9657 (23-11-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 9657  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.177   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de Bogotá, D. C., veintitrés de  noviembre de mil novecientos noventa y ocho.   

                   Derrotada la  ponencia  presentada  por  el Magistrado doctor Nilson Pinilla Pinilla, resuelve  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia  anticipada  de  25  de  marzo de 1994, mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Bogotá   condenó   a  los  procesados  ALPIDIO  RAMIREZ  REYES,  CARLOS ANIBAL PINEDA PEÑA y JOSE VICENTE  CRUZ  CRUZ, a la pena principal de 30 meses y 20 días  de  prisión,  como  coautores  responsables  de los delitos de hurto calificado  agravado, y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                     El día 29  de  octubre  de  1993,  en  las  horas  de  la  mañana, unidades de la Policía  Nacional,  alertadas  por  una llamada telefónica que informaba de la presencia  de  varias personas sospechosas en la residencia distinguida con el No.104-49 de  la  transversal  38  de  Santa  Fe  de Bogotá, se dirigieron al lugar, en donde  después  de  un  enfrentamiento  de  disparos,  lograron  la captura de Alpidio  Ramírez  Reyes,  Carlos Aníbal Pineda Peña y José Vicente Cruz Cruz, en cuyo  poder  fueron  encontradas  una pistola Browing, una pistola C-Z, una pistola de  fulminantes, y cartuchos adicionales para las primeras (fls.1).   

                        En  el  interior  de  la  residencia las autoridades hallaron a Evidalia Gil Hernández,  empleada  del  servicio  doméstico  de  54 años de edad, atada y amordazada, y  enseres  varios,  avaluados  en 2.5 millones de pesos, listos para ser retirados  del  lugar.  Otros  bienes  por  valor  de doscientos mil pesos, consistentes en  joyas  y  relojes,  lograron  ser  objeto  de  apoderamiento  por  el  grupo  de  asaltantes.                 

                    Iniciada la  investigación,   la  Fiscalía  escuchó  en  declaración  indagatoria  a  los  capturados,  quienes  afirmaron  no haber tenido participación en los hechos, y  definió  su  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva,  por  los  delitos  de  hurto calificado agravado, y porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal (fls. 17, 18, 22, 26 y 43-1).   

                           En  declaración  bajo  juramento,  Luis Fernando Lara Rodríguez, propietario de la  residencia,  avaluó  los  daños  y perjuicios causados en doscientos cincuenta  mil  pesos,  discriminados así: doscientos mil correspondientes al valor de las  joyas  y  relojes  sustraídos,  y  cincuenta  mil  pesos en razón de dos tejas  plásticas que los asaltantes destruyeron en su huida (fls.41-1).   

                       Con  el  propósito  de  indemnizar  al  sujeto  pasivo  de  la  infracción, y lograr la  libertad  provisional de los indagados, la defensa aportó al proceso un título  de  depósito  judicial  por  el  valor  señalado (fls.61 y 63-1). La Fiscalía  reconoció  el  pago, pero negó la libertad de los procesados, argumentando que  no  concurrían  las  exigencias  requeridas  para suspender condicionalmente la  pena en el evento de una sentencia condenatoria (fls. 64-1).   

                      Previo el  cumplimiento   del   trámite  previsto  en  el  artículo  37  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (modificado por los artículos 3º de la ley 81/93 y 11 de  la  ley  365/97),  la Fiscalía formuló anticipadamente cargos a los procesados  por  los delitos de hurto calificado agravado, y porte ilegal de armas, conforme  a  lo  establecido  en  los artículos 350 numerales 1º, 2º y 3º, 351 numeral  10º  y  372  numeral 1º del Código Penal, y artículo 1º del Decreto 3664 de  1986  (Decreto 2266/91, art.1º,) siendo aceptados por éstos. Al término de la  diligencia,  el  defensor solicitó aplicar, además de la rebaja de pena de una  tercera  parte  por  sentencia  anticipada,  la prevista en el artículo 374 del  Código Penal, por reparación de perjuicios (fls.77-1).   

                      Mediante  sentencia  de  21  de  enero  de  1994,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito  condenó  a los acusados a la pena principal de 30 meses y 20 días de prisión,  y  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  como  coautores  responsables  de  los  delitos  de  Hurto calificado  agravado  y “fabricación y tráfico de armas de fuego o municiones”, conforme a  los  cargos  imputados por la Fiscalía y aceptados por ellos. También, al pago  de  doscientos  cincuenta  mil  pesos por concepto de daños y perjuicios, y les  negó el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

                   Al dosificar  la  pena,  el  Juez aplicó la rebaja establecida en el artículo 37 del Código  de  Procedimiento  Penal  (arts.3º  de la ley 81/93 y 11 de la ley 365/97), por  haberse  acogido  los acusados a sentencia anticipada, pero negó la prevista en  el  artículo  374 del Código Penal por reparación de perjuicios, argumentando  que   para   acceder   a   ella   era  necesario  que  los  procesados  hubieran  demostrado   un  sincero  arrepentimiento,  y  que  este  requisito  no  se  cumplía en el presente caso (fls. 87 y ss-1).   

                    El defensor  de  los  procesados  apeló este fallo con el propósito de obtener la rebaja de  pena  negada por el juzgador de primer grado, y el otorgamiento del subrogado de  la  condena  de  ejecución  condicional, pero el Tribunal, mediante el suyo que  ahora  recurre  en  casación  Alpidio  Ramírez  Reyes, negó sus pretensiones,  reafirmando,  en  decisión  de  mayoría,  la  tesis  expuesta  por el a quo, y  citando, al efecto, doctrina de la Corte (fls. 4, 11 vto. y 17-2).   

                     

                           La  demanda.   

                          Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación, el censor acusa la sentencia  impugnada  de  ser  violatoria  de   la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida,  en  razón  a  no haberse tenido en cuenta por los juzgadores que los  procesados,  en  la diligencia de formulación y aceptación de cargos, hicieron  expresas  e  inequívocas  manifestaciones  de  arrepentimiento, y que no fueron  presionados  por  nadie  cuando  consignaron el valor de la reparación, todo lo  cual  los  hacía acreedores a la rebaja de pena establecida en el artículo 374  del Código Penal.   

                     Argumenta  que  si  bien es cierto los sindicados negaron inicialmente su participación en  los  hechos, no puede perderse de vista que todo imputado tiene derecho a asumir  una  estrategia  defensiva,  y  que  de  acuerdo  con  el  artículo  33  de  la  Constitución  Nacional,  nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo o  contra  su  cónyuge, compañero permanente, o parientes dentro del cuarto grado  de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil.   

                     Afirma,  apoyado  en  interpretaciones  doctrinales,  y  en  el  salvamento  de  voto del  Magistrado  disidente,  que lo buscado a través del artículo 374 es obtener un  rápido   y   efectivo  resarcimiento  de  los  perjuicios  ocasionados  con  la  infracción,  haciendo  menos  nocivas  las  consecuencias  que  ha acarreado la  conducta  ilícita, y que estas finalidades han sido cumplidas a cabalidad en el  presente caso.   

                   Pide a la  Corte,  en  consecuencia,  casar  el fallo impugnado, y dictar el que en derecho  corresponde  (fls.  57-2).                                     

                    Concepto  del Ministerio Público.   

                         El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  es  del criterio que el cargo debe  prosperar,  pues  considera  que el artículo 374 del Código Penal consagra una  aminorante  de  pena  meramente  objetiva,  sin  más  condicionamientos  que la  restitución  del  objeto  material del delito, su valor, o la indemnización de  los   perjuicios,   y   que  en  el  presente  caso  este  presupuesto  ha  sido  satisfecho.   

                    Reconoce  que  el  escrito impugnatorio adolece de imprecisiones en la concreción inicial  del  reparo, pero sostiene que de su desarrollo argumentativo es posible extraer  con  claridad que lo pretendido por el actor es denunciar una violación directa  del  artículo 374 del Código Penal “en el sentido de errónea interpretación,  que condujo a su falta de aplicación”.   

                    Califica  como  equivocada  la  postura  de  la Sala mayoritaria del Tribunal, al negar la  rebaja  de  pena  por  reparación apoyándose en una jurisprudencia de la Corte  “que  no  ha  tenido eco”, y exigiendo para su procedencia requisitos subjetivos  que   la   norma  no  impone.  Más  aún,  haciendo  depender  la  ausencia  de  arrepentimiento   en   los   procesados,  de  haber  negado  en  indagatoria  su  participación  en  los  hechos,  haber  solicitado  la  libertad provisional, y  acudido  a la sentencia anticipada, instituciones todas que constituyen derechos  consagrados  en su favor, y cuyo ejercicio no puede calificarse de oportunismo o  falta de arrepentimiento.   

                   Solicita,  por  tanto,  casar  parcialmente el fallo impugnado, y reconocer en favor de los  procesados  la  reducción  de pena prevista en el multicitado artículo 374 del  Código Penal (fls.255 del cuaderno de la Corte).   

                         SE  CONSIDERA:   

              Aspecto técnico de  la demanda.   

                                                

                   Aunque la  demanda  no  concreta  la forma de violación de la ley sustancial, si directa o  indirecta,  razón  le asiste al Procurador Segundo Delegado cuando sostiene que  de  su  contenido  y  desarrollo  puede  establecerse  sin  dificultades  que la  pretensión  del  casacionista es denunciar una violación directa del artículo  374 del Código Penal.   

                    No puede  compartir  la  Sala,  sin  embargo, la precisión complementaria que la Delegada  hace,  en  el  sentido de que a la infracción de la norma sustancial se habría  llegado  por  interpretación  errónea  y  falta  de aplicación. Principios de  técnica  casacional enseñan que estos conceptos de la infracción de la ley no  pueden  ser  concurrentes,  pues mientras el primero presupone aplicación de la  norma  violada, el segundo implica inaplicación de ella, siendo en consecuencia  contradictorio  invocar  estos dos sentidos de la violación en relación con un  mismo precepto sustancial.   

                    La Corte  entiende,  y  así  lo  ha  sostenido  en  oportunidades  anteriores,  que  a la  aplicación  indebida  o  inaplicación de una norma legal puede llegarse porque  el  juzgador  malinterpreta  su  alcance,  pero la concreción del sentido de la  violación  no  puede hacerse depender de las razones que determinaron el error,  sino   del  error  mismo,  es  decir  de  su  realización  en  las  equivocadas  apreciaciones jurídicas.      

                    Por eso,  en  eventos  como el que se analiza, donde el actor demanda la aplicación de un  precepto  sustancial  que  los  juzgadores  de instancia no aplicaron, siendo el  llamado  a  regular  el  caso,  el concepto o sentido de la violación a invocar  deberá  ser  falta  de aplicación, independientemente de los motivos que hayan  podido haber determinado ese yerro.      

                   Respuesta  a la censura.   

                    Antes de  entrar  a  determinar  si el supuesto fáctico recogido por el artículo 374 del  Código  Penal  ha  tenido  concreción  en  el  presente  caso,  varias son las  precisiones  que  debe hacer la Corte sobre la naturaleza y alcance del referido  precepto:   

                    1. Es un  mecanismo  de reducción de pena, no una atenuante de responsabilidad. La rebaja  en  ella  establecida  no  se  deriva de una circunstancia concomitante al hecho  punible,  que  pueda  incidir en la tipicidad, antijuridicidad o culpabilidad, o  en  los  grados o formas de participación, sino de una actitud posdelictual del  imputado,   de   carácter   procesal,   que  para  nada  varía  el  juicio  de  responsabilidad  penal,  y  que  como  tal solo puede afectar la pena una vez ha  sido individualizada.   

                     Siendo  ello  así,  la  disminución punitiva allí prevista debe entenderse referida a  la  dosificación  judicial,  no  a los límites establecidos en cada uno de los  tipos  penales  que  conforman  el capítulo de los delitos contra al patrimonio  económico,  como pareciera insinuarlo la redacción del precepto, razón por la  que,  para  el presente caso, se habilita el interés para recurrir, tratándose  de sentencia anticipada.   

                         La  concreción  y  modificación  de  los  extremos punitivos es de competencia del  legislador,  no  del Juez, luego mal puede pensarse que la rebaja prevista en la  norma,  siendo  de  aplicación  judicial  (EL  JUEZ  podrá  disminuir, reza el  precepto),  modifica los mínimos y máximos punitivos señalados en cada una de  las citadas disposiciones penales.    

                  Obsérvese  que  cuando  el  legislador  introduce  este  tipo  de  modificaciones,  lo hace  directamente  (arts. 22, 24, 30, 60  C. P.), y si en esta oportunidad no lo  hizo,  sino  que  defirió la aplicación de la rebaja al Juzgador, es porque no  fue su voluntad afectar dichos topes.   

                         En  consecuencia,  las  rebajas establecidas en la citada disposición, en cuanto no  comprometen  los  límites  punitivos  señalados en el tipo penal que define el  delito  realizado,  no pueden afectar el término de prescripción de la acción  penal,  ni  incidir  en  la  determinación  de  la pena máxima para efectos de  establecer la procedencia del recurso de casación.    

                     2. Como  norma  imperativa,  no  es  de  aplicación  facultativa   por  el Juez. La  expresión  “podrá  disminuir”  que contiene el precepto, no significa, como ha  sido  entendido  en  algunas  instancias  judiciales,  que  su  aplicación  sea  discrecional,   de   suerte   que  aún  cumpliéndose  la  condición  en  ella  establecida, pueda el juzgador negar la rebaja.   

                  Las normas  penales,  como  la  mayoría  de los mandamientos jurídicos, son por esencia de  carácter  imperativo,  de suerte que cumplida la condición en ella fijada para  su  operancia,  el funcionario judicial no tiene alternativa distinta de aplicar  la  consecuencia  jurídica. En materia penal no existen normas que confieran al  Juez  la  facultad  de  optar  por  su no aplicación, habiendo sido cumplido el  supuesto    fáctico   en   ella   previsto.         

                         La  inflexión  verbal “podrá”, a la cual se ha hecho alusión, está referida a la  facultad  que  tiene  el  Juez de reducir la pena de la mitad a las tres cuartas  partes,  es decir, a la posibilidad de fijar el quantum  entre los límites  mínimo  y  máximo  que  la  propia  norma  consagra,  teniendo  por  norte los  criterios   establecidos   en   los  artículos  61  y  siguientes  del  Código  Penal.   

                   Con dicha  directriz  solo  se  pretendió fijar un marco de racionalidad en la aplicación  de  la  consecuencia  jurídica,  en  manera  alguna condicionar al criterio del  juzgador la procedencia de la norma misma.       

                    3. Es de  carácter  eminentemente objetivo, en cuanto que el supuesto fáctico que recoge  puede  ser  constatado  por  el  funcionario judicial sin necesidad de tener que  recurrir a valoraciones subjetivas.   

                     Para la  operancia  de  la  rebaja,  la  norma solo exige que el responsable restituya el  objeto  materia del delito o su valor, e indemnice los perjuicios ocasionados al  ofendido  o  perjudicado. Las motivaciones que hayan podido haber determinado su  decisión,  o  los  sentimientos  que  haya  experimentado  al  hacerlo,  no son  aspectos  que  determinen la aplicación o no de la consecuencia jurídica.  De            allí           que           su           exigencia           sea  ilegítima.          

                     Si  lo  pretendido  a través de la rebaja consagrada en el norma fue crear un mecanismo  de  estímulo  para  que  el  procesado  haga  cesar  los efectos de la conducta  delictiva  mediante el reintegro del objeto material del delito o su valor, y la  indemnización   al   ofendido   o  perjudicado,  dicho  propósito  resultaría  comprometido  con  las  exigencias  adicionales anotadas, ante la certeza de que  aún  reparando el daño, la retribución anunciada (reducción de pena) podría  terminar siendo desconocida.   

                    4. Es de  condición  alternativa  supletoria.  Esto  significa que cuando la restitución  del  objeto  material es posible, es ésta la que debe hacerse por el procesado,  y  que  solo cuando sea irrealizable, porque el objeto material ha desaparecido,  o  ha  sido  destruido,  o  el  imputado no está en condiciones de recuperarlo,  puede  acudirse  a  la restitución por equivalencia, que se concreta, según lo  establece   la  norma,  en  el  pago  del  valor  del  objeto.  En  ambos  casos  (restitución  natural  y  por  equivalencia), el responsable debe indemnizar al  ofendido los perjuicios causados.   

                     Es  de  precisarse  que si el objeto material fue recuperado, o no alcanzó a ser objeto  de  apoderamiento  como  acontece en las tentativas, la reducción se obtiene si  el  responsable  indemniza  los  perjuicios  causados  con  el hecho punible, de  acuerdo  con  la  estimación que de ellos haga bajo juramento el perjudicado, o  la que pericialmente se realice (art. 295 C. P. P.).   

              5.  La  reparación  debe  ser  integral. Esto  significa  que  las  restituciones  e  indemnizaciones  deben  ser  totales,  no  parciales.  Los  resarcimientos  incompletos, solo ameritan el reconocimiento de  la  circunstancia  genérica  de  atenuación  prevista en el artículo 64.7 del  Código   Penal.                                           

                    6. Tiene  aplicación  extensiva, en cuanto que la consecuencia jurídica (rebaja de pena)  debe  ser  aplicada  a  todos los procesados, sea cual fuere de ellos quien haya  realizado la restitución o asumido el pago.   

                  En el caso  que  es  objeto  de  estudio  se tiene que los procesados consignaron la suma de  doscientos  cincuenta mil pesos a título de reparación de perjuicios, teniendo  en  cuenta  la  estimación  que  de  ellos  hizo  el  ofendido  bajo juramento:  doscientos  mil  pesos  correspondientes  al valor de los relojes y las joyas no  recuperadas;  y,  cincuenta  mil  pesos  más por los daños materiales causados  (ruptura de dos tejas plásticas).   

                     Ningún  reclamo  presentó  el  ofendido por razón de perjuicios morales, razón por la  que  debe  entenderse,  en  sana  lógica,  que  los consideró inexistentes, no  siendo  del  resorte del funcionario judicial entrar a cuestionar su pretensión  indemnizatoria,  pues la facultad de presentar objeciones solo la tienen en esta  concreta  hipótesis  los  sujetos procesales (art.295 C.P.P.). De allí que los  juzgadores  hayan  decidido acoger la estimación realizada por el ofendido, sin  entrar a hacer agregaciones.   

                       Esta  realidad  fáctico  procesal  indica  que, en el presente caso, hubo reparación  integral,  y  que  la  rebaja  de  pena dispuesta en el citado artículo 374 del  Código  Penal,  resultaba  obligatoria,  según  las premisas que vienen de ser  establecidas,  en  las cuales se precisan criterios jurisprudenciales anteriores  de la Corte en relación con los alcances del mencionado precepto.   

                  Por tanto,  se  casará  el fallo impugnado para aplicar a la pena impuesta por el delito de  hurto,  una  rebaja del mínimo establecido en la norma (la mitad), en razón de  la  gravedad,  circunstancias  y modalidades del hecho punible (art.374.2 C.P.).  Siguiendo  los  parámetros   de dosificación aplicados por los juzgadores  de instancia, la pena a imponer sería la siguiente:   

                                           Veinticuatro  meses  por  el  hurto  calificado  (art.  350 C.P.);  cuatro  meses  más  por  la  agravante  del  artículo  351.10;  y,  ocho meses  adicionales  por la cuantía (art.372), para un subtotal de TREINTA Y SEIS MESES  DE  PRISION.  A  este  guarismo aplicamos la rebaja de pena por restitución (la  mitad),  para un total de DIECIOCHO MESES DE PRISION, que vendría a ser la pena  correspondiente al delito contra el patrimonio económico.   

                     Por el  concurso,  el  juzgador  de primer grado incrementó 10 meses, los que sumados a  la  pena  por  el  delito  de hurto, totalizan VEINTIOCHO MESES. Finalmente debe  hacerse  la  rebaja  de la tercera parte por sentencia anticipada, para una pena  definitiva de DIECIOCHO MESES, VEINTE DIAS DE PRISION.   

                       Esta  decisión  se  hará  extensiva  a  los procesados no recurrentes, conforme a lo  establecido en el artículo 243 del estatuto procesal.   

                  En mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Segundo Delegado, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E.   

                         1.  CASAR   la   sentencia  impugnada.   

                         2.  CONDENAR a los procesados  Alpidio  Ramírez  Reyes, Carlos Aníbal Pineda Peña y José Vicente Cruz Cruz,  a  la  pena principal de DIECIOCHO (18) MESES Y VEINTE (20) DIAS de prisión. En  un  término igual queda fijada la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas.  En lo demás, el fallo se mantiene incólume.                                      

                                           Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

CUMPLASE.                                  

   

   

                                      JORGE  CORDOBA  POVEDA                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

LUIS       BERNARDO       ALZATE  G.              JORGE       ANIBAL      GOMEZ  GALLEGO   

          Conjuez   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             CARLOS      E.     MEJIA  ESCOBAR                                

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA            NILSON  PINILLA  PINILLA   

                                                                       SALVAMENTO  DE VOTO   

                         

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

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SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con   el   respeto   debido   hacia  las  determinaciones   de   la   mayoría,   me  permito  transcribir  y  reiterar  a  continuación  algunos  de  los  planteamientos  relevantes  de  la ponencia que  presenté  ante  la Sala, que no encontraron acogida y motivaron la elaboración  de  otro proyecto por el señor Magistrado siguiente, con el cual se decidió el  asunto con mi disentimiento:   

1°.   Tratándose   de   la   sentencia  anticipada,  el  interés  para  recurrir  se  encuentra  limitado  respecto del  sindicado  y  su  defensor,  por el ordinal 4° del artículo 37B del Código de  Procedimiento  Penal,  ya  que  únicamente  pueden  impugnar  lo referente a la  dosificación  punitiva,  el  subrogado de la ejecución condicional de la pena,  la   extinción   del   dominio   y   la   condena   a   la   indemnización  de  perjuicios.   

Estas   restricciones   emergen   de  la  aceptación  libre  y voluntaria de la responsabilidad sobre el hecho imputado y  tienden  a  superar  retractaciones  del  procesado,  sin perjuicio de que en el  evento   de   haberse  vulnerado  de  manera  grave  e  insubsanable  verdaderas  garantías  fundamentales,  el  juez se abstenga de dictar sentencia y adopte el  correctivo pertinente.   

La dosificación de la pena se dirige a su  delimitación  cuantitativa  para el asunto concreto, encontrándose establecida  la  fase cualitativa (selección de la clase de sanción). Está encaminada a la  determinación  entre los topes mínimo y máximo, establecidos los factores que  impongan  modificar  los  extremos  punitivos  de  acuerdo  con lo consagrado en  normas  como  los  artículos  22,  24  a  28,  30  y  60  del  Código  Penal y  materializando  lo  que  sea  pertinente  de la parte especial de dicho estatuto  para  cada  situación  específica,  a  la  que finalmente serán aplicados los  criterios instituidos por el artículo 61 ibídem.   

Como  la  circunstancia  del artículo 374  ibídem  es  un  mecanismo  de  reducción  de  la pena a imponer en los delitos  contra   el   patrimonio   económico,  su  reconocimiento  recortado  o  su  no  otorgamiento  en  la sentencia anticipada sí genera interés para recurrir, que  también  existe,  por  ejemplo, cuando con posterioridad a la aceptación, pero  dentro  de la oportunidad legal, se da cumplimiento a los requisitos fijados por  el  artículo  374  citado y el juez se abstiene de considerar esta situación o  deniega o restringe la disminución.   

La   norma   que  se  comenta  no  tiene  aplicación  en abstracto ni afecta el tipo básico, lo cual descarta que incida  en  determinaciones  de  la punibilidad para efectos como la prescripción de la  acción    penal    o    el    interés    para    recurrir    regularmente   en  casación.   

En el caso concreto, durante el desarrollo  de  la  diligencia  prevista  en  el  artículo  37 del Código de Procedimiento  Penal,  el  defensor comentó que tal atenuante se presentaba y correspondía al  juez  resolver  lo  pertinente.  La  Fiscalía  guardó  silencio sobre el tema,  apareciendo  tácitamente que, como era lo indicado, se defirió al sentenciador  la  adopción  de  la  decisión respectiva, quien en el fallo consideró que no  había  lugar  al  otorgamiento, lo cual confirma que el procesado y su defensor  tienen  interés  para recurrir contra el punto específico, al no ser concedido  un  beneficio  con  incidencia  en la dosificación de la pena, que competía al  fallador reconocer o no.   

2°. Se aprecia que la demanda de casación  no  es específica en señalar si la violación de lo dispuesto por el artículo  374  del  Código  Penal  en la cual, según su criterio, incurrió el Tribunal,  fue  directa  o  indirecta,  aunque  pueda colegirse, como lo hace el Ministerio  Público  con  expresa  connotación  distinta,  que  acudió  a la primera para  tratar   de   establecer   que   “APLICO   INDEBIDAMENTE  LA  LEY”  (f.  63  cd.  Trib.).   

Esa   imprecisión   ostensible   en  la  sustentación  del  recurso,  que ciertamente no constituye “un modelo de lo que  debe  ser  la  demanda  de casación”, también en términos de la Procuraduría  Delegada   (f.   258  cd.  Corte),  mengua  sus  posibilidades  de  prosperidad,  malogramiento  que  se  acentúa  al  no  especificar el demandante ni demostrar  apropiadamente  cómo  se  configura  el error que trata de endilgarle al fallo,  aplicándose  sólo  en la insistencia de que sus clientes “consignaron el valor  de  los  perjuicios”, repitiendo los apartes en que cada uno de ellos manifiesta  estar  “muy  arrepentido” y transcribiendo la mayor parte del salvamento parcial  de  voto  del  Magistrado  del  Tribunal,  el cual procura oponer a la decisión  mayoritaria  pero  sin  explicar  con  solidez por qué ha de preponderar aquél  sobre ésta.   

El fallo de los juzgadores de instancia fue  emitido  de  conformidad  y  en  consonancia  “a  los  hechos  y  circunstancias  aceptadas”  (art.  37  C. de P. P.), entre los cuales no figuró el mecanismo de  reducción  de  pena  previsto  por  el  artículo 374, apenas mencionado por el  defensor.   

Habiéndose  proferido  así  la sentencia  anticipada,  con  sujeción  a  los  cargos  formulados  por  la Fiscalía en la  resolución   de   la  situación  jurídica  y  aceptados  libremente  por  los  procesados,  lo  que de suyo les significa una importante rebaja de pena, mal se  pretende  forzar  un  beneficio  adicional,  que  podía  conceder el juez en su  razonado  criterio,  siempre  y  cuando  se  den  las  condiciones  que lo hacen  otorgable,  ausentes  en  el presente caso según la motivación vertida, contra  la   cual   ningún   error   propiciador   de   la   casación   demuestra   el  actor.   

De aceptarse, como sugiere la Procuraduría  Delegada,  que  el  cargo a la sentencia deba entenderse formulado como falta de  aplicación  por  errónea interpretación del artículo 374, aunque aplicación  indebida  es lo mencionado en la demanda, el censor debió comenzar por plantear  y  demostrar que se daban los presupuestos objetivos de dicha norma, a saber, la  restitución  del  objeto  material  del  delito  o  su  valor  y la  indemnización  de  los perjuicios a  los  ofendidos,  a  lo  cual  se  le  haya reconocido por el fallador un sentido  equivocado,  debiendo  explicitar  en  que consistió éste y cómo y porqué se  estima     que     le     fueron     truncados     los     efectos    jurídicos  correspondientes.   

Esto  no se logra simplemente afirmándolo  (f.  65  cd.  Trib.),  sino  que hay que sustentarlo y en ello también falla la  demanda.   

3°.  Si  bien es cierto que Luis Fernando  Lara  Rodríguez  señaló  $200.000  como  valor  de  las  joyas y relojes cuya  sustracción  se  alcanzó  a  consumar  y  $50.000  por la ruptura de dos tejas  plásticas  (fs.  41 y 42 ib.), no especifica el casacionista por qué esa suma,  que  de  su  iniciativa  “los  sindicados  han  indemnizado” (f. 62 ib.), según  expresó  la  defensora  de  entonces  al  presentar  el  título  por  $250.000  consignados  por Plutarco Alfonso Pineda Peña, resulta suficiente no sólo para  restitución  del  “objeto  materia  del  delito o su valor”, sino también como  indemnización  de  “los  perjuicios  ocasionados al ofendido o perjudicado”, en  los  términos  del  artículo  374 del Código Penal, que evidentemente va más  allá  del  simple  daño  material  directo y no excluye el quebranto moral, el  cual  aparecía sensible, por ejemplo, a consecuencia del grave ataque contra la  empleada  del  servicio  doméstico  Evidalia Gil Hernández, a quien sometieron  con  armas, amenazaron de muerte, amarraron y “metieron un trapo en la boca” (f.  39 ib.).   

Lo anterior no se desvirtúa por el hecho,  no  argumentado  por el impugnante, de que la sentencia de primer grado asumiese  los  $250.000  como  tasación de los perjuicios a indemnizar, dejando por fuera  de  estimación por lo menos el daño moral, cuya indemnización ostensiblemente  dejó  de  atenderse,  quedando  los  diferentes  damnificados  en  libertad  de  perseguirla  en  acción  civil separada, junto con la parte que consideraren no  cubierta  de  los  perjuicios  materiales, siendo que tal acción privada no fue  ejercida dentro del proceso penal.   

A  pesar  de  la  falta de prueba sobre el  monto  de  los  perjuicios,  que  llevó  a  tener  como  punto de referencia la  declaración  de  LUIS  FERNANDO  LARA RODRÍGUEZ, no es acertado afirmar que su  cuantía  la  fijó el ofendido, porque este deponente, como hijo de los dueños  de  los  bienes  sustraídos  y  de  las  tejas  rotas, no podía renunciar a la  indemnización   cabal   ni  considerar  inexistentes  los  daños,  en  lo  que  correspondía a otros.   

Mal puede centrarse la determinación en el  desposeimiento  puramente  material  resultante  y  desdeñar  el desvalor de la  acción,  siendo  las  modalidades del ataque las que llevaron a configurar como  agravado   y   calificado  el  hecho  punible  ejecutado  y  sólo  parcialmente  consumado.   

Tampoco puede pregonarse que no es atinente  al  funcionario  judicial  cuestionar  el monto de la indemnización pretendida,  debido  a  que  precisamente el artículo 295 del Código de Procedimiento Penal  señala  que  la  cuantía “podrá ser la  que fije el perjudicado bajo la gravedad del juramento”. Los  damnificados  pueden  valorar  erradamente  los  perjuicios,  frecuentemente por  exceso  pero  también  algunas veces en forma recortada, y como se deriva de lo  dispuesto  por la preceptiva fundamental y, entre otros, por los artículos 9°,  14  y  20, normas rectoras del estatuto procesal penal, los servidores públicos  de  la Administración de Justicia deben procurar la verdad y la efectividad del  derecho  sustancial,  evitar  el  enriquecimiento  ilícito  y adoptar todas las  medidas  necesarias  para  que  el  restablecimiento  del  derecho  sea  real  y  efectivo.   

Cabe  recordar  que  frente  a  situación  claramente  equiparable  al  caso  bajo  estudio,  se  pronunció  esta  Sala en  casación   del   22   de   junio   de   1988,   M.P.   Dr.   Guillermo  Dávila  Muñoz:   

        “No  obstante lo anteriormente expresado, podría argüirse que el  procesado  consignó  la  suma  señalada  en  la  sentencia  en  comento,  como  perjuicios  y  que  esto  indicaba  su  ánimo  de  resarcimiento, lo que hacía  posible  la  reducción  comentada.  A este respecto son pertinentes las razones  expuestas  por  la  Procuraduría 3a. Delegada, ya que no existiendo parte civil  -se  reitera-  y  siendo  incompleta  la  tasación  efectuada,… puesto que se  prescindió  de  los  perjuicios  morales,  no  puede  darse por satisfecho este  requisito.  Lo  cual no ocurrirá, si habiendo intervenido el perjudicado en tal  calidad  no  hubiera  reclamado,  pudiéndose  entender que se conformaba con el  señalamiento de perjuicios con la limitación indicada”.   

Las naturales dificultades que en procesos  que  culminen  con  sentencia anticipada, pretermitiéndose por ende buena parte  de  la actuación, se presentan para la demostración y estimación del valor de  los  perjuicios  tanto  materiales  como morales irrogados con el hecho punible,  suelen  forzar  al  juzgador  a  basarse  en  comprobaciones insuficientes en lo  relacionado  con  la  naturaleza  de  los daños y su cuantificación, sin haber  tenido  la  oportunidad  de  contar  con  la  intervención  de  un  perito.  Es  probablemente  esta  dificultad,  que corresponde al Fiscal superar haciendo uso  de  la  facultad de practicar pruebas (inciso 2° del artículo 37 C. de P. P.),  la  que  ha llevado al legislador, contrariando la Carta Política (art. 12-5 L.  365/97,  Corte Constitucional, C-277, junio 3/98, M. P. Vladimiro Naranjo Mesa),  a  intentar excluir de determinación lo referente a la responsabilidad civil en  procesos penales que culminen con sentencia anticipada.   

4°. Tampoco tiene razón el recurrente en  la  alusión que hace al numeral 7° del artículo 64 del Código Penal, como si  también  insinuara  inaplicación de esta norma, cuando resulta evidente que la  pena  fue  tasada,  con palmaria indulgencia, partiendo “del mínimo que enseña  el   canon   350   ibídem,   es   decir   veinticuatro  meses…”  (f.  93  cd.  inicial).   

5°. La disminución punitiva consagrada en  el  artículo  374  citado  no  es  un imperativo categórico. Dicha norma no le  impone  al  juez  la  obligación  de reconocer la reducción, a pesar de que en  apariencia   se  reúnan  los  requisitos  fijados.  Se  trata  de  un  precepto  facultativo,  en  el  sentido  de  conferir  al funcionario judicial la potestad  equitativa de atenuar o no la pena.   

Considerar  que  el  juez  ante el fingido  resarcimiento  o  el  acomodaticio  oportunismo  está  obligado  a reconocer la  reducción  del  artículo  374 del Código Penal, es seguir una interpretación  que  conduce  a  tener  la  inflexión  verbal “podrá” como un agregado sin  sentido  ni  trascendencia,  concluyendo en la misma situación que se daría de  no  haber  sido  expresamente  incluida.  Por  el  contrario,  siendo válida la  existencia  de  normas  que  otorgan  al juzgador la facultad de aplicar o no lo  previsto,  de  acuerdo  con  su  razonado  análisis,  y no existiendo en la ley  palabras  ociosas,  lo  imperativo  es  tomar  en  cuenta  que “poder” no es  obligación, sino autorización o potestad de realizar algo.   

El  empleo  de  dicho  verbo  da  un  giro  evidente  al texto normativo, hasta el punto de mutar el carácter del precepto,  que  deja  de ser obligante para convertirse en facultativo, cambio que no ha de  ser  ignorado  en  la  interpretación  de la norma, porque con ello se estaría  quebrantando su clara literalidad.   

Lo  anterior, en cuanto el precepto que se  analiza  no  reviste  oscuridad  ni  ambigüedad y, por ende, procede cumplir lo  determinado  por  el inciso 1° del artículo 27 del Código Civil: “Cuando el  sentido  de  la  ley  sea  claro,  no  se  desatenderá  su  tenor a pretexto de  consultar su espíritu”.   

Tal   norma   no   confiere  un  derecho  inalienable,  como  para  que  se  burlen de la facultad punitiva del Estado los  responsables  de un agravado y calificado delito contra el patrimonio ajeno, que  por  la  oportuna  intervención  policial  sólo en mínima parte consumaron no  obstante  su  artero  propósito,  además de la infracción contra la seguridad  pública.  Cuando  el  restablecimiento  del  derecho  es tan sólo aparente, el  juzgador  tiene  la  facultad  de  no  conceder  la  disminución, con el debido  sustento  y  entendiendo  la  ostensible diferencia que hay entre las locuciones  “el juez podrá disminuir” y “el juez disminuirá”.   

Es claro que el legislador precavió, para  apartarse  de  la  redacción  sugerida  por  las Comisiones, como en seguida se  comentará,   eventos  en  los  cuales  resultaba  injustificado  reconocer  tan  significativa  disminución  punitiva  (de la mitad a las tres cuartas partes) y  por  ello  varió la naturaleza del precepto, para dotar al juez de una facultad  que  le  permitiera  decidir discrecionalmente sobre dicha materia. Un carácter  general  e  indefectible de la norma podría llevar a la lenidad y a argucias en  delitos  graves  pero  sólo en mínima parte consumados, como es evidente en el  presente  caso;  de  ahí  que  finalmente,  en  el Decreto 100 de 1980, se haya  preferido   que   fuera   el   juzgador   quien,  con  el  conocimiento  de  las  circunstancias  en que hayan sido realizados el hecho y la eventual restitución  e  indemnización,  conceda  o no la reducción de pena, no de manera arbitraria  sino  razonadamente,  de  acuerdo  con  criterios  que  se desprenden del propio  Código  Penal  (tentativa  con  o  sin   perjuicios, mayor o menor lesión  contra  el bien jurídico tutelado, situación económica de la víctima, etc.),  de  los  principios  generales  del derecho, de la justicia entendida como valor  supremo  que  nutre la interpretación de la normatividad, y de la equidad (art.  230  Const.), operante frente a aspectos no necesariamente previstos por la ley,  pero   sí   reclamados   para   la   preservación   de  la  propia  integridad  social.   

La  variación  en  lo  dispuesto  por  el  legislador  se  confirma  si se aprecia que, al contrario de lo que disponía el  artículo   429  de  la  Ley  95  de  1936,  anterior  Código  Penal  (“…se  disminuirá…”),  y  lo  propuesto  por  las  comisiones  redactoras  de  los  proyectos  de  Código  Penal  de  1974  (art.  398) y 1978 ( art. 534, “…se  disminuirán…),  mantenido  por  la comisión revisora de 1979, el Decreto 100  de   1980  usó  en  su  artículo  374  una  fórmula  claramente  discrecional  (“…podrá  disminuir…”),  cambiando en  la redacción la obligatoriedad  a  que  tenía  que  someterse el Juez, por la facultad de otorgar la reducción  punitiva,  que  en  el  Código vigente se aumentó,  para  que,  si  fuere  el  caso, se concediese “de la mitad a las tres cuartas  partes”,   procurando   incentivar  así  el  verdadero  restablecimiento  del  derecho.   

No   todos  los  preceptos  penales  son  imperativos;  los  hay  excepcionalmente  facultativos  y no sólo el mencionado  artículo  374,  sino  otros  a  los  cuales  el  legislador  les  ha  dado  tal  característica,  aún  con  autonomía  que  genera  mayor inquietud en algunos  casos,  como  ocurre,  por  ejemplo,  con  lo  estatuido en el artículo 320 del  Código  Penal, que otorga al juez la potestad de declarar exentos de pena a los  injuriantes recíprocos “o a cualquiera de ellos”.   

También  se  corrobora lo anterior con la  constatación   de   la   distinta   terminología,   esa  si  imperativa  y  no  discrecional,  que  continúa  usando  el  legislador  frente a otros casos, por  ejemplo  y  para  no  ir  más  lejos,  en  el  artículo 373 del Código Penal,  inmediatamente  anterior  al  que  se  estudia:  “Las  penas señaladas en los  capítulos   anteriores  se  disminuirán  de  una  tercera  parte  a  la  mitad  …”   

Las anteriores consideraciones debieron ser  suficientes para desestimar la impugnación.   

Respetuosamente,  

NILSON E. PINILLA PINILLA  

Magistrado  

(Fecha: ut supra)  

                                   

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