27037(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27037  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D. C., mayo dieciséis (16) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a pronunciarse acerca las  exigencias  de  lógica  y  debida  argumentación  de  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de JOSÉ LIBARDO GARCÍA  ARANZAZU, a quien el Juzgado Promiscuo del Circuito de  Abejorral,  mediante  sentencia  del  8  de  junio  de  2006, condenó a la pena  principal  de  18  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como autor del  delito   de  destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de  documento  privado,  decisión  que  confirmó  el  10  de  octubre siguiente el Tribunal Superior de  Antioquia.   

HECHOS  

Los  resumió el ad  quem de la siguiente manera:   

“El  30  de  agosto de 1998, José Libardo  García  Aranzazu,  a  la  sazón  empleado  del  Juzgado Promiscuo Municipal de  Abejorral,  en  el  cargo  de  citador,  firmó  letra  de cambio por la suma de  $1.000.000,  para  respaldar  el  préstamo  que  por esa cantidad le hizo José  Manuel  Jaramillo  Palacio,  y  la  cual se debía pagar el 30 de enero de 1999.  Como  el  deudor  incumplió  el  aludido  pago,  el acreedor endosó el título  valor   a  favor  de Carlos Alberto Jaramillo Palacio, quien el 18 de enero  de  2001  presentó  demanda  ante  el  Juzgado  Civil  Municipal  de  Medellín  (reparto),  para  obtener el cobro de la deuda por medio de un proceso ejecutivo  singular de mínima cuantía.   

La   demanda  en  cuestión,  empero,  fue  remitida,   por  razón  de  competencia,  al  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Abejorral,  y  fue recibida en el Segundo, en donde fungía como juez la doctora  Ruth  Arbeláez Ossa, y en el cual laboraba el deudor. La mencionada funcionaria  de  inmediato  habló  con José Libardo García Aranzazu para que se comunicara  con  el  demandante  para  que  buscara  un  acuerdo y de esa manera no se viera  perjudicado.  Carlos  Alberto  Jaramillo  Palacio  accedió  al  pedimento, y le  concedió  un  plazo  de  20 días al deudor para que le cancelara la deuda. Sin  embargo,  el  plazo en mención venció y García Aranzazu incumplió el pago de  la  misma, no obstante lo cual se quedó en poder de la demanda que en su contra  se  había  presentado,  la  cual  le  había sido entregada por la doctora Ruth  Arbeláez  Ossa, sin darle el respectivo trámite legal. Como el tiempo pasaba y  la  deuda  no era cancelada y la demanda no aparecía por parte alguna, el 28 de  septiembre  de  2001  Carlos Alberto Jaramillo Palacio formuló denuncia ante la  Sala  Disciplinaria  del Consejo Seccional de la Judicatura contra la mencionada  funcionaria,  y  a raíz de ello se inició el respectivo proceso disciplinario,  y  después  del  23  de  julio  de 2002 cuando allí rindió declaración José  Libardo  García Aranzazu, optó por entregar la demanda que en su contra había  formulado Jaramillo Palacio”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-  Con  fundamento  en  las  copias  que  compulsó  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia dentro  de   la   investigación   penal   iniciada   contra   la  doctora  Ruth  Arbeláez  Ossa  con sustento en las  copias  que,  a  su  vez,  dispuso  compulsar  la Sala Disciplinaria del Consejo  Seccional  de la Judicatura de dicho Departamento, la Fiscalía 128 Seccional de  Abejorral  decretó,  en  decisión  del  28  de octubre de 2003, la apertura de  investigación  criminal  contra  JOSÉ LIBARDO GARCÍA  ARANZAZU,    ordenando   su   vinculación   mediante  indagatoria.   

2.- Recepcionada la injurada, el 24 de agosto  de  2004,  al procederse por delito que no requiere la definición de situación  jurídica,  clausuró  el  instructivo,  y  mediante proveído del 5 de enero de  2005  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación que  profirió  en contra de JOSÉ LIBARDO GARCÍA ARANZAZU,  por   el   delito   de   destrucción,  supresión  y  ocultamiento de documento privado.   

3.-  El  pliego  acusado,  luego  de  que el  a  quo  negó su reposición,  obtuvo  confirmación  el  13  de  diciembre  del  mismo  2005  por  parte de la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia.   

4.- Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juzgado Promiscuo del Circuito de Abejorral, cuyo funcionario, al inadvertir  la  existencia  de  petición  para  resolver  en  audiencia  preparatoria  y no  considerar  pertinente  decretar  pruebas  de  oficio, fijó fecha para llevar a  cabo  la  vista  pública  de  juzgamiento,  celebrada  la  cual  puso  fin a la  instancia  mediante  la sentencia que fue confirmada por el Tribunal Superior de  Antioquia  al  desatar la apelación interpuesta por la defensa, sujeto procesal  que,  en  su  oportunidad,  formuló  el recurso de casación contra el fallo de  segundo grado.    

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación,  el  actor  formula  un  único  cargo  por  violación  directa  de  la  ley. Lo  fundamenta,  señalando que el sentenciador violó por interpretación errada el  principio  de  culpabilidad  consagrado en el artículo 12 del estatuto punitivo  de  2000  cuando condenó al procesado a pesar de no estar demostrado el dolo y,  antes  bien,  aparecer  acreditado  que  éste  obró  al amparo de la causal de  ausencia de responsabilidad denominada error de prohibición.   

Al  respecto,  cuestionó  al  Tribunal  por  predicar  que  de  la  trayectoria laboral del acusado se deriva su conocimiento  acerca  de  los  efectos de su conducta, para desestimar, consecuencialmente, la  exculpación  del  prenombrado,  conforme  a la cual ignoraba que mantener en su  poder  la  demanda  ejecutiva  constituía  delito.  En  su criterio, el escueto  argumento  del  ad quem carece  de  profundidad  y  tiene  como  único  fundamento la propia materialidad de la  infracción,   situación  que  resulta  inadmisible a la luz del principio  que asigna al Estado la carga de la prueba.   

Para  finalizar,  hizo  referencia  a  los  presupuestos  jurisprudenciales  que  se han establecido frente a la procedencia  de  la  casación  excepcional  y luego señaló que en el presente caso se hace  necesario  un  pronunciamiento  de la Corte sobre el error de prohibición en el  delito  de  destrucción, supresión u ocultamiento de documento privado, porque  mientras    existe    “abundante   criterio   sobre  (esa)                   problemática”,  pocas  son las demandas  de casación que se han admitido en torno al tema.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

De  conformidad con lo previsto en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho años.   

No obstante lo anterior, el inciso tercero de  la  misma  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal de la Corte para admitir de  manera  excepcional  la  demanda  de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por autoridades judiciales diferentes a las ya mencionadas  o  relativas  a  delitos  que  tengan  señalada  pena de prisión inferior a la  prevista   por   el   legislador  para  acceder  a  esta  vía  de  impugnación  extraordinaria  o  para  los  no  sancionados con pena privativa de la libertad,  cuando   quiera   que   ello  sea  necesario  bien  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional,  ora  para  garantizar derechos fundamentales, siempre  que   reúna   los   demás   requisitos   exigidos   por   la   ley.   

         En  el  caso  de  la  especie,  es  claro  que  sólo  procedía la  casación  por  la  denominada vía discrecional, ello si se tiene en cuenta que  la  conducta  punible  de  destrucción, supresión y  ocultamiento  de  documento  privado  tenía  y tiene  señalada  pena  de  prisión cuyo máximo no excede de ocho (8) años, tanto en  vigencia  de  la  legislación  bajo la cual ocurrieron los hechos -Decreto  Ley  100  de  1980-, como en la  vigente     en     este    momento    -Ley    599    de    2000-,  estatutos  punitivos  en  cuyas pertinentes disposiciones (arts.  224  y  293)  contemplan,  por  igual,  sanción  de uno (1) a seis (6) años de  prisión.   

          Y   es   necesario   precisar  que  aun  cuando  los  acontecimiento  acaecieron  en  el  primer  semestre  del  año  2001,  momento que determina la  aplicación  del  principio  de favorabilidad en esta materia, según lo estimó  la   Sala  en  auto  del  16  de  febrero  de  20051,   ya  para  entonces  estaba  vigente  la Ley 533 de 2000, en cuyo artículo primero limitó la procedencia de  la   casación  ordinaria  o  común  a  los  asuntos  adelantados  por  delitos  sancionados  con  pena privativa de la libertad cuyo máximo sea superior a ocho  (8) años.   

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,  el  recurrente no pasó desapercibido que sólo podía acceder al recurso  de  casación  a  través  de  la vía excepcional, y por eso dedicó el último  capítulo  de  la  demanda  en  orden  a justificar   la  necesidad  de  un  pronunciamiento  de  la  Corte,  en     el     aspecto     atinente    al       desarrollo      de      la  jurisprudencia.   

          No  obstante  lo  anterior,  importa  precisar  que  cuando el actor  pretende  fundamentar  la procedencia de la casación excepcional en el tema que  refiere,  es  decir,  desarrollar  la jurisprudencia, le compete “expresar  con  claridad  y precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial”2.   

         Según  lo  tiene precisado también  la  Sala,  no es suficiente con  que  la  jurisprudencia  aún  no haya abordado un tema específico para que sea  viable  admitir el recurso extraordinario de casación por la vía discrecional,  pues  conforme  lo  dispuso el legislador, es preciso que un tal pronunciamiento  se  “considere  necesario  para  el desarrollo de la  jurisprudencia”,  de  donde se concluye que si en la  ponderación  de  esta  exigencia  no  se  presenta dicha necesidad, bien porque  sobre  el  punto existen claros desarrollos legales que tornan inane su abordaje  o  porque  lo solicitado no guarda estrecha relación con la situación concreta  del   asunto   objeto  de  estudio,  no  hay  lugar  a  que  la  Sala  trate  el  tema.   

          Lo  anterior es así, en atención a que la Corte carece de función  meramente  consultiva y si bien, uno de los fines del recurso de casación es la  “unificación      de      la     jurisprudencia  nacional” su intervención sólo tiene sentido en la  medida  que  la  temática  sugerida por el actor evidencie, como ya se dijo, la  necesidad  de  un  pronunciamiento  y  que  además,  este  resulte  útil  para  solucionar       el       asunto      analizado3.   

En  el caso en estudio, se observa que  el   demandante   se   limita   a  predicar  la  necesidad  del  pronunciamiento  de la Corte, porque, según  expresa,  son  pocas las demandas que se han admitido sobre el tema del  error  de  prohibición y,  en  cambio,  muchos  los criterios que existen alrededor de esa  problemática.   Sin  embargo,  no  es  claro  en  exponer  de  qué  forma  la diversidad de criterios  a   que   alude   está   generando   inconvenientes  de interpretación en punto  a  la  causal  de  ausencia  de responsabilidad denominada error de prohibición  y  menos aún precisa cómo  el    pronunciamiento  que  demanda  podría  ser  útil  en  la  definición  del presente asunto.   

En    cuanto    al    punto    último  tratado,  es  decir,  la utilidad del pronunciamiento  en  el  caso  concreto, la  omisión  del  censor  le  impidió  explicarle a la Sala cómo la problemática  atinente   al   error   de   prohibición   tiene   relación  con  la       discusión       puramente  probatoria        que        plantea     en    la    demanda,  como lo es si está o no demostrado en  el  proceso  que  el  acusado  conocía  el  carácter  ilícito de su comportamiento.   

         De  otra  parte, importa señalar que, de  acuerdo  con  el  inciso  final  del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, la  casación  discrecional  requiere  para  su  admisión  la  satisfacción de los  demás  requisitos  establecidos  en la ley, esto es, los previstos para el caso  de  la  casación  común,  entre los cuales se encuentran los condensados en el  numeral  3º  del  artículo 212 ibídem, que dicen relación con la obligación  de formular el cargo mediante una exposición clara y precisa.   

Esas  exigencias  de  adecuada  y  lógica  argumentación  no  las  satisface el actor, pues denuncia la violación directa  de  la  ley,  sin atender la elemental regla casacional que rige cuando se ataca  por  esa  vía  la  sentencia de segunda instancia, cual es que al demandante le  está  vedado  controvertir  las  pruebas  o  desconocer  las conclusiones a las  cuales  arribó  el  juzgador  a  partir  del  análisis  del acervo probatorio,  debiendo limitar la discusión al plano meramente jurídico.   

En  efecto,  la problemática que plantea el  actor  tiene  como  sustento afirmar que en el proceso no aparece demostrado que  el  acusado  obró  con  dolo,  sino  que  actuó  al  amparo  de  un  error  de  prohibición.  El fallador, contrariamente, como consecuencia del valor suasorio  que  asignó a las probanzas allegadas a la actuación, encontró acreditado que  GARCÍA  ARANZAZU  conocía  plenamente  el  carácter  delictivo  de  su  conducta  y  aun  así dirigió su  voluntad  hacia la consumación del ilícito, deduciendo así la responsabilidad  del aludido.   

Resulta  claro,  entonces,  que el actor no  propone   una   controversia   meramente   jurídica,   sino   que  discute    las    conclusiones    probatorias    del   ad  quem,  situación  que  debió hacer  mediante   la  invocación  de  motivo  casacional  distinto,  concretamente  el  previsto  en  el  apartado  segundo  del  numeral  primero del artículo 207 del  estatuto    procesal   penal,   con   sujeción,   desde   luego,   a         los        presupuestos       que       le       son       propios.   

Baste   lo  expuesto  para  concluir  que  el  actor  ni  logró  percudir  a  la Corte sobre la  necesidad  de  emitir  un pronunciamiento de fondo en  este  caso, ni satisfizo los requisitos de adecuada fundamentación de la causal  que  invocó,  todo lo cual impone, como lo decidirá la Sala, la inadmisión de  la demanda.   

         Es  preciso  anotar,  finalmente,  que la  revisión integral de la actuación procesal, incluido  el  fallo,  no  evidenció  la  vulneración  de  garantías  fundamentales  que  impongan    la   intervención   oficiosa   de   la   Sala   en   orden   a   su  restablecimiento.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    JOSÉ   LIBARDO   GARCÍA   ARANZAZU,  conforme  a  las  razones  expuestas  en la anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo     187     del     estatuto    procesal  penal,  contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Rad.  23006.   

2 Auto  del 4 de mayo de 2005. Rad. 22506.   

3 Cfr.  Decisión antes citada.     

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