25973(18-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25973   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.53  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de fondo en sede de  casación  acerca de la eventual violación de garantías de JORGE TULIO GARCÍA  ROJAS  con  ocasión de la dosificación de las penas principales de veintiséis  (26)  meses  prisión  y  multa  de  trece  coma  tres  (13,3) salarios mínimos  mensuales  legales vigentes, impuestas por el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Ibagué al confirmar el fallo emitido por el Juzgado Segundo Penal Municipal  de  esa  ciudad, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable de  abuso de confianza agravado por la cuantía.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  22  de  junio  de  1994  las  sociedades  INVERSIONES     CONSTRUCPLAST     LTDA  e  INMOBILIARIA  MI OFICINA,  a  través  de sus representantes legales, celebraron contrato de  administración  del inmueble situado en la avenida 5ª N° 15-60 de Ibagué, de  propiedad  de  la  primera,  en  desarrollo  del  cual la segunda lo entregó en  arriendo  a  la  Fiscalía  General  de  la Nación; la obligación principal de  JORGE  TULIO  GARCIA  ROJAS,  como  gerente  de la inmobiliaria, era recibir los  cánones  y  situarlos mes a mes a favor de la delegataria, previo descuento del  8% en pago de su gestión.   

En    el    año    2000    INVERSIONES    CONSTRUCPLAST   LTDA   no  recibió  las  cuotas  de  arrendamiento  del  inmueble causadas entre febrero y  julio,    cada    una    de    $    8’994.970,20,     para     un     total     de     $    52’500.000,oo,    y    frente   a   los  requerimientos  de  Medardo  Méndez  Cañón,  gerente de aquella, GARCIA ROJAS  respondía  que  la  Fiscalía  General  de  la Nación no pagaba oportunamente,  razón  por  la que el 21 de febrero de 2001 Méndez Cañón formuló derecho de  petición  a  dicha  entidad  acerca de tal incumplimiento, pero tan pronto como  GARCIA  ROJAS  se  enteró  de  esa  solicitud  le manifestó a éste que él se  había  apropiado  de  las  sumas y se comprometió a devolverlas el 21 de abril  siguiente  mediante  cheque  girado por la cantidad total; mas como no fue así,  el  17  de  mayo  de  ese  año  la sociedad ofendida, por medio del subgerente,  instauró la correspondiente queja.   

Abierta  la  investigación, fue vinculado a  través  de  indagatoria  JORGE TULIO GARCIA ROJAS y, una vez reunida la prueba,  no  siendo  necesario  resolverle  situación jurídica, la Fiscalía dispuso la  clausura   del  ciclo  instructivo,  y  calificó  el  mérito    probatorio    del    sumario,  el  3 de diciembre de 2001,  con  resolución  de  acusación  en su  contra,  como probable autor responsable del delito de  abuso  de  confianza  descrito  en  el  artículo  358  del  Código  Penal,  en  concurrencia   de   la   causal   de  agravación  del  artículo  372,  numeral  1°,  ibídem,  en  razón  de la cuantía, decisión  confirmada integralmente el 4 de julio de 2002 por la  Unidad  de Fiscalías Delegadas ante el Tribunal Superior de Ibagué,  al  desatar la apelación interpuesta  por el defensor.   

Correspondió  al  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  esa ciudad adelantar la causa, despacho que mediante sentencia de  28  de  agosto  de 2003, halló a JORGE TULIO GARCIA ROJAS responsable, a titulo  de autor, del delito objeto de acusación.   

Al  dosificar  la  pena  estimó  que  los  criterios  consagrados  en  el  derogado  Decreto  Ley  100  de  1980  eran  mas  favorables,  y con sujeción al artículo 61 de esa codificación, observando el  marco  punitivo  previsto  en el artículo 249 de la Ley 599 de 2000 y la causal  de  agravación  del 267, numeral 1, ejusdem, estableció como limites mínimo y  máximo  de  las  penas  principales:  prisión de 16 meses a 6 años y multa de  13,3 a 300 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Para  individualizar  la sanción dedujo las  circunstancias  genéricas  de  agravación  de  los  numerales  3,  6  y  9 del  artículo  66 del Decreto Ley 100 de 1980, con base en las cuales incrementó el  mínimo  de la pena privativa de libertad en 10 meses, e impuso en definitiva al  procesado  las  penas  principales de veintiséis (26) meses de prisión y multa  de  trece  punto  tres (13,3) salarios mínimos mensuales legales vigentes, más  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por el término  de la   

de  prisión,  y  le  negó  al  acusado  el  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

Impugnado el referido fallo por el defensor,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Ibagué revocó el último aspecto  para  en  su  lugar  otorgar  al  procesado  la  suspensión  condicional  de la  ejecución  de la pena, y confirmó las penas principales y accesoria impuestas,  previa  aclaración  en la parte considerativa en el sentido de que, aún cuando  no   procedían  las  causales  genéricas  de  agravación  del  artículo  66,  numerales  6  y  9, del Decreto Ley 100 de 1980 porque no fueron contempladas en  la  Ley  599  de 2000, “no se variará  en nada  el  quantum punitivo, debido a la gravedad de la conducta y por la existencia de  una   circunstancia   de   agravación   punitiva   que   obra   en  contra  del  sindicado”.   

En   virtud  del  recurso  extraordinario  interpuesto  por  vía  discrecional por el  defensor de GARCÍA ROJAS,  esta  Sala  mediante   providencia   del   pasado   7  de  febrero  decidió  inadmitir  el  libelo  de  casación, pero  ordenó  surtir  el  traslado establecido en la ley al  Ministerio   Público   con  el  propósito  de  que  conceptuara  acerca  de  la  eventual  vulneración de garantías fundamentales del procesado,  por deducir  en   la   dosificación   de   la   pena  de  prisión  circunstancias genéricas  de   agravación   no   contempladas   en   el   pliego  de  cargos,  y  tasar  la  pena  de multa con base en unos topes superiores no  previstos  para  la  época  de los hechos, aspectos a  los  que en consecuencia se  circunscribirá el presente fallo.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal,  en  relación  con  el tema propuesto, señala que el juez de  circuito,  con  ocasión  del recurso de apelación, excluyó las circunstancias  de  intensificación  punitiva  de  los  numerales  6  y  9 del artículo 66 del  Decreto  Ley  100  de  1980, deducidas por el juez municipal, debido a que en la  actual    codificación    penal    (Ley   599   de  2000)  no fueron contempladas, pero mantuvo la pena de  veintiséis  (26)  meses,  con  base  en  que  subsistía la del numeral 3° del  citado  precepto, reproducida en el artículo 58, numeral 5°, del Código Penal  en    vigor,    y   añadiendo   como   justificación   la   gravedad   de   la  conducta.   

Por lo anterior, indica el Delegado, el juez  de  segundo  grado  incurrió  en  un  doble  desacierto,  porque, de una parte,  desconoció  el  principio  de  congruencia  que debe existir entre acusación y  sentencia,  por  cuanto la circunstancia genérica de mayor punibilidad estimada  en  los  fallos, no fue deducida fáctica ni jurídicamente en el enjuiciatorio;  y  de  otra,  infringió  la prohibición de reforma en peor pues aún cuando el  a-quo  citó  en  abstracto  los criterios de dosificación del artículo 61 del  Decreto  Ley  100  de  1980,  en  manera  alguna  el  fallo apelado considera en  concreto  y  de  manera  motivada  la  gravedad  de la conducta como motivo para  intensificar la sanción.   

Respecto  de  la  dosificación  de  la pena  principal  de  multa  destaca  el agente del Ministerio Público que el a-quo se  atuvo  a  los  extremos  señalados para la infracción en la nueva legislación  penal,  sin advertir que la sanción pecuniaria, al contrario de la de prisión,  resultaba  perjudicial,  toda vez que el Código Penal derogado apenas la fijaba  entre  mil y cien mil pesos, por lo que debió, entonces, tasar ésta de acuerdo  con   la   legislación  abrogada  de  acuerdo  también  con  el  principio  de  favorabilidad.   

Por  lo anterior, solicita a la Corte casar  parcialmente    el    fallo   a   fin   de   que   la   pena   de   prisión  sea fijada en el mínimo legal de dieciséis meses,     y     la     de     multa     en     mil    trescientos     treinta     y    tres  pesos    con    treinta    y   tres   centavos.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

De  acuerdo  con  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, la preexistencia normativa respecto del delito y de la  pena   se   constituye   en   garantía   fundamental,   además  del    límite    al    poder   punitivo  estatal.   

En efecto, los ciudadanos deben conocer los  comportamientos  prohibidos  y  por  lo  mismo  elevados  por el legislador a la  categoría   de  delitos  así  como  la  correspondiente  sanción  previamente  establecida  a fin de contar con la certeza de que sólo podrán ser sancionados  en  razón  de  la  comisión  de  una  conducta  punible dentro de los límites  cuantitativos  y  cualitativos  consagrados  con  antelación en la ley, sin que  estos   puedan   desbordarse  a  discreción  o  capricho  de  los  funcionarios  judiciales.   

Ahora  bien,  como  lo destaca el Procurador  Delegado  y  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de la Corte, el principio de  congruencia,  como garantía y postulado estructural del proceso, implica que la  sentencia  debe  guardar  armonía con la resolución de acusación o el acta de  formulación  de  cargos,  en  lo  fáctico como en lo jurídico; es decir, debe  existir  identidad  entre los hechos y circunstancias plasmadas en la acusación  y  los  fundamentos del fallo, de una parte, y de otra, correspondencia entre la  calificación  jurídica  dada  a los hechos en la acusación y la consignada en  la sentencia.   

Lo anterior porque la resolución acusatoria  es  pieza  procesal  fundamental,  que  una  vez  ejecutoriada  señala el marco  general  y  limítrofe  para  el  desarrollo  de  la  fase  del  juicio.  Con la  resolución  de  acusación  el  Estado  precisa  y  delimita  los cargos que le  atribuye  a  una  persona  investigada  penalmente, con miras a que a través de  dicha  concreción  jurídica  se  le  permita  conocer  el ámbito y el alcance  exacto  de  la  acusación,  y en tal medida planear el ejercicio del derecho de  defensa.   

En  otras  palabras,  en  esta  importante  decisión  deben  quedar  sentadas las premisas a desarrollar en el juicio, y en  cabal  observancia del principio de congruencia no es factible en el fallo hacer  deducciones  o  inferencias  a  partir  de  aspectos  no tenidos en cuenta en el  pliego  de cargos, o no demostrados con posterioridad, con sujeción al trámite  de   variación   de   la   calificación,   en  los  eventos  en  que  esto  es  posible.   

En  el  asunto  que ocupa la atención de la  Corte  resulta  claro  que  al  procesado no se le dedujo en el pliego de cargos  circunstancia  de  agravación  distinta  de la prevista en el artículo 372-1°  del  Decreto  Ley 100 de 1980 (hoy 267-1°, Ley 599 de  2000),  tal  y  como  textualmente  se  anotó  en  la  acusación:   

“Al  entrar  a  hacer   la   adecuación  típica  provisional,  se hace necesario hacer unas breves consideraciones sobre  las  normas  en  las cuales se encuadrará la conducta investigada, atendiendo  el  tránsito  de legislación que se ha presentado, en  efecto  evidenciamos  que  el  reato  se ejecutó o realizó estando en vigencia  el Decreto Ley 100 de 1980  (Código  penal),  y  al  entrar a calificar el mérito del sumario ha entrado a  regir la Ley 599 de 2000 (Nuevo Código Penal).   

“Ahora  el  delito  de ABUSO DE CONFIANZA  tenía   fijada   una   pena  de  uno  (1)  a  cinco  (5)  años  de  prisión  y  multa  de mil a cien mil  pesos  en el anterior código de las penas (art. 358)  y    en    la   nueva   legislación   Sustancial   la   pena  prevista  para  dicho  punible  es  de  uno (1) a cuatro (4) años de prisión y multa de diez (10)  a   doscientos   (200)   salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  (art.  249)   

“Al  entrar   a   hacer  la  confrontación  entre  las  dos  normatividades, la que resulta mas benigna para  los  intereses  del  procesado,  es la del Decreto Ley 100 de 1980, por  cuanto  la  multa  señalada  para dicho punible era de mil a  cien   mil   pesos,   siendo   inferior   a   la   de   la   nueva  normatividad        sustancial.  En  cuanto  a  la pena (de prisión) el mínimo sigue  siendo el mismo en las dos normatividades.   

“…  Por  ende…  atendiendo el principio de favorabilidad, y  nuestras  normas  fundamentales, en especial la contemplada en el canon 29 de la  Constitución  Nacional, y la ultractividad de la ley más favorable,  sustancialmente  el  proceso se regirá conforme al Decreto Ley  100 de 1980.   

“Siendo     así,     la  conducta  por  la  cual  se procede se ha de indicar encuentra  adecuación  típica  provisional  al  actual estadio procesal en el Decreto Ley  100   de   1980,   Libro  Segundo,  Título  XIV,  Capítulo  quinto,  DELITOS CONTRA EL PATRIMONIO ECONÓMICO, artículo 358 ABUSO DE  CONFIANZA,  que se sanciona con prisión de uno (1) a  cinco (5) años y multa de un mil a cien mil pesos.   

“Concurriendo igualmente la circunstancia  genérica  de  agravación  punitiva del numeral 1° del canon 372 atendiendo la  cuantía”.   

Tal   y   como   lo   tiene  decantado  la  jurisprudencia,  y  lo  resalta  el  Agente del Ministerio, en cuanto hace a las  causales  genéricas  de mayor punibilidad contempladas en el artículo 58 de la  Ley   599   de   2000   (antes   art.   66   D.  Ley  100/80), superado como se encuentra el criterio de que  su  valoración  es  del resorte exclusivo del fallador al dosificar la pena, lo  mismo      que      la      distinción     doctrinal     entre     “objetivas”  y  “subjetivas”1,  hoy  por hoy, y con ocasión  de  la  entrada  en  vigencia  del  nuevo  estatuto  penal  sustantivo  y del de  procedimiento    penal    (Ley   600/00),  existe consenso con respecto a que aquellas deben ser atribuidas  en   la   resolución   acusatoria   de  manera  expresa,  tanto  fáctica  como  jurídicamente  sin  que  esto  se  traduzca  en  convertir en presupuesto de la  imputación  la  enunciación  numérica  del  texto legal, como quiera que para  ello  es  suficiente  la valoración objetiva y subjetiva de la circunstancia de  mayor  intensidad  punitiva  mediante raciocinios que no permitan la duda acerca  de  su atribución a efectos de que puedan ser consideradas en el fallo, ya que,  de  lo  contrario,  al computarlas el juzgador atentaría contra el Principio de  Congruencia2.   

De    lo  expuesto resulta evidente  que   al   procesado   en   la   acusación   no   le   dedujeron   circunstancias   genéricas   de   agravación  diferentes  de  la  expresamente    allí    anunciada   (artículo      372-1°,  Decreto  ley 100 de 1980;    hoy    artículo   267-1°   Ley   599   de   2000),   y   por  lo  tanto  no  podía  predicarse  válidamente en  los   fallos  de  primera  y  segunda  instancia  la  concurrencia  de   las  previstas  en  los  numerales  3,  6 y 9 del artículo 66 del Decreto Ley 100 de  1980,         o         cualquiera       otra,       máxime  cuando  las  dos  últimas, como lo anotó con acierto el  ad-quem,  fueron retiradas del ordenamiento jurídico  por  cuanto no  las  contempló  en  la Ley 599 de  2000, artículo 58.   

El sentenciador  de      segundo      grado      retiró   las  circunstancias  de  mayor  punibilidad de  los  numerales  6  y  9  del artículo 66 del Decreto Ley 100 de  1980,  justamente  por  haber sido abolidas en la nueva legislación sustantiva,  sin  embargo,  persistió en el desconocimiento de la  garantía  de  congruencia  al  dejar vigente como justificación del             incremento         punitivo   la  causal  de  agravación  del  numeral 3°, no obstante que no fue imputada en  la acusación.   

Además,  apartándose  del  derrotero  fijado por el a-quo al  dosificar  la  sanción,  y   con   desconocimiento   de   la   prohibición  constitucional  de  reforma  en peor, como igualmente  lo    observa    el    Delegado,   esgrimió   como  sustento, también, de la  mayor  punibilidad  “la  gravedad     de     la    conducta”,   criterio   que  no  sólo  no  fue  considerado  de  manera concreta y motivada en primera instancia, sino que en el  mismo  fallo  de segundo  grado  el  juez  encontró  que no era oponible para  otorgar  al  procesado  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena,  incurriendo así en una manifiesta contradicción.   

Relativo  a la  dosificación  de la pena principal de multa, es palmario el desconocimiento del  principio  de  legalidad,  como  de  la garantía  de  favorabilidad, toda vez  que  el  juez  municipal, en lo que le hizo eco el de  circuito, llevó a cabo su tasación con base en los  extremos  previstos en el artículo 249 de la Ley 599  de  2000,  sin percatarse que los mismos eran desfavorables al procesado, ya que  en  ésta  esa  sanción  oscila  entre  diez (10) y  doscientos  (200)  salarios mínimos mensuales legales vigentes, mientras que de  acuerdo  con  el  artículo  358  del  Decreto Ley 100 de 1980, en vigor para la  época  de  los  hechos,  fluctuaba  entre  un mil y  cien mil pesos.   

El  apotegma jurídico según el cual la ley  se  aplica  durante  su  vigencia  tiene  una  excepción  con  fundamento en el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en  cuanto ordena que la leyes  penales   sustantivas   y  procesales  de  efectos  sustanciales  favorables  al  procesado  o  condenado,  se  deben  aplicar  con  preferencia a las que le sean  desfavorables.   

A  este  respecto,  la  Sala ha puntualizado  acerca  de  la  sucesión  de  leyes  con ocasión de la expedición del Código  Penal  de  2000  y  el cotejo con el precedente ordenamiento (Decreto-Ley 100 de  1980),  que no existe impedimento para acudir a la combinación de preceptos con  miras  a  integrar  la  norma  favorable,  siempre  que  se  mantenga a salvo la  autonomía de cada instituto o materia objeto de regulación.   

Si bien en este caso, para el comportamiento  delictivo  acaecido entre febrero y julio del año 2000, en virtud del principio  de  favorabilidad  en la dosificación de la pena principal de prisión el a-quo  prefirió   la   disposición   del   Código   Penal   de   2000  (artículo  249)  por  prever  un  máximo  inferior  o  menor al que estatuía el Código derogado en su artículo 358, con  fundamento  en  el  mismo principio, se imponía integrar ésta disposición del  antiguo   ordenamiento   en   lo   concerniente   a   la   pena   principal   de  multa.   

En este orden, como lo señala el Procurador  Delegado,  advierte  la  Sala  el  error esencial de los juzgadores de primera y  segunda  instancia,  porque al determinar el monto de la pena principal de multa  con  base en la disposición pertinente del actual Código Penal, incurrieron en  violación  de  las  garantías fundamentales del procesado a la legalidad de la  pena  y  la  favorabilidad,  pues  con  su  fijación  en 13,3 salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes  dejaron  de  aplicar  los  topes  más  benignos  establecidos  en  la  antigua regulación legal, norma que por hallarse en vigor  en la fecha aludida era plenamente aplicable.   

En  resumen,  corresponde  a  la  Sala  restaurar  las    garantías    de    congruencia,  prohibición   de   reforma  en  peor,  legalidad  de  la pena y favorabilidad,  y   por  ello  se  dispondrá  casar  de  oficio  y  parcialmente     el     fallo     en     cuanto    atañe    a    las   penas  principales  de prisión y multa impuestas  a  JORGE  TULIO GARCÍA ROJAS, cuya cuantificación es como sigue:   

Dado  que sólo  fue  imputada  en  la  acusación la causal genérica-específica de agravación  prevista  en el artículo 372-1° del Decreto Ley 100  de  1980,  atendiendo  el  límite  mínimo  previsto  en  la  pena de prisión  para    el  delito  de  abuso de confianza, tanto en la derogada como en la  actual   legislación  penal  sustantiva,  esto es, un (1) año, sobre ese tope  se   hará  el  incremento  de  una  tercera  parte  en  razón  de  la  aludida  circunstancia,   para  obtener  así  una  pena  de  prisión  de dieciséis  (16)  meses;  y  respecto  de  la  multa, el mínimo  consagrado  en  la  legislación  penal  derogada, es  decir,  mil  pesos ($ 1.000,°°), incrementado en la  misma  proporción,  arroja  un  total  de       mil      trescientos  treinta  y  tres pesos con treinta y tres centavos ($ 1.333,33).   

La  duración  de  la  pena accesoria, por  mandato   legal,  se  fija  por  un  lapso  igual  al  de  la  privativa  de  la  libertad.   

En  mérito  de  lo expuesto, LA   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.  CASAR  DE  OFICIO  PARCIALMENTE  el  fallo  de  segundo  grado  emitido  el 5 de abril de  2006  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Ibagué     (Tolima),     contra     JORGE  TULIO GARCÍA ROJAS,  por  el  delito de abuso de confianza, agravado por la cuantía,  para  reducir  las penas  principales    de    prisión    a    dieciséis  (16)  meses, y la de multa a mil trescientos treinta y  tres  pesos  con  treinta y tres centavos  ($  1.333,33); por el mismo término  de  la  privativa  de  la  libertad  se  fija  la  accesoria de interdicción de  derechos    y    funciones    públicas, de conformidad con la argumentación precedente.   

2. PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase     al  Despacho      de  origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                           ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                       JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Corte  Suprema  de Justicia. Sala Penal. Sentencia de Única Instancia del 23 de  septiembre de 2003.. Rad. 16.320.   

2  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala Penal. Sentencias del 30 de junio de 2004. M.  P.  Dr.  Rad.18.874;  20 de abril de 2005. Rad. 21.576; 31 de agosto de 2005, M.  P. Rad. 23.678; y 9 de febrero de 2006, Rad. 23.750, entre otras.     

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