26476(06-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26476  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr.   YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

Aprobado   Acta   N°  013   

Bogotá, D.C., seis (6) de febrero de dos mil  siete (2007).   

V I S T O S  

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado GUSTAVO  SÁNCHEZ  AGUDELO,  condenado  en  fallos  proferidos  por el Juzgado Dieciséis  Penal  del Circuito de Medellín y el Tribunal Superior de la misma ciudad, como  autor penalmente responsable de falsedad en documento privado.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL   

1.            Los  primeros  fueron  descritos  en los  fallos de instancia de la siguiente manera:   

“…Con  fecha  25  de  abril  de 1992 las  empresas   Hilos   Cardados   Ltda.   (arrendadora)  y  PROMECAN  (arrendataria)  suscribieron  un  contrato  de arrendamiento respecto de un local destinado a la  industria  metal-mecánica,  marcado  con el número 72-56 de la carrera 45 A de  Itagüí;  el  contrato  aparece  suscrito  con  dos  firmas  ilegibles  en  los  renglones  correspondientes  a  los  subtítulos  de  arrendatario y arrendador,  luego    de    la    leyenda     ‘para  constancia  se  firma  este  contrato  el  día 19 de julio de  1993’;  y  en  la  página  número  dos  hay  un  sello  y  una  firma  encima del nombre de Augusto Vélez  Sierra,    con    el    sello    de   ‘gerente’  y el  número  de  cédula  593.178  de  Bello.  En una tercera página, seguida de la  palabra   arrendatario   aparece  una  firma  ilegible  e  inscrito  el  número  70.082.597,   otra   firma  seguida  de  la  palabra  codeudor  y  un  sello  de  reconocimiento  de  firma  autorizado  por  el  Notario  Quinto  del Círculo de  Medellín  con  el  nombre  de  Julio  Alberto Cano Espinal, identificado con la  cédula  70.082.597  con  fecha  24  de  abril  de  1992  (ver  folios  43, 44 y  45).   

“…Primeramente,  el Dr. Gustavo Sánchez  Agudelo,   como   Procurador  Judicial  de  la  empresa  Hilos  Cardados  Ltda.,  representada  por  el  señor Augusto Vélez Sierra, presentó demanda ejecutiva  de  menor cuantía contra la empresa PRODUCTORA DE MUEBLES METÁLICOS CANO Y CIA  LTDA.  ‘PROMECAN’  representada por Julio Alberto Correa  Espinal,  demanda  que  fue  inadmitida  por el Juzgado Tercero Civil Municipal,  mediante  auto  del  diez  de marzo de dos mil, haciendo 5 reparos a la demanda,  entre  ellos  que (1) ‘en el  memorial  poder  se  indica  que el representante legal de la sociedad demandada  PROMECAN  Ltda.  es  el  señor  Julio  Alberto  Correa  Espinal,  y tal como se  desprende  del certificado de existencia y representación legal de la misma, el  primer  apellido  del  señor  es Cano y no Correa. Deberá pues allegarse nuevo  poder’  (2)  ‘igualmente  deberá  adecuar los hechos  de  la  demanda y pretensiones a lo exigido en el requisito anterior’   

“…Dicha  demanda  fue  retirada  con sus  anexos  por el signatario, Dr. Gustavo Sánchez Agudelo y presentada luego el 22  de  marzo de 2000, correspondiéndole al Juzgado Cuarto Civil Municipal, pero en  esta  ocasión no se dirigió contra la empresa PROMECAN, representada por Julio  Alberto  (Correa  o  Cano)  Espinal,  sino  contra  el señor Julio Alberto Cano  Espinal,  en  su  calidad  de  persona  natural, detectándose en el contrato de  arrendamiento,  que  se  anexó como título ejecutivo, una adulteración; en el  renglón  tres, contiguo a las palabras ‘ARRENDATARIO:    PROMECAN’  se agregaron las palabras ‘y/o        Julio        Alberto       Cano       Espinal’   apreciándose  que  en  el  espacio  correspondiente    a   la   palabra   ‘Cano’ aparecen  huellas  de  un  borrado  que dejan ver una irregularidad en los espacios, y que  corresponden  a  la  palabra  Correa,  la  cual fue borrada para escribir en ese  espacio       la      palabra      ‘Cano’   (ver  folios  44)  y  después  en  el  numeral  doce  se agregó la siguiente leyenda  ‘enmendado:   Cano   si  vale…”   

2.             Abierta   la   investigación,  fueron  vinculados   Augusto   Vélez   Sierra   a  través  de  indagatoria1  y  GUSTAVO  SÁNCHEZ   AGUDELO   mediante   declaratoria   de   persona  ausente2,    bajo  imputación  de  falsedad en documento privado, aunque el último posteriormente  rindió                   injurada3.   

3.             La  Fiscalía  101  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito de Medellín, en resolución del 6 de agosto de  2002,  al  calificar  el  mérito  del sumario acusó a los dos implicados de la  conducta  punible antes citada que enmarcó en el artículo 289 de la Ley 599 de  20004,  decisión  que  confirmó  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  la  mencionada  capital  el  18  de  noviembre de 20025.   

4.            El  17  de noviembre de 2005, el Juzgado  Dieciséis   Penal   del   Circuito   de  Medellín6  profirió  sentencia  en  que  absolvió  a  Augusto  Vélez  Sierra  del  cargo penal de falsedad en documento  privado,  mientras  que a GUSTAVO SÁNCHEZ AGUDELO le impuso por el mismo delito  las  penas  de veinte (20) meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, sanciones cuya ejecución  suspendió condicionalmente.   

Simultáneamente lo condenó a pagar a Julio  Alberto  Cano Espinal la suma de quinientos mil pesos ($500.000.00) por concepto  de  la  indemnización  de los perjuicios morales, con un interés moratorio del  seis  por ciento (6%) anual y la correspondiente indexación desde la ejecutoria  de  la  sentencia   y  hasta  el  momento  en  que  se  efectúe  el  pago.   

5.            La  providencia anterior fue apelada por  el   defensor,   y   el   10   de   julio  de  20067,   el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la  confirmó, mediante el fallo objeto del recurso extraordinario de  casación interpuesto por el mismo sujeto procesal.   

LA  DEMANDA :  

Los  diferentes  cargos  formulados  por  el  recurrente  a  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal serán sintetizados a  continuación, respetando el orden en el cual fueron presentados:   

          Primer cargo:   

El  defensor  acusa  el  fallo  de  violar  indirectamente  los  artículos 232, inciso 2°, 233, 234, 238 y 239 del Código  de Procedimiento Penal, y 7° del Código Penal.   

Al  desarrollar  su planteamiento predica de  los sentenciadores los siguientes errores de hecho:   

Falso  de  juicio de existencia por  haber omitido la valoración de la confesión de Augusto Vélez  en  el  sentido  de  que  “el  agregado”  que  aparece  en  el  contrato  de  arrendamiento  materia  del  delito,  fue  realizado  por su hija Martha Lucía,  quien    fungía    como    su    secretaria,    cuyo   testimonio   nunca   fue  recepcionado.   

Falso   juicio   de  identidad  por haber sido tergiversado el contenido del auto dictado el 10 de  marzo  de 2000, por el Juzgado Tercero Civil Municipal de Medellín, mediante el  cual  fue  inadmitida  la demanda ejecutiva presentada por el procesado SÁNCHEZ  AGUDELO,  apreciaciones a partir de las cuales, asegura, se edificaron una serie  de    sospechas    en    contra    de    su   representado   que   controvirtió  ampliamente.   

Errónea     apreciación  de “…los hechos en sí mismos, objetivamente vistos…”, que  condujeron   a   los   sentenciadores  a  elaborar  inferencias  equivocadas  en  desconocimiento  de los criterios integradores de la sana crítica, es decir, de  la  lógica,  la  ciencia y la experiencia, empero no adujo ningún argumento en  respaldo de dicha afirmación.   

También crítica la ausencia de evaluación  conjunta  del  acopio  probatorio  y  que  no se hubiera recaudado el testimonio  previamente  reclamado  ni  practicado  inspección judicial al domicilio y a la  oficina  de GUSTAVO SÁNCHEZ AGUDELO, material con el cual se hubiera descartado  la  existencia  en  poder  de  éste  de  la máquina de escribir utilizada para  plasmar  las adiciones al documento adulterado de cuya contrafacción dan cuenta  los dos experticios allegados.   

Desaprueba  que  hubieran sido ignoradas las  manifestaciones  de Augusto Vélez Sierra, absuelto dentro de este asunto, sobre  la  completa  ajenidad  de GUSTAVO SÁNCHEZ AGUDELO con la reseñada alteración  documental.   

Estima que por el hecho de no haber reclamado  el  abogado  sentenciado  a su mandante judicial por las enmendaduras realizadas  al  contrato  de  arrendamiento  que  le  entregó,  no  se le puede extender la  responsabilidad  penal  por  ellas  y,  a lo sumo, se podría predicar de él un  “error culposo”, más no que actuó dolosamente.   

Y,  concluye  que  de no haber incurrido los  juzgadores  en  las  equivocaciones  antes  reseñadas no le hubieran discernido  responsabilidad penal a su representado.   

Segundo reparo:  

Cuestiona  el  pronunciamiento  del fallo en  actuación  viciada  que  afectó  el  debido  proceso,  porque  los  jueces  de  instancia  no  realizaron  una  investigación  integral de los hechos, en clara  trasgresión  del  artículo  20 del Código de Procedimiento Penal, como quiera  que  no  recaudaron  el  testimonio  de  Martha  Lucía Vélez ni inspeccionaron  judicialmente el lugar de residencia y de trabajo del justiciable.   

Considera el demandante que con el arribo de  dichas  pruebas  se  habría  obtenido  información  que  con seguridad habría  conducido hacia la declaratoria de inocencia de su representado.   

Tercera Tacha:  

El casacionista acusa la sentencia de segunda  instancia,  de  manera  simultáneamente, de contener errores de hecho por falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de identidad y de apreciación, para cuya  sustentación  remite  a  los  argumentos del primer cargo, que conllevaron a la  aplicación  indebida  de  los  artículos  88, numeral 4°, 89 y 39 del Código  Penal,   y   de   los   artículos  232  y  289  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Cree que al no haberse probado la fecha en la  cual  ocurrieron los hechos investigados debe tenerse por tal aquella en la cual  se  celebró  el  contrato  objeto  de adulteración punible, es decir, el 25 de  julio  de  1992,  y  como  después  de  transcurridos  seis  años no se había  producido  la  resolución  de  acusación,  pues  tan  solo fue emitida el 6 de  agosto de 2002, la acción penal prescribió en dicha etapa.   

Cuarta censura:  

El recurrente la enuncia en iguales términos  a  los  empleados  al  presentar el ataque inmediatamente anterior con la única  variación  de  sostener  que  los  referidos  yerros comportaron la aplicación  indebida  del  artículo  7,  inciso 2° del Código de Procedimiento Penal, que  consagra   el  principio  rector  del  in  dubio  pro  reo.   

En  un  intento  de  demostrar  el  cargo,  nuevamente  reprueba  la  omisión  del  testimonio  de Martha Lucía Vélez, la  inspección  judicial  a  la  residencia  y  a  la  oficina  de GUSTAVO SÁNCHEZ  AGUDELO,  y  la falta de apreciación de la confesión de Augusto Vélez Sierra.   

Al  concluir  su  disertación  el libelista  pidió  casar  la  sentencia  acusada  y en su lugar absolver a GUSTAVO SÁNCHEZ  AGUDELO,  o  anular  la actuación desde el cierre de la investigación para que  se  practiquen las pruebas omitidas o se emita la cesación de procedimiento por  prescripción de la acción penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE  :   

          1.        La  casación  es  un  medio  extraordinario  de impugnación y, por  tanto,  no  constituye  sede  adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con el fallo de segundo  grado,  por  el contrario, exige para la admisión de la demanda el cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un  juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida,  -la  cual llega a esta sede  amparada   de   la   dual   presunción   de   acierto  y  legalidad-,  se incurrió en errores de hecho o de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en  un  juicio viciado de  nulidad,   ocurrencias   una   y   otra  que  reclaman  para  sí  el  necesario  correctivo.   

Las  reglas establecidas en artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000  para  la  elaboración  del  libelo  son  de  ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión8.   

2.            Este  marco teórico permite afirmar que  si  bien  el censor acertó en la demanda al identificar los sujetos procesales,  sintetizar   los  hechos  juzgados  y  relacionar  brevemente  los  antecedentes  procesales,  desatendió los principios que regulan el recurso extraordinario de  casación  orientados  a  conjurar confusiones argumentativas y conceptuales que  puedan  entorpecer  el  entendimiento  de  la  propuesta,  en especial cuando se  invocan  diversas  causales,  en  cuyo caso las censuras deben ser abordadas por  separado  (principio  de  autonomía)  y,  de  ser  excluyentes (principio de no  contradicción),  no  es  suficiente  con ello, puesto que igualmente es preciso  indicar  cuáles  son  las  subsidiarias,  en  atención a su cobertura procesal  (principio de prioridad).   

2.1.            En   el   primer   cargo  invoca la causal primera de casación y aduce violación indirecta  de  la  ley  sustancial, sin embargo, se limita a mencionar el artículo 7° del  Código  Penal  que  entroniza  como  norma  rectora el principio de igualdad, y  otras  normas  de  naturaleza  procesal como los artículos 232, 233, 234, 238 y  239   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  sin  indicar  el  motivo  de  la  transgresión  normativa, esto es, si se debió a falta de aplicación, indebida  aplicación o errónea interpretación.   

En  notorio  desconocimiento  de  la  regla  lógica  de  no contradicción involucra en la sustentación de un mismo cargo y  respecto  de  las  mismas  pruebas  diferentes tópicos incompatibles entre sí,  pues  en  forma  simultánea  atribuye  a los juzgadores errores de ponderación  probatoria  derivados  de  falso  juicio  de  existencia,  de  falso  juicio  de  identidad   y   de  falso  raciocinio,  cuya  demostración  exige  presupuestos  diferentes   en   cada   caso,   según   decantada   jurisprudencia   de   esta  Sala9   

.  

La mezcla argumentativa resulta inapropiada,  además,  porque  cada  yerro conlleva efectos diversos, luego le era imperativo  al casacionista abordar su discusión en forma separada.   

En punto del falso  juicio  de  existencia,  confunde  el  casacionista la  marginación  de  un  medio  probatorio  válidamente  practicado  o  aducido al  proceso  -aspecto  que debe  demostrarse   cuando   se   plantea   su  omisión,  según  lo  anuncia  en  la  demanda-,  con  la  total  ausencia  de  él  en el proceso, como sucede con el testimonio de Martha Lucía  Vélez,  la  hija del acusado absuelto Augusto Vélez, y la inspección judicial  a  la  oficina  y  residencia  de GUSTAVO SÁNCHEZ AGUDELO, cuyo tardío recaudo  reclama impropiamente en esta ocasión.   

Tampoco  acertó  el  libelista al postular  dicho  yerro  con  el argumento del crédito demostrativo negado a la confesión  de  Augusto Vélez Sierra en cuanto excluyó a GUSTAVO SÁNCHEZ AGUDELO de haber  intervenido  en la falsificación del contrato de arrendamiento que le entregara  para  que promoviera las acciones judiciales pertinentes y por no haber prestado  atención  al  señalamiento  que hizo en contra de Martha Lucía Vélez como la  autora  de  las  adiciones  espurias,  pues equivocó el sendero como quiera que  dicha  tesis  eventualmente  supone un falso raciocinio en la ponderación de la  citada  injurada  y  revela la nostalgia por la ausencia de constatación de una  cita  testimonial que bien había podido ser solicitada en el trámite ordinario  del proceso, pero ajena a la causal de casación invocada.   

En  relación  con  el  yerro  fáctico por  falso juicio de identidad que  deriva  de  la  tergiversación  del contenido del auto del 10 de marzo de 2000,  dictado  por  el  Juzgado  Tercero  Civil Municipal de Medellín al inadmitir la  demanda  ejecutiva  presentada  por  el  acusado  SÁNCHEZ  AGUDELO,  a  la  vez  representante  judicial  de  Hilos  Cardados Ltda., también incurre en palmario  desacierto  por  no tener dicha providencia, en este caso, el carácter de medio  probatorio  en  la  medida  en  que  sobre  ella  no recayó la acción punible,  recuérdese  que  el  documento  falsificado  fue  el  contrato de arrendamiento  suscrito entre la empresa acabada de citar y Promecan.   

Olvida el libelista que la jurisprudencia de  la  Corte  tiene  establecido  que  cuando  se  trata de este tipo de reparo, en  primer  término  deben  identificarse  las  expresiones literales objetivas del  medio  probatorio sobre el cual recae el error, punto de partida ineludible para  demostrar  su  tergiversación,  recorte,  adición o alteración. El desacuerdo  con  las  deducciones  extraídas  por los juzgadores de la providencia judicial  citada no constituye fundamento idóneo del ataque que emprende.   

La  equivocación  producto   de   la   “apreciación   errónea   de  los  hechos”  que  atribuye  a los juzgadores por desatender los criterios de la  sana  crítica,  estuvo  lejos  de  enunciarla  acertadamente pues se abstuvo de  indicar  los  elementos  de  convicción  que  pudieron  haber  conducido  a  la  fijación  errónea  de  unos  episodios  determinados  y  si  lo pretendido era  denunciar  diversos  momentos  de  un  falso  raciocinio, no se podía limitar a  expresar   que   los   juzgadores   desconocieron  los  postulados  de  la  sana  crítica.   

2.2.           En   lo  que  tiene  que  ver  con  el  segundo   reparo  también  olvidó  el  recurrente  que  este  recurso  no  es  en  modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala entre a suplir las  deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del libelo.   

Es así como al demandante en una propuesta  de  violación del debido proceso por ausencia de investigación integral, no le  es  suficiente  invocar  el  artículo 20 del Código de Procedimiento Penal que  consagra  dicha  garantía  fundamental  y  enumerar  las  pruebas supuestamente  omitidas,  pues es imperativo aludir a su fuente, a los principios que gobiernan  su  decreto  y  práctica,  como  a  su incidencia favorable a los intereses del  acusado   frente   a  las  conclusiones  del  fallo10,  pues sólo así es factible  demostrar  que  la  irregularidad denunciada únicamente puede corregirse por el  remedio  extremo  de la nulidad que, además, solicitó inadecuadamente al final  del   libelo  como  quiera  que  dada  la  cobertura  del  efecto  invalidatorio  perseguido  ha  debido  proponer  en  primer  lugar en atención al principio de  prioridad.   

2.3.          Tampoco  atinó el censor al anunciar la  tercera  tacha  pues volvió  a  mezclar indebidamente los  tres  de  errores de hecho previamente reseñados y sin conexión lógica alguna  con  ellos  pasó a plantear la prescripción de la acción penal en la etapa de  la instrucción.   

Sin  precisar  causal  de  casación alguna  tomó  como  punto de partida para la contabilización del término prescriptivo  la  fecha de celebración del contrato sobre el cual recayó la acción punible,  aserto que no respaldó con ningún tipo de argumento .   

2.4.          No  tuvo  en  cuenta  el  demandante  al  postular  la  cuarta censura,  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala tiene establecido que cuando se reclama en  sede   extraordinaria  de  casación  la  falta  de  aplicación  del  principio  in  dubio pro reo, se cuenta  con dos alternativas:   

“Una,  acudiendo  a  los postulados de la  violación  directa  cuando el fallador admite en la motivación de la sentencia  su  ocurrencia  pero  no  la reconoce en la parte resolutiva; o la segunda, bajo  los  lineamientos  de  la  violación  indirecta  en  el  evento  en que la  sentencia  no  la  admite  pero el demandante demuestra a la Corte su existencia  por  haber  incurrido  aquél  en error de hecho por falso juicio de existencia,  falso   juicio   de   identidad  o  falso  raciocinio,  lo  cual  tampoco  hizo,  limitándose  a  indicar  que  la  realidad  procesal  le  daba  el derecho a su  defendido  de ser absuelto, sin indicar por qué razón, resultando insuficiente  a  los propósitos de sustentar el recurso extraordinario de casación pretender  que  se  acoja su particular visión del asunto, pues se reitera  de lo que  se  trata  en esta materia es de denunciar y demostrar errores trascendentes que  hagan  posible  que  el  sentido de la decisión final sea distinto al declarado  por  los  jueces  de  instancia, el cual dicho sea de paso llega precedido de la  doble    presunción    de   legalidad   y   acierto   que   el   libelista   no  ataca.”11   

3.           Tampoco  está  autorizada  la Sala para  suplir  las  deficiencias argumentativas o corregir los desatinos del libelo por  virtud  del  principio  de  limitación consagrado en el artículo 216 de la Ley  600  de  2000, excepto cuando advierta la presencia de una nulidad que afecta la  legalidad  de  la  actuación  o  sea  ostensible  que  la sentencia vulnera las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales,  situación  que  no se  vislumbra en este asunto.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E :  

1.            INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa  del  procesado GUSTAVO SÁNCHEZ  AGUDELO   y,   en  consecuencia,  declarar  desierto  el  recurso  de  casación  interpuesto.   

2.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

CÚMPLASE.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                 ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                      JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                           JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fols. 162-170.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 173-175.   

3  C.  orig. N° 1, fols. 182-191.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 221-233.   

5  C.  orig. N° 1, fols. 258-264.   

6  C.  orig. N° 1, fols. 310-317.   

7  C.  orig. N° 1, fols. 335-349.   

8 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del 13 de julio de 2005, rad. 23.889.   

9 CORTE  SUPREMA       DE      JUSTICIA,      Auto  del  28 de abril de 2004, rad. N°  20.507  (error  de  hecho  producto de falso juicio de existencia); Sent.  del  26  junio  de 2002, rad. No.  11.451  (error  de  hecho  derivado  de falso juicio de identidad); Auto  del  29 de enero de 2004, rad. N°  20.427 (error de hecho producto de falso raciocinio).   

10  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 7 de marzo de 2006, rad. N° 24.293.   

11  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 12 de octubre de 2006, rad. N° 25.829.     

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