26684(14-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26684  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  144   

Bogotá, D.C., catorce (14) de agosto de dos  mil                               siete (2007).   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de NELSON ARTURO  BARATTO  ABELLO,  contra  el fallo del 23 de junio de  2006,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito    Judicial   de   Bogotá,   modificó  la  sentencia  adoptada por el  Juez  Treinta  y Nueve Penal del Circuito de la misma  ciudad, el 28 de febrero de 2005.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1. De mayo de 2002 a  abril  de  2003, en la Unidad Primera de Delitos contra la Seguridad Pública de  Bogotá,   se   perdieron   $   9´340.130  pesos,  correspondientes  a  dineros  decomisados.  NELSON ARTURO BARATTO ABELLO,  Auxiliar  Administrativo III, se hizo responsable de una tercera  parte del faltante.    

2.  La Fiscalía    13    Delegada    ante   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá,  el  9  de  febrero  de  2004,  confirmó la  resolución  de  acusación  proferida   por  el  Fiscal  203  Delegado  ante  los  Juzgados  penales  del  Circuito de la mima ciudad, el  30    de    octubre   de   2003,   contra,   BARATTO  ABELLO.   

El Juzgado Treinta  y  Nueve  Penal  del Circuito de Bogotá, condenó       a       BARATTO  ABELLO,  como autor responsable  del  punible  de peculado por apropiación,  a  la  pena  principal de cuarenta y dos (42) meses de prisión,  multa  de  $  5´840.130  pesos  e  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena  principal.    

Contra  el  fallo  de  primera  instancia  interpusieron  recursos  de  apelación  tanto  el  Ministerio  Público como la  defensa   técnica;   alzada   resuelta   por   el   Tribunal   al  modificar  la  decisión del Juez, en el  sentido  de imponerle como pena principal cuarenta y ocho (48) meses de prisión  e  inhabilitación  de  derecho  y  funciones  públicas  por  el  mismo tiempo,  motivando  la variación de la dosimetría penal por la gravedad y la intensidad  del    dolo,    circunstancias   que   no   permiten   que   se   parta  del  mínimo  como  lo  hizo  el  a  quo.   

El  defensor  de  BARATTO  ABELLO,  interpuso y sustentó el recurso de  casación.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El  actor propone con base en la Ley 600 de  2000, dos cargos por vía indirecta, contra el fallo del Tribunal.   

1.  Cargo primero:  error  de  hecho  por  falso  raciocinio. Después de  transcribir  apartes  del  código  instrumental referidos a los presupuestos de  casación,   una  jurisprudencia  de  esta  Sala  del  año  2001  en  donde  se  puntualizó  la  temática  de  falso  raciocinio  y  varios apartados del fallo  proferido   por  el  Tribunal;  afirma  el  libelista  que  los  testimonios  de  JAIME  ENRIQUE  SUÁREZ  GARZÓN y ANA CECILIA GÓMEZ  VERDUGO,    “cargaron  completa  o  total culpabilidad respecto del desfalco de dineros, a mi mandante,  primero  tildándolo  de custodio y administrador de los caudales, para terminar  por   dejar   entrever   su   sindicación   de  apropiación  ilícita  de  los  mismos”.   

Así mismo, aseveró que se le cuestionó a  su  prohijado  la  forma  de  vestir,  los  restaurantes  que  frecuentaba  y su  deferencia  con algunos Fiscales, lo cual notaba ciertos lujos: por ello indicó  que,  “toda  esta  gama  de  detalles, exagerados e  impregnados  de  maliciosa  proclividad,  surgió para los operadores jurídicos  que  fallaron  el  asunto  sub-lite,  la  inferencia  lógica  que  los inclinó  –a-  (sic)  olvidar  el  principio  de  evaluar no solamente lo que sindica y acusa al procesado, sino lo  que  a  la  par  le  favorece y disculpa, ecuménico principio de investigación  integral”.   

Informa que la honradez de su poderdante lo  llevó  a restituir $ 3´500.00 pesos: ese acto de nobleza fue mal entendido por  las  instancias  al  catalogarlo como confesión, de tal suerte que “la  inferencia  lógica  fue  desviada en negativa dirección al  estimar  los Jueces Instanciales (sic) que ese comportamiento se asimilaba a una  confesión  de  culpabilidad en el delito. La verdad verdadera del asunto no fue  otra  que  la  de  propender  por  una  pacífica  solución… esta equivocidad  trasciende  como  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, distorsionada de los  dictados  de  la  lócia  (sic)  y de las reglas de la experiencia, pues como se  viene  de  exponer, un noble comportamiento como el que se contempla no trasmite  la certeza pregonada”.”   

Sostuvo, además, que fueron múltiples los  eventos  en  los que se pudo haber pedido el dinero, como por ejemplo, cuando su  prohijado  se  ausentaba  de  la oficina, al concedérsele vacaciones o al dejar  las   llaves   del  escritorio,  por  tanto,  “esos  espacios  de  tiempo en el que astutos amigos de lo ajeno bien pudieron sustraer  el  capital  en  mención,  circunstancias  señaladoras  del error de hecho por  falso raciocinio”.   

2.  Cargo segundo:  “error  de  hecho por tergiversación”: sustentado  en  que los medios probatorios al ser valorados por las instancias rechazaron el  apotegma  de  indubio  pro  reo,  toda  vez que “los  operadores   jurídicos,  a  ultranza  de  los  dictados  de  la  sana  crítica  testimonial, dejaron de aplicar”.   

Es  enfático  en  afirmar que “no  hay  prueba en el infolio que señale al señor BARATTO como  el  agente  de  la  sustracción  y  consiguiente  apropiación  del  dinero  en  cita”;   toda  vez  que,  por  descuido  de  su  mandante se extraviaron los  dineros,  siendo  ello  así,  la  calificación  estuvo mal estructurada porque  debería  habérsele  imputado un delito de peculado culposo, abuso de confianza  o   simplemente  un hurto, “por la enorme duda,  bastante  razonable,  sobre  la  comisión del peculado por apropiación, por la  cual se condenó a mi mandante”.   

La   trascendencia  la  motiva  en  el  “equívoco, o  errores  in  procedendo,  y  hasta  in  iudicando”,  de  los  falladores;  solicitando,  con  base  en  lo  descrito,  sentencia de reemplazo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  NELSON ARTURO BARATTO ABELLO, no reúne  los  presupuestos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa puntualizados por la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, violación de  la  ley sustancial cuerpo segundo del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, en su  desarrollo  y  demostración  incurre  en  graves  fallas  que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  unida  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético del censor para asegurar la demostración de  la violación de la ley sustancial.   

En  consecuencia, como metodología, la Sala  aprehenderá el estudio por separado de las dos censuras.   

1. El primer yerro  del    actor    consiste    en   mezclar   la   vía  indirecta   con   el   principio   de   investigación   integral,  los  cuales  presentan  un  desarrollo  jurisprudencial autónomo y persiguen fines diversos:  la  demostración  de  errores  en las pruebas demanda un fallo de reemplazo, el  desconocimiento  del  postulado  de  investigación integral busca retrotraer la  actuación  con  el  objeto  de valorar aquellos medios probatorios omitidos con  los  cuales  la  decisión  atacada  virtualmente  cambiaría.      

Advierte la Sala que el libelo es un alegato  de  instancia,  al haber sido motivado con base en apreciaciones subjetivas como  aquella  en  donde  sostuvo  que  en  las  oportunidades en las que su defendido  estaba  ausente  de  la  oficina,  cualquier  amigo de lo ajeno pudo sustraer el  dinero,  sin  percatarse  que  el  falso  raciocinio  con sólo enunciarlo no se  demuestra;  además  de  ello,  es  deber  del  actor  demostrar  que los medios  probatorios   allegados   al  proceso  legalmente,  al  ser  valorados  por  los  falladores  en su exacta dimensión fáctica, le asignaron un mérito persuasivo  en  total  trasgresión a los postulados de la lógica las leyes de la ciencia o  las reglas de la experiencia.    

Habida  consideración,  tendrá  como meta  pedagógica  el  demandante  determinar: i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,  ii)  qué  infirió  de  él el juzgador,  ii)  cuál valor persuasivo  le   fue   otorgado,   iii)  indicar  la  regla  de  la  lógica  omitida  o  apropiada al caso, iv)   o   señalar   la  máxima  de  la  experiencia  que debió valorarse, con el objetivo de probar que el fallo motivo  de impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por  último,  es  deber  intelectual  del  libelista  mostrar  cuál  es el aporte científico correcto y, por supuesto, la  trascendencia  del  error,  para  lo  cual  tiene  que  presentar  un  nuevo panorama fáctico, contrario al  declarado en instancias.   

2.   El  cargo  subsidiario  adolece,  así  mismo,  de  argumentación,  pues si se persigue un  error    de    hecho    por    falso    juicio   de  identidad,  en  sentido  de  tergiversación  de  una  prueba,  es  ilógico  que  se  afirme a renglón seguido que  “no  hay  prueba en el infolio que señale al señor BARATTO como  el  agente  de…  apropiación… del dinero”; toda  vez   que  la  tergiversación  se  presenta  sobre  un  medio  de  prueba,  que  objetivamente  fue  alterado  por  el  juzgador  al  acreditar que el mismo dice  aquello  que  materialmente  no  afirma;  con  lo  cual se tiene que necesaria e  indiscutiblemente  debe  existir una prueba para poder realizar dicho ejercicio.  Al  sostenerse  que  “no  hay prueba”,  la  contradicción  es  ostensible  y  el ataque pierde fluidez,  coherencia  y  trascendencia,  toda  vez  que no se puede tergiversar una prueba  inexistente.    

Más  aún: cuando sostiene el actor que su  poderdante  es  inocente  por  el  delito  que  se  lo  condenó  (peculado  por  apropiación)  y  en  el mismo contexto acepta que su conducta pudo ser culposa,  con  lo  cual presenta una gran confusión su argumentación, toda vez que si el  error  pretendido  es  de  juicio,  el ataque tiene que ser obligatoriamente por  vía  directa  señalando  el libelista las normas excluidas en correlación con  aquellas que debieron aplicarse al caso.   

A  partir de ahí, es fundamental demostrar  dónde  se  ubica el vicio de selección normativa del funcionario al sentenciar  a  una  persona  por  un  punible que no encaja fáctica ni jurídicamente en la  parte  especial  del  código penal, menos aún a la valoración realizada a los  medios  probatorios,  la  cual  debe  aceptar  tal  y como fue acreditada en las  instancias.  La  trascendencia,  en  estos  términos,  deberá  ser  precisada,  además,  sustentando  la  situación  más  gravosa  o  de desventaja en la que  quedó  el  penado  por  disposición  del fallo atacado en correlación con las  bondades del tipo penal dejado de aplicar.      

Se  verifica,  entonces,  que  el libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para motivar la demanda,  con  lo  cual  todas  sus pretensiones se alejan de la filosofía que inspira el  instituto casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de   NELSON   ARTURO   BARATTO   ABELLO,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de los dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de NELSON  ARTURO   BARATTO   ABELLO.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

         

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

         

                                                                                                IMPEDIDA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                           MAURO   SOLARTE  PORTILLA           

                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

   TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria     

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