25425(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25425  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Aprobado      Acta     No. 83   

Bogotá,  D.C.,  treinta (30) de mayo de dos  mil siete (2007)   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de MACEDONIO  LAGOS  RODRÍGUEZ, contra el fallo del 18 de agosto de  2005,  mediante  el  cual  el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Riohacha  (La  Guajira),  Sala  de  Decisión  por  Descongestión, confirmó la sentencia  adoptada  por  el Juez Primero Penal del Circuito de Bogotá, de 18 de diciembre  de 2003.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1. El 26 de enero  de     1996,     NEPOMUCENO     ESTUPIÑAN    CARO  (denunciante),  celebró  un  contrato de compraventa  con    MACEDONIO    LAGOS    RODRÍGUEZ,  cuyo  objeto  era  la  venta  de  un  bus  de servicio público,  chevrolet,  por  la  suma  de  $  61´000.000,  pagaderos en efectivo y títulos  quirografarios;   recibiendo   el   vendedor   un   apartamento  ubicado  en  la  Urbanización denominada Marichuela.   

El 2 de febrero del mismo año, se firmaría  la  escritura  en  la  Notaría  Treinta  y Nueve de Bogotá; no obstante, entre  imputado  y denunciante se realizó una nueva transacción la cual consistía en  que           MACEDONIO          (implicado)    le    entregaría    a  NEPOMUCENO   el  50%  del  inmueble   VILLA   MARÍA  ubicado  en Ibagué por valor de $ 68´000.000. Permuta en la que el denunciante  entregaría     dos     inmuebles:    1)    el    apartamento    de   la    Marichuela,   2)  y  otro inmueble ubicado en la carrera  98 No. 68ª-46.   

La  permuta nunca se materializó, toda vez  que    MACEDONIO    LAGOS    RODRÍGUEZ,  cambiaba  siempre las reglas del juego. Después de ese carrusel  de  acuerdos,  el  9  de mayo de 1996, ante la Notaría Catorce, se signaron las  escrituras   públicas   números   2684,  en  ésta  se  tituló  la  casa de  la  carrera   98  a   

favor   de   la  hija  del  sentenciado  y  2686 en la que ESPUPIÑÁN  (denunciante)  adquiría el  50%    del    inmueble    VILLA   MARÍA.   

2. El agente del Ministerio Público como la  representante   de   la   parte  civil,  interpusieron  recursos  ordinarios  de  apelación   contra  la  preclusión  de  la  investigación  proferida  por  la  Fiscalía  139  Seccional,  por  el  delito  de  Estafa  a favor de MACEDONIO      LAGOS      RODRÍGUEZ;  resolviéndose  la  alzada  el 22 de agosto de 2001, por la Fiscalía de segunda  instancia,   quien   determinó   revocar  la  decisión  del  a-quo  para  en  su lugar dictar resolución   de  acusación  contra  el  citado   ciudadano,   en  calidad  de  autor  por  el  punible  de  estafa   agravada   por   la  cuantía.   

El  18  de  diciembre  de  2003, El Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  condenó  a    MACEDONIO   LAGOS  RODRÍGUEZ,  a la pena principal de tres (3) años de  prisión,   inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por el  mismo  término,  como accesoria; multa de cien mil pesos ($ 100.000) y  al  pago de perjuicios.   

Tanto  la  defensa  técnica  como la parte  civil  interpusieron  recursos  ordinarios  de  apelación  contra  la  anterior  decisión,  los  que  fueron  resueltos  por  el  Tribunal de Riohacha, el 18 de  agosto    de    2005,    al    confirmar en su integridad la providencia objeto de discordia.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El  libelista  en  total presenta once (11)  cargos,  discriminados  así:  al  amparo  de  la  causal  tercera  de casación  pretende  la  infirmación  del  fallo de segundo grado, motivando el ataque por  nulidad,   como   cargo  principal,  por violación al debido proceso y al derecho de defensa. Como cargo  subsidiario,   emprende   la  embestida  por  la  misma  causal,  para  terminar  –en   cuanto   a   las  nulidades   se  refiere-  con  una  propuesta  de  violación  al  principio  de  investigación integral.    

Reúne en un nuevo cargo, el que catalogó de  “único”, un ataque por  vía  indirecta,  arremetiendo  contra  todo  el  plexo  probatorio por tres (3)  falsos  juicios de existencia, cuatro (4) falsos juicios de identidad y un falso  raciocinio,   para   al   final   concluir  que  con  los  errores  “demostrados”  imponen  un  fallo de  carácter absolutorio.   

1. Sobre las nulidades:  

i)    Cargo  Principal:  lo  sustenta  sobre la base que el Fiscal  que  acuse  siempre  debe ser el mismo que actúe en el juicio; reemplazarlo por  otro  –dice-  sin  estar  autorizado,   es   ilegítimo   tal   y  como  lo  afirma  la  Corte1;  por tanto,  no  todos los Fiscales cumplen las exigencias legales y específicas para actuar  en  los  procesos. La trascendencia la demuestra indicando que al existir cambio  de  Fiscal  entre las etapas de instrucción y juzgamiento, no se garantizan las  formas  propias  del  juicio,  así  el  nuevo  funcionario  hubiese  solicitado  absolución de su prohijado.   

ii)  Cargo   segundo   subsidiario:  lo  hace  consistir  en  el  hecho de haber desconocido la instancia el trámite legal del  incidente  propuesto  como  objeción  al dictamen pericial. El planteamiento lo  dirige  a  cuestionar la actuación del Juez quien ha debido, informa, suspender  la  audiencia  pública  y, no darle continuidad a la misma al haberle concedido  la  palabra a los sujetos procesales para sus alegaciones finales. Finalizada la  audiencia,  se  tramitó el incidente, dejándose elementos de juicio esenciales  por  fuera  del  discurso final. Concluye que la trascendencia está dada por la  circunstancia  que  ninguno de los negociantes obtuvo provecho del otro, no hubo  perjuicio     y    que    la    “objeción    era  infundada”.   

iii) Cargo tercero  subsidiario:  Afirmó  que  el  Juez  no realizó una  investigación   integral  sobre    los   “elementos   favorables”,  descartando  aquellos  testimonios  que  le  convenían  a su  poderdante,  por ello, “el análisis es sesgado, que  no    ofrecen    argumentos    que    consulten    las   reglas   de   la   sana  crítica”,  es  por  esto que con testimonios no se  puede  establecer  si  una  determinada zona de Ibagué es o no turística, sino  con dictámenes periciales de expertos en la materia.   

Aduce el demandante que la actuación para el  primer  cargo debe retrotraerse hasta la fase inicial del juzgamiento y para los  dos  subsidiarios  se  decrete la nulidad desde la última sesión de audiencia.   

iv)  Informa  el  libelista  que  presenta  un  único  cargo  por  vía indirecta “por   apreciación   errada   de   las   pruebas   aportadas  a  la  investigación”, en consecuencia aplicaron en forma  indebida  el  artículo  356  del  Decreto  100  de 1980, toda vez que la estafa  utiliza  “artificios o engaños (cuando las pruebas  indicaban  lo  contrario)  y que obtuvo un provecho ilícito (cuando las pruebas  indicaban  que  no  hubo)”. En el mismo sentido, se  remite  a  la  certeza  sobre  la  conducta  punible,  la  responsabilidad  y la  obligación  de  aplicar  la  duda;  todo  desde  luego, contra lo que realmente  mostraban  las  pruebas,  mismas que no fueron valoradas en debida forma por los  falladores.   

v)  Sobre el falso  raciocinio   presupone   que   una   misma   prueba  “fue  valorado  con dos alcances no solo diferentes  sino  opuestos,  excluyentes.  Al hacerlo, los jueces desatendieron el principio  lógico  de  que  una  cosa no puede “ser” y “no ser” al mimo tiempo”.  Afirmó    que    las   instancias,   en   evidente  contradicción  lógica  valoraron  dos  cosas  opuestas  como son: 1)   la   materialidad   y  2)  la  responsabilidad.  Para a renglón  seguido quejarse que el dictamen   

fue  válido para la materialidad y en tanto  para    la    responsabilidad    fue   “descartado  integralmente”.  Sobre la trascendencia, indica que  ella surge de la simple lectura de las valoraciones encontradas.   

vi)  Uno  de  los  falsos     juicios    de    existencia  por omisión, lo hace consistir en que los jueces concluyeron que  su  prohijado  sabía  que  la finca estaba ubicada en una zona de alto riesgo y  que  ocultó  ese  hecho  al  denunciante; de suerte que el plenario contaba con  fotografías  que  reflejaban  las  condiciones  de  la  finca,  como un muro de  contención  para  evitar eventuales desbordamientos del río, por lo tanto, los  documentos  muestran todo lo contrario a la inferencia  judicial.   

vii) Un falso  juicio de identidad lo propone con  la   declaración   de   LUIS  ALEJANDRO  ESTUPIÑÁN  CASTAÑEDA,   a   quien  le  pusieron  a  decir  las  instancias  cosas  que  él  no manifestó, como que la zona donde se compró el  inmueble   era   de   alto   riesgo,   cuando  en  verdad  el  testigo  no  dijo  eso.   

viii)   Otro  falso    juicio    de    identidad    lo   ubica   en   la   declaración  del  denunciante  NEPOMUCENO  ESTUPIÑÁN  CARO, al dar por  cierto  los  jueces  que  él  se  quedó  sin el bus y sin la casa, con lo cual  “esas   inferencias  judiciales  tergiversaron  el  sentido  real”  de la palabra del denunciante, toda  vez  que,  el  quejoso  no  fue  despojado  de  sus  bienes  sino  que resolvió  venderlos.   

ix)   Un  nuevo  falso  juicio  de existencia por omisión  lo  dedujo  sobre  la  tipicidad  y  responsabilidad,  cuando  el  procesado  informó  que  la  zona donde estaba ubicada la finca era turística,  cuando     realmente     no    lo    era.    Para    demostrarlo    –dice-  se  omitió la declaración de  GERMÁN   QUITORA  DÍAZ,  quien  testificó no estar convencido de que el predio estuviera ubicado en zona  de alto riesgo.   

x) Otro falso  juicio de existencia por omisión,  lo  integró  al  avalúo  del  inmueble,  en el entendido que los falladores no  dijeron  nada  al  respecto  cuando  el  predio  tenía un valor superior al que  supuso  el  Juez,  es  por  ello  que  el  perito  aseveró  en  su dictamen que  “EL  INMUEBLE  SE  ENCUENTRA  DENTRO  DE LA ZONA DE  AISLAMIENTO  DEL  RÍO  COMBEIMA  Y  SEGÚN  COMITÉ  REGIONAL  DE  EMERGENCIA E  INGEOMINAS EN ZONA DE RIESGO”.   

xi) Un falso  juicio  de  identidad,  lo  aduce  tratando  de  desacreditar una inferencia del Tribunal, entendiendo que cercenó  apartes  del  contrato  de permuta, al afirmar que es imposible haber pretendido  despojar  al  denunciante  del bus, porque ya lo había perdido, es decir, antes  de la negociación con su prohijado.   

xii)  Por último,  afirma  que un falso juicio de identidad, se produjo por no haber valorado en su  integridad  el  dictamen pericial que indicaba que el inmueble tenía un muro de  contención,     para     afirmar     de    contera    que    la    “distorsión   judicial…  permitió  la  inferencia  ilegítima  aludida,    sin    la    cual    evidentemente   la   decisión   hubiera   sido  absolutoria”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  MACEDONIO  LAGOS  RODRÍGUEZ, no reúne  los   presupuestos   de   técnica-jurídica   y   coherencia  exigidos  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la  infirmación del fallo de segundo nivel, nulidades  y  vulneraciones  a  la  ley  sustancial   por    vía  indirecta,  en  su  desarrollo  y demostración incurre en graves fallas que  conspiran contra la lógica del recurso extraordinario.   

Como  metodología  la  Sala aprehenderá el  estudio  de  los  ataques  en  bloque:  el  primero dirigido a las nulidades del  artículo  207, inciso 3 de la ley 600 de 2000 y el segundo con fundamento en la  vulneración  a  la  ley sustancial, vía indirecta, consagrado en la misma obra  instrumental citada:   

1.           Nulidades:  No  es  cualquier  discurso  jurídico  con  el  que se pretenda la declaratoria de una nulidad, ella en sí,  encierra,  unos presupuestos mínimos de argumentación, cobertura, precisión y  trascendencia,  sin  los  cuales  la  arremetida contra la legalidad del proceso  queda huérfana.    

En  primer  lugar,  el actor hace una mezcla  ininteligible  de  argumentos los que postula contra el fallo del Tribunal, pero  parte  de apreciaciones personales, conjeturas y de imprecisiones que no generan  ninguna ilegalidad a los razonamientos expuestos en los fallos.   

Véase por ejemplo cuando afirma que debe ser  el  mismo  fiscal  el que actúe tanto en la instrucción como en el juicio para  garantizar  el  debido  proceso;  nulidad  que  debe ser exigida aún si el ente  acusador  solicita  fallo  absolutorio.  En  si es un argumento atípico para la  defensa  y  confuso en su desarrollo al no poder desentrañar la Sala qué es lo  que  realmente  pretende el impugnante: un fiscal que solicite fallo absolutorio  o  condenatorio  para su prohijado o un cambio de fiscal para garantizar que sea  absuelto  o preservar una competencia residual, especial o exclusiva respecto de  las funciones atribuidas a los fiscales.    

Lo  mismo  acontece  con el cargo de nulidad  subsidiario,  toda  vez  que con ahínco ataca el dictamen pericial para derivar  de  él  una  nulidad  al  debido  proceso porque el Juez no le dio traslado del  mismo  a los sujetos procesales durante la audiencia a fin de aprovechar algunos  elementos  de  juicio  y  ser  expresados  allí,  sino después de los alegatos  finales.  Sin  embargo,  al hablar de la trascendencia concluye que la objeción  era  infundada.  No  existe,  por  tanto,  coherencia entre lo motivado sobre el  error  y  la lesión que pudo haber generado dentro del proceso tal yerro; si su  conclusión  trascendente  es  que  la  objeción  al dictamen era infundada, la  verdad  ello  deja  de  ser  importante  para  los fines que en esencia busca el  censor.   

En  el  tercer cargo subsidiario de nulidad,  pretende   se   declare   una   vulneración   al   principio   de  investigación  integral sobre lo que él  denomina    “elementos   favorables”,  porque las instancias hicieron un análisis sesgado al descartar  unos  testimonios. Lo único nítido que se prevé es la falta de claridad en la  motivación,  entendiendo  que no desarrolló en lo mas mínimo su propuesta; al  igual  que,  la  sustentó  confundiéndola con un falso raciocinio, el que a su  turno, tampoco acreditó.   

En  atención  al  referido  principio  de  investigación integral, es  deber  del  libelista  identificar  los  medios  probatorios  que en su criterio  jurídico  han  debido  ser  practicados,  alegando  de  contera la racionalidad  probable  de  su  recaudo en ilación con la conducencia, pertinencia y utilidad  de  los  mismos  para  los fines propuestos. Pero aquí no para la demostración  del  cargo,  solo  inicia,  toda  vez  que,  es  oportuno  como acto intelectual  siguiente,  sopesar  bajo  las  reglas  de  la  sana  crítica,  dicho  material  probatorio  en  conjunto  con  las  demás  pruebas  legalmente  aportadas  a la  actuación  y  así  verificar  por  qué  las  conclusiones  del  fallador  son  sustancialmente diversas frente al nuevo avance valorativo.   

2.    Vía  indirecta: en este ataque el  libelista  tampoco   atina en cuanto a la demostración de su censura,  atentando  contra  el principio de autonomía de las causales. Lo cual significa  que  aduce  en  un  mismo  contexto  hermenéutico  postulados  probatorios  que  requieren  para  su  demostración  caminos  epistemológicos diversos, como por  ejemplo,  intercala falsos juicios de existencia por omisión con falsos juicios  de  identidad y le imprime un sentido conceptual particular al falso raciocinio;  aunque  separa  los  cargos en su formulación, los ata en su motivación.    

Respecto  al falso  raciocinio,  viene  precisando  la Sala en múltiples  pronunciamientos,  que  es  imprescindible cuando se ataca el desconocimiento de  los   postulados   de  la  sana  crítica,  que  se  debe  indicar  i) qué dice de manera objetiva el medio,  ii) qué infirió de él el  juzgador,  iii) cuál valor  persuasivo    le    fue   otorgado,   iv)  e  identificar cuál postulado de la lógica, ley de la ciencia o  máxima  de  la  experiencia  fue  inadvertida.  Supuestos  que  desatendió  el  demandante   en   toda   su   extensión,  al  adentrarse  en  una  ilación  de  razonamientos confusos.   

Ahora  bien,  atendiendo  los  falsos  juicios  de  existencia, tres en  total,  se evidencia las falencias contenidas en la sustentación al asegurar en  forma  incesante  que  el inmueble objeto de venta por su defendido no estaba en  una  zona  de  alto riesgo,  citando   testigos  sobre  el  particular.  No  obstante,  en  los  falsos  juicios  de  identidad, cuatro en  total,  alegados  en el mismo contexto, trascribe las conclusiones del perito en  donde  se  afirma  todo lo contrario, es decir, que el sitio donde se encontraba  ubicada  la finca sí era una zona de alto riesgo, para rematar afirmando que el  aludido dictamen no fue valorado en su integridad.   

Como  se  entiende  el dislate es latente en  todos  sus  ataques,  con ellos lo único que muestra el libelista es que le fue  imposible  desbordar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad que amparan los  fallos.   

La   sumatoria  de  defectos  sustanciales  enunciados  atrás no le dejan otro camino a la Sala que inadmitir la demanda de  casación,  presentada  a  favor  de  MACEDONIO LAGOS  RODRÍGUEZ,  de  conformidad con lo preceptuado en el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no  se   percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado  alguna  garantía  fundamental  que  amerite  el facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud  de  los  dispuesto  en  el  artículo  216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a  nombre  de  MACEDONIO      LAGOS      RODRÍGUEZ.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

         Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                              ALVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                    JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                            JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  El  demandante  no  hace  alusión  a ninguna providencia de la Sala que acredite su  afirmación.     

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