,  Cesar  Gil  Aristizábal,  Octavio  Alberto  Cardona  Echeverry,  John  Jairo  Ospina  Tulena,  Juan Fernando Jaramillo Salazar y dos testigos del gobierno que  cooperan   en  el  caso  empezaron  a  discutir  la  importación  de  cocaína desde Cartagena, Colombia a Fort Lauderdale, Florida.  A  finales de diciembre de 2001 y a comienzos de enero de 2002, los dos testigos  que  cooperan  en  el  caso viajaron a Bogotá, Colombia, donde se reunieron con  Gil  Aristizábal y con Cardona Echeverry.   Luego,   los  dos  testigos  que  cooperan  en  el  caso,  Gil  Aristizábal    y   Cardona   Echeverry    volaron    de    Bogotá   a   Medellín   para   reunirse con Martínez Romero y Ospina  Tulena  con  el fin de analizar una ruta por la cual  el grupo podía despachar cocaína a los Estados Unidos”.   

Agrega   que   “Martínez  Romero,  Gil  Aristizábal,     Cardona    Echeverry  y  Ospina  Tulena parecían ser socios de igual importancia pero  con  distintos  roles. Martínez Romero parecía ser el coordinador del grupo de  tráfico  de  narcóticos.  Martínez Romero pidió a su secretaria que le diera  dinero  a  uno  de  los  testigos  que cooperan en el caso para que lo utilizara  dentro  del  esquema  de  la  importación.  El  31  de enero de 2002, Jaramillo  Salazar  viajó  a  los  Estados  Unidos  a  nombre  del  grupo  de  tráfico de  narcóticos  con  el  fin  de  determinar  si  la  ruta  de despacho era viable.  Jaramillo  Salazar  se  reunió  con  los testigos que cooperan en el caso y les  manifestó  que había otros socios que estaban financiando allá en Colombia el  despacho  y  que  él les informaría a los otros miembros del grupo de tráfico  de narcóticos sobre la posibilidad de utilizar la ruta”.   

Señala que “comenzando el 5 de febrero de  2002   hasta   el  8  de  marzo  de  2002,  el  FBI  interceptó  cerca  de  300  conversaciones  telefónicas  con  respecto  al  despacho entre los testigos que  cooperan  en  el  caso y Martínez Romero, Ospina Tulena y Jaramillo Salazar. El  Despacho  que  hizo dicho grupo de 297.5 kilogramos de cocaína fue interceptado  por el FBI el 7 de marzo de 2002”.   

Precisa  que  “aun  cuando los delitos de  concierto  contenidos  en  la  acusación  se  alega haber comenzado en 1996, la  culpabilidad  de  cada  uno  de los acusados de todos los cargos en este caso se  encuentra  independientemente  sustentada  por  su conducta delictiva adelantada  con posterioridad al 17 de diciembre de 1997”.   

Informa,   finalmente,  que  OCTAVIO        ALBERTO        CARDONA        ECHEVERRY              es            ciudadano            colombiano,  nacido  el  9  de  agosto  de  1955 en Colombia. Es  portador      de      la      cédula      colombiana      No.      4.593.979     (fls.    171 y ss. anexo).   

   

Para  tales efectos, adjunta los siguientes  documentos  debidamente  autenticados, traducidos y legalizados por el Consulado  de Colombia en Washington, D.C.:   

1.3.1.-  Declaración jurada en apoyo de la  solicitud  de  extradición,  rendida  ante  la  Corte  Distrital de los Estados  Unidos      de     América     -Distrito     de     Sur     de     Florida,      por     Andrea  Hoffman,  Fiscal Adjunto   de los Estados Unidos de  América  para el Distrito Sur de Florida,  en la cual refiere que con ocasión de sus deberes oficiales ha  llegado   a  familiarizarse  con  los  cargos  y  las  pruebas  en  el           caso     contra     de    OCTAVIO        ALBERTO        CARDONA        ECHEVERRY,     y     otros   el  cual  “surgió  a  partir  de  una  investigación de un  concierto  para  introducir  un contrabando de drogas a gran escala que resultó  en  la  incautación de más de 297 kilogramos de cocaína en el Distrito Sur de  la Florida el 7 de marzo del 2002”.   

Precisa  que  “las  partes  pertinentes  a  las  leyes  de  este   caso  se  anexan  a la  presente  declaración  identificándolas  como  Evidencia  A. Cada una de estas  leyes  fue  debidamente promulgada y estaba en vigencia en el momento en que los  delitos  fueron  cometidos  y  en  el  momento  en  que  se  emitió  el acta de  acusación.  Las  mismas  se encuentran en plena vigencia y vigor. La violación  de  cualquiera  de  estas  leyes constituye un crimen bajo las leyes de los  Estados Unidos”.   

Advierte   que   “los   Estados  Unidos  demostrará  su  caso  en  contra  de  los  acusados  MARTÍNEZ, GIL,  CARDONA,  OSPINA  y  JARAMILLO,  a  través    de   diferentes   tipos   de   evidencia,   incluyendo   testimonios    de    testigos    en  cooperación  con  el  gobierno,  identificación  positiva  de fotografías por  parte   de   dichos   testigos;   grabaciones  encubiertas  de  reuniones  y  de  conversaciones  telefónicas  entre los acusados y los testigos en colaboración  con  el  gobierno;  evidencia  fotográfica  y  de  documentos  de  registros de  embarque  obtenidos  durante  la vigilancia; y evidencia fotográfica y forense,  obtenida  durante vigilancia, de la cocaína decomisada en el Distrito Sur de la  Florida el 7 de marzo del 2002”.   

Indica que “tal  y  como  se  establece  con  mayor  detalle en la declaración jurada del Agente  Especial   Thomas   Clark,   anexa  a  ésta  como  Evidencia  C,  los  acusados  MARTÍNEZ, GIL, CARDONA,  OSPINA   y   JARAMILLO   todos   estuvieron  criminalmente  involucrados  en  la  coordinación  de  un  cargamento de 297,5 kilogramos de cocaína desde Colombia  hacia  los Estados Unidos. Esta cocaína fue confiscada en el Distrito Sur de la  Florida el día 7 de marzo de 2002”.   

Precisa que “los hechos vinculados con el  Acta  de Acusación son los siguientes: Basado en evidencia desarrollada por una  fuente      de      información     confiable     del     FBI     (‘FC1’),  en  septiembre  de  2001 el FBI  comenzó  una  investigación  encubierta  cuyo  objetivo  era  un  testigo  que  cooperó    con    el   gobierno   (‘TC1’). El  TC1,  actuando  a  nombre de MARTÍNEZ, GIL, CARDONA, OSPINA y JARAMILLO, estaba  intentando  crear  una nueva ruta para importar grandes cantidades de cocaína a  los  Estados  Unidos  a  través  del  Sur  de  la  Florida.  El TC1 tuvo varias  reuniones  con  la  FC1,  así  como  con  otra  fuente  de información del FBI  (‘FC2’),  quien  junto con la FC1 actuaba  como  un agente de puerto corrupto. Respondiendo al interés del TC1 en importar  grandes  cantidades de cocaína a los Estados Unidos, las fuentes confidenciales  explicaron  la  forma  en  que  ellos podían ayudar al TC1 y a sus cómplices a  importar  cantidades  substanciales  de cocaína a través del Puerto Everglades  (‘el puerto’)   en   el  Distrito  Sur  de  la  Florida,  ocultando  la misma en contenedores. Luego  el  TC1 les presentó a la FC1 y FC2 su cómplice, otro testigo que cooperó con  el          gobierno         (‘TC2’). El  TC1  les  dijo  que  el  TC2  los  ayudaría a organizar un cargamento a modo de  ensayo  a  través del puerto, asumiendo que sus socios colombianos invertirían  en  el  complot.  Luego se determinó que los socios de MARTÍNEZ, GIL, CARDONA,  OSPINA  y  JARAMILLO  eran  el  TC1  y el TC2. El TC1 y el TC2 tenían numerosos  negocios  de  tráfico de droga y lavado de dinero con al menos algunos de estos  socios desde principios de 1996”.   

Señala  que  “el  TC1  y el TC2 viajaron  luego  a  Medellín,  Colombia, desde Miami, para discutir personalmente la ruta  de  importación  de  cocaína  con MARTÍNEZ, GIL, CARDONA, OSPINA y JARAMILLO,  quienes  eran las personas que financiaban el cargamento de prueba y coordinaban  el  embarque desde Colombia. En las reuniones, MARTÍNEZ, GIL, CARDONA, OSPINA y  JARAMILLO,   acordaron   continuar  explorando  tan  prometedora  operación  de  importación.  Subsiguientemente,  les dieron a los TC1 y TC2 $3.000 para cubrir  algunos  de  sus  gastos y les autorizaron regresar a la Florida para finiquitar  el  embarque  con  las  FC1  y  FC2.  Basándose  en  sus  previas negociaciones  internacionales  de  cocaína, en observaciones hechas en las reuniones y en sus  conversaciones   subsiguientes   con   los   acusados,   los   TC1  y  TC2  dedujeron  que MARTÍNEZ, GIL,  CARDONA,  OSPINA  y  JARAMILLO  actuaban como socios con igual participación en  este complot de importación en particular”.   

Señala que “en enero de 2002, MARTÍNEZ,  GIL,  CARDONA,  OSPINA  enviaron a JARAMILLO al Distrito Sur de la Florida a que  se  reuniera  con  las  FC1  y  FC2  para  confirmar si en verdad el complot era  viable.  Durante  esta visita JARAMILLO estuvo varias horas con el TC1, TC2 y la  FC1  y  FC2.  En  ese  período,  JARAMILLO  inspeccionó  las instalaciones del  puerto,  discutió  la  logística  acerca  de  cómo  se  podía  contrabandear  la  cocaína  hacia  y  desde  el  puerto sin que se  detectara,   y   se   cercioró  de  que  la  FC1  y  FC2  fueran  realmente  de  confianza”.   

Señala  que  “poco tiempo después de la  visita  de  JARAMILLO,  el  TC1 comenzó a usar un teléfono celular para hablar  con  la FC1 y con otros acerca del complot. A principios de febrero del 2002, la  Corte  del  Distrito  de  los  Estados Unidos para el Distrito Sur de la Florida  autorizó  al  gobierno  de  los  Estados  Unidos a grabar las conversaciones de  dicho  teléfono.  El  resultado  de  dichas  intercepciones  y de las reuniones  relacionadas  con  las  mismas  confirmó  que  el  TC1 y el TC2 fueron enviados  por   MARTÍNEZ,  GIL,  CARDONA  y  OSPINA para  negociar  y  coordinar  con  las  FC1  y FC2 la importación de un cargamento de  prueba   cuantioso  de  cocaína  a  través  del  Puerto.  Las  comprometedoras  intercepciones  de  comunicaciones  telefónicas y de conversaciones durante las  reuniones   trataban,   entre   otras  cosas,  sobre  el  financiamiento  de  la  operación,  al  encontrar  una  compañía  de  embarque  que hiciera el envío  directo  desde  Colombia  hacia  el Puerto, el nombre del barco y el número del  contenedor  que  traería  la  cocaína,  encontrar un local de almacenaje en el  Distrito  Sur  de  la  Florida para guardar la cocaína una vez que obtuviera la  aprobación  de  la  aduana,  encontrar a una persona  para  que  trabajara  en  el  almacén, y acerca del  arribo pendiente de la cocaína desde Colombia”.   

Indica  que  “en febrero del 2002, el TC2  fue  desde  Miami  a  Bogotá  para  discutir  el  estado  de  la  operación de  importación.  Mientras el TC1 permaneció en la Florida para examinar el envío  pendiente,  el  TC2  se  reunió  de  nuevo  con  GIL,  CARDONA  y  OSPINA  para  informarles  sobre  el  progreso  de ellos y para cobrar un dinero que los TC1 y  TC2  necesitaban  para  pagar  en  la Florida ciertos gastos relacionados con el  cargamento.   Durante   la   reunión  os  cómplices  finalizaron  los  planes logísticos y financieros  pertinentes  a dicho cargamento. Al final de la reunión el TC2 recibió $12.000  en  efectivo  a ser usados para los gastos del cargamento pendiente de cocaína.  (A  pesar  de que MARTÍNEZ no pudo asistir a la reunión, los co-confabuladores  hablaron  del  hecho  de  que  él todavía estaba involucrado en tan importante  negociación)”.   

Añade que “a medida que se aproximaba la  fecha  para  la  importación de la cocaína, el TC3  vino  al  Distrito  Sur  de  la  Florida  a  ayudar a los TC1 y TC2 a guardar la  cocaína  en  el  almacén   y  a distribuir el  cargamento   a   los   compradores   locales   en   el   Distrito   Sur   de  la  Florida”.   

Anota  que  “posteriormente,  tal  y como  estaba   planeado,   el   día   7   de   marzo  del  2002  llegó  un   cargamento   de   297,5  kilogramos  de  cocaína  al  Puerto  proveniente  de  Cartagena,  Colombia.  Los  TCI, TC2 y TC3 fueron arrestados en  Miami ese mismo día”.   

Finaliza el relato diciendo que “el 22 de  diciembre  de  2003,  a los TC1 y TC2 les fue mostrada una serie de fotografías  obtenidas  durante la vigilancia. Ambos, el TC1 y el TC2 identificaron sin lugar  a  dudas a CARDONA. Luego, los TC1 y TC2 identificaron a GIL como la persona que  aparecía  sentada  junto  a  CARDONA  en  las fotografías obtenidas durante la  vigilancia”.   

Respecto   de   OCTAVIO   ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY             menciona  que  es ciudadano colombiano  por  nacimiento,  lo  que tuvo lugar el 9 de agosto de 1955, y se identifica con  la  cédula  colombiana  número  4.593.979,  mide  entre  1,76 y 1,78 metros de  estatura  y  pesa  aproximadamente  72  kilos.  Tiene  cabellos  cenizos y es de  constitución mediana (fls. 77-90 anexo).   

1.3.2.- Acusación de los Estados Unidos de  América    contra    OCTAVIO    ALBERTO   CARDONA  ECHEVERRY,     presentada     el     30 de abril  de   2004  ante  la  Corte  Distrital  para el Distrito Sur de Florida  de  los  Estados  Unidos  de  América,    dentro   del   caso   penal   04-20277  CR-LENARD         (fls.         60             –            67 anexo).   

1.3.3.-  “Auto  de       detención”,      emitido  por  la  Corte  Distrital  de  los  Estados   Unidos   de   América   para   el   Distrito   Sur   de  Florida,     contra    OCTAVIO  ALBERTO CARDONA ECHEVERRY, por  los     cargos     referidos     en    la    acusación    (fls.    45 anexo).   

1.3.4.-    Disposiciones   sustanciales  aplicables   al   caso,   Secciones  963  (intento y confabulación),  952 (a)  (importación  de sustancias controladas),   960  (Actos ilegales y penas),  846   (tentativa   y   concierto),  (841)  acciones  ilícitas,     853     (extinción     del     derecho    de    dominio),    881  (confiscación)   y 3282 (delitos no conminados  con  la  pena  de  muerte)  del  Título 18 del Código de los Estados Unidos de  América,  así  como  la  sección  2 (autores) del  Título  18  del  Código  de  los  Estados Unidos de América    (fls.   69-74   y  183 carpeta anexa).   

1.3.5.-  Declaración jurada en apoyo de la  solicitud  de  extradición,  rendida  por  Thomas J  Clark, Agente Especial de  la  Oficina  Federal de Investigación (FBI) adscrito  a     la  División  de  Miami, quien refiere  pormenores     de     la     investigación    seguida    contra    OCTAVIO   ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY,  así   como   los  hechos  y  las  pruebas  que  obran  respecto  de  este   acusado.   

En   acápite   que   destina   a   los  “antecedentes”  precisa que “comenzando desde al menos septiembre del 2001  o  sus  alrededores,  MARTÍNEZ,  GIL,  CARDONA, OSPINA y JARAMILLO comenzaron a  concertar  el uno con el otro y con al menos dos de los testigos en cooperación  con     el     gobierno      (‘TC1’  y    TC2’)  para contrabandear un cargamento  considerable   de   kilogramos   de  cocaína  de  Cartagena,  Colombia  a  Fort  Lauderdale,  Florida  para  ser  distribuido para su venta en varias ciudades de  los  Estados  Unidos. Dicha organización de Tráfico  de  drogas,  con  la  participación a sabiendas y voluntaria de cada uno de los  acusados,  posteriormente  despachó  297,5 kilogramos de cocaína a los Estados  Unidos  oculta  dentro de contenedores con el fin de llevar a cabo el propósito  de  su  concierto.  Sin  embargo,  dicho  cargamento  fue incautado en el Puerto  Everglades    (‘el  puerto’)   en   Fort  Lauderdale, Florida, el 7  de marzo del 2002”.   

Precisa,  entre  otras  cosas,  que  “la  evidencia  en  contra  de  MARTÍNEZ,  GIL, CARDONA, OSPINA y JARAMILLO incluye,  pero  no  se  limita a: el testimonio de testigos confiables en cooperación con  el  gobierno,  corroborado  por  la  incautación llevada a cabo en el Puerto en  Fort    Lauderdale,   corroboración   de   la    evidencia   obtenida   de  conversaciones   telefónicas   grabadas   legalmente   que  implican  o  están  relacionadas  con  la  participación  personal de los acusados en un complot de  importación   y  distribución;  además  la  corroboración  de  la  evidencia  obtenida  de  grabaciones  consentidas y de la vigilancia practicada durante las  reuniones   encubiertas   en   los   Estados  Unidos,  durante  las  cuales  los  co-confabuladores  de los acusados discutieron su participación combinada en el  complot  de  importación  y  distribución;  además  la  corroboración  de la  evidencia  obtenida  de  los  testigos en cooperación quienes identificaron sin  lugar  a  dudas  a  los  acusados  en fotografías separadas; y otras evidencias  admisibles y circunstanciales”,   

En  torno  a  la  “identificación de los  acusados”,  específicamente  del  requerido  en  extradición  en  este caso,  señor  OCTAVIO ALBERTO CARDONA ECHEVERRY, indica que nació el 9 de agosto de  1955  en  Colombia,  el  número de su cédula de ciudadanía es 4.593.979, mide  entre  1,76  y  1,78  metros  de estatura y pesa aproximadamente 72 kilos, tiene  cabellos cenizos y es de constitución mediana.   

Culmina  diciendo  que  “basado  en  la  información   obtenida   por   los   funcionarios  de  los  cuerpos  policiales  involucrados  en la presente investigación, la información corroborada por los  acusados   en   colaboración    y   por   mis  observaciones  personales  de  MARTÍNEZ,  GIL,  CARDONA,  OSPINA y JARAMILLO en  fotografías,   considero   que   las   fotografías   anexadas  a  la  presente  solicitud   de  extradición son las fotografías de … CARDONA (Evidencia  G)…  Asimismo  creo  que,  basado en la evidencia admisible del presente caso,  que  cada Acusado será encontrado culpable más allá de toda duda razonable de  ser  juzgado  por  los  crímenes  que se les imputa” (fls. 51 -59 anexo).   

1.4.-  De  acuerdo  con  lo previsto por el  Estatuto  Procesal  Penal  interno,  el  Ministerio de Relaciones Exteriores dio  traslado  de  la  documentación  al  Ministerio  del  Interior  y de Justicia y  conceptuó,  además,  que  “por  no  existir  Convenio  aplicable  al caso es  procedente   obrar   de   conformidad   con   el   ordenamiento  procesal  penal  colombiano”  (fls.  181  anexo).   

1.5.-  El  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia,     por     su     parte,     adjunto     al    oficio    1722    fechado    el   13 de abril  2007,  de  conformidad con lo dispuesto en el Código de Procedimiento  Penal  dio  curso  ante  la  Corte  de la solicitud de extradición y documentos  anexos,  presentada  por el Gobierno de los Estados Unidos de América a través  de su Embajada en Colombia (fl. 1 cno. Corte).   

2.-  Después  de  proveer lo relativo a la  defensa  técnica  de  la  persona  solicitada  en  extradición,  por  auto  de  veinticinco     de  abril  de 2007,  de conformidad con lo previsto por  el  artículo  518  del  Código  de  procedimiento penal de 2000, se corrió el  traslado  pertinente  para  que los intervinientes en el trámite expusieran sus  pretensiones  probatorias  (fls.  10  cno.  Corte),  durante  el cual la defensa  no  elevó  ninguna  petición  concreta sobre dicho  particular,  y  por  medio de auto proferido el treinta y uno de mayo de dos mil  siete,    se   dispuso   correr   el  traslado  pertinente   para   presentar   alegatos   de   conclusión   (fl.  19 y ss. cno. Corte).   

3.- ALEGATOS DE CONCLUSIÓN.  

Durante el término de traslado, sólo hizo  uso  de  este  derecho  la Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal,  toda vez que la defensa guardó silencio (fl. 36 cno.  Corte).   

3.1.-   Del  Ministerio Público.   

Comienza por indicar que de conformidad con  lo  dispuesto  por el artículo 35 de la Carta Política, modificado por el Acto  Legislativo  01  de  1997,  la  extradición  podrá  solicitarse,  concederse u  ofrecerse  de  acuerdo  con los tratados públicos y, en su defecto, con la ley,  que para el caso es el Código de Procedimiento penal.   

Como en este caso, la Oficina Jurídica del  Ministerio   de   Relaciones   Exteriores   indicó   que   no  existe  convenio  internacional  aplicable  al  asunto  que  se  estudia,   debe  obrarse  de  conformidad   con   lo   previsto   en   el   Código   de  Procedimiento  Penal  colombiano.   

Según  dicho  estatuto,  en el trámite de  extradición  la  Corte  ha de emitir un concepto que debe contener un análisis  de  la  validez  formal  de  la  documentación  presentada con la solicitud; la  demostración  plena  de  la  identidad  del reclamado; el principio de la doble  incriminación;  la equivalencia de la providencia proferida en el extranjero; y  cuando  fuere  el caso, el cumplimiento de los requisitos específicos previstos  en los tratados internacionales.   

Anota que de manera adicional la Corte debe  examinar  que  el  hecho  que motiva la extradición esté reprimido en Colombia  con  una sanción privativa de la libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro  años,  que  tal hecho haya sido cometido con anterioridad al 16 de diciembre de  1997  y que además no constituya delito político. Asimismo, la entrega se debe  condicionar  al cumplimiento de las garantías necesarias para que el solicitado  no  sea  juzgado  por hechos anteriores a los que motivaron la solicitud; que el  solicitado  no  sea  sometido  a  sanciones  distintas de las que se le hubieran  impuesto  en  la condena, ni a tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes y  que  le  sea  conmutada  la pena de muerte en el caso de que ella corresponda al  delito que motiva la extradición.   

A   continuación   manifiesta   que   la  documentación  allegada  por  la  Embajada de los Estados Unidos de América en  relación  con la solicitud de extradición de OCTAVIO ALBERTO CARDONA ECHEVERRY  cumple con el requisito de la validez formal.   

Sostiene,   además,   que   “para   la  Procuradora  Delegada  se  satisface  el  requisito  de la plena identidad de la  persona reclamada en extradición”.   

Señala  asimismo  que  se  satisface  el  presupuesto  de la doble incriminación, toda vez que los comportamientos que se  atribuyen   al   requerido,   también   se   encuentran  definidos  en  nuestra  legislación  como  conductas  punibles  en los artículos 340 y 376 del Código  Penal  de  2000, bajo las denominaciones de concierto para delinquir y tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes, sancionados ambos con pena superior a  cuatro años de prisión.   

De  igual  modo,  considera  satisfecho  el  requisito  relativo  a  la  equivalencia  de  la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  toda  vez  que  la  acusación  formal  consignada  en el documento  inculpatorio  que  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de América invoca como  fundamento  de  la  solicitud de extradición “es equivalente a la resolución  de  acusación  en el ordenamiento jurídico colombiano, pues se trata de piezas  de similar contenido”.   

Considera  además,  que  la  Corte  debe  advertir,  en  el evento de conceptuar de manera favorable, al gobierno nacional  que  ha  de  condicionar  la  entrega  de  Octavio  Alberto Cardona Echeverry al  ofrecimiento  de  garantías  suficientes para que no le sea impuesta la pena de  cadena  perpetua,  pues  de  acuerdo  con la Constitución Política de 1991, el  Estado    Colombiano    no    puede    admitir    la    imposición   de   penas  irredimibles”.   

Con fundamento en lo expuesto, estima que la  Corte  debe  conceptuar   favorablemente  a  la  extradición del ciudadano  OCTAVIO ALBERTO CARDONA ECHEVERRY (fls. 24 y ss. cno. Corte).   

SE CONSIDERA:  

1.-  Aclaración  previa.   

El  artículo  35  de  la  Carta Política,  modificado  por  el artículo 1º del Acto Legislativo No. 01 de 1997, establece  que  la  extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los  tratados públicos y, en su defecto con la ley.   

Como en este caso  el  Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia conceptuó sobre la ausencia  de  convenio  aplicable  en  materia  de  extradición  con el país solicitante  (Estados  Unidos  de  América),  y estableció la consecuente aplicación de lo  previsto,  en  el referido tema, por el Código de Procedimiento Penal, la Corte  abordará  el  estudio de los aspectos sobre los cuales debe emitir el concepto,  previstos por el artículo 520 de la Ley 600 de 2000.   

Es de precisar, además, que de la solicitud  y  documentos  anexos  se  establece  que  las  actividades delictivas que se le  imputan   al   señor   OCTAVIO   ALBERTO   CARDONA  ECHEVERRY  tuvieron ocurrencia en el exterior y  no  versan sobre delitos políticos, toda vez que las  conductas     definidas     como    tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes,   y   el   concierto   para  realizar  dichos  comportamientos,  no    constituyen   delito   político.   

Por    otra    parte,    salvo  la aclaración que más adelante se hará, los hechos  por  cuya  realización se solicita la extradición fueron  cometidos  con  posterioridad  a la entrada en vigencia del Acto Legislativo No.  01  de  1997,  modificatorio  del artículo 35 de la Carta Política.   

Resalta    la    Corte,   además,    que     en     el    pliego   enjuiciatorio     en    que     se    apoya    la    solicitud    de   extradición  y   en   ésta,  se  precisa  que  los actos  determinantes  de    los   delitos   de   concierto   para   traficar   con   sustancias  estupefacientes  y  la  ayuda  y  facilitamiento  para realizar dichas conductas  fueron    llevados    a   cabo   en   los   Condados   de   Miami-Dade   y  Broward   del  Distrito Sur de Florida y en otros lugares.   

Y  si bien en la documentación anexa   se  indica  que  parte  de los actos determinantes de las mencionadas ilicitudes  tuvieron  realización  en  territorio de la República de Colombia, también es  claro   que   allí,   entre   otras   cosas,  se  precisa  que  “los  acusados  MARTÍNEZ,  GIL,  CARDONA, OSPINA y JARAMILLO todos  estuvieron  criminalmente  involucrados  en la coordinación de un cargamento de  297,5  kilogramos  de  cocaína  desde  Colombia  hacia los Estados Unidos. Esta  cocaína  fue  confiscada en el Distrito Sur de la Florida el día 7 de marzo de  2002”          (fl.          82 anexo).   

De  manera que acorde con cualquiera de las  hipótesis   identificadas   dogmática  y  doctrinariamente  como  instrumentos  jurídicos  para  establecer el lugar de la ocurrencia del hecho (Art. 10 del C.  P.),  tales como el lugar de realización de la acción, según el cual el hecho  se  entiende cometido en el lugar donde se llevó a cabo total o parcialmente la  exteriorización  de  voluntad;  y  la  del  resultado que entiende realizado el  hecho  donde  se  produjo  el  efecto  de  la conducta;  y la teoría de la  ubicuidad  o  mixta  que entiende cometido el hecho donde se efectuó la acción  de  manera  total  o  parcial,  como  en  el  sitio  donde  se  produjo o debió  producirse  el  resultado,  se  tiene  que  las  conductas  atribuidas  por  las  autoridades  judiciales  de  los  Estados  Unidos  de  América  a  OCTAVIO   ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY,  traspasaron  las  fronteras  colombianas,  de  lo cual surge que se satisface la  condicionante   constitucional  de  que  el  hecho  haya  sido  cometido  en  el  exterior.   

2.-   VALIDEZ  FORMAL DE LOS DOCUMENTOS PRESENTADOS.   

De  la  actuación  se  establece  que los  documentos  allegados  por  la  Embajada  de  los  Estados  Unidos  de América,  relacionados      con      la     resolución  acusatoria  No.  04-20277-CR-  LENARD,      dictada      el      30  de abril  de   2004  por  la  Corte  Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Sur  de  Florida,  y  la  orden  judicial  de  arresto  emitida  con  base  en  ésta, fueron autenticados  mediante  sello  y  firma  por  el  Secretario  de  esa Corte; las declaraciones  juradas  rendidas  por  Andrea G. Hoffman,    Fiscal    Adjunto   de   los   Estados   Unidos   de   América,  y  del  Agente  Especial  del  FBI,   señor   THOMAS  J.  CLARK  figuran  avaladas   con   la  firma  del  señor  Patrick  A.  White,  Juez  Magistrado  de  los  Estados Unidos de  América;  legalizados  por  Jason E. Carter, Director Asociado de la Oficina de  Asuntos  Internacionales- División de lo Penal- del Departamento de Justicia de  los  Estados  Unidos de América, el Procurador General de los Estados Unidos de  América,  la Secretaria de Estado, y el Funcionario Auxiliar de Autenticaciones  del Departamento de Estado de dicho país.   

Estos  instrumentos,  por su parte, fueron  autenticados  por el Consulado de Colombia en Washington, D.C.,  y a su vez  por  el  Jefe  de  Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones Exteriores de  Colombia.   

Por lo anterior, teniendo en cuenta que la  solicitud      de      extradición     del     ciudadano      OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA ECHEVERRY, se  hizo  por  la  vía  diplomática,  que  ella contiene la copia auténtica de la  resolución  de  acusación, la cual, junto con las declaraciones juradas que se  allegan  en  apoyo  de  la  solicitud, es específica en indicar exactamente las  conductas  que motivaron la solicitud  y el lugar y las fechas o épocas en  que  fueron  realizadas, así como los datos necesarios para establecer la plena  identidad  de  la  persona  reclamada,  la copia auténtica de las disposiciones  sustanciales   aplicables   al  caso,  y  que  en  la  expedición,  trámite  y  traducción  de  los  citados  documentos  se  cumplieron  los ritos formales de  legalización  prescritos  por  las  normas pertinentes de los Estados Unidos de  América,  la  Corte los tendrá como aptos para servir de prueba de aquello que  ellos contienen.   

Esto,  si  se da en considerar que en este  caso  asimismo  se cumple lo establecido por el artículo  259 del C. de P.  C.,  modificado  por el artículo 1º Núm. 118 del D.E. 2282/89, según el cual  “Los  documentos  públicos  otorgados  en país extranjero por funcionario de  éste  o con su intervención, deberán presentarse debidamente autenticados por  el  cónsul  o  agente  diplomático de la República, o en su defecto por el de  una  nación amiga, lo cual hace presumir que se otorgaron conforme a la ley del  respectivo  país”, disposición aplicable al caso por virtud del principio de  integración  normativa  previsto  por el artículo 23 del C. de P. P. de 2000 y  el inciso último del artículo 513 ejusdem.   

Acorde  con  lo  analizado en precedencia,  para   la   Corte   es   manifiesto   el  cumplimiento  de   requisito  del  concepto.   

3.-          DEMOSTRACIÓN    PLENA    DE    LA   IDENTIDAD   DE   LA   PERSONA  REQUERIDA.   

De  lo actuado se establece que  OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY,  quien  se encuentra privado de la libertad con ocasión de  trámite, es la  misma  persona  a   la  que  se  refiere la Acusación   No.        04-20277       CR       –      LENARD      proferida  el  3  de abril de  2004 por  la  Corte  Distrital  de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Florida,   y  la misma mencionada  en  las  notas verbales mediante las cuales el gobierno de los Estados Unidos de  América,  a  través  de  su  Embajada  en  Colombia,  solicitó  la detención  provisional  con  fines  de  extradición, y posteriormente formalizó el pedido  ante las autoridades colombianos.   

Esto   por   cuanto,   en   el  documento  enjuiciatorio  base  de  la  solicitud  formal  de  extradición  se precisa que  uno     de     los     acusados     responde  al  nombre de OCTAVIO ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY,  como  asimismo se anuncia en la  declaración     rendida     por    la     Fiscal     Adjunto  y  el  Agente Especial, quienes precisan que el  acusado es  ciudadano  colombiano, nacido el 9 de agosto de 1955;  se  le  describe  como  un varón de aproximadamente  entre  1,  76 y 1,78 metros de estatura, con un peso  aproximado  de  72  kilos  y  se  identifica  con la  cédula       de      ciudadanía      colombiana      número      4.593.979,   de   quien  allegan  una  fotografía.   

Debe anotarse, que a dichas características  se  refieren  las  notas  diplomáticas remitidas por la Embajada de los Estados  Unidos  en  Colombia, mediante las cuales solicitó la detención preventiva con  fines  de  extradición  y  posteriormente formalizó el pedido ante el gobierno  colombiano.   

Es  de  resaltarse,  además,  que  con  la  cédula  de  ciudadanía  mencionada,  el requerido se identificó al momento de  ser  aprehendido  y  notificado de la orden de captura con fines de extradición  dictada  en  su  contra  por  el  Fiscal General de la Nación (fl. 23  anexo),  en el acto de imposición  de   derechos   del  capturado  (fl.  24)  y  en  el poder conferido a un profesional del derecho para que  lo  represente  en  el  trámite (fl. 8 cno. Corte), sin que en la actuación se  hubiere presentado discusión alguna sobre dicho particular.   

    

Por  estas  razones,  la  Corte  encuentra  satisfecho el requisito en mención.   

4.- PRINCIPIO DE  LA DOBLE INCRIMINACIÓN.   

De  conformidad  con  lo establecido por el  artículo  511-1  del  C.P.P.   de  2000,  para conceder la extradición es  requisito  indispensable  que  el hecho que la motiva también esté previsto en  Colombia  como  delito  y  reprimido  con sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro años.   

4.1.-  Según la resolución enjuiciatoria  No.      04-      20277      CR     –      LENARD      proferida   el   30   de   abril   de  2004   contra   OCTAVIO  ALBERTO  CARDONA  ECHEVERRY  por el Gran Jurado  en  sesión  ante  la  Corte Distrital de los Estados Unidos de América para el  Distrito  Sur  de Florida,  se   tiene  que  el  requerido  es  acusado  en  los  CARGOS  UNO  y DOS  de   haber   acordado   con   otros  individuos  la  importación  a  los Estados Unidos de América y la  posesión  con  la intención de distribuir cinco kilogramos o más de cocaína,  y   en   los   CARGOS   TRES  y  CUATRO,  la  ayuda  y  facilitamiento  de  la importación a los Estados  Unidos  y  del  intento  de  posesión  con  la  intención  de distribuir dicha  sustancia.    

4.2.-  Las  normas sustanciales aplicadas,  cuya    traducción   fue   oportunamente   allegada   al   expediente,   tratan  de    los  delitos  de  concierto  para  importar  y  para  poseer con la  intención  de  distribuir   cocaína, por cuyas  conductas  se  establece  pena de prisión entre diez  años y cadena perpetua y multa.   

4.2.1.-  En la legislación colombiana, por  su    parte,    los    delitos   de   “concierto   para   importar  a  los  Estados  Unidos  cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia que contenía  una  cantidad  perceptible  de  cocaína”,  y  “concierto para poseer con la  intención  de  distribuir cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia que  contenía  una  cantidad  perceptible de cocaína”,  de     que    tratan  los   CARGOS  UNO y     DOS    de    la    acusación,  corresponden    al  “concierto  para delinquir” previsto por el artículo 340 del Código Penal,  modificado  por  el  artículo  8º  de la Ley 733 de 2002 y últimamente por el  artículo  19  de  la Ley 1121 de 2006 que entre otras hipótesis prevé pena de  prisión  de  ocho  (8)  a dieciocho (18) años cuando, como se establece de los  términos   de   la  acusación,  el  concierto  sea  para  cometer  delitos  de  tráfico      de     estupefacientes.   

Como  en   este  caso  las autoridades  judiciales   de   los   Estados   Unidos   de  América  acusan  a  OCTAVIO        ALBERTO        CARDONA        ECHEVERRY   de  haber  concertado, junto con otras personas, ilícita,  intencionalmente  y  a sabiendas, para importar a los  Estados  Unidos  de América y para poseer con la intención de distribuir cinco  kilogramos  o  más de cocaína, es de concluirse que  en     relación     con     los     CARGOS UNO  y  DOS  de la acusación,  se  cumple  el  presupuesto  relativo a la doble incriminación para extraditar,  pues  en  la  legislación  penal  colombiana  tales comportamientos también se  hallan  definidos  como  delito,  y  por  su  realización  prevé  pena mínima  superior a cuatro años de prisión.   

Cabe  destacar que las conductas imputadas  en  el  cargo  contenido  en la resolución de acusación,  dicen relación  con  delitos  de  concierto  para traficar sustancias  estupefacientes, no únicamente la participación en  un  acto  ilícito  determinado,  por  medio  de  llevar  a  cabo  varios  actos  diferenciados  en  circunstancias de modo, lugar y tiempo, como se destaca en la  acusación   y   en   las   declaraciones   juradas  rendidas  por  la      Fiscal      Adjunta      y      el      Agente  Especial.   

De  manera  que la imputación no consiste  simplemente  en atribuirle coparticipación criminal en un solo hecho delictivo,  sino  que  se  funda  en  el  acuerdo de personas asociadas en la preparación y  ejecución  de programas para llevar a cabo una pluralidad de punibles en cuanto  planes  criminales  relacionados  con  el  tráfico  de  estupefacientes, que es  precisamente  lo  que  otorga  autonomía al tipo de concierto para delinquir en  delitos     de     tráfico     de     sustancias  estupefacientes.   

Se  concluye,  entonces, sin lugar a dudas,  que  respecto  de  tales  cargos  se  cumple  el  requisito  relativo a la doble  incriminación y la pena mínima para extraditar.   

4.2.2.- Esta misma situación se presenta en  relación  con  los CARGOS TRES y CUATRO, pues en la legislación colombiana los  delitos  de “ayuda y facilitamiento de la importación a los Estados Unidos de  cinco  kilogramos  o  más  de una mezcla y sustancia que contenía una cantidad  perceptible  de  cocaína”  y la “ayuda y facilitamiento del intento de  posesión  con la intención de distribuir cinco kilogramos o más de una mezcla  y  sustancia  que contenía una cantidad perceptible de cocaína”,  previsto  por  el  artículo 376 del  Código  Penal,  que entre otras hipótesis, prevé pena de prisión de ocho (8)  a   veinte   (20)   años   para  quien  sin  permiso  de  autoridad  competente  “introduzca  al país, así sea en tránsito o saque de él, transporte, lleve  consigo,  almacene,  conserve,  elabore,  venda,  ofrezca,  adquiera, financie o  suministre  a  cualquier  título  droga que produzca dependencia”, por manera  que  sin  lugar a dudas respecto de estos cargos se cumple el requisito relativo  a la doble incriminación y la pena mínima para extraditar.   

Esto  último,  en  razón de que cuando la  conducta  se  realiza en grado de tentativa, de conformidad con lo dispuesto por  el  artículo  27  del  Código  Penal,  la  pena no será menor de la mitad del  mínimo,  es  decir, en este caso, no sería inferior a cuatro años de prisión  para   el   evento  de  que  el  hecho  fuere  juzgado  en  Colombia.   

Y  si  la  conducta se realiza a título de  complicidad,  de  conformidad  con  lo dispuesto por el artículo 30 del Código  Penal  la  pena  correspondiente oscilará entre cuatro y  dieciséis años  ocho meses de prisión.   

Se  satisface,  por  tanto, el requisito en  mención.   

5.- EQUIVALENCIA  DE  LA  PROVIDENCIA PROFERIDA EN EL EXTRANJERO.    

El artículo 511-2 del C.P.P. de 2000   establece  como  presupuesto  de  procedencia  de  la extradición “que por lo  menos   se   haya  dictado  en  el  exterior  resolución  de  acusación  o  su  equivalente”.   

En  este caso no queda ninguna duda de que  la   acusación    formal    No.  04-20277  CR-LENARD,        dictada        30        de        abril      de      2004  por  el  Gran  Jurado ante la Corte  Distrital   de   los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Sur  de  Florida,     en     contra     del  señor  OCTAVIO ALBERTO CARDONA ECHEVERRY,  y  con  fundamento  en  la  cual  se  solicita su extradición,  corresponde  a  la  resolución  acusatoria  en la legislación colombiana, pues  además  de  que  con  dicho acto procesal la actuación subsiguiente no es otra  distinta  al  juicio  oral que finaliza con el respectivo fallo de mérito, como  aquí  sucede,  desde  el  punto  de  vista formal es específica en señalar el  lugar  y  la fecha o época en que los hechos tuvieron lugar, los nombres de los  partícipes  y  la  calificación  jurídica  de  la  conducta,  con  lo cual se  satisfacen   en   suficiencia   los   aspectos  fácticos  y  jurídicos  de  la  imputación.   

Es  tanto  esto,  que en la resolución de  acusación  en  que  se apoya la solicitud de extradición no sólo se indica el  nombre  del  acusado,  sino  los  lugares  y  fechas  o  épocas en que tuvieron  ocurrencia los actos determinantes de los delitos imputados.   

Si  a  ello  se agrega que la legislación  procesal  de los Estados Unidos se estructura sobre el sistema acusatorio, y que  el  proyecto  de  acusación  lo  presenta el fiscal y lo aprueba el gran jurado  después  de  examinar  la  evidencia  allegada  por  aquél,  que  en  éste la  acusación  del  gran jurado es un pliego de cargos en contra del procesado para  que  se defienda de ellos en juicio, que contiene la descripción de la conducta  típica  imputada,  con  las  circunstancias  que  la especifican, el lugar y la  fecha  o  época  de  su  ocurrencia,  y  señala las disposiciones sustanciales  realizadas  y su ubicación genérica y específica en el Código de la materia,  es  evidente  que  la  persona  reclamada  en extradición en este caso, ha sido  acusada  y  llamada  a  responder  en  juicio por las autoridades de los Estados  Unidos  de América.             

En consecuencia, la Corte halla satisfecho  el requisito en mención.   

6.-    EL  CONCEPTO.   

La Corte es del criterio de que el Gobierno  Colombiano  puede  extraditar  al  ciudadano  OCTAVIO  ALBERTO    CARDONA   ECHEVERRY    por   razón  de    los             CARGOS  UNO,  DOS,  TRES Y CUATRO  de  la acusación a que se contrae la solicitud. Esto es, por  los     relativos     a     los     delitos     de    “concierto   para   importar  a  los  Estados  Unidos  cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia que contenía  una  cantidad  perceptible  de  cocaína”,  “concierto  para  poseer  con la  intención  de  distribuir cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia que  contenía  una cantidad perceptible de cocaína”, “ayuda y facilitamiento de  la  importación a los Estados Unidos de cinco kilogramos o más de una mezcla y  sustancia  que  contenía  una cantidad perceptible de cocaína”, y “Ayuda y  facilitamiento  del  intento  de posesión con la intención de distribuir cinco  kilogramos  o  más  de  una  mezcla  y  sustancia  que  contenía  una cantidad  perceptible de cocaína”.   

Dichos           cargos          aparecen         contenidos  en  la resolución acusatoria   No.  04- 20277 CR- LENARD,  dictada   el   30   de  abril  de 2004   en   la   Corte   Distrital   de  los  Estados Unidos de América para el Distrito Sur  de  Florida, conforme lo  solicita  el  Gobierno de los Estados Unidos de América, pues se satisfacen los  requisitos     preestablecidos     a    estos    efectos,    como    viene    de  demostrarse,               exclusivamente  por  conductas  realizadas con posterioridad al 17  de  diciembre  de  1997,  esto es, a la promulgación del Acto Legislativo 01 de  1997.   

Esto  último,  en razón a la prohibición  constitucional  contenida  en  el artículo 35 de la Carta Política, modificado  por  el  Acto  Legislativo  01 de 1997, según  el cual “no procederá la  extradición  cuando  se  trate  de  hechos  cometidos  con  anterioridad  a  la  promulgación  de  la presente norma”, lo que tuvo lugar el 17 de diciembre de  1997, como aparece en el Diario Oficial No. 43195 de esa fecha.   

Ello  por  cuanto  en  la  documentación  allegada  por  la  Embajada  de  los  Estados  Unidos de América se atribuye al  requerido  en  extradición  la  realización  de comportamientos delictivos con  anterioridad  a  dicha  fecha,  siendo  pertinente  entonces,  que  la Corte dé  aplicación    directa    a    dicho    precepto    y    haga   la   aclaración  correspondiente.   

6.1.- Aclaración  final.-   

En  atención  a  lo  manifestado  por  el  Ministerio  Público  sobre el particular, es de advertir que atañe al Gobierno  Nacional,  si en ejercicio de su competencia lo estima, subordinar la concesión  de  la extradición a las condiciones que considere oportunas, exigiendo en todo  caso,  que  la persona solicitada no vaya a ser juzgada por un hecho distinto al  que  motiva  la  extradición,  ni sometida a penas o tratos crueles inhumanos o  degradantes,  o  a  castigos  diferentes a los que se le hubieren impuesto en la  condena,  y  si  la  legislación  del  Estado  requirente pena con la muerte el  injusto  que  motiva  la extradición, la entrega se hará bajo la condición de  que  tal  pena  sea conmutada, en orden a lo contemplado en el artículo 512 del  C.P.P. de 2000.   

Asimismo, el Gobierno Nacional debe advertir  a  su homólogo del Estado requirente, que la persona solicitada en extradición  ha  permanecido  privada  de  la  libertad  en  detención preventiva por razón  de  este trámite.   

Además, la Sala ha de indicar que en virtud  de  lo  dispuesto  por  el  numeral  2º  del  artículo 189 de la Constitución  Política,  le corresponde al Gobierno, encabezado por el señor Presidente como  supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales,  realizar  el respectivo seguimiento a los condicionamientos que se impongan a la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a la extradición del ciudadano   OCTAVIO   ALBERTO   CARDONA   ECHEVERRY,  solicitada  al  Gobierno  de  Colombia  por su homólogo de los  Estados   Unidos   de   América,   por   razón  de  los            CARGOS UNO, DOS,  TRES  y  CUATRO  a  que  se  contrae  la  solicitud,  contenidos   en   la  resolución   acusatoria    No.   04-20277   CR  LENARD,      dictada      el      30  de abril  de   2004  por un Gran Jurado ante la Corte Distrital de los Estados Unidos  de      América      para      el      Distrito     Sur     de     Florida,          exclusivamente  por  conductas  realizadas con posterioridad al 17  de  diciembre  de  1997,  esto es, a la promulgación del Acto Legislativo 01 de  1997.   

Por la Secretaría de la Sala, comuníquese  esta  determinación  al  requerido  señor  OCTAVIO  ALBERTO   CARDONA   ECHEVERRY,  a  su  defensor  de  confianza,  al  Ministerio Público y al Fiscal General de la Nación para lo de  su  cargo  en  relación  con  la  persona detenida preventivamente con fines de  extradición.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia para los trámites subsiguientes de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

             Aclaración de voto   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre   ellos   el  fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos y deberes consagrados en la  Carta;  defender  la  independencia  nacional  y  proteger  a todas las personas  residentes  en  Colombia  en  su  vida,  honra,  bienes,  creencias,  derechos y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1   para   que  se  solicite,  conceda  u  ofrezca, que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es  preciso  comentar  que  como no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que  ligue  a Colombia con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para  evaluar   la   procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u  ofrecimiento  de  extradición   entre   los   dos   países   es   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo  508  y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito  de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal  mínimo  en  el  exterior  –artículo  510 y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro, prisión  perpetua      y      confiscación’,  a  las  cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas,  no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica  que  igualmente  en  ese  sentido  habrá  de condicionarse la exequibilidad del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El  gobierno  podrá subordinar el ofrecimiento o  la   concesión   de   la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten   al   extraditado   –como  a  cualquier  otro nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente,  el gobierno debe condicionar  la  entrega  a que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre  la   materia,   le  ofrezca  posibilidades  racionales  y  reales  para  que  el  extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con  sus familiares más cercanos,  habida  cuenta  que  la Constitución de 1991, en su artículo 42, reconoce a la  familia  como  núcleo  esencial  de  la  sociedad,  garantiza  su protección y  reconoce  su honra, dignidad e intimidad, lo cual se refuerza con la protección  adicional  que  a ese núcleo le otorgan la Convención Americana sobre Derechos  Humanos   (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado  mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1  Corte Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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