27228(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27228   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 109  

Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de la procesada RUBI  CECILIA  DÍAZ  RUIZ,  contra el fallo de segunda instancia que por vía de  descongestión  profiriera  el  Tribunal  Superior de Antioquia, fechado el 6 de  octubre  de  2006, mediante el cual confirmó integralmente la sentencia emitida  por  el  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  condenando  a  su  representada  legal  y  a Rozana de la Vega Villadiego,  a  la pena de  26  años de prisión, en calidad de coautoras del delito de homicidio agravado.  Además,  se  impuso  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas,  por  un  lapso  de  diez  años, se determinó el pago, a título de  perjuicios  civiles,  del  equivalente  a  ciento  cincuenta  salarios  mínimos  legales  mensuales,  se  negaron los subrogados de la suspensión condicional de  la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria, y se absolvió a las acusadas  del  cargo  que  por  el  delito  de  hurto calificado agravado, formulase en su  contra la fiscalía general de la nación.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“El  acontecer  fáctico  que dio origen a  esta  investigación penal, ocurrió en la madrugada del 29 de enero de 2001. En  la  noche,  el  señor  Germán  Alonso  Carvajal Herrera llegó a su residencia  ubicada  en  la  carrera 13 número 153 A 75, apartamento 204 del interior 4, en  el  transporte  proporcionado  por  la  empresa donde laboraba y proveniente del  aeropuerto   internacional  “El  Dorado”.  Una  vez  en  su  residencia,  al  deteriorarse  visiblemente su salud, fue conducido por su compañera sentimental  ROZANA  DE  LA  VEGA  VILLADIEGO  y  la empleada del servicio RUBY CECILIA DÍAZ  RUÍZ  hacia un centro asistencial en el vehículo  de placas BJZ580, color  azul  oscuro,  modelo  1998,  Hunday (sic) Accent  Nest. No obstante, ni el  señor  Carvajal  ni  su  esposa  llegaron a su destino, pues Germán Alonso fue  encontrado  sin  vida en la vía Guaimaral (sic) a un kilómetro de la autopista  norte,  a eso de las 4:15 de la madrugada, presentando dos impactos de proyectil  de  arma  de fuego que le causaron su deceso. En tanto, que la señora Rozana de  la  Vega  Villadiego  fue hallada días después en la Clínica San Pedro Claver  con pérdida de memoria.   

“Según  la citada DE LA VEGA, para cuando  se  movilizaban  por  la carrera 7° con calle 160, momento en el cual ya había  descendido  del  rodante  la  empleada del servicio, fueron interceptados por un  vehículo  del  cual  descendieron  varios  sujetos  que  le colocaron a ella un  pañuelo  en  su rostro con alguna sustancia que le hizo perder el conocimiento,  recuperándolo  días más tarde, sin saber sobre la suerte de su compañero.”   

DECURSO PROCESAL  

Con el hallazgo del cadáver de la víctima,  ocurrido  el  29  de  enero  de  2001, se dio inicio a la investigación previa,  abierta  ese  mismo  día  por la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía,  Zona Usaquén.   

Asumió conocimiento del asunto la Fiscalía  20 Seccional de Bogotá, el 14 de febrero de 2001.   

Después de una amplia práctica probatoria,  que  incluyó recibir declaración jurada a RUBI CECILIA DÍAZ RUÍZ y Rozana de  la  Vega  Villadiego,  el  cinco  de  agosto  de  2002,  se   abrió formal  instrucción,  ordenándose  vincular  a  través  de indagatoria a Rozana de la  Vega Villadiego.   

El  20 de marzo de 2003, se dispuso vincular  mediante   indagatoria   a   RUBI   CECILIA   DÍAZ   RUÍZ,  disponiéndose  su  captura.   

En auto proferido el 21 de julio de 2003, se  declaró persona ausente a Rozana de la Vega Villadiego.   

Capturada  el 23 de noviembre de 2003,   el  26  siguiente  se  recibió  la  indagatoria  de  RUBI  CECILIA DÍAZ RUÍZ.  Seguidamente,  el  28  de  noviembre  se resolvió la situación jurídica de la  procesada  y de Rozana de la Vega Villadiego, imponiéndose en contra de las dos  medida    de    aseguramiento    de    detención   preventiva   sin   beneficio  excarcelatorio,    a   título   de   coautoras  del  delito  de  homicidio  agravado.   

La  decisión  fue  apelada por la procesada  DÍAZ   RUÍZ,  pero  se  declaró  desierto  el  recurso  dado  que  jamás  se  sustentó.   

El  26  de  febrero  de 2004, se decretó el  cierre de la investigación.   

Como quiera que entendió vencido el término  de  privación  de  libertad  sin  que  se calificase el mérito instructivo, el  defensor  de la procesada RUBI CECILIA DÍAZ, solicitó su libertad provisional,  la   cual   le   fue   otorgada   en   proveído  emitido  el  24  de  marzo  de  2004.   

El día 31 de marzo de 2004, se calificó el  mérito  del sumario, profiriéndose resolución de acusación en contra de RUBI  CECILIA  DÍAZ  RUÍZ, y Rozana de la Vega Villadiego, como coautoras del delito  de  homicidio  agravado  dispuesto  en  los  artículos 103 y 104 -1, 4 y 7, del  C.P.,  en  concurso  con el de hurto calificado agravado. Allí mismo se revocó  la    libertad    provisional   otorgada   a   la   primera,   ordenándose   su  captura.   

La  procesada  DÍAZ  RUÍZ,  finalmente, no  obtuvo  la libertad determinada previamente, pues, expedida al día siguiente la  providencia  calificatoria  del mérito instructivo, lo ordenado allí acerca de  la revocatoria de la excarcelación se hizo efectivo de inmediato.   

Ejecutoriada  la  resolución acusatoria, el  proceso  le  fue  repartido  al Juzgado Décimo Penal del Circuito de Bogotá, a  efectos de adelantar la etapa del juicio.   

El  29  de  junio  de  2004,  tuvo  lugar la  audiencia  preparatoria,  en la cual se resolvieron las solicitudes de nulidad y  probatorias presentadas por  las partes.   

Se dio comienzo a la diligencia de audiencia  pública  de  juzgamiento, el 8 de septiembre de 2004, continuándose ella el 27  de  septiembre,  el  11 de octubre y el 20 de ese mismo mes, hasta culminarse el  27 de octubre.   

El  17  de  febrero  de  2005, se emitió la  sentencia  de  primera instancia, en la cual se condenó a las procesadas Rozana  de  la  Vega Villadiego y RUBI CECILIA DÍAZ RUÍZ, como coautoras del delito de  homicidio  agravado  y  se  les  absolvió  por  el  punible de hurto calificado  agravado.   

Finalmente,  por descongestión, el Tribunal  Superior   de   Antioquia,   profirió   la   sentencia  de  segunda  instancia,  confirmatoria en todas sus partes de la emitida por el A quo.   

LA DEMANDA  

Cargo Único.  

        Con  base  en  la  causal  primera, cuerpo segundo, el  demandante  acusa  a  la  sentencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia  por supresión, que radica en la omisión del Tribunal en considerar  un   específico  medio  probatorio,  en  este  caso  remitido  a  la  necropsia  practicada sobre el cadáver de la víctima.   

        En  desarrollo  de la censura, asegura el recurrente que la responsabilidad penal de  su  representada  legal se hizo consistir exclusivamente en que ella ejecutó la  actividad  material  de  hacer  consumir  al  interfecto  un  líquido  tóxico,  propiciando  de  esta  manera que se hiciese necesario buscar atención médica,  en cuyo trayecto se materializaría el crimen.   

        En  sustento  de  ello,  sigue  anotando  el  impugnante, el Tribunal se basó en lo  expresado  por un testigo, quien refiere en particular este comportamiento de la  procesada.   

         Sin  embargo,  manifiesta  el  casacionista,  pasó  por alto el Ad quem, en esa  evaluación  probatoria,  considerar  lo  arrojado  por  la  prueba  técnica  y  científica,  necropsia médico-legal, en la cual no se consigna haberse hallado  restos de sustancias tóxicas en el organismo del occiso.   

        Si  ello  es  así,  razona  el  censor,  carece de piso probatorio la intervención  trascendente que se pregona realizó su protegida legal.   

         Estima,  entonces, omisiva la evaluación probatoria del Tribunal, el cual, para  soportar  la  intoxicación  pregonada  de  la víctima, “supuso” la prueba,  acudiendo  a  varios  testimonios,  particularmente  lo  dicho  por  Henry Tadeo  Carvajal  Herrera,  quien, pese a su condición de médico, es apenas un testigo  “referencial”,   ya   que   no  se  hallaba  en  el  lugar  de  los  hechos,  controvirtiendo  de esta forma lo referenciado por la necropsia, a través de la  cual  se descarta plenamente la posibilidad del efecto deletéreo atribuido a la  acusada.   

          Ya  luego señala,  el  recurrente,  que  la  violación  proviene  del  hecho  de  que  el Tribunal  “supuso”   la   existencia   de   una   prueba  encaminada  a  demostrar  la  intoxicación tantas veces relacionada.   

    Entiende el casacionista,  que  si  bien,  su  representada legal trabajaba para el día de los hechos como  empleada  doméstica  del  interfecto,  e  incluso le brindó una bebida gaseosa  cuando  ingresó  a  la  residencia,  ello  no  es  suficiente para determinarla  coautora del delito de homicidio.   

         Para  seguir  soportando  el  cargo,  transcribe  el demandante, apartados de lo  consignado  argumentalmente  en la sentencia atacada, específicamente cuando el  Ad  quem,  reflexiona  que  la  sintomatología  evidenciada en la víctima poco  antes  de  recibir  los  disparos  fatales,  muestran  inconcuso  un  cuadro  de  intoxicación,  “sin  necesidad  de dictamen médico  alguno” que lo confirme.   Igualmente, que  un  tercero,  encargado  de  cobrar  el  dinero  adeudado  por  materializar  la  agresión,  señaló “con contundencia”,  que  la  idea criminal fue fraguada por la esposa del occiso y su  empleada doméstica.   

       Agrega  el  impugnante,  que  si  se  hubiese  tomado  en  consideración lo arrojado por la  necropsia,  se  dejaría  sin  valor  el  testimonio  que  referencia  la  dicha  intoxicación,  entre  otras  razones,  porque  “para  demostrar  que  el  cuadro  clínico,  presentado  por  Germán  Alonso Carvajal  Herrera  el  día  de  los hechos génesis del presente proceso, obedeció a una  intoxicación  alimentaría  (sic)  o a un envenenamiento, se requiere, más que  de  una  prueba  testimonial,  de  un  dictamen medicó (sic)…” .   

       En   punto   de  trascendencia,  se  limita  el  impugnante  a reiterar que la vinculación de su  prohijada   devino  consecuencia  exclusivamente  del  supuesto  suministro  del  tóxico  a  la víctima, pero carente de demostración ese hecho, necesariamente  ha  de emitirse sentencia absolutoria, remitiendo a ello su solicitud en sede de  casación.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        Se ha anotado pacíficamente por la Corte, y ahora se  reitera,  cómo la demanda  de   casación   ha   de   comportar   un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,   pues,  no  se  trata  de  hacer   valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya superada  por   los   falladores   de   primero   y   segundo  grados,   en   la  cual  se  pretende  anteponer  el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

       Sirvan  de  derrotero  estas  precisiones, a efectos de abordar el  único cargo de la demanda.   

        Cargo            Único.   

        Manifiestas  son  las  falencias  lógicas  que  campean  en  la  argumentación  presentada   por   el  casacionista  con  el  ánimo  de  quebrar la solidez de la sentencia atacada, a  más  de  que  omite demostrar adecuadamente cuál es la trascendencia del yerro  que  entiende  afecta  la  validez  del fallo en cuestión, razones suficientes,  estas, para decretar la inadmisión de la demanda.   

         En  efecto,  aunque  se anuncia como soporte del cargo la causal primera, cuerpo  segundo,  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión, el  desarrollo  del  tema se muestra equívoco, cuando no contradictorio, impidiendo  conocer  a  la Corte cuál, finalmente, es el vicio que se pregona existir en la  decisión del A quo.   

          Así,  al  inicio  de  la  sustentación  escrita  claramente  se  advierte que el Tribunal omitió  tomar    en    consideración    el   informe   de   la   necropsia   practicada  al   cadáver  de  la  víctima,  el  cual  soporta  la tesis de la defensa,  referido  a  que  no  se  suministró  por  parte de su prohijada legal, ninguna  sustancia tóxica al interfecto.   

                   Sin  embargo,  patente  se  aprecia  que la controversia no gira en  torno  de  la  presunta  omisión en la consideración probatoria, sino respecto  del   valor  absoluto  que  a  este  medio  da  el  censor,  pretendiendo  hacer  valer,   el  demandante,  su  particular       interpretación, por encima de la que constituyó soporte del fallo.   

          Por  manera  que,  incluso  el  recurrente  cita una parte de la sentencia donde expresamente el Ad  quem,  significa que para la determinación del quebrantamiento de salud del hoy  occiso,  no  es  necesaria peritación médica que así lo certifique, pues, los  testimonios recabados así lo demuestran.   

         Y,  a  renglón  seguido,  se  permite el casacionista controvertir lo declarado  sobre  el  punto  por  dos  de  los  testigos tomados en cuenta por el Tribunal,  refiriendo  que  uno  de ellos debe tomarse como “referencial”, por no haber  estado presente en los hechos.   

         Finalmente,   en   contundente   manifestación  el  impugnante  afirma  que  la  intoxicación  del  interfecto,  más  que  una  prueba  testimonial, demanda de  concepto médico.   

        Evidente  se  alza,  conforme  lo  relacionado  en  precedencia,  que  lejos  de  sustentar  la  causal propuesta, el  censor  ha  pretendido  hacer una muy particular valoración de las  pruebas,  confrontando  la  testimonial  con  la científica, para otorgar mayor  valor a la segunda.   

         Desde luego que ello,  de  esta  forma  planteado,  resume  un típico alegato de instancia, por entero  ajeno  a  la sólida fundamentación que exige la discusión en sede del recurso  extraordinario   de   casación,   la   cual   indispensablemente   demanda   la  demostración  de  un  vicio  suficiente  para derrumbar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  de  que  se halla revestida la sentencia  de segundo  grado.   

        Mayor el desatino, si lo buscado por el demandante es  otorgar  a  un  determinado medio probatorio, dictamen o certificación médica,  un  específico valor, supuestamente superior al del acervo testimonial, pasando  por  alto  de  manera  flagrante  que en nuestro sistema de valoración suasoria  prima   el   principio   de  libertad  probatoria,  por  contraposición  al  de  tarifa  legal, haciéndose  menester  el  análisis  conjunto  de  lo recogido en la materia, acorde con las  reglas que disciplinan la sana crítica.   

        Y  este  análisis  conjunto,  ya  lo  tiene dicho la  Sala1        desde       antaño,   no  es  posible  controvertirlo  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación,  precisamente  porque  conduce  a  una discusión  meramente  dialéctica de lo que se estima mejor conclusión, sin posibilidad de  definir  una  concreta violación a las normas de la experiencia, los principios  de la lógica o los fundamentos de la ciencia.   

       Si el  Tribunal,  como  así  lo  destaca  el demandante, estimó, dentro del análisis  racional  conjunto  de  los elementos de juicio presentados a su consideración,  que  la prueba testimonial tiene la fuerza suasoria suficiente para demostrar la  intoxicación  de  la  víctima  como medio para lograr que abandonara su casa y  así  abordarlo  para  darle  muerte violenta con disparos de arma de fuego, por  encima  de cualquier experticio médico que así lo confirmase o infirmase, ello  no   puede   ser   controvertido   en   el  escenario  de  la  casación.  Mucho  menos,  si  la  forma de  ataque  remite, a pesar de  nuestra  legislación  que  privilegia  la  libertad  probatoria,  repetimos,  a  otorgar  al  medio  científico un valor preponderante o único de plena prueba.   

           Por  lo  demás,  bastante  equívoca  se reporta la  argumentación,  cuando,  a  pesar de advertir desde un comienzo que se trata de  que  el Tribunal pasó por  alto  tomar  en  cuenta  el  informe  de  necropsia, ya después se anota que el  ataque  deviene  de  que  la  sentencia  viola  la  ley  sustancial “…de  manera  indirecta al suponer la existencia de una prueba  para  demostrar,  la  posible  intoxicación,  causada al hoy occiso. Labor, que  desarrollaría,  RUBY  CECILIA DÍAZ RUÍZ, en le referido plan criminal, y a su  vez,    omitir   valorar,   la   prueba   técnico-  científica…”   

             No   dice   el  demandante  cuál  es  la  prueba  supuesta  por  el  Tribunal  para  fundar  su  conclusión.  Y  si  se  trata  de  definir  que el acervo testimonial tomado en  cuenta  por  el  Ad  quem,  no  comporta  tal  capacidad  suasoria,  es  preciso  significar  que el ataque no puede enmarcarse en los linderos del error de hecho  por   falso  juicio  de  existencia  –aunque  ni siquiera se desarrolló el punto-, sino por la vía del  error   de  hecho  por  falso  raciocinio,  desde  luego  individualizando  cada  testimonio  a  efectos  de  registrar  sobre  él  cómo se pasaron por alto las  máximas  de  la  experiencia,  reglas de la ciencia o postulados de la lógica.   

        De otro  lado,  ya  por  sí  mismo  deficiente  el cargo en su fundamentación, también  obvió  el recurrente determinar adecuadamente cuál  es  la  trascendencia  que  el  yerro, de haberse demostrado, tiene en el fallo,  pues,  se  limitó  a  referenciar  que  el  Tribunal  basó  la  condena  en la  participación  concreta  de  la  procesada,  dando  a  tomar  a  la víctima el  líquido  que  afectó  su  salud  y  lo  obligó a abandonar la seguridad de su  residencia  para  recibir  después  la mortal embestida con arma de fuego, pero  pasó  por  alto transcribir los apartados específicos del fallo que corroboran  esa  como la única circunstancia tomada en cuenta para determinar la coautoría  en el punible.   

         Era  menester,  para  que  la  Corte  pudiese  evaluar si de verdad el Tribunal sólo  tomó  en  cuenta ese aspecto, reproducir el fallo en todos los apartados que se  refieran  a  la responsabilidad penal de la representada legal del demandante, y  las pruebas que la soportan.   

        Porque,  incluso,  de  la misma reproducción traída a colación en la demanda se extrae  conclusión  diferente  a  la  del  recurrente,  en  el tópico de trascendencia  destacado.   

        En  efecto,  si se cita un párrafo en el cual el Ad quem establece que “los  autores  del delito contrataron a una tercera persona para  cobrara  la  parte  del  dinero  que  les  debían  por  cometer el asesinato y esta persona señaló con  contundencia   que   la   idea   criminal   fue   orquestada   entre   Rosana  y  Ruby,  las  aquí  procesadas…”,  resulta  contrario  a  la  realidad  sostener  que  la vinculación penal de RUBI CECILIA DÍAZ RUÍZ, se fundamentó  únicamente  en  el  hecho  de que dio de tomar al hoy occiso una bebida gaseosa  que  le  produjo  algún  tipo  de  dolencia gástrica, cuando es lo cierto que,  independientemente  de  que  ese  comportamiento  puntual  en  pro  del cometido  criminal  se  determine  o  no  cabalmente  demostrado,  a  la  procesada  se le  significa  ideando  y  planificando  el homicidio, existiendo prueba que así lo  detalla,  en  sentir  del Ad quem, razón suficiente para advertirla responsable  de la conducta punible.   

         Debió,  entonces,  el  impugnante,  realizar  un profundo y minucioso examen de  toda  la  prueba  arrimada  al  expediente y de los motivos que fundamentaron la  definición  de  responsabilidad  de su protegida legal, para efectos de elucidar cómo la eliminación de  esa     concreta     actividad     –dar  la  bebida  tóxica al interfecto,  desde     luego,    indiscutible    que    este    murió    por    consecuencia  de los disparos después  recibidos-,  resulta  suficiente  para derrumbar las  demás  pruebas  de  incriminación y, particularmente, aquellas que ubican a la  acusada  ideando y fraguando el plan, en compañía de la esposa de la víctima,  que dio al traste con la vida de esta.       

      

         En  suma,  se     han     desatendido  los  mínimos  rigores   lógicos   y   argumentativos  que  facultan  la controversia  casacional,  en  cuanto  fundamento   necesario   para   verificar  cabalmente  planteada  la  violación  atribuida  al  Tribunal,  siguiéndose  de  ello  la  necesidad  de inadmitir el  cargo.   

Como no se observan violaciones a garantías  fundamentales,  que  obliguen  conocer  de  oficio  lo  actuado, se inadmitirá,  conforme lo anotado en precedencia, la demanda de casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la         procesada   RUBI  CECILIA DÍAZ RUÍZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ            ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14535     

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